Hola todos ¿cómo están? Espero que bien. Les traigo uno de los últimos capítulos, que empieza inmediatamente donde nos quedamos. Ya llegamos a la recta final. Horus100, espero que lo estes disfrutando.
Hetalia no me pertenece.
Disfruten su lectura
—Shhh. Calma, calma, fratellino tienes que descansar, lo prometiste así. Recuerdo perfectamente que dijiste "Tu libertad o la muerte"—dijo Romano sonriendo y hundió cada vez más el cuchillo—Y yo me puse a pensar que tal vez no era suficiente, te conozco demasiado y entendí que no escogerías solamente una así de fácil, luego me llegó la inspiración ¿por qué no las dos?
Veneziano no podía moverse, y apenas podía respirar. De alguna forma su conexión con su gente se estaba perdiendo, y no sabía cuál era el motivo, mentalmente rezaba a su Dios recientemente recuperado que lo ayudara.
—Oh adorado fratellino—continúo Romano sonriendo—. Para que lo sepas, para que no estés esparciendo rumores tontos, apuñalarte así de esta manera es una decisión mía exclusivamente, nadie me dijo que debía. Sabes que te quiero y por eso fui misericordioso, el veneno que te he estado administrando se ha demorado más de la cuenta y no puedo esperar más, y por lo tanto tú tampoco, verte sufrir me ha hecho sentir terrible.
La sangre de Veneziano se impregnaba en el traje blanco de Romano, y de la boca de Veneziano seguía desbordándose hilos carmesí de sangre. Veneziano quería hablar pero su sangre atrapada y subiendo por su garganta le impedía hacerlo.
—Aunque si te soy sincero, no me arrepiento, oh no, mi desgracia comienza contigo. Nuestro abuelo te prefirió a ti, y bueno ambos sabemos que el Imperio Otomano, me capturó únicamente para llevarte la contraria, y arruinarte financieramente, irónico que ahora me apodere de todos tus territorios y sea yo quien le haga perder su dinero.
Romano confesó todo su odio y resentimiento hacia su hermano, terminado su monologo de villano, lo soltó para que se desangrara. Veneziano cayó y se arrastró por el suelo, intentando en vano salvarse, huir, pedir auxilio. Avanzó cual serpiente, o más bien dicho gusano, dejando un rastro rojo detrás de él. No había avanzado mucho cuando se encontró con dos botas, negras, bastante conocidas.
—Sacro Imperio Romano—dijo Veneziando escupiendo sangre a su paso—. Ayúdame, per favore.
Veneziano alzó su mano, la nación rubia lo miró seriamente, tomó de su mano. Veneziano sonrió pero de la nada vio el cañón oscuro de la pistola de su amigo apuntándole a la mitad de la frente. Su sonrisa desapareció y sus ojos lo miraron con miedo y tristeza. Mas Sacro Imperio tenía una mirada inexpresiva, como si lo hubieron extraído las emociones de la nada.
—Lo lamento, y tú sabes porque.
Veneziano solo cerró sus ojos y lo único que escuchó fue un ruido sordo, a la distancia. La oscuridad lo rodeó de la nada y por algún motivo sintió una paz que no recordaba que existiera.
—Esto no es posible—dijo España asombrado—, ¿Qué es lo que has hecho Romano? —gritó hacia la imagen de Romano sin recibir respuesta, las lágrimas le bajaban por sus mejillas.
—Si muchos se hacen esa pregunta.
— ¿qué quieres decir?
El Ángel lo llevó al pasillo minutos antes de la muerte de Veneziano, se oían las voces de los dos hermanos dentro de la habitación. España vio por la rendija de la puerta semiabierta, Sacro Imperio hacía lo mismo parado a su derecha. En cuanto Venziano fue apuñalado el rubio alzó la mirada al cielo, suspiró profundo y se adentró en la habitación en silencio.A los pocos segundos Liechtenstein venía con su lindo vestido y con una bandeja de comida suficiente para ambos Italia. Paró de golpe al ver la capa de Sacro Imperio desaparecer por la puerta. Lentamente, queriendo sorprenderlos, se acercó despacio a lo que sus tacones le permitían. Se acercó lentamente, espío por la puerta y vio el disparo.
El Ángel finalmente unió las dos escenas.
Al instante en que el cuerpo de Veneziano cayó inerte, Sacro Imperio Romano se arrodilló a su lado, sus manos se fueron a coger el cadáver pero se detuvo tal vez por dolor, asco, miedo, arrepentimiento, nadie lo podría saber; al mismo tiempo el ruido de alguien tirando una bandeja lo llamó a la realidad. En la puerta Liechtenstein quien había visto todo, mostraba su rostro trasfigurado por el horror. Hecho a correr de inmediato. Romano no se esperaba esa intromisión.
— ¡Mátala!— gritó Romano.
Sacro Imperio no hizo nada solo miró al cuerpo inmóvil de Veneziano, y se quedó ahí.
— ¡Bruder! ¡Alguien! ¡AYUDA! —Francia, salió a su encuentro un poco extrañado al oírla gritar de esa forma
—Madmoiselle Liechtenstein ¿qué le pasa?
— ¡Herr Francia! Es Veneziano, Sacro Imperio... disparo... Romano... sangre.
Francia no espero y se dirigió por el pasillo a ver lo que pasaba en realidad. En el camino llamó a varios guardias y sacó su propia arma por si acaso.
Romano salió por una puerta aledaña. Sus hombres ya debieron haber cumplido su misión de atacar Venecia y destruirla, total una pequeña República que se hundía varios centímetros al año no era de importancia para sus planes. Los guardias llegaron con Francia a la cabeza.
España vio la expresión del rostro de Francia, el horror al ver a su pequeño hermano desangrado en el piso con Sacro Imperio arrodillado a su lado. Una sola lágrima le cayó por la mejilla cuando dio la orden.
— ¡Arréstenlo! Será acusado de Traición.
Sacro Imperio no opuso resistencia, el mismo se levantó y puso sus manos detrás de la espalda. Los guardias atónitos tardaron en reaccionar y ponerle las esposas a quien hasta hace segundos era considerado un héroe, mientras los dirigían hacia la prisión Sacro Imperio no dijo ni una sola palabra y mucho menos dejó de ver el cuerpo de Veneziano. El alboroto trajo a todos los invitados del baile al estudio. Cuando Austria vio a Veneziano se abalanzó hacia él intentando en vano despertarlo
—Díganles a mis hombres, que protejan a todo ciudadano Veneciano que busque ayuda—dijo Austria entre sollozos.
Los guardias obedecieron de inmediato.
— ¿por qué? — dijo España de la nada mientras imágenes de horror y destrucción pasaban frente a sus ojos.
—Romano ya lo explicó.
—No, Romano ama a su hermano menor, aunque no lo demuestre lo adora con todo su corazón; no pudo simplemente...
—Tú no estuviste, no había nadie que le dijera que fuera paciente y no se descontrolara con las ocurrencias de su hermano, no hubo nadie que lo consolara cuando se frustraba cuando nada le salía bien, no había alguien que lo escuchara. Y como ese alguien no nació, el Imperio Otomano alimentó el rencor y odio, ya presente—dijo el Ángel dándole de palmaditas en la espalda —. No obstante quien más sufre aquí no es precisamente Romano.
—Liechtenstein...
—No.
España vio el amanecer en el estudio y Austria sujetaba el cuerpo de Veneziano como si se hubiera quedado dormido en sus brazos, Prusia llegó por detrás, lentamente.
— Austria...—Habló Prusia suavemente.
—Shhh. Lo vas a despertar—dijo el callándolo de inmediato.
— Austria, él ya no va a poder despertar jamás.
—No sé de qué hablas— respondió susurrando—. Veneziano prometió que descansaría, y lo está haciendo.
—Austria, él debe descansar en un lugar adecuado. —Dijo Prusia sin saber más que hacer, se veía claramente que su hermano menor no estaba bien—. El suelo no es un lugar bueno para que alguien repose.
Austria solo le alzó la ojos estaban llenas de lágrimas, España jamás lo había visto así, el corazón se le encogió a gran medida. A pesar de que tenían historia, jamás lo había visto así de indefenso.
— ¿quieres eso? —Y sin dejarle oportunidad de responder, continúo Prusia—, y para eso debes dejar que ellos se lo lleven.
Austria regresó a ver y frente a él estaban unos cuantos soldados italianos detrás con una camilla, y uno de ellos llevaba una bandera, para cubrir el cadáver.
—No.
—Austria.
—Donde lo quieren acostar es muy oscuro, a él nunca le gustó la oscuridad, ¿recuerdas? Solía dormir con una vela encendida.
—Si lo sé, pero Austria debes dejar que él se pueda ir tranquilo, por favor.
Austria iba a responder, cuando uno de los soldados entendiendo el problema, se acercó en silencio e hizo un pequeño ruido para que lo notaran, al interrumpir, Austria abrazó más fuerte el cuerpo desangrado de Veneziano, temiendo por que los hombres enfrente usaran la fuerza para arrancarlo de sus brazos.
—Signore Austria, el Signore Veneziano se lo iba a decir después de la fiesta, pero en vista de las circunstancias...—respiró profundamente y regresó a ver a sus compañeros quienes asintieron—,el termino Babbo significa papá.
Austria estallo en llanto. España intentó consolarlo, abrazarlo pero todo era inútil, en cuanto acercaba sus brazos, estos atravesaban a Austria quien temblaba desconsoladamente. Prusia lentamente retiró el cuerpo de los brazos de su hermano, quien forcejeo ligeramente para retenerlo por más tiempo; con delicadeza se lo dio a los jóvenes quienes prepararon el cuerpo para enterrarlo con todos los honores en la catedral de San Marcos, Prusia se quedó con su hermano hasta que se quedó sin voz.
—Esta parte siempre me conmueve—dijo el Ángel.
—Jamás en mi vida he visto a llorar a Austria así. Ni tampoco a Prusia abrazarlo de esa manera.
España estaba desconcertado, se limpió las lágrimas de las mejillas, en seguida el Ángel hizo que pasará otro escenario. La imagen de Liechtenstein en un pasillo oscuro, viendo una celda. Francia había decido interrogarlo el mismo. Así que esperaba pacientemente su turno.
— ¿Dónde estamos?
—En la prisión, Sacro Imperio Romano va ser interrogado por Francia.
— ¿qué hace Liechtenstein?
—Espera una explicación.
La imagen de Francia, sentado frente a Sacro Imperio en la celda a media luz fue como ver una película policiaca.
—Te conozco lo suficientemente bien para saber que no serías capaz de esto. ¿Dime qué pasaba por tu cabeza cuando decidiste hacerlo?
Sacro Imperio no respondió.
—Sacro Imperio Romano, te estoy hablando. Si quieres salir de esto con bien vas a tener que responder. —El silencio era terrible—. Sacro Imperio responde sino hablas pareces más culpable de lo que ya eres. —Desesperado golpeó la pared con un puño— ¡SACRO IMPERIO!
—No había opción. —fue lo que respondió, sin alzar a ver—. Veneziano se lo buscó, no había más alternativa.
—Esa no es una razón—dijo Francia harto.
Francia salió del lugar echando pestes y maldiciones. Liechtenstein se acercó a los barrotes, miró a su hermano mayor, daba un aire patético.
— ¿Por qué?—preguntó la pequeña nación.
—Lo hice por su bien.
— ¿matándolo? Creo que no escogió bien su método.
—Lo entenderás algún día, pequeñita.
—No se atreva a llamarme así—dijo ella molesta—. Olvídese de que lo considere mi hermano, jamás lo voy a perdonar, ni a usted, ni a Romano.
—Lo sé, pero no te preocupes será la última vez que veas mi cara.
Sacro Imperio Romano, sacó una pistola de su abrigó, una muy chiquita que no se molestaron en quitarle.
—Oh por Dios.
—Así es—dijo el Ángel
— ¡HERR FRANCIA! —gritó Liechtenstein, demasiado tarde.
El sonido del disparó opacó sus gritos, por segunda vez regresó a ver horrorizada, y vio toda la sangre que cubría la pared. Sacro Imperio Romano se disparó en la frente, matándose, su cabeza quedó colgada hacia atrás con los ojos desenfocados mirando al techo, un hilo de sangre le bajaba por el puente de su nariz cayendo por su lacrimal, dándole la apariencia de que lloraba sangre. Para cuando Francia llegó, ya no había nada que hacer. Liechtenstein le dio un fuerte abrazo, necesitaba de alguien, que fuera externo y que le diera fuerza.
—Esto me recuerda a algo.
— ¿a qué?
—Cuando Veneziano regresó de viajar con su abuelo, él le comentó a Francia, y él me dijo a mí, que cuando el abuelo estaba a punto de morir, su mejor amigo hizo el favor de terminar su sufrimiento.
—No sabía que el Imperio Romano tuviera un mejor amigo. ¿Quién era?
—Germania.
—oh, es verdad.
—Poco después nos llegó una noticia o rumor, mejor dicho, decía que Germania no soportó la culpa y se quitó la vida.
—Wow, dices que aquí paso algo así.
—Espero que sí. Quiero creer que así fue.
El Ángel cambió de escena, mostró la casa de Austria con un aura de tristeza y silencio sepulcral. Un carruaje se paró frente a la puerta, Liechtenstein bajó de el sin esperar el paje que la ayudara. Aún con su vestido de fiesta entró en la casa y se encerró en su habitación. Prusia escuchó el alboroto y dejó a Austria unos minutos para ver qué pasaba. Francia entraba despacio a la casa. Con una mirada de seriedad que Prusia no había visto, al menos no en este mundo.
—Mon ami, necesito hablar contigo.
— ¿tiene que ser ahora? —Francia asintió—. De acuerdo, pero que sea lo más breve posible no puedo dejar a Austria solo mucho tiempo.
— ¿Tan mal está? —Prusia asintió—seré lo más conciso posible.
—Recuerdo esto, pero con alguien muy diferente.
—No era con alguien diferente, era una situación diferente.
—No, es con alguien diferente. Prusia pudo superarlo, Veneziano no.
Estaban en la biblioteca, Francia parado cerca a la puerta. Prusia negándose a sentarse permaneció parado frente a él.
—Mon ami, intenté interrogar a Sacro Imperio.
— ¿confesó? Estoy seguro que todo fue idea de Romano, Sacro Imperio no sería...
—Prusia, él no me confesó nada. Él prefirió el silencio—Interrumpió Francia.
— ¿el silencio?
—Se selló los labios con una bala e hilos de sangre.
—No puede ser. Él se... —
Prusia se tambaleó y estuvo a punto de desmayarse. Francia lo agarró por los brazos y de inmediato lo sentó en el primer sillón.
— ¿por qué? —dijo una tenue voz que parecía no fuera del Prusia que España conocía.
—No lo sé.
—Entiendo, ahora estoy en un predicamento.
— ¿cuál es mon ami?
—Si yo consuelo a Austria y a Liechtenstein. ¿Quién me consuela a mí?
Francia abrazó a Prusia por un minuto exacto. Solo un minuto, en donde Prusia derramó lágrimas silenciosas. Terminado ese tiempo, se separó de Francia y se encaminó de nuevo hacia al pasillo.
— ¿te quedarás a cenar?
—este...
—Prepararé algo delicioso, para ver si animó a Austria.
—me encantaría.
—Bien, ponte cómodo, estás en tu casa.
—gracias.
Francia siguió a Prusia por el pasillo, pasó por las habitaciones una de ellas estaba abierta, de inmediato llamó la atención de Francia; una habitación sin lujos excesivos, una cama relativamente sencilla con frazadas gruesas, una mesa de noche, y una cómoda con un espejo simple. Adivinó de quien era de inmediato aunque había un intruso sobre la cama. Austria dormía, se sentó a su lado, y miró hacia el techo, descubrió varios trazos, pequeñas flores o uno que otro dibujo aislado de estrellas. Seguramente pintadas por Veneziano en sus noches de insomnio para distraerse y dar soluciones a su cansada mente.
España vio como Francia terminó dormido a lado de Austria, por primera vez en la vida, juntos, sin pelear, sin ninguna perversión de por medio, durmieron en la misma cama, al menos hasta la cena.
—Nunca los había visto así. A ninguno de ellos.
—Sí, pero si esto te parece duro. No tienes idea de cómo fue el funeral.
— ¿Tengo que verlo?
El Ángel no lo escuchó y le mostró directamente la escena. Venecia estaba reducida a escombros, pocos edificios sobrevivieron a la masacre, a la vez que pocos ciudadanos lograron salvarse. La catedral de San Marcos, era uno de los que había logrado sobrevivir al desastre. Dentro de ella los sobrevivientes dejaban flores alrededor de los restos de todos los que murieron, Veneziano estaba en el centro de ellos, y era el que más flores tenía alrededor. Vaticano, en persona fue quien presidió una misa funeraria y los fieles rezaron por el alma de los difuntos. Terminada la ceremonia, varios soldados empezaron a bajar los cuerpos a las catacumbas de la iglesia. Los colocaron en espacios individuales, empotrados en la pared, no se distinguió entre ricos ni pobres. Solo Veneziano tenía una especie de capilla para él solo, su ataúd de mármol resaltaba en el lugar.
España vio como Francia, colocaba la última baldosa la que taparía la entrada de dicha cámara para siempre. Vio como Francia lloraba mientras sostenía la pieza entre sus manos, debatiéndose en ponerla o no. Austria, detrás era sujetado por Prusia, tanto por la pena y por su inestabilidad emocional, detenía un posible acto de locura como correr a abrir el ataúd. Francia finalmente se animó y tapó la entrada. Los asistentes se dispersaron de a poco Austria fue sacado de inmediato y llevado a casa, Polonia se quedó unos minutos más, y salió en compañía de Bielorrusia. El Vaticano se quedó de último, y Francia lo esperaba a la salida.
—Francia, veo por tu expresión que deseas hablar conmigo—dijo la Santa sede saliendo de la catedral.
—Fui un tonto al pensar que debía obedecerte todo ese tiempo.
—No fuiste un tonto, Francia, fuiste muy listo en realidad.
—No, porque si me hubieras dejado ayudar a petite Frere esto no hubiera pasado.
—Veneziano ya sabía lo que pasaría desde el momento que declaró la guerra. Pero decidió seguir con esta pantomima.
— ¿Cómo puedes ser tan frío? Tu hermano menor está ahí enterrado.
—La gente muere todos los días, una nación no es diferente. La historia lo tratará bien.
—Y eso implica que hayas ayudado a Romano para que muriera.
—No sé de qué hablas.
—Una puñalada no nos puede matar, pero si en el documento de unificación incluye una matanza es otra cosa.
—Yo solo traduje al italiano y transcribí el documento, el autor es el verdadero culpable. Y más culpa tiene el que firmó y no leyó todo con detalle.
—Eso no te libra de culpa. Espero que te confieses.
—Ya lo hice. Estoy seguro que Dios me perdonara.
—No puedo créelo.
El Ángel lo llevó de nuevo a esa sala blanca del mapa.
— ¿ahora entiendes?
— Sí, pero Sacro Imperio también pereció de una manera terrible y todos seguimos con nuestras vidas, hasta Veneziano.
—España me atrevo a pensar que no te has dado cuenta del cambio de Veneziano al recibir esa notica—dijo el Ángel sorprendido pero, liberando un suspiro, continúo—. Pero entiendo lo que quieres decir, así que te mostraré lo que acontecerá en el futuro que dejamos hace apenas un par de horas atrás.
¿les gustó? Espero que sí, quiero saber sus opiniones, en un review si es posible.
Nos vemos en dos semanas.
