Disclaimer: La idea original de Harry Potter, así como sus personajes son propiedad de J.K. Rowling, después del último libro podemos dejar volar la imaginación por lo que pudo ser, pero no fue…

ARRÁNCAME LA VIDA

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No temas a las posibilidades

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Dos figuras caminaron en completo silencio por el muelle de la ciudad de Portsmouth, era un día bastante nublado y el mar estaba intranquilo, por lo que ambas personas llevaban largas capas de viaje que hacían que los habitantes del lugar los miraran con cierto recelo, después de todo no era un día común para que llegaran turistas y menos con ese tipo de atuendos.

- Te dije que no debíamos ponernos las capas- susurró una de las figuras apresurándose a tomar del brazo a la otra.

- El clima lo ameritaba, además prefiero que nos recuerden como dos excéntricos a que vean mis cicatrices- respondió la otra persona sin dejar de caminar.

- Sabes que a mí me encantan tus marcas, te dan un aire…peligroso…- musitó la mujer en tono seductor.

- Eso es porque soy peligroso- declaró el hombre con algo de culpa en su voz.

- Remus…-

- Dejemos esto para después Dora, ya casi llegamos- cortó el licántropo apretando el paso casi sin darse cuenta.

Minutos más tarde llegaron a una casa que estaba precisamente en el centro del muelle, su aspecto era conservador aunque definitivamente parecía la casa de un pescador, uno que al parecer iba llegando.

- ¿Se les ofrece algo?- inquirió el hombre de musculosa constitución y tosco semblante notando que los forasteros pretendían tocar a la puerta de su casa.

- Buenas tardes caballero, estamos buscando a la señora Cordelia Kendrick- saludó Remus tan tranquila y cortésmente como era su costumbre.

- Ella es mi esposa ¿quién la busca y para qué?- respondió con tan poca amabilidad que la metamorfomaga estuvo a punto de contestarle, pero Remus se lo impidió.

- Mi nombre es Remus Lupin y ella es mi esposa Nymphadora, venimos a tratar un asunto muy delicado con la señora Kendrick- explicó dejando ver la punta de su varita apenas unos segundos.

El pescador abrió desmesuradamente los ojos al reconocer la varita, pero eso solamente provocó que su actitud empeorara y sus manos se cerraran en forma de puños, sin dejar que los forasteros reaccionasen, el hombre corrió hacia su casa a toda velocidad. Los magos se quedaron desconcertados en su lugar.

- Excelente Remus, lo asustaste- se quejó la mujer.

- No era esa mi intención…lo mejor será que entremos, seremos descorteses, pero no nos queda de otra- suspiró encaminándose hacia la puerta de la casa.

Ingresaron con cautela al lugar tratando de ubicar al hombre, pero no llegaron muy lejos pues el aludido los enfrentó antes de que pasaran del vestíbulo, apuntándoles con una escopeta.

- Será mejor que se vayan ahora mismo si quieren salir vivos de mi casa- amenazó el pescador con firmeza.

- Señor, por favor, no venimos con malas intenciones, créame- medió Lupin sin saber muy bien para qué servía el pedazo de metal con el que le apuntaban, pero no quería arriesgarse.

- ¡Son magos y los de su clase sólo traen problemas!- bramó el otro.

- ¡Pero si su esposa también pertenece a nuestra clase!- replicó Tonks algo indignada por el trato.

- ¿Qué sucede aquí, Ben?- una cuarta figura hizo acto de presencia saliendo de una de las puertas.

- Señora Kendrick, venimos a hablar con usted, por favor permítanos explicarle- soltó Remus elevando su varita en son de paz mientras el pescador cargaba su escopeta sonoramente.

La mujer frente a ellos no parecía tener más de treinta, su rostro era delicado y su cabello completamente negro, además su voluminoso vientre les indicó que estaba embarazada.

- Por supuesto, por supuesto, pasen a la sala por favor- les sonrió ampliamente- Ben, no seas mal educado y baja esa cosa, tenemos invitados- regañó tan cariñosamente que Nymphadora no pudo evitar soltar una risita.

- ¡¿Qué dices? ¡Son magos Cordelia! ¡Son peligrosos!- objetó el hombre llamado Ben.

- Ya lo sé querido, pero no vienen a hacernos daño…lo intuyo- explicó sin disminuir su amabilidad- Pasen, pasen- insistió a lo que los dos magos se dejaron conducir hacia la sala donde tomaron asiento en un sofá frente a la chimenea mientras se quitaban sus capas de viaje, en el sillón de en frente se sentó Cordelia y parado junto a ella con escopeta en mano, se colocó Ben mirándolos con hostilidad.

- Felicidades por tu embarazo Cordelia ¿ya sabes qué será?- inició la conversación Tonks con tanta naturalidad como si conociera a la mujer desde hace años.

- Gracias, todavía no lo sabemos, queremos dejarlo como un misterio hasta el nacimiento- sonrió la otra con idéntica naturalidad- ¿Tú tienes hijos ya?- preguntó.

- Aún no, mi esposo es un poco miedoso, pero estoy en labor de convencimiento- explicó la metamorfomaga.

- Todos los hombres son iguales, también a mí me costó convencer a Ben, pero ahora no puede con la emoción, así pasará con tu marido- rió la embarazada a lo que la otra también soltó una risita burlona.

Los hombres presentes miraron a sus respectivas esposas con gestos de incredulidad, no comprendían cómo era posible que hablaran como si nada…intercambiaron una mirada adivinando que pensaban lo mismo y sus posturas se relajaron un poco.

- Señora Kendrick, venimos a hablar acerca del Velo de la Muerte- soltó Remus luego de percibir que el clima era lo suficientemente relajado y sin querer dar más rodeos.

- El Velo de la Muerte…- la rubia suspiró sonoramente acariciando su estómago instintivamente.- ¿Por qué quieren saber sobre él? Sigo pensando que no son malas personas, pero el tema que tocan es muy delicado e involucra magia muy antigua y prometí que ya no me involucraría en cuestiones mágicas- agregó a lo que su esposo colocó una mano en su hombro en señal de apoyo.

- ¿Por qué?- preguntó Tonks sin poder contener su curiosidad mientras Remus suspiraba adivinando que tardarían en llegar al punto que buscaban.

- Si me rastrearon por la relación que tengo con el Velo, sabrán de mis antepasados- la otra pareja asintió- Todos magos de sangre pura, con tradiciones arcaicas y creencias disparatas…al terminar la escuela me prometieron a un hechicero de prestigioso apellido, pero conocí a Ben y me casé con él hace ya siete años, mi familia no lo aprobó porque él es un muggle, así que me expulsaron para siempre y hasta intentaron matarlo, por eso prometí no involucrarme en ese mundo nuevamente- relató de manera breve.

- Vaya, mi madre pasó por algo similar, ella se casó con un hijo de muggles y su familia la desconoció al instante, aunque creo que es lo mejor que le pudo haber pasado- declaró Nymphadora con un toque amargo en la voz.

- Ah, ya decía yo que tus facciones se me hacían conocidas, tu madre debió haber sido una Black- reconoció la rubia con sencillez, la otra mujer la miró con sorpresa cambiando inconscientemente su apariencia, obscureció su tez, suavizó sus rasgos y cambió el color de su cabello a azul eléctrico.- ¡Y eres una metamorfomaga! Sólo una familia tan bien dotada como la de los Black podría tener ese tipo de cualidades en sus descendientes.- alabó sin detectar la incomodidad de la aludida, Remus lo notó y tomó su mano con cariño.

- Por favor, necesitamos que nos diga qué sabe acerca del Velo, una muy querida amiga cayó en él por accidente durante una batalla y queremos sacarla a como dé lugar, no le pedimos que se involucre sino que nos ayude con sus conocimientos- pidió el licántropo con humildad cambiando radicalmente de tema.

- Lo único que acepté de la herencia de mi familia, como última descendiente, fue un cofre- inició Cordelia- No tengo idea de su contenido, pero de acuerdo a la historia de mi familia, está relacionado con el Velo que ayudó a crear mi antepasado Paracelso Owston…la misión de cada uno de mis predecesores fue cuidar con su vida del cofre y ahora es la mía…sin embargo no quiero que sea la mi bebé- agregó mirando su vientre con ternura- Así que les diré dónde está, pero será su trabajo conseguirlo y puedo asegurarles que no será nada sencillo- los miró fijamente.

- Iremos y conseguiremos el cofre- aseguró Tonks con ánimos renovados.

- Lo oculté en el faro, Ben los llevará a la isla donde está, de ahí ustedes tendrán que arreglárselas, les deseo suerte- informó con un ánimo más serio, el pescador iba a protestar al verse involucrado, pero una mirada de la rubia lo calló antes de que hablara siquiera, no tenía opción.

La pareja de magos llegó a la isla donde se ubicaba el faro señalado luego de una breve travesía en el barco pesquero de Ben, el clima había empeorada mientras estuvieron en la casa de los Kendrick y sus capas de viaje se movían furiosamente debido al viento, además la neblina se hacía cada vez más espesa, Ben no los esperaría debido al clima y ellos tampoco esperaron otra cosa, suficiente les había ayudado con llevarlos hasta allá, ambos eran aurores cualificados y podían arreglárselas perfectamente.

- No debemos demorarnos más- habló Remus intentando hacerse escuchar por encima del ruido de las olas y el ciento, y levantando su varita para conjurar un lumos al igual que su esposa, pero éste no ayudó mucho con la visibilidad.

- ¡No veo el faro!- gritó Tonks avanzando con algo de trabajo.

- ¡Debe de estar más adelante! ¡Toma mi mano, no debemos separarnos!- el licántropo extendió su mano para que su esposa la tomase, pero no obtuvo respuesta- ¡¿Dora?- llamó tratando de visualizarla, pero no encontró rastro de ella, eso comenzó a preocuparlo.- ¡¿Nymphadora?- gritó nuevamente, pero con el mismo resultado, así que comenzó a moverse frenéticamente a través de la niebla tratando de encontrar a su mujer, pero la capa de humedad se hizo tan espesa que no podía ver a más allá de un metro de su posición y todo su mundo se sumergió en el más profundo de los blancos…

Se despertó confundido, no sabía dónde estaba ni cómo había llegado ahí…su cuerpo le dolía intensamente y pronto descubrió que su ropa estaba casi destrozada…se incorporó reconociendo que estaba en algún tipo de bosque a juzgar por los grandes árboles y la abundante vegetación, además estaba amaneciendo…de pronto lo evidente llegó a su mente: acababa de transformarse en humano…pero cómo era posible que no recordara nada de su estado como hombre lobo, siempre recordaba todo cuando tomaba su poción mata lobos…a menos que no la hubiese tomado…no, imposible, siempre era exacto con las fechas y las dosis, siempre tenía un vial a la mano para evitar riesgos, entonces qué había pasado…

Trató de buscar su varita, pero descubrió que no estaba por ningún lado, seguramente la había tirado al transformarse…decidió que trataría de salir de ese bosque usando su sentido del olfato aún bastante sensible, por lo que comenzó a olfatear a su alrededor, repentinamente un olor metálico atrajo su atención, conocía muy bien ese olor y le temía, pero esa su única pista, así que lo siguió.

Llevaba avanzando un buen rato hasta que pudo ver un rastro negruzco en la alfombra verdosa del bosque…estiró su mano para examinarla cuando descubrió que la misma substancia estaba impregnada en su extremidad y en la otra…era sangre… ¿acaso había lastimado a alguien? ¿Qué había pasado mientras era un hombre lobo? No quería averiguarlo, pero tampoco podía ignorarlo así que siguió el camino de manchas sangrientas con una creciente angustia en su pecho, rogaba por encontrar el cadáver de un venado o algo así, pero nadie lo preparó para que lo que encontró…ahí, en medio del bosque yacía una figura rodeada por un charco de sangre, una figura de indiscutible apariencia humana…

Remus se acercó con gesto aterrado, debía averiguar a quién había atacado…se acercó para poder ver su rostro y soltó un alarido de dolor al reconocer que el cadáver desgarrado en varias partes, era el de su amada esposa Nymphadora Lupin…no, no, no…

- ¡No!- gritó escuchando su voz por vez primera- ¡NOOOOO!- gritó con más fuerza arrodillándose al lado de su esposa para tomarla en brazos y acunarla con infinita ternura, sus ojos rápidamente comenzaron a derramar lágrimas de dolor y rabia que aterrizaron en el maltrecho rostro de su esposa, de la única mujer que lo había amado por lo que era y a la que había matado sin tener consciencia de ello…- Dora…- murmuró desconsolado, era un maldito monstruo que no merecía vivir, había matado a la persona que más amaba en el mundo…se odiaba más que nunca.

Entre las ropas de la mujer encontró su varita, una que seguramente no había usado para defenderse por temor a lastimarlo…soltó a la metamorfomaga con gentileza y empuñó la varita dispuesto a hacer lo que debió de haber hecho hace ya muchos años…sólo debía pronunciar dos palabras y terminaría con todo, se reuniría con su amada Dora y el mundo sería un lugar mejor…sólo dos palabras de una maldición…

¿Y Harry? ¿Y los que contaban con él? No importaban, estarían mejor sin su presencia… ¿o no? Las dudas comenzaron a invadir su mente, la solución más fácil no siempre era la adecuada si no el camino del cobarde, pero no podía vivir sabiendo el crimen tan atroz que había cometido, no merecía vivir…un momento, ¿qué era lo último que recordaba antes de despertar en ese bosque? Imágenes borrosas comenzaron a llegar a su memoria, estaba en una misión, una muy importante y debía terminarla…muchas personas contaban con él, además jamás se habría descuidado de una manera tan absurda, pero la sangre se sentía tan real, el cuerpo de su adorada esposa se sentía tan frío y su corazón le dolía tan terriblemente que estuvo a punto de intentar la maldición, sin embargo algo en su interior le dijo que él no era una mala persona, que se dejaría matar antes de hacerle daño a Dora; antes, no después…su vida había sido dura desde que lo mordieron, pero pudo salir adelante, se esforzó por controlar su carácter, por no lastimar a nadie, realmente era una buena persona a pesar de todo y de lo que pensaran otros, amaba a sus seres queridos y ellos lo aceptaban como era…

De pronto sonrió y el cadáver de su esposa comenzó a desvanecerse como en un sueño, su pecho se sintió liviano nuevamente y cerró los ojos…

Cuando los abrió nuevamente estaba parado en medio de una densa niebla, examinó sus manos descubriéndolas limpias de cualquier rastro de sangre y suspiró aliviado secándose las gotas saladas que surcaban su rostro, la ilusión había sido tan real que aún le dolía el simple recuerdo…pero sólo había sido una ilusión, él jamás lastimaría a su Dora.

Levantó la vista y distinguió un haz de luz, el faro…ahí seguramente encontraría a su esposa.

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- ¡No veo el faro!- gritó Tonks avanzando con algo de trabajo, escuchó que Remus le contestaba, pero no logró distinguir sus palabras, se oía muy lejos- ¡¿Qué dices?- preguntó, pero no obtuvo respuesta- ¡Remus!- lo llamó preocupándose al no verlo, comenzó a recitar un hechizo de localización, pero la neblina se tornó hostil y la envolvió rápidamente en un torbellino completamente blanco…

Despertó totalmente desconcertada, aunque bastante cómoda, al parecer estaba recostada en una cama matrimonial de lo más elegante, de pronto escuchó que alguien se acercaba a su lado.

- Ya despertaste Nymphadora ¿cómo te sientes?- inquirió una voz femenina que reconoció como la de su madre, Andrómeda.

- Me duele un poco la cabeza, mamá- respondió con sinceridad sentándose en la cama para poder ver mejor a la otra mujer.

- Sin duda, tómate esta poción y encuéntrame en el salón, no demores mucho- dijo su madre dándole una taza de porcelana para luego retirarse sin más.

A Tonks esto le extrañó bastante pues su madre siempre había sido un poco formal en público con respecto a su afecto, pero en privado siempre la mimaba y besaba en cada oportunidad, sin embargo ahora a penas y la saludó…en fin, tomó la poción y se dispuso a vestir pues estaba en pijama, una pijama de satín muy elegante que jamás en su sano juicio usaría, pero supuso que su madre había aprovechado su inconsciencia para vestirla a su gusto, gruñó, descubrió que al lado de su cama había un montoncito de ropa que seguramente esperaban que usase, la examinó detenidamente encontrándola desagradable, así que comenzó a buscar otras opciones, pero no encontró nada más y no encontraba su varita por ningún lado, no tuvo más opción que ponerse la horripilante túnica de gala verde botella y encima la capa negra que venía a juego…ya se las pagaría su madre.

Salió del cuarto aún sin reconocer el sitio donde se encontraba, al parecer era una casa enorme y llena de decoraciones tétricas, por alguna razón se le hizo conocida…ahora que lo pensaba, no sabía dónde estaba el salón que su madre le había indicado.

- ¡Nymphadora! ¡Ya despertaste! Excelente, pero vamos tarde- una mujer salió de la nada arrastrándola hacia la planta baja de la casa donde atravesaron una puerta ingresando a lo que imaginó era el mencionado salón.

- Ah, pero si son dos de mis chicas favoritas- dijo un hombre de edad madura, cabello negro, mentón fuerte, y mirada acerada.- Me alegra que ya hayas despertado Nymphadora- agregó a lo que la joven se limitó a asentir totalmente desconcertada, estas personas parecían conocerla, pero ella no los ubicaba muy bien, además la llamaban por su nombre completo, cuestión que le desagradaba completamente.

- Pues a mí me alegra más la razón por la cual estuvo inconsciente- intervino una voz afilada, la metamorfomaga miró a la mujer de increíble belleza, cabellera lacia y completamente negra, de ojos fríos y calculadores, a ella sí que pudo reconocerla de inmediato y se alarmó.

- ¡Lestrange!- exclamó confundida, aterrada, pero sobre todo colérica.

- Pensé que como familia nos llamábamos por nuestros nombres, sobrina- rió la mujer pasándola un brazo por sus hombros a lo que Tonks se apartó como si el contacto le quemara.

- Nymphadora, no seas mal educada con tu tía- regañó su madre como si nada.

- Déjala Andrómeda, solamente está desorientada- intervino la mujer que la había arrastrado a la sala.

- Narcissa tiene razón, después de todo mi nieta acaba de hacer un favor a nuestra sociedad- intervino una nueva voz femenina.

Tonks la miró reconociéndola de inmediato, era Walburga Black, la del retrato en Grimmauld Place, ¡Grimmauld Place! Ahí era donde estaba, con razón el lugar se le hacía conocido, pero qué carajos hacía en ese sitio…y por qué esas personas le hablaban como si la conociesen de toda la vida…el único hombre presente entonces debía ser Orión Black, pero cómo era posible…

- Suficiente charla, acomódense que quiero terminar la pintura de una vez por todas- ordenó Orión con tono exigente.

Cuatro de las mujeres presentes se desplazaron hacia un sillón donde Walburga se acomodó omnipotente con Bellatrix y Narcissa paradas a su lado derecho y Andrómeda del otro.

- ¿Qué esperas Nymphadora, una invitación?- bramó Bellatrix riendo divertida, se notaba de muy buen humor.

- Escuchen, no comprendo qué es lo que está pasando, pero tú estás muerto- señaló a Orión sin miramientos- Tú sólo eres una pintura molesta y desquiciada- dijo a Walburga a lo que la mujer enarcó una ceja- A ti jamás te llamaría tía porque eres una mortífaga, asesina, loca- miró a Bellatrix con repulsión- Tú eres esposa y madre de mortífagos, igual de desquiciada- ahora miró a Narcissa- Y tú, madre, no comprendo qué haces con todos ellos si te expulsaron de la familia- terminó encarando a su progenitora con gesto serio y confundido.

- Nymphadora querida- sonrió Lestrange con descaro- No sé qué tanto te afectó el hechizo que te mandó el estúpido de Lupin, pero te aseguro que se te pasará…por otro lado perdono tu insolencia porque eres mi sobrina favorita, la que más se parece a mí- agregó sin moverse de su posición.

- Hija, tú eres una Black antes que nada- Andrómeda se le acercó para tomarla de los hombros y colocarla frente a un espejo de cuerpo completo, Tonks se contempló soltando una exclamación, veía frente a sí a una mujer de cabello largo y completamente negro, rasgos aristocráticos, figura atractiva y ojos grises, era innegable su parecido con los Black, era su verdadera apariencia…- Eres una mortífaga y lo demostraste al asesinar al que osó atacarte, al licántropo Lupin- sonrió su madre levantándole la manga izquierda de su vestido donde pudo contemplar con horror la marca tenebrosa- Ahora, ven conmigo a posar para la pintura que hace tu abuelo de las mujeres Black- agregó tratando de jalarla, pero la otra no se movió.

Tonks se quedó paralizada asimilando la información que le había proporcionado, no podía ser posible, ella no era así, ella jamás sería como Lestrange y definitivamente nunca sería una vil mortífaga, mucho menos terminaría con la vida del su marido. ¡Eso¡ ¡Su marido era Remus Lupin y ella no era una Black! ¡Jamás lo había sido!

- No- negó- No soy como ustedes, nunca lo he sido y nunca lo seré- declaró con firmeza a lo que los demás la vieron indignados- ¡Mi nombre es Nymphadora Lupin nacida Tonks, pero nunca Black! ¡Soy una mestiza amante de los muggles y muy orgullosa de serlo, además soy esposa de un licántropo y me importa un bledo lo que piensen o el tipo de sangre que tenga! ¡No me importa que me parezca a ustedes físicamente porque no soy como ustedes! ¡Soy una auror y esto debe de ser una pesadilla!- vociferó y, justo cuando pronunció la última palabra, sintió como si un transportador la jalase.

Abrió los ojos reconociendo que se encontraba en la isla rodeada por un espeso banco de niebla, se dejó caer de rodillas al suelo derramando lágrima de alivio, pues lo que había experimentado antes era solamente una pesadilla, sólo una ilusión y daba gracias a Merlín por ello. Unos segundos después logró recuperar el dominio de sí y se levantó con varita en mano, no era momento para lamentarse sino para continuar.

Levantó la vista y distinguió un haz de luz, el faro…ahí seguramente encontraría a su esposo.

Pudo llegar hasta la torre y entrar por la única puerta del lugar, ingresó al húmedo lugar encontrándolo sumamente acogedor luego de tantas horas bajo el temporal, se notaba algo descuidado, pero no importaba, decidió subir las escaleras hasta la cima donde encontraría la linterna principal y seguramente lo que había ido a buscar. Al entrar al cuarto con la luz, su corazón brincó de puro gusto al enfrentarse con un rostro repleto de cicatrices, aunque para ella sumamente atractivo, que le sonrió cálidamente.

- Te estaba esperando- le dijo Remus también sintiendo que su pecho estallaría por el amor que sentía hacia esa peculiar mujer.

- Lo sé- dijo ella refugiándose entre sus brazos rápidamente- Yo también te esperé toda mi vida…te amo- agregó con sentimiento, pues no sólo se refería a ese momento.

- Yo también te amo Dora y creo que quiero formar una familia contigo, no quiero temerle nunca más a las posibilidades- comentó el hombre de cabello color arena decidiendo tomar el riesgo.

- En cuanto esto acabe tendremos a nuestro primer hijo, lo prometo- sonrió la metamorfomaga llena de entusiasmo y alegría, su hijo sería amado siempre y no tendría ni una pizca Black en su sangre.

- Eso me recuerda que tengo lo que vinimos a buscar- el hombre la separó para mostrarle un pequeño cofre abierto- Es un pedazo de pergamino…- aclaró mientras la mujer le sonreía.

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- ¿Puedo pasar, jóvenes?- inquirió una voz con tranquilidad.

- Sabes que no necesitas preguntarlo, madre- asintió uno de las cuatro figuras sentadas muy cómodamente en la sala de estar de la mansión.

- ¿Qué hay Walburga?- saludó otro de los jóvenes que portaba gafas.

- James- lo regañó una joven pelirroja al instante.

- Déjalo Lily, yo le he pedido que me trate con confianza- calmó la mujer posicionándose frente a los cuatro individuos- Bueno, en vista de que ya falta muy poco para la boda tan esperada- ante la palabra boda Lily se sonrojó y James esbozó una pícara sonrisa- Orión y yo nos permitimos comprarles algo muy especial- sonrió al tiempo que les daba una especie de boleto dorado a cada uno de los presentes.

- ¿Qué es el 'Madame, Mademoiselle'?- inquirió la única castaña presente sacando a relucir su curiosidad innata al examinar minuciosamente el boleto.

- ¿Me estás dando libremente un boleto para el 'Ici Monsieur'?- exclamó el joven de ojos grises con expresión entre alegre y suspicaz.

- Así es Sirius, tú padre insistió…- la mujer torció un poco el gesto- Y para contestar tu pregunta Hermione, el 'Madame, Mademoiselle' es un bar muy exclusivo para mujeres, conseguir un boleto dorado ahí es casi imposible, pero la dueña me debía algunos favores y los conseguí para ustedes dos- explicó muy orgullosa de su logro.

- Sirius ¿el 'Ici Monsieur' no es un bar para caballeros donde hay muchas mujeres espectaculares?- preguntó el otro pelinegro con emoción contenida mientras sostenía su boleto como si fuese una snitch que en cualquier momento lucharía por escapar de su mano, cuando Sirius asintió, él soltó una carcajada complacida relajando su agarre un poco.

- ¡James Potter! ¿Acaso prefieres ir a ver otras mujeres, antes que quedarte conmigo?- acusó la chica de ojos verdes con furia en la voz.

- Tranquila pelirroja, Prongs y yo sólo iremos a ver, además es justo que mi amigo vea lo que se está perdiendo al tener que atarse de por vida contigo- bromeó el merodeador de cabellera sedosa.

- ¿Eso piensas Potter?- bramó Evans dirigiéndole una dura mirada a su prometido, a lo que el aludido tragó saliva con algo de miedo.

- Lily, tranquila, los chicos siempre serán chicos y es mejor que James vaya considerando que será su primera y última vez en un lugar así, después de todo será su despedida de soltero- concilió Hermione al percibir la creciente furia de su nueva amiga.

- Eso castaña, calma a la fiera- comentó el ojigris riendo de lo lindo.

- Sirius…- le advirtió la aludida para que no empeorara las cosas.

- Ya, ya, mejor nos vamos antes que pase algo grave- se defendió el chico- Andando Prongs-

- Claro Padfoot- sonrió el otro imitándolo- Nos vemos damas- se despidieron haciendo una especie de caravana.

- Si llega a pasar algo, yo…- la ojiverde fue interrumpida por la ojimiel el tiempo suficiente para que los dos chicos desaparecieran entre las llamas de la chimenea- ¿Por qué no me dejaste terminar?- bramó la pelirroja.

- Porque no va a pasar nada Lily, tranquila- terció Walburga con gesto divertido ante la frustración de la jovencita de cabello color del fuego- Orión ya ha ido en algunas ocasiones con Sirius y Regulus, los hombres Black se creen tan listos y piensan que no me doy cuenta, pero mientras no cometan estupideces no me preocupa- comentó con gesto pícaro.

- ¡¿Y lo permite? Bueno, tal vez los Black estén acostumbrados a eso, pero James es diferente ¿qué tal si le gusta una de esas mujeres? ¿qué tal si decide que prefiere tener a una de esas? ¿qué tal si…?-

- Nada de eso pasará-

- ¡¿Cómo estás tan segura Hermione? ¡No lo sabes…!- exclamó la chica a punto de sufrir un ataque de ansiedad por lo que la castaña le tomó una de sus manos entre las suyas y la miró fijamente.

- Lo sé perfectamente Lily Evans porque James Potter te ama- aclaró con seguridad, al sonido de la palabra ama, la ojiverde se calmó de golpe, como su le hubieran lanzado un hechizo y Hermione aprovechó para tomar su mano- Te ama y no existe otra mujer en este mundo por la que te dejaría, en unos cuantos días será el ensayo y al otro día tu boda y nada ni nadie impedirá eso, tranquila- explicó con una sonrisa que la otra terminó por imitar con sus orbes esmeralda llenas de lágrimas sin derramar.

- Es mejor que también ustedes se vayan y disfruten de la noche- apuró la Señora Black interrumpiendo el intercambio de silencios mientras casi las empujaba hacia la chimenea- No las quiero de regreso hasta mañana y hablo enserio, si se atreven a no ir me sentiré personalmente ofendida, así que diviértanse- ordenó ofreciéndole el fino recipiente de cristal que contenía los polvos flú.

En el 'Ici Monsieur'…

Los dos merodeadores aterrizaron por la chimenea de un lugar bastante elegante y enseguida una escultural mujer con un vestido escotado de noche salió a su encuentro con copas de champagne flotando frente a ella, la mujer era tan deslumbrante que James detuvo su respiración con miedo de que desapareciera como la ilusión que parecía.

- Sean bienvenidos Monsieurs- le sonrió ofreciéndoles las copas que ellos tomaron al instante- ¿Puedo ver sus boletos?- inquirió con extrema amabilidad.

- Desde luego preciosa- sonrió Sirius mostrándole sus boletos dorados.

- Vaya, parece que hoy serán nuestros huéspedes de honor- sonrió seductoramente conduciéndolos hacia el salón principal donde el espectáculo se desarrollaba.

Sirius ya conocía el lugar y no se sorprendió con lo que vio, pero para James era nuevo y quedó con la boca entreabierta al descubrir un enorme espacio lleno de mesas y colores, era una especie de discoteca mágica con unos tubos levitando por el aire donde las mujeres más apetecibles que había visto bailaban con sensualidad y muy poca ropa, dejando un mínimo a la imaginación de todos los especímenes masculinos del lugar.

- Bienvenidos monsieurs, por favor síganme, les indico su mesa- los saludó otra hermosa mujer de cabellera rubia y escasa vestimenta a la que siguieron sin pestañear hacia una mesa de excelente ubicación, la mejor de todo el lugar, donde una botella de vino de Ogden los recibió junto a dos copas ya llenas, ambos tomaron asiento decididos a disfrutar del tan magnífico regalo.

- Entonces ¿tú ya conocías este lugar?- logró articular el de ojos pardos luego de beber un poco de vino.

- Por supuesto James, papá nos ha traído a Regulus y a mí algunas veces, claro que sin mamá lo sepa, ¿te gusta?- sonrió tomando su vino con singular alegría y evidentemente acostumbrado al alcohol de la bebida.

- ¡Me encanta! Estas mujeres son como diosas- declaró sin poder apartar la vista de los cuerpos femeninos que se removían a su alrededor y por todo el lugar.

Aproximadamente una hora más tarde y dos botellas vacías, la rubia que los había recibido, se les acercó nuevamente con una enorme sonrisa en su maquillado rostro.

- Espero se estén divirtiendo monsieurs- comentó sacando su varita para convocar una nueva botella de vino.

- ¡Desde luego!- asintió el joven de cabellera indomable un poco agitado por el vino mientras su amigo lo veía divertido y asentía a la mujer.

- ¿Y ya han escogido a la que más les agrada?- preguntó la rubia con una amabilidad sugerente y una dulzura dudosa.

- ¿Escoger una?- se extrañó James mientras Sirius mostraba una sonrisita ladeada comprendido de qué iba la cosa.

- Claro, con sus boletos tienen el privilegio de un privado cada uno, escogen a una mujer y ella se encarga de atenderlos personalmente lo que queda de la noche- explicó recargando sus brazos en la mesa con sensualidad.

- Quiero a la castaña de la esquina- se apresuró a decir Sirius adivinando el procedimiento antes que su amigo, además desde que había llegado a la mesa no le había podido quitar de encima sus ojos a esa mujer y no sabía muy bien por qué y tampoco era como si le importara mucho.

- Y yo a la pelirroja del frente- dijo James sin querer parecer un tonto quedándose callado mucho tiempo, además esa mujer se le hacía la más atractiva del lugar por alguna extraña razón que estaba demasiado embotado para comprender.

- Enseguida estarán con ustedes- dijo la rubia con algo de decepción en la voz, después de todo esos magos eran sumamente atractivos y tuvo la esperanza que el de gafas la escogiese a ella, pero ni hablar.

Las dos mujeres seleccionadas fueron al encuentro de los jóvenes casi de inmediato y comenzaron sentándose a su lado para compartir una copa de vino, después de una risas y coqueteos, las mujeres comenzaron a bailar casi encima de ellos y todo iba de maravilla más cuando comenzaron a jugar con sus varitas, sin embargo algo pasó en el interior de los jóvenes magos que dejaron de disfrutar del privado, por alguna razón los ojos azules de la pelirroja y los negros de la castaña no les gustaron, sentían como si les faltase algo…repentinamente una explosión de lucidez surgió de su interior y se miraron el uno al otro.

Sirius observó los ojos pardos de su mejor amigo y supo que algo no estaba bien, vio de reojo el color de cabello de la mujer que bailaba sobre él y entendió que de alguna manera su subconsciente había seleccionado a una mujer de igual cabellera a la de su prometida…James también lo miró profundamente y se dio cuenta de que quien lo entretenía era de cabello castaño… ¡no!

Ambos se sintieron súbitamente como unos sucios y viles remedos de magos y toda la embriaguez que había adquirido con el vino, se les consumió por la vergüenza, así que detuvieron a las mujeres con amabilidad y se pararon de la mesa para dirigirse a la salida donde la atractiva mujer que los recibió interrumpió su partida.

- ¿Qué sucedió monsieurs? ¿Algo no fue de su agrado o los ofendió?- preguntó con rapidez y algo de preocupación.

- Nada de eso preciosa- negó Sirius suspirando un poco para componer una sonrisa despreocupada- Pero aquí mi amigo se casa en unos días y no quiere serle infiel a su prometida de ninguna manera- explicó a lo que James se limitó a asentir, pues era verdad cada palabra, no deseaba a otra mujer que no fuera su Lily.

- Es una lástima, pero por favor manden mis sinceras felicitaciones a la novia, pues encontrar un hombre tan íntegro como usted señor Potter es muy complicado, por eso les deseo toda la felicidad del mundo- sonrió en dirección al joven de gafas quien se sonrojó un poco- Y también me alegro por la mujer que consiguió capturar su corazón señor Black, les deseo también mucha suerte- agregó para enorme bochorno de Sirius que ni siquiera pudo despedirse y arrastró a su amigo por la chimenea.

Aterrizaron en la sala de Grimmauld Place con un estruendo y cayendo inevitablemente al suelo donde una figura los esperaba sentado en su sillón mientras tomaba una taza humeante de té.

- Veo que ya han llegado chicos- dijo el hombre en cuestión lanzándoles una mirada divertida- ¿Cómo les fue?- preguntó mientras los aludido se incorporaban para limpiarse y tomar asiento con un aire de cansancio.

- No tan bien como hubiéramos querido padre- contestó el ojigris a su progenitor Orión Black.

- Parece que desperdiciamos el regalo que nos hicieron tú y Walburga- agregó James en un tono derrotado mientras se pasaba la mano por su indomable cabellera.

- Al contrario James, creo que el regalo cumplió su propósito- objetó el patriarca Black muy quitado de la pena ante la mirada de confusión de los aurores- Verán, al saberse incapaces de desear a otra mujer, la conclusión lógica a la que se llega es que una mujer ya los tiene completamente atrapados, es bastante obvio en tu caso James saber de quién se trata, y en el tuyo Sirius…-

- No es verdad, regresé por solidaridad a James- lo interrumpió el ojigris con brusquedad.

- Sirius…- el de gafas lo miró intensamente, sabía que mentía, sabía que Hermione Granger había logrado cautivar el corazón del rompe corazones, pero también sabía que su amigo lo negaría.

- Esa es la verdad James y no quiero que discutamos el asunto de nuevo- calló con gesto severo que lo hacía parecer enormemente a su madre cuando se enojaba.

- Esta bien Sirius, no lo discutiremos por ahora, pero sabes que tarde o temprano tendrás que enfrentar el asunto porque si de algo estoy seguro ahora, es de que tú no ves a Hermione Granger como a una hermana y no intentes convencerme de lo contrario porque vi en tus ojos la verdad, lo mismo que me hizo salir del bar a mí, te hizo a ti seguirme- declaró el joven Potter con la voz autoritaria que habría de caracterizarlo en el futuro y con la que habría de morir tratando de defender a su familia, sólo por eso el otro desvió la mirada.

- Ahora chicos, sé que deben de estar agotados, pero es mi deber informarles que las chicas aún no regresan…- insinuó a lo que los aludidos saltaron del sillón incorporándose alarmados.

- ¿No están aquí?- soltó James entre confundido y preocupado.

- No, recuerden que Walburga les dio también unos boletos para ir a un bar mágico- declaró el hombre.

- ¿Cómo se llama ese lugar?- casi le gritó Sirius olvidando por completo la discusión anterior y alarmándose de inmediato por cierta castaña.

- 'Madame, Mademoiselle.'…- nada más terminó de decir el nombre ambos chicos desaparecieron nuevamente entre las llamas verdes de la chimenea mientras Orión sonreía divertido sabiendo de sobra que su hijo y el mejor amigo del mismo, estaban totalmente atrapados.

Los de cabellera negra llegaron al lujoso recibidor del dichoso bar donde un hombre enfundado en una fina túnica negra de gala los recibió con el ceño fruncido, pero sin perder su amable sonrisa.

- Parece que se equivocaron de chimenea señores- inició el mago de cabello rubio cenizo y de un atractivo indiscutible.

- ¿Estamos en el 'Madame, Mademoiselle'?- inquirió James.

- Sí…-

- Entonces estamos en el lugar correcto señor- declaró Sirius en tono duro.

- No lo creo, en este lugar no se admiten hombres- señaló con el mayor decoro del que fue capaz.

- Es lo que veo- retó James mirándolo fijamente a lo que el otro se sintió ofendido y sacó su varita siendo imitado rápidamente por los aurores.

- Me refiero a que no aceptamos clientes masculinos, este es un bar exclusivo para mujeres, por lo que les pido amablemente que se retiren- dijo el rubio mientras otros dos personajes corpulentos salían para flanquearlo.

- No nos vamos hasta que tengamos lo que venimos a buscar, dos chicas debieron de haber pasado por aquí hace unas horas, altas, atractivas, una de cabellera castaña y la otra pelirroja ¿dónde están?- preguntó Sirius sin dejarse intimidar por las tres figuras masculinas que lo apuntaban con sus varitas.

- Aquí valoramos mucho la privacidad de nuestras clientes, así que no esperen ninguna información de nuestra parte- retó el rubio- Además, si ellas estuviese aquí les aseguro que no querrían irse, menos con ustedes- agregó con una sonrisa de suficiencia que hizo estallar las cosas.

Los aurores no tuvieron muchos problemas para descontar a sus tres atacantes y abrirse paso hasta una especie de sala circular donde en cada pared había puertas, el lugar era grande, lujoso y repleto de bellas puertas, así que tardarían en encontrar a las chicas que buscaban. Al abrir una de esas puertas lograron escuchar un tono de voz conocido, por lo que entraron rápidamente para escuchar mejor.

- Eso es, un poco más abajo y llegas al punto perfecto- exclamó una voz llena de entusiasmo.

- Lily…- musitó James mirando con sorpresa a su mejor amigo, como si no creyese lo que escuchaba.

- No te detengas Steven y pon un poco más de presión…eso es, divino- exclamó otra voz proveniente de la misma dirección y con igual entusiasmo.

- Hermione…- susurró Sirius comenzando a imaginar las cosas que el tan Steven le hacía a su castaña.

Los chicos no pudieron soportarlo un segundo más e irrumpieron en la habitación de donde provenían las voces y se encontraron con una escena totalmente diferente a la de sus sucias imaginaciones.

Hermione y Lily estaban recostadas bocabajo en una especie de camas que levitaban despegad del suelo, encima tenían una sábana blanca que las cubría de la cintura para abajo y a sus espaldas dos hombres diferentes tenían sus enormes manos sobre sus respectivas espaldas, ambas los voltearon a ver con extrañeza.

- ¿Qué se supone que hacen ustedes aquí?- preguntó la ojiverde con el ceño levemente fruncido ante la interrupción de su masaje.

- Pensamos que ustedes…bueno creímos que…eh…- balbuceó James sin poder componer una oración coherente al darse cuenta de su estupidez.

- Sea lo que sea que pensaron, estaban equivocados, ahora si nos disculpan estamos en medio de un espléndido masaje que pensamos disfrutar hasta el final- lo interrumpió la ojimiel adivinando de inmediato lo que había pensado, ella también había pensado lo mismo cuando un ejército de hombres atractivos y bien desarrollados, las había recibido con deleite, pero no les ofrecieron un espectáculo de cuerpos como había imaginado, sino una espléndida sesión de relajación, comenzaron por un baño de sales, un sauna, manicura y demás detalles hasta llegar al masaje del momento.

- James, es mejor que nos vayamos…al parecer las chicas no necesitan de nuestra ayuda- carraspeó Sirius tratando de apartar su mirada de la desnuda espalda de la castaña de ojos miel.

- Sí, bueno, nos vemos- asintió el de ojos pardos siguiendo a su amigo hacia la salida del lugar con un tenue sonrojo en sus mejillas.

- Hombres…- bufó Lily soltando una risita divertida.

- Todos son iguales- justo entonces Hermione sintió que las manos de su masajista deshacían un nudo de su espalda a la perfección- Menos claro tú Steven, tú tienes una manos divinas- agregó dejándose llevar una vez más por el placer mientras el hombre reía divertido.

- ¿Hermione?- dijo la ojiverde unos minutos más tarde cuando estaban vistiéndose.

- Dime-

- ¿Tú consideras a Sirius como a un hermano?- le preguntó de lo más natural.

- No- contestó la castaña de inmediato sin atreverse a sospechas de la pregunta.

- Que bien, porque el incesto es considerado delito en el mundo muggle- declaró como si estuviese repasando una lección.

Hermione la volteó a ver alarmada, pero la pelirroja tenía los ojos cerrado y una expresión tan serena que no se atrevió a llamarla, en lugar de eso también ella cerró los ojos meditando sobre Sirius Black, nada de lo que estaba sucediendo en su interior debía pasar, ella no debería de estar en ese lugar, pero estaba y todo estaba sucediendo así que decidió que lo aceptaría lo mejor que pudiera, su cuerpo estaba totalmente relajado después de mucho tiempo de guerra y miedo, y su mente por fin podía olvidarse de todos los problemas, así que podía darse una oportunidad, podía considerar por primera vez dejarse llevar a donde su corazón le dictara, por una vez en su vida ignoraría las consecuencias y que pasara lo que tenía que pasar, si Sirius Black resultaba ser su manzana prohibida, se arriesgaría a ser expulsada del paraíso.


Ufff! Me tardé siglos en actualizar y lo lamento mucho, pero prometí que terminaría el fic y pienso cumplir con esa promesa, este capítulo espero les haya gustado e intrigado ¿qué pasará ahora con Hermione y Sirius? y fuera del Velo sólo falta la actuación de Harry ¿qué pasará? No estoy muy segura porque lo escribo sobre la marcha, pero tengan por seguro que actualizaré lo más pronto que pueda.

Gracias por sus comentarios.

Gracias por leerme y déjenme comentarios para saber de ustedes por favor, aunque sea para decirme lo malvada que soy por tardarme jejeje.

Saludos.

Atte.

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