Tan sólo a ti
9. Competencia de bandas. Parte 1
"Será la vida que siempre nos pega un poco, nos encandila con lo que está por venir" (Los Piojos)
Esa noche era bastante fresca. La luna estaba tapada por nubes, pero igual se podía ver un reflejo y alguna que otra estrella. La música sonaba desde hacía rato. Teníamos el turno número nueve, y tocaríamos más o menos a las dos de la madrugada. Ace y los demás estaban recluidos en el camarín que nos habían asignado, pero yo no podía quedarme con ellos. No los soportaba. A pesar de que en los ensayos nos había ido bien, no sin antes dar algunas explicaciones y haber tenido varias charlas, sobre todo con Marco, ahora me sentía como un pájaro enjaulado. Supongo que tendría pánico escénico o algo así, por la cantidad de gente que se había acumulado en el lugar.
El Teatro de la Ciudad era un lugar popular, donde varios artistas famosos de la zona y del país habían iniciado su carrera, quizá por eso las autoridades municipales que organizaron el evento de bandas lo habían elegido como base para dar inicio a la competencia. Si avanzábamos a la siguiente ronda, se tocaría en el Anfiteatro, un lugar abierto en las afueras al que yo prefería ir cuando no había nadie para correr o hacer algún deporte con mis amigos. Aunque, últimamente, sólo nos habíamos dedicado a estudiar. Las clases del último año eran diferentes que las anteriores, los profesores parecían querer enseñarnos todo lo que había quedado pendiente y nos saturaban de actividades para hacer luego de clases. Por supuesto que yo no sería como fui en años anteriores y obligaría a mis amigos a hacer la tarea junto a mí. Ya no me tomarían de idiota nunca más. Eso sí que no. Sobre todo desde que Luffy andaba de bobo con la víbora de Nami, por muy compasivo que fui antes, no lo sería ahora.
Los ensayos de la semana fueron cansadores. Tenía las manos entumecidas de haber dejado por tanto tiempo de tocar con regularidad. Y tocar durante tres o cuatro horas seguidas no me había ayudado a acostumbrarme. Por el contrario, los callos que solía tener por las cuerdas, se habían vuelto rojos y se habían hinchado. Ese día había optado por llevar una púa, y así evitar tocar los punteos con los dedos y romperme aún más mis magulladas manos. Pero, a pesar del dolor, estaba conforme con el resultado. Recordaba todas las canciones y los chicos decidieron no tocar canciones nuevas, para que yo no tuviera que aprenderlas en tan poco tiempo.
Afuera del teatro estaban Luffy y Nami mirándome como si estudiaran a un espécimen raro. Estaba seguro de que en cualquier momento largarían una carcajada. Hasta yo mismo me estaría riendo, porque llevar pantalones de cuero no era mi estilo regular en lo absoluto, pero si era el estilo de Barbablanca y tenía que respetarlo, por lo menos en ese evento tan importante para ellos. Me había colocado mis tres pendientes en la oreja izquierda y sonreía de lado cada vez que tintineaban chocando entre sí. Extrañaba ese sonido. En mi muñeca derecha había anudado mi pañuelo negro, como cábala. Y sobre una musculosa blanca muy ajustada llevaba una camisa camuflada en color verde militar, abierta y arremangada hasta los codos. La guitarra estaba junto con los instrumentos de los demás y sería llevada por los organizadores al escenario cuando nos llegara el turno, y para eso faltaba bastante porque recién eran las doce y media.
Más allá, Sanji fumaba un cigarro y conversaba con Kaya y Vivi. Usopp no había llegado. Me acerqué con todas las intensiones de pedirle un cigarrillo y así quemar un poco mi ansiedad y mis nervios, porque mentiría si dijera que no estaba muy nervioso. Quizá por eso había comenzado a sudar aunque hiciera bastante frío esa noche. Al verme, arrugó el ceño y dejó de conversar. Empezaría a regañarme en cualquier momento. Pero, por el contrario a lo que yo pensaba, me arrojó el paquete y lo tomé con habilidad rápidamente. Dentro estaba también el encendedor. Le sonreí mientras ponía un cigarrillo entre mis labios y guardé el paquete en mi bolsillo trasero. Lo encendí y al sentir el humo entrando en mis pulmones comencé a tranquilizarme.
Miré al cielo notando que se había despejado un poco más y la luna asomaba desde atrás de una nube. Por algún motivo pasó por mi mente Robin. ¿Por qué demonios tenía que recordar su maldita cara en ese momento? Después de haberle dado mi nota el lunes, no me había dirigido más ni la palabra ni la mirada ni un carajo. Y eso me alegraba mucho. Si era ella la que me ignoraba, no tenía por qué seguir preocupándome su situación. Después de todo, ella me había pedido que la olvidara pero después seguía hablándome y mirándome como si nada. Entonces, que su reacción a mi Ni lo sueñes fue la indiferencia total, había logrado su cometido, y yo el mío, porque no había pensado más en ella hasta ese puto momento en que sí la recordé. ¡Qué me lleve el diablo! ¿Por qué tenía que recordarla esa maldita noche en que para completarla, debía tocar en público después de tanto? ¡Maldita mujer!
Arrojé la colilla y miré el reloj. Casi la una de la mañana. Luffy y Nami habían entrado y las compañías de Sanji también. Seguramente tendrían frío. El rubio me miraba fijamente y cuando nuestros ojos se cruzaron se me acercó.
─ ¿Me vas a devolver el paquete o te los vas a fumar todos como un autómata? ─ dijo con un toque de humor, o al menos eso fue lo que creí.
─ Tranquilo, no soy un robot todavía ─ bromeé y le devolví el paquete. Él tomó uno y lo encendió.
─ ¿Nervioso?
─ Un poco ─ dije, pero la verdad es que estaba hecho una pila de nervios. Sonrió, seguramente entendiendo bien mi respuesta.
─ Creo que todo saldrá bien. Los oí tocar ayer y suenan mejor que antes ─ parecía decirlo en serio y no para conformarme. Sanji siempre era sincero, así que tenía que confiar en él. ─ Aunque me pareció que Ace se desviaba en algunos momentos, sobre todo en esa canción que tocarán al final ─ me sorprendí. Era cierto lo que mi amigo decía, habían elegido una canción que no le gustaba a Ace, y por eso a veces se le disparaba la voz en algunos tonos.
─ Tengo la impresión de que esa canción nos hará cagar ─ comenté y saqué el móvil de mi pantalón. De tan apretado que me quedaba en las piernas me costaba horrores sacarlo del bolsillo. Sanji soltó una risa.
─ ¿Quieres que me lo quede hasta que termines? ─ no podía evitar reír. ─ Pareces malabarista ─ y tenía razón. Estaba haciendo unos movimientos muy raros. La pantalla estaba toda llena de marcas de mis dedos. Puse una mueca y revisé los mensajes.
─ Mi madre me llamó anoche y me dijo que no volvería hasta dentro de dos meses ─ comenté para cambiar de tema e intentar relajarme un poco. Sanji continuaba fumando en silencio. ─ Creo que se le está yendo la mano esta vez
─ Siempre es igual, no sé por qué te sigue sorprendiendo ─ qué razón tenía Sanji, pero de cualquier forma me hubiese gustado que volviera. Después de todo era mi madre y me gustaba compartir algunas cosas con ella. Sus charlas eran interesantes, cuando no estaba hablando de hombres. O ensuciando a mi padre. Chasqueé la lengua.
─ ¿Y tú? ─ me miró con sorpresa. ─ No te hagas el distraído
─ ¿Lo dices por ella? ─ señaló con la mano en la que tenía la colilla la puerta de entrada al teatro, seguramente refiriéndose a Vivi, que era la persona por la que le preguntaba. Vivi era una chica muy bonita que venía del extranjero. Tenía un acento pintoresco y modales finos. Su padre era un importante inversor que había decidido quedarse en nuestra ciudad por un tiempo y ella cayó en el Instituto el año pasado por una transferencia fuera de época. Y se quedó porque se integró muy bien con las chicas. Nunca antes nos habíamos percatado de lo cercana que se había convertido a Sanji hasta que el jueves a la tarde lo invitó a tomar un helado directamente y sin ninguna vergüenza. Él por supuesto aceptó, como hubiera aceptado con cualquier otra. Pero, Vivi no era como cualquier otra, porque no era arrastrada, ni puta, ni zorra, ni nada que se comparara a las mujeres con las que salía Sanji habitualmente. Y era justamente eso lo que más me intrigaba. Si una chica como ella se le había acercado así, era definitivamente porque estaba interesada en él. ─ No pasó nada, ya te dije mil veces ─ parecía molestarse. Apartó la vista.
─ Pero, ¿te gusta o no? ─ comenzaba a exasperarme su actitud, porque con ella actuaba extraño. No era como cuando otras se le habían acercado de esa forma, era distinto.
─ ¿Vas a seguir? ─ clavó su ojo visible en mí y me miraba molesto. Negué con una sonrisa.
─ Será mejor que vayamos adentro ─ dije. ─ Quizá me esté perdiendo un gran espectáculo
Al rato, mientras estaba tocando la banda con el número 8, todos estábamos en el pasillo detrás del escenario. Marco y Ace discutían. No era raro verlos así, pero me preocupaba el tema, que no era otra cosa que la maldita canción de Los Piojos que cantaríamos al final. Marco insistía en que Ace debía cantarla porque ninguno de ellos estaba capacitado para hacerlo bien, mientras que Ace permanecía en la idea de que no la cantaría porque no se le daba bien ni le gustaba cantar en español. Yo estaba cruzado de brazos, apoyado en la pared y con los ojos cerrados. Me estaban poniendo de los pelos. ¿Justo tenían que discutir eso en ese instante en el que teníamos que prepararnos para salir al escenario?
─ ¡Basta! ─ les grité en un impulso desesperado. Estaban colmando la poca paciencia que tengo habitualmente. Marco, Ace y Haruta me miraron con sorpresa. Mientras que Vista sonrió. Haruta toca el bajo y Vista el teclado. Ambos tienen una gran pasión por lo que hacen y no lo hacen nada mal. Me erguí y los miré a todos por un momento. ─ ¡Yo la cantaré y punto! ─ se los grité en su cara para que se callaran de una puta vez. ─ Si siguen discutiendo me voy a la mierda ─ volví a apoyarme en la pared y cerré los ojos. Y ellos no dijeron nada de nada. Supongo que en el fondo era lo que estaban esperando, pero antes de que siguieran con esa absurda discusión a los gritos, prefería mil veces hacer el papelón de cantar ahí afuera. Entonces recordé que Usopp no había llegado y comencé a sentir curiosidad por ver quién estaba en la sala. Me acerqué al costado del telón, que estaba a pocos metros. Y entre la fuerte música de la banda que tocaba, espié. No me sorprendió ver muy cerca a Luffy, Nami, Sanji, Kaya y Vivi. También estaba Usopp que parecía abatido por algo, quizá por haber corrido para llegar a tiempo. Últimamente su madre no estaba del todo bien y él corría de la escuela a casa cada vez que podía. En primera fila estaba Tashigi con el idiota de Smoker, ella estaba bastante entusiasmada mientras él parecía dormido. ¿Qué le veía a ese imbécil? Arrugué las cejas cuando vi hacia atrás y estaba Doffi con sus amigotes. Era obvio que estarían porque unos amigos que tenían una banda tocaron, pero si no me equivoco tenían el número tres o cuatro, ¿por qué seguían ahí? No creo que sólo les gustara el rock, de seguro tenían "asuntos" con alguien. Pero, al parecer, ni Cocodrilo ni Robin estaban en la sala. Al menos yo no la veía. Y eso definitivamente me tranquilizó. ¿Qué? ¿Por qué me tranquilizaría que esa maldita mujer no estaba en la sala? ¡Mentira! ¡Lo que me tranquilizaba era que al fin me hubiese dejado en paz! Por supuesto. Esa semana, después de mi nota, no me había dado ni la hora, y era eso lo que yo más quería en el mundo: quitármela de encima. Bufé y cerré el telón para encontrarme con la mirada atónita de Marco, que habiendo dejado a los chicos más lejos, se acercó. No quería que me dijese absolutamente nada, así que me excusé para ir al baño.
A las dos estábamos subiendo al escenario y acomodando los instrumentos. Estaba muy nervioso y esperaba no hacer ningún papelón. Ya no era un total inexperto como en aquella ocasión, ni tampoco alguno de ellos estaba pasado en drogas ni alcohol. Todos estábamos demasiado sobrios. Tanto que volvía a sentir la abstinencia de nicotina. Ace me hizo una seña y comenzamos con los primeros acordes de prueba. El repertorio consistía en tres canciones: dos debían ser internacionales y una nacional, y en la primera ronda no se podía tocar nada de autoría propia. Tras un largo y tedioso debate, que terminó en puñetazos, varios puñetazos por cierto, decidieron que tocaríamos Numb de Linkin Park, Savage de Helloween y por último el tema que por voluntad absolutamente mía cantaría yo, Bicho de ciudad de Los Piojos.
I'm tired of being what you want me to be (Estoy cansado de ser lo que quieres que sea)
Feeling so faithless, lost under the surface (Sientiéndome sin fe, perdido bajo la superficie)
La voz de Ace era precisa, se ajustaba a cada nota de mi guitarra y del teclado de Vista que parecía enajenado con su música. Haruta estaba poseído como siempre y Marco se veía tranquilo. Yo miraba la espalda de Ace e intentaba no ver al público. No quería ni imaginarme el rostro de Sanji o Luffy al verme ahí arriba, después de todo lo que les había hecho pasar el año anterior.
I don't know what you're expecting of me (No sé lo que estás esperando de mí)
Put under the pressure of walking in your shoes… (Puesto en la presión de caminar en tus zapatos…)
Caught in the undertow, just caught in the undertow… (Atrapado en la resaca, simplemente atrapado en la resaca…)
Y así era como me sentía cada día desde que me di cuenta de la cagada que me estaba mandando al haber entrado en el submundo de la droga y el alcohol. Atrapado en la resaca. Cada día desde ese día me arrepentí de lo que había hecho, alejé a todos los que pertenecían a ese mundo, como Ace o Marco, aún sabiendo que el único culpable había sido yo mismo. Y también me alejé de la música, porque era debido a ella que yo había sucumbido a esas tentaciones, esas sustancias que te alejan de la realidad y te llevan a un mundo de placer y de éxtasis inigualable. Pero, cuando el efecto se va, sólo queda la mierda.
Concentrado en los acordes y en la voz de Ace, llegamos rápidamente al final de la canción, que duraba unos cuantos minutos. Cuando quise acordarme, estaba dando el toque final. Luego vinieron unos cuantos aplausos y me atreví a levantar la vista para ver a Luffy chiflando como loco y a Sanji sonriente como hacía tiempo que no lo veía. Las chicas aplaudían con fuerza. Usopp también había cambiado su expresión. Me tranquilizó verlos, por el contrario de lo que mi mente se había imaginado, me estaban dando su completo apoyo en lo que había decidido hacer. Largué el aire contenido acomodé la guitarra. Empezaron los siguientes acordes. Savage era todo un desafío y Marco había insistido en tocarla a la primera para demostrar de lo que éramos capaces. Ace se veía cansado y sudado, y eso que tenía el torso desnudo mostrando su enorme tatuaje en la espalda. Sonreí y me entregué a la música.
They don't know, no they can't see (Ellos no saben, no, ellos no pueden ver)
our hearts close to the sun (nuestros corazones cercanos al sol)
Different in our hearts filled with that faith we carry on (diferentes en nuestros corazones llenos de la fe que llevamos con nosotros)
They just call us savage (Ellos nos llamas salvajes)
That's what I like to be (Eso es lo que me gusta ser)
Let them call us savage (Deja que ellos nos llamen salvajes)
Cause that's what we like to be (Porque eso es lo que nos gusta ser)
Salvajes. Si, eso es lo que les gusta ser. Les encanta ser ellos mismos, ir para donde quieren, tocar como quieren, lo que quieren. Y eso es lo que me atrapó en aquel entonces. Yo, un chico tan lleno de dinero como quiera, con todos los lujos que quiera, aún así, estaba vacío. Quería ser como ellos y por eso me uní a su banda. A pesar de haber ido a estudiar guitarra y de haber tenido que esforzarme para cambiar mi gusto por la música, quería ser como ellos, seguir su camino y meterme en su mundo. Pero yo fui muy ingenuo. Yo no podía, a pesar del dinero de mis padres, meterme en su mundo sencillamente porque no era como ellos. Y nunca lo sería. Despejé mi mente y continué mirando al público Nami y Luffy seguían la canción al pie de la letra, cantando con fuerza. Vivi se había acercado a Sanji y compartía el espectáculo con un gran entusiasmo pero supe que no era por nuestra interpretación sino porque estaba cerca de él. Sonreí y continué el ritmo tan ferviente hasta el final. Podía sentir que mi corazón se salía de mi pecho, que el ritmo frenético me ahogaba. Tenía calor pero me sentía a gusto.
Cuando toqué el último acorde, sentí la presión de lo que venía a continuación. Mi guitarra aún vibraba cuando Ace se me acercó. Debíamos cambiar puestos y yo pasaría a ser la voz de la banda por un momento. Mis amigos no sabían lo que sucedía porque todo había sido muy rápido, así que en una fugaz mirada pude notar que Luffy cotilleaba con Nami mientras Sanji me miraba fijamente como si así pudiese saber la locura que estaba por hacer. Me quité la cinta de la guitarra y se la entregué a Ace para tomar mi lugar. Todo el público estaba en absoluto silencio, como por capricho del destino. Levanté mis ojos y sentí que la música inundaba mis oídos. Ya no había marcha atrás.
¿Qué voy a hacer con tanto cielo para mí?
Voy a volar, yo soy un bicho de ciudad.
¿Qué voy a hacer, cuál es el camino a seguir?
Voy a soñar con ese beso al regresar.
Vi a Tashigi mirarme con su boca abierta y a Smoker levantarse e irse bastante enojado. ¿Qué le habría pasado ahora? Me tenían harto. Miré hacia atrás y la vi. Era ella. Era Robin. Y caminaba por el pasillo entre las butacas, dirigiéndose hacia mí.
Cierro los ojos, no imagino algo mejor.
Respiro hondo, y tomo el vino….
Y no te asustes si me río como un loco,
es necesario que a veces sea así.
Será la vida que siempre nos pega un poco,
nos encandila con lo que está por venir.
El teatro estalló en aplausos, muy sorpresivos aplausos. Robin llegó junto a Nami y se sentó como pudo compartiendo el asiento con ella. Las dos me miraban extasiadas, como si estuviesen viendo qué se yo qué. Yo, seguí cantando, sin poder despegar mis ojos de Robin.
¡Gracias! Muchas gracias por haber leído. Gracias por los comentarios y espero muchos más. Abrazo, nos leemos pronto, Mary
