Capítulo 9

Como era fin de semana, muchos despertaban tarde, dado que era el único día que estaba permitido hacerlo, no obstante no era el caso para el ambarino, quien se había levantado temprano para practicar tenis con su padre. No por el sólo hecho de que amara el tenis y quisiera entrenar más, sino porque temía que si dormía más podría condenar la muerte de alguien más.

Aun sabiendo que hace ya varios días que ya no soñaba cosas así, sino que todo lo que soñaba era relacionado con lo que le había dicho Fuji de sus supuestos sentimientos reprimidos por la castaña.

Mientras jugaban tenis, el ambarino pensaba en sus sueños, como era posible que él estuviera enamorado, eso era imposible, pero también le parecía extraño las emociones que estaba sintiendo últimamente, como aquel impulso de la tarde anterior, nunca se había despedido así de alguien...Mucho menos hubiera imaginado que sería de ella.

—¿Qué te sucede, muchacho?

—Nada ¿Por qué lo preguntas?

—No lo sé, has estado actuando extraño éste último tiempo.

—No sé de que hablas, no he cambiado a lo que suelo ser. —Bufó, respondiendo a su tiró.

— ¿No quieres que hablemos? —Susurró, golpeando la pelota tan fuerte que le hizo un punto sin que él reaccionara. —Quizás estás en la edad que necesitas hacerlo.

—No es así.

—Se que no hablamos a menudo, pero este es el momento. —Su rostro se volvió serio, dejando al ambarino sorprendido. —Dime ¿Se trata sobre una chica?

—¿Vamos a seguir jugando o qué?—Desvió su mirada, acomodando su gorra.

—No cambies el tema, es eso ¿No? ¿Una chica?—Sonrió esperando su reacción.

—No he venido aquí esperando tener una conversación de ese tipo, sólo he venido a jugar.

—Entonces si lo es. —Esbozó una gran sonrisa— He soñado tanto con este día, hijo mio. —Se acercó a él para rodear sus hombros

—No soy como tú, así que sigue soñando...no es lo que crees. — Intento alejarse de sus brazos

—Vamos, dime ¿De quién se trata?

—No estoy interesado en nadie. —Gruño, alejándose de él

—Si es de ese modo, mírame a la cara y afírmalo.

—No tiene caso, no ganarás.

—Si es así, demuéstralo.

—No tengo nada que demostrar, si no vas a seguir jugando, me largo de aquí. — Gruñó, tomando su raqueta para caminar a la casa.

"No quiso demostrarlo, eso lo dice todo"Pensó maliciosamente Nanjiro

Mientras Ryoma se daba una cálida ducha para refrescarse, pensaba en lo que había vivido recientemente con su padre, cuando comenzaba a creer que realmente hablarían con seriedad, había involucrado a una chica para fundamentar lo que le sucedía. Las palabras de Fuji invadieron su mente una vez más sobre lo que sentía por la castaña ¿Realmente estaba enamorado? No, eso no podía ser verdad.

Al salir de la ducha, se vistió y se dirigió a la cocina para ver que había para comer. Pero sólo se encontró con su prima que sonreía triunfante al saber que estaba disponible para esos momentos, ya que requería que fuera al mercado por algunas cosas para el almuerzo . A pesar de que no deseaba salir, debía admitir que en esos instantes necesitaba un panorama para evitar encontrarse con su padre y sus preguntas incómodas.

De camino al mercado, sus pensamientos aún giraban en torno a dicha persona ¿Por qué de repente le interesaba tanto? Estaba tan concentrado en sus confusiones que no noto que alguien más transitaba por esa calle.

—Oh Ryoma-Kun...

—Ryusaki ¿Qué haces por aquí?

—Iba camino al mercado, debo comprar unas verduras ¿Y tú?

—Lo mismo, me mandaron de compras.

—Oh ya veo. Por cierto ¿Sigue en pie lo de esta tarde?

—¿ésta tarde?— Susurró pensativo, tratando de recordar que planes tenían aquel día. Entonces recordó que iban a entrenar. —Ah claro.

—¿Lo habías olvidado...? Si tienes algo más que hacer, podemos otro día.

—No, hoy esta bien.

—Pero ¿Dónde nos juntamos?

—Pasaré por tu casa como a las 4.

—Ok.

El silenció invadió a ambos, mientras la castaña seguía sorprendida por la forma en como actuaba el ambarino, y él por otro lado no entendía que lo había impulsado a decir eso ¿Por qué lo había hecho? Si podrían juntarse en otro lugar.

Al llegar a su destino, Ryoma cogió un carro que decidió que compartirían ya que no llevarían muchas cosas (Otro impulso que no sabía porque había cometido), aunque obviamente cancelarían todo por separado.

Recorrieron el sector de las verduras para coger diversas ensaladas y conversaron sobre tenis. Ambos se encontraban nerviosos, sin embargo no lo demostraban. Pero el ambarino no sabía si lo que sentía era otro síntoma de amor o si sentía temor de que alguien los viese juntos...

Sea cuál fuese, estaba más seguro que era la segunda, debían salir los más pronto posible de allí, antes que se encontraran con alguien de Seigaku. Una imagen de Momo y Eiji se vino a su mente de súbito, lo cuál provoco que su espalda sufriera un escalofrío "Ojala eso no suceda" Pensó, tragando saliva.

La castaña lo observaba confundida ¿Qué estaría pensando?
No quería hacerse ilusiones, no obstante se sentía extraña al estar con Ryoma de compras, no sólo nerviosa, sino que se sentía algo que no podía describir.

Cuando Ryoma volteó, sus miradas se conectaron, lo que produjo que la castaña se sonrojara tanto que de modo de ocultar sus sentimientos, bajo la mirada raudamente, mientras él hacía lo mismo.

Continuaron caminando hacia la caja como si nada hubiese pasado, mientras en sus pensamientos seguían recordando lo acontecido.

Después de unos largos minutos de silencio, ya se encontraban haciendo la fila para pagar, cuando la castaña se decidió a romper el hielo:

—Esto...—Susurro, mientras él la observaba—Sí quieres..

—¡Sakuno-Chan!— Alguien la abrazó, provocando que el ambarino se enfadara

—Kintaro-Kun...—Se sorprendió ante aquel acto

—¿Cómo estás? ¿Qué te trae por aquí?— Sonrió olvidando completamente la presencia de Ryoma.

—Bien, vine a comprar algunas cosas.

—Ya veo, yo también vine a comprar algunas cosas.

—¿De verdad? ¿Y donde están tus compras?—Susurró el ambarino

—¡Koshimae! ¿Estabas ahí? No te había visto—Rió acercándose hacia él.

—Sí, lo he estado todo el tiempo... ¿Y bien? ¿Dónde esta tu carro?

—Está por allá. —Sonrió, señalando una carro al otro lado del pasillo.

—¿Y porque lo tienes allá? Deberías ir por él. —Sonrió maliciosamente

—Sí, podrías hacerlo. —Murmuro la castaña—Porque la fila no es muy larga y nos queda poco para pagar.

—Tienes razón, entonces vuelvo en seguida...— Esbozó una sonrisa corriendo hacía él

—"Perfecto"—Pensó triunfante— Vamos.

—¿Eh? Pero si la fila aun no avanza.

—No hablo de esa. —Señalo hacía una más allá—Sino de aquella, esta más vacía.

—Pero... ¿Y Kintaro?

—No importa, él vendrá pronto.

—Está bien...

Confundida por el cambio lo siguió en su camino y abordaron la caja acordada, donde tal como había mencionado Ryoma estaba vacía, así que pudieron salir de allí fácilmente. Cuando cogieron las bolsas, estaban listos para irse, pero la castaña aun seguía preocupada por cierto pelirrojo.

—Vamos...

—Es que aun no encuentro a Kintaro.

—mmm Yo tampoco lo veo, quizás ya se fue.

—Talvez...Pero si está dentro deberíamos esperarlo.

—No podemos, no tenemos mucho tiempo.

—Es verdad...—Susurro dudosa— Está bien, vamos.

Caminaron hacia la salida, mientras Kintaro los observaba en silencio "Koshimae...me las vas a pagar" pensó enfadado. Sabía perfectamente lo que planeaba el ambarino, no podía comprender como él podría estar interesado en ella ahora, no obstante no permitiría que ganara.

Cuando quedaban dos cuadras para la casa de los Echizen, el silencio los había invadido de nuevo, él por su lado aguardaba que ella retomará la conversación y Sakuno dudaba todo el tiempo sobre hacerlo o no.

—Esto...—Dijeron los dos al mismo tiempo— No, tú primero.

—Esta bien, yo primero. —Se atrevió a decir la castaña. — Éste último tiempo, has estado actuando extraño en la presencia de Kintaro ¿Acaso no te agrada?

—Yo...

—¿Tienen algún asunto pendiente de los nacionales?

—No, no es eso.

—Porque él siempre quería jugar contra ti, pensé que tal vez tuviera relación con eso, porque no veo otro motivo... ¿Realmente no te agrada?

—Pues...podría decirse que nosotros tenemos un asunto pendiente, pero además de eso, es muy fastidioso.

—mmm no creo que lo sea.

—¿A ti te agrada?

—Sí, es una buena persona. —Sonrió— Al principio no pensé que llegaríamos a ser amigos, porque nos encontramos sólo en los nacionales, pero ahora que lo he conocido más, tengo una mejor opinión de él.

—¿Cuál fue tu primera impresión de él?

—Qué era divertido. —Sonrió— A veces es como un niño pequeño, así lo veo, como un buen amigo.

—Pero él no te ve de la misma forma.

—¿Eh?—Lo observó confundida, no sabía si había escuchado bien

—No es nada.

—No sé si me vea de la misma forma, tal vez no soy una buena amiga para él—Rió— Soy un poco torpe.

—No me refería a eso, creo que Kintaro no te ve como una amiga, sino como algo más.

—No lo creo, cuando me dice que me quiere invitar a salir debe ser porque esta bromeando.

—¿Por qué crees eso?—Suspiró, era tan distraída.

—Porque es imposible ¿Quién se fijaría en mí?

—Quien sabe, pueden haber muchas personas. —Respondió fríamente como siempre, no podía decirle nada.

—No lo creo, no soy de las típicas chicas que les atraen a todos.

—Pero no a todos nos gustan el mismo tipo.

—Entonces... ¿Te gusta alguien? ¿O aun no encuentras a la persona indicada?

—Persona indicada...—Susurró, intentando analizar a que se refería.

—Eso pensé por años que tal vez estabas buscando a alguien que compartiera la misma pasión que tú por el tenis y que sea buena. — Sonrió, ocultando su tristeza al decir esas palabras.

—No creo que exista.

—No lo sabes, tal vez está en alguna parte del mundo, esperando encontrarse contigo. —Sonrió—Estoy segura que algún día la encontraras.

—Quien sabe, pero no busco a alguien igual a mi.

—¿No?

—Quiero a alguien totalmente opuesta a mi.

—¿Lo dices porque opuestos se atraen?

—No sé si sea verdad eso, solo digo que si busco a alguien igual a mí en algún momento podemos chocar.

—Tienes razón...

—En fin, pero no quiero hablar de esto.

—Es verdad, no son temas de que hablar. Pero ¿Puedo preguntarte algo?

—Sí.

—¿Esa persona que te gusta es correspondido?

—No lo creo ¿Y en tu caso?

—Creo lo mismo, es imposible...—Susurro—¿Y es del Instituto?

—Sí, va en nuestra misma clase.

—¿De verdad?— Preguntó confundida

—Sí... ¿Y en tu caso?—Preguntó interesado.

—También...

—Ya veo...—Susurró.

Ambos caminaron pensativos, no sabían quiénes podrían ser esas personas, lo cual les parecía extraño no haberse percatado de esos sentimientos. Cuando llegaron a la casa del ambarino, se despidieron y quedaron en verse más tarde para ir a entrenar.

Ambos caminaron en direcciones contrarias aun pensativos sobre quién era al que amaba el otro, era la pregunta que ambos se hacían.

Continuara...