Los miserables pertenece a Victor Hugo. Yo solo mancillo su obra con temor a que su fantasma me vaya a perseguir por tal osadía.
Capricorn and the sims (and scorpio)
Era agosto, y a pesar de que faltaban 15 días para la llegada de septiembre, y con él las recuperaciones, Éponine no tenía ganas de ponerse a estudiar aquella tarde, por lo que se sentó en el ordenador y se puso a jugar a los sims.
O a lo que quedaba.
La familia que tanto le había costado montar, tres generaciones y 438 días en el tiempo del juego estaba completamente desestructurada.
La cabeza de familia, una sim que ya estaba en edad anciana, se había liado con el que era el asistente doméstico, y había de relación "novios". El marido de esta estaba viviendo en un piso de soltero, que había sido comprado seguramente usando los trucos para ganar dinero.
El hijo de ambos había muerto y su fantasma indicaba que había sido ahogado.
Y la hija de este debía estar pasando por una crisis con su pelo, ya que lo llevaba verde.
Éponine recordaba haber dejado el ordenador dejando a su familia feliz. Y recordaba que después Parnasse se había puesto. Y Parnasse eran de los que usaban el motherlode sin reparos. — ¡Parnasse! ¿Has sido tú quién se ha cargado mi partida de los sims?
— ¿Cargado? ¡Más bien mejorado! Eres una aburrida jugando. ¿Qué es eso de que los sims tengan sólo una pareja?
—Oh, vamos, es más fácil así. Cazas a uno, le invitas a tu unidad doméstica, ya a disfrutar de su dinero mientras tu sim primero sigue dedicándose a cumplir su sueño de toda la vida.
— ¿Eso es lo que has hecho conmigo?
—Puede.
Aquella respuesta le sacó una risa al moreno. Se la esperaba completamente.
—Al menos dime una cosa. —Parnasse volvió a mirarla, esperando la pregunta. —Dime que no eres tan infantil como para meter a un sim en la piscina y quitarle la escalera.
Parnasse se quedó un rato pensando.
—Mea culpa.
