Harry Potter y el Misterio de los Relicarios Capítulo 9: Home.

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Guide me back safely to my home
Where I belong, once more.

Guide me home. Freddie Mercury.

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Harry despertó bastante temprano en la mañana siguiente. Aún el sol no había salido del todo, sólo unos pocos rayos se asoman por el amplio follaje del jardín de los Black.

Miró el reloj en la mesita de noche. Las 5 a.m. Francamente, genial, pensó Harry con algo de amargura. Sin hacer ruido salió de la habitación, pero los ronquidos de Ron y Alan opacaban cualquier sonido.

Bajó las escaleras hasta llegar a la cocina, abrió la heladera (rara para una casa mágica, pero Harry sospechaba, y estaba casi seguro, que era obra de Lucy) y sacó leche para comer con galletas que había en un tarro sobre el aparador.

Fue en el momento en que se comió la tercer galleta, fue cuando recordó algo súper importante: la corta charla con Lourdes vino a su mente, aquel día fue 30 de Agosto. Y había sido hace dos días… Entonces, ahora era 1º de Septiembre.

Y, como pueden ver, Harry lo había olvidado.

Casi atragantándose con la galleta, corrió escaleras arriba hacia su cuarto. ¿Por qué demonios no había recordado la fecha? ¡No tenía nada listo! Sacó el baúl de las profundidades de debajo de la cama y empezó a meter sus cosas ahí, mientras trataba no despertar ni a Alan ni a Ron.

-¿Qué hacés?-preguntó Alan medio somnoliento, mirándolo con un ojo, su otro ojo era tapado por su mata incontrolable rubia-. Es muy temprano.

-No tanto-ratificó Harry-. Es que olvidé hacer el equipaje y hoy volvemos a Hogwarts.

Alan lo miró confundido, después abrió los ojos y del asombro cayó de la cama con un ruido sordo. Pero al parecer no le dolió porque se levantó enseguida y comenzó a poner cosas en su baúl como Harry.

-No sé cómo se me pasó la fecha-comentó Alan, mientras trataba de meter más de cincuenta remeras dentro del baúl-. Siempre me acuerdo de las cosas.

-Supongo que se debe a que hemos estado ocupados-dijo Harry, metiendo sus libros-. ¿Crees que deberíamos despertar a Ron?

-No-contestó Alan-, ya preparó su maleta y pensar que ayer yo me reía porque Hermione lo retaba de no haber preparado su maleta aún. ¡Qué estúpido soy!

-No eres el único-dijo Harry, algo apesumbrado.

Por un rato, ninguno de los dos dijo nada estaban demasiados ocupados en meter sus múltiples cosas dentro de sus baúles, pero fueron interrumpidos por un borrón de color negro y azul que entraba a la pieza en ese instante hablado para sí misma.

-Tiene que estar acá… No puede ser que lo pierda, soy una idiota… Tenía que ser Black. ¡Una Black! No podía quedarme eso de McKinnon, ¿no? Recordar todo… Memoria de oro los calzones de Rigel…-todo eso decía Lyra mientras buscaba incansable algo por todos lados-. Hasta Rigel tiene más memoria que yo, incluso para tonterías… ¡Él tiene preparado todo! Claro, el muy señorcito… Ay, por los pantalones de Merlín, ¿en dónde mierda dejé mi…?

-Lyra, ¿qué estás buscando?-le preguntó Alan que miraba a la chica totalmente confundido.

-Un…-comenzó a contestar mientras se metía debajo de la cama de Alan-. ¿Quién demonios tiene el libro del Kamasutra?-preguntó, totalmente roja, sacando un libro.

-Dame eso-Alan se lo quitó de las manos-. No es de tu incumbencia.

-Sí, lo es-contestó Lyra aún roja, mientras se paraba y miraba a Alan-. Cuando Ron te mate porque te descubre leyendo esas cosas para hacerle a su hermanita, tendré que ir a tu funeral.

-Tú tendrías que preocuparte por lo que diría tu padre si sabe que sólo por ver la portada del libro te has puesto como un tomate-replicó Alan-. Nadie pensaría que eres la hija de Sirius Black si no fueras su calco.

-Qué sagaz estás, Alancito-dijo Lyra, aún más roja, pero ácidamente, le dejó de prestar atención a Alan y siguió buscando.

-Amor, Ly, ¿qué buscas?-preguntó Harry, sin perder detalle en su novia.

-Mi cuaderno de canciones, tengo todo ahí-aseguró Lyra, mientras buscaba por la cama de Ron, donde este seguía roncando.

-Nunca viniste a esta habitación-le dijo Harry, Lyra salió de debajo de la cama de Ron con algunas telarañas en su enrulado y algo alborotado cabello.

-Cierto-corroboró Lyra y se irguió cuán alta era, mientras miraba a ambos chicos.

-¿Qué tenemos?-preguntó Alan.

Lyra desvió su mirada, mientras se ponía del mismo color que el pelo de los Weasley.

-Están semi-desnudos-aclaró Lyra mirando a otro lado, tapándose la cara con sus largos rulos.

Alan y Harry intercambiaron sus miradas. Sólo llevaban puesto unos boxers, pero ninguno se había dado cuenta. Harry se sonrojó enseguida y sacó de la cama una de las cobijas y se tapó como si fuese una túnica, Alan en cambió se rió se acercó a Lyra.

-Claro, tú dices eso-dijo-, pero tú tampoco estás muy vestida…-agregó señalando en diminuto pijama, que consistía de musculosa y un short muy corto, uno por el cual Rigel podría el grito en el cielo.

-Tú no deberías verme, Potter-amenazó Lyra a Alan, aún colorada y salió de la habitación dando un portazo.

Harry miró extrañado a Alan que sonreía de manera extraña.

-¿Qué?-dijo el aludido cuando miró a Harry-. Vamos, Harry, sólo fue una broma. Lyra no me interesa más que como una amiga, además es tu novia, y yo ando por Ginny…

-Yo no dije nada por Lyra-dijo Harry, totalmente extrañado, su hermano parecía nervioso.

-Olvida todo lo que dije-pidió Alan. Harry asintió, algo descolocado-. Bueno, me voy a cambiar. Tú también deberías. El look de Grecia Antigua no va contigo.

Harry rió aunque se quedó algo confundido. ¿Alan realmente le estaba siendo sincero? ¿Acaso…? No. No podía ser verdad. Alan todavía no podía estar enamorado de Lyra. Él mismo dijo que iba tras Ginny. "Sí, pero también dijo que no estaba mirando a Lyra. Estaba nervioso" dijo una voz horrible dentro de su cabeza.

Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos y se vistió con lentitud, sin embargo esos pensamientos le hicieron volver a ver algo: un beso que Alan le había robado a Lyra cuando estaban en Houdini, en el Baile de Bienvenida. Claro que en ese entonces, no estaba enamorado de ella como ahora y aún era Natalie, pero ese recuerdo lo atormentaba de igual manera.

Sin darse cuenta cómo (o a lo mejor sí, sólo que estaba muy metido en lo suyo), ya iba en camino a King Cross. Iban con el Autobús Noctámbulo, así que en la primera sacudida, Harry salió totalmente de sus pensamientos y miró extrañado todo a su alrededor.

-Por fin sales de ese trance-comentó Ron a su lado-. Pensamos que deberíamos llevarte a San Mungo.

-No seas exagerado, Ron-lo retó Hermione. Luego se acercó a Harry, para ninguno de los demás los escucharan-. ¿Has estado así por El-que-no-debe-ser-nombrado?

-No-dijo Harry con voz normal-. En serio-agregó al ver que ninguno de los dos le creían.

Se mantuvieron callados hasta llegar a King Cross. De vez en cuando, Ron y Hermione le lanzaban miradas furtivas, como si temiesen que se pusiera a gritar en medio de la estación. Lyra estaba alejada de él (hablaba con su gemelo sobre posibles bromas que le podían hacer a algunos Slytherins, mientras Sirius los aconsejaba), lo mismo que Alan (que le contaba a Ginny en ese momento sobre una canción que había escrito, pero que aún no tenía melodía).

Mientras iba con su carrito hacia plataforma y acomodaba la jaula de Hedwig, vio como varios magos entraban en la plataforma mágica no tan disimuladamente.

-Primero entran Ron, Ginny, Alan y Hermione conmigo-dijo Sirius, luego como si los cinco estuvieran viendo la construcción de la estación, atravesaron la plataforma.

-Ahora vamos nosotros-dijo Lucy, poniendo una mano en el hombro de su hijo mayor. Harry sonrió. Tenía las mismas manos de su hija.

Lourdes, Rigel y Lyra caminaron hacia la plataforma con si nada, pero Lucy fue despacio ya que en su estado no podía ir corriendo a la barrera, Harry la siguió cerrando los ojos.

Entrar en la plataforma y ver a todos corriendo alrededor del vapor que emergía de la locomotora escarlata fue mágico, como todos los años. Harry se acercó silencioso a uno de los compartimientos vacíos y metió su baúl con algo de dificultad, al tiempo que Sirius a escondidas de las miradas curiosas metía los otros siete con una sola mano.

Poco a poco el andén fue llenándose, mientras hablaban de trivialidades, como los antojos de Lucy, los entrenamientos que los chicos tendrían en Hogwarts y cosas así.

-... y por el amor de Dios, pórtense bien-finalizó Lucy su monologo de "Las 1001 cosas que no deben hacerse en Hogwarts", del cual Harry sólo había escuchado hasta el principio. Realmente había estado perdido ése día.

-Pero, mamá, nosotros somos unos santos-replicó Rigel. El tren soltó un tipido y los chicos subieron al vagón del tren.

-Sí, claro, merodeador-ironizó Sirius, haciendo enfoque en la última palabra, aunque les guiñó el ojo.

Los chicos se miraron cómplices entre sí y sonrieron. El tren arrancó y cuando tomó la curva, dejaron de ver a Lucy y Sirius.

-Lo siento, chicos, pero nosotros nos vamos al vagón de prefectos-dijo Hermione, luego de un rato, mientras entraban al compartimiento vacío, como siempre tomó de la mano de Ron y a Alan del brazo-. Después volvemos.

-Ya te dije que no soy prefecto-replicó Ron-. Odio ir allí a escuchar a Malfoy diciendo estupideces y…

-Aguántate lo que te diga, Malfoy, Ron-determinó Hermione-. Tú eres mi novio, y le guste ó no a Malfoy, me acompañarás.

Ron se cruzó de brazos, totalmente enfurruñado, Alan puso cara de circunstancias, y ellos con Hermione dejaron el vagón.

-Yo también debería irme-dijeron Lourdes y Ginny juntas-. Luego volveré con Luna y Neville-agregó Ginny.

-¡¿Tú eres prefecta?!-gritó Rigel a Lourdes.

-Sí-contestó con naturalidad-. ¿Te molesta?

-S… No-se corrigió rápidamente Rigel-. Digo, no puedes ser prefecta. Se supone que somos los Merodeadores y los Merodeadores no son prefectos, ni Premios Anuales, ni…

-Mi padre fue prefecto y merodeador-replicó Lourdes-. El padre de Harry fue Premio Anual y merodeador.

-Pero…

-Además, piensa en las ventajas-lo cortó Lourdes mientras le abrazaba parte de la espalda porque su corta estatura se lo impedía-, nadie va a sospechar de mí, les puedo sacar puntos a los Slytherin y puedo ir a lugares como el baño de prefectos…

-¡Oh! Eres tan especial-elogió Rigel-. Tienes una mente muy macabra-agregó guiñándole un ojo.

-Es por juntarme tanto contigo-contestó Lourdes-. ¿Vamos, entonces?

-Por supuesto, señorita-dijo Rigel con galantería, tomándola de la cintura y saliendo del compartimiento, con Ginny siguiéndolos mientras reía.

Lyra y Harry se miraron. Se habían quedado solos, como hacía tiempo que no estaban. Ella se acercó a él y dejó caer su cabeza sobre su hombro, mientras sus manos se entrelazaban.

-¿Por qué hemos estado tan distanciados?-preguntó Lyra sin mirarlo, con la vista fija en el piso.

-No lo sé-contestó Harry, también mirando al vacío-. Quizá se deba al Sargento Sirius con su entrenamiento, ó al entrometido de Rigel…

-Sí, quizá-aceptó Lyra-. Aunque nosotros también tenemos la culpa.

-¿Por qué?

-No estamos poniendo mucho empeño, nuestro noviazgo se está yendo por el inodoro-Lyra habló con sinceridad y serenamente, pero Harry notó un deje de tristeza en su voz.

-Sólo hay que recuperar el tiempo perdido-dijo Harry.

Lyra giró su cabeza para mirarlo y quedaron a escasos centímetros.

-Tienes toda la razón-reconoció Lyra, se sacó sus anteojos dejándolos a un lado, sin perder el contacto visual con Harry-. Hago esto porque odio besarnos si uno de los dos se queda bizco…

Harry rió de la ocurrencia y acortó las distancias inmediatamente. Se besaron como siempre, sintiendo sus lenguas juguetear entre si, hasta que comenzaron a profundizar el beso cuando Harry acercó más para sí la nuca de su novia y ella le rodeó el cuello totalmente, sin dejar ni un espacio entre ellos, mientras ladeaban la cabeza de vez en cuando.

-Vaya, vaya, pero si son Potter y Black-dijo una voz arrastrando las palabras: Draco Malfoy estaba parado con chulería en la puerta, a pesar de no estar con ninguno de sus dos gorilas, lo cual era raro-. Mi poder prefecto implica restarles puntos por realizar algo indecoroso.

Harry y Lyra miraron con odio a Malfoy porque, al fin y al cabo, algo de razón tenía: las chaquetas de ambos estaban en el piso, además que Lyra estaba algo despeinada y sentada sobre las piernas de Harry. Las mejillas de ambos se tornaron del color de pelo de los Weasley y Lyra salió de un salto de encima de Harry, mientras se ponía sus anteojos.

-Vete, Malfoy-siseó Lyra peligrosamente.

-Les voy a quitar puntos-replicó Draco.

-Aún no estamos en el colegio-refutó Harry.

-Sí, eso-afirmó Lyra-. Además, lo haces de envidioso porque ni siquiera tu Pansy te besa así.

Las pálidas mejillas de Malfoy se tornaron rosadas y Lyra sonrió con sastifacción.

-Vete-volvió a repetir. Malfoy se giró sobre sus talones y dejó el lugar, sin antes decir:

-No quedará así.

-Ay, sí, mira como tiemblo-dijo Lyra con sarcasmo, cuando Malfoy cerró la puerta con fuerza.

-No deberías pelear con Malfoy, Ly-dijo Harry mientras se volvía a sentar.

-Es que me saca-replicó Lyra con el entrecejo fruncido y sentándose-. No sé como podemos ser familia.

-Nadie lo sabe-comentó Harry y la besó haciendo que los músculos tensos de su cara se aflojaran por completo.

-Pero si son la perra White y Stone.

Lyra y Harry se separaron por segunda vez en el día, totalmente horrorizados con lo que veían.