"¿En qué lío me he metido?" se preguntaba Emma mientras se maldecía una y otra vez por las decisiones que tomaba. Primero, para escapar de Baelfire, se fue a la terraza y se encontró con Rumpelstiltskin, quién le ofreció una "salida fácil" para sus problemas. Luego, descubrió que era una trampa y quedó atrapada en Nunca Jamás por una semana (aunque, en realidad, fueron 7 meses). Más tarde, logró escapar de ahí con la ayuda de la tripulación del Jolly Roger. Después, discutía con Milah y volvía a escapar. Ahora, fue atrapada por los guardias de la Reina de Corazones.
No importa desde que punto de vista se mirase su situación, la conclusión sería siempre la misma: estaba en problemas por su cobardía. En las dos situaciones, se había escapado y en las dos situaciones, fue capturada.
Finalmente, el caballo se detuvo frente a un gran castillo. Emma había visto muchos castillo a lo largo de su vida pero este había llamado su atención debido a su...Peculiar decoración.
"Esto es Wonderland, no debo sorprenderme" pensó Emma y el guardia que iba atrás de ella en el caballo, bajó de este y agarró la cuerda que estaba atada a las manos de Emma.
-Camina. La Reina de Corazones espera- ordena el hombre y empieza a caminar tirando con fuerza la cuerda de Emma. Ella no tenía más opción que caminar, de lo contrario, terminaría con horribles marcas o, directamente, sin manos por culpa de la fuerza que ejercía ese hombre.
-Por cierto, no sé tu nombre- dice Emma tratando de iniciar una conversación. Era lo mejor que podía hacer en ese instante. Distraer al guardia que la sujetaba y a los otros dos que iban unos cuantos pasos más adelantados que ellos.
-Mi nombre es Jacob- responde simplemente el guardia.- Guarda silencio sí no quieres que te corte la lengua.
Emma no dijo otra palabra porque pudo notar que Jacob hablaba enserio. Por la peculiaridad de Wonderland, supuso que su método para cortar lenguas no incluía una espada o un cuchillo.
Subieron una escalera en forma de caracol y llegaron a una especie de fiesta aunque para Emma, esa era la fiesta más rara que hubiera estado. Las personas vestían vestidos del siglo XVIII.
Emma visualizó a una mujer con un horrible antifaz sentada en el trono y rodeada de guardias. Supuso de inmediato que esa mujer era la Reina de Corazones.
-¿Quién es ella?- pregunta la mujer al verla. Emma traga en seco al notar el tono que usó al referirse a ella. Parecía con que la odiaba solo con verla. Emma no pudo evitar preguntarse por qué era reina. Una verdadera reina debe anteponer las necesidades de su reino antes que sus propios deseos. Esa mujer parecía egoísta y no era digna de ser reina.
-Es una extranjera que encontramos, majestad- dice el guardia que agarraba la cuerda haciendo una reverencia.
-¿Qué hace una extranjera aquí? ¡Mírenla bien! Es un peligro para Wonderland- exclama la Reina de Corazones. Sí las miradas matasen, Emma estaría muerta en ese mismo instante.
-Lo sabemos, majestad, ¿qué haremos con ella?
-¡Cortenle la cabeza!- ordena la Reina de Corazones levantándose de su trono. Emma, que había bajado la mirada por un instante, levantó la cabeza rápidamente al escuchar la orden.
-¡Ni siquiera lo intenten!- grita Emma y todos los presentes la miran horrorizados por su osadía en desafiar a la Reina de Corazones.
"Está mujer es reina solo porque es temida" piensa Emma mirando de forma desafiante a la Reina de Corazones.
-¿Pero qué tenemos aquí?- pregunta la Reina de Corazones caminando alrededor de Emma, examinándola.- ¿Una simple extranjera sin magia quiere desafiar a una reina? ¡La realeza no es un juego, niña!- luego de decir eso, la Reina de Corazones le da una bofetada a Emma tan fuerte que hace que ella se caiga. Se levanta enseguida.
-¡Claro que no lo es! Lo sé porque yo soy una princesa... Yo, Emma Charming, Princesa de el Bosque Encantado y primera hija del Rey David Charming y la Reina Nieves Charming, afirmo que tu eres una verguenza para la realeza. ¡Wonderland merece una mejor reina!
Para sorpresa de Emma, la Reina de Corazones no se molesta por lo que dice y se ríe.
-Vaya, nunca esperé encontrarme con una princesa de otro reino algún día. Casualidades de la vida- dice y toma el mentón de Emma, levantándolo para verla mejor.- Puedes ser una princesa, no lo dudo, tienes el porte de una pero, evidentemente, no la educación apropiada. Primera regla, una princesa siempre estará detrás de la reina. Segunda regla, una princesa jamás puede desafiar a la reina de otro reino porque eso significaría empezar una guerra entre ambos reinos y ninguna de las dos queremos eso, ¿verdad?
Esa mujer sonaba tan cínica que Emma, por un momento, tuvo el impulso de golpearla pero odiaba admitir que ella tenía razón. Una princesa jamás podrá hacer algo contra una reina.
-Seré piadosa y no te denunciaré al Bosque Encantado por tu impertinencia...¡Al calabozo!- ordena la Reina de Corazones y el guardia agarra la cuerda que sujetaba a Emma de nuevo.
Al llegar a los calabozos, el guardia abrió una puerta de madera con una pequeña rejilla en la parte superior y tiró a Emma contra el piso. Cerró la puerta enseguida sin molestarse en desatar a Emma.
-¡Guardias!- gritó Emma pero nadie vino a ayudarla. No sabía que era peor, Wonderland o Nunca Jamás. Tenían muchas cosas en común aunque no aparentasen, especialmente, el hecho de que dependen de la magia y que son prisiones.
Golpeó una y otra vez la puerta pero no logró abrirla. Nadie aparecía. Todo era un absoluto silencio que aterraba. Por primera vez en su vida, Emma se permitió llorar. Se abrazó a sus piernas y empezó a llorar desconsoladamente. Jamás saldría de esa celda, jamás volvería a ver a su hermano, jamás volvería a ver a sus padres, jamás volvería a ver a Killian, aquel pirata que la había cautivado con su celeste mirada tan profunda como el mar, incluso más bella. Se prometió a sí misma que jamás volvería a huir de algo, que lo enfrentaría sin importar que tan humillante sea. Decidió que sí llegase a tener la oportunidad de regresar al Bosque Encantado, que se casaría con Baelfire. No podía huir más de su destino.
De pronto, escuchó como la puerta se destrababa y se abría. Sorprendida, Emma se levantó prácticamente de un salto y vio a una chica rubia usando un vestido rojo. Le sorprendió aún más ver que esa chica rubia tenía cierto parecida con la Reina de Corazones...¿Sería pariente suyo?
-Rápido, no hay tiempo que perder, Emma Swan- exclama la chica. Emma obedece y sale de la celda siguiendo a la chica que iba delante y vigilaba cada esquina para asegurarse que no venía ningún guardia.
-¿Quién eres tu? ¿Por qué me salvaste?- pregunta Emma.
-Mi nombre es Anastasia, mejor conocida como la Princesa Roja. Soy la única hija de la Reina de Corazones- responde la chica.
-¿¡Su hija!? Entonces, ¿por qué me ayudas a escapar?- pregunta Emma incrédula. Por un momento, la idea de que fuera una trampa y que la Reina de Corazones quisiera cortarle la cabeza apareció en su mente, y quiso volver a su celda pero...Anastasia le parecía sincera y diferente a su madre. Por alguna extraña razón, sentía que podía confiar en ella.
-Vine a ayudarte a escapar porque Jefferson me lo pidió.
-¿Jefferson? ¡Espera! ¿Los piratas vinieron a rescatarme?- eso sí que no se lo esperaba Emma. Pensaba que cuando un hombre era dejado atrás, no volverían por él. Ese era el código pirata que había que respetar. Y ellos lo rompieron para ir a salvarla.
-¡Pues claro! A veces, hay que ignorar las normas para proteger a los que amas. Los piratas te tienen afecto, bueno, la mayoría, excepto Milah. De alguna forma, le desagradas bastante. La verdad, es comprensible. Ella era la única mujer a bordo del Jolly Roger hasta que tú llegaste. Eres hermosa e inteligente, inmediatamente llamaste la atención del capitán Killian Jones.- Al oír eso, Emma se sonrojo pero ya que iba detrás de Anastasia, ella no lo pudo notar.- Milah siempre ha estado enamorada de Killian y te ve como una rival por eso te trata mal.
-¡Pero yo no hice nada! Nunca me insinué para el capitán- se defiende Emma.
-Te creo pero Milah no. Estoy segura que después de esto, su odio y celos aumentarán. A veces, los celos pueden cegar nuestro buen juicio y hacemos cosas impensables e imperdonables.
-Anastasia...¿Tienes algo con Jefferson?- pregunta Emma y Anastasia se detiene de repente sonrojada. Emma choca con ella.
-¿Eh? ¿Q-qué te hace p-pensar eso, Emma?- pregunta nerviosa Anastasia sin darse vuelta. Estaba muy sonrojada.
-Dijiste que me rescataste porque Jefferson te lo pidió así que supuse que había algo entre ustedes. Hablaste de él con...Cariño.
-No hay nada entre nosotros. Ni nunca habrá...Soy una princesa, Emma, tú también lo eres así que deberías entenderme. Una princesa le pertenece a su reino, no a sí misma. La lealtad hacía el reino siempre será más fuerte que hacía sí misma... Los piratas no tienen rumbo fijo por así decirlo, viven viajando y nunca se quedan por más de un mes en un mismo reino. La vida de los piratas es el mar y la vida de las princesas es su respectivo reino... Conocí a Jefferson cuando era una niña, él me salvó de ser atacada por un oso... Nos hicimos amigos sin que nadie supiera. Yo me enamoré de él y decidí declararme...Pero, ese día el me dijo que se iba con los piratas a buscar respuestas a sus preguntas, ¿quién era? ¿cuál era su destino? Jefferson dijo que estaba seguro que jamás encontraría las respuestas en Wonderland...Yo no quise declararme, tuve miedo de que el abandonara su sueño por mi...No podría soportarlo...
-Ya veo...Tienes razón sobre las princesas. Nuestra vida no es nuestra sino del reino. Suena tan cruel pero es la verdad. Nosotras nacimos con ese destino. Yo también me sentí atraída por un pirata pero...Veo que tienes razón también en eso. Un amor entre un pirata y una princesa es totalmente imposible.
