Sword Art Online
La Batalla de los Dioses
Capitulo IX: Dos Almas en un Solo Corazón.
Asuna .-
¿Por qué no me seguiste, Kirito?. ¿Por qué no fuiste tras de mí y de nuestro amor?... Mientras corro por éste bosque pienso una y otra vez en eso, en el por qué lo nuestro nunca volvió a ser lo mismo, el por qué nos hemos distanciado tanto, y pese a que intenté culparte, solo terminé por entender que fue culpa mía, solamente mía. Fui tan dura contigo, tan injusta... Estaba tan cegada por el dolor, por toda esa soledad que sentí cuando supe que te marchaste, que no pude valorar lo que tenía en frente. Tanto tiempo pensé que no te importaba que supongo que mi corazón se endureció, tanto que terminó por matar a aquella Asuna de la que tú te enamoraste.
Estoy tan arrepentida mi amor. Me aqueja una y otra vez la idea de que pude haber construido algo mejor para los dos, pero no fue así, me dejé llevar por el resentimiento y no por el amor que sentía por ti... Me corrijo, el amor que aún siento por ti.
Cuando te vi con Irisviel supe que te había perdido para siempre. Y dime, qué más puedo hacer para recuperarte, si sólo me he encargado de alejarte. Lo cierto es que el tiempo de las lamentaciones ya pasó y ya no existe nada que pueda hacer para remediar todo lo que ha pasado. Y sé que tengo razón, pues si aún me amaras, habrías ido por mí, habrías tomado mi brazo y me hubiera girado hacia ti y me hubieras besado, pidiéndome que no me aleje de ti... Pero tristemente nada de eso pasó. Supongo que sólo se quedará en mis pensamientos.
Las lágrimas caían incesantes a través de mis mejillas, y no había forma de detenerlas, pero todo eso acabó después de sorprenderme al encontrarme a Scilica y a Therk en el bosque, los cuales se encontraban hablando con alguien al que no pude reconocer, pues se cubría totalmente con una túnica, lo que provocó que toda mi angustia se dispersara por un segundo, al ser suplantada por la intriga.
- Tienes que seguir aquí. Es importante que nadie pueda verte.- escuché que le decía Scilica a aquella personas una vez que me acerqué para oír mejor todo lo que charlaban.
- Lo sé, pero me tiene demasiado impaciente todo esto.- contestó. Por su voz pude notar que se trataba de una mujer, una con una voz que se me hacía realmente familiar.
- Tienes que aguantar. Ya has arriesgado demasiado como para abandonar ahora.- le afirmó Therk, muy angustiado por la chica.
- ¿Qué está pasando aquí?.- pregunté, ya sin poder aguantar más la angustia e intriga por lo que estaba pasando.
- Asuna...- dijo la pequeña Scilica, muy impactada por mi presencia, lo que realmente me pareció muy sospechoso.
- No te hagas idea que no son .- me interrumpió Therk nuevamente, demasiado nervioso para mi gusto. Fue por eso, y sin que ellos lo notaran, que tomé ligeramente mi espada, pues tenía que estar preparada para un enfrentamiento inesperado.
- ¡No lo hagas!.- me frenó la chica, dejando caer su capucha, dejando al descubierto su identidad.
- Tú...- es imposible, le dije, quedando totalmente anonadada por lo que ocurría. Era imposible que fuera ella, no después de todo lo que había pasado, no después de haber sentido todo ese dolor por haberla perdido. - Liz...¿Eres tú?.- continué con la voz quebrada.
- Soy yo.- afirmó, con una sonrisa sincera.
- ¿Pero cómo?... ¿Cómo sobreviviste?.- le pregunté, ya que no entendía cómo habría escapado de la explosión.
- Yui.- espetó en seco. - Ella me sacó de la explosión y me llevó al bosque. Una vez que curó mis heridas me dio una misión, y para eso era necesario ocultarme de ustedes, pues no debía ponerlos en peligro. Ella me pidió que averiguara que era lo que buscaban hacer los Pilares, tenía que saber que buscan hacer con todas las almas de los Gamers caídos... Tenía que aprovechar que ella borró mis datos del juego para investigar lo más posible, ya que el resto de los Pilares piensan que estoy muerta.
- Estoy impresionada.- dije, tapándome la boca con una de mis manos. - ¿Y qué fue lo que averiguaste?.- consulté, muy impaciente por sus respuestas.
- Ganar el juego es una mentira, Asuna.- soltó sin más, impactándome totalmente; generando una terrible confusión en mí. - Es sólo una forma de hacernos perder el tiempo. Los jefes de piso son sólo una distracción. Es Elsa el verdadero objetivo... Sólo ella tiene la verdadera llave para liberarnos a todos de SAO.
- ¿Y dónde está ella? ¿Cómo la derrotamos?.- pregunté, totalmente devastada.
- No lo sé... Jamás la he visto.- reconoció, muy triste por ello. - Sólo pude verla a través de un espejo cuando hablaba con Aria.
- ¿Y qué debemos hacer?.- pregunté, con una gran angustia albergada en mi corazón.
- Avisarle a los chicos lo que está pasando.- concluyó. - Elsa mandó a los tres jefes restante, los de los pisos 97,98 y 99 a acabar con todo lo que resta de SAO, tanto sus habitantes como los pueblos.- contó, mostrando gran desesperación en su mirar.
- No puede ser...- dije, totalmente horrorizada por lo que estaba a punto de pasar. La verdad es me costaba creer que alguien pudiera ser tan malo, tal cruel como para causar miles de muertes. - Una cosa más...¿Cómo fue que ellos sabían que estabas con vida?.
- Scilica me descubrió una noche que me encontraba merodeando cerca de ustedes, y Therk la siguió. Así fue como supieron que estaba con vida.- dijo con sinceridad, explicando sus razones.
- ¿Y qué hacías cerca nuestro?.- le pregunté con extrañeza.-
- Los estaba protegiendo.- inmediatamente acachó la mirada, muy entristecida por todo lo que había pasado.
- No te preocupes.- le sonreí. - Hiciste lo que tenías que hacer. Fuiste de mucha ayuda además, ya que averiguaste muchas cosas que nos serán de utilidad..
- Es cierto.- afirmó Therk.
- Ahora es tiempo de avisarle a los chicos.- dijo Scilica, por lo que nos unimos en el viaje de vuelta al campamento.
- Vamos.- los animé.
Kirito .-
Fue tan doloroso verla partir, fue tan fuerte, tan difícil, por lo que una vez que Irisviel se sintió mejor corrí en busca de Asuna, sin saber bien qué iba a decirle ciertamente, ya que ni siquiera yo tenía bien claro qué es lo que estaba pasando conmigo. Pero si había algo que tenía muy claro, y era que no quería que las cosas quedaran así entre nosotros, no después de todo lo que hemos pasado juntos.
Corrí y corrí tras de Asuna, pero rápidamente se perdió de mi vista y no pude volver a encontrarla. Mis ojos sólo podían ver aquellos arboles que se ondeaban con el viento, y que se llevaba con él la idea de poder hablar con ella. Y fue entonces cuando lo sentí. Mi piel se erizó inmediatamente tras notar que una suave mano se había posado sobre mi hombro, intentando llamar mi atención. Se trataba de Irisviel, la cual lucía un poco más compuesta, con una mirada dulce y directa, con su cabello que se movía con libertad por la brisa, y con aquella sonrisa que sólo buscaba tranquilizarme. No sé cuánto tiempo pasó, pero nos miramos a los ojos por un largo rato, sin decir palabra, pues bastaba el silencio, el cual era el mejor acompañante en un momento así.
- Kirito...- me nombró Irisviel, rompiendo el silencio que nos había invadido por largos minutos. - Yo... Yo sólo quería decirte que...- se calló de repente, muy nerviosa aparentemente.
- Ya lo sé.- le dije. - No tienes que decirlo.- quise ser amable con ella y evitarle la incomodidad de tener que declararse ante un chico, a pesar de que ya me había hecho sabes sus sentimientos hacía mí.
- Yo siento cosas muy fuertes por ti, pero no creo poder seguir esperando. Te juro que entiendo lo que te pasa, pero seguir con este juego es muy doloroso. Estoy cansada de sufrir.- me miró con firmeza. - Creo que preferiría que me dijeras que no, y así podría vivir tranquila.- se veía tan hermosa. No podía evitar derretirme ante esa falsa sonrisa que ponía cuando tenía pena.
- Te seré sincero, Irisviel. Me gustas, me gustas mucho, pero algo me sucede con Asuna. No creo que puedas entenderlo, pero no quiero hacerte ilusiones... De verdad me apena que la vida no pueda ser justa contigo, porque mereces a alguien que te haga feliz, que tenga ojos sólo para ti...- le expliqué, acercándome a ella, para terminar tomando sus manos.
- ¿Y no has pensado que tú podrías ser aquella persona?. ¿No crees que ya es insistido demasiado con Asuna?. La has buscado una y otra vez, pero nunca logran estar justo. Yo la quiero, pero siento que el destino está intentando decirles algo.- respondió con sinceridad, mirándome directamente a los ojos, sin titubear ni un segundo.
- No sé que responder a eso, Iri.-
- No creo ser mejor que ella, pero estoy segura de que podría hacerte feliz.- explicó, jugando con los dedos de mi mano. - Ahora te haré la pregunta, y será definitivo, y si no quieres no insistiré más; no te preocupes.- dijo tras cerrar sus ojos con amabilidad.
- Iri... No lo hagas.- le pedí, esperando poder solucionar las cosas de mejor forma. Sin duda había una parte de mi corazón que me decía que debía aceptar, que debía decirle que sí, porque sabía que a su lado yo sería feliz, lo tendría todo. Pero había otra donde dudaba, donde me preguntaba qué tal si... Qué tal si Asuna si me quería, y era justo eso lo que me hacía preguntarme si todo esto valía la pena. Lo cierto es que a pesar de que entre nosotros hubo amor, lo que tuvimos jamás pudo volver a tener la misma intensidad desde que volví, jamás pudimos coincidir en nuestros tiempos, siempre uno estaba molesto con el otro y así sucesivamente... Y sinceramente, yo no quería luchar más. Eso me llevó a pensar en que todos los esfuerzos los había hecho yo, siempre luchando por ella, intentando atraer su atención, de ganarme su cariño nuevamente, pero siento que nunca lo logré y no puedo evitar frustrarme por ello.
- Dime, Kirito... No te has cansado de ese cuento del amor eterno, ¿de ese que lo vende todo?. Yo sí.. He perdido tanto en mi vida, he sido despreciada tantas veces, que te juro que no quiero seguir sintiéndome así; no quiero ser más el plato de segunda mesa, esa chica que la gente no ve porque siempre hay algo que brilla más cerca de mí.- me contó entre lágrimas, llegando hasta lo más frágil de mi corazón.
- ¿A qué te refieres?.- le pregunté con temor. - ¿Sabes?. Ahora que lo pienso, no sé nada sobre ti.- reí, mientras acomodaba su cabello.
- Es que no hay nada que saber sobre mi... Soy una estúpida huérfana que nunca conoció a sus padres, que vive en casa de una familia a la cual el Estado le paga, y lo único que les interesa a ellos de mí es el cheque a fin de mes, nada más. Nunca nadie me abrazó con sinceridad, me tocó con un poco de amor...- dijo llena de sufrimiento. - Hasta que te conocí. Tu volviste todo diferente, porque le diste calor a mi vida, me cambiaste.- reconoció, ya con la voz quebrada, rogándome con la mirada que no me marchara.
- Iri...- la aferré con fuerza a mi cuerpo, rogándole al tiempo que no pasará, porque no quería volver a ver como sufría de esa forma. Cuando escuché sus palabras supe que era afortunado, yo también perdí a mis padres, pero tenía donde volver, con mi familia, aquellos que me quieren; pero ella, ella está sola.
- No quiero que me tengas lastima.- me miró con seriedad, mientras aferraba su mano a la mía, empuñándola con fuerza.
Quería besarla en ese momento. Esa idea pasaba insistentemente por mi cabeza, pero tenía miedo de herirla más si lo hacía. Pero finalmente no pude detenerme, terminado por sellar nuestros sentimientos en un sentido beso, uno que terminó por hacerme entender que la felicidad está dónde yo quiera buscarla, y que se puede amar más de una vez. Por su parte, ella se aferró a mí con intensidad, moviendo sus manos a través de mi espalda, con ansiedad y felicidad al mismo tiempo, mientras yo, empuñaba mis manos sobre su blusa, al mismo tiempo que la recorría con mis labios hasta encontrarme con sus labios nuevamente. Todo era perfecto. Por fin tenía el valor de admitir mis sentimientos, tenía las ganas de poder superar a Asuna, pero no podía durar para siempre...
- No puede ser.- dije, al ver lo que se nos estaba acercando, tras separar mis labios de los de Irisviel. Se trataba de un monstruo gigante, sin duda tenía que ser el jefe del piso 97, que era donde nos encontrábamos justamente ahora. Se trataba de una quimera gigante, medio jabalí y medio caballo, era un tipo de centauro bastante extraño a decir verdad.-
- Tenemos que hacer algo.- respondió Irisviel, haciendo aparecer sus hachas y yendo al ataque de la bestia. Lamentablemente, aún se encontraba débil, por lo que le fue fácil al enemigo tirarla hacia un lado, sin ella pudiera dañarlo.
- ¿Estás bien?.- le pregunté al ir en su auxilio, muy preocupado por su salud tras quedar arrodillado frente a ello.
- ¡Cuidado!.- bramó, rodando su cuerpo para quitarme del blanco del enemigo, lastimado de esa forma su brazo con la espada de éste. - Me duele.- gritaba, y yo sin poder hacer nada.- Kirito, detrás tuyo.- me advirtió, permitiéndome alejarme de la bestia, al cual pretendía arremeter contra mí.
Pero de un segundo a otro todo parecía arruinado, ya era demasiado tarde, pues el peligro era inminente y no había nada que pudiera hacer para evitarlo. Estaba débil, y no podía ayudar a Iri... Lógicamente estaba todo perdido para nosotros. Por lo menos eso pensé hasta que la vi. Se trataba de una chica encapuchada, la cual cargaba consigo una enorme espada, con la cual cortó al centauro en dos, logrando que desapareciera inmediatamente.
- Iri... ¿Estás bien?.- corrí desesperadamente para ver como estaba, necesitaba saber qué tan mal herida se encontraba. Y fue justo en ese momento cuando apareció Asuna, rodeada de Scilica y Therk, más la chica misteriosa. Yo solamente los veía nerviosamente, intentando concentrarme en Irisviel, esperando poder fingir que no me importaba su presencia en el lugar; es más, quería hacerles saber que me encontraba agradecido por su ayuda.
- Estoy bien. Un poco herida, pero creo que me recuperaré pronto.- me sonrió, tomando mi mano con fuerza.
- Muchas gracias por ayudarnos.- le dije a la chica, guiando mi mirada hacia a ella, para finalmente comenzar a acercarme, esperando saber a quién le debía semejante favor.-
- No es nada.- escuché, impresionándome un momento por su tono de voz, pero seguí, pues sabía que lo que estaba pensando no podía ser cierto.
Pero mi sorpresa no pudo ser mayor al verla, se trataba de Lizbeth, mi amiga Lizbeth, aquella que pensé que estaba muerta, que di por perdida. Fue como si un pequeño pedazo de mí volviera conmigo, como si una vez más hubiera esperanza de lograr algo, de salir adelante todos juntos. No podía contener mi dicha, fue por eso que la tomé de las manos y le bajé esa capucha, porque esperaba ver su rostro, quería volver a verla y poder creer que era cierto lo que mis ojos me indicaban.
Lizbeth tardó un buen rato en contarme todo lo que había pasado, en cómo se había salvado de los Pilares, de como Yui la ayudó, y de como Scilica la encontró, haciéndola jurar que no diría palabra hasta que ella pudiera lograr su objetivo. Yo por mi parte la veía embobado, como si estuviera soñando, aún sin poder creer que fuera ella. Y por ello todos se reían de mí, porque parecía un tonto cada vez que la escuchada, pero es que no podía más... Es tan duro perder a todos los que quieres, y poder recuperar algo de ello, vuelve a darle calor a tu corazón, te hace darte cuenta de lo importante que es valorar a los que tienes cerca, a todos los se sacrifican por ti.
- Iri...- dije en voz alta, pero sin ser escuchado por los demás... Por fin podía darme cuenta de la gran persona que tenía a mi lado. Tuve que volver a ver a Liz para darme cuenta, para poder apreciar cada gesto de amor que ella había hecho por mí, y es por eso que tenía que corresponderle, porque lo merece, porque se lo ha ganado, porque mi tiempo con Asuna ya es sólo pasado.
Pero la tranquilidad siempre es pasajera, pues antes de que pudiera decirle cualquier cosa, antes de festejar la vuelta de Lizbeth, los dos jefes restantes aparecieron. Se trataban de un ogro gigante, absolutamente verde, y el otro era una serpiente gigante, rodeada de metal por todos lados, como si se tratase de un armadura. Lo cierto es que se veía feroces, pero teníamos que dar lo mejor de nosotros para poder vencer; teníamos que enfocarnos en ello, ya que si lo logramos una vez, podíamos hacerlo de nuevo.
Lo primero que hicimos fue mandar a Scilica a proteger a Irisviel, la cual la cubrió con su escudo, mientras nosotros nos dirigíamos a la batalla. La primera en atacar fue Lizbeth, usando su nueva espada, una que había forjado en su ausencia, la cual poseía nuevos poderes, pues estaba hecha de un mineral muy extraño que estaba en lo más alto de la montaña, donde se encontraba la guarida de Los Cinco Pilares de SAO: - Viento Cortante.- De repente un enorme remolino se desprendió del filo del arma, atacando directamente al enemigo, lamentablemente sin hacerle ningún daño. El siguiente fui yo, pero estaba tan herido, que ni siquiera pude acercarme, pues fui lanzado lejos por un coletazo de la serpiente. Gracias a Dios, Asuna pudo interceptarme en el cielo, salvándome de sufrir una terrible caída. Después de ello, mi ex novia saltó al ataque, generando pequeños daños en el ogro: - Filo Divino.- pero lo cierto es que nada parecía funcionar lo suficiente.
Lo intentamos una y otra vez, pero el resultado era el mismo, aquel donde nosotros terminábamos en el suelo, totalmente cansados, y el enemigo sin ningún rasguño. Estaba tan cansado que no pude ver lo que estaban intentando hacer. Nosotros nunca fuimos su objetivo, sólo se dedicaron a lastimarnos para evitar que fuéramos un estorbo. Lo que ellos realmente querían era llevarse a Irisviel, la cual aún se encontraba bajo la protección de Scilica. Lamentablemente, ni el poderoso escudo de Pina fue suficiente para detenerlos, pues rápidamente las mandó lejos, dejando a Irisviel totalmente indefensa.
- Skyfall.- de repente una lluvia de cortes de hacha apareció frente al jefe serpiente, mientras Iri seguía en el suelo, cortándolo en varios pedazos, terminando por desaparecer una vez que cayó muerto. - Kirito...- me gritó, esperando que la salvará del otro oponente.
Se notaba que ya no tenía más energía, ya que una vez que terminó con su ataque, calló totalmente inconsciente, siendo tomada por el ogro, el cual pretendía llevársela lejos. Obviamente yo no lo iba a permitir, pero no pude hacer nada pues alguna fuerza nos estaba paralizando a todos, dejándonos a todos impotentes frente al enemigo, el cual se llevaba a nuestra amiga, una que para mí se estaba convirtiendo en algo más que eso.
- ¡Irisviel!.- grité con todas mis fuerzas, extendiendo mis manos para alcanzarla.
- Si quieren volver a verla deberán prepararse para la batalla final.- mencionó el ogro, el cual era seguramente el jefe del piso 99. - Ya se acabó el juego, es hora de la verdadera batalla.- rió, dejándonos a todos muy humillados. - Busquen a su amiguita en La Torre del Nuevo Comienzo. En ese lugar se encontraran con su final.- concluyó, para desaparecer mágicamente del bosque, causando con ello que pudiéramos liberarnos, para comenzar a lamentar una nueva perdida en nuestro equipo.
- ¡Te encontraré, Iri!.- grité con todas mis fuerzas, golpeando el suelo con mis puños... Haciendo una promesa que no estaba dispuesto a incumplir.
To be continued.
