Notas de Autoras:
¿Qué tal va todo por aquí? Porque aún estáis aquí, decidme que sí, por favor. Yo, en cambio estoy por allá. Sigo de vacaciones, pero la semana que viene ya estoy de vuelta, en plena forma, preparada para las posibles eventualidades. Lo cierto es que estar todo un mes sin internet antes era algo que no me quitaba el sueño y ahora es algo que necesito como el aire que respiro.
Os echo de menos, y que sepáis que he pensado en vosotras a menudo. Este capítulo (que es de lo que representa que tengo que hablar aquí) es un preliminar. Para que os hagáis una idea de lo que pasa por la cabeza de Harry cuando él y su adorado profesor están juntos en la misma habitación, o en la misma cocina…
Espero que os guste.
Snape's Snake
Bueno, bueno, ya estoy de vuelta. Que nadie me mencione las vacaciones, que ya se me han acabado y creo que voy a echarme a llorar de un momento a otro…
Para animarme un poco, voy a subiros el capítulo 9 que, como bien dice mi compi Snape's Snake, es el preludio de algo muy interesante que podréis leer en el próximo capítulo… ¡mwhahahahahaha! (risa copyright de Lord Voldemort, que no queremos problemas con las compañías de derechos de autor).
Pues nada, me voy a hacer pucheros un rato por la vuelta al trabajo, que disfrutéis del capítulo.
ItrustSeverus
Gracias muy especiales a Black Imago, mordred6, MoonyMarauderGirl, Nancy, Lolitobunny, dedog, ES, PrincessofDark, Amia Snape, .Snape, Red Machine, Dvaita, Louis Talbot y Silawe.
Muchas gracias también a tods los que habéis puesto esta historia en favoritos o en alertas.
Y por último, gracias a todos, tanto si lo hacéis desde las sombras o bajo la luz de los comentarios.
Disclaimer:
Severus no nos pertenece (si nos perteneciera no le hubiéramos hecho sufrir tanto, pobrecillo…) y el resto de personajes, tampoco. Son de una señora inglesa que se ha hecho rica maltratándoles…
Capítulo 9 – El león es un sumiso y no lo sabe
Snape, después de un solitario y frugal desayuno consistente en una buena taza de té y unas tostadas con mantequilla y mermelada de naranja amarga -su favorita-, se hallaba en su habitación, con el camisón puesto y sin parar de dar vueltas en la cama, discutiendo con su insidiosa voz interior, que no cesaba de exalzar el volumen del calzoncillo de Potter.
-Tampoco es para tanto – murmuró, molesto, su yo racional.
"Mejor que muchos de tus amiguitos de aquel bar", argumentó la irritante voz de la locura.
-¡Pfffffffftttt! – Se bufó a sí mismo en la oscuridad –. ¿Tú qué sabrás, estúpida? No eres más que una jodida voz.
"Puede… pero al menos yo no te engaño, Severus"
-¿Que no? Llevas mangoneándome media vida sólo para conseguir lo que tú quieres —replicó con amargura.
"Oh, pero lo que yo quiero es lo mismo que quieres tú" continuó la voz, sonando repelente y suave, todo a un tiempo.
-Ah, ¿sí? Resulta que yo quería ser usado por Malfoy, ¿es eso lo que me estás diciendo? ¿Y por el Señor Tenebroso? ¿Eso era lo que yo quería?
La voz tardó unos segundos en responder, como si realmente estuviera pensando qué decir, y cuando al fin lo hizo sonó cautelosa, como si temiera la reacción del hombre a sus palabras. Lo cual no dejaba de ser paradójico, teniendo en cuenta que estaba hablando consigo mismo.
"Bueno, Severus, sé que es más cómodo echarme la culpa a mí que asumir tus responsabilidades, pero yo soy sólo una voz, eres tú quien toma las decisiones, y sabes perfectamente que sí querías ser usado por el Señor Tenebroso. En aquella época, al menos. Y sobre Malfoy… desde luego tu intención no era que te dejara tirado como lo hizo, pero evidentemente te morías por echar un polvo con él, no puedes negarlo."
El timbre reprobatorio de la voz le crispó los nervios, pero se limitó a apretar los puños sin decir nada. ¿Y qué iba a decir, si en el fondo sabía que tenía toda la razón?
"Mi trabajo consiste en motivarte a conseguir tus deseos, todos tus deseos más inmediatos, el resto es cosa tuya", prosiguió la voz calmadamente.
-Ya –soltó Snape, molesto–, pues resulta que mi "deseo inmediato" es poder dormir en paz.
"No, querido mío, te engañas de nuevo, tu deseo más inmediato lleva gafas y tiene el pelo negro siempre revuelto."
-¡Se acabó! –Gritó, desesperado– ¡Te ordeno que te calles de una maldita vez!
Snape esperó unos segundos de tenso silencio, y cuando vio que nada ocurría dejó escapar el aliento entre sus apretados dientes. Por fin había conseguido hacer que la jodida voz se callara, pero ella también había logrado su propósito, y ahora le iba a resultar imposible dormir. El sueño se había ido a tomar viento de un solo plumazo por culpa del mal humor. Se levantó, exhausto y frustrado, incapaz de gozar del descanso que tanto ansiaba su agotado organismo.
Y lo más frustrante de todo ello era que debía seguir en esa casucha infernal para cumplir con su misión de curar al perro pulgoso, por lo que él mismo estaba de un humor de ídem, y dispuesto a morder a la más mínima provocación.
En el mismo momento en que el profesor tomaba esa importante decisión -la de saltarle a la yugular a cualquiera que le saliera al paso- sobre cómo quería mostrarse anímicamente para el resto del día –que no difería mucho del resto de días del año, en realidad–, Harry, que estaba sentado en la cocina golpeteando la mesa con los dedos sin parar, llegaba también a una resolución respecto a sus actuales dilemas existenciales, que se reducían a una pregunta fundamental: ¿someter o ser sometido?
Se había dado cuenta de que sí, que se excitaba hasta doler cada vez que Snape le insultaba o le amenazaba. Sin embargo, no pensaba renunciar al placer de intentar dominar al pocionista. Si lo conseguía, el cielo se abriría para él. Si no, siempre le quedaba la opción de ofrecer dócilmente su propio trasero para catar aquello que Lupin había devorado con glotonería en el pasillo, mientras él les espiaba desde la escalera relamiéndose los labios.
De pronto se sintió sorprendido de sí mismo. ¿Cómo había llegado a ese extremo? Había pasado de odiar a Snape con todas sus fuerzas a desearle a cualquier precio, sin pasar por ningún término medio. Eso no decía mucho sobre su cordura.
-¿Y a quién coño le importa? – Le dijo a la pared de enfrente, que le devolvió impasible la imagen de las cacerolas que colgaban de sus ganchos.
Lo cierto era que Snape le estaba haciendo experimentar unas sensaciones que nunca antes había conocido. El temor y el rechazo que le había causado hasta hacía bien poco habían desaparecido por completo, y ahora sólo podía sentir sus piernas flaqueando; sus pies cosquilleando hasta el punto de hacerle temer por su equilibrio; el vello de sus brazos y su nuca erizándose sin remedio; las manos temblando, con las puntas de sus dedos electrizadas y tan sensibles al tacto que dolían al rozar cualquier superficie, por suave que fuera; y lo más curioso de todo: le parecía como si miles de mariposas revoloteasen en su estómago -o más bien en su entrepierna- provocando que sus testículos se contrajesen, y la base de su pene vibrase expectante.
Pero lo mejor de todo era cómo sucedía, no cómo empezaba. Porque estaba claro que empezaba con solo estar en la misma habitación que él. No. Lo mejor, era que sentía todas esas cosas a la vez, incapaz de discernir qué era lo que había sentido primero, y eso le gustaba. Mucho.
Debía reconocerlo, estaba hambriento, sediento de Snape. Si aquello era el primer paso hacia la locura, quería tirarse de cabeza.
Escuchó los pasos de alguien que bajaba por la escalera y consultó la hora. Snape debía haberse despertado ya, probablemente era él quien bajaba. Se puso de pie, súbitamente nervioso, y empezó a recorrer la cocina, mientras intentaba encontrar algo inteligente que decirle al profesor.
El hombre entró en la cocina ataviado con su capa de viaje y el maletín que había traído colgando de su mano el primer día que llegó allí.
-¿Se va? – Preguntó Harry, súbitamente alarmado.
Eso desbarataba sus planes, Snape no podía irse, simplemente no podía. Todavía no había conseguido conquistarle, ¡maldita fuera su estampa!
-Es usted muy observador – ironizó Snape, con una sonrisa ladeada –, teniendo en cuenta sus habilidades, no comprendo cómo no saca "Extraordinarios" en todas las asignaturas. Ilústreme, ¿qué me ha delatado? ¿La capa de viaje o que lleve el maletín para guardar los ingredientes que tengo que comprar?
Al oír esto, Harry se sintió tan aliviado que se le escapó un suspiro, ignorando la acidez de las palabras del hombre. ¡Claro! ¡Se había olvidado! La noche anterior habían hecho el inventario y el hombre había decidido que tenía que comprar más ingredientes para elaborar sus pociones.
-O sea, que volverá más tarde… –estaba tan feliz que no pudo evitar soltar semejante estupidez.
-Por más que desearía evitarme esa tortura –replicó Snape, contento de que Potter volviera a las andadas con sus absurdos comentarios; le producía un placentero escozor en el estómago el poder martirizarle con su fina ironía, y más teniendo en cuenta el estado de ánimo en que se encontraba–, me temo que sí, que tengo que volver. Hasta que su idolatrado padrino no sea capaz de volver a ponerse de cuatro patas y menear el rabo, mi trabajo aquí no habrá concluido.
Por un momento, Harry se alegró de que su padrino todavía no estuviera curado, pero enseguida se sintió terriblemente culpable por haber pensado eso y se apresuró a preguntar:
-Pero podrá curarle, ¿verdad?
-Yo preferiría no hacerlo, pero si no hay más remedio… –rezongó el hombre, encogiéndose de hombros con una sonrisa satisfecha.
El sarcasmo como terapia no tenía precio. Y el premio, es decir la cara de pasmarote que lucía el chico en ese momento, bien valía el esfuerzo. Se cruzó de brazos, esperando la acalorada réplica que estaba seguro no tardaría en llegar.
Harry bajó la cabeza, ni siquiera había escuchado lo último que había dicho el hombre, pero su mente trabajaba a toda velocidad. Era un consuelo saber que sólo se marchaba por un rato, pero aún así, ahora que se había decidido a iniciar algún tipo de conversación amistosa con su profesor, le fastidiaba tener que aplazarla hasta después de que volviera de hacer sus recados. Su rostro se iluminó unos segundos al recordar la conversación que había mantenido con Snape el día anterior y, alzando la centelleante mirada de golpe, se encaró con su maestro.
-¡Déjeme ir con usted! –Exigió, con las pupilas dilatadas por la emoción y un pequeño deje desesperado en la voz.
Snape se quedó de piedra. Si bien había esperado que el chico dijera algo, ciertamente no se trataba de eso en absoluto. Y menos con ese tono, el joven león sonaba… ansioso. Recompuso su expresión tan rápido como pudo, pero no logró evitar que un brillo de incredulidad siguiera reflejado en sus ojos.
-¿Pero qué dice, Potter? –Escupió cuando recuperó el habla.
-Sí –insistió el chico, acercándose a él con paso decidido y plantándose justo delante del profesor–, quiero ir con usted a comprar los ingredientes que le faltan… me irá bien tomar un poco el aire –puso como excusa.
Snape frunció el ceño.
-No necesito cargar con un crío a mis espaldas, gracias.
Pese a las desdeñosas palabras, la susurrante voz acarició los oídos del chico, haciéndole estremecer, y el cálido aliento del hombre inundó sus fosas nasales: olía a menta. Harry casi cerró los ojos para aspirar mejor el aroma. Casi. ¿Cómo es posible que huela tan bien, si se acaba de levantar?, se preguntó, ¿Es que acaso duerme con una hoja de menta bajo la lengua? Pensar en su lengua hizo que un escalofrío le recorriera la espina dorsal, de abajo arriba, instalándose en su nuca con un hormigueo persistente.
-Puedo… puedo ayudarle – se ofreció –. Podría llevarle el maletín…
-¿Acaso piensa que no soy capaz de llevarlo yo mismo? –Contestó, ofendido– Entiendo que a los jóvenes todo el mundo les parece viejo, pero no soy tan mayor como para necesitar asistencia, aún conservo todas mis facultades.
Lo sé todo sobre tus "facultades", pensó Harry, y sintió que su vieja amiga empezaba a reclamar su atención medio metro por debajo de su nariz.
-No quería decir eso… –se disculpó apresuradamente– sólo pretendía ayudar.
-El día que yo precise de su ayuda, Potter –apuntó Snape, inclinándose hacia él hasta quedar a escasos centímetros de su rostro–, el Señor Tenebroso fundará una organización benéfica para curar muggles enfermos.
Ahora sí. Ahora su manubrio se había rebelado definitivamente contra él y le castigaba golpeando con furia contra las paredes de tela que le encerraban. ¡Por Merlín! ¡Cómo le ponía que su profesor se mostrase sarcástico! Harry soltó un involuntario gemido y Snape frunció el ceño.
-¿Se encuentra bien? –Preguntó, incorporándose de nuevo– Espero que no vuelva usted a comportarse como un lunático. Creía que había quedado claro lo que le dije antes.
-Mmmm… síiiii… ha quedado muy claro –era indudable que Harry tenía problemas para controlarse, le costaba respirar, apenas era capaz de hablar y no podia moverse mucho si no quería evidenciar el estado de su entrepierna.
Snape se quedó mirando al chico con gesto irritado. No sabía qué diablos le pasaba, pero ya estaba harto.
-¡Qué ganas tengo de volver a Hogwarts! – Gruñó, molesto –. Así podré restarle puntos a su casa y castigarle cuando me plazca.
Una sonrisa malvada curvó sus labios, y Harry tuvo que apoyarse en el respaldo de una silla para no caerse. ¿Castigarle? ¿Había hablado de castigarle? ¡Oh Merlín, sí, cómo deseaba que le castigase! Harry, estás fatal, lo tuyo es enfermizo, se dijo el chico. No le importó.
Tragó saliva. Era evidente que la expresión alelada de su rostro no era lo que Snape esperaba tampoco esta vez, ya que su sonrisa se desdibujó lánguidamente y sus labios se fruncieron con impotencia.
-Está bien, me largo – soltó de pronto –. No aguanto más en esta casa de locos.
Y sin dar tiempo a que Harry replicase, se dio media vuelta y desapareció de su vista.
El chico se quedó temblando de excitación, todavía agarrado fuertemente a la silla. Bajó la mirada hasta su pantalón y descubrió un volumen alarmante en la zona más sensible de su anatomía. Necesitaba hacer algo al respecto con urgencia. Con mucha urgencia. Tanta, que ni siquiera se veía capaz de subir los tres pisos que le separaban de su habitación.
Unos minutos después, a bastante distancia de allí, Snape, sumido en sus pensamientos -que curiosamente volvían a involucrar al chico-, acababa de traspasar la entrada de "El Caldero Chorreante" para dirigirse en primer lugar al local del callejón Diagon donde encontraría la viralis, que era la tienda más cercana a la taberna.
Nada más llegar a la puerta del establecimiento, se llevó la mano al bolsillo de la capa de viaje para sacar la cajita que contenía la sustancia, sólo para encontrarse con que allí no había nada de nada. Tranquilizó tanto a su corazón desbocado como a su cerebro furioso al recordar los problemas que había mencionado Potter con sus múltiples bolsillos, así que empezó a registrarse a sí mismo, palpando cada una de las aberturas de la capa y también de la túnica, pero la cajita no apareció. Dio una patada en el suelo, frustrado.
-¡Maldito Potter! Le dije que volviera a guardarla…
Contrariado, deshizo en apenas unos segundos el camino que acababa de recorrer, se apareció ante la casa de Grimmauld Place, y entró en ella mascullando por lo bajo.
Nota final:
Y... se acabó ! El capítulo, por supuesto, sólo el capítulo. Poco a poquito Harry va allanándose el camino. ¿Qué creéis que pasará ahora? Nosotras no tenemos ni idea (No idea, que diría Severus). No vemos prontito. Os esperamos ¡!
Respuesta a Reviews anónimos:
Nancy: Hola, Nancy ¡!
Eres encantadora, de verdad.
Nos alegramos mucho de que te diviertas tanto con nuestras locuras, o mejor, con las locuras de Remus y Severus, jeje ¡!
Así que Remus en plan dominante, ¿eh? Oh, pero Severus es demasiado Slytherin para dejarse dominar por un simple Gryffindor… (él se lo pierde XD)
Gracias por tus elogios, por tu cariño y sobretodo por dejarnos tu comentario.
Muchos besos
Mordred: Hola, mordred ¡!
Tú misma lo has dicho, cualquier lugar. ¿Y qué mejor sitio que la habitación de Sirius, mmm?
A nosotras nos parece el lugar ideal para una cita, jeje ¡!
Veo que la idea de la orgía te sigue rondando… interesante.
Gracias por dejarnos tu review.
Besitos y nos vemos pronto ¡!
Silawe: Hola, Silawe ¡!
Bienvenida a nuestro fic, te has pegado un atracón de capítulos, ¿eh? Nos alegra mucho que te tomes la molestia de comentar, en serio, y sí, tienes razón, a partir de aquí la cosa se pone algo más interesante.
¿Así que crees que Harry no podrá conseguirlo? Hemos de reconocer que nos ha salido un poco tontín :) Pero tras el mal momento que ha pasado con el libro de quidditch se tendrá que espabilar.
Estamos de acuerdo contigo en que si Severus ya es caliente de por sí, cuando se junta con Remus son… oh… gloria divina.
Nos hace realmente felices que te parezca interesante la historia. Te esperamos en la próxima actualización, y muchísimas gracias por tus cuatro comentarios.
Besitos, guapa.
