Capítulo IX: Consejos bajo las Estrellas.
-Y bien, Frodo Bolsón-empezó Sindënís-. ¿hay algo que dos hobbits jóvenes tengan que hacer un día como este, de noche?
-bueno, ya le dijimos que estábamos viajando-tomó la palabra Pippin.
-sí-replicó Sindënís, sonriéndole- pero, no creo que estén viajando porque sí.
Pippin miró al pensativo Frodo, con una cara de '¿Qué digo?'; pero su primo no le contestó el gesto. Frodo miraba la hierba.
-Es que vamos a visitar a unos parientes, a Los Gamos-dijo Pippin como excusa- nuestros primos viven ahí.
-muy bien-aprobó la elfa-pero les sugeriría que no viajasen de noche, y menos en días como éstos.., el peligro acecha mas ahora que nunca, sea pequeño o grande, hay que siempre tener mucho cuidado.
Frodo seguía sin replicar, presentía que aquella elfa sabía más de lo que demostraba; pero ese es un don de los Elfos en general, sobre todo de los más Sabios, a través de tu voz o del brillo de tu mirada, se enteran de muchas cosas ocultas hasta para uno mismo. Quizás por eso Sindënís se conformaba tan rápidamente con las excusas de Pip, pero era prudente y no seguía insistiendo.
Sindënís sonreía a menudo por las cosas que Pip le contaba, pero jamás reía o soltaba una carcajada, porque los Elfos son así, melancólicos y serios. Pero al menos le daba plena confianza al hobbit para que éste le hablara de su familia, o de la hierba para pipa; cosas muy triviales para Sindënís, pero a Pip no le importaba en demasía.
Después de unas horas, a Pippin le bajó el sueño, y Sindënís entonó una dulce melodía, con toda la profundidad de su voz. Pip se quedó dormido casi al instante, el cansancio y la canción habían influido en su estado. Pero Frodo seguía despierto, ahora mirando el cielo, plagado de estrellas, y ahora entendía por que la Elfa cantaba.
Según lo que entendía del élfico, la canción era una especie de himno a Elbereth, la Creadora de las Estrellas, la divinidad más amada por los Elfos.
Se quedó así, escuchando el himno, hasta que terminó. Y entonces, Sindënís lo miró.
-Frodo-dijo ella-estás silencioso…, pero tu silencio me aclara más cosas de las que me podrías haber dicho con palabras.
Frodo no replicó, y la elfa prosiguió.
-Los días son cada vez mas oscuros, y las noches, mas aterradoras; si deseas llegar a dónde te lo haz propuesto, ten cuidado.
-¿qué?-Frodo la miró, interrogante-¿sabes a donde me dirijo?
-cualquiera sabría que en realidad no vas a ver a tus familiares-dijo Sindënís- una sombra oculta tu corazón, llevas un gran peso junto a ti.
-¿y eso te hace saber a donde me dirijo?
-sabes muy bien lo que dices, Frodo…eres astuto-dijo la Elfa-pero eso, lamentablemente, no te salvará de tu destino. Sé lo que ocultas, y por lo tanto, sé a donde te diriges, y en eso, deberás usar tu sabiduría y fortaleza.
Frodo comprendió que ya no podía ocultar nada, pero tampoco revelar en demasía su propósito.
-sí -asintió el hobbit-pero, no estoy seguro de llegar a salvo, no sé que me espera fuera de La Comarca.
-es obvio que te sientas así-dijo Sindënís- esto es algo mas que una aventura, es una misión; me temo que la mas grande de todas las que se han hecho en esta Edad, por eso te repito, ten mucho cuidado, y desconfía de las sombras, aunque tampoco en exceso, porque no todas las sombras son malas. Sigue a tu corazón.
-pues, es difícil…-murmuró Frodo.
-sí, pero es el único consejo que te puedo dar-explicó la elfa- y creo que los elfos no somos buenos dispensando consejos. Quisiera acompañarte hasta un sitio mas seguro, pero mi rumbo ahora es distinto.
Frodo no quiso preguntarle nada acerca de viaje a Mithlond, no lo creía muy apropiado, pero sí tuvo más confianza a la hora de hablar de otros asuntos.
-nunca había visto Elfos aquí en La Comarca-se atrevió a decir el joven hobbit.
-nunca andan cerca de tu hogar-le dijo la Elfa sonriendo-, y nunca te hubieras topado con uno, a menos que vinieras justo aquí.
-es que…-Frodo dudó, quería saber si Tinúviel era una de ellos, pero le costaba hablar de eso-.
-¿viste a algún elfo antes de hoy?-preguntó Sindënís.
Frodo no aguantó más la duda.
-más bien…una elfa-dijo él-aunque quizás no lo haya sido, y mi vista me engañó.
-pasa a menudo-replicó Sindënís-, tenemos visiones de cosas que deseamos y queremos, y las personificamos inevitablemente, creando una imagen ideal cuya base y existencia depende sólo si sabemos ser persistentes con nuestros sueños…; ahora, no descartes que lo que viste realmente haya sido una elfa.
-creo que siempre tiendo a soñar mucho…-dijo Frodo-pero esto, no parecía soñado…
El hobbit, sin otra opción, le contó acerca de la primera vez que vio a Tinúviel, y lo que posteriormente, le había dicho Gandalf.
Sindënís sonreía mientras Frodo le contaba todo, y luego replicó:
-Mithrandir siempre hace de lo simple un enigma, pero eso igualmente está bien, hay que estar continuamente reflexionando sobre lo que vemos, sentimos y actuamos.
-pero…¿crees que verdaderamente haya sido una elfa?-preguntó Frodo.
-de corazón, sí-puntualizó Sindënís-más no creo que pueda decirte.
Frodo sintió que sus dudas seguían igual que antes, pero por lo menos, alguien lo escuchaba, y eso de alguna manera, lo aliviaba.
-Frodo es hora de que descanses-dijo la Elfa con amabilidad-, debes recuperar tus fuerzas siempre que puedas, y cada día es mas difícil hacerlo.., yo me iré muy temprano en la mañana, quizás ni me sientas, por eso me despido ahora. Confía en ti mismo, pequeño; y ¡no te ciegues con las tentaciones!, sobre todo, ten cuidado.
Frodo asintió.
-para que tu camino sea un poco más fácil y recibas mayor ayuda, te declararé Amigo de los Elfos, aunque en el fondo, siempre lo haz sido. ¡Te deseo mucha luz en tu misión! Buenas noches, Frodo-terminó Sindënís, despidiéndose.
-buenas noches, Sindënís-se despidió el hobbit, acostándose sobre la hierba junto a Pippin.
Siguió cavilando acerca de las palabras de la Elfa, hasta que por fin, cayó en un profundo sueño.
Sindënís, como todos los Elfos, casi ni necesitaba dormir, y se quedó contemplando las estrellas, inmóvil y solemne, con una tranquilidad imperturbable.
Frodo despertó sintiendo los cálidos rayos del sol en su rostro, y aunque con mucho sueño, se animó a levantarse y mirar el lugar.
Pippin ya estaba despierto, y comiendo.
-buenos días, dormilón-lo saludó Pip con gracia-mira lo que no ha dejado la gentil Elfa.
Lo que comía Pippin, eran alimentos que Sindënís había dejado en la madrugada, al marcharse; junto con la comida que ya llevaban, tenían de sobra hasta llegar a Cricava.
-si que ha sido considerada con nosotros-siguió Pip, con la boca llena de fruta.
Frodo no dijo nada, y comenzó a comer también, pero perdido en las mismas dudas y palabras que la Elfa le había otorgado.
Luego de un rato, se refrescaron en un arroyo cercano, y retomaron el camino hacia la nueva casa en Cricava, con mucho mejor ánimo, pero ya más cansados.
