IX

Cada vez que se sentaba, su hermano le rogaba –literalmente- que juntara sus rodillas.

-Para hacer feliz a Dios…-Justificaba, corrigiendo su postura con sus propias manos y una sonrisa nerviosa.

Rinalí se había visto frente a un espejo sentada de ese modo, con el uniforme para mujeres: una falda diminuta por el muslo. Tenía que admitir lógico que su hermano considerara que daba un aire de sensualidad poco esencial para el trabajo.

Cuando River intentó disuadirlo de hacerla usar uno dos tallas mayor, terminó por rendirse, sollozando sobre una pila de libros.

-¡Bien¡No me importa qué use, siempre que lo haga con las piernas bien cerradas!

Rinalí se preguntó en ese momento, a los trece años de edad, si su hermano pensaba que no oiría eso desde el otro lado de la Biblioteca.

Pero fue justo esa actitud de jovencita recatada a la fuerza lo que más atrajo a su actual esposo. A la vez que fue su innata dulzura y amabilidad lo que le permitió a ella romper la gruesa capa de amargura que recubría el alma del samurai.

Bajo esa máscara de brutalidad utilizada para con sus pares , bien mantenida a causa de su condición como Exorcista, pudo descubrir ni más ni menos que a un niño pequeño, sin padre ni madre, tan solo como ella se sentía a pesar de los excesivos cuidados de su extra cuidadoso hermano mayor, aterrado de la sola idea de recibir ternura de cualquiera. A penas aceptaba demostraciones ocasionales afectivas por parte de un-ahora ausente- Froi Theodore.

Rina llegó a conocerlo más en dos días , que en diez años. Pero fue Yuu quien se asombró más del primer beso: tan lleno de un amor fluido y de una sinceridad aplastante. Dedicaron largas horas en la posada (y luego en la tienda) a experimentar ese nuevo placer de sus vidas.

-Nada renueva más a un hombre que los labios de la más pura doncella.-Había versificado su maestro, en una ocasión, cuando la edad de Kanda rozaba los trece años y su sexo masculino comenzaba a alejarlo lentamente de su (MUY molesto) estado andrógeno. Las primeras lluvias fueron breves y ligeras, como un vapor suave que caía en los techos y llenaba de humedad el ambiente.

Al día siguiente llegó la ayuda que tanto esperaban. El maestro de Kanda, con seis Buscadores y nuevos bríos. Fue una guerra sangrienta y llevaron casi todo el mes en cepillar los alrededores en busca de la dichosa Inocencia que Komui hubiera detectado. Por las noches, a pesar de que la tienda era de un solo espacio, dormían juntos, muy cerca el uno del otro, acostumbrándose a la piel ajena, sobre un camastro más bien endeble.


Notitas bobitas de Masky-san


Me pregunto si seguiré con ésto. Veré qué intento. Me gusta la pareja, ya lo he dicho, pero diría que mi fic en cuestión pierde bastante sentido a medida que avanza y no quiero que nadie me muerda por eso. XD ¿Me dan dulces palabras de aprecio? También se aceptan gritos ñ.ñ