Disclaimer: Yo no soy JK y creo que todos saben eso.

Holaaaaa! Acá estoy con un nuevo capi poco después del anterior como prometí, solo cinco días pasaron del anterior. Debo decir que estuve muy inspirada para escribir este y me gusta el resultado.

Quiero agradecerles a todos sus reviews. No solo los del capítulo anterior sino de toda la historia. Me alagan mucho, dicen cosas muy bonitas de mi forma de escribir que por momentos llego a creérmelas, jeje. Espero que les guste este capi, es un poco emocional y seguramente el siguiente también. Luego vendrá un poco de acción (es que ya tengo más o menos planeado los proximos capítulos). Espero lo disfruten y ya saben quiero su opinión. Saludos. Hasta pronto (ahora tengo un poquito más de tiempo así que actulizaré más rápido). Besos.


CAPITULO 9: ¿ERES... ERES HARRY?



James dudó unos segundos antes de posarse junto a la puerta cerrada. Del otro lado solo había silencio, y no sabía si se debía a que los dos hombres estaban callados o había en la sala un hechizo silenciador. Las dudas fueron respondidas inmediatamente al escuchar la voz de su amigo.

-Quería saber si te encontrabas bien antes de irme a casa – explicó Sirius a su ahijado acercándose hasta él y poniendo una mano sobre su hombro.

-Si estoy bien, gracias por preocuparte.

-Es mi deber preocuparme por ti.

Harry sonrió ante estas palabras, del otro lado de la puerta James frunció el seño. ¿Deber?

-Debe haber sido raro ver a Voldemort nuevamente.

El muchacho le brindó una nueva sonrisa de agradecimiento.

-Si, lo fue. Es extraño ver al hombre que causó mis pesadillas años atrás – inconscientemente Harry se llevó una mano a la cicatriz en forma de rayo.

Su padrino lo miró comprensivamente.

-Cuando hoy lo vi por un instante me congelé. No podía moverme – confesó algo avergonzado por su debilidad.

-Supongo que yo hubiera reaccionado del mismo modo.

James no pareció extrañarle esa afirmación. Si él fuera el que viniese de otra dimensión donde no existiera un señor oscuro actuaría de la misma forma. Aunque todavía seguía dándole vueltas la primera parte de la conversación, el deber de Sirius.

-¿Te dolió la cicatriz, verdad?

A Harry le tomó desprevenida esa pregunta y solo asintió con la cabeza. James esperaba ansioso la respuesta a la pregunta. Aunque la pregunta de Sirius había sido más parecida a una afirmación. Esperó pero el muchacho no pareció responder, al menos no en forma audible.

-Eso fue lo que te sucedió el día que llegaste cuando nos atacaron los mortífagos – se acordó el padrino del muchacho.

-Si. Fue la primera vez en seis años que la cicatriz me molestó.

-Parecías en transe.

James rememoró ese día cuando Sam había gritado que iban a ser atacados luego de ver el estado de su novio. Así que el chico compartía algún tipo de vínculo con Voldemort. El último pensamiento lo estremeció pensando en Jack. Su hijo también compartía conexión con el señor oscuro.

-Debí haberme percatado en el instante en que entramos en los alrededores de la casa de los Gaunt. Pero era un simple hormigueo y solo creí que se debía a que había entrado a un lugar ligado a él.

Ambos se quedaron en silencio, para principalmente desesperación de James. Escuchó pasos dentro de la habitación como si estuvieran moviéndose. Imagino a su mejor amigo caminando de un lado a otro, en típico comportamiento impaciente. ¿Pero qué es lo que lo impacientaba?

-¿Quieres decirme algo, Sirius?

-Eh... si... pero creo que hoy no es buen momento. No después de lo que sucedió hoy.

-¿Te refieres al ataque o a Jack? – preguntó Harry.

-¿Tú lo sabías?

-¿Sobre las visiones?

Sirius asintió esperando que Harry contestara.

-Si.

James se inquietó por esto. ¿Cómo era que un chico recién llegado a su mundo supiera más que él lo que acontecía en su familia?

-Me enteré hace unos pocos días, durantes las vacaciones.

Harry prefirió tomar asiento para poder explicarle. Su padrino lo siguió sin emitir ningún sonido.

-Una noche salí del cuarto para ir al baño y escuché una conversación entre Jack y Lucas, hablaban sobre pesadillas. Y lo que me llamó la atención fue que se refirieran a ella como normal. Deduje que tendría otro tipo de pesadillas también, y eso realmente me inquietó.

-Te inquietó pensar que fueran como las tuyas – entendió Sirius.

James detrás de la puerta contuvo unos segundos la respiración. ¿Alex también tenía las mismas visiones que su hijo? ¿Qué significaba eso?

-Por suerte no lo son – suspiró Harry. Y James frunció el seño. ¿Acaso las de Alex eran peores?

-Unas noches después volví a salir de la habitación...

-¿Sueles salir mucho de noche? – rió quedamente Sirius.

-Algunas noches tengo problemas de sueño – sonrió amargamente y su padrino cambio la expresión a una de comprensión.

Secuelas de la guerra. Recordó James tristemente. Eso es lo que Harry les había contado la mañana de navidad.

-Como decía volví a salir en la madruga y cuando caminaba por el corredor escuché un quejido. Cuando lo ubiqué comprendí que era Jack quien estaba hablando entre sueños. Lo desperté y lo llevé a tomar un vaso de agua conmigo.

James se quedó pensativo. ¿Cómo era que a él se le habían escapado todas esas cosas y el auror con solo estar un par de semanas en su casa pudo verlo?

-Así que hablamos en la cocina. Y él me contó sobre sus visiones y yo sobre las mías.

-¿Jack sabe...? – se sorprendió Sirius.

-¿Quién soy? – adivinó Harry el interrogante de su padrino - No se lo he dicho.

El hombre detrás de la puerta entendió que su amigo sabía la identidad del joven profesor, lo cual le provocó un cierto malestar que no podía entender a que se debía.

-¿Piensas decírselo? – preguntó Sirius tentativamente.

Harry sabía el pedido que había detrás de esa simple pregunta. Le sonrió débilmente al hombre y volteó el rostro hacia el techo en señal clara de pensamiento.

-No... Ya sabes mi decisión...

-Deberías reconsiderarla.

Harry respiró profundo.

-Un día esta misión terminará y tendré que irme a mi mundo, a uno donde no existen – explicó casi en un susurro.

James sintió un peso en el estómago. ¿Quién era Alex? ¿Acaso era él? Sacudió la cabeza. No podía permitirse esa clase de esperanzas. Eso solo hacía que su corazón doliera más y que en caso de que sus sospechas sean infundadas terminara de rompérsele.

-Yo aún creo que si deberías decírselos.

-¿Tú lo harás?

Sirius lo miró profundamente antes de responder. Tenía unas ganas locas de salir corriendo y decirle a sus amigos que su hijo estaba frente a ellos todo este tiempo. Pero no podía traicionar la confianza de su ahijado. Todo lo que restaba era esperar que las cosas dieran su giro natural. Que tanto James y Lily pudieran descubrirlo o que Harry cambiara de opinión. Su única esperanza era que el destino quisiera reunir a una familia separada.

-Yo no seré quien se los diga. Pero espero realmente que seas tú.

El corazón de James palpitaba con una fuerza irrefrenable. ¿Y si realmente era quien anhelaba que fuera? Ya no podía mantener la esperanza a rayas. Esta se expandía por su cuerpo sin que pudiera controlarla. Desde que había comenzado la misión, el muchacho había resultado interesante ante sus ojos. Había ciertas cosas que los desconcertaba, como la forma en que miraba a muchas de las personas de la Orden. El extraño entendimiento que tenían con su esposa. Y hasta su propia forma de sentirse cerca de él. ¿Acaso en medio de la batalla de hace unas horas no se había apoderado de él una inexplicable urgencia de protegerlo a pesar de que sabía que no era necesario?

Escuchó unos pasos a lo lejos que parecían dirigirse hacia donde él se encontraba. Miró hacia los lados para encontrar donde esconderse pero no había nada. Solo le quedó una opción. Levantó su varita y se desilusionó para camuflarse con el corredor. Los pasos se hicieron cada vez más cerca, y para su sorpresa pudo distinguir la figura de su hijo llegando hacia donde él estaba.

Vio a Jack tocar la puerta. Y segundos después a Sirius abrirla. Ambos se sorprendieron un poco, pero luego su mejor amigo decidió irse dejando a los dos muchachos solos. James aprovechó el momento y se coló en la habitación. Aún desilusionado se colocó en un rincón tratando de mantener su respiración controlada para que ninguno de ellos se percatara de su presencia.

-Si quieres puedo volver en otro momento – dijo Jack tentativamente.

Harry le sonrió meneando la cabeza y le indicó que tomase asiento. Ambos se quedaron en silencio durante largo tiempo, lo cual desesperó notoriamente a James.

-No podía dormir.

El profesor le sirvió un vaso con agua. Y se sirvió otro él.

-Es normal, has tenido dos pesadillas en una solo noche – le sonrió.

-No es por eso. Bueno, no exactamente. Mis padres ya lo saben, eso es lo que no me deja dormir.

James frunció el seño. Su hijo no quería que se enterase. Luego observó el intercambio de miradas entre los dos muchachos y vio la comprensión en los ojos del mayor.

-No querías preocuparlos – dijo mirándolo fijamente.

Jack bajó los ojos y los posó sobre el escritorio escudriñando las cosas que había allí. James sintió una enorme congoja por la voz y la mirada de su hijo.

-No hacerlos sufrir – dijo en voz baja – No quiero que piensen que pueden perderme como a Harry.

Al hombre contra la pared se le formó un nudo enorme el estómago. Su hijo tenía dieciséis años, no debería estar preocupado por sus saludes mentales, por sus sufrimientos. Sus ojos le picaron ante esto. Su hijo había sufrido en silencio durante tres años para no provocarles dolor. En ese momento quería romper el hechizo que lo mantenía oculto, correr hasta él y abrazarlo para reconfortarlo, para decirle que él no debía preocuparse por ellos, que era al revés. Que ellos eran sus padres y estaba en la naturaleza paterna preocuparse por sus hijos. Pero antes de que pudiera hacer algo la actitud de Alex le llamó la atención.

Ni bien Jack terminó de decir las palabras, Harry se pasó una mano por el cabello de forma nerviosa y tembló ligeramente. Estas actitudes no se le pasaron por alto a James que observó lo incómodo que se volvió el joven auror ante la mención de su fallecido hijo. Nuevamente la esperanza y las dudas que nacieron con la conversación que Alex había tenido con Sirius volvieron a invadirlo.

Harry miró unos segundos a Jack y luego hacia su aparador detrás de él.

-¿Falta mucho para que cumplas diecisiete?

La pregunta tomo desprevenidos tanto a Jack como a James.

-Un poco menos de dos meses.

-Así que prácticamente eres menor de edad – murmuró Harry para si mismo mientras se paraba y abría la puerta del aparador sacando una botella y dos vasos.

-Es wiski de fuego – dijo y llamó la atención de las otras dos personas en la habitación – Se que no debería darte, pero creo que hoy podemos hacer una excepción. La primera vez que lo tomé acabábamos de perder un amigo – dijo recordando la noche en que murió Ojoloco.

Harry sirvió muy poco del líquido en el vaso que le entregó a Jack y un poco más en el suyo.

-No suelo tomar esto – se explicó – Solo un trago cuando pasan cosas que me inquietan.

James sonrió algo extrañado. Él tenía la misma costumbre. En especial cuando pensaba en Harry. Como buen padre debería estar oponiéndose a algo así, pero debía ser sincero con él mismo y aceptar que él hubiera hecho lo mismo en la situación del profesor.

-Es solo un trago y luego te ayudará a dormir – dijo mirando por la ventana que ya comenzaba a asomarse el alba.

-Gracias – dijo el muchacho solamente y se bebió el contenido de un vaso haciendo un pequeño gesto con su rostro – Es mejor que ya vaya a dormir.

-Vamos entonces. Yo quiero ir a la enfermería a ver como se encuentra Tonks – dijo Harry levantándose y caminando con el chico hacia la puerta – Si quieres puedo pedirle a Dumbledore que te dé permiso para faltar algunas de las clases mañana así duermes un poco más.

-No, gracias – dijo Jack – No quiero dar más de hablar a las personas. Si falto a clases van a inventar extraños acontecimientos.

-Un Potter que no quiere llamar la atención. Cosa rara – dijo Harry riéndose por la ironía de sus propias palabras.

-No dije que no me gusta la atención de la gente – Jack sonrió con arrogancia – Lo que no quiero es la atención por la razón equivocada.

-Ya me parecía – rió al comprobar el parecido de Jack con su padre.

James vio la puerta cerrarse y se quedó estático en el mismo lugar donde había permanecido durante toda la conversación. Con su cabeza dando vueltas y sus corazón palpitando desbocadamente. Varios pensamientos cruzando por su mente que conformaban una única y desesperada pregunta. ¿Alex era Harry?

Minutos después salió del despacho y se encaminó hacia la enfermería en un estado ausente. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Realmente Alex era Harry o solo eran sus enormes y traicioneras esperanzas? Pero algo le decía que no solo eran sus esperanzas, había algo más. Como si un súbito conocimiento se hubiera posado en él que le decía que sus interrogantes eran reales. Que el muchacho que estaba tan cerca de su hijo menor, que había vivido con él por dos semanas, que parecía tener una relación cercana con Sirius, una extraña simbiosis con su mujer, que había venido desde la otra dimensión para ayudarlos no era otro que el hijo que había perdido más de veinte años atrás.

¿Si era él que debía hacer ahora? ¿Debía hablar con Lily sobre sus sospechas? Nunca le había ocultado nada a su esposa, siempre le había dicho todas sus dudas ya que ella era quien mejor lo comprendía. Pero ahora no estaba seguro. Si se equivocaba y Alex no era Harry ¿Cómo quedaría el corazón de su esposa? No quería ni pensar en el sufrimiento que eso podría causarle. No sabía que haría de ahora en adelante, pero tenía algo en claro. Solo le diría a Lily una vez que sus sospechas se confirmaran.

Entró en la enfermería y miró a su alrededor. Tonks se encontraba tendida en una cama aún inconsciente. Remus estaba a su lado sosteniéndole la mano y susurrándoles cosas al oído, su rostro era acongojado de una manera indescriptible. James entendía perfectamente el dolor de su amigo. Sabía lo que su esposa era para el licántropo. Todavía podía recordar claramente el Remus amargado y solitario que era antes de la llegada de Ninphadora a su vida. Lily le sostenía los hombros desde detrás suyo dándole fuerzas y apoyo. Más allá se encontraban Alex y Sirius sentados en una camilla uno al lado del otro.

-Te estuve buscando por el castillo luego que salimos del despacho de Dumbledore – mintió James sentándose al lado de su amigo. Debía evitar que sospecharan que había escuchado su conversación – Así que me rendí y vine hacía aquí.

Sirius le meneó la cabeza sin decir una palabra. James miró el rostro de Alex buscando similitudes entre el chico y su esposa y él.


Anna se sentó con dificultad contra la pared fría del calabozo. Aún tenía rastros del dolor provocado por el cruciatus, pero nada se comparaba con el vacío que había provocado la muerte de Joseph. Y sabía que la única culpable era ella. Jamás debería haberlo arrastrado hacia sus problemas. Aunque fueran problemas que atinaban a toda la comunidad mágica. Sollozó levemente recordando el cuerpo inerte y mal tratado de su mejor amigo. Del hombre que había sido más que nadie para ella.

Los minutos pasaron y el dolor físico le aletargaba el dolor interior. Debía pensar que haría ahora. El horrocrux estaba bien escondido y estaba segura de que el señor oscuro o ningún otro podría encontrarlo. Y eso era un problema. El horrocrux debía ser destruido aunque aún no había logrado figurar como. Y si ella no llegaba a sobrevivir quizás el objeto seguiría oculto por lo que podría no se destruido jamás.

La puerta del calabozo se abrió y su respiración quedó entrecortada. Había esperado ver a cualquier mortífago entrar por ella pero no a él.

Voldemort se paseó delante de ella tranquilamente. Observándola como si fuera un extraño entretenimiento. Sus labios estaban entreabiertos en una extraña mueca que podría ser considerada una sonrisa. Una sonrisa fría y antinatural.

-Mi querida Anna. A cada momento me sorprendes más y más.

La mujer no dijo nada a esas palabras. No entendía a que se refería pero prefirió callarse.

-No sabía que tenías ayuda.

Ella lo miró frunciendo el seño.

-Realmente creí que estabas haciendo esto solamente por tu cuenta. Siempre ha sido así. Nunca te ha gustado actuar en conjunto. Por eso me sorprendes.

¿En conjunto? ¿Voldemort creía que estaba trabajando con alguien más?

-Y que esa ayuda sea justamente Dumbledore.

-¿Dumbledore?

Voldemort no respondió solo se quedó sumido en sus pensamientos.

-No creía que habías confiando en nadie la información sobre mis horrocruxes.

Anna lo miró algunos segundos y luego comprendió todo. Entendió que es lo que el señor oscuro estaba diciendo. No pudo más que romper a reír en una risa histérica y estrepitosa.

-¿Dumbledore? ¿Dumbledore también lo sabe? – dijo con el aliento entrecortado por las risas – Ay si que usted no es tan bueno ocultando cosas. Dumbledore también está detrás de sus horrocruxes.

Voldemort cambió repentinamente su gesto y se volvió a la mujer con los ojos rojos furiosos.

-¿Qué quieres decir? – dijo con su voz baja y aterradora.

Anna no respondió solo se limitó a seguir riendo.

-Dímelo. ¿Tú no estás con Dumbledore? Dímelo. Te lo ordeno – bramó en voz alta.

-Usted no puede ordenarme nada. Hace tiempo que no estoy bajo sus órdenes.

El señor oscuro sacó su varita y la apuntó directamente hacia ella.

-¡Crucio!

Al instante ella dejó de reírse y comenzó a retorcerse en el suelo. Cuando la maldición terminó, lo miró a los ojos, con la burla aún en ellos.

-Me alegro que alguien después de mi descubriera su secreto – Voldemort levantó su varita una vez más para volver a aplicar la maldición imperdonable – Y sabe que, yo no fui la primera.

Anna volvió a reírse antes de volver a ser sometida a la tortura nuevamente.


James no durmió en toda la noche. Había observado a Lily retorcerse en sueños entre sus brazos. Al verla tan preocupada comprendió que su decisión anterior de no decirle sobre sus sospechas era correcta.

El desayuno transcurrió de una forma apática. Y lo mismo ocurrió con las primeras horas en su oficina. Sentado en su escritorio leyendo los reportes de los hombres a su cargo, pero no prestándoles atención realmente. Cerca del mediodía Sirius pasó a buscarlos para ir a almorzar. Y cuando lo vio entrar por la puerta no pudo ocultar más sus ansias de saber. Se levantó, cerró la puerta y puso un muffiato alrededor de ellos. Al perro animago le sorprendió la actitud, pero se mantuvo en silencio esperando que su amigo hablara.

-Ayer cuando fui a buscarte escuché tu conversación con Alex.

Sirius retuvo el aliento ante las palabras.

-Y no solo escuché la tuya. Sino también la que Alex tuvo con Jack.

Los dos hombres se miraron unos momentos.

-Con todas las cosas que escuché y otras anteriores que he razonado durante la noche pasada llegué a una conclusión. O mejor dicho a una sospecha. Una sospecha de cual puede ser la identidad de Alex.

Sirius lo miró por unos momentos. Esperando realmente que James descubriera la verdad.

-También escuché que tu sabes quien es y que no traicionarás su confianza – su interlocutor asintió – No quiero que pierdas su confianza. No si realmente es quien yo creo. ¿Pero si no te lo pregunto a ti como podré saberlo?

La voz de James sonó angustiada y baja. Casi un susurro. Ambos se conocían perfectamente y no necesitaron pronunciar el nombre de la persona en quien estaban pensando.

-Sabes, James, yo descubrí quien era no porque me lo hubiera dicho. Y reaccioné de una forma de la que no estoy orgulloso – su amigo lo miró atentamente – Y él me dijo que si yo le hubiera preguntado directamente no me hubiera negado la verdad.

El hombre se pasó una mano por el cabello desordenado.

-¿Crees que a mi tampoco me negaría la verdad? – dijo esperanzado y con la voz entrecortada.

-Estoy seguro que a ti nunca te negaría nada – le dijo sonriendo débilmente.

James le devolvió la sonrisa.

-¿Por qué no vas ahora?

-Eso pensaba hacer – le dijo antes de salir corriendo rumbo a Hogwarts.


Harry se apresuró por los pasillos del colegio. Quedaban pocos minutos para que terminase el almuerzo y realmente tenía hambre. Pero algo lo detuvo a pocos paso de su despacho. James, su padre, venía corriendo hacia él.

-Ho...hola – le dijo el hombre atropelladamente.

-Hola, James ¿Qué sucede? – se asustó Alex.

-Nada grave. Yo solo quería hablar contigo.

Harry pensó que quizás su padre quería hablar sobre su hermano. Así que obviando el hueco en su estómago, algo por lo que Ron hubiera estado molesto, lo condujo hacia su despacho.

James entró detrás del muchacho mientras lo observaba intentando calcular si medía igual que él. Puso el muffiato igual que en la oficina. Harry pareció sorprendido por eso.

-¿Conoces ese hechizo? – le preguntó James. Harry asintió – Nosotros lo aprendimos de Quej... Snape.

El muchacho casi se rió por el nombre que su padre casi había utilizado para nombrar a su antiguo profesor de pociones.

-Dime que es en lo que puedo ayudarte – le dijo el muchacho sonriendo.

James respiró profundamente antes de hablar.

-Si te hago una pregunta ¿Tú me contestarías con la verdad?

El muchacho frunció levemente el seño preocupado hacia donde podía dirigirse la conversación.

-¿Sobre qué?

-Sobre mi hijo – dijo apenas.

-¿Sobre Jack? – preguntó incómodo aunque no sabía porque.

-No. No sobre Jack.

Harry se pasó ambas manos sobre la cabeza antes de asentir para que continuara hablando.

-Hoy le hice una pregunta a Sirius. Pero él no podía contestármela, no si no quería quebrantar tu confianza.

A esta altura Harry comenzó a respirar dificultosamente. Su padre lo sabía, su padre lo sabía. El pánico comenzó a invadirlo. Pero aún así, una leve vocecilla en el fondo de su cerebro, ¿O era de su corazón?, le decía que era lo mejor. James continuó hablando mientras observaba la reacción del muchacho.

-Entonces él me dijo que si te lo preguntaba tú no me lo negarías. ¿Es verdad? ¿No me lo negarías?

Harry apenas pudo encontrar la voz para responderle. Pero con un sonido gutural y entrecortado se las arregló para decir un no. Jamás podría negarle nada a ninguno de ellos.

James respiró nuevamente mientras que el muchacho parecía haberse olvidado de hacerlo. Ahora venía el tiempo de la verdad. Una sola pregunta que era a todo o nada.

-¿Eres... eres Harry?

Ambos se miraron por varios segundos. James esperando impaciente y nervioso la respuesta. Harry pensando la mejor forma de decírselo.

-Espero que esto responda a tu pregunta – le dijo antes de sacar su varita y tocar el centro de su cabeza con ella.

Poco a poco el hechizo que lo mantenía oculto de las miradas fue desvaneciéndose. Dando paso a su característico cabello indomable, el mismo que tenía el hombre frente a él. Mostrando sus ojos verdes.

James respiró con dificultad cuando los ojos del muchacho se centraron en él. Los mismo ojos de su esposa. Aquellos ojos que había dejado de ver hacía más de veinte años. Los suyos se llenaron de lágrimas al igual que los del muchacho. Sin embargo ambos continuaron parados en el mismo lugar sin atreverse a dar un paso hacia el otro.

-¿Por qué no nos has dicho? – preguntó James con voz quebrada. Pero Harry pudo comprender que no había ningún tipo de reproche en ella. Solo una inmensa e infinita tristeza.

-Porque sería muy difícil volver a mi mundo – susurró bajando sus ojos para ocultar la lágrima rebelde que corría por su mejilla.

James estuvo a punto de preguntarle que había querido decir cuando comprendió el significado de sus palabras. Y la angustia reemplazó momentáneamente la felicidad. No sabía como, pero lo sabía, su hijo no los tenía en su mundo. No soportó más la distancia que había entre ellos y caminó los pocos metros que los separaba para abrazar a su hijo. El muchacho en un principio no respondió al gesto, estaba aturdido por decir lo menos. Pero poco a poco sus brazos se envolvieron alrededor del hombre.

Y ambos hicieron algo que hacía años no hacían. Lloraron. Lloraron sin miedo y con emoción. James tomó el rostro de su hijo entre sus manos y le sonrió antes de besarlo en la frente.

-Oh, Merlín. Mi hijo, mi hijo,... Harry.

Y entonces escuchó la palabra que hacía muchos años no escuchaba, la palabra que había sido la más hermosa la primera vez que su hijo la había pronunciado a pesar de ser un balbuceo casi sin sentido. Pero una palabra que encerraba una infinita felicidad.

-Papá.


¿Qué les pareció? Quiero saber su opinión como siempre. El próximo capítulo será el turno de Lily de saber la verdad.

Nos vemos pronto. Besos!