¡Cómo va, buena gente!

Disculpen, sé que dije que subiría la continuación antes, pero últimamente tengo problemas...gatunos en mi casa, y eso :/

¡Agh! Mejor no prometo más cuándo daré mis próximas actualizaciones, porque ahora ni yo sé :c

En fin, sin más vueltas, ¡la continuación!

-Los personajes de South Park no me pertenecen, son propiedad de Trey Parker y Matt Stone-

Capítulo 7: Amando al azabache (2/2)

Ambos estaban caminando hacia la cafetería de siempre, realmente era su lugar favorito. Tantos recuerdos de la primera vez allí le hicieron sacar una sonrisa tonta al azabache. Porque está bien, sólo pasó un mes desde aquel día en que se conocieron, pero seguía siendo parte de un recuerdo, y de uno de los más lindos que podría tener, pues allí mismo había empezado la primera charla con quien después se convertiría en un amor, y luego… ¿en su pareja? Sí, así parecía ser. Pero, ¿y el beso? Joder, ni siquiera había tenido la valentía de plantarle un beso en el hospital. No, aguarden, eso fue por respeto a Kyle y Craig; entonces, ¿por qué no ahora, que estaban solos, en la calle? ¡Dios, joder! ¡Estaba comportándose como un completo marica!

-S-Stan, ¿te ocurre a-algo?- Preguntó algo preocupado el rubio. El azabache salió de su trance.

-No, no te preocupes Tweek, estoy bien.-Le respondió, fingiendo tranquilidad, y eso era precisamente lo que le faltaba.

Y siguieron así, callados, como si fueran amigos. ¡Pero no! Él no era su amigo, ahora debía ser su pareja y…y…

-Hey Tweek.- Lo paró el azabache.

-¡Gah! ¿Q-qué pasa?- Stan vaciló un poco, rascándose la nuca.

-Emm…tú sabes que me gustas, ¿verdad?-Empezó, sintiéndose idiota por ello. Tweek no pudo evitar sonrojarse al momento, empezando a temblar, bastante nervioso por soltarle aquello tan de la nada.

-S-sí…-A penas murmuró.

-Bueno, yo…-Y otra vez inquieto, maldición ¡que era un macho! Y debía estar completamente decidido. ¡Al diablo! No iba a esperar un maldito segundo más. Y de esa manera tomó con delicadeza la muñeca de Tweek, lo atrajo hacia él y sin más unió sus labios con los del rubio. Fue un simple beso, pero duró lo suficiente como para que el rubio paranoico cayera en cuenta sobre lo que estaba pasando y se sonrojó hasta las orejas, sin saber cómo reaccionar. Sin embargo, por alguna extraña razón sus temblores habían cesado por completo, sintiéndose protegido bajo el azabache, bajo sus labios.

Stanley fue quien se separó lentamente del beso, también sonrojado. Observó a Tweek petrificado, observándolo también, y entonces se sintió culpable. ¡Agh! ¡Estúpido impulso!

-Lo lamento Tweek, yo…-Quiso disculparse al momento, pero ni siquiera pudo hacerlo, pues sintió cómo unos labios volvían a tocar los suyos. El cefeinómano se había agarrado fuerte de los hombros del pelinegro, y cerraba los ojos con fuerza, totalmente exaltado. Un delicado rose que hizo sentir a Stan como en las nubes. Maravillado por tener a aquel adorable rubio, de puntitas, tomándolo de los hombros, sumamente ruborizado, y encima intentando darle un beso, ¡era demasiado para su imaginación!

Esta vez fue Tweek quien se separó, empezando a adquirir sus temblores nuevamente. Desvió la vista por inercia y Stan no pudo evitar sentirse muy feliz, regalándole una sonrisa encantadora, una de las que sólo él sabía hacer.

-Tweek.-Llamó la atención del rubio. Cuando se giró hacia él, vio cómo éste le extendía la mano, incitándolo a que la tomara. Y Tweek, aún nervioso y rojo, no dudó en juntar sus manos, entrelazándolas. Sonrió tímidamente, y Stan sintió a su corazón palpitar con suma velocidad.

-Vamos.- Dijo Stan, mientras se acercaban a la cafetería. El rubio asintió.

Ingresaron a aquel lugar tan recurrente y especial para ellos. Ése era el sitio de ambos, y Stan se atrevió a nombrarlo como su "nidito de amor", oh si, nada más masculino que eso; sólo esperaba que sus amigos nunca se enteraran de aquel nombre o seguro se burlarían en sobremanera, llamándolo marica en todo momento, bueno, más que de costumbre.

Una camarera castaña los vio entrar y sonrió felizmente; allí estaba el chico que hace un tiempo estaba intentando conquistar. Empezó a acercárseles a ellos, cuando notó algo nuevo, y su sonrisa desapareció al momento. Aquellos iban agarrados de la mano, mientras irradiaban una alegría resplandeciente. Ambos tomaron lugar en los asientos de siempre, pero la mesera bien supo que ahora algo era diferente, algo había cambiado.

Suspiró. Acababa de entender que todos sus intentos por conquistarlo habían sido inútiles. Sonrió tristemente, sintiéndose derrotada. Se encaminó hacia aquel par como acostumbraba, con la frente bien en alto y aceptando su fracaso. Pues en realidad, desde un principio, la muchacha había perdido la partida antes de que la misma comenzara.

...

Así se mantuvieron las dos parejas, hablando con su respectivo compañero, sin que nada ni nadie los interrumpiera. Porque de esa manera era como habían deseado estar siempre, acompañando a quien más anhelaban. Cada quien con cada uno. Una pareja en la cafetería; luego caminando por las plazas, por el centro comercial. La otra en el hospital, el único lugar donde podían estar y no les importaba, ya que tal vez eso era lo mejor que tenían, y eran felices. Riéndose, charlando sobre sus familias, sus amigos. Hablando, recordando el pasado, pensando en el futuro, pero sobre todo en el presente. Sin intenciones de ignorar nada, porque estaban con la persona que querían estar. Mencionando fracasos, oportunidades. Conversando del destino, de la vida, del amor. Y bien sabían que necesitaban del otro, y ellos igual.

De esa manera tan deslumbrante fue como la oscuridad había empezado a hacerse presente.

...

-¡Joder Craig! ¡Deja de molestar!- Le había gritado el pelirrojo a su compañero de cuarto, totalmente irritado, mientras le tiraba nuevamente la almohada. Craig la agarró al vuelo.

-Tú eres el que me estaba ignorando.- Contestó, monótono como siempre, mientras le sacaba se típica seña.

-Maldición, que no te estaba ignorando.- Bufó. -Simplemente estaba leyendo un mensaje que me mandó Stan, ¿cuántas veces quieres que te lo diga?-

-Pues discúlpame, pero estabas hablando conmigo primero.- Se defendió el otro, notablemente molesto. -Puedes contestarle a tu querido amiguito en cualquier otro momento.-

Aquello hizo sorprender al pelirrojo; por un momento sintió como si el azabache estuviera… ¿celoso? No, no podía ser.

-No te comportes como idiota.-

-Tú eres el idiota, ¡jodido pelirrojo!- Empezó a exasperarse, sin saber muy bien por qué. -Aprende a escuchar a los demás.-

El de cabellos rizados ya empezaba a irritarse, y un tic en su ojo derecho apareció. ¿Acaso le estaba recriminando? ¿Cómo podía decirle eso cuando habían estado charlado toda la maldita tarde?

-¡Perfecto! ¿Ahora soy yo el que no escucha? ¡Tú eres el que no me está prestando atención!- No supieron en qué momento empezaron a levantar la voz. Diablos, realmente no era necesario tener que llegar a eso.

-Típico, echarle la culpa a los demás.- Devolvió el azabache, cada vez más picado.-Demonios, ¡pareces una princesa insufrible!-

Y entonces Kyle se puso todo rojo, tanto por la furia, como por la vergüenza que le produjo aquel comentario.

-¡Agh! ¡Tú realmente…!-

-¡Chicos!- Interrumpió alterada una tercera voz femenina desde la puerta, que acababa de abrirse con prisa. -Cielos, ¿otra vez están discutiendo? Esta es la segunda vez ya.- Suspiró la enfermera, cansada.- ¿Cómo es que terminaron así? Si hace un rato estaban hablando alegremente.-

Era verdad, hacía no mucho tiempo ellos estaba conversando tranquilamente sobre sus vidas, pero de un momento a otro todo se había empezando a salir un poco de control. ¿Por qué? Se preguntarán. Pues primero fue por la apariencia de cada uno. Ninguno se veía mal físicamente, por el contrario, ambos supieron apreciar y hasta a admirar alguna propiedad del otro; el problema empezó cuando el azabache se burló por los cabellos despeinados de su compañero, y está bien, se trataba de una simple burla, pero el judío no quiso quedarse callado, y también atacó, atreviéndose a mencionar los leves torcidos dientes de Tucker. Y ahí empezó todo; iniciando un escándalo, arrojándose un insulto, luego otro. No fue sino hasta que apareció la enfermera que tuvieron que parar, sin dejar de otorgarse miradas de odio. Y la segunda ocasión, bueno, ya saben. Nuevamente tuvo que entrar la muchacha para que dejen de pelearse. ¡Estaban comportándose como unos niños histéricos! Aquello no lo había ni siquiera imaginado, pareciendo ambos bastante sosegados. Definitivamente estaba equivocada.

-Escuchen, será mejor que intenten hacer las paces y volver a estar como antes, ¿de acuerdo?- Les dijo en modo de advertencia la joven. Hizo una pequeña pausa, mirándolos calmadamente, y les sonrió. -Intenten descansar un poco, han tenido un día bastante largo, en especial tú Craig.- Le dedicó una mirada compasiva. No esperó a que los chicos contesten y se fue acercando a la puerta, pero antes de retirarse se giró nuevamente hacia ellos.-Apagaré la luz; por favor, procuren no seguir peleando, eso no les hará bien.- Y la luz se extinguió, mientras se escuchaba a la puerta cerrarse, quedando todo a oscuras.

Se tornó un silencio de unos segundos. Como si estuvieran conectados se fulminaron con la mirada en el mismo momento. Tanto el pelirrojo como el azabache soltaron un suspiro de frustración y, seguido, se voltearon, dándose la espalda mutuamente.

A Kyle le dolía tener que estar así con Craig. Había esperado durante tanto tiempo el poder conversar y lograr entrar en completa confianza con aquel chico, y ahora se encontraban completamente fastidiados. ¿Por qué tenía que suceder esto? Esta no era su idea principal cuando lo vio por primera vez. Pero el problema, además de eso, se centraba en otra cosa; es decir, ¿cómo podía ser que él pensara siquiera que podía hasta disfrutar aquellas discusiones? Estaba empezando a convertirse en un demente. Pero luego lo pensó un poco más; podría ser que tal vez empezaba a extrañar las constantes peleas que tenía con el jodido de Cartman, y ahora creía que podría revivirlas con el azabache. Luego lo pensó un poco más y se dio un golpe mental. ¿Pero en qué estaba pensando? ¡Nunca disfrutó ninguna pelea con el maldito gordo! No podía engañar a nadie con ese pensamiento, ni siquiera a él mismo. Extrañaba las discusiones, sí, pero no las disfrutaba.

Suspiró. Tal vez sería que el altercado entre ellos era como otro tipo de confianza y unión; esperaba en verdad no estar equivocándose.

Agarró el celular que había dejado en la cama, a su costado, y volvió a leer el mensaje que le había mandado su súper mejor amigo hacía unos minutos.

"Ky, no lo vas a creer, he tenido uno de los mejores días de mi vida. He estado todo el día acompañado de Tweek, ¡hasta lo he besado! ¡Y me correspondió! Estoy tan feliz amigo :'D"

Kyle sonrió, sintiéndose también alegre por él. Al momento lo recordó: fue por ese mensaje por el que Craig se enojó estúpidamente. Y ahora el azabache se encontraba dándole la espalda. Empezó a teclear en el celular.

"¡Eso es genial Stan! Realmente te lo mereces :) Pero mañana me cuentas bien todo, ¿si? He tenido un día largo y estoy un poco cansado. Nos vemos, Stan."

Y lo envió. Sabía que estaba comportándose de una manera cortante con su amigo, pero así era en realidad, en ese momento no tenía muchas ganas de hablar con él. En verdad todo era extraño, ¿desde cuándo Stan había pasado a ser un segundo plano en su vida? No sabía la respuesta y tampoco se molestó en buscarla.

Dejó el celular en la mesita que se encontraba a un lado de su cama.

Ambos compañeros que se encontraban en aquella habitación a oscuras cerraron los ojos, haciendo un esfuerzo por dormir, pero ninguno lograba conciliar el sueño, y empezaban a molestarse.

Craig se removió entre sus sábanas, buscando una mejor posición, pero no importaba cómo estuviera, todo le resultaba incómodo. Se giró inconscientemente hacia Kyle, y logró divisar a penas sus cabellos rojizos, que sobresalían de las sábanas. Sabía que estaba despierto, había escuchado también cómo se movía de un lado al otro y largaba pequeños suspiros frustrantes, indicando la molestia por tener que seguir despierto. Eso hizo sonreír a Craig. A penas un día con el pelirrojo y ya sentía que lo conocía desde hacía ya mucho tiempo, aunque si vamos al caso, no eran unos completos desconocidos, no después de todo lo que había pasado en esos dos meses. Por alguna razón se sentía feliz y tranquilo estando con Kyle. Necesitaba esa compañía, necesitaba estar con Kyle. Se maldijo por ser tan irritable y terco como para haber peleado con el pelirrojo por algo tan idiota como un mensaje de un amigo. Pero no iba a dejar las cosas así, por supuesto que no. Debía solucionar los conflictos.

-Kyle.- Llamó, casi en un susurro. - ¿Quieres…venir aquí?-

El menor se sobresaltó, primero por la tan repentina voz del azabache, y segundo por la pregunta. ¿Craig Tucker en verdad lo estaba invitando a su cama? No pudo evitar sonrojarse, pero aunque fingiera asombro, en su interior sabía que eso pasaría. Algo se lo decía; la primera noche que pasaría con el pelinegro despierto no podía terminar de esa manera. Sonrió.

-Creí que no me lo preguntarías.-

Y sin más aventó sus sábanas, levantándose al momento. Craig sonrió, satisfecho y feliz por la respuesta del pelirrojo y se hizo a un lado, para darle lugar a acostarse. Kyle no lo dudó un segundo y se tendió a su lado, aún algo ruborizado.

El moreno no tardó tampoco, y con toda seguridad abrazó por la espalda al judío, con cierta delicadeza. Kyle, al estar de esa manera, apoyó sus manos tímidamente sobre el pecho contrario.

Ambos se mantuvieron así por un momento, en silencio, con las miradas perdidas en distintos lugares, sintiendo una calma invadirles por completo. Estaban felices. Fue Craig quien quiso hablar primero, porque sí, les correspondía hablar, y mucho.

-Tú eras el que me hablaba desde el otro lado de la oscuridad.- Y esta vez no era una pregunta.

Kyle quedó callado, sabía que debían aclarar las cosas de una vez por todas, y el pelinegro no parecía querer esperar en una respuesta. Ahora debía decirle todo.

-Sí, fui yo.-

Y el azabache se sintió extrañamente feliz, pero supo cómo ocultarlo, y quiso continuar indagando.

-¿Por qué lo hiciste?- Empezó, queriendo saber la verdad. - ¿Cómo supiste que yo podría escucharte?- Kyle no tardó en contestar, seguro de sí mismo y de sus palabras.

-No lo sabía.- Admitió. -Pero yo de todas formas tenía esa necesidad de querer hablarte. Yo…sentí algo en ti desde la primera vez que te vi, y aún hoy en día me sigo cuestionando qué es lo que está mal conmigo.-

Craig se sorprendió por las palabras de su compañero, aquello parecía algo muy similar a una confesión, y él también debía sincerarse.

-Sabes Kyle, cuando me encontré por primera vez en aquel abismo estaba asustado.-Dijo, y el menor se sorprendió, sin creer capaz a Craig de decir eso. El silencio le permitió seguir. -Yo empecé a escuchar la voz de Tweek y empecé a perseguirla sin dudar un segundo, precisamente porque no quería dejar a mi mejor amigo solo, sabía que él me necesitaba y yo estaba igual.- Hizo una pequeña pausa y tragó en seco, Kyle sabía que aquí empezaba la historia. -Hubo un momento en que dejé de escucharlo, y me quedé allí, estancado en la nada misma, sin saber cómo continuar. Y de hecho no pensaba hacerlo, es decir, si mi amigo no estaba allí, ¿entonces para qué volver? Estuve decidido a no regresar, pero entonces…entonces te escuché a ti, Kyle.-

Kyle empezó a sentir cómo unas lágrimas traicioneras comenzaban a formarse en sus orbes.

-Yo continué mi camino escuchando tu voz, siguiendo tus palabras, siguiendo tu cariño.- Bajó su mirada hacia Kyle y le sonrió dulcemente. -Yo desperté por ti, Kyle.-

Y una lágrima hubiera bajado por una de sus mejillas de no ser porque Craig pudo alejarla con su pulgar. El menor no hizo más que aferrarse más al pecho del azabache, y éste también lo abrazó con más fuerza.

-No podía dejarte en ese lugar. -Comentó el pelirrojo, cabizbajo. -Necesitaba que volvieras, quería verte despertar, quería estar contigo.-

Craig sonrió. Kyle cerró los ojos, entrando en completa paz y sintiéndose protegido bajo los brazos del pelinegro. Así se quedaron durante un pequeño y corto lapso, tornándose nuevamente un profundo silencio que no les molestaba en absoluto.

El azabache entonces largó un suspiro, mientras se reía suavemente; el bermejo abrió los ojos con delicadeza, sorprendiéndose un poco por aquella tan sofisticada risa, sin comprender todavía.

-Diablos, ¿qué demonios es lo que ha ocurrido hoy?- Dijo Tucker, claramente intrigado por todo lo sucedido.

Kyle lo observó a penas y sonrió, entendiendo en seguida el cuestionamiento del otro.

-Veamos…-Empezó el judío, divertido. -Te despertaste en un hospital y te enteraste que estuviste en coma por dos meses; tu compañero de cuarto se te abalanzó encima; te conectaron cables; te reencontraste con tu mejor amigo y amor prohibido, y te enteraste que éste gustaba de alguien más, que por cierto es muy parecido a ti; tomaste té sin azúcar; hablaste y recordaste toda tu vida; te enojaste estúpidamente por un mensaje inocente; la enfermera te regañó; y…-

-Y ahora me encuentro abrazado a un pelirrojo desconocido.- Finalizó el azabache, con una sonrisa animada. Kyle rió un poco, pero intentó hacer que se corrija.

-No soy desconocido…-Se hizo el ofendido. –Ahora ya no lo soy más.- Craig le acarició delicadamente sus cabellos, haciéndolo sonrojar.

-Tienes razón…-

Ambos mudaron de inmediato, sin saber qué decir, porque en realidad ya habían dicho todo lo que necesitaban; bueno, casi todo.

Kyle, sintiéndose ahora en completa confianza, no logra evitar esbozar una pequeña y tierna sonrisa. Al momento se aferra con fuerza hacia el pecho del azabache, sintiéndose algo nervioso.

-Craig…-Empezó, empezando a ruborizarse; el mencionado lo observó como pudo, casi inútil su esfuerzo por la oscuridad que los rodeaba. Igual siguió escuchando. - ¿Tú… crees que es extraño enamorarse de alguien a quien no conoces realmente?-

El pelinegro se sorprendió por aquellas palabras, y sin notarlo se ruborizó levemente. Una sonrisa se hizo presente, y atrajo nuevamente al pelirrojo más hacia sí.

-No es tan extraño cuando descubres que te enamoraste de una voz lejana.-

Y Kyle no tardó un segundo en comprender a lo que se refería su compañero. Ahora sí, Kyle podía entender todo, podía por fin entender sus sentimientos, sus sentimientos por el azabache. Y el pelinegro se sentía de la misma manera.

Se demostraron una sonrisa relumbrante, y no supieron en qué momento era que se encontraban tan cerca uno del otro. Sus rostros apenas reflejados por una ventana que radiante iluminaba débilmente la habitación y a aquellos que tanto se amaban sin saberlo. No lo dudaron, no debían hacerlo. Allí, en esa misma camilla, se plantaron un beso como ningún otro, un beso que demostraba todos los sentimientos guardados desde hacía un tiempo, un beso que disfrutaron cada segundo que duraba, un beso que habían esperado ansiosos y que ahora llegaba, junto con la unión que cada vez se hacía más fuerte.

Se separaron y no pudieron evitar observarse mutuamente con un amor incalculable, con un amor que les correspondía solamente a ellos.

No se dicen nada más, no hay más que decir. Siguieron abrazándose de manera recíproca, y ambos cerraron los ojos, sonriendo.

Una vez más, probablemente la última en esa noche, un silencio se hizo presente.

Craig empezó a adormecerse, cómodo y alegre por la sensación de tener a Kyle a su lado; éste último, sin embargo, no alcanzó a tener aquella fortuna.

El bermejo empezó a sentir otra vez el dolor en su pecho, cada vez más agudo, más doloroso. Su cuerpo temblaba ligeramente, y comenzó a respirar forzosamente por la boca. Intentó mantener la calma; no quería causarle algún malestar a Craig, no quería despertarlo y que lo viera de esa manera.

Cerró con fuerza sus ojos, como hacía siempre que le ocurría eso, pero esta vez era diferente, esta vez era un sufrimiento aún peor del que acostumbraba, y él ya se iba imaginando por qué ocurría aquello.

Hoy no, te lo ruego, hoy no. Se dijo interiormente, haciendo un esfuerzo inhumano por calmarse. Sólo esta noche, por favor, permíteme quedarme esta noche. Y como si sus plegarias hubieran sido escuchadas, logró estabilizarse. Realmente lo había conseguido, pero eso no lo hizo sentirse feliz, porque aunque sonrió de alivio, sabía que no volvería a tener la misma suerte.

Cerró nuevamente sus orbes esmeraldas, ya más tranquilo, y lo único en lo que pensó fue en querer dormir y pasar esa noche con Craig.

Esta sería la última vez que Kyle Broflovsky conseguía salvarse de la muerte.


¿Alguien más vomitó arcoiris por la escena del Cryle? ¿No? Bueno :c (?)

Bien, con esto concluye el capítulo 7. ¡Ya sólo falta un capítulo! Estoy, no sé, emocionada c:

Ahora sí, no les prometo cuándo actualizaré, pero lo haré, en algún momento lo haré. Veo si puedo continuarlo esta semana.

Nos vemos buena gente~

PD: No me maten por el final del capítulo D: