N/A: muchas gracias por los favs, follows y sobre todo por las reviews que me ayudan muchísimo a continuar ^^
CAPÍTULO 9: Almost (Casi)
Clarke apretó los puños, tensó la mandíbula y por fin dio un paso hacia la estancia. Los dos guardias que aguardaban en la puerta la miraron como si al mismísimo demonio hubieran visto. Rencor, ira… para Clarke fue fácil interpretar sus sentimientos; pero no le importaba lo que pensaran de ella, no al menos ellos. Cuando entró en la sala su corazón dio un vuelco de terror. Al fondo pudo vislumbrar la silueta de Lexa, de pie, frente a su trono, acompañada de Titus. A cada paso que daba podía notar las miradas acusatorias de los líderes de los clanes sobre ella, pero la única mirada que realmente la llenaba de terror era la de Lexa. Incapaz de encontrarse de nuevo con aquellos ojos verdes, Clarke se fijó en el semblante impávido de Titus, que la miraba con fijeza, era imposible adivinar sus emociones y mucho menos lo que estaría pensando. Tomó aire, nerviosa. Las manos le sudaban, su corazón latía tan rápido y fuerte que creía que le iba a dar un infarto; pero procuró no mostrarse nerviosa ante los terrestres, no podía parecer débil.
—Y bien, Clarke kom skaikru, ¿puede darnos su versión de los hechos? —La voz de Lexa sonó tan fría y autoritaria que Clarke sintió un dolor indescriptible en su pecho.
El único gesto de temor evidente en Clarke fue cuando sus ojos se movieron hasta donde estaba Lexa. La vio con su pose arrogante de comandante y Clarke no pudo evitar pensar que cualquier otra imagen que tuviera de ella era sólo pura fantasía. Y su pecho volvió a doler, como si aquellos breves momentos que habían compartido, tan sólo unas horas antes, se le escaparan entre los dedos para siempre.
—Como dije, no tengo nada que ver con lo sucedido, así que mi versión es la versión de Octavia, la cual respaldo.
—¿Confías en su palabra? —le preguntó Lexa.
—Sí —respondió sin ningún atisbo de duda—. Mi confianza en ella es absoluta.
—Pues habla —le dijo de forma indiferente mientras se daba la vuelta para sentarse en su trono.
Clarke tomó aire, intentaba que la actitud de Lexa no le afectara, pero no podía evitarlo. Con todo lo que había pasado… ni siquiera tuvo la oportunidad de poder hablar con ella a solas. Clarke necesitaba saber si Lexa pensaba que la había traicionado.
—Después de la explosión de Mount Weather, la desconfianza en Arkadia respecto a los terrestres se incrementó. Nadie se sentía a salvo y mucho menos tenía confianza en una posible alianza con vuestro pueblo. Pike consiguió reunir a un grupo considerable de personas que no se sentían a salvo dependiendo de vosotros y ese sentimiento de rechazo y de… bueno, no sé cómo llamarlo. Finalmente la mayoría de la gente lo apoyó y fue nombrado líder de Arkadia, como marca nuestra tradición. Así que lo primero que hicieron es cobrarse la venganza sobre lo de Mount Weather y organizaron una escaramuza en la noche para atacar al ejército que acampaba por fuera de Arkadia.
—¿Así que tu gente lo eligió, a ese asesino? —dijo uno de los presentes.
—¡No todos! La gente tiene miedo —se apresuró en explicar Clarke—, lo de Mount Weather fue horrible y muchos no olvidan que la comandante nos dejó atrás cuando nos enfrentábamos a los hombres de la montaña. Aún desconfían, pero sé que si hubieran esperado habrían visto que la comandante cumplía su promesa entregando a la única culpable de la masacre de Mount Weather. Octavia y Lincoln trataron de evitar la tragedia, pero los descubrieron y a Lincoln no le quedó más remedio que proteger como pudo a Octavia, por eso murió.
—¿Y qué sugieres, Clarke? —inquirió Lexa desde su trono.
—Tiempo. —Se escucharon murmullos y Clarke tuvo que elevar la voz para seguir hablando—: Se demostrará que Pike y su gente se equivocaron, se relegarán del poder y serán debidamente castigados por su crimen. Todo volverá como estaba antes.
—¿Que se equivocaron? —gritó uno de los presentes—. Asesinaron a traición a un ejército que los estaba protegiendo… ¡mientras dormían!
A continuación, los presentes comenzaron a protestar y a elevar el tono de la voz en evidente desacuerdo con Clarke. Lexa tuvo que ponerse en pie para poder hablar:
—¡Silencio! Lo que es justo es que demuestren que podemos confiar en ellos de la misma forma en la que yo demostré que podían confiar en mí. Entréganos a todos los culpables y nosotros los ajusticiaremos como creamos conveniente.
Clarke hizo un ademán de protesta pero los gritos de los presentes acallaron cualquier palabra que hubiera salido por su boca. Le dirigió una mirada de clemencia a Lexa. Ella no sabía quién estaba involucrado en todo aquello exactamente, Octavia sólo había alcanzado a decirle que Bellamy. Hacía tanto tiempo que no estaba en Arkadia que no podía llegar a imaginarse cómo estarían las cosas después de la traición de Lexa en Mount Weather. Quizá si se hubiera quedado allí, con su gente, en vez de huir por los remordimientos de haber matado a tantos inocentes… Lexa murmuró un «lo siento» que sólo fue entendido por Clarke y entonces comprendió que ella no podía hacer nada más, que aquello era una decisión final.
—Podéis retiraros —dijo Lexa dando por finalizada la reunión.
Todos se fueron de la sala menos Clarke. Se sentía devastada por todo lo que había pasado. Titus la miró con recelo, decidido a no dejarla sola junto a Lexa.
—Clarke, ve a descansar. Octavia puede pasar también la noche aquí, pero tendréis que comunicar a vuestra gente las condiciones para la paz lo antes posible.
—Partiremos al alba.
Clarke vio algo cruzar en el rostro de Lexa, no estuvo segura, Lexa se esforzó por mostrarse impasible mientras estuviera Titus presente. Así que simplemente asintió, a modo de despedida y salió de aquella sala sintiéndose asolada por una pena terrible.
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Lexa bufó en cuanto Clarke salió de la estancia y miró con cierto desprecio a Titus.
—Ya sé lo que vas a decir —lo cortó antes de que le dijera nada.
—Entonces deberías sopesar que te equivocas. Skaikru no va a entregar a los suyos y tendrás un problema muy grande entre manos.
—Eso no lo sabes —le espetó mientras se sentaba en su trono.
Titus suspiró, caminando lentamente de un lado para otro, como si estuviera meditando sus palabras. Lexa estaba cansada y aquella actitud paternalista la estaba poniendo de muy malhumor.
—Aunque por el momento les parezca bien tu solución, nuestro pueblo quiere sangre. No se quedarán satisfechos con esto.
—Es mi decisión, soy la comandante.
—No puedes ir en contra de tu pueblo, por los espíritus, Lexa, ¿te estás escuchando?
Ella rodó los ojos.
—Si tomara en consideración las opiniones de esos palurdos, hace mucho tiempo que nos habríamos matado entre nosotros.
—¡No estás pensando con claridad, comandante! Skaikru es peligroso, nunca vamos a poder confiar del todo en ellos.
—Estoy pensando con toda la claridad del mundo, Titus.
—No creas que estoy ciego. He visto cómo miras a esa muchacha, sé que pasaste la otra noche en su habitación…
—¿Y?
—Sabes perfectamente lo que quiero decir.
—No estoy haciendo esto por Clarke, si es lo que quieres decir.
—Tienes sentimientos por ella y eso no te deja pensar con claridad. Si ella te pidiera que cambiaras de opinión, lo harías. No me tomes por idiota.
—¿Acaso crees que por follármela estoy enamorada de ella? Por favor, no es mi primera amante…
—Has hecho más por ella que por cualquiera de tus amantes y no olvides que ella, además, pertenece al pueblo enemigo.
—Skaikru no es el enemigo.
—Ahora mismo sí.
Lexa resopló, exhausta por aquella discusión. Miró a Titus fijamente y esbozó una sonrisa irónica mientras consideraba sus palabras.
—¿Entonces es mejor idea ir a una guerra contra skaikru? ¿En serio? ¿Con sus armas? Ya han muerto suficientes hombres y mujeres tratando de luchar contra ellos antes…
—Su pueblo está dividido, ahora son más débiles que nunca, si atacamos…
—No voy a ir a una guerra, no quiero más sangre. Lo justo es que entreguen a los culpables de la traición. —Lexa dio un golpe con los puños sobre su trono y luego se levantó con ímpetu, caminando hacia Titus—. Y lo que pase en mi cama, no es de tu incumbencia.
Titus iba a decir algo, pero Lexa no le dio tiempo. Pasó al lado de él de forma brusca y salió de la estancia sintiendo que su corazón le iba a salir del pecho. Fue entonces cuando se dio cuenta que sus manos le temblaban, de la rabia y frustración.
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Clarke entró en su habitación provisional de la forma más sigilosa posible, esperando que Octavia estuviera durmiendo, pero la chica estaba sentada en la cama y en cuanto vio a Clarke dio un salto y se dirigió a ella.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó sin rodeos.
Octavia tenía otro aspecto ahora que estaba limpia. Incluso parecía que había recuperado la entereza. Clarke la miró por unos instantes y aquellos ojos azules y rabiosos parecía que se le metían en la cabeza en busca de respuestas. Octavia estaba determinada, podría asegurar que hasta furiosa por todo lo que había pasado. A Clarke le pareció normal, pero no pensaba que la mujer se recuperaría tan rápido de aquel golpe; aunque era arriesgado asegurar nada, quizá todavía se encontraba en shock por la muerte de Lincoln.
—Quiere que le entreguemos a los culpables —le respondió Clarke en tono tranquilo.
—¿Para?
—Para castigarlos ellos mismos.
—Le entregaremos a Pike.
—Quieren a todos.
—Eso no es... —Octavia dudó por unos segundos—. Pike es el verdadero culpable.
—Tenemos que entregarlos a todos y Pike no pudo matarlos a todos él solo. Los terrestres no son imbéciles.
—Pike utilizó algunos hostigadores, podemos entregarles a algunos de los culpables... No lo sé.
—¿Elegidos al azar?
—Espera. —Octavia la miró frunciendo el ceño. Se plantó frente a Clarke con evidente molestia y golpeó el hombro de la otra mujer con el dedo índice—. ¿Estás sugiriendo que también tenemos que entregar a Bellamy?
—No. —Clarke dio un paso atrás algo molesta por la actitud de Octavia—. Pero está claro que tenemos que entregar a un grupo y él es tan culpable como los demás, ¿qué criterio vamos a usar para exculparlo?
—Ni se te ocurra, Clarke —le espetó con desprecio Octavia—. Acabo de perder a Lincoln, Bellamy es lo único que me queda. No —dijo con los ojos llenos de lágrimas—. Te fuiste, no sabes lo difícil que ha sido superar lo de Mount Weather, no sabes toda la presión que hemos tenido que soportar. Ese maldito de Pike se aprovechó de él. Bellamy ni sabía lo que hacía.
—Yo confío en Bellamy, ¿vale? No sé qué demonios ha pasado en Arkadia para llegar a este extremo, pero si no resolvemos esto de alguna manera, vamos a ir directos a una guerra.
Octavia se quedó en silencio. Clarke observó cómo relajó de forma visible su postura agresiva de antes.
—¿Te la estás tirando, verdad? —le preguntó de pronto.
—¿De qué narices hablas?
—De Lexa, de quién si no —la acusó con rabia Octavia—. Has estado aquí en Polis y ya veo por qué, parece que la comandante tiene bien cuidada a su putita.
Aquellas palabras enfurecieron a Clarke, no fue capaz de controlar la ira que subió por su garganta y empujó a Octavia con fuerza. La mujer dio un traspié y se cayó al suelo, pero enseguida pudo volver a ponerse de pie.
—Lo siento —le dijo, pero su tono fue de enfado, no sonó a disculpa—. ¿No ves que lo hace para manipularte? Por dios, Clarke, no caigas en eso. Ya nos traicionó una vez. Los terrestres nos odian, es evidente, ¿pretendes pagar las muertes de los nuestros en Mount Weather sólo con la de Nia pero nosotros tenemos que entregarles a todos los culpables? ¿Es que estás tan ciega que no puedes darte cuenta de lo que pasa? Ella siempre elegirá a su gente antes que a ti.
—¿Y tú de qué lado estás, eh? Un día te apetece ser terrestre y al siguiente juegas en el bando celeste, ¿de qué coño vas?
—¿Estás de broma? Estoy cansada de esta mierda. Esto es un error, Clarke. Han pasado demasiadas cosas y los celestes no van a unirse a los terrestres ni los otros los van a querer como iguales. La paz puede ser posible, pero no así. —Clarke bufó y le dio la espalda—. Ponte cómo quieras, pero sabes que tengo razón.
Ella no le contestó sino que se dirigió hacia la puerta ignorándola por completo.
—¿A dónde cojones vas ahora?
—A tomar el aire. Saldremos al alba a solucionar esta mierda.
Y esas fueron sus últimas palabras antes de dar un portazo y dejar a Octavia completamente sola en la habitación.
Clarke se perdió entre la penumbra de los pasillos de la torre. Trató de callar los pensamientos que se le cruzaban por la cabeza con el sonido de sus acelerados pasos. Pero fue en vano. Tanto Octavia como Bellamy le habían dicho lo mismo: «ella elegirá antes a su gente que a ti»; y Clarke trató de ser racional con eso, Lexa era, al final del día, la comandante de los terrestres, pero no podía mentirse a sí misma, había algo en eso que le molestaba, que le dolía.
Clarke caminó con un paso mucho más calmado hacia el final de aquel corredor. Se quedó mirando hacia la ventana con los cristales rotos y después se asomó al vacío. El viento golpeó su rostro y lo sintió como un soplo de realidad repentina. Quizá Octavia tenía razón. Habían sucedido tantas cosas entre celestes y terrestres… la mayoría fueron una cadena de errores con un desenlace fatal, ¿cómo serían capaces de solucionar todo aquello? ¿Cómo se iban a perdonar tantas muertes? Sí, Octavia tenía razón, su gente no iba a aceptar entregar a los culpables y menos si los terrestres no hacían lo mismo por las muertes de Mount Weather. Clarke apretó los puños, sintiéndose frustrada. No podía encontrar una solución justa para nadie ni una salida favorable a todo aquello. Sentía que su cabeza le iba a explotar. No quería tener esa responsabilidad que la obligaba a solucionar los desastres de otros y de pronto se sintió muy cansada.
Se retiró de la ventana al escuchar un ruido. Volteó la mirada pero sólo encontró sombras que se oscurecían a lo largo del pasillo. Quizá el viento. Suspiró. Luego volvió a la ventana y observó el estrecho saliente que recorría la fachada de la torre. Se mordió el labio mientras barajaba una estúpida idea, pero si ya lo hizo una vez y nadie se enteró, podía hacerlo de nuevo. Atravesó la ventana con cuidado para no cortarse con los pocos cristales rotos que quedaban y luego se agarró a las pequeñas irregularidades de la pared mientras caminaba. Fue despacio, asiéndose con fuerza cuando notaba una racha de viento que podría hacerle perder el equilibrio.
Recordaba el camino, como si lo hubiera hecho toda su vida. Su pecho recogía un ansia desconocida para ella y, antes de lo que creyó, vio ondear la cortina blanca de la habitación de Lexa. Contuvo el aire en sus pulmones al ver las manos de ella sobresaliendo por la ventana y tuvo que agarrarse con más fuerza a la pared porque le entró un nerviosismo por su cuerpo.
—¿Clarke? —casi gritó cuando se asomó por la ventana. Quizá había escuchado el ruido que hizo al dar un ligero traspiés—. ¿Qué… qué haces?
La embargó la vergüenza porque de verdad ni sabía cómo responder a esa pregunta. Sonaba demasiado estúpido decir que había tenido la urgencia de verla, de aferrarse a ella para huir de aquella realidad que sólo le gritaba que lo mejor era que se alejara de Lexa; así que sólo se encogió de hombros y le sonrió.
Lexa se asustó tanto que sacó medio cuerpo por la ventana para poder llegar hasta Clarke. Sus manos la agarraron con fuerza y su expresión de pánico no se borró hasta que Clarke pudo entrar en su habitación.
—Perdón, no quería asustarte… es que…
—No deberías estar aquí —la interrumpió enseguida Lexa. Clarke sintió una punzada dolorosa en su pecho—. Si nos ven juntas puede ser peligroso para ambas pero sobre todo para tu gente. No puedo estar en contra de mi pueblo siempre para favorecer al tuyo, hay un límite. —Lexa quiso suavizar sus palabras tomando con cuidado las manos de Clarke—. No me gustaría que volviera a pasar de lo de Mount Weather y… tener que dejarte.
A Clarke le dio un vuelco el corazón al mismo tiempo que la punzada dolorosa era sustituida por las náuseas al recordar lo de Mount Weather.
—Lo siento… No quería hablar sobre nada de Arkadia ni de la coalición, no quería que pensaras que me estoy aprovechando, es que… —Se mordió el labio porque le parecía más ridículo de lo que pensaba. Lexa la miraba expectante, tendría que decirlo—. Es que con todo… te echaba de menos.
Clarke la miró de reojo. Sintiendo que su corazón se le iba a escapar por la boca en cualquier momento. Un calor la embargó y sintió el sudor bajando por su nuca mientras Lexa la miraba fijamente.
—Debes pensar que soy idiota —le dijo ante el silencio de ella.
—No —respondió con una suave sonrisa—. Yo también te echaba de menos, pero debemos tener cuidado, Clarke.
—Lo sé, perdóname.
Lexa sólo ensanchó su sonrisa y tiró de ella para traerla hacia sí. Clarke se estremeció cuando los brazos de Lexa la ciñeron contra su cuerpo.
—Ya que te tomaste el trabajo de venir, quédate un rato —le susurró mientras mezclaba los dedos entre su cabello rubio.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Clarke. No pudo negarse. Asintió lentamente mientras bordeaba con sus brazos el cuerpo de Lexa.
—Me siento fatal por todo lo que está pasando.
—No es tu culpa, Clarke.
—Sólo quiero que las cosas vayan bien… estoy tan cansada de esto…
La propia Clarke se sorprendió de sus palabras. No había sido su intención decirlo, pero fue como si entre los brazos de Lexa no pudiera fingir ni ocultar nada. Se retiró un poco hacia atrás, pero sin separarse de Lexa.
—¿Sabes? Al principio, no parecía posible una alianza entre los doce clanes. Lo intenté igualmente.
—Te salió bien—. Lexa sonrió mientras deslizaba sus dedos sobre la mejilla de Clarke.
—Cuando llegasteis del cielo se complicaron las cosas y me temí lo peor, pero luego te conocí a ti.
—Y entonces te fastidié las cosas más —bromeó Clarke con una sonrisa.
—No. —Lexa dejó escapar una pequeña carcajada—. Quise decir que te conocí y me di cuenta de que no erais tan horribles como pensaba.
—Puedo sentirme identificada con eso, me pasó algo parecido.
—¿Cómo fue?
Clarke se quedó unos segundos mirando a los ojos de Lexa, aquellos ojos verdes, tan vivos, que la estremecían sin contemplaciones cada vez que se fijaban en ella. Un hormigueo intenso recorrió su estómago mientras los dedos de Lexa perfilaban su rostro con esmero.
—No lo sé. —Lexa la miró bastante confusa—. Me esperaba cualquier cosa menos encontrarme contigo… Lexa… —Clarke se detuvo unos segundos, tomando aliento—. Me tienes loca, pensando en ti… He cruzado media fachada sólo para poder verte.
Clarke vio cómo Lexa se quedó petrificada en aquel sitio y cómo sus mejillas se volvieron rojas con rapidez.
—Clarke…
Pero no dijeron mucho más. Clarke la acercó agarrándola por la cintura y se besaron. Y entonces sus dudas y miedo parecieron disiparse entre los labios de Lexa. ¿Era acaso una farsa la devoción de sus besos? ¿Estaba fingiendo cuando jadeaba su nombre si sus bocas se separaban durante unos pocos segundos o la ternura con la que acunaba su rostro?
—Clarke —susurró apoyando su frente sobre la de ella—, deberías salir ahora cuando los guardias están cambiando de turno, nadie te verá.
Clarke aún tenía los ojos cerrados mientras la escuchaba. Se tomó unos segundos para saborear los rastros del beso que acababan de compartir y luego la miró, asintiendo con lentitud.
—Volveré pronto y arreglaré las cosas con mi gente. —Aunque en verdad no tenía ni idea de cómo hacerlo—. Pero debes pedirle paciencia a los tuyos. Kane y mi madre quieren lo mismo que nosotras y estoy segura de que muchos más también…
—Clarke, confío en ti —la interrumpió ella—. Sé que lo lograrás.
Le sonrió y no pudo evitar sentir un hormigueo por el estómago de nuevo.
—Será mejor que me vaya —dijo separándose de Lexa.
Ella no le respondió, bajó la mirada al suelo y asintió en silencio. Era imposible saber qué estaría pensando Lexa, pero a Clarke no le quedaba más remedio que partir.
—Que nos volvamos a encontrar —susurró levantando la mirada.
—Lo haremos —le respondió con una sonrisa mientras se acomodaba un mechón de pelo rubio tras la oreja—. Aún me quedan unas cuantas lecciones de entrenamiento con Aden.
Lexa sonrió y Clarke contuvo como pudo las ganas de volver a besarla. No podía perder ni un segundo más si quería salir de allí sin que nadie la viera. Echó la mirada atrás una vez más y se encontró el rostro serio de Lexa. Se le escapó un suspiro pensando en lo hermosa que se veía. Y con esa imagen grabada en su mente, salió de allí con toda la rapidez posible. Más le valía descansar las horas que le quedaban, suponía que en Arkadia no habría momento de descanso. Se movió por el pasillo vacío y casi a oscuras. Le fue fácil alejarse de allí sin que nadie la viera. Estaba suponiendo que no podría dormir todo lo que quisiera con la imagen de Lexa rondando por su cabeza y con la necesidad de tenerla entre sus brazos, pero más valía que se acostumbrara a ello, las cosas no iban a ser fáciles para ellas. Clarke se paró en seco cuando escuchó un gran estruendo frente a ella. En medio de la oscuridad, sus ojos quedaron cegados por un resplandor blanco. Algo hizo fuerza sobre ella y el peso de su cuerpo cayó contra el piso. Su cabeza se llenó de dolor y todo se convirtió en total oscuridad.
CANCIÓN: Lucie Silvas - Almost
