chio77jvqr: espero que si tegas tiepo para continuar hielo y que tal en donde anna se la sexy madrastra de elsa y que esta este enamorada de ella mientras que anna tine culpa por que le atrae demaciado la nueva esposa de su padre

Un poquito de intro: El padre de Elsa se hace cargo de ella a los 16 años ya que su madre los abandonó al poco de nacer la pequeña, él conoció a Anna a los 22, la pelirroja tenía 18 y se casaron cinco años después.


Soy Elsa Arendelle y tengo diecinueve años.

Tengo el cabello rubio platino después de horas debatiendo el color de mi cabello con mis entrañables amigos, llegamos a esa conclusión, mi piel es blanca como la nieve y mis ojos azul oscuro, Kristoff uno de mis amigos entrañables a veces los describía como azul hielo.

Soy bastante introvertida, me cuesta hacer amigos y los pocos que tengo, los hice gracias a un trabajo en grupo del instituto, de eso hacía ya cinco años.

Y ah, tengo pene.

Soy lo que los médicos llaman hermafrodita, tengo partes de mujer y de hombre, algo muy poco común y raro, por eso mi madre nos dejó a mi padre y a mí solos.

Pero ese no es el principal problema, oh no, está muy lejos de ello.

Estoy enamorada de mi madrastra, desde que tenía quince años.

Su nombre es Anna, tiene el cabello cobrizo y siempre lo lleva en dos hermosas trenzas, perfectamente peinadas. Su rostro lleno de pecas la hacían adorable, y esos ojos azul cielo que me cautivaron desde el primer día. Era un poco más baja que yo.

Se casaron hará cinco años.

Cuando me enteré de que se iban a casar, mi sangre hirvió y comencé a ver a mi padre con otros ojos, era el que me estaba arrebatando mi juguete favorito y durante un tiempo lo odié, me pasaba todo el tiempo en mi habitación o en la calle con los amigos y evitaba estar en casa más de lo debido.

Comencé a frecuentar bares y pubs, e incluso discotecas. No era algo regular pero sí lo hacía cuando quería despejar mi mente. Hacía años que había dejado de ser virgen, por supuesto. Tanto frecuentar esos lugares llenos de mujeres dispuestas a tener una noche loca si las invitas a varias copas, al final acabas cayendo.

Siempre son pelirrojas.

Pero hoy tenía que terminar con esta locura, iba a hablar con mi madrastra y le iba a dejar en claro lo que sentía, lo más seguro es que sería rechazada, pero mi corazón albergaba una chispa de esperanza. Podían pasar dos cosas: o me liaba con ella o terminaría odiándome, cualquiera de las dos opciones me asustaban. Estaba en mi coche, pero no era momento de acobardarse y decidí entrar en casa.


Cualquiera diría por mi aspecto "tú tienes veinte años", en realidad tengo treinta y siete. ¿Serán mis pecas, o mi peinado? No me molestaba en absoluto que hablaran de mí, estaba casada y tenía una hijastra. La primera vez que la vi me pareció...

Adorable.

Ella estaba jugando con su consola, de espaldas hacia nosotros y no se dio cuenta de que tenía compañía hasta que su padre la llamó por su nombre. Cuando se giró fue la niña más tierna que había visto hasta ahora. Esos ojos grandes y azules, mirando a su padre y luego a mí con curiosidad.

- ¿Vas a ser mi mamá?

Estallé en risa, pero silenciosa. El rostro de mi antes novio, ahora marido palideció y comenzó a sudar, juraría que iba a desmayarse.

El sonido de la puerta me sacó de ese recuerdo hermoso.

-¡Estoy en casa!

Esbocé una sonrisa, vino a la cocina y me dio un abrazo, un beso en la mejilla y una cálida sonrisa. El ritual de cada día. Miré el reloj y me sorprendí, a estas horas debería de estar en clase. Como me entere yo de que se salta clases...

-El profesor Weselton se ha puesto malo y han cancelado su clase.

-¿...tan fácil soy de leer?

-Como un libro abierto.

Me golpeé mentalmente, aunque no era culpa mía ser así, me venía de familia y no podía evitarlo. Ahora que me fijaba, había cambiado mucho de la noche a la mañana, se había quitado sus gafas redondas horteras por unas de pasta, había cambiado por completo su vestimenta y carácter. Antes era distante y solitaria, nos llegó a preocupar bastante durante un tiempo y, de repente ¡bam!, cambio completo. Ni su padre ni yo supimos qué la hizo cambiar, pero nos alegramos por ella.

Y se había vuelto muy hermosa, con esos pechos bien formados y esas curvas... no podía evitar mirarlos de refilón.

-¿Necesitas ayuda en algo?

Me preguntó con voz dulce mientras yo salía de mi estupor, negué con la cabeza, ella sonrió de nuevo y se fue a cambiar mientras yo pensaba: ¿qué diablos miras, Anna? Miré cómo subía las escaleras y me fijé en su trasero, por qué, a saber. Pero juraría que vi una sonrisa en su cara, o igual eran paranoias mías, o la falta de sexo.

Sería eso.

Desde hacía dos meses que mi marido y yo no teníamos contacto íntimo. ¿Su excusa? Estoy cansado, tengo mucho trabajo, en la oficina me presionan... y un sinfín de excusas más. Elsa sabía que algo pasaba entre su padre y yo pero no decía nada, una vez le pregunté cómo lo supo, y dijo que me escuchó llorar una noche, entonces le conté mis sospechas, lo curioso es que ella no se sorprendió, cómo si se lo esperara, y me abrazó. Lloré más de lo que debía aquella noche pero ella nunca preguntaba, estaba ahí para mí como yo para ella en su momento.

-¿Por qué no le dices nada, mamá?

Me dijo una vez ella, la verdad es que jamás la había obligado a llamarme mamá, pero ella lo quiso así y a mí me gustaba.

-Tengo mucho que perder. –Le dije simplemente. Ninguna de las dos volvió a tocar el tema desde aquél día.


Estoy completamente segura de que me había mirado el culo, eso alimentó mi ego. Era hora de provocar que el volcán entrar en erupción pero primero, había que tantear el terreno. Me despojé de toda la ropa y me di una ducha de agua fría dado que era verano y hacía muchísima calor, salí de la ducha y me sequé con una toalla, fui a mi armario y saqué unos pantalones que me llegaban por la rodilla, anchos y un jersey de tirantes azul, no me puse sujetador. Busqué entre el armario de zapatos unas deportivas estilo básquet, porque sin ellas no me sentía yo misma pero más informales y más callejeras.

Bajé a la cocina dónde sabía que todavía estaba ella y mi sonrisa se ensanchó más de lo debido, estaba lavando los platos tarareando una canción pegadiza, mis instintos fueron más fuertes que yo y la abracé, espachurrándola y dejándola sin aire, es que se veía tan adorable cuando estaba feliz...

-¡Elsa, ¿vas al gimnasio o qué?! Casi me rompes los huesos... ¿Qué bicho te picó?

-No sé, quería abrazarte... –pero en realidad pensaba: por favor pequeña Elsa, no te levantes, ¡no te levantes!

Milagrosamente, dominé a mis instintos y no pasó nada, hasta que ella se movió, rozando mis partes bajas con su espalda, al parecer ella también se dio cuenta y me miró sorprendida, y sonrojada. Ya no había marcha atrás. Nos miramos a los ojos y vi cómo se mordía el labio inferior, su rostro sonrojado y sus ojos se cerraron instintivamente.

- E... Elsa...


Oh Dios mío, no podía aguantar su mirada y cerré los ojos mas no me asusté con lo que vi. ¿Por qué la deseo de esta forma? No nos une el vínculo de sangre pero aun así está mal, ¡estoy casada con su padre! Y aun así, aquí me hallo, entre sus brazos, sintiendo su cuerpo apretarse contra el mío, reaccionando positivamente a las caricias. Sé que ha estado con bastantes mujeres pero ninguna seria. Y eso me aliviaba. La quería para mí y ya no había nada más que decir, al menos por un día.

Ella me besó, abrí los ojos y me encontré con los suyos, mi boca se abrió instintivamente y nuestras lenguas danzaron indefinidamente.

Su boca sabía a gloria, y el gemido que ambas hicimos todavía más, sus manos se adentraron bajo mi camiseta y acariciaban mi espalda lentamente, las mías se movieron hacia el interior de la suya e hice lo mismo, descubrí que no llevaba sujetador y en mi mente estaba pegando saltitos, eso me facilitaría las cosas. Pero no podíamos hacerlo en la cocina, no era el sitio adecuado mas no pude llegar a la puerta, que ella ya me tiró al sofá y devoró mi boca entera. Mi padre la había tenido durante todos estos años y la había dejado de lado, e iba a aprovecharme de eso, aunque yo sintiera algo más por ella de lo que debería.

Esto podía joder la buena relación que tanto nos había costado formar y me dolería que fuera pasajero.

Sus manos en mis pechos me hicieron romper el beso y mi pelvis se subió contra ella, haciendo más contacto, el cual me lo dio con gusto.

¿Por cuánto tiempo se había sentido atraída hacia mí? Se notaba que me deseaba más que nada en el mundo y yo iba a aprovecharme de eso, me sentía culpable pero ahora no podía terminar esta locura, me aseguraría de que fuera la última vez que esto pasaba y, por mucho que me doliera romperle el corazón, había que hacerlo. Aunque de momento iba a disfrutar todo lo que pudiera.

Extrañaba un cuerpo caliente a mi lado.

Mi camisa estaba tirada por el suelo ya, la suya la acompañó y me devoró los pechos, odiaba reconocerlo pero lo hacía de puta madre. Su boca parecía entrenada para dar el máximo placer en los pechos, al igual que sus manos, todo mi ser se estremecía de placer, nuestras intimidades nunca separándose.

-Anna, comienza a doler, por favor... –La creí, se le notaba en la voz.

Tampoco se merecía sufrir de esa forma. Bajé sus pantalones y su miembro saltó enseguida, un gemido de alivio salió de su garganta. Lo cogí con mi mano derecha y comencé a moverla arriba y abajo, ni siquiera la miré, no me hizo falta saber que había heredado el miembro de su padre. Quería acabar con esto rápido, así que sin preámbulos me senté sobre él y me lo metí entero.


Oh dios, esto es mejor de lo que esperaba, al parecer no necesitaba ajustarse ya que comenzó a moverse, arriba y abajo, estaba paralizada hasta que reaccioné, y comencé a marcar el ritmo. Dios estaba follándome a mi madrastra, de la cual llevo enamorada desde los quince, aunque luego me rechazara, guardaría este momento en mi memoria y en lo más profundo de mi corazón.

Me incorporé y ella ahora estaba medio tumbada en el sofá, buscando un ángulo de más penetración, y funcionó, porque sus gemidos aumentaron de volumen y, con ello, mis movimientos. Mis manos me ayudaban a moverme y a buscar más fricción, al parecer ella iba a durar más de lo que había previsto, pero me sentía tan bien con ella ahora mismo que todo lo demás me daba igual. No estaba del todo dentro así que empujé un poco más, topándome con aquella barrera y haciendo que ella se retorciera, había tocado por fin aquél punto que toda mujer tiene.

En todo el rato, no había escuchado mi nombre en ningún momento, me sentí desilusionada pero ella estaba ahí por falta de sexo y seguramente deseaba terminar rápido y olvidar todo esto, así que la complací, estalló en un orgasmo increíble para mí y para ella, o eso creía, porque tenía los ojos cerrados y había arañado el sofá pero yo no había terminado todavía, cuando ella me miró a los ojos, sabía lo que no quería, de modo que salí de ella con un gruñido, su mano cogió mi pene y se movió, finalmente, me corrí encima de ella y me sentí en la gloria, yo sí grité su nombre, fue algo que no pude evitar.

Caí encima de ella, cansada, disfrutando del calor humano, de su calor en concreto.

¿Y ahora qué? No quiero moverme, mejor dicho, no puedo moverme, por mucho que me engañara, mi cuerpo había disfrutado del sexo y yo también, pero esta no era la relación que yo deseaba con ella, y tenía miedo de que todo cambiara entre nosotras.


- Lo siento. -Su voz cansada, casi llorosa, me dijo al oído.

Ella se sentía tan culpable como yo.

-Oh, Elsa... ven aquí.

Su cuerpo comenzó a convulsionarse y su llanto no se hizo de esperar, fue silencioso igual que el mío, le dije que no se culpara, porque parte de la culpa era mía también, me confesó que llevaba desde los quince años enamorada de mí, fue cuando hizo el cambio radical, ahora entendía sus motivos.

Quería que me fijara en ella.

Me separé de ella y le acaricié el rostro, ella todavía tenía los ojos cerrados y seguía llorando. La obligué a que me mirara y mi corazón se partió en dos, pero era necesario, le dije que esto no debía repetirse, ella asintió, sugerí que nos ducháramos y nos calmáramos, ya tendríamos tiempo después para aclarar todo en otro momento.


Lo sabía, ella no me correspondería jamás, pero yo no sentía culpa, había disfrutado de ese momento y lo atesoraría indefinidamente. Era la hora de la cena ya y no quería bajar al comedor y ver su cara de culpa o su rostro lloroso, mi padre preguntando si pasaba algo y nosotras mintiéndole, no quería eso. Llegó la noche y todo estaba en silencio, el ordenador de mi padre estaba encendido y supe que ella estaba sola, de nuevo.

No me importaba lo que mi padre podría pensar, salí de mi cuarto y me fui al suyo, estaba llorando de nuevo en silencio, pero no por mí. Esta vez no.

- Mamá, no llores. No se lo merece.

Al parecer, la sobresalté, me acerqué lentamente a ella y, sorprendentemente, fue ella quién me abrazó y yo la correspondí, sabiendo que mi padre no llegaría en toda la noche me tumbé a su lado y la consolé durante el resto de la velada.

-Te quiero mucho, Elsa. Mucho. ¿Lo sabes no?

- Lo sé, si alguna vez decides irte, yo me iré contigo como tu hija, mi padre no te merece. Esto se me pasará con el tiempo.

- Vale, pero si dejas embarazada a alguna chica, te las verás con mi ira infinita.

Solté una carcajada, si ella se iba de casa y yo la seguía, serían unos años muy largos...


Intenté que saliera algo menos sentimental, pero salió... esto. Si os gustó, DPM, si no, lo siento. Las palabras salieron solas xD

Es que no puedo hacer que se sienta culpable y a la vez le guste, es algo muy raro y no cuadra, es como "ahhh no quiero pero me gusta pero esto no está bien y bla bla bla..." si te sientes culpable no te puede gustar, exceptuando cuando estés borracho, que entonces da igual, la culpa la tendrás después xD

PD: Ando trabajando en el siguiente :D