Capítulo VIII

Cuentos de hadas

Esme me había pedido que tocara su canción y estaba frente a mí, escuchando, mientras yo la ejecutaba. Esperaba con ansias la llegada del nuevo día. A ningún humano le gustaban los lunes; nosotros no los sentíamos, pero ahora había aprendido a apreciarlos. Llevaba un par de días sin ver a Bella y la abstinencia me estaba descontrolando.

Luego de la última pesadilla de Bella y tras varios días de sospechas, Charlie había decidido cerrar con llave la ventana de la pieza de su hija. Dado que esta hablaba por las noches y últimamente lloraba, gemía y gritaba, su imaginación había volado y situó como culpables a varios muchachos a quienes vigilaba cuidadosamente aunque su hija jamás los nombrara. El último sospechoso era el voluble de Jacob. Frente a las dudas prefirió asegurarse sacando, también, la llave de debajo del alero. Y, como últimamente dormía, literalmente, con un ojo abierto, no había manera de entrar en la casa para acercarme a Bella. Ella, por su parte, no tenía idea de nada.

A mi me parecía que esto ya se estaba convirtiendo en un cuento de hadas. La dulce princesa Isabella permanecía encerrada en una torre, alejada de todo. Tanto por ignorar parte de su pasado como por desconocer lo que ocurría frente a sus narices, en el presente. Charlie podría ser el dragón furioso vigilando la torre, mientras Bella veía pasar sus días presa de un profundo sueño. Por lo tanto debía encontrar la manera de llegar a ella y, con un beso, despertarla y traerla devuelta, conmigo…para llegar al felices por siempre.

Los días en que Bella trabajaba, eran los días en que me pasaba por el restaurant. Llegaba cuando oscurecía y me sentaba en una mesa, alejada de la barra y la entrada. Era aquella, la sección que le tocaba atender. Escuchaba los latidos de su corazón al reconocerme y el golpeteo en su pecho era dulce melodía para mis oídos. Su corazón me reconocía pero su mente seguía sin hilar las inconexas imágenes que se atestaban en su cabeza.

El último sábado no pude acercarme, pues pasó todo su día con Jacob. Tampoco pude entrar al restaurant. Llegué cerca de las ocho. Iba a pie, observaba desde la entrada del bosque el momento preciso para entrar. Sin mucha gente pero que tampoco estuviera vacío para pasar desapercibido y obligarme a seguir las reglas, sin cometer ningún error. Porque, aunque estaba haciendo trampa, ya había creado mis normas.

Sentí que alguien se ponía frente a mi y al alzar la vista vi a Jacob Black. Rígido como una piedra, obstruyéndome la entrada del restaurant. Era más alto de lo que recordaba y al instante reconocí el por qué: Jacob era un licántropo. Probablemente estaba en el proceso de conversión o tal vez, ya había terminado. Me miró con desprecio y le devolví la mirada con indiferencia. No pude leerle el pensamiento por lo que tuve que esperar a que se decidiera a hablar. Enarqué una ceja, impaciente.

-¿Qué estás haciendo acá?-pero no esperó mi respuesta y prosiguió:

-¿Qué quieres? Recalcarle a Bella, con tu presencia, que la has abandonado.-pude observar el descontrol en el que estaban sus emociones, cerraba las manos en puño y los dientes le chirriaban.

Decidí que pasara lo que pasara, no le haría daño, pero ya me estaba hartando. Me enderecé pero no le ofrecí ninguna explicación.

-Yo se lo que hago. ¿Crees que tu así-aludía su actitud-como estás, le harás bien a ella? Al momento en que ella diga o haga algo que te disguste, te abalanzarás sobre ella e inconscientemente, la matarás.-Yo también me había descontrolado un poco al decir aquellas palabras y al imaginarme ese lamentable suceso. Me vi a escasos centímetros de su rostro, con los ojos inyectados de furia.-Se mucho sobre sus tropezones-terminé.

-Y nosotros sabemos que han vuelto a las andadas.-Podía sentir la ira brotar de su cuerpo.

-No se de qué me hablas. Ninguno de nosotros se ha pasado por territorio quileute desde el pacto. Puedes guardarte tus infantiles acusaciones.

-No me refería al pacto-dio un paso hacia mi-han pasado dos semanas y ya han muerto tres personas en los bosques de Forks. ¿Cómo crees que murieron, chupasangre?

Durante nuestro pequeño tête à tête había aguantado la respiración. El olor a lobo es especialmente nauseabundo.

-Ha de ser un grupo de paso. Gracias por la información, estaremos alerta.

-Nosotros ya nos estamos haciendo cargo.

-Claro, pueden seguir ustedes vigilando territorio quileute-levanté la mano en gesto despectivo-el resto es nuestro.

Soltó un taco enrabiado y empezó a respirar con rapidez, dilatando con fuerza las aletas de la nariz. Me hice a un lado, zanjando así la conversación, pero tomó con cautela mi brazo y mirándome, me comunicó:

-No vas a entrar. Aléjate ya de Bella. Todavía tiene posibilidades de ser feliz-su tono era resignado-déjala seguir con su vida-comprendí que él tampoco se consideraba adecuado para pertenecer a la vida de Bella, por lo que, dando media vuelta, desaparecí.

-¿Están listos?-apuré a mis hermanos para salir cuánto antes hacia el instituto. Rosalie no necesitaba arreglarse demasiado, Emmet no necesitaba hacer pesas, Alice y Jasper no necesitaban ver la televisión sin, en realidad, verla.

-Bella llegará tarde-me informó Alice sin despegar la vista del televisor, que estaba apagado.

Y yo, no necesitaba ser tan impaciente. Había visto y leído mucho sobre esa actitud por lo que me fue fácil reconocer y verme como un niño al que le han dicho que no. Me faltaba, solamente, cruzar los brazos y acercarlos con fuerza a mi pecho. Y refunfuñar.

-¿Por qué?

-Se le va a parar el auto, la batería.-Ahora me miró, con la cara reluciente y una sonrisa cómplice. –Creo que deberías pasar por ella.

-Si-solté con una sonrisa-creo lo mismo.

-No te preocupes-decía Alice mientras me alejaba rápidamente hacia el estacionamiento-yo me hago cargo de ellos.

Pasé dos veces cerca de su casa y a la tercera, cuando me encontraba a escasos metros, la escuché:

-¡No! Esto no puede estar pasando. Sabía que debía quedarme en casa.

Su auto había quedado parado a unos diez metros de su casa.

No se nada de autos! ¿Qué te pasa, amigo mío? ¿Qué tienes? ¿Te has resfriado?

Paré frente a ella y observé como le hablaba, casi con dulzura, a su coche. Cerré la puerta al bajarme, para hacerle saber que me estaba aproximando. Abrió los ojos al reconocerme.

-¿Todo está bien?

Su voz se fue haciendo más débil mientras balbuceaba.

-No. Mi auto ha quedado varado una traición mortal, desconozco el procedimiento en este tipo de situaciones. Además debo llegar al instituto-miró el reloj.- ¡Ay no! Qué tarde es.

-No te preocupes, yo si se. Y por la hora, ya no se puede hacer nada, pero descuida yo te llevaré.

Cogí mi celular y llamé a un servicio de grúas. Bella me miraba con los ojos como platos y yo me reía a carcajadas por dentro. Di las señas del auto y la dirección. Si Bella me recordara no sería difícil empujar el auto y estacionarlo frente a su casa. Pero ahora, debía mantener las apariencias. ¡Qué aburrido ser humano! Tanta espera y nada de acción. Pero al menos, ahora, podía pasar tiempo junto a ella. Guardé el celular y me acerqué a su auto. Bella se acercó a mi, asustada de que pudiera hacerle algo al monovolumen y arruinarlo más.

-¿Puedo?-hice ademán de levantar el capó.-Se algo de autos.

Asintió con la cabeza, algo turbada. Hice una mueca al observar y juguetear un poco con las piezas, tenía que hacer algo de teatro para sonar convincente.

-¿Qué le pasa?-se acercó un poco más a mi. El viento hizo que su olor llegara a mí como una ola y me envolviera, transformando mi alrededor en brumas. Sólo la veía a ella, la sentía cerca, sentía su calidez, veía sus ojos buscándome y yo luchaba por no acercarme más y besar sus labios. Ella también sintió esa mágica corriente porque pestañeó rápidamente tratando de despabilarse al momento que pensaba:

-¡Wow! Mis rodillas ya no pueden conmigo-se aferró a la carrocería del auto y retiró la mirada, respirando profundo.

Hice como que no me había dado cuenta y respondí:

-Es la batería.

-¿Es muy malo?-hizo una mueca.

-Bueno-respiré profundo, extasiado-la batería es el alma del auto. –La verdad sólo hacía falta echar un poco más de agua destilada, pero Bella no se libraría de mi tan fácilmente.-Debes llevarlo con un mecánico.-Seguía riéndome.

-Ahora-añadí momentos después-¿deseas esperar la grúa o prefieres que nos vayamos?

Lo pensó un momento y la Bella responsable se impuso a su verdadero deseo.

Le abrí la puerta del copiloto y recordé que no le agradaba en lo absoluto. Encendí y observé como Bella miraba con fascinación el interior del volvo.

-Tu auto es hermoso-me dijo-¿Cómo le va con la velocidad?

-Le agrada la velocidad, sobre 120 se siente sumamente cómodo. Pero-me adelanté a su reacción-las leyes de Forks exigen conducir con una velocidad máxima de 60 kilómetros por hora.

Bella observó con curiosidad el tablero. Iba a sesenta. Ni uno más ni uno menos.

-No voy a arriesgarme a transgredir las normas en frente de la hija del capitán. Sonrió divertida y me miró descubriéndome por primera vez.

-Te agradezco que te hayas detenido a ayudarme. Lamento que estés llegando atrasado por mi culpa.

-Pierde cuidado.-Jamás me había divertido tanto manejando tan lento.

-Vamos a llegar mañana, perfecto.

Bostecé para reprimir una risa.

-De todas maneras creo que hoy no entraré a clases.

-¿Por qué?

Hice una mueca.

-No estudie nada para química. ¿Qué es lo que entra?

-Ácido-base, las teorías, los indicadores y baterías…reacciones reversibles ¿Qué le pasaba a mi auto?-me miró, con escrutinio.

-A los vasos les faltaba un poco de agua destilada-confesé.

-¿Un poco?

-Un poquito.-la miré inocente y me devolvió la mirada ceñuda, pero no estaba enojada. Tan solo estaba suspicaz. Apreté el acelerador a fondo para que no llevara sus conclusiones a un nivel poco conveniente y en cosa de dos minutos estuvimos en las puertas del instituto. Se detuvo al bajar para darme las gracias. Asentí con la cabeza, cerré la puerta del auto y me fui, devuelta a su casa. No había llegado ninguna grúa, porque yo no había llamado a ninguna. Me aseguré de que nadie me observaba y puse el auto frente a la casa, sin esfuerzo. Abrí el capó, observé la batería y un papel pareció volar de ella y se acercó a mi. Dos palabras en letra cursiva y femenina. De nada

Tendría que darle las gracias y no bastaría. Y pedirle perdón, a ella y a Jasper.

Al día siguiente Bella se acercó a mí con paso decidido pero con el corazón en la garganta y me ofreció ser mi tutora en química. La rechacé cortante y le caí terriblemente mal. Se alejó casi con taquicardia y con mi nombre en los labios.

Después de muchas noches sin dormir bien y recalcó muchas porque no sólo él tuvo que sufrirlas, Charlie decidió levantar la vigilancia y estaba ahora, profundamente dormido. Los ronquidos y lo regular de su respiración me dieron la oportunidad y el valor para entrar por su ventana. Me deslicé silenciosamente hasta el cuarto de su hija y al verla, no pude contener un impulso casi desesperado. Me acerqué a su cama, con paso decidido, me incliné y besé sus cálidos labios. Su respiración se detuvo, yo abrí los ojos y vi como ella entreabría también los suyos. Me recibió con una mirada somnolienta y una débil sonrisa comenzó a dibujarse, iluminando su rostro.

-Edward-susurró-te has demorado mucho, ¿dónde estabas?-en sus ojos leí el pánico.

Me sobresalté e hice ademán de alejarme pero Bella tomó mi mano con ternura. ¿Lo había recordado todo? Me senté nuevamente en su cama y la contemplé, maravillado.

-Te comieron la lengua-su mano subió a mi rostro y me observó con tristeza.

-Tu padre ha trancado la ventada-respondí.

-No debería suponer ningún obstáculo para ti.

-No ha dormido bien en semanas, pensaba que alguien venía cada noche para estar contigo.

Rió por lo bajo.

-No estaba muy desencaminado en sus suposiciones.-Suspiró y volvió a mirarme.-Vas a desaparecer cuando despierte-una lágrima cayó, rodando hasta mojar su almohada.

Me incliné hacia ella y bese sus párpados, bajé a sus mejillas que se sonrojaron al posar mis labios sobre ellas y terminé en su boca.

-¿Qué me pasó? Por qué no recuerdo nada-lucía confundida. Comprendí que su memoria estaba en una especie de limbo, debatiéndose por qué camino tomar. Suspiré derrotado.

-Quisiera poder estar en todos tus recuerdos, pero tu cabeza me borró antes de volver a verte.

Se estremeció con miedo.

-No-susurró con la cara constreñida del dolor.

-Cálmate Bella, mi dulce Bella.-sostuve su mano.-Debes volver a dormirte, te sentirás mejor al despertar.

-No estarás ahí.

-Estoy. Siempre estoy.

-No me dejes.

-Shh-intenté arrullarla-duerme Bella. Todo estará bien.

Me vi ahí, con el corazón destrozado, frente a una Bella que me recordaba y me amaba tanto como yo a ella, pero debía, noten mi suerte, alejarla, sabiendo que no me recordaría al despertar.

-Te amo-la observé nuevamente. Se había quedado dormida y tenía mi mano aferrada a su mejilla, como si se tratara de un oso de peluche.

Una cosa, no se nada de autos así que no me maten si me he equivocado :D porfa…

Gracias por leerme y por los reviews, sigan escribiéndome, yo feliz de saber sus opiniones ^^