Definitivamente, no quería moverse de esa cama. Era de noche, y no podía dormir. La tenía tan cerca, tan sumamente cerca, que intentaba no respirar, para que ella no notase los latidos desbocados de su joven y estrepitoso corazón. Tan cerca que sentía su calor, su respiración. Veía fascinado la tranquilidad con la que dormía, con el pecho subiéndole y bajándole regularmente.

Ikuto estaba al lado de Amu, que descansaba la cabeza rosada en su pecho desnudo. Cuando ella respiraba, a Ikuto se le erizaba la piel. ¿Cómo podía ser tan bella? Seguro que ella no lo pensaba así, pero era realmente bella, sobre todo dormida. De repente, la vocecita del cerebro de Ikuto salto. Pero no el cerebro que tenía en la cabeza, precisamente. Sino el que tenía en los pantalones.

Hace unas horas, se había excitado demasiado. Solo con recordar el calentón, y con Amu tan cerca, le tentaba el vicio. Su vicio. Ella. Hace unas horas, el la besaba mientras ella se frotaba contra él. No había pensado en que ahora sí que estaban juntos, demasiado para el autocontrol del gato. Mientras su conciencia le decía que durmiera, que no tentara a la suerte, algo bajo su bragueta la pedía a gritos.

Sus pensamientos se desvanecieron cuando Amu se apretó más a él, abrazándolo. Solo tenía las bragas y la camiseta vieja de Ikuto, que tampoco ayudaba. Traicionado por su propia ropa, ¡lo que faltaba! Con cuidado, se puso mirando boca arriba, y con el brazo derecho, abrazo también a la muchacha, deslizando su brazo por la espalda de ella, hasta su cintura, cerca de su trasero. Amu respondió con otro achuchón, que hizo que el chico se pusiera tenso y tragara seco. No podía dormir, y ella estaba cerca, demasiado cerca. Necesito besarla…

Amu se achucho más, mucho más, hasta poner una pierna encima de la de Ikuto. Dios, me está encendiendo. ¿Qué puedo hacer, que puedo hacer? La tengo en la palma de mi mano, y no me atrevo ni a respirar. Maldición, me estoy volviendo ñoño. Antes ni si quiera pensaba en las consecuencias, y ahora me tiene cogido por los cojones.

Se le corto la respiración cuando Amu hablo, haciendo que su aliento golpeara el pecho de Ikuto, que se estremece.

-Tu corazón late muy rápido… No me dejas dormir-dijo medio dormida todavía.

-L-lo siento. No s-sé qué me pasa, pero e-estoy nervioso-¿esta tartamudeando? ¡Dios, esta tartamudeando, delante de ella!

-¿Por qué? ¿No puedes dormir?-pregunta somnolienta. Alza la cabeza más arriba, para ver mejor a Ikuto, que esta sonrojado. Estas rojo por ella, otra vez. Y esto a Amu le encanta.

Él la mira, y de inmediato gira la cabeza hacia otro lado, intentando que no vea su sonrojo en la oscuridad. Demasiado tarde, gatito. Amu, tragándose sus nervios hasta lo más hondo de su ser, posa su mano izquierda en el pecho desnudo del joven y baja poco a poco, hasta que descubre la razón por la que su compañero de cama no duerme y su corazón late tan rápido. La erección bajo sus pantalones lo traiciona. Ikuto gime.

-N-no toques ahí-Ikuto gira de nuevo la cabeza y con la mano que tiene libre coge la mano de Amu, que se sobresalta.

-¿Ikuto?-pregunta confundida. Y se da cuenta de que tiene su pierna encima de la de él, y que él tiene su mano muy cerca de su trasero.

Este lo entiende y rápidamente quita el brazo de alrededor de Amu.

-¡L-lo siento!- se mueve tan rápido y tan torpemente que se cae de la cama, con Amu encima de él.

En la oscuridad, están aun más juntos. Ikuto la ha agarrado por la cadera para que caiga sobre él y no se haga daño. Aunque más daño le hace que cualquier cosa es tenerla tan cerca, sentirla aun más que antes, estar tan cerca de sus labios. Ikuto vuelve a gemir. Amu intenta moverse y se roza contra su problema. Problema que sigue creciendo.

Amu se quita rápidamente de encima de Ikuto. Se levanta y se sienta en la cama, avergonzada. ¿Qué estaba haciendo?

-Lo siento. Creo que me he resbalado cuando te has caído, y bueno, yo…-no sabía qué decir- Estaba tan avergonzada que notaba como la sangre se le acumulaba en las mejillas.

Ikuto la miro. Se había sentado en el suelo, para poder verla mejor. Estaba sentada, con las piernas juntas y blancas, desnudas. La camiseta se le había subido un poco, pero no se veía nada más a ya de sus muslos. Tenía dos coloretes en las mejillas, de un rojo intenso, y trataba de no mirarlo a los ojos, porque sabía que se moriría de la vergüenza. El silencio lo acabo Ikuto, que pensó que tenía que arreglar lo que el mismo había provocado.

-Creo que será mejor que durmamos separados. No puedo estar tranquilo contigo tan…cerca-realmente se encontraba incomodo a su lado, algo que no le había pasado nunca.

-¿Por qué? Ikuto, yo… No me importa que hagamos, ya sabes… cosas. Cosas de adultos, quiero decir- Empezó a tartamudear cuando Ikuto le sonrió, con una de sus sonrisas tiernas-Es que, no sé si es el momento, o si de verdad tu quieres hacerlo, o de si yo misma estoy preparada. Me siento extraña, y sé que tu también.

Ikuto la miraba con intensidad, como cuando le hacía daño con sus palabras, o como cuando intentaba decirle sus sentimientos. Como cuando se le acercaba y le besaba, o como cuando se burlaba de él. Le encantaba que en ese momento los dos estuvieran sonrojados, igual de nerviosos. Ella siguió ablando.

-M-me gustaría que t-tu fueses el p-primero, Ikuto. Aunque yo no sea la primera para ti. Porque yo…-se le fue la voz del nerviosismo que sentía.

Ikuto la seguía mirando, con una mirada extraña. Una mirada cargada de pasión, de amor, de deseo, de tantas cosas que no parecía una mirada normal. Sabía que lo que quería estaba mal. Quería tenerla, amarla, introducirse en su cuerpo, y que ella le dijese entre gemido y gemido que lo amaba. Pero sabía que eso no era lo correcto. Y como lo sabía, se levantó del suelo, se sentó al lado de Amu, y la cogió de la mano, estrechándola.

-Quiero que te duermas, y que no pienses más en esto. Lo que acaba de pasar es culpa mía, y si no puedo controlarme, dormiremos separados, sin problemas. No quiero que hagas una locura de la que luego te arrepientas, Amu.

Ella lo pensó, pensó la forma en la que Ikuto le había dicho que no podía controlarse. Si no podía controlarse, ella podía hacerle perder el poco control que le quedaba. Pero no sabía si quería de verdad perder su virginidad con él. Según Tadase, el no la había esperado, e Ikuto tampoco se lo había desmentido. Estaba confusa, y triste.

-D-de acuerdo.

-Bien-Ikuto se acerco a la cara de Amu, y la beso en la frente, con dulzura.

Después se levantó de la cama, fue hasta su armario y saco un par de mantas, las que tiro al suelo, justo delante de su cama. Se tumbo sobre ellas. Mientras él se tapo con otra manta más fina, Amu se tumbo también.

El silencio volvió. Solo se escuchaba la respiración de Ikuto, que era bastante fuerte. Aunque la había dicho que lo olvidase, el no podía. Seguía con los pantalones un poco pequeños, y su problema no tenía intenciones de bajar. Maldita sea, deja de respirar así, deja de respirar así. Joder, no puedo más…

Mientras, Amu estaba un poco igual. Ella quería lo mismo que el. Y mando todo al infierno

-Ikuto-lo llamo. Fue casi un susurro, pero iba cargado de deseo. El nombrado se incorporo, sin captar la pasión de Amu, seguramente porque estaba ocupado con su discusión interna sobre el sexo, y sobre tenerla y sobre muchas más cosas. Se sentó, y apoyo la espalda en el respaldo del acama, para escucharla mejor.

-¿Si?

Ikuto abrió los ojos como platos y se quedo sin respiración. Bum bum bum bum…

-¿Q-que estás haciendo?

Amu estaba justo detrás de él, sentada de rodillas sobre la cama, y lo estaba abrazando por el cuello, apretando su propio pecho contra la espalda desnuda de él. No llevaba el sostén, por lo que Ikuto la sintió entera, todo. Amu bajo un poco sus manos hasta su pecho, acariciándolo. Provocándolo.

-Quiero que dejes de controlarte, y que no seas un gato pervertido que intenta ser príncipe.

Se lo susurro al oído, muy bajito. Ikuto se estremeció, por millonésima vez esa noche. Respiro difícilmente, llevando sus manos a sus pantalones, donde su problema se había revelado del todo y había mandado a la mierda autocontrol alguno. Echo la cabeza atrás, mientras Amu le besaba el hueco entre el cuello y el hombro, haciendo que Ikuto suspirara.

-Me estas encendiendo…-Dijo por fin el joven.