Este es mi tercer fic. Si bien los dos anteriores los había basado en la uistoria de Sailor Moon, en este solo usaré los personajes y sus personalidades... Obviamente, como ya han visto, me gusta escribir S&D y no lo voy a cambiar... Pero además, contará con un Mina&Andrew y la presencia de los personajes que más quiero: Sammy, Luna, Artemis, Haruka (en una versión masculina), Amy, Lita y Rei...

Se que había prometido que mi siguiente fic sería una continuación de 'Una vida normal' o 'Un hombre nuevo', pero tenía esta historia en mente y debía escribirla... La continuación de los otros estará en proceso, no los dejaré con las ganas, pero quería revivir una historia parcialmente real, que le pasó 'al amigo de un amigo' (para no echar a nadie al agua), y bueno, qué más que poder usar a mis personajes favoritos en una nueva historia de amor que me trae millones de recuerdos...

Si alguien vio de casualidad la serie SAO (Sword Atr Online) o han jugado algún rpg en línea, podrán ver cosas conocidas en esta historia y les parecerá muy común... A los que no conocen esa magia, podrán vibrar con todo lo que hay tras los juegos online... (El nombre del juego en el que centra la historia será inventado para no hacer propaganda)

No siendo más, les presento mi nuevo fic: 'Amor real'. Una historia cargada de emociones, momentos graciosos y grandes sorpresas...

Nota lega: los personajes no me pertenecen, son creados por Naoko Takeuchi para su manga Sailor Moon, pero la historia es completamente original.

Vivir en mundos paralelos puede despejar la mente. Eso pensaba Darien Chiba cuando pasaba horas, con sus amigos de universidad, jugando un tonto juego online. Bueno, eso creía hasta que la conoció a ella. Ese día, sus mundos se combinaron entre si y sin poder separarlos.


- Pov de Darien -

No entiendo aún qué sucedió. Cuando vi a ese tipo con Serena en brazos, enloquecí. Pero lo que no me esperaba era que estuviera armado. Mi princesa está en un peligro real y solo hasta ahora lo entiendo. Entiendo perfectamente a Haruka y su obsesión por cuidarla.

Si no fuera por los dos gorilas que cuidan a Serena, tal vez ahora no estaría sentado y recordando. Esos tipos ausentaron al hermano menor de Diamante pero igual, fue algo tarde. Serena entró en shock y ahora estoy en la enfermería del edificio, esperando que despierte.

- Darien, puedes irte a casa, yo me quedaré con ella - Amy solo sufrió un par de pequeñas contusiones al chocar con la pared y lleva más de quince minutos intentando apartarme de Serena.

- Llévate su auto, yo la llevaré a casa - esa es la cuarta vez que se lo digo.

- Sabes que si se despierta te va a pegar? - Amy me mora divertida. Qué? Tengo micos en la cara?

- No me importa, ve que yo espero a que despierte - una vez más hago un intento para que se vaya.

- Sabes que si me voy Haruka estará acá gritando como un loco? - Amy se sienta a mi lado y toma una de las manos sudorosas de Serena.

Mi hada del mar lleva delirando una hora. Tiene una fiebre muy alta, suda, dice incoherencias y ya no se qué más hacer. Le he puesto paños en la frente, le hablo para que despierte pero sigue en shock.

- voy a buscar un café y a llamar a Richard, ten cuidado si despierta - por fin se va Amy. No es que me caiga mal, es solo que quiero estar solo con Serena - te traigo algo?

- Si, tráeme un café fuerte - le respondo por responder mientras me levanto por otra mota de algodón y alcohol para intentar despertar a mi princesa.

Paso nuevamente la moto por la nariz de Serena y por primera vez, en casi media hora, ella hace un gesto, le molesta el olor, eso quiere decir que está despertando. Tomo su mano y ahora no es sudorosa, pero sí muy fría. Debió ser enorme el susto que se llevó para que perdiera la conciencia.

- Serena, despierta por favor... - mi voz hasta a mí me parece quebrada. Estoy haciendo un gran esfuerzo por no llorar. Me siento fatal por verla así. Si solo hubiera llegado antes, no habría sentido ese temor -

- Fin de Pov de Darien -

- Pov de Serena -

No recuerdo nada. Solo tengo en mi mente la imagen de Zafiro apuntando a Darien. estoy poniéndolo en peligro y si lo quiero como creo quererlo, debería alejarme de él. Me despertó un fuerte olor a alcohol pero aún no abro los ojos. Tengo miedo de mirar la realidad.

- Serena, despierta por favor... - ese es Darien? Está bien? Su voz suena quebrada...

- Darien? - suavemente abro los ojos. Si! Es Darien, está a mi lado, pero dónde estamos?

- Princesa! Que bueno que despiertas! - se ve indeciso. Quiere acercarse, lo se, pero se detiene. Porqué?

- Dónde estamos? - eso es lo primero que quiero saber.

- Estamos en la enfermerías, preciosa - toma mi mano y la lleva a su rostro, la pone en su mejilla y luego me da un tierno beso en los nudillos - Entraste en un shock nervioso y perdiste el conocimiento.

- Amy? Cómo está ella? La haz visto? - recordé, de pronto, el fuerte golpe que le dio ese idiota.

- Está bien, salió por un café y a llamar a Richard.

- qué pasó, vi a Zafiro apuntándote... - me siento de tope, necesito ver que está bien, pero él me vuelve a acostar en un rápido movimiento.

- No pasó nada preciosa - porqué me mira como si tuviera miedo? - A Zafiro lo sacaron tus guardaespaldas y ya Amy hizo los trámites para que lo expulsen - en qué piensa? Se ve tan extraño... Está serio, asustado y no me quita la mirada - Tuve miedo de perderte Serena...

- Fin de pov de Serena -

- Tuve miedo de perderte Serena - la voz de Darien salió en un susurro. Después del shock cayó en la cuenta de lo cerca que estuvo Zafiro de llevársela.

- y... Yo... - la voz quebrada de Serena salía despacio mientras ella se sentaba de nuevo - de perderte a ti - sin esperar a que Darien la volviera a acostar, se lanzó a sus brazos en un fuerte abrazo y rompió a llorar.

Sin percatarse del tiempo, el abrazo se prolongó hasta que Serena se quedó dormida por el cansancio en los brazos de su caballero. Darien volvió a la realidad al escuchar que abrían la puerta de la enfermería. Sin poder girarse para ver quien entraba, acostó de nuevo a su rubia en la pequeña cama.

- Darien, gracias - la voz de un hombre llegó a los oídos de Darien - si no fuera por ti, en este momento estaría culpándome por muchas cosas.

Con curiosidad, el pelinegro volteó para ver al hombre que le hablaba con sinceridad. Frente a él estaba Richard, abrazando a Amy. Estaba visiblemente afectado por lo sucedido.

- Hice lo que tenía que hacer - se limitó a responder mientras se alejaba de la cama y extendía una mano para saludar a Richard.

- En verdad la quieres, o me equivoco? - sin anestesia soltó el recién llegado.

- Se lo dije a Haruka y te lo digo a ti - miró a Amy, luego a la cama y finalmente al hombre que tenía en frente - La quiero, no se cómo o cuándo la empecé a querer, pero quiero cuidarla y verla feliz.

Con esa última frase, se dio por terminado el suceso. Bueno, hasta llegar a casa donde Haruka entró en una fuerte histeria pero terminó agradeciendo a su amigo por estar ahí y ayudar a su prima.

Ese pequeño encontrón dio paso a una semana entera de nervios para Serena. La rubia no regresó a clases en el resto de días. Darien se empeñó en acompañarla todas las tardes en casa aunque Serena se empeñaba en insistir que no era necesario.

Zafiro no apareció de nuevo por el campus y a Amy, ahora la escoltaba Richard para no que no faltara a clases. Todos estaban alertas a cualquier señal que indicara que Diamante estaba detrás.

El viernes, mientras Sammy cubría su turno en el Crown, Haruka había salido a hacer las compras en compañía de Mina y Serena se había quedado bajo la custodia de su caballero.

Los nervios de la rubia seguían atormentándola y aún acompañada, no salía de su habitación. Darien, para no molestarla, revisaba cada tanto que estuviera bien y se encerraba a estudiar en la biblioteca. Se sentía impotente al verla de esa forma, pero sabía que si se acercaba más de lo debido, ella podría reaccionar peor. Pero lo que más lo tenía cabizbajo era el saber que tenía una cita con ella al otro día y que seguramente estaría cancelada por todo lo sucedido.

Concentrado en su ordenador, Darien no se dio cuenta de que la puerta de la biblioteca se abría y Serena entraba con una bandeja en la mano.

- Darien... - Serena, tímida se acercó más para llamar la atención del pelinegro.

- Serena? - sorprendido, Darien se puso de pie y le recibió la bandeja que contenía dos tazas de café - pensé que estabas dormida - descargó la bandeja en la mesita de centro y guió a la rubia hacia el sofá.

- No, solo estaba pensando - con tranquilidad, Serena tomó una de las tazas y empezó a beber ante el aún asombrado pelinegro - a qué hora me recogerás mañana?

- Mañana? - sin poder procesar la pregunta aún, solo se limitó a repetir la última palabra que salió de los labios de la rubia.

- Si, mañana, a menos que ya no quieras que te acompañe a hacer las dichosas compras para las que necesitas asesoría femenina - respondió tranquila Serena mientras tomaba otro sorbo de café y recordaba las palabras de su hermano la noche anterior, mientras bebían un jugo en el jardín.

- Flashbakc -

- Basta ya Serena! - gritó Sammy con rabia - Te vas a esconder del mundo por el resto de tu vida? Tienes guardaespaldas, personas que te cuidamos y a un hombre que sin importarle nada, quiere estar a tu lado y viene a acompañarte aunque no salgas de tu cuarto - le sobó la mejilla con delicadeza mientras se calmaba - estás dejando que Diamante arruine tu vida Serena.

- Pero Sam...

- Pero nada tontita - le dio un tierno beso en la mejilla - además, no creo que Darien te atemorice, hay algo en él que te da tranquilidad y lo he notado - le tomó el rostro para que lo mirara a los ojos - o me equivoco?

- No te equivocas...

- Entonces porqué le haces pasar este mal rato - le soltó el rostro y le habló dulcemente - ha venido todos los días aunque tu ni hables con él - empezó a enumerar con los dedos - se aguanta tus encierros,no se va hasta que te quedas dormida en la noche o hasta que Haruka o eche, como hoy. Él te quiere, y tu a él...

- Fin de Flashback -

- Pensé que querías estar en casa, princesa - miró a la rubia y dio un sorbo al café que tenía en frente - no tienes porque...

- Ya me cansé de encerrarme - lo miró con dulzura, con esa dulzura que tanto le atraía y que no veía hace unos días - y si no salgo, creo que Sammy me va a obligar - soltó una pequeña risa que contagió al pelinegro. Ninguno de los dos había reído en toda la semana y ahora lo hacían juntos.

- Entonces puedo pasar por ti a las 10 de la mañana, me acompañas, comemos juntos y después, podemos hacer lo que quieras - la miró a los ojos y se dio cuenta que ya el terror había pasado y ella lo miraba diferente - te parece?

- Si, es perfecto - Serena se sonrojó y bajó la mirada, algo que pasaba por su cabeza la hizo avergonzar - podría pedirte un favor?

- Claro preciosa - Darien con cariño levantó el rostro de la rubia y le vio su hermoso rostro sonrojado - lo que quieras.

- Podrías ayudarme a hacer algo de comer? No soy buena en la cocina y tengo hambre - volvió a intentar esconder su rostro pero Darien la acercó a él y la amarro en un fuerte pero caluroso abrazo.

- Claro princesa, vamos a la cocina y te preparo algo rico - le dio un tierno beso en los cabellos, olvidándose de la distancia que debía mantener con ella para no asustarla. La alejó, le tocó la punta de la nariz, se puso de pie y la invitó a levantarse también - quieres algo en especial?

- Quisiera una sopa de vegetales, aunque no se si está en tu menú - respondió tímida.

- Sopa será - le tomó la mano, entrelazó sus dedos con los de ella y camino con Serena hacia la cocina.

Mientras Darien picaba los vegetales y ponía todo en la olla, Serena lo miraba atentamente. El pelinegro hacía un comentario cada tanto y la rubia lo respondía entusiasmada. Hasta que, finalmente, él sirvió dos platos humeantes y los puso en la mesa donde Sena estaba sentada. Se sentó frente a ella invitándola a comer.

- Tienes a cargo a tu hermano menor y no sabes cocinar? - divertido, Darien preguntó mientras cogía otra cucharada de sopa.

- La cocina es un arte y, francamente, no soy artista - respondió ella dulcemente - gracias a Dios tengo a Haruka.

- Y no haz pensado en tu futuro, no se, si te casas, si tienes hijos - agregó el pelinegro.

- supongo que si eso pasara, tendré que hacer unos cuantos cursos, o contratar a alguien que me ayude - la inocencia de Serena enternecía a Darien - pero dudo que un hombre quiera estar con una mujer como yo... - agregó la rubia sin pensar en lo que decía, pero fue interrumpida por su acompañante.

- Serena, eres preciosa, dulce y llena de vida - tomó el rostro de Serena entre sus manos y mirándola a los ojos siguió halando - cualquier hombre quisiera hacerte parte de su vida - y sin pensarlo dos veces, se acercó a ella y depositó un tierno beso en la comisura de los labios de la nerviosa Serena - No quiero oírte hablar así de nuevo, estamos?

- Es... Estamos... - respondió como niña regañada y aún nerviosa por la cercanía de Darien.

Después de comer juntos, pasaron el resto del día en el jardín, hablando como dos viejos amigos y sin más acercamientos para evitar un nuevo ataque de nervios.

La noche cayó, Darien regresó a su casa con una enorme sonrisa. Desde el ataque a Serena no sonreía y ahora no le faltaba sino, dar brincos por toda la casa. A entrar, subió derecho a su habitación y antes de cerrar la puerta, Seiya entró como un torbellino detrás de él.

- Pero qué demo... - Darien intentó hablar pero fue interrumpido por su hermano.

- Cómo está mi bombón? Sigue encerrada? - preocupado, Seiya se sentó en la cama de Darien como lo había hecho toda la semana, desde que se enteró que alguien la buscaba para hacerle daño.

- No Seiya - Darien se acostó en un lado de su cama y clavó la mirada en el techo - Hoy salió de su habitación, tomamos un café, comimos y pasamos el día juntos...

- Darien... - Seiya dudó pero se atrevió a seguir - me quieres decir qué es lo que sucede con ella?

- Es mejor que ni lo sepas, ni te involucres - le limitó a responder antes de pasar la mano por su rostro, como quitándose una máscara - ahora déjame dormir - le lanzó una almohada a su hermano y el atacado salió cerrando la puerta tras él.

La mañana llegó más lenta de lo normal. Serena se levantó temprano, se bañó, preparó una taza de cereal y se dispuso a buscar una ropa adecuada para ir a su cita. Llevaba más de media hora mirando el armario, cuando Mina, aún con una tostada en la mano, entró a la habitación.

- Creo que alguien necesita ayuda... - canturreó la rubia extrovertida.

- No sé qué ponerme! - dijo Serena pidiendo auxilio.

- Gracias a Dios me tienes a mí! - abrazó a su prima con cariño y le ayudó a buscar ropa.

A las diez en punto, la bocina de un auto se sintió fuera de la casa de los primos Aino. Sammy, cumpliendo el papel de hombre responsable de su hermana, salió a encontrarse con su cuñado. Esperó que Darien bajara del auto y se encontró con él en el frente de la casa.

- Que paradójico es el mundo, primero eras tú el que me fiscalizaba antes de salir con tu hermana y ahora es a mí a quien debes argumentar una salida - con gracia y buen humor, saludo Sammy a Darien extendiendo su mano para estrecharla con la del moreno.

- No me lo recuerdes - miró hacia la puerta - se demora Serena?

- No, creo que Mina le estaba terminando de ordenar su cabello, en un par de minutos estará acá - y cambiando la voz por una más seria agregó - Mira Darien, quiero que mi hermana retome su vida y sea como una chica normal, pero no quiero que la hagas sufrir y si la veo mal por tu culpa, no me importará que seas el hermano mayor de Hotaru, la voy a defender con mi propia vida, si es necesario...

- Tranquilo, lo único que quiero de tu hermana es verla feliz - palmeó el hombro de Sammy y una imagen que apareció en la puerta los hizo mirar y quedarse sin habla.

Serena salía vestida de una forma sencilla, pero tan acorde a ella, que se veía magnífica. Lucía una camisa leñadora de color azul oscuro con las mangas cerradas en sus codos. Llevaba los botones hasta arriba y sobre la camisa, un delicado chaleco afelpado de color marrón claro. Debajo, lucía un short del mismo café que cubría solo una cuarta parte de la distancia entre su rodilla y su cintura y en los pies, calzaba unos delicados botines de cuero café y de tacón bajo.

Su cabello dorado estaba suelto, pero a manera de corona, tenía unas delicadas trenzas que se hacían y deshacían al rededor de su cabeza. Su rostro estaba al natural, solo una sutil sombra marrón acentuaba el azul celeste, y un delicado brillo rosa iluminaba sus labios.

Como cartera, llevaba una delicada mochila de cuero azul oscuro, que combinaba perfectamente con la leñadora. Además portaba unos delicados aretes de plumas café y un collar largo, en tono ocre y del que colgaba otra pluma, pero más grande.

Sammy la veía hermosa, desde que era un niño no había visto a Serena tan radiante y bonita. Darien estaba realmente asombrado, era cierto que Serena era una mujer hermosa, con un gran cuerpo y una energía única, pero esa forma de vestir, acentuaba toda su belleza.

- Estoy lista, nos vamos? - la voz y la repentina cercanía de Serena hizo regresar a Darien al mundo real - las llaves del auto quedan en mi mesita de noche - le habló a Sammy mientras se acercaba y depositaba un tierno beso en su mejilla - hablamos más tarde - volvió la mirada hacia Darien que, aunque más consciente, aún tenía una expresión de sorpresa en su rostro - Buenos días Darien - le dio un sorpresivo beso en la mejilla y sonrió de forma inocente.

- Bu... Buenos... Dias princesa - contestó buscando su propia voz - estás hermosa - la divisó de pies a cabeza y con una sonrisa pícara tomó una de sus manos y la hizo girar como si estuvieran bailando - creo que seré la envidia de todo el centro comercial - abrió la puesta del pasajero y la ayudó a subir.

Después de despedirse de Sammy, subió al auto y dio marcha hacia el centro comercial. Estaba aún sorprendido y sin saber qué decir. Tenía nervios y se sentía como un adolescente en su primera cita. Pero el silencio tranquilizador duró poco. La suave y tierna voz de Serena resonó por encima de la suave música que sonaba en la radio.

- Ahora sí me dirás qué vas a comprar y porqué necesitas ayuda femenina? - la rubia sonreía inocente. Aunque estaba nerviosa, se había decidido a vivir de nuevo y Darien era atento, guapo y dulce, quería confiar en él.

- Necesito comprar un traje para la ceremonia de juramento como médico, será el mes que viene - respondió el pelinegro sin apartar los ojos de la carretera - también quiero comprarle algo a papá por su cumpleaños y otro regalo para Hotaru y Sammy por su graduación, porque ya una hermosa mujer se adelantó y les regaló un viaje de vacaciones

- El señor Artemis cumple años la otra semana, no? - Serena sonó sorprendida e ignoró lo último - no he pensado en qué darle!

- Tranquila, tu me acompañas y yo te acompaño...

Y así, en medio de una conversación sobre posibles regalos, llegaron al centro comercial, aparcaron y se dirigieron, primero, a una gran boutique de ropa de gala. Con gracia Serena caminó adelante entre estanterías llenas de trajes masculinos. Darien solo la seguía sonriendo y percatándose de las miradas que tanto él como ella le estaban robando a compradores y dependientes de la tienda.

- Puedo ayudarle? - un joven de cabellos castaños y rostro amable detuvo a Serena, y Darien, inmediatamente y en acto egoísta, se paró a su lado y la tomó por el brazo.

- Buscamos un par de trajes completos para mi - respondió el pelinegro con algo de posesión en su voz, cosa que hizo recomponer la posición del vendedor.

- Buscan algún color en especial? - se limitó a preguntar el chico.

- Uno gris claro y menos formal - Serena habló mirando a Darien y examinándolo - y otro negro que si sea completo.

- Perdón? - Darien la miro divertido.

- El gris y el negro resalta el color de tus ojos Darien, y si uno es para tu ceremonia y otro para los grados de los chicos, el del grado puede ser más informal - le respondió tranquila.

- Está bien, síganme - el vendedor encabezó la marcha hacia una habitación de atención para los clientes, los dejó instalados y salió en busca de varios trajes.

- Deberías buscar un vestido para ti también - Darien le dijo a la rubia que estaba sentada a su lado, mientras, con delicadeza, le apartaba el cabello hacia la espalda.

- No, seguro usaré alguno de los de mamá - respondió suavemente - debo ir a la casa de mis padres a buscar algunas cosas para ese día, y por las llaves de la cabaña, cuando vaya, buscaré uno.

- Si quieres te llevo más tarde, pero mídete algo acá, tal vez te guste alguno - le acarició suavemente la mejilla pero fue interrumpido por el vendedor que entraba con cuatro bolsas de ropa.

- Acá hay dos modelos diferentes de cada color - le entregó las bolsas a Darien - se los puede medir en uno de esos cuartitos - le señaló un par de cuartos en el extremo de la habitación - Quiere que busque algo más para su novia, señor?

- No... No s... - Serena intento responder, pero Darien la interrumpió.

- Sí, traiga un par de vestidos de gala verde esmeralda - el color lo dijo mirando a Serena directamente a los ojos - el verde resalta el color de tus ojos, preciosa - le dijo en un susurro y se acercó hasta dejar un beso en la comisura de los labios de la sonrojada rubia.

- Está bien, Señor, voy a buscarlos - una vez más el vendedor salió dejándolos solos.

- Porqué hiciste eso? - confundida aún por el beso, Serena logró preguntarle.

- Princesa, quiero que te midas algo, dame ese gusto, si? - sobó su mejilla, tomó las bolsas y caminó al cuartito - ya te muestro los trajes para que me ayudes a elegir - Sabía perfectamente que el reproche de la rubia no era ni por el vestido ni por el beso, era por no negar que era su novia, pero la idea no le molestaba, y aunque fuera en esa sala exclusiva, ella podría ser su novia.

Un par de minutos después, Darien salió vistiendo un traje de color gris claro, con una camisa lila, con los tres primeros botones sueltos. El saco era de corte informal y no tenía botones para asegurarlo.

Con admiración, Serena lo veía de pies a cabeza. Sus piernas y trasero bien formados, eran sutilmente demarcados sobre la tela del pantalón que caía perfectamente sobre sus piernas. Arriba, la camisa demostraba algo del fornido pecho, la chaqueta destacaba los amplios hombros y los fornidos brazos. Definitivamente, era un hombre de ensueño, destilaba masculinidad por donde lo viesen.

- Y qué tal? - Darien daba una vuelta y sonreía a la pasmada rubia.

- Te ves... Perfecto... - respondió sonrojada.

- Entonces lo llevo - terminó la frase y regresó al cuartito, bajo la mirada de Serena.

- Señorita - el vendedor entró cargando tres bolsas y colgándolas en un perchero - acá hay tres vestidos para que se mida.

- Muchas gracias - Serena lo miró y una idea se le vino a la mente - puede traerme algunas mancuernas de plata?

- Claro, en un momento regreso - una vez más el vendedor salió.

- No es necesario princesa, tengo algunas en casa, o puedo usar las de papá - Darien hablaba desde el cuartito.

- Si me vas a obligar a medirme un vestido, tendrás que conformarte con que te regale un juego de mancuernas - le dijo divertida mientras llevaba las tres bolsas al otro cuartito y regresaba al sofá de la pequeña estancia para esperar a Darien y juzgar el siguiente traje.

- Regalo? Ni se te ocurra preciosa! - respondió divertido antes de salir vistiendo un elegante traje negro completo. Camisa, corbata, saco y pantalón eran de un negro opaco que hacía resaltar los hermosos ojos azul zafiro. - Qué tal este?

- Justo como lo imaginé - Serena le respondió con una linda sonrisa y haciendo señas con un dedo para que girara - lleva ese, pero espera a que me traigan las esclavas.

- No es necesario Serena - Darien se acercó como un tigre acechando a su presa, tomó a Serena por la cintura y acercándola a su cuerpo y levantando su rostro para mirarla a los ojos - no quiero que gastes en mi...

- Disculpen... - el vendedor entró avergonzado - traje las mancuernas que me pidió señorita - le entregó cinco cajas de terciopelo apiladas y Serena se sentó en el sofá para mirarlas, invitando a Darien a sentarse a su lado.

El vendedor los veía aún apenado mientras Serena descartaba caja por caja. Al abrir la última, sus ojos se iluminaron y Darien lo notó de inmediato. El par de mancuernas de plata eran cuadradas, muy masculinas,pero tenía el gravado de una delgada medialuna que daba visos celestes.

- Llevamos el vestido que tiene puesto, el gris de la camisa lila y estas las pago yo - le entregó la caja mientras empujó a Darien al cuartito - y tu, cámbiate si quieres verme disfrazada - con una alegría que no sentía desde mucho tiempo atrás, Serena entró al segundo cuartito dejando al vendedor afuera.

Darien salió en tiempo récord. Se sentó en el sofá, entregó los dos vestidos descartados al vendedor que salió con ellos para devolverlos. Esperó a que su rubia saliera mientras miraba una y otra vez las hermosas mancuernas hasta que sintió la voz de Serena preguntando cómo se veía.

Alzó la mirada e igual que en la mañana, quedó sin palabras. La rubia llevaba un extraño pero impresionante vestido. Un straplees de fondo negro con un delicado y gran estampado en flores verde esmeralda, se ceñía desde su busto hasta tres manos por encima del muslo, dibujada su silueta de una forma perfecta. Pero sobre el vestido, desde el pecho bien marcado, caía una seda transparentosa, de color verde esmeralda, que llegaba hasta el suelo y no le cubría la parte delantera. En el brazo derecho, un tirante de la misma seda, con detalles en piedras negras adornaba el brazo, y para completar, la seda fruncida del busto, dibujaba una enorme mariposa de tela.

- Tan mal me queda? Ves porque prefiero usar los de mamá? - dijo Serena al ver que Darien no decía ni una palabra.

- Lo llevamos! - fue lo único que dijo el pelinegro cuando retomó el aire - lo uses o no en los grados de tu hermano, ese vestido es perfecto para ti - dijo levantándose y haciendo el mismo gesto que antes le había hecho ella con un dedo para que girara - te ves, simplemente, hermosa - se acercó a ella, y con rostro pícaro, la metió de nuevo al pequeño vestier y cerró la puerta - vamos, mídete otro.

Una vez más, pasaron los minutos, aunque esta vez, le dejaron retomar la compostura al sorprendido pelinegro. Pero cuando salió la rubia, de nuevo el aire escapó por completo de sus pulmones.

Otro extraño vestido cubría el perfecto cuerpo de Serena. Este tenía la parte superior a dos tirantes gruesos y era de un delicado encaje color verde, con incrustaciones en piedras celestes. Debajo del busto y hasta la cintura, se abría un cinto de satén verde y ahí empezaba lo complejo del vestido. Tenía tres capas y las tres se dejaban ver la una a la otra. En la más interna, una falda tubo, que le llegaba tres manos arriba de la rodilla se ceñía perfectamente a sus caderas. Sobre esta, y hasta el suelo, una capa del mismo encaje de la parte superior, pero más transparente, cubría las delgadas y largas piernas. Y finalmente, sobre el encaje, caía un velo de seda verde, dándole un toque mágico a todo el conjunto.

- No tienes que medirte más, llevamos los dos - dijo Darien al vendedor que había regresado, sin dar oportunidad a que la rubia se midiera el tercero - miró a Serena con un nuevo brillo en los ojos y sonriéndole le habló - Cámbiate princesa para que vamos a pagar.

Y después de volver a su apariencia inicial, salieron juntos. Darien cargaba los cuatro vestidos, mientras serena llevaba la cajita de terciopelo y caminaba aún molesta.

- Solo lleva uno de mis vestidos, no es justo Darien - decía con una tierna molestia.

- Quiero darte los dos, déjame, si? - sobó la mejilla de Serena y descargó los cuatro trajes en el mostrador para cancelarlos.

Una vez salieron del almacén, caminaron por los pasillos buscando un lugar para comprar un reglo a Artemis Chiba y a Sammy. Cosa que encontraron en una lujosa joyería y donde compraron un par de relojes y una esclava de plata.

- Ahora solo falta tu hermana - Serena seguía caminando al frente, cargando las bolsas de la joyería y de las mancuernas de Darien.

- Hay una tienda que le gusta mucho, venden artículos extraños y creo que le encantan sus bolsos - Darien tomó la delantera y giró por uno de los pasillos de almacenes - mira, es allí - con las bolsas de los vestidos en la mano, le señaló un almacén que exhibía unos hermosos animales de felpa y unas extrañas lámparas.

- Vamos! - como una niña pequeña, y provocando una sonrisa en Darien, Serena corrió y se perdió tras la puerta del almacén. En realidad estaba disfrutando de la salida de compras.

Cuando Darien entró y saludó cortésmente a la encargada, caminó directo a donde Serena miraba los animales de felpa.

- Mira Darien - cuando Serena sintió que su caballero se acercó lo suficiente, volteó sosteniendo un feo y desgarbado conejo de felpa que tenía las orejas más grandes que el cuerpo - es hermoso!

- Princesa, necesitas lentes, ese conejo es horrible - le respondió riéndose del feo peluche - ayúdame a buscar algo para Hotaru.

caminaron por el almacén y se decidieron por una hermosa mochila de cuero con un diseño en parches de colores. Pero al pagar, Darien sorprendió a Serena con la frase que le dijo a la encargada.

- Déme también el conejo horrendo - dijo sonriendo y mirando a su princesa sorprendida.

- Está bien, le empaco también el conejo?

- No, creo que mi conejita lo llevará en la mano - le entregó el feo animal a Serena que se sonrojaba por las palabras y el acto del pelinegro. Recibió la bolsa con la mochila y salió incitando a Serena a que saliera también.

- No tenías porque...

- Serena, ya te lo dije, quiero verte feliz, y ese feo conejo te hace feliz - señaló el animal de felpa desfigurado.

- No es feo, solo es desgarbadito - sonriendo de forma inocente, lo cogió de las dos manos y lo abrió frente a Darien. En verdad parecía que le faltaba relleno al pobre animal.

- Si tu lo dices, princesa - se dejó contagiar por la risa de Serena - vamos al auto, quiero llevarte a almorzar.

- Como diga el jefe! - con una exagerada expresión militar, Serena los siguió al parqueadero y salieron juntos hacia las calles de Tokio.

- Hace mucho no disfrutaba tanto ir de compras - Darien rompió el silencio del auto.

- Hace mucho no iba de compras - agregó Serena como completando la frase.

- Lo repetiremos, te lo prometo princesa - y con el gesto que ya se le había hecho costumbre, le acarició la mejilla tiernamente.

Llegaron a un restaurante informal pero muy bonito. Tenía una zona abierta, que permitía comer en un hermoso jardín, junto a un gran lago. Fue allí donde se sentaron. Darien ocupó la silla continua en vez de la del frente de Serena para tenerla mas cerca.

Hablaban de muchas cosas durante la comida. Se rieron, comieron y se divirtieron tanto que no vieron el tiempo pasar.

Después de terminar el postre y de esperar a que Serena dejara de reírse por la historia de cómo el pelinegro pilló a su hermano en la cama con Rei, por accidente, Darien se perdió en el par de ojos celestes por un momento, provocando un cómodo silencio entre ambos.

- No sé qué tienes Serena, pero me encanta verte reír - Darien tomó una de las manos de la rubia, le dio un beso en la palma y la entrelazó con la suya, dejándolas sobre la mesa.

- Gracias por todo Darien - seria, pero con voz dulces, Serena le respondió sin separar la mirada de la azul zafiro que la tenía atrapada.

Y fue justo en ese momento cuando el tiempo se detuvo entre ellos dos. Azul sobre celeste, se miraban intensamente. La distancia se hizo cada vez más corta. Sus rostros estaban a escasos centímetros, Darien tomó con su otra mano el rostro de Serena, lo levantó un poco y un segundo después, ambos con los ojos cerrados, tenían sus labios sobre los del otro.

Empezó como un roce tímido. Darien no quería asustar a su princesa y por eso se limitaba a rozar solamente sus labios. Esos labios rosados que sabían a miel y que lo tenían soñando durante días. Pero para su sorpresa, Serena continuó el beso, entreabrió sus labios dándole una invitación clara y con dulzura, el pelinegro lamió, besó y mordisqueó los labios de su princesa, feliz de que ella hiciera lo mismo con los suyos.

Serena sentía que volvía a vivir. Cualquiera aseguraría que después de ese beso, reaccionaría tan mal, que todos los presentes tendrían que buscar un lugar para esconderse, pero no, los labios de Darien la atrapaban en una ola de sensaciones que creía ya no existían en ella.

La falta de aire los obligó a separarse, pero solo un poco, porque Darien juntó sus frentes y sin abrir los ojos, solo se limitó a disfrutar del aliento dulce de su preciosa princesa.

- Déjame hacer parte de tu vida, princesa - le dijo en un ruego que sonó casi a súplica - déjame demostrarte que soy un hombre bueno y que quiero lo mejor para ti.

- Ya lo eres cielo - la voz de Serena salió en un susurro, pero la palabra usada hizo que Darien abriera los ojos sorprendido y se encontrara con los ojos celestes de Serena.

- Cómo me llamaste? - sin creer lo que había escuchado, se separó de ella intentando ocultar su sonrisa de alegría.

- Eh? Cielo... eso creo... Pero... - Serena, confundida por la reacción de Darien iba a disculparse pero un espontáneo beso en los labios la silenció.

- Gracias preciosa! - le dijo después de soltarla, provocando una risa inocente en Serena - Pero déjame hacerlo bien - se sentó bien en la silla, tomó las delicadas manos de la rubia entre las suyas, sosteniéndole la mirada y con un leve sonrojo en sus mejillas se atrevió a hablar - Serena Tsukino, quieres ser mi novia?

Un silencio que parecía infinito se abrió paso en la mesa. La risa de Serena se transformó en sorpresa y luego en... ¿Diversión?

- Eso debiste preguntarlo antes de besarme - Entre nerviosa, divertida y dulce, la voz de Serena le devolvió la tranquilidad a Darien - la respuesta te la di hace un par de minutos - y por primera vez, soltó sus manos y acercó una a la mejilla de su caballero, sobándola con suma delicadeza - aunque pensé que esas declaraciones ya no se usaban - y soltó una tierna carcajada que contagió a Darien.

- Si, pero no soy tan joven como nuestros hermanos y en mi época era así - respondió riendo - además, eres una princesa y mereces un buen caballero.

- Entonces, señor caballero - con una mala imitación de actriz de telenovela, la rubia volvió a hablar - Podría llevarme a dos lugares antes de dejarme en mi casa?

- A donde quieras preciosa - hizo un gesto para que el mesero llevara la cuenta y volvió su mirada a la hermosa rubia - tus deseos son órdenes para mí - acercó su rostro al de Serena y después de depositar un tierno beso en los rosados labios, volvió a hablar - Tenía miedo de besarte.

- y yo de que lo hicieras - En un susurro y volviendo a juntar sus labios con los de Darien, Serena habló - pero me alegra el que lo hayas hecho, ahora se que no todo en mi está mal.

- No digas eso de nuevo, preciosa - otro suave beso - quiero que olvides todo lo que pasó antes - se alejó de nuevo al sentir que el mesero ponía la cuenta en la mesa.

Sacó unos cuantos billetes, los dejó en la bandeja y extendió su mano para ayudar a levantar a Serena. Sonriendo y en un silencio que solo se rompía cuando la rubia daba una indicación para virar, llegaron a un pacífico barrio residencial. Las casas de fachadas claras y de dos plantas de extendían por varias cuadras.

Aparcaron en una que, desde afuera, se notaba que no recibía atención humana por años. Sin saber qué decir, Darien se bajó del auto, ayudó a bajar a Serena y la siguió hasta la puerta de la descuidada casa.

Con facilidad, Serena abrió la puerta y pequeños rayos de luz entraron en la desolada estancia. Tomó la mano de su príncipe entre la suya para darse valor e ingresó sin pensarlo. Era la primera vez que desde la muerte de sus padres y la mudanza para la casa de sus primos, entraba en la casa de la familia Tsukino Aino.

Los muebles estaban cubiertos por sábanas blancas, protegiéndose del polvo y el descuido. Los cuadros de las paredes, también se escondían tras grandes mantas y la escasa luz, gracias a las pesadas cortinas cerradas, le daban un tono tétrico a la imagen.

- No venía a la casa de mis padres desde su muerte - Serena rompió el silencio llamando la atención de Darien que intentaba buscar detalles en ese cuarto fantasmal - Quisiera que esta sea la casa de Sammy, cuando decida tener una familia.

- O sea que si quiero un lugar bonito para mi hermana, tendré que ayudarte a ponerlo a punto - Con gracia empezó a destapar un cuadro enorme que exponía un retrato familiar con una hermosa mujer de cabellos azulados, sentada en una gran silla, detrás de ella, un hombre con lentes y cabellos oscuros la abrazaba con cariño. En el piso, y apoyados sobre las piernas de la mujer, dos niños, la niña rubia y simpática y el chico, de cabellos rubios más oscuros y con una sonrisa angelical. Los dos hijos de la pareja aparentaban unos 10 y 7 años. Serena y Sammy, en compañía de sus difuntos padres - este retrato no debería estar oculto princesa - Serena, sin darse cuenta del atrevimiento de su ahora novio, volteó y se encontró con el enorme cuadro. Solo mirarlo le provocó un ardor en los ojos, que dio paso a unas cuantas lágrimas.

- Aún no supero su muerte - logró decir la rubia entre sollozos.

- Preciosa - Darien la abrazó con cariño - si los encierras nunca vas a hacerte a la idea de que no están - le dio un tierno beso en los cabellos y recostó la rubia melena contra su pecho.

- Tienes razón - después de unos largos dos minutos llorando, Serena se recuperó y caminó directo a una mesa alta que estaba recostada contra una pared y cubierta por una sábana.

Con sumo cuidado quitó la tela y tres grandes portarretratos aparecieron relucientes. En el medio, había una réplica de enorme cuadro, pero en la pequeña los niños estaban de pie a cada lado de su madre. A la derecha, una foto de Serena, con unos 15 años, en la que posaba mientras se columpiaba en un árbol. Y a la izquierda, Sammy, con unos 12 o 13, se reía mientras sostenía una gata gris en la mano.

- Son hermosas esas fotografías - Darien apareció por detrás y tomó una a una detallándola. Cuando soltó la de Sammy se atrevió a preguntar - Tenían un gatito?

- Era mía pero dormía con Sammy - Serena tomó la foto en la mano - El día que mis padres murieron, Diana desapareció de la casa, nunca pudimos encontrarla - soltó la foto y miró a Darien - iré por mi mochila de la escuela, quiero llevarme algunas cosas.

- Quieres que te acompañe? - Darien siguió los pasos de Serena hasta la escalera.

- Si no te molesta andar por este museo y verme llorar... - iba a seguir hablando, pero unos demandantes labios silenciaron su boca.

Con suma delicadeza, Darien abrazó a Serena y se apoderó de sus labios. Ahora que por fin los había probado, no quería soltarlos.

- Estoy contigo princesa, te acompaño - y siguió los pasos de la rubia al segundo piso.

Entre la oscuridad, caminaron hasta la puerta de un cuarto. Seguramente, el de Serena. Tenía una pegatina de un conejo sonriente de color rosa y que invitaba a pasar. Con inmensa ternura, Darien tomó la mano de Serena y abrió el pomo de la puerta. La rubia le estaba dando la oportunidad de conocer lo que era antes de que su vida se destruyera y no desaprovecharía.

Al entrar, una pequeña cama con una manta de lunas y estrellas, decoraba la pared donde había una ventana que daba a la calle. Decoraciones de conejos color rosa por todo lado, delataba a la joven. Todo estaba muy ordenado, descuidado, pero ordenado.

Serena se soltó de la mano de su caballero y caminó directo a un pequeño armario, de donde sacó una mochila rosada. Sin poder evitar sonreír por la revelación del color favorito de su princesa, recorrió con la mirada cada rincón de la habitación. En una esquina, encontró una tierna foto de su amigo abrazando a cada lado a dos rubias que serían casi idénticas, de no ser por sus peinados. Serena se delataba por el hermoso brillo de los ojos. Sobre la espalda de Haruka, Samy había quedado inmortalizado en un gran salto. Los cuatro sonreían al fotógrafo y parecía que estaban realmente felices.

- La tomaron una semana antes del incidente con Diamante - Serena tomó el portarretratos y dejó escapar una solitaria lágrima - Fuimos a la cabaña de la playa con mis padres y los chicos, mamá tomó la foto y después fue atacada por Haruka y Nicolas - Serena seguía narrando la historia con una sonrisa y un par de lágrimas más en su rostro - salvé la cámara antes de que los chicos la tiraran al agua con todo y ropa.

- Se ven tan alegres - abrazó a Serena por la espalda y detalló mejor la foto. En el fondo estaba la mística palmera de las fotos que le mandaba Serenity desde su paseo - Esa palmera es la misma de tus fotos?

- Sí - La rubia gradó el portarretratos en la mochila rosa y siguió hablando - papá la sembró cuando nací, a su lado hay una más pequeña, la de Sammy - hablaba mientras abría un cajón del tocador donde estaba la fotografía y sacaba un joyero cuadrado - Se supone que es s reflejo del amor de mis padres y el agradecimiento a Dios por nuestra existencia - aún siendo abrazada por Darien y disfrutando de ese contacto, Serena esculcaba el joyero en busca de algo en especial.

- Qué buscas preciosa? - Darien jo pudo aguantar la curiosidad.

- Ya verás - seguía rebujando hermosas cadenas hasta que alzó dos - creo que es el regalo perfecto para tu hermana - en su mano derecha alzaba un delicado collar con una llave de oro blanco y rosa y un par de diamantes - Me la regaló papá cuando terminé la preparatoria, me dijo que era la llave de un mundo lleno de felicidad - sonrió casi con adoración mientras buscaba en el mismo cajón dos pequeñas cajitas - ya ves que no lo fue para mí, pero tal vez para tu hermana sí - metió la cadenita en la caja y la metió a la mochila antes de tomar una segunda del desordenado joyero.

- Y esa? - Darien soltó uno de los brazos que se amarraban a la cintura de Serena y tocó la pequeña media luna plateada que colgaba¿

- Me la dio mamá el día en que nací - Serena soltó un par de lágrimas más - no me la quitaba nunca, me dijo que era una conexión especial de los tres, esta luna - tocó suavemente el dije - es la misma que iluminaba el cielo el día en que nací - la iba a guardar en la segunda cajita pero Darien se lo impidió.

- No la guardes, princesa - tomó la delicada cadenita y la pasó por el cuello de Serena - mantén a tus padres presente - la abrochó detrás y volteó a la rubia para tenerla de frente - ya haz sufrido mucho mi preciosa, es hora de sanar esas heridas y volver a tener una vida feliz - acercó su rostro y juntó sus frentes - Serena, tus padres siempre van a estar acompañándote - tocó el pequeño dije que ahora colgaba del cuello de Serena - y eso no debe doler, debe alegrarte - acercó sus labios hasta encontrar los de Serena y después de un suave beso que duró minutos se alejó limpiando las pequeñas lágrimas que decoraban ese hermoso rostro.

- Aquí ya terminamos, vamos a la habitación de Sammy - Serena se soltó del abrazo y tomó la mano de Darien guiándolo fuera del rosado cuarto.

Después de cerrar la puerta, Caminaron hasta la siguiente. Esta no tenía nada en la puerta, pero era de color azul. Serena abrió y Darien no pudo evitar sonreír al ver una habitación exactamente igual a la anterior, pero con color azul. Serena soltó la mano de Darien y caminó hasta la cómoda de donde sacó una pequeña cesta de mimbre con tapa. La curiosidad obligó a Darien a acercarse.

La cesta estaba llena de bolas de cristal de diferentes colores. Con suavidad, Serena buscaba en el fondo hasta que sacó una esclava de plata con una pequeña lámina en la que estaba gravada una luna llena.

- Es la joya de Sammy? - Darien entendió inmediatamente lo que tenía Serena en la mano.

- Sí, nació en una noche de Luna llena - la metió en la cajita donde iba a meter su cadena y sin guardarla en la mochila salió de la habitación llevando al pelinegro de la mano.

Entraron a la tercera habitación. Una cama matrimonial se extendía en el medio. Y un enorme tocador se abría paso entre dos ventanas. Serena empezó a sollozar, pero caminó en silencio hasta el tocador. Abrió un cajón y sacó un juego de llaves que metió a la mochila sin mirar. Sintió a Darien detrás de ella y se obligó a darle una explicación.

- Son las llaves de la cabaña de las montañas. Ninguno de los cuatro volvimos después de la muerte de nuestros padres - siguió buscando en el mismo cajón hasta sacar dos cajas de terciopelo. Una roja y otra negra.

Descargó la roja en el tocador y abrió la otra mostrándole a Darien su contenido. Un par de mancuernas plateadas y brillantes estaban puestas delicadamente. Una tenía una media luna grabada, idéntica a la que Serena había escogido para Darien en la tienda. La otra, una luna llena. Y sobre los gravados, se marcaban, delicadamente, un par de S entrelazadas.

- Serena y Sammy - No era una pregunta. Darien no necesitaba explicaciones, ésas eran unas mancuernas mandadas a hacer por el padre de su novia y cuñado, para llevar siempre a sus hijos con él. Era su joya personal.

- Si, ahora sabes porqué escogí las tuyas esta mañana - fue la respuesta de Serena mientras cerraba la caja y la metía a la mochila - se las daré a Sammy el día de su grado.

Después tomó la segunda caja y la abrió con delicadeza. Una delicada tobillera de plata adornaba la caja. Tres dijes colgaban alrededor de ella. Una media luna, una luna llena y una pequeña placa con las S entrelazadas.

Sin pensarlo dos veces y comprendiendo que era la última de las joyas de la familia Tsukino, Darien guió a Serena a la cama de sus padres donde la hizo sentar. Tomó la caja de terciopelo y se agachó para quitarle la bota derecha a la expectante rubia. Después de deshacerse del zapato, tomó la delicada cadenita y la ató al tobillo de su princesa. Depositó un suave beso en el lugar ahora decorado y regresó el botín a su lugar.

Serena no logró contener las lágrimas por más tiempo. Dejó que las compuertas de sus ojos de abrieran y ocultó el rostro entre sus manos. Darien se sentó a su lado, la abrazó y la atrajo a su pecho para consolarla.

El tiempo pasó sin que los dos se percataran de cuánto había pasado. El celular de Darien vibró en su bolsillo e hizo que los dos se miraran. Serena aún sollozaba. Darien le limpió el rostro con una mano mientras, sin mirar, se llevaba el teléfono a la oreja.

- Hola...?

- Darien, aún estás con mi hermana? - la voz de Sammy resonó y el pelinegro puso el celular en altavoz para que Serena escuchara.

- Si, estamos en... - Darien se obligó a parar la frase al ver las señas de Serena diciendo que o dijera nada - ... en un parque pronto regresaremos.

- Ok, no tengan prisa, intenté comunicarme con ella pero no coge su teléfono, le dices que acabo de pasar con Hotaru por... - dudó un poco- ... Por casa, que la están esperando.

Sin entender bien, Darien miró a Serena, vio que ella asintió comprendiendo el mensaje y se puso de pie.

- Gracias Sammy, le doy tu mensaje, dile a Hotaru que nos vemos en el apartamento de ustedes en la noche, no la lleves a ca, yo lo haré.

- Esta bien, cuida a Serena por mi, nos vemos en la noche - y con esa frase, Sammy colgó la llamada.

- No entendí nada, pero ya escuchaste a tu hermano, princesa, dime a donde te llevo ahora - la tomó de la mano y salieron hasta la sala donde Serena recogió su bolso, as tres fotografías de la mesa y salieron hasta el auto sin decir nada más.

- todos los sábados y domingos en la mañana, Sammy y yo vamos a "casa" juntos - Serena rompió el silencio cuando Darien encendió el auto, haciendo las comillas con los dedos - quedamos en que él llevaría a Hotaru y yo iría más tarde, puedes llevarme?

- Claro, dime dónde es - acarició el delicado rostro, la acercó hacia él para darle un suave beso en los labios y puso el auto en marcha siguiendo las indicaciones de Serena aún sin entender nada.

Pero era solo cuestión de minutos el comprender todo eso. Serena lo dirigió hasta el cementerio central de Tokio. Bajaron de auto y antes de ingresar, la rubia compró un enorme ramo de rosas blancas.

Darien solo la seguía de cerca, estaba asimilando todo e intentando comprender porque los dos hermanos hablaban de "casa". Caminaron uno al lado del otro hasta un pequeño campo decorado con dos pequeña palmeritas y dos lápidas juntas: Kenji Tsukino e Ikuko Aino.

Ese era el dato que faltaba, "casa" era el lugar donde descansaban los padres de Sammy y Serena. Por fin Darien comprendió, pero "cómo que Sammy traería a Hotaru a ese lugar?". Esa era la pregunta que cursaba la mente de Darien.

Serena por su parte, colocaba las rosas al lado de un ramo de rosas amarillas frescas que estaba en la mitad de las dos lápidas. Desató los ramos con delicadeza y regaba las rosas de los dos colores frente a ella. Se sentó para reordenarlas mientras Darien seguía de pie, mirando a la nada e intentando entender todo.

- Perdónenme por tardarme y no venir con Sammy - la voz de Serena hizo volver a Darien que se sentó a su lado a ver cómo mezclaba las rosas en un nuevo ramo - Me dijo que quería presentarles a Hotaru, es una niña muy linda, espero que les haya gustado - la rubia hablaba tranquila y como si en verdad su padres estuvieran frente a ella.

Darien solo miraba y se enternecía mientras Serena les contaba lo sucedido en esa semana. Les habló de Diamante, del ataque de Zafiro y les pidió perdón por encerrarse otra vez.

- Ahhh que mal educada soy - miró a Darien a su lado - él es Darien Chiba - tomó la mano del pelinegro y volvió el rostro hacia las lápidas - El hermano mayor de Hotaru y el chico del que les hablé hace días - sin mirar a Darien, siguió hablando como si él no estuviera ahí, pero sentía sus dedos entrelazados a los de él - hoy me acompañó a casa para recoger las joyas de la familia, por fin tuve el valor para regresar, él me dio ese valor - apretó la mano de Darien entre la suya como agradeciendo - me pidió que fuera su novia y yo acepté, espero que no te moleste mucho papá.

Con cada palabra, Darien se conmovía más y más. Nunca pensó que alguien pudiera hablar así con la nada. O bueno, la nada para muchos, sus padres para ella. La vio hablar tranquila hasta que el cielo oscureció. Les contó que esa noche había una luna exacta a la de la noche en la que nació y se despidió prometiendo regresar al otro día en la mañana.

- Pensarás que estamos locos, no? - le preguntó a Darien que seguía mirando el ramo de flores concentrado.

- No princesa, solo un poquito - tocó la punta de la nariz de Serena con una pícara risa - puedo hablar con ellos o se molestarían? - se atrevió a preguntar eso para aliviar un poco a la rubia.

- En verdad quieres hacerlo? No crees que es tonto? - Serena estaba sorprendida. Cuando Haruka y Mina los acompañaban, se reían horas por los extensos diálogos de Sammy y Serena con la nada.

- Claro, quiero hacer las cosas bien - apretó la mano de Serena entre la suya y le dio un casto beso en los labios - puedo? - agregó señalando las frías lápidas.

- Si tu quieres... - iba a seguir, pero Darien comenzó con el monólogo al aire.

- Señores Tsukino, permítanme decirles que tienen una hija maravillosa. Ha sido una excelente hermana mayor, es una gran trabajadora y una mujer tan dulce que logró hacer sonreír a este ogro - Darien hablaba sin mirar a Serena, solo a las lápidas, exactamente igual a como hacía ella. Las primeras tres palabras lo hicieron sentir ridículo, pero después, solo dejó que salieran una tras otra - les prometo que la voy a cuidar con mi vida, si fuera necesario y que voy a trabajar por hacerla feliz...

El tiempo pareció detenerse. Un viento cálido rodeó a Darien y Serena. Mientras Serena solo cerró los ojos, alzó su mirada al cielo y disfrutó de la sensación, Darien se asustó tanto que apretó de más la mano de la y miró a todos lados. Nunca había experimentado algo así. No era de temer, era un ambiente acogedor. Imitó a Serena y cuando el cálido aire se fue, volvió a abrir los ojos para encontrarse con una Serena sonriente y con lágrimas en su rostro. Aún tenía los ojos celeste cerrados y seguía mirando con el rostro dirigido al cielo.

- Gracias mamá, gracias papá - dijo en un susurro y volvió su rostro a Darien - te asustaste?

- Un poco, si te soy sincero, no entiendo nada - se puso de pie y ayudó a Serena a pararse. La abrazó por la espalda, dejó que ella pasara su delicada mano por su cintura y caminaron al parqueadero abrazados.

- Perdona no advertirte, no todo el mundo puede sentir esas cosas, no pensé que tú lo harías - habló la rubia cuando Darien se sentó a su lado en el auto.

- Nunca había sentido algo así - miró a Serena - pero me alegra haber compartido esto contigo, gracias preciosa - acarició el rostro de Serena y encendió el auto - pero puede explicármelo?

- claro cielo - devolvió la caricia al rostro de Darien y empezó a explicar - nuestra familia era muy unida, mis papás se amaban como nadie se ama ahora y después de morir, nada pudo romper ese lazo - suspiró mientras Darien daba marcha al carro - La primera vez que sentí su energía fue en el entierro de ellos. Haruka me abrazaba mientras yo le decía llorando que me quería morir con ellos. Sammy estaba en brazos de Mina llorando de forma inconsolable - Darien escuchaba atentamente la historia - Haruka me dijo que no estaba sola, que lo tenía a él y a Mina, y que mis padres siempre nos acompañarían, fue en ese momento que los sentí cubrirme con su calor. Hauka no sintió nada, pero yo estaba convencida de que eran ellos.

- Sammy también... - Darien iba a preguntar pero Serena continuó.

- Sammy los sintió después de pedirme perdón por su rebeldía - dijo tras un suspiro - cuando tu hermana llegó a nuestras vidas volvimos a unirnos y eso parece que les gusta a mis padres, por eso siempre venimos juntos y hablamos con ellos, porque estamos seguros de que nos escuchan.

- Es algo... Mágico? - fue lo único que logró preguntar Darien.

- Si, y es lo que me dice que hago las cosas bien con Samuel - miró a Darien que estaba concentrado en la carretera - Aún con esto quieres que sea tu novia? Estoy loca, Cielo.

- Te quiero Serena - habló sobando la pierna de Serena con cariño y sin medir el gesto, lo hizo casi que automático, pero a Serena no le molestó - loca y todo, solo quiero hacerte feliz, entiéndelo...

Regresaron al apartamento que ahora Darien sabía, le pertenecía solamente a Haruka y Mina, haciendo una parada rápida en una pizzería para llevar algo de cenar. Cuando se acercaban a la casa, vieron en la puerta a tres personas hablando. Haruka abrazaba por la cintura a Mi hiru, la hermana mayor de Amy, que misteriosamente, compartían mucho tiempo juntos. E rubio discutía con una exuberante pelirroja.

Serena se quedó de una sola pieza y se agachó en el asiento para no ser vista. Darien se puso nervioso por volver a ver a esa mujer.

- Conoces a Beryl? - Se obligó a preguntarle a Serena que estaba asustada.

- Es la mejor amiga de Esmeralda, la hermana melliza de Zafiro - respondía la rubia intentando controlar su miedo hasta que cayó en la cuenta. Darien la conocía? - y tu? La conoces?

- Sí, más bien de lo que quisiera, pero no sabía que tenía una relación con Diamante - Acarició los cabellos de Serena y detuvo el auto frente a la puerta - Quédate acá preciosa, creo que está acá más por mi que por ti, pero te explico después de que se vaya - apagó el carro y se bajó con la expresión más relajada que pudo simular.

- Ves que aún son amigos! Eres un mentiroso Haruka! - la pelirroja parecía bastante molesta. Se giró a Darien y se lanzó a sus brazos, pero el pelinegro la alejó al instante - Qué te pasa mi vida? - la voz melosa de Beryl resonaba tan duro que Serena escuchaba todo.

- Tu vida? Beryl, hace ya muchos años que se acabó lo nuestro, desapareciste antes de nuestra boda o no lo recuerdas? - más frío que un témpano de hielo, Darien hablaba para despachar a la intensa mujer.

- Lo siento, mi vida- Beryl estaba a punto de arrodillarse en el suelo a rogar pero Haruka intervino.

- Mira Beryl, nunca le dije a Darien porque te fuiste y si no quieres que te dejé como lo que eres frente a él, es mejor que te largues y no vuelvas nunca más - Con una ira extraña el rubio gritaba y Michiru intentaba controlarlo.

- No lo escuches Darien, tu amigo siempre estuvo detrás mío - la exótica mujer estaba al borde de la desesperación.

- Beryl, vete, hace mucho no quiero saber nada de ti - la seriedad de Darien era tan extraña que hasta Haruka sintió algo de temor.

- No me voy! - se plantó Beryl delante del pelinegro pero fue l rubio quien se interpuso y la tomó del brazo.

- Mira zorra! - la bajó del portón de un tirón e ignorando que Serena estaba en el auto soltó la bomba que guardó por tantos años - vete a los brazos del miserable con el que engañaban a mi mejor amigo y a mi prima - la empujó tan fuerte que casi la hace caer de espaldas en el asfalto - vete a los brazos del imbécil de Diamante y de paso le dices que no se le ocurra seguir buscando a Serena!

La mujer salió corriendo del lugar. Darien se quedó de piedra al escuchar a su amigo y Serena desde el auto, estaba igual de sorprendida.

cuando la pelirroja ya había desaparecido, Darien volvió al auto bajo la vigilancia de Haruka que no sabía qué decir para disculparse. Pero quedó aún más arrepentido cuando vio que Serena se bajaba del auto y se lanzaba a los brazos de Darien llorando.

- Ya pasó hermosa - le acariciaba la espalda con ternura - estoy contigo, lo recuerdas?

- Dar... Perd... No sabia... - Haruka no sabía qué decir y Michiru sentía que estaba de más en la escena.

- Ya sabía que me engañaba, no sabía con quien, pero no te preocupes - habló el pelinegro haciéndole señas al rubio para que viera que a quien realmente había herido era a Serena.

- princesa... - Haruka se acercó a la pareja y sobó los cabellos de la rubia que aún sollozaba con el rostro escondido en el pecho de Darien - perdóname...

- No te preocupes - respondió la rubia sin voltear, después de sorber la nariz - todo eso ya pasó, solo estoy algo sensible - levantó el rostro y miró a Darien que estaba prevenido por todo lo que había escuchado Serena sin querer - me ayudas a bajar las cosas?

- Claro preciosa - al ver que Serena estaba mejor, soltó su abrazo y abrió la cajuela del auto mientras Serena, bajo la mirada inquisitiva de Haruka, sacaba la mochila rosa y dos cajas grandes de pizza del asiento trasero.

- Estás bien Sere? - Haruka le recibió las cajas de pizza e intentó hablar con ella, pero la respuesta de la rubia lo dejó frío.

- Si, y antes de que preguntes o veas algo, Darien y yo estamos juntos - la rubia hablaba al lado de su primo que parecía una estatua - y no te preocupes, yo misma se lo cuento a Richard y a Nick.

- Chiba! - Haruka, entre lo arrepentido, agradecido y enojado llamó a su amigo que caminaba hacia ellos con dos bolsas enormes de ropa - cómo te atreviste...

- Mira Haruka, no me voy a aguantar tus celos de primo sobreprotector - le puso una mano en el hombro - me conoces amigo, no voy a hacerle daño - eso lo dijo mientras los dos hombres veían a Serena y Michiru abrazándose con cariño.

- Te tendré vigilado, lo sabes, verdad? - Haruka y Darien se abrazaron por los hombros y entraron a la casa siguiendo a las dos chicas que hablaban de vestidos y regalos.

Dentro, Sammy, Hotaru, Amy y Richard hablaban en la sala tomando algunas cervezas y jugos naturales. Había música suave y los cuatro reían alegres. Al ingresar, Sammy corrió a abrazar a su hermana con una devoción que no demostraba desde tiempo atrás. La rubia sintió eso y sin decir una palabra, tomó las pizzas de la mano de Haruka con una mano y con la otra haló a Sammy a la cocina, dejando a todos extrañados en la sala. A todos, menos a Hotaru, ella sabía muy bien qué sucedía.

- Qué le pasó a este muchachito ya? - Haruka divertido por la escena hablaba mientras se aplastaba en el sofá y halaba a Michiru para que se sentara junto a él.

Darien solo se limitó a llamar a su hermana con la mirada y a llevar juntos los vestidos de Serena al cuarto de chicas.

Mientras, en la cocina, Sammy soltó las lágrimas que tenía rato conteniendo y se abrazó a Serena como un tierno cachorro.

- Me vas a decir qué te paso? - Serena le habló con dulzura mientras le acariciaba la espalda a su hermano.

- Llevé... A ... Hotaru... A ... Casa - empezó a hablar entre sollozos - Serena, mamá me habló - miró a su hermana a los ojos buscando alguna señal de susto o incredulidad, pero se encontró con una mirada que no veía desde hacía casi tres años - me estoy enloqueciendo tonta...

- Sammy, de nuevo? - lo guió hasta la mesa de la cocina y se sentó frente a él - qué les dijiste?

- Les presenté a Hotaru, les dije que ella me ayudó a quererte como antes y que era nuestra familia ahora - Sammy narraba con palabras atropelladas - y escuché a mamá, me dijo que estaba feliz y que ahora debía cuidarte yo a ti, que tu labro estaba terminada...- sorbió la nariz - intenté llamarte pero no contestaste.

- Lo siento Sammy, no tenía el bolso conmigo, pero no tienes porque asustarte, yo quisiera oírla también - tomó la mano de su hermano - Darien los sintió esta tarde - le cambió el tema para intentar tranquilizarlo.

- Así como los sentimos nosotros? - parecía realmente sorprendido y al ver a su hermana asentir, agregó - cómo lo tomó?

- Al principio, igual que tu, luego lo aceptó como algo normal - y con esa frase, lo invitó a servir pizzas para todos mientras él le contaba que Hotaru también sintió lo mismo.

En la habitación de chicas, Hotaru estaba algo indecisa en hablar con su hermano mayor, pero después de verlo tan pensativo se atrevió a romper el silencio mientras metía cuidadosamente los dos vestidos al armario de Serena.

- Darien, crees en cosas paranormales?

- Hasta hoy no, porqué lo preguntas? - Darien estaba tranquilo, pensativo, pero relajado.

- Volví a escucharlos, después de mucho tiempo - cerró el armario y corrió a abrazar a Darien que esta a de pie cerca de la puerta - pensé que ya no me atormentarían más... - Hotaru siempre había sido una niña muy diferente a las demás.

Desde muy pequeña tenía dones de premonición y en ocasiones, escuchaba espíritus que le pedían favores. Esos dones fueron un dolor de cabeza en la familia, pero durante unos cinco años no se manifestaban. Darien fue el único que le creyó al 100%, pues aunque él no era tan sencible, tenía dones similares, pero mientras dormía, todo era mediante sueños.

- Ya enana, si es por los padres de Serena y Sammy, fuimos dos, no te preocupes -'la alejó un poco y la miró a los ojos - te dijeron algo en particular?

- No, solo me agradecieron, no me pidieron nada, es primera vez que pasa, pero no descansan en paz, no aún...

- Luego podremos ayudarles, por ahora, creo que nuestros novios nos esperan - abrazó a Hotaru por los hombros pero la chica se alejó de inmediato mirándolo fijamente.

- Novios? Darien... Serena...? - no sabía ni cómo formular la pregunta.

- Si, aceptó ser mi novia - la sonrisa tonta en el rostro de Darien hizo sonreír también a Hotaru.

- Me alegra grandote - abrazó a su hermano y regresaron a la sala.

La noche entre amigos pasó rápidamente. Michiru, Amy y Richard se habían ido a dormir temprano. Haruka se les unió unas horas más tarde. Hotaru se había quedado dormida en uno de los sofás y Sammy la había llevado al sofá cama de la biblioteca mientras Darien se decidía a irse.

pasaban las dos de la mañana cuando Serena bostezó por tercera vez seguida. Darien la abrazaba en una cómoda otomana en la que los dos estaban muy juntos, enredados en un cálido abrazo.

- Mi princesa, ve a dormir, mañana podemos hablar - acarició el rostro de Serena que descansaba sobre su pecho.

- Si, creo que es lo mejor - Serena levantó el rostro y haciendo algo que reía nunca haría, tomó la iniciativa para besar los dulces y ardientes labios de Darien. Estaba volviendo a vivir gracias a él y a todo lo que despertaba en ella. Un beso era la mejor muestra de que estaba saliendo de ese hoyo en el que estuvo por tanto tiempo.

El beso se alargó por varios minutos rozando el límite entre el cariño y la pasión. Serena enredada sus dedos en el cabello azabache y halaba, de cuando en vez, pequeños mechones. Darien recorría la pequeña espalda una y otra vez con suaves caricias que dibujaban extrañas figuras.

La falta de aire los obligó a separarse, pero mientras se sumergían en los ojos de otro, sus mentes y cuerpos les decían que ese era su destino.

- Gracias hermosa - Darien le dio un beso en la punta de la nariz - me regalaste la mejor cita de mi vida.

- No seas tonto Darien, me viste llorar, asustarme, halar con muertos... - Serena enumeraba divertida con los dedos de la mano - eso no es para nada algo que quepa en el concepto de cita exitosa...

- Me dejaste ver a la Serena que existía años atrás - Darien hablaba serio pero con dulzura - a la que quedó guardada en el armario y a la que voy a recuperar - le dio un casto beso en los labios y siguió - Princesa, a partir de ahora, eres mi vida, el centro de mi existencia...

- y tu el mío - se abrazó a él con fuerza - te prometo que pondré de mi parte - le dio un beso en el pecho por encima de la camisa - también fue la mejor cita que he tenido en m vida, gracias...

- Te mereces el mundo entero, no me agradezcas - se puso de pie con Serena entre sus brazos - acompáñame a ir por Hotaru.

Abrieron la biblioteca y encontraron a Sammy y Hotaru dormidos profundamente, abrazados el uno al otro. Darien luchó contra sus celos de hermano y se limitó a ver a la rubia.

- Déjala cielo, me da pesar despertarlos - Serena se abrazó a Darien con fuerza - más bien quédate si quieres - el comentario inocente de la rubia enterneció a Darien.

- Hermosa, ya hay mucha gente durmiendo hoy acá, no crees?

- Pero aún queda el otro sofá cama de la biblioteca - señaló el mueble que estaba en frente de ellos - puedes quedarte si quieres... - repitió con esperanza.

- Puedo negarme a una petición tuya? - la abrazó con fuerza y caminó con ella hasta el sofá - me acompañarás esta noche? O seré un policía solitario vigilando a nuestros hermanos?

- Puedo acompañarte un momento - avergonzada y nerviosa, Serena se separó un poco - espérame acá voy a buscar un par de mantas y una pijama - y diciendo esto, salió de la biblioteca.

Darien abrió el cómodo sofá, se quitó las zapatillas, los calcetines, el cinturón y la camisa. Por respeto a su hermosa novia, dejó el pantalón que llevaba puesto en su sitio y se recostó a esperarla. Minutos después, una torre de mantas y almohadas caminaba con unas delgadas y largas piernas que solo vestían unos delicados shorts rosa oscuro.

Riendo se levantó y le recibió el montón a su novia yudo divisarla hermosa figura de Serena. Llevaba una camisa de tirantes del mismo tono del corto pantaloncito. No llevaba sujetador, por lo que sus pechos se marcaban como dos perfectas montañas que sobresalían del esbelto cuerpo. El cabello rubio suelto bajaba hasta cubrir todo el curvo trasero y ya sin maquillaje, se resaltaba su belleza natural. La imagen provocaría los deseos de cualquier hombre, pero Darien debía controlarlos a toda costa.

Juntos, separaron las matas y cubrieron a Sammy y Hotaru con un par de ellas. Luego, pusieron las almohadas en el sofá y con un acto más tierno que cualquier cosa, Darien pidió a Serena que se acostara. La cubrió con la manta, apagó la luz y se acostó a su lado, atrayéndola hacia su pecho y abrazándola por la cintura.

- Buenas noches mi hermosa princesa - se alzó un poco para alcanzar los labios de Serena y depositar en ellos un tierno beso.

- Buenas noches mi cielo - como si se tratara de su hermano o de Haruka, Serena pasó su brazo por el pecho de Darien y entrelazó sus piernas con las de él, quedando aferrada como un koala al firme cuerpo masculino.

El sueño los venció minutos después, dando por terminada, oficialmente, la cita más extraña y especial que ambos habían tenido, pero a s vez, dando inicio a una historia que comenzó con un juego y que ahora había traspasado fronteras.


Primero que todo, debo disculparme por la demora, pero el trabajo solo me dejaba escribir un par de párrafos diarios y cuando llegaba a casa, estaba tan cansada que caía rendida de inmediato...

Aún así intenté reivindicarme con un poco de romanticismo que estaba haciendo falta a la historia. Expliqué un poco de la historia de Darien y me permití meter algo de misticismo... Solo espero que les haya gustado...

les dejo un beso enorme y una vez más les pudo disculpas...

Sophie...