CAPITULO 9- sesshomaru-sama.
Nyoko sonrió feliz mirando su nuevo postre para su familia.
Hacia dos años que llego al pasando. Desde el momento que se volvió independiente de ella misma y usando su inteligencia y donde creo una nueva familia.
Ahora tenia 11 años y segun Umi, debería ver algún chico viajero que quiera casarse. Sin embargo ella lo negaba.
No se casaría, era joven de su tiempo. Si tiempo, ya que ella llego hace 500 años al pasado cuando supo que shogun gobernada japon y ella llego de la nada.
Al principio se asustó creyendo que había caído en algún lado, pero luego supo que cayo al pasado cuando vio samurái y caravanas de telas y mercancías. Eso no era normal en el Japón moderno y se dio cuenta que no volvería a ver a su familia, jamás.
Cuando creo su hogar y su negocio, lo hizo para jamás olvidar el sabor de casa y gracias a eso ahora tenía una numerosa familia. Sin embargo siempre iba al templo donde cayó y donde apareció, rogando y orando para que la guie a casa, sin embargo no volvía pero era saludada por sueños donde veía a su abuelo y como su familia crecía. Como su madre era hermosa con su pelo corto y amaba a sus hijos, como su hermanito Sota no la recordaba pero era juguetón y su hermana mayor Kagome quien se volvía una chica hermosa y tuvo a sus amigas. Veía a su abuelo siempre limpiando el templo y contando historias a sus nietos y sobre todo, siempre la tenía en mente.
Pese a no volver se integró bien en el tiempo y tuvo su trabajo como sacerdotisa. Su primer trabajo era el exterminio de ciertos demonios y donde lloro por la muerte de ellos, era una miko pero jamás entrenada para matar. Por lo que ese primer encuentro se llevó sus restantes lágrimas y temores y tuvo que crecer.
Ahora era joven y hermosa para todos. Un amable viejo monje la había enseñado cuando estaba llegando al final de sus días y la entreno en una aldea cercana durante todo el invierno y parte de la primavera y otras estaciones hacia un año, cuando decidió que era suficiente y partió de ese mundo.
Era un viejo amable quien apenas veía mal a Kazuma, el hanyu lobo que vivía con ellos, y le entreno duramente. Le recordaba a su abuelito.
Ahora era una miko que seguía entrenándose y quien muchos viajeros pedían su mano en matrimonio.
Incluso volvió ese monje de ojos violetas y pervertido a pedir su mano luego que la nevada pasase y nuevamente fue expulsado por Kazuma y Taiga, un niño de 7 años que la adoraba.
Sin embargo el hombre era raro en sí, él había sentido la presencia de demonios cerca pero cuando llegaba al local este se iba, y solo sabía que existía, pero no había daño. Y eso era por Nyoko, su poder había crecido para poner un campo protector entorno a su hogar y tierras y era neutral, nadie podía sentir demonios dentro de su cúpula.
Miro el mercader y como Umi regateaba un precio como Kazuma recogía la recompensa, se habían vuelto buenos pero ella aun los superaba. Miro los tarros de vidrio y sacos de trigo y arroz que debían tener.
-onee-sama, que postre es?- dijo Taiga mirándola desde el horno de barro. Miro curioso la creación que olía rico y se hacía agua su boca. No podía esperar para probarlo.
-unos biscochos, las medidas son fáciles y tuvimos todos los materiales. Como agradezco que negociemos por azúcar- suspiro feliz.
Asintió y miro la cocina de la tienda.- el té de hierbas es bueno y el de jengibre ayudo a muchos enfermos.
-la temporada llego antes y tuvimos que ir a la aldea- suspiro recordando cuando la llamaron por una epidemia de fiebre.- además de las infecciones por no estar limpios, tarde mucho.
-qué bueno que siempre nos bañamos- dijo el joven mirando su pelo. Olia a naranja.- ahora podre hacer esos productos solo?
-aun no, aun debes terminar de hacer las cosas de aquí antes de probar las mías- dijo seria. Incluso ella con su sabia inteligencia recordó sus primeros días y meses cuando no sabia que hacer con las pieles o hacer hilos de algodón, como tampoco sabia como prender un fuego sin un encendedor, fue todo un reto y quedó en enseñarle a Taiga los fundamentos de vivir en ese tiempo.
-bueno… puedo tener más pinceles de colores?
-crayones- le corrigió acariciando su pelo negro que le llegaba a los hombros- pero si, te portaste bien y ayudaste en la caza.
-oye! Yuri ayudo también- grito otro y se giraron para ver al youkai araña.
El joven era alto y parecía tener la edad de Kazuma que seguía como un adolescente. Tenía el pelo bordo más oscuro que su gemela Yuri y sus ojos eran de igual color, tenía diamantes en los lados de su frente que cubría con su flequillo o paño. Vestía un hakama negro con toques rojos y un haori turquesa oscuro donde en su pecho tiene bordado en emblema del lugar, una flor de sakura dorada con una luna menguante.
Su hermana tenía un kimono rosa suave con leves bordados de sakura más oscuros y un obi naranja donde tenía el emblema del lugar en dorado. La joven tenía su pelo aun largo y lo llevaba con un adorno de tela, una flor Dalia en celeste agua a cada lado de su cabeza, tenían una cinta dorada y en el centro del capullo una pequeña campañita que sonaba a sus pasos.
El objeto era un regalo de Nyoko al verla con su pelo suelto y había hecho uno parecido a Umi, el suyo era un conjunto de pequeñas flores rojas con dorado y tenía tres cadenas de pétalos de tela que era lindo, casi como las que usaban las geishas en la capital.
Las chicas se habían maravillado con sus regalos y los usaban cada vez que podían. Los chicos era felices de haber ayudado a teñir dichas telas para sus adornos.
Incluso Nyoko tenía uno cuando se enteraron que día caía su cumpleaños. Y era un paraguas tradicional, un wagasa, hermoso en blanco con bordes rojos donde tenía impreso el dibujo de sakuras doradas con una pequeña luna.
Su regalo había sido tratado con un comerciante hasta llegar a un pueblo donde un artesano las fabrica, Kazuma fue y pidió dichos diseños, donde el señor fue amable en hacerlo tardando meses en terminar, llegando justo para su otro verano.
-lo se, pero Yuri-chan quiere aprender a hacer estos dulces- dijo señalando el horno y su rico aroma.- creo que ya esta… y justo a tiempo.
Sonriendo se giro y sintió el cosquilleo. Vio a Takumi bufar y volver a la cocina y a Taiga correr para ayudar en las mesas.
Con calma saco el postre y lo dejo enfriar, en lo que se limpiaba las manos e iba a buscar su bandeja. Sonrio a Umi quien llevo otro para los clientes y salió.
Allí sentados en la banca y bajo la sombra de árboles y la teja, eran dos youkai. Uno masculino de pelo verde y ojos dorados y una mujer de pelo blanco y ojos dorados.
-bienvenidos, en que puedo servirlos este día?- sonrió a sus clientes habituales.
-vaya, no está tu aprendiz?- dijo la mujer sonriendo burlona, pero curiosa.
-Esta aprendiendo a bordar- sonrió- hoy tenemos un postre hecho, quiere probarlo?
-lo de siempre- dijo Akira mirando el bosque.
-sorpréndeme pequeña humana- sonrió Kimi.
Asintiendo volvió a la cocina. El clima de verano era agradable y tenía un frasco de té que sabía gustaría. Rápido comenzó su preparación en lo que miraba sus postres, eran madeleines caseros que olían delicioso. Los poso sobre un platito blanco y sirvió el té verde de siempre.
Al salir lo dejo todo y volvió sonriente.
Kimi miro a la joven niña que había crecido y apenas lo noto, si no fuera por Akira que decía que su kimono no le quedaba como antes no lo hubiera notado.
Miro su té y olía a arándanos silvestres y un dulce sabor. Era perfecto, pudo sentirlo como si los comiera y eran más dulces al agregarle miel. Miro el postre y sonrió, las cosas que hacia esa niña eran interesantes. Eran ovalados y color dorado, con calma probo uno y el dulce sabor del azúcar y el huevo, como el dulce aroma a vainilla, algo que le maravillaba.
-deliciosos- sonrió mirando a Akira quien asentía con su típica taza.- siempre el mismo sabor…
-fue su primera taza que me preparo- dijo mirando el altar de Tsukuyomi.
Kimi también lo vio. Desde su llegada el altar siempre estaba y siempre bien cuidado como una vela para las oraciones y lo que le sorprendió fue que salía un poder del mismo. Como si el mismo dios cuidase a la niña y el lugar.
-me sigue interesando esa humana y como no mata a los demonios aquí- dijo mirando el bosque, sonrió cuando sintió una presencia particular.-esto será interesante.
Akira la miro y lento dejo su taza. Miro el bosque para ver llegar a un joven youkai que tenia una mirada fría y carente de emociones. Lento hizo un movimiento de cabeza ante su presencia y decidió observar.
El joven youkai se acercó lento con cada paso como si fuera normal estar allí. Entonces lo sintió, una barrera fina que lo detenía, sin embargo alargo la mano sintiendo un cosquilleo.
-no pasaras si tu plan es la eliminación- dijo Kimi sonriente. Era divertido el espectáculo. Solo faltaba la llegada de la pequeña humana sirvienta.
El joven miro a la mujer e impulso parte de su youki, el poder vibro en rosa suave y al poco en plata, miro donde venía el poder y miro el altar, la vela se mecía lento sin viento hasta que su mano atravesó el lugar.
-jeje, eso fue divertido- rio con elegancia Kimi. Akira miro la diversión de su amiga.- admítelo que lo fue, solo me pregunto que pensaran los dioses al dejarlo pasar.
Akira asintió, sabía que ese demonio no era amable con otras razas o menor poder. Como se acercaba y al poco tomaba el aroma del lugar, podía sentir humanos y youkai diferentes como el hanyu pero todo era lavado con el aroma frutal y floral que siempre desprendían de sus cuerpos o la cocina con sus bebidas.
El joven miro donde el ruido llegaba mirando a la pequeña humana que tenía el abanico conocido.
Nyoko había sentido el cosquilleo y como este era fuerte. El campo juzgaba sus intenciones y poder, y tardo en dejarlo pasar o expulsarlo. Miro la puerta tomando su navaja alertando a Kazuma quien estaba mirando las compras.
-Nyoko-san?
Espero y al poco la barrera dejo pasarlo. Suspirando negó y volvió a sonreír.- otro cliente.
El hanyu asintió tomando el aroma. Era olor a youkai puro y sintió el youki, era fuerte, tanto como los clientes habituales y gruño bajo.
-estaré cerca.
Asintiendo entendió. Era fuerte, era demonio completo y podía ser un peligro, solo debía llamar y él se encargaría.
Rápido salió sonriendo para verlo. Era hermoso y peligroso.
El joven era alto, casi la altura de su padre y Kazuma, también tenia el pelo blanco plata como Kimi y hasta sus ojos, incluso la forma de los ojos se asemejaban, se preguntó si eran parientes.
Sin dejar de ser servicial hizo una pequeña reverencia abrazando su bandeja.
-buenas tardes y bienvenido a la casa de té Kin Sakura. Un placer conocerlo. Seré su mesera. Tiene una opción a escoger o prefiere nuestros especiales?
El youkai la miro, ojos dorados la inspeccionaban como muchos otros asique no dejo de sonreír. Lo vio mover una ceja refinada y mirar a Kimi, su clienta de sorpresas. Ella le sonrió divertida.
-sorpréndelo querida- dijo riendo.
Asintiendo volvió al vista al youkai para volver a la cocina. No quería darle una mala bebida y no sabía si gustaba del dulce como las mujeres youkai, por lo que tomo la opción tradicional. Un té verde.
Comenzó la preparación con cuidado como hacía con otros para que su esencia fuera notable y no suave, también busco los mismos postres que dio a Kimi y lo preparo todo con cuidado.
Al salir lo vio sentado con elegancia donde el sol no lo tocaba siempre y sonrió dejándolo cerca suyo.
-cualquier cosa llámeme- sonrió y volvió a la cocina. Sin embargo no dejo de sentir sus ojos y se preguntó porque sentía su reiki vibrar.
El joven youkai miro a la niña. Era humana, era joven y tenía buena educación y sabía servir. Miro a la mujer y supo que era una de las razones que frecuentaba esos lugares que estaba en su dominio.
-pruébalo antes de tirarlo- dijo Kimi sabiendo que él lo despreciaría. Ningún alimento humano era decente para él.- yo si quiero esos dulces.
Miro la taza, olía a té verde que su madre servía en sus visitas y noto que no tenía palillos u hojas flotando. Lento lo bebió, el sabor estaba presente, el ligero amargo de las hierbas y un dulce al final, un dulce natural del bosque. Un sabor interesante.
Lo dejo notando que Kimi reía al ver su rostro de muy pocas emociones y probo el biscocho. Este también lo imito, el sabor estaba presente y no era horrible a su gusto.
La comida de humanos no era apto para sus gustos, el sabor era diferente para ellos por lo que siempre era expulsado de sus platillos. Además ellos eran esencia animal, por lo que la sangre también estaba presente, como gustaba comer ciertos corazones.
Miro a Kimi y Akira, quien conocía, y volvió la vista al lugar. Era algo grande y pudo notar un campo rodeándolo, pudo escuchar y escucho humanos, como reían y como decían de cortejar a la miko.
Se preguntó porque le gustaba tanto a Kimi estar allí.
-es interesante. Esa pequeña sabe que somos y no huye- dijo al ver su pregunta flotar.- además sus preparaciones son divertidas. Cuando me aburra me iré.
Akira suspiro sobre su taza y volvió a ver el bosque. Era calmado y sonrió cuando sintió el árbol de sakura crecer hermoso y alto.
Nyoko sirvió y termino de atender a dichos visitantes. Ellos se fueron como siempre, Akira dejo un gran durazno y Kimi una extraña moneda de plata que no servía para comerciar con humanos, y el nuevo cliente no dejo nada.
-entonces tendremos que alimentarlos?- dijo Takumi molesto por trabajar gratis.- sigo preguntándome porque siquiera los atiendes.
-solo lo hago- dijo guardando los pagos.- además el durazno se ve rico, veré que hacer.
Takumi bufo y volvió a su trabajo de cortar leña y saber cómo la humana preparaba el té. A Umi le salía preparar el té verde y negro, pero necesitaba ayuda en los otros para sacar mejor potencial, Kazuma era más encargado de trabajo pesado y comercio, y Taiga era un niño que aprendía de Nyoko-sama.
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El nuevo invitado había llegado nuevamente seguido por Kimi, quien pidió un té de jazmín y frutos con miel.
Sin embargo habían llegado con otro inquilino que estaba refunfuñando de que su mano este quemada por el poder del campo protector.
-estúpidos humanos, deben ser eliminados antes de tocar a mi señor- gruño molesto el youkai.
-aquí esta sus pedidos, y para usted también señor- sonrió al youkai pequeño. Era un tipo youkai kappa y supuso que un encurtido de pepinos era adecuado.
-molesta humana! Aléjate o…!
-cállate- ordeno Kimi molesta que interfieran en su tiempo de bebida.- pequeña humana, tráeme otra taza.
-si señora.
-perdone mi señora- dijo asustado el kappa.
-hm.
Kimi miro al joven y rio bajo. Había notado que se había desviado para vigilar el lugar cuando creía no estaba y como estaba centrado en la niña. Sería interesante ver todo. Solo esperaba que no cometa errores.
El joven demonio miro el extraño plato que olía amargo pero que sabía gustaba a los kappas. Noto que este miraba el plato dudoso hasta que Kimi le indico comerlo o sería expulsado. Rápido lo trago y su rostro de sufrimiento se borró para tener confusión y finalmente mirar maravillado el platillo.
-te gusto- rio la mujer mirando al kappa devorar el platillo, justo para que su sirvienta llegase.- trae otro plato pequeña.
-se hará señora. Señor? Desea algún postre?
-sucia humana! No debes hablarle así…
-no estoy sucia- sonrió y noto al kappa confuso.- estoy limpia asique si no es problema… señor?- dijo mirando al youkai.
La miro y miro sus ojos, sabía que no era normal que humanos tengan ojos de color, los suyos pese a ser oscuros lo eran y miro interesante como el sol chocaba en ellos y estos brillaron.
Kimi sonrió en su taza y vio negar al joven, la humana asintió y volvió solo para que salga la youkai araña.
-aquí está su pedido señora- dijo la joven Yuri.
-oh, la humana desapareció?- dijo el kappa devorando el plato de pepinos encurtidos.
-está atendiendo el otro local. Soy Yuri y seré también su sirvienta- se presentó feliz.
Kimi asintió y con un movimiento de manos la devolvió a la cocina. Miro al joven youkai que miraba su taza y parecía pensar.
-que te tiene tan pensativo?
-hm… respuestas- suspiro mirando el cielo.
-oh, interesante. Y que puede ser- sonrió divertida.
El joven la miro sin emociones y serio como siempre- lo sabes.
La mujer rio, claro que lo sabia, pero era divertido verlo molesto. Mas porque justo llego a donde había una pista.
-entonces que harás?
-nada. Ahora solo quiero buscar la herencia de padre- dijo bebiendo su té.
La mujer dejo de sonreír pero volvió rápido, sin embargo sus ojos tenia recuerdos pasados y volvió la vista a donde estaba la cocina. El recuerdo de otra mujer y otro hombre estaba y los borro. Ella estaba bien, no debía seguir sufriendo por el pasado.
El joven la miro y sabiendo que ocultaría todo para él decidió disfrutar un poco y volver en su búsqueda.
Sin embargo miro el lugar, el templo, la pureza, como era el nombre del lugar y era bordado en la humana y como era extraña.
Debía ser tontas coincidencias, debía dejarlo. Tenía mejores cosas en mente que tratar con una búsqueda más difícil que ya tenía. Aun si significase algo para él.
Al terminar espero que Kimi se fuera y envió al kappa a otra búsqueda. Justo espero y vio llegar a la joven que sonreía tomando los vasos sucios y la miro. Era pequeña, muy pequeña. Apenas llegándole a la cadera.
Miro su pelo largo negro que tenía un ligero tono azulado y lacio, lo llevaba suelto con el listón dorado que siempre llevaba atado en los lados de su cabeza dándole forma, su rostro era nívea suave raro en humanos que no fueran ricos y olía a rosas y lavanda, eran suaves y camuflaban su olor original, pero no podía tomarlo ya que había muchos otros camuflándolo.
Miro sus ojos azulados oscuros y sintió su reiki. Lento dejo expulsar el suyo y noto como el suyo propio salía rosándolo. Como lo mantenía lejos hasta dejarlo estar cerca como su reiki hacia lo mismo.
-señor? Desea algo más?- dijo algo confusa y preocupada. Sintió su youki y su reiki solo acciono, era suave. Su poder era peligro, decía matanza y ser obedecido, pero era suave contra el suyo.
El joven la miro y lento se volvió.- Sesshomaru.
-eh?
La miro sobre su estola blanca y volvió a decir.- soy Sesshomaru.
-oh… eres el hijo de Kimi-san- dijo sorprendida. Era de notarlo. Ambos eran idénticos, incluyendo la luna en su frente y sus gestos. Sonrió cuando lo vio irse.- que tenga un agradable viaje Sesshomaru-sama.
Lo vio irse, se preguntó cuándo volvería y miro el templo. La luz de vela estaba encendida y volvió a respirar.
-bueno, hora de trabajar.
