IX

Por necesidad

Pobre Hermione. No tenía ni la menor idea de lo que pasaba en el cuarto contiguo. Y pensar que de verdad creía en un cambio en Draco Malfoy, en alguien que había aparentado tener un corazón de hielo durante todo este tiempo y que, en el fondo, no era más que la costumbre inculcada en él por la sangre. Sólo podía escuchar unos gemidos velados y suspuso que Draco estaba viendo una de las tantas películas eróticas que contemplaba por la televisión. Bueno, estaba en todo su derecho. Pero ignoraba completamente queb, en esta ocasión, Draco estaba participando en una escena erótica con una mujer.

Hermione se encogió de hombros y siguió con su trabajo, revisando los papeles, una y otra vez del caso Malfoy y, encontró detalles nimos que eran como unas pequeñas piedras que separaban unos bloques gigantes, lo cual dañaba la coherencia del juicio de Draco. Las declaraciones de los testigos que aparentemente presenciaron los asesinatos que había perpetrado Draco eran inconsistentes y llenas de lagunas que fueron ocultadas mediante encantamientos y otras maniobras literarias. Por ejemplo, en un pasaje del informe definitivo acerca de la tortura a Neville Longbottom, salían las descripciones de los responsables: uno de ellos lo identificaron como un rubio de estatura media y que vestía ropas finas. Se fijó en la estatura de aquel tipo que, según lo que suponía, pensaron que era Draco. Según la descripción dada por los testigos era de aproximadamente 1,67m. Después, pasó a la hoja donde estaban todos los parámetros físicos de Draco y vio que medía 1,79m. ¿Cómo podía haber tanta diferencia en medidas? ¿Cómo alguien puede aseverar que Draco mide 1,67m si él era más alto que ella, y ella medía 1,73m? O tenía muy mal ojo o alguien alteró el testimonio para hacer creer que Draco Malfoy había participado en la tortura de Neville Longbottom. Revisó la hoja de testigos presenciales y localizó a un tal Stanley Hughes, uno de los que había visto a los Mortífagos torturar a Neville. Guardó los papeles en su cajón y lo cerró para que nadie lo pudiera ver o alterar.

Sin querer pasó por el lado de la habitación de Draco y no pudo evitar saber qué estaba viendo. Al entender que la puerta estaba cerrada con llave, lanzó un hechizo no verbal y la puerta se abrio sin chirridos. Para horror de Hermione, los gemidos no provenían de ninguna televisión, sino que de la cama, donde un rubio y una rubia estaban en pleno acto sexual. Hermione comprendió, totalmente aterrada, que la mujer con quien estaba Draco, era su madre. Ella, como si hubiera visto a un mostruo terrorífico, cerró la puerta con cuidado y bajó las escaleras, con las lágrimas a flor de piel. ¿Cómo era posible que Draco hiciera algo tan horrible y tan torcido como aplacar sus deseos sexuales con su madre? Se olvidó completamente de su propósito y se sentó sobre la sala de estar, llorando en silencio, en medio del vacío humano que se podía sentir allí. Sabía que él sentía una necesidad inmensa de amor y de cariño, a pesar de ser tan frío como un iceberg pero, no tenía ni la menor idea de lo desesperado que estaba. Bueno, ahora lo sabía. Y quería ayudarlo, ahora que tenía un indicio claro que Draco no pudo estar involucrado en los asesinatos y que la única persona que había matado era a Ron, y por despecho, por creer que ella lo quería de verdad.

Dejó de llorar. Unos pasos se escucharon en las escaleras. Pronto, los zapatos lustrosos de Draco Malfoy pisaban los escalones con aparente tranquilidad. Luego, el cuerpo entero de quien era dueño de la casa descendía al primer piso, con un rostro inexpresivo. Hermione se incorporó y se acercó a él pero, en cuanto estuvo a tiro, Draco le pegó un feroz puñetazo a la castaña. Ella cayó al suelo, botando sangre y lágrimas.

—Te advertí que no entraras a mi cuarto —rugió Draco, dando una patada en el vientre a Hermione, quien gimió con fuerza y botó sangre por la boca—. Te lo advertí, y no me hiciste caso.

La castaña estaba encogida sobre el suelo, tratando de protegerse de cualquier ataque pero éste no llegó. Draco la jaló por el pelo y la miró a los ojos, sin el calor que había desprendido sólo hace un rato atrás. Hermione no podía entender que Draco, aquel joven que había mostrado un evidente deseo de cambiar, se había vuelto peor que antes… y todo por verlo teniendo sexo con su madre.

—Tú no viste nada —dijo—. No sabes nada acerca de lo que viste en mi habitación. ¿Entendido?

Hermione, a pesar que estaba muy herida, no vaciló en negar con la cabeza. Draco azotó su cabeza contra el suelo.

—¿ENTENDIDO? —vociferó esta vez.

Hermione, malherida y semiconsciente, siguió firme en su negativa. A Draco no le quedaba más alternativa. Sacó su varita y apuntó con ella a la castaña. No quería que nadie lo acusara de incesto. Sin embargo, Hermione le devolvía la mirada con vaguedad pero con una fuerza que no se esperaba que mostrara, después del vendaval de golpes que había recibido. Tan fuerte pero a la vez tan frágil, tan inocente, que dudó de su objetivo. Tal vez, las palomas eran más bellas cuando volaban libres por el cielo. Después, se preguntó cómo había llegado a este extremo. ¿Por qué la había golpeado? Uno de los peores crímenes de la humanidad era golpear a una mujer y… él casi hacía más que eso. Respiró agitadamente y bajó lentamente la varita, sintiendo ganas de llorar. Se inclinó sobre ella y la recogió del suelo, levantándola y llevándola a su habitación.

La recostó sobre la cama y, con un pañuelo, le limpió la sangre y, con la varita, examinó el interior de su cuerpo, buscando alguna lesión interna que lamentar pero, no encontró nada. Respirando hondo a causa del alivio, Draco guardó su varita y acarició a Hermione en la frente. Ella sintió el acto de bondad de Draco. Sabía que él era un hombre sensible y, lo había demostrado en algunas ocasiones, como los maderos restantes de un barco hundido. Draco sintió por enésima vez que esos ojos miel lo traspasaban, haciéndolo sentirse culpable de todo lo malo que le había pasado a ella. Si tan sólo hubiera alguna manera de curar todos aquellos males que lo aquejaban…

Draco, impulsado por los sentimientos más profundos de su corazón, acercó su boca a la de ella. No importaba si era por amor o por pura compasión o necesidad pero, cuando sus labios estuvieron a una distancia crítica, ya no se pudo echar atrás. Hermione sintió por primera vez en su vida, los labios de un Slytherin en su boca. La pasión del rubio era algo que nunca había sentido la castaña y… le gustaba. Quizá tantos años de sequía pasional lo convirtieron en un desesperado amante. Draco no prolongó más su beso, pensando no, sintiendo que no debía darle demasiadas ilusiones de cambio a ella. "Los cambios se forjan a fuego lento" decía una canción que escuchaba Draco en la radio mágica. Hermione comprendió las intenciones de quien se estaba desdibujando como su enemigo.

—¿Por qué? —preguntó ella con voz débil.

Draco tardó en entender la pregunta.

—Es sólo por necesidad —respondió.

Hermione se dio cuenta que la respuesta de Draco había sido ensayada meticulosamente.

—Draco. No debes dejar que tu madre te controle. Debes seguir tu propia conciencia, tu propia voluntad.

—No puedo…

—¿Por qué?

—No puedo decirlo… —Y Draco se puso a llorar.

Hermione se dio cuenta, en ese momento, que entre el rubio y su madre había algo más que "necesidad sexual" dando vueltas. Pero no alcanzaba a entender qué era. Por el momento, sólo rodeó el hombro del rubio con uno de sus brazos y consolar su dolor. Tal vez Draco era una buena persona después de todo pero alguien se empecinaba en hacer creer lo contrario. Y esa persona era su madre pero, todavía no se sentía con valor para encarar a Narcissa. Era una mujer de armas tomar.

Todavía sintiendo un dolor descomunal en el estómago, se levantó y llevó a Draco a su habitación, quien todavía lloraba. Su madre ya no estaba allí. Lo sentó sobre la cama y le dio un cariñoso beso en la mejilla antes de dejarlo solo y cerrar la puerta. Hermione volvió a su habitación y revisó por última vez una cosa que había olvidado antes de echarle una visita a ese tal Stanley Hughes. Después que Draco fuera detenido por Harry, unos magos del Ministerio, por rutina, se le hacían varias pruebas para comprobar que él había sido el asesino pero, en la tonelada de pruebas que se le hicieron, no se muestra en ninguna parte, la esencial prueba del Priori Incantatem, que revelaba si había hecho maleficios imperdonables en el pasado. Esto constituía una violación a la Ley Mágica de Investigaciones de Crímenes y los aurores que examinaron la varita de Draco lo sabían. Además, era una falta demasiado obvia para que pudiera pasar desapercibida entre los informes, lo que inducía a pensar que alguien obvió deliberadamente la evidencia y escondió o destruyó el formulario de la prueba del Priori Incantatem. Ahora, tenía que verificar si existían incongruencias de ese tipo en los demás informes. Pero, era demasiado tarde para visitar al testigo y decidió cenar y dormir para ir, a primera hora, al domicilio de Stanley Hughes y aclarar parte del misterio.

-------O-------

Eran las once de la mañana del día siguiente. Sólo quedaban unos pocos días para que pasara el primer mes en la mansión de los Malfoy y recibiera su sueldo. Hermione parecía haberse olvidado del altercado de ayer a causa de la entrevista que había tenido con el testigo presencial. Además, para respaldar la historia, grabó toda la conversación. La declaración de Hughes contradecía varias cosas acerca de la versión en papel de ésta misma. Por ejemplo, decía que no había ningún rubio en la escena de la tortura, sino que tenía el pelo castaño oscuro. Aquella pequeña alteración en el testimonio desbarataba la teoría que Draco Malfoy estuvo involucrado en el ataque a Neville. Y había más: Hughes contaba que estaba hablando por teléfono con un amigo y él le había dicho que se encontraba con un tal Malfoy compartiendo algunas copas de vino de elfo. Esto no aparecía en la declaración de los informes. Había sido omitido, deliberadamente, por alguien.

Hermione terminó de escribir el reporte que le mandaba al señor Wilson cada tres días y decidió que, para evitar un nuevo viaje, le pidió prestada la lechuza a Draco, quien no puso reparos de ningún tipo. Ató el informe a la pata de la lechuza y contempló como se perdía con el cielo cubierto y triste. Hermione, después de mirar por unos minutos por la ventana, bajó para tomar un desayuno, pues partió temprano a la casa de Hughes para recoger su versión de los hechos. Esta vez, se lo preparó ella misma, dejando a Corky libre para que hiciera lo que quisiese. Luego de unos minutos, bajó Draco Malfoy, algo más aliviado a causa de lo de ayer.

—¿Dormiste bien? —preguntó Hermione, sonriente. Aquel gesto puso muy triste y culpable a Draco.

—Sí. Pero, estoy tan arrepentido de haberte golpeado de esa manera. No puedo creer que me dirijas una sonrisa después de eso.

—Olvídalo, ¿quieres?

Draco siguió bajando y ordenó a Corky que le hiciera un desayuno. Hermione lo invitó a que se sentara junto a ella para dialogar un poco. Él, dudando un poco, temiendo que ella lo recriminara por algo, se sentó junto a Hermione y miró hacia otro lado, evitando los ojos miel de ella.

—Draco. No te sientas culpable.

—Pero…

—Vamos. Dame una sonrisa. —Ella le sonrió. Draco, que no estaba acostumbrado a las sonrisas que no fueran sarcásticas o mordaces, hizo un grotesco rictus con los labios. Se sintió avergonzado pero ella lanzó una risa dulce, que no hizo más que avergonzar más a Draco.

—No tienes que hacer ningún esfuerzo para reír —le dijo Hermione, acercando un poco su cara a la de él—. Sólo sonrie. No pienses en nada más. Siente que hay algo bueno en todo esto.

Draco pensó en algo bueno que le hubiera pasado. De repente, sonrió pronunciadamente. Hermione estaba perpleja.

—Nunca te había visto sonreír de esa manera —observó ella, también sonriendo—. ¿En qué pensaste?

Draco se puso rojo.

—En ti.

Hermione también se puso roja. Ambos se rieron, como en respuesta a su nerviosismo. Fue el rubio quien se atrevió a hablar ante tanta vergüenza.

—Me gustas mucho, Hermione.

Ella se llevó las manos a la cara. No se esperaba una daclaración como aquella, ni menos de alguien que había gastado más de media década en odiarla con todas sus fuerzas. No sabía qué decir, que pensar ni cómo actuar. Se quedó sentada, con las manos sobre la cara, como una estatua. Draco esperaba, nervioso, que ella dijera algo, algo que le dijera si estaba bien o estaba mal lo que había dicho porque, en términos de relaciones sentimentales, todavía era un niño.

—Draco… me has tomado por sorpresa —dijo ella, recuperando el habla antes de lo que pensaba—. No me esperaba eso de ti, ni mucho menos ahora. Creo que es muy temprano todavía y, estaba pensando que podíamos empezar siendo amigos, limar todas nuestras asperezas primero y luego, dejar que todo suceda como tenga que suceder.

—Pero es lo que siento. —Hermione pudo percibir en su mirada que estaba siendo sincero—. No me interesa si es muy temprano todavía para entablar una relación. Yo sólo quería que lo supieras. —Draco sintió que las palabras siguientes eran demasiado grandes para su garganta—. Yo… te quiero mucho, Hermione.

Ella sintió que su corazón se aceleraba al escuchar aquellas palabras de su peor enemigo. ¿Era posible el amor entre dos personas que se habían odiado por tanto tiempo? Ahora estaba encontrando un indicio que aquello podía ser verdad.

—Tenemos que ser amigos antes —dijo Hermione con voz queda.

—No me importa. —Draco hizo algo que antes era un sacrilegio para él. La abrazó fuertemente, poniendo su cabeza en el hombro de la castaña—. Haré lo que sea necesario para llegar a tu corazón, lo que sea, aunque tenga que salvarte de la muerte.

Hermione se conmovió con aquellas palabras y dejó que él se apretara contra ella todo lo que él quisiera. Cuando Draco decidió separarse de ella, ellos se sentían unidos por un incipiente lazo de amistad. Lo que hizo con su madre era por necesidad. Esto, era por un sueño, por algo que se le había negado por tanto tiempo y que ahora, tenía la oportunidad de tener. Y, con respecto al plan que tenía para drogarla, se olvidó completamente de él, pensando que la única manera de llegar a su corazón, era conociéndola y aprendiendo acerca de ella. Draco le tomó la cabeza y le habló con delicadeza.

—Te prometo que sacaré todas mis fuerzas para deshacerme de mi madre. Ya bastante tiempo me ha envenenado. —Después, ellos volvieron a sus desayunos, ya bastante desahogados de sus sentimientos. Hablaron toda la mañana, conociéndose y riéndose de las ocurrencias del pasado, cuando se peleaban como unos auténticos niños. Las risas de los dos se podían escuchar hasta el tercer piso, donde estaba sentada Narcissa, con el rostro contraído por la ira y la bronca de saber que ya no podía aplacar la ausencia de su marido con su hijo. Era momento de tomar acciones drásticas…

-------O-------

Era la tarde y Hermione recorría su camino al banco Gringotts para retirar parte de su sueldo. El objetivo era, con ese dinero, comenzar los trámites para comprar una nueva casa, después que la que tuviera fuera rematada durante su ausencia en Azkaban. El dinero retirado pertenecía a la primera cuota de su nueva casa, ubicada cerca del centro de Londres, cerca de su lugar de trabajo. Cuando estaba delante del ejecutivo de ventas, éste hizo una observación que inquietó a una tranquila Hermione.

—¿Usted no es Hermione Granger? —preguntó el ejecutivo mientras ella firmaba el contrato—. ¿La famosa abogada que defendió a Draco Malfoy?

—Sí, soy yo —respondió ella.

—Bueno, me temo que tendré que cancelar el contrato, señorita Granger —dijo el hombre con voz cortante. Hermione no podía entender el extraño comportamiento del ejecutivo.

—¿Por qué?

—¿Acaso no lee las noticias, señorita Granger?

Después de salir del edificio de viviendas mágicas, Hermione estaba irritada. ¿Cómo pudo ser tan grosero aquel hombre? Bueno, la respuesta estaba a su alrededor. Todas las personas murmuraban y la señalaban como si fuera una amenaza a la sociedad. ¿Será por el hecho de defender a Draco Malfoy? Bueno, era comprensible, después que toda la comunidad mágica lo considerara un asesino. Sin darle mayor importancia a los sucesos que estaban sucediendo, Hermione se dirigió de vuelta al banco para depositar de vuelta si dinero. Después que demostrara con hechos verídicos que Draco no había sido ningún asesino sino que trataron de hacerlo ver como uno, la gente cambiaría de opinión.

Salió del banco con ojos mirándola por todas partes. Esquivando comentarios groseros y manos que la señalaban, Hermione comprendió perfectamente la actitud de Harry cuando todos creían que estaba loco e hizo caso omiso de todas aquellas personas prejuiciosas. Siguió andando hasta llegar a la oficina del señor Wilson, quien la esperaba ansiosamente.

—Buenos días, señorita Granger —la saludó cordialmente—. Tengo que alabar su brillante trabajo con los informes y la imparcialidad con que elabora sus conclusiones. Pero, mi punto no es ese, sino que me llegó una carta del Ministro, diciéndome que la despida en este preciso momento.

—¿Por qué?

—Dice que usted es la peor funcionaria del Ministerio de la Magia y que sus actos ameritan su remoción inmediata. —El señor Wilson estaba muy apesadumbrado, lo que le dijo a Hermione que estaba en profundo desacuerdo con el Ministro—. Me indigné cuando me dijo los motivos por el cual debía ser destituída de su cargo y le dije que era una de las abogadas más brillantes que había tenido alguna vez la Oficina de Servicios a los Enjuiciados.

—¿Y cuales son los motivos?

El señor Wilson le alcanzó un ejemplar del diario El Profeta y vio, en primera plana "Escándalo en el Ministerio" y más abajo decía: "algunos testigos confiables, aseguraron que vieron a la reputada abogada Hermione Granger en un hotel del centro de Londres con la conocida modelo de lencería, Ginevra Weasley, teniendo sexo entre ellas. Este hecho ha sido el más escandaloso en la década y se ve claramente la falta de profesionalidad de ambas mujeres. Más detalles acerca del hecho en la página 23".

Hermione se llevó las manos a la cara, sintiendo que estaba dentro de una pesadilla…