9. Oportunas coincidencias

La larga ducha que Defteros tomó una vez amaneció en plena tarde le resultó más que reparadora. Deshacerse del vello facial aparecido durante los dos últimos días también sirvió para otorgarle otro aspecto más amable, y enfundarse ropas limpias le hizo sentir algo más revivido y respetable.

La mente le seguía hirviendo en preguntas que no podría ni siquiera empezar a responder en las pocas horas que quedaban de vida al año que estaba a punto de ser historia, y su decisión fue sencilla. Bajó a la recepción para informar que deseaba tomar la cena allí mismo, en tranquila soledad, antes de salir a las calles y proceder a regalarse un nostálgico paseo que deseaba fuera capaz de reconfortarle el espíritu y la punzante melancolía que había despertado en su corazón con tan solo pisar sus orígenes.

No fijó ningún destino a sus pasos. Dejó que fueran ellos los que eligieran el rumbo, que inexorablemente le iba acercando al mar...a su añorado Egeo, el aroma del cuál le acariciaba los sentidos con cada soplo de brisa húmeda que acudía a revolotearle su salvaje cabellera, algo más corta que la lucida en su juventud, pero aún así todavía abundante, rebelde y más azulada que gris. Un fino cigarrillo de tabaco de liar se iba extinguiendo lentamente entre sus dedos, y decidió no pensar más en el incierto mañana durante las horas que avanzaban arrebatando suspiros al último aliento de año. Esas horas se las dedicaría a sí mismo, a sus recuerdos y a sus melancolías, andando con la calma del que sabe qué terreno pisa, absorbiendo todo lo que podía de una atmósfera que en cierto modo conseguía sosegarle un poco el alma.

Caminó y caminó hasta llegar a la zona más cercana al mar, donde varios restaurantes y locales de música y copas comenzaban a desplegarse antes sus ojos. Algunos de ellos anunciaban su cierre temporal por festividades navideñas...Otros se estaban preparando para ofrecer una noche de alegría y diversión a todos aquellos que decidieran vivirla y festejarla fuera de sus hogares. Defteros siguió avanzando con calma y un con un tranquilo ánimo distraído, fijándose con indolencia en la fachada de un pub de estilo inglés y curioso nombre. "The Wyvern's Cave" rezaba el elegante cartel dispuesto en la fachada, pero permanecía cerrado indefinidamente por "asuntos personales", según informaba el papel impreso en Word y pegado en la puerta de acceso que se avistaba tras el enrejado de la persiana.

- Lástima...- Susurró Defteros, hablando para sí mismo mientras espiaba lo poco que se podía apreciar del interior, debiendo hacer gran uso de su imaginación para armar en su mente un agradable y acogedor espacio.- Podría ser un buen lugar para venir a embriagar un poco la soledad...

Sin ser esclavo de ninguna prisa, propinó la última calada a un cigarrillo que le había ayudado a estabilizar un poco su atribulado interior, y sin pensárselo más emprendió su indescifrable camino otra vez, guardándose las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta y avanzando con la cabeza menos erguida de lo que su abrumador porte le agradecería.

Apenas había avanzado unos metros cuando le sobresaltó el repentino estruendo del motor de una moto de gran cilindrada. El potente vehículo se estacionó justo delante del pub sometido a inspección, y Defteros no dio más importancia a la escena hasta que a sus oídos le llegó una conversación hilvanada entre los dos hombres que bajaban de la moto y que se disponían a acceder a dicho local.

Fue escuchar la pronunciación de un único nombre la que le congeló la sangre y le aceleró el corazón. Y fue un fuerte instinto de protección el que le aplastó entre las sombras de un portal contiguo, arrebatándole por completo la respiración. En ese momento Defteros deseaba poner en duda el nombre que había escuchado a través de una voz ahogada por la protección de un casco, pero la curiosidad pudo más que su temor e indecisión, permitiéndole sacar ventaja de las sombras que cultivaba la escasa luz de la calle. Se mantuvo refugiado y oculto, pero sus ojos buscaron corroborar su sospecha con un cuidado barrido visual, palideciendo de terror al descubrir cerca de él al que solamente podía ser el menor de los hijos de su amada Sasha.

Kanon no era un nombre común, y ver su propia juventud reflejada en un rostro demasiado familiar fue toda la prueba que Defteros necesitó para permanecer escondido y a la expectativa de lo que pudiera descubrir, todo gracias a la solidaridad de un azar más caprichoso y juguetón que el propio destino fanfarrón.

...

...

- Kanon, entra conmigo, necesitaré que me ayudes con las botellas y las latas...

La voz se escuchó deformada por gentileza de la protección del casco que Rhadamanthys seguidamente se quitó, dejándolo sobre los asientos de su motocicleta, y en cuestión de segundos abrió el cerrojo de la persiana y la elevó hasta la mitad de recorrido, permitiendo suficiente espacio para abrir la puerta y entrar agachándose un poco.

- No, te espero aquí, Rada...Alguien debe vigilar los cascos y la moto.

- ¡Kanon! Es sólo un momento...

- Por éso mismo Wyvern...Es sólo un momento en el que podrás tú solo con las botellas y demás.- Kanon apoyó su trasero contra la moto, sujetando el casco sobre su regazo y mostrando una mirada que evidenciaba sincero agotamiento.- Además, sólo seremos nosotros tres y Saga no puede beber alcohol, asi que no hay mucho que elegir...Con todas las drogas que debe meterse todavía supongo que él va a tomar refrescos...

- ¡Pero hay que cogerlos también! - Exclamó Rhadamanthys antes de decidirse a entrar.- ¿Y qué le gusta a Saga de refrescos? ¿Cola? ¿Naranja? ¿Limón? ¿Tónica?

- ¡Y yo qué sé! Cógele lo que te parezca.

- Es tu hermano, Kanon. Se supone que debes conocer sus gustos mejor que yo.

Kanon emitió un gruñido acompañado de un palpable bufido antes de reafirmarse en su decisión de permanecer a la espera.- Rada...estoy agotado, créeme. Las visitas a Thanatos me están dejando ko, y ahora encima quieres que piense en los putos refrescos que bebe Saga...- Dijo Kanon con una voz tan cansada como parecía su rostro.- No sé...agárrale tónicas y limonadas...Pero yo te espero aquí.- Se consolidó en su cabezonería, encogiéndose de hombros al tiempo que esbozaba esa media sonrisa que inconscientemente había cultivado desde que era un infante.

El Wyvern refunfuñó con resignación, murmuró alguna blasfemia en inglés y desistió en el milagro de esperar ayuda. Su presencia se evaporó y Kanon inspiró profundamente a la vez que cerraba la mirada y se despejaba la frente de indomables cabellos. Así permaneció todo el tiempo, procurándose un urgente paréntesis de relajación, hasta que la eficacia y rapidez de Rhadamanthys se volvió a presentar frente a él, tendiéndole un par de bolsas de plástico para que fueran sujetadas mientras abría el asiento para hacerles lugar. Una perspicaz mirada tendió la invitación para que el gemelo apartara el trasero de allí, y Kanon emitió un medio quejido de rigor cuando cedió a la muda orden del inglés, colgándose el casco integral del brazo mientras tomaba las bolsas y espiaba su contenido.

- Vale, te olvidas del vino pero te cuerdas de las cervezas, tónica, limonadas y...¿Ouzo?

- Vino hay en el piso, y el Ouzo...pues lo he agarrado porqué sé que te gusta.- Contestó el inglés sin mirarle, dedicándose a lo suyo.

- Rada...

Rhadamanthys se forzó a mantener su incipiente sonrisa a ralla, centrándose en recuperar las bolsas de las manos de Kanon para meterlas dentro del compartimento ubicado bajo el asiento de la moto, el cuál cayó emitiendo un duro sonido al cerrarse de golpe.

- Y porqué quiero agradecerte todo lo que has hecho por Valen...- Continuó el Wyvern, fingiendo una pésima seriedad al tiempo que permanecía quieto y muy próximo a Kanon.- No sé si te imaginas lo feliz que estaba esta mañana cuando le he visitado en casa de su padre. Estar recluido lo había destrozado por dentro...

- Yo no he hecho nada. Fue Saga, y su capacidad para convencer al juez que era absurdo mantener al chaval preso.

- Igualmente, Kanon...- La mano del Wyvern no dudó en colarse entre los cabellos de Kanon, afianzándose a su nuca para acortar distancias y regalarle uno de esos profundos besos que siempre se presentaban de improviso y cargados de un alto voltaje electrizante.- Gracias...- Murmuró una vez sus labios se separaron, mirando dentro de ese color aguamarina que se le antojaba tan infinito como el mar.

- Joder, Wyvern...¿ya empiezas a calentarme el motor para esta noche? - Susurró Kanon, relamiéndose los propios labios con deseo contenido.

- Ni lo dudes.- El guiño que le ofreció Rhadamanthys ensanchó esa pícara sonrisa que tan bien sentaba al gemelo menor, que ya comenzó a imaginarse cuál sería su colofón de fiesta para dar inicio a un nuevo año que deseaba fuera bendecido con mejor fortuna y más calma sobre una vida demasiados años descontrolada.- ¿A qué horas has citado a Saga? - Inquirió, antes de colocarse nuevamente el casco.

- Sobre las nueve, nueve y media...y Saga acostumbra a ser puntual, así que no podemos entretenernos más.- Puntualizó Kanon, imitando la acción del inglés y esperando a que éste tomara asiento sobre la moto para hacer lo mismo ocupando el espacio libre a sus espaldas.

- Pues rumbo a casa.

- A casa...- Susurró Kanon, sonriéndose para sus adentros.- Suena bien dicho así.

Rhadamanthys también sonrió, pero Kanon no pudo verlo. El inglés puso en marcha la moto y en cuestión de nada conquistaron la calle, pasando como una exhalación frente a una mirada que les había estado espiando bien protegida por las bienvenidas sombras nocturnas.

Defteros inspiró hondo, tratando de tranquilizar el desbordado ritmo que seguían manteniendo los latidos de su corazón. Acababa de obtener una valiosísima información que ni tan siquiera había soñado tener en su poder minutos atrás, y en ese instante no sabía si alegrarse de ello o comenzar a arrepentirse de la arriesgada aventura que oficialmente se acababa de inaugurar.

Kanon...Su sobrino pequeño parecía estar bien, gozar de buena compañía de vida y aparentemente seguir manteniendo un estrecho lazo fraternal con su mitad llamada Saga, algo que él y Aspros perdieron cuando sus propias juventudes tomaron caminos opuestos con un mismo destino: batirse en insano duelo por el amor de la misma mujer.

El mayor del linaje Samaras ya sabía dónde podía ubicar al menos a uno de los dos hijos de Sasha. Ahora era solo cuestión de días y suerte que ese pub de excelso estilo británico le ofreciera la posibilidad de poner a prueba su coraje, tentando el azar y culminando su locura con un encuentro que obviamente ninguno de los dos jóvenes Samaras podía siquiera imaginar.

###

21:15 horas del día 31 de Diciembre, en las inmediaciones del apartamento de Kanon y Rhadamanthys...

Hacía casi diez años que Saga no pisaba el apartamento de Kanon. Diez largos años en que la entrada a él le había sido literalmente prohibida. Una década durante la cuál Kanon se había cuidado de sumirse en una autodestrucción personal y anímica que por fin parecía estar vislumbrando su extinción.

La dirección no la había olvidado nunca, y allí se encontraba ahora el Fiscal, bandeja en mano y sintiéndose estúpidamente nervioso antes de accionar la llamada al timbre correspondiente. Según su gemelo, a él le recaía la obligación de colaborar con la cena aportando el plato principal, el cuál Saga había encargado en un catering de prestigio, siendo su elección una buena oferta de pescado, cocinado al horno y condimentado con una buena dosis de especias que deleitaban el olfato de los transeúntes que pasaban a su lado. Kanon y Rhadamanthys debían encargarse de las bebidas, aperitivos que asumía serían básicos y sabrosos y algún postre que no se alejaría mucho de los típicos a los que estaban acostumbrados desde pequeños.

Saga inspiró por enésima vez antes de darle al timbre, y en cuestión de pocos segundos la puerta se desbloqueó ante él sin escuchar ninguna voz que reclamara su identificación.

Al salir del ascensor, la puerta del piso estaba entornada esperando su llegada, y allí el mayor volvió a dudar. No sabía por qué le costaba tanto dar un paso hacia esa dimensión que le había estado firmemente vetada cada vez que él había ofrecido ayuda para mantenerla decente, y tuvo que ser la aparición de Kanon el que le arrastrara dentro con su habitual proceder.

- ¡Saga, entra joder! ¡No te quedes ahí pasmado! - Exclamó a modo de saludo, abriendo la puerta de par en par y sin poder evitar cerciorase que entre las manos de su gemelo viajaba el resto del plan culinario pactado.

- Hola hermanito...Parece que ésto de saludar no se te va a dar nunca bien...- Se medio quejó Saga, entrando aún con algunas reservas que le detuvieron en el pequeño vestíbulo.

Kanon cerró la puerta y se avanzó a Saga, que seguía inmóvil mientras se iba dando tiempo para asimilar una realidad que le acogió con mejor cara de la que esperaba.

- ¡Entra! ¡No te voy a morder! ¡Y el piso tampoco se te va a tragar! - Insistió Kanon, alentándole con un enérgico gesto de su mano.

- Ya voy, pero compréndeme...Se me hace raro pisar tu casa después de tantos años sin que me dejaras subir...

- Deja de quejarte y pasa. Rada está en la cocina, acabando con los aperitivos...y déjame ver qué traes al final...- Kanon se acercó de nuevo a su hermano, casi arrancándole la bien cubierta bandeja que llevaba entre manos, la cuál olfateó con deleite antes de acercarse al cuello de Saga, pegar su nariz sobre su piel e inspirar como si de una bestia acechando su presa se tratara.- Hostias Saga...qué bien que hueles tú también. ¿Es un perfume nuevo?

- Siiií...Es nuevo. Me lo ha regalado Shaka antes de irse al trabajo...- Expuso el Fiscal, incomodándose ante los escalofríos que el olfateo de Kanon le esparcía sobre el lienzo de su piel.

- ¿Sólo el perfume? ¿O un buen revolcón también? - Susurró el menor, cambiando de zona el particular acecho del cuello de su gemelo.

- ¡Por dios! ¡Estás obsesionado con el sexo! - Exclamó Saga, tensándose ante la actitud de su hermano.

- Me gusta mucho, no puedo remediarlo...- Continuó molestándole Kanon, regocijándose internamente con ello al ver cómo hacía sufrir a Saga.

- ¡Ya vale! ¡Apártate de una vez! ¡Me estás haciendo cosquillas! - Exclamó el mayor sin poder aguantarse más, propinándole un medido empujón.- A ver si te ve Rhadamanthys haciendo ésto y cree que nos van las filias raras...

Kanon se separó de él, riéndose abiertamente y contagiando su risa en Saga, que se despojó del abrigo mientras cedía a la tentación de apreciar con buenos ojos el limpio y ordenado entorno que le acogía después de tantos años de alejamiento.

- Lo siento Saga, sabes que no eres mi tipo, y yo tampoco el tuyo...Aunque en algo nos parecemos también. A ambos nos van los rubios.- Kanon le guiñó el ojo, y no demoró más en llevar parte de la cena a la cocina, siendo seguido por Saga que se apresuró a saludar con cortesía y educación al ocupado Wyvern.

- No hacía falta que prepararais tanto aperitivo...- Dijo el Fiscal, fijándose en el despliegue de platitos que el inglés estaba acabando de completar.

- ¡¿Quieres callarte de una jodida vez?! ¡Ha sido idea de Rada, así que déjale hacer! - Exclamó Kanon otra vez, abriendo el horno para guardar el surtido de pescado que calentarían allí miso antes de comerlo.

- Es verdad, Saga...- Se justificó Rhadamanthys.- Eres un invitado y me gusta ser un buen anfitrión.

- De acuerdo, así no digo nada más...

- ¡Éso, éso! ¡Calla y haz algo! - Le ordenó Kanon.- Pon la mesa.

- Rhadamanthys acaba de decirme que soy un invitado y tú me pones a trabajar...¡¿Me puedes decir cómo se entiende ésto?! - Saga se iba relajando poco a poco, y así lo denotaba la sana sonrisa que se había instalado en su rostro libre de gafas y las ganas de hacer humor que se apreciaban en sus palabras bien intencionadas.

- Se entiende de una manera muy fácil...- Kanon se plantó frente a Saga, mirándoselo de frente, mal fingiendo contrariedad y sin poder aguantarse su propia sonrisa.- Él es todo un "gentleman" y yo tu gemelo. Así que, ¡a colaborar con la causa! - Saga asintió y se dirigió hacia el salón, comenzando a abrir varios cajones del mueble asentado en él hasta dar con el que contenía el mantel y las servilletas.- ¡Ah! Se me olvidaba...- Dijo Kanon, que había seguido a Saga sin intención de prestarle mucha ayuda.-...dos cosas: para beber tú tienes limonada o tónica, o agua del grifo...No voy a ser yo quién te conduzca a mantener conductas inapropiadas ante tu convaleciente estado de salud, y menos aún sabiendo que convives con un médico de difuntos al que no se le pasa ni una...- Saga aceptó las primeras condiciones impuestas, y aguardó a saber las segundas.- Y nada de hablar del juicio...al menos durante un rato...Estoy mentalmente colapsado. Entrevistarme con Thanatos me ha dejado seco, por lo que yo sí que voy a dar buena cuenta de jugosas cervezas.

- Me parece justo, Kanon...- Convino Saga, asimilando los términos mientras se dedicaba a vestir la mesa.

- Pues nada...Cuando queráis, empezamos a comernos lo poco que queda de año.- Rhadamanthys emergió de la cocina acarreando varios platitos entre sus manos, derrochando sus dotes profesionales en lo que al mundo del servicio y atención al cliente se refería, dipositándolos sobre una mesa en la que aún le faltaban los cubiertos y los vasos.

Acatando una severa orden visual del inglés Kanon fue a por ellos, apareciendo al cabo de nada con los tres vasos en una mano y los cubiertos en la otra. Todo fue repartido sobre la jugosa mesa y los tres se sentaron alrededor de ella, formando una familiar y tranquila reunión que se disponía a despedir un año que se había presentado muy ajetreado y convulso para todos.

Deseando inaugurar otro que les hiciera soñar con un porvenir mejor, o como mínimo, más alegre, calmado y prometedor.

#Continuará#


¡Gracias Inia! Tienes toda la razón cuando mencionas que Defteros no pudo haber llegado en peor hora a Madrid. Lo tendré en cuenta para el próximo viaje, a ver si al menos algún reconfortante paseo por el Retiro puede darse :).

¡Y Gracias Krista! Es cierto que todos sufren mucho :). Espero que no me lo tengan en cuenta y que cultiven la fe en que llegarán tiempos mejores para todos :).

¡Saludos!