Child of Four, traducción de la historia de Sarini.

Todo Harry Potter pertenece a JKR y quienes tengan los derechos, esto es puro entretenimiento inocente...

Capítulo Nueve

OOOOOOOOOOOOOOOOOO

En este momento, Harry podría enviar a Draco Malfoy, alegremente, al más profundo, oscuro y abrasador hoyo del infierno. Por suerte, los Slytherin no estaban ni de cerca tan enojados con él como los Gryffindor con Hermione y Neville. Harry no tenía idea cómo fue que Malfoy descubrió lo que iban a hacer, ni cómo Neville supo que Malfoy sabía, pero a ellos los descubrieron fuera de la cama, después de hora. Perdieron cincuenta puntos cada uno y los castigaron con detención.

El pedacito de satisfacción de Harry provenía de saber que la mayoría de los Slytherin estaban furiosos con Malfoy por delatar a Harry, y frente a McGonagall, nada menos. Algunos hasta lo llamaron traidor, en la propia cara. Por supuesto, eran estudiantes mayores, de familias antiguas que no necesitaban una conexión con los Malfoy para seguir su camino después de graduados.

La ira de las dos Casas pasó después de unas semanas, para alivio de Harry. No creía que Neville hubiera podido soportarlo más; su amigo ya se hallaba bajo el estrés de los próximos exámenes y la insistencia de Hermione por estudiar en cada momento libre, no ayudaba en absoluto.

Slytherin recuperó puntos después de un juego ganado espectacularmente; Hermione ganaba puntos a diestra y siniestra, en clase. Ambas casas volvían a pelear por la Copa de las Casas, aunque iba costarles mucho trabajo. Además, ¡vaya detención que tuvieron! Harry amaba a Hagrid, pero jamás comprendería la fascinación del hombre por criaturas que, fácilmente, podían devorárselo entero. Eso fue útil cuando andando por el Bosque Prohibido, se encontraron con el espíritu de Voldemort dándose una fiesta con la sangre de un unicornio; o hubiese sido útil si Hagrid no los hubiese separado, dejando a Harry con Malfoy. Su compañero Slytherin salió disparado a la primera vista del peligro y Harry lo hubiera seguido, si no fuera porque estuvo muy ocupado apretándose la frente dolorida.

Afortunadamente para Harry, aparecieron los centauros; de otro modo, hubiese quedado solo para enfrentarse con el espíritu de Voldemort. Mentalmente, Harry agradeció profusamente a Remus por enseñarles cómo dirigirse educadamente a las criaturas. Aunque a uno de los centauros le disgustó ver a Harry sobre el lomo de Firenze, todos expresaron su aprobación ante sus palabras formales de agradecimiento y de profundas disculpas por haber roto una costumbre de los centauros.

Otra vez, lo tenía sobre su cabeza, y lo sabía. Era Voldemort el que quería la piedra. Además, sabía que el Jefe de su Casa había sido un Mortífago. Harry había leído las viejas crónicas del Profeta sobre los juicios, como parte de sus clases de Historia con Remus. Sabía que Dumbledore había declarado en favor de Snape y que el hombre quedó libre bajo la custodia del Director, pero Harry también sabía que el anciano había cometido errores en el pasado, como por ejemplo, dejándolo con los Dursley. No confiaría nunca en alguien, solamente por las pasalbras de Dumbledore. Si sus padres hubiesen muerto realmente, ¿por cuánto tiempo hubiese estado Harry atrapado con los Dursley?

Harry no tenía idea en quién confiar. Su madre estaba casi al final de su embarazo, lo que significaba que sus padres estaban demasiado preocupados, no iba a sumarles su propia preocupación. Remus estaba a cargo de todos sus hermanos, y probablemente tan preocupado por su madre como lo estaba su padre, porque él estaba en la Mansión todo el día y era un lobo alfa.

Sirius ya había puesto en juego su cuello por Harry este año. Había un límite con lo que podía zafarse, y había un límite en lo que Harry estaba dispuesto a pedirle. Además, él tenía la sensación de que cualquier adulto con el que hablara, sólo iba a decirle que la piedra estaba a salvo porque Dumbledore la vigilaba y que se mantuviera al margen y en sus propios asuntos.

Harry podría haber argumentado que cualquier cosa que tenga que ver con Voldemort era asunto suyo.

Podría haber mencionado que Dumbledore no era perfecto. Pero, ningún argumento lo hubiese llevado a ninguna parte. La mayoría de los adultos no comprendería la responsabilidad que Harry sentía cuando se trataba de Voldemort. Ni siquiera estaba seguro de que sus padres, o Sirius, o Remus, pudieran comprenderlo en verdad. Todos esos pensamientos incómodos fueron arrojadoas al fondo de su mente. Harry escarbó en su baúl, buscando unos objetos que sabía que estaban enterrados en el fondo. Los niños Potter eran educados con los modales correctos desde temprana edad, junto con el permiso de ignorar esos modales completamente en familia, usualmente. Sirius, Remus, Neville, Frank, Alice y Poppy contaban como 'familia'.

-¡Ajá!- Harry sacó una caja mediana y levantó la tapa para mirar en el interior.

Tecnicamente, los estudiantes de Hogwarts no tenían autorización para portar ningún arma, sólo su varita, pero no estaba escrito en ninguna parte. Ese hueco era todo lo que Harry necesitó para traer consigo algunos objetos. Este era una daga con el escudo de armas de los Potter en la empuñadura. Era una arma práctica, con una hoja filosa con un diseño simple, para nada ceremonial ni decorativa.

Neville tenía una igual, y normalmente Harry llevaba una con el escudo de los Longbottom. Cuando Sirius y Frank les enseñaron lo básico en cómo usar cuchillos en ataque y defensa, desde que tenían ocho años, ellos habían intercambiado las dagas como una prenda de amistad, declarándose hermanos. Esas eran las dagas que usaban en Pociones y Herbología y que llevaban a todas partes.

Harry colocó la daga y su funda en la caja y sacó una orden vía lechuza. Le había tomado un poco de investigación, pero había encontrado qué era lo que les gustaba a los centauros. Desafortunadamente, eran de gustos simples y lo que más valoraban era la sabiduría, pero también tenían gusto por los dulces -raramente satisfecho-. Llenó una gran orden de dulces variados y la envió a Honeydukes. Se la enviarían en un día o dos, y él podría mandársela al clan de los centauros por medio de Hagrid.

-¿Qué es eso?- Preguntó Blaise, en voz baja, en el desayuno de la mañana siguiente.

Blaise, Tracey y Maya eran los únicos amigos reales de Harry en Slytherin. Los chicos del equipo de quidditch lo trataban bien, al igual que un buen número de alumnos más grandes, pero ellos tres eran los únicos a los que calificaba como amigos. Y aún así, existía una extraña separación entre ellos, una formalidad que no existía en sus otras amistades. Harry pasaba más tiempo con los Slytherin, pero se sentía más cercano a Hermione y a los gemelos Weasley, por alguna extraña razón.

-Es para los centauros-. Le respondió Harry. -Les agradecí que me salvaran, pero creo que debería expresarles mi gratitud de otra manera.

Blaise asintió, comprendiendo perfectamente. Eso era muy Slytherin, muy propio. Si alguien salvaba tu vida te ponía en deuda con él; era un tipo de magia muy poderosa que podía causar enormes problemas si se ignoraba.

-Entonces , ¿más tarde vas a visitar a Hagrid?- Le preguntó Tracey.

-Sí-. Harry tomó un bocado de su desayuno y pensó mientras masticaba. Necesitaría escribir una nota para enviarla con el regalo. Podía confiar el envío a Hagrid, pero no necesariamente la expresión correcta de sus sentimentos. -Iré después de clases.

La última clase del día fue Potiones, con los Gryffindor. Hermione y Neville ofrecieron acompañarlo a visitar a Hagrid. Los Slytherins, para nada deseosos de pasar tiempo con los Gryffindor, le pidieron que los disculpara, declarando que tenían que estudiar. Harry sólo suspiró, preguntándose si sus dos grupos separados de amigos, alguna vez se tratarían con algo más que una vaga desconfianza.

Hagrid accedió a llevar los regalos de Harry y les ofreció té y masas. Habiendo tenido experiencia con la cocina de Hagrid, los tres rehusaron las masas, diciendo que no querían arruinarse la cena.

-Recibí novedades de Charlie-. Hagrid gimoteó. -Norbert está a salvo en Rumania.

Harry sonrió, pero la sonrisa se apagó rápidamente, porque una idea se prendió en su cabeza.

-¿Harry?- Neville conocía bien a Harry, podía leer sus expresiones casi como nadie.

-Hagrid, ¿cómo conseguiste el huevo de dragón?- Preguntó Harry, tan despreocupadamente como pudo. No quería alarmar a nadie.

Lo que derivó de allí, fue suficiente para alarmar al más lento entre ellos -una vez que las piezas encajaron-. Cuando descubrieron que el Profesor Dumbledore no estaba en el castillo, Harry se puso más nervioso.

No ayudó que Hermione le haya dicho a la Profesora McGonagall que ellos sabían qué pasaba con la Piedra Filosofal. La Vice Directora les dio un sermón severo que le recordó a Harry las historias que le habían contado su padre y Sirius. No habían exagerado.

-La piedra está perfectamente a salvo-. Terminó el severo discurso de McGonagall. -Si pesco a alguno de ustedes cerca del tercer piso les quitaré cien puntos a cada uno. Sí, señorita Granger, también de mi propia Casa, si fuera necesario.

Harry la observó alejarse, esperó, para asegurarse de que no pudiera oirlo. -Esta noche voy a ir trás la piedra.

-Y nosotros iremos contigo-. Agregó Neville, con la misma suavidad y con determinación en la mirada.

Harry quiso discutir, pero una mirada a su amigo le dijo que era inútil. -Bien. Encontrémonos aquí, después del toque de queda. Pídanle prestado el mapa a los gemelos, para evitar que nos descubran. Yo usaré mi capa.

Los Gryffindor asintieron y se encaminaron a su torre. Harry hizo su camino a Slytherin. No podía contarles lo que estaba pasando a sus amigos. Lo último que quería era que más gente estuviese en peligro, con él, o exponerse ante más personas. Existía la posibilidad de que tuviera que usar los elementos para salvar la piedra y cuantas menos personas lo supieran, tanto más seguro sería para Harry. Los magos que podían controlar los elementos, generalmente, eran sospechosos, porque realmente no había maneras efectivas para defenderse de la magia elemental.

El tiempo pasaba lentamente esa noche. Como era su costumbre, Harry se acostó con uno de sus libros, pergamino y pluma, un poco antes de que sus compañeros de cuarto se prepararan para dormir. Cuando estuvo seguro de que todos dormian, se levantó y sacó la capa de invisibilidad de su baúl.

-Me pregunto por qué no la usaste cuando te deshiciste del dragón de ese gigante-. Dijo una voz, arrastrando las palabras, una voz que siempre irritaba a Harry.

Harry giró y sacó su varita, sólo para encontrarse con otra varita apuntándole.

-¡Maldición, Malfoy!- Dijo Harry, en un susurro áspero. -¿Por qué no puedes mantener la nariz lejos de mis asuntos?

-Estuviste muy nervioso toda la noche-. La expresión de Malfoy era pura petulancia. -¿Qué es esta vez, más contrabando de dragones o algo más mundano, como meterte con drogas muggles?

-Pendejito repugnante-. Siseó Harry. -Debes saber que yo jamás rompo las reglas sin una jodida buena razón. Ahora, sal de mi camino, a menos que quieras que sea yo quien te quite.

Malfoy sólo elevó sus cejas. -Nah...creo que iré contigo.

-¡¿Qué?!- Harry estaba estupefacto; eso no era, para nada, lo que esperaba de Malfoy. -De ninguna manera.

-O me llevas contigo, o voy derecho a buscar a Severus-. Malfoy sonrió maliciosamente, sabiendo que tenía las de ganar.

Harry gruñó. No le gustaba para nada la situación, y no había modo en que se arriesgara a que Snape descubriera lo que andaba haciendo. -Bien. Hay lugar para los dos aquí abajo. Si haces que nos atrapen voy a maldecirte con tanta fuerza que no te va a reconocer ni tu propia madre.

La sonrisa de Malfoy no desapareció ni por un instante. En cambio, guardó su varita y se acercó a Harry. Lanzando maldiciones en voz baja, con un lenguaje que enorgullecería a Sirius, pero que haría que su madre le lave la boca, Harry los cubrió a ambos con la capa.

Se las arreglaron para salir de Slytherin sin alertar a los otros estudiantes, pero estuvieron cerca. Ambos se habían quedado de piedra al entrar a la sala común, porque vieron a una pareja enredada sobre el sofá junto a la chimenea. Claramente no estaban usando nada de ropa, bajo la sábana que apenas los cubría, pero no había dudas sobre qué era lo que estaban haciendo.

Después de recuperarse, se deslizaron fuera de la sala común.

-¿Te has ruborizado, Potter?- Molestó Malfoy.

Harry maldijo al rubio. Estaba demasiado oscuro como para siquiera ver el color de su cabello, menos que menos para ver si estaba ruborizado. Malfoy sólo estaba moletándolo, como siempre.

-Qué lindo vocabulario, Potter-. Malfoy sonaba alegre y eso le freía los nervios a Harry.

-¡Cállate!-. Respondió Harry, agregando unas cuantas frases coloridas. -Mi padrino pasó un año en Azkaban, su vocabulario podría hacer ruborizar a un demonio.

-Siempre quise conocer a mi primo-. Dijo Malfoy, con algo parecido a la honestidad en el tono, pero Harry no estaba seguro. Le ofreció una mirada extrañada a su camarada Slytherin y siguió caminando.

En el pasillo del tercer piso esperaban tres personas, una con un brillante cabello rojo. Harry se quitó la capa. -En el nombre de todo lo santo, ¿qué hace él aquí?

-¿Yo?- Replicó Weasley, venenoso. -¿Qué hace Malfoy aquí?

Harry entrecerró los ojos. -No te debo ninguna explicación-. Pero se volvió a Neville. -Me pescó escabulléndome e insistió en unirse a la diversión.

-Lo mismo pasó con nosotros-. Dijo Neville, cortante.

-¿Y qué haremos?- Preguntó Malfoy, con calma, apoyándose contra una pared y examinando sus uñas.

-Dumbledore ha escondido aquí la Piedra Filosofal y alguien...

-...Snape-. Lo interrumpió Hermione.

Harry la miró enojado y Malfoy se tensó. -...alguien, no tenemos pruebas para decir quién, está tratando de robarla. A Dumbledore lo han llamado de Londres, pensamos que será hoy, pero nadie quiso escucharnos.

-¿Así que tú piensas que un puñado de alumnos de primer año pueden proteger la piedra cuando no puede hacerlo nadie del cuerpo de profesores?- Preguntó Malfoy, incrédulo.

Harry y Neville intercambiaron una mirada rápida. -Los Profesores piensan que sus barreras se mantendrán, pero si se trata de uno de ellos, podrá pasar por lo que sea que hayan hecho los demás para proteger la piedra.

-¿Y qué estamos esperando?- Preguntó Weasley, impaciente.

Malfoy le dio una mirada fulminante. -¿Estás ansioso por correr hacia el peligro? Qué buen Gryffindorito que eres.

-Primero Fluffy-. Harry sacó la flauta de madera que Hagrid le había regalado en Navidad. -¿Quién quiere tocar?

Hermione extendió la mano. -Yo tomé clases por unos años.

Comenzó a tocar una melodía simple y Harry abrió la puerta. Fluffy dormía. -Quien quiera que sea, ya pasó por aquí.

-El tipo del cabello grasiento está detrás-. Murmuró Weasley. -Lógico.

-Cuidado Comadreja-. Advirtió Malfoy. -Estás hablando de mi padrino.

-Cállense los dos-. Siseó Harry. -¡No me importa si mañana ustedes se mandan ida y vuelta al infierno, si no lo pueden evitar, pero ahora mantengan sus bocas cerradas o se las voy a cerrar yo!

Neville les hizo pasar fácilmente el Lazo del Diablo, dándoles la respuesta mucho más rápido que Hermione, que había entrado en pánico. Weasley y Malfoy se vieron forzados a trabajar juntos y con Harry, para obtener la llave encantada por Flitwick. Ambos eran voladores excelentes y Harry no tuvo dudas de que Malfoy entraría al equipo el año próximo.

Entre Weasley y Hermione, pasaron por el juego gigante de ajedrez, casi sin bajas. Harry dudó en que alguna vez se lo diría, pero le impresionó que Weasley se sacrificara para que el resto pudiera continuar.

Hermione se quedó para cuidar a Weasley y Neville fue a buscar a un Profesor cualquiera, para contarles lo que estaban haciendo. Harry dudó, después de ver cómo una pieza de ajedrez gigante golpeaba a Weasley en la cabeza. Probablemente él saldría bien de todo esto, pero no necesariamente sería capaz de proteger a quienes estaban con él.

A esta altura, eran sólo Harry y Malfoy. Pasaron por la puerta siguiente y los invadió un olor asqueroso. Un troll enorme, mucho más grande que el que Harry había encontrado en Halloween, estaba tirado en el suelo, boca abajo.

-Ajjj-. Malfoy se apretó la nariz. -Los trolls son asquerosos.

-Por lo menos no tengo que pelear con este-. Harry coincidió con Malfoy.

Vacilaron antes de la próxima puerta. Malfoy miró intensamente a Harry. -Pasa algo más de lo que me has dicho, Potter.

-Es Voldemort-. Harry sintió cierta satisfacción ante el respingo. -Quien sea que quiere robar la piedra, la quiere para Voldemort.

-¿Tú crees que Severus...?

-No lo sé-. Replicó Harry, con un dejo de frustración. -Hermione cree que es Snape por lo del primer partido de quidditch. Vimos que murmuraba, cuando mi escoba fue encantada, pero también podría haber estado tratando de deshacer el hechizo.

Malfoy asintió. -¿Y qué te hace pensar que yo no quiero que el Innombrable regrese?

Harry hizo una pausa. Sabía que Lucius Malfoy era un Mortífago, antes de la caída de Voldemort. Muy probablemente su único hijo estaría más que feliz por ayudar al retorno de Voldemort al poder. Sólo había una manera de razonar con su compañero de Slytherin.

-¿Hay algo que tú quieres y que no puedes tener?- Preguntó Harry, cuidadosamente.

-Sólo una cosa-. Respondió Malfoy, con suavidad.

-¿Voldemort puede dártelo?

Malfoy resopló. -Joder, no.

-¿Quieres que tu padre vaya a Azkaban?

-¡Por supuesto que no!

-Entonces, tú no quieres que Voldemort regrese-. Razonó Harry. Sin esperar la reacción de Malfoy, pasó por la próxima puerta, el único indicio de que Malfoy lo siguió fue el retraso antes de que la puerta se cerrara.

-Ya puedo decirte que esas tres son mortales-. Malfoy señaló tres pociones. Harry levantó las cejas. -¿Cómo lo sabes?

-Severus es mi padrino-. Respondió Malfoy, como si se dirigiera a un niño de tres años. -¿Qué te enseñó tu padrino?

Harry sólo asintió, sin responder. Ambos releyeron el acertijo y cada uno tomó una botella diferente. Harry sostuvo la pequeña botellita de cristal. -Sólo hay para uno.

-Adelante-. Dijo Malfoy. -Yo le dejo los actos heroicos a los tontos con sangre Gryffindor.

Harry puso los ojos en blanco, pero bebió la poción. Sintió como si corriera hielo por su sangre, pasó a través del fuego y respiró hondo. Ahora sólo quedaba la protección de Dumbledore.