¡Estoy viva! Aunque no os lo creáis lo estoy, y no me he olvidado de ninguna/o de vosotras/os. En realidad el caso es que esta es la historia más larga que llevo y… no sabía cómo continuarla. ¡Además quiero que se note el feeling entre vosotras y Kaito! ¡No está de adorno!

Por cierto, he hecho un recuento de los votos y los resultados son:

¡Kaneki con 6 votos, Ayato con 9 votos, Kaito con 1 voto (Pobre, me da hasta pena.) y 5 votos en blanco!

Se me olvidaba, estaba pensando en hacer tres finales distintos, uno con Kaneki, otro con Ayato y otro con Kaito. Al principio del capítulo en esta nota improvisada, gracias a la cual me comunico con vosotros, os avisaría si el capítulo pertenece al final de Ayato, al de Kaneki o al de Kaito. Aunque no tengo ni idea de cómo hacer un final con Kaneki… algo se me ocurrirá.

Nezumi y Shion volvieron a inspirarme, la canción es Tiempo de vals de Chayanne.

Espero que os guste este nuevo capítulo 9, uf, no pensé que llegaría tan lejos. Suelo dejarlas antes, pero os lo debo y me lo debo. Que disfrutéis de la lectura.

¡[Nombre]! – oíste a Aisha gritar, se abalanzó sobre ti con solo abrir la puerta, Hypnos saltó de tu hombro teniendo una grácil caída, al contrario que tú, que caíste al suelo con estrépito y de forma pesada. Ayato se apartó en el último momento dejando que cayeras con la chica encima. – Menos mal que no te ha pasado nada, Kaito, Toru y yo estábamos muy preocupados.

¡[Nombre]! ¡¿Estás bien?! – preguntó Kaito preocupado, se había recogido el pelo en una coleta y te estaba examinando cuidadosamente en busca de heridas. – ¿Por qué tienes estas marcas? – preguntó refiriéndose al rastro salado que habían dejado las lágrimas en tus mejillas.

¿Y tú quién eres? – preguntó el siempre descortés Toru, miraba a Ayato como si pudiera matarlo, la tensión era palpable, tanto Toru como Kaito se notaban tensos.

No te importa criajo. – le espetó el otro de mal humor.

Onii-san, ¿Puedo matarlo? – preguntó tornando sus ojos del color del azufre a los estigmas que le marcaban como un ghoul.

Ni se te ocurra, controla tus ojos Nico. – le cortó su hermano. Estabas confusa, ¿Nico? – Es el segundo nombre de mi hermano. – te dijo sonriente. – Entonces, ¿Quién es este caballero?

¡¿A quién llamas caballero desgraciado?! – le respondió Ayato desplegando su kagune y enviándole varias flechas. Vio como estas eran eliminadas por el kagune de Kaito, al igual que las eliminó Kaneki, con uno solo de los brazos de su Rinkaku.

¡Basta, por favor! – pediste atrayendo la atención de ambos. – ¿Podemos entrar y comer? Les juro que luego se lo explicaré a todos. Absolutamente todo.

¿Estás segura [Nombre]? – preguntó Aisha mirándote con preocupación, ni siquiera ella sabía toda la historia. Tampoco es que fueras diciéndole a todo el mundo tus secretos. No eras un libro o algo por el estilo.

Aunque era una comida bastante buena, tus lecciones con Kaito habían dado fruto, había sido arruinada por el pesado y horrible ambiente que había. Toru y Ayato se miraban como si quisieran saltar sobre el otro, Kaito le mandaba miradas de advertencia a ambos alternativamente y alguna que otra de disculpa hacia ti, Aisha intentaba mirar tan solo a la comida que había en su plato. Tú por otro lado querías escaparte y meterte el agujero más profundo que encontrases, no querías tener que contar nada, pero ese era el precio que tenías que pagar por evitar una pelea a muerte que seguramente os habría pillado a ambas en medio.

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Una vez todo contado y aclarado solo quedó el silencio, un silencio abrumador y pesado cual losa de granito. Hasta que Kaito se levantó con la expresión más seria que nunca le habías visto.

Kirishima-san, me atrevo a pedirle que lleve a Adgha-san hasta la puerta, parece demasiado conmocionada como para irse sola, Toru, muéstrale por donde es. – la sentencia a punto de ser desafiada fue rotunda por un estrepito causado debido a la televisión, que yacía rota en el suelo y uno de los brazos del rinkaku de Kaito. Que se manifestaba tras él de un color turquesa que recordaba a esas fotos del mar Caribe que ponían en las revistas. A pesar de su belleza, de parecer agua inofensiva, era letal, incluso para Ayato.

Hacía mucho que Toru no veía así a su hermano, con el lenguaje corporal propio de los Sicilianos, o más bien, propio de los jefes de la mafia. Cuando estaba así lo mejor era no contradecirle.

Tú por tu lado estabas harta y cansada, tanto física como mentalmente, es más estabas a punto de quedarte dormida en el cómodo sofá de Kaito.

[Nombre], [Nombre], despierta… vamos. – decía dulcemente el rubio, sacudiéndote el hombro de forma suave.

Perdón… – dijiste con voz pastosa. – ahora me voy…

De eso nada, mírate, te caerás antes de llegar a la esquina. – te dijo el otro. – Además, el cuarto de invitados está para usarlo. Te llevaré a la cama. – y sin más te cogió en brazos, parecía que fueses una pluma para él, no le costaba nada llevarte.

Murmuraste un gracias casi sin darte cuenta de la situación, el italiano sonrió quedamente, realmente, no tenías remedio. Te acomodaste bien en su pecho mientras duró el corto trayecto, cuando te puso en la cama te encogiste como el gatito que os había seguido. Kaito lo miró y le acarició suavemente, Hypnos ronroneó al contacto con su mano.

Ahora solo faltaba acostar a Toru, quien prácticamente lo esperaba solo para darle las buenas noches y caer en plancha a la cama.

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Eran las 11 cuando al fin te despertaste de la cama, las cortinas estaban corridas pero un travieso rayo de sol se había conseguido colar finalmente y despertarte cual bella durmiente se despierta después de cien años de tranquilo sueño.

El único problema era que esa no era tu casa, bueno, tu piso de alquiler. Entonces todo vino a tu mente de golpe, en esos momentos tu cara podría competir con el color de un tomate bien maduro. En ese momento para terminar de hundirte en un profundo pozo de vergüenza, Kaito entró con el desayuno/comida de media mañana a la habitación, solo rezabas porque no se pusiese peor aún. Ya tenías bastante con lo que estaba pasando ahora mismo como para añadirle algo más, claro que no querías ni pensar en esa odiosa frase que era, prácticamente, tabú…

Me alegro de ver que estás por fin despierta, pensaba que tendría que despertarte como a la bella durmiente. – te dijo con una dulce sonrisa, aunque la atrevida insinuación había sonado incluso bien viniendo de él, no importaría que hubiese sido así… Vale, dos posibilidades, uno: estabas empezando a sentirte más atraída de lo normal por él, reconozcámoslo, el chico está muy bueno; dos: seguías medio dormida. Y desgraciadamente para ti era la primera, a veces odiabas conocerte tan bien…

¿C-cómo está Aisha? – preguntaste intentando cambiar el tema de conversación.

Supongo que bien, Kirishima-san la acompañó hasta la parada del taxi, o eso me dijo Toru. – te contó permitiéndote cambiar el tema fácilmente. – En cuanto a Toru, está dormido aún, le encanta planchar la oreja.

Jaja. – no pudiste evitar reírte por la expresión que había utilizado, ese hombre tenía sus momentos divertidos, y era amable, y suave, y mono, y… "Vale, hasta ahí [Nombre]." No te permitiste seguir pensando, sabías dónde acaba ese camino y no estabas dispuesta a recorrerlo, otra vez… – no eres muy condescendiente con él ¿Verdad?

¿Me creerías si te digo que estoy a punto de tirar sus juegos por la ventana? – preguntó haciéndote reír otra vez con más fuerza.

Te dejó el desayuno y te indicó el armario para que te cambiases de ropa, todavía llegabas el vestido de ayer. Aunque por otro lado habría sido preocupante no llevarlo puesto. Sí, te alegrabas de haber arrugado y, posiblemente, manchado el vestido nuevo, aunque sería un horror hacer saltar las manchas si las tenía.

Encontraste una camiseta que sería seguramente de Kaito, te estaba bastante grande, el chico era ancho de espaldas, sí, señor. Al otro de la habitación había un espejo de cuerpo entero, Dios, si te hubiesen enseñado una foto de cualquier otra así habrías puesto la mano en el fuego diciendo que acababa de salir de la cama de su novio. Pelo alborotado, camiseta de hombre que parecía más un vestido corto puesto… en fin, recién salida de la cama de tu novio. Por suerte o por desgracia, depende del cristal por el que se mire, no tenías novio.

Suspiraste y buscaste otra cosa que ponerte, a ser posible, más o menos de tu talla.

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Era ya por la tarde y no sabías como diablos habías llegado a esa situación, llevabas un moño medio mal hecho, ropa de casa, zapatillas y estabas practicando el vals con Kaito.

Recuérdame otra vez por qué estoy haciendo esto. – le pediste cansada, jamás pensaste que un simple baile de salón pudiera ser tan cansado.

Porque te he pedido que vengas al baile que da la compañía con la que trabajo ahora mismo, y tú has aceptado. – te recordó amablemente, desde luego, tenía la paciencia del santo Job. – Aunque por un momento pensé que no aceptarías.

¡No pensaba que sería tan cansado! – te quejaste. – Además ni siquiera tenemos música…

Eso se puede arreglar. – dijo para empezar a tararear una melodía que conocías bien, te habías topado con esa canción por casualidad, era bonita y antigua, justo como esa sala. – ¿La conoces?

"Tiempo de vals" ¿Me equivocó? – preguntaste retóricamente, arrancándole una risa.

Así es, ¿Te gusta? – preguntó divertido sin dejar de repetir los mismos pasos y círculos que habíais estado haciendo durante las últimas tres horas.

Sí. – respondiste contenta, entonces, empezó a cantar.

Y sonreíste aún más, porque su voz parecía la de un profesional, porque estaba cantando para ti y solo para ti, porque en ese momento te sentías querida de esa manera tan especial. Aquella que incuso echabas de menos.

La pregunta era ¿Quién querías que te hiciese sentir así? ¿El dulce Kaito, con el que llevabas poco de conoceros pero que te hacía sentir en casa? ¿El temerario Ayato, que siempre parecía disfrazar su amabilidad y su cariño por los demás? ¿Kaneki, pero, cuál de ellos?