Disclaimer: Soul Eater no me pertenece, lo único mío es la loca historia que están a punto de leer.
¡Nuevo cap!
¡Este no es mi cuerpo!
Cap. 8 Sexo, pudor y… ¿risas?
Soul POV
Suspiré mientras que la música retumbaba en mis oídos.
Nos encontrábamos en la casa de Kid, festejando el cumpleaños de Tsubaki. Todos se encontraban bailando al compás de la música en el centro de la habitación… o bueno, casi todos. Maka y yo nos encontrábamos recargados contra la pared, mirando en silencio a las parejas que bailaban.
Nuevamente suspiré, para luego voltear a ver a mi compañera dentro de mi cuerpo.
Ya había pasado una semana desde que me había agarrado a golpes con Saya, y desde ese día, la "relación" que ella y yo compartíamos se hizo un poco… tensa. No habíamos hablado en estos siete días, y lo peor de todo es que sentía que yo era el culpable de todo…
Estúpida intuición femenina…
Por tercera vez en la noche, suspiré y miré fijamente a Maka, quien miraba distraídamente la pista de baile. Discretamente comencé a acercarme a ella, y justo cuando nuestros brazos estuvieron a escasos centímetros de distancia, carraspeé un poco y llamé su atención.
- ¿Quieres ponche? – pregunté.
Genial, ¿no se me pudo ocurrir otro tema de conversación?
Ella me miró fijamente, y debo de decir que mi rostro se veía un poco… tenebroso al estar tan serio.
- No, gracias, no tengo sed.
Y allí se acabó nuestra larga conversación… ¡¿desde cuándo era tan sarcástico?!
Me enfurruñe en mi lugar, y sin decirle nada me encaminé hacia donde se encontraban las bebidas. Agarré un vaso y me serví un poco de ponche, el cual bebí sin tomarle mucha importancia. No sabía el porqué, pero de un momento a otro mi garganta se había secado y tenía un mal sabor de boca.
¿Por qué estaba molesta conmigo? Recordé lo que había sucedido hace una semana, y no encontré nada con lo que se pudiera molestar… creo. La había defendido de Saya, y en cierta parte del estúpido-emo de Nick, además de que la golpeada – estúpido término – terminé siendo yo.
Maldije el humor de mi compañera por una vez más en la semana.
Di un respingo cuando sentí como alguien sujetaba mi hombro. Volteé a ver al dueño de esa mano y me encontré con los ojos azules de Tsubaki, quien tenía una mirada llena de preocupación y curiosidad. Suspiré aliviado al darme cuenta que no era Nick – quien me había estado persiguiendo toda la semana –, para luego mirarla con una sonrisa.
- ¿Pasa algo? – le pregunté.
- Es lo mismo que te iba a preguntar, ¿les pasa algo a ti y a Soul-kun? Han estado raros estos últimos días… - murmuró mientras miraba a Maka (claro, creyendo que era yo).
- Pues… algo así… la rara es ella… ¡digo, él! – respondí al darme cuenta que estaba pensando en ella como… ella, cuando en realidad era él…
Dios, odio los cambios se cuerpo.
- ¿Ah, sí? – preguntó ella con una risita nerviosa.
- Sí, ah estado así desde que me peleé con Saya, ¡y eso es lo que no entiendo! ¡El enojado… digo, la enojada tendría que ser yo!
- ¿Acaso… le dijiste algo malo?
La miré confundido, para luego comenzar a rebobinar en mi cabeza…
"Sólo te dejo esto bien claro, Sakamoto, Soul es mío, ¿entiendes? Y si te vuelves a acercar a él, te mato"
"T-tú por lo general n-no dices eso… nunca lo haces, así que… ¿por qué lo hiciste?"
"Nada más lo dije para que te dejara en paz"
En mi mente, la última oración comenzó a hacer eco…
Oh.
- Creo que… sí tengo la culpa… - susurré, y de pronto, un extraño malestar comenzó a inundar mi cuerpo.
- Pues… no sé que le hayas dicho, pero yo digo que lo mejor es que lo solucionen de una vez, no me gusta verlos a ambos de esa manera.
- Pero… ¿cómo? Él no me quiere hablar y trata de evitarme a toda costa, además… yo… no sabría que decirle, la regué por completo – murmuré apenado mientras que comenzaba a jugar con el encaje de la camisa que estaba usando.
- ¿Y por qué no empiezas por decirle que lo sientes y que la amas?
- Porque no sé cómo decírselo a ella… - le dije, y tan pronto mi cerebro procesó sus palabras, mis ojos se abrieron enormemente por la sorpresa.
Ahogué un grito mientras señalaba a Tsubaki, quien simplemente se rió quedamente, para después sonreírme.
- ¡¿D-desde cuando lo sabes?! – exclamé.
- Desde que Liz te dijo que Maka-chan te amaba – me dijo sonriente.
- P-p-pero… ¿cómo…?
- Maka-chan no se desmayaría por eso, además de que tampoco se vestiría así ni aunque le pagaran – murmuró mientras señalaba el conjunto que traía puesto. Una mini falda de mezclilla, unos converse negros y una camisa negra con encajes blancos.
- Siendo sinceros, me gusta más esta ropa – admití –, pero Tsubaki, por favor, no le digas a nadie que… bueno, que yo soy Maka y que Maka es yo.
- Descuida, tienes mi palabra – me prometió –, pero deberías de hacerme caso, dile a Maka-chan lo que sientes, ¡y no puedes usar como excusa que ella no te quiere a ti! Verás cómo todo se solucionará… bueno, no todo, pero si la gran mayoría. Ella te quiere, sólo está esperando a que des tú el primer paso.
- Pero… ¿y cómo se lo digo?
- Con tú corazón – susurró, para luego encaminarse hacia donde estaba Black Star, quien se encontraba devorando toda la comida a su paso.
Miré nervioso hacia donde estaba mi compañera. Maka seguía recargada en la pared, mirando la pista de baile con aquella expresión seria que lograba hacer que me estremeciera. ¿Así era como me veía yo todos los días? Vaya… creo que debería de sonreír un poco más…
Sin poder evitarlo, me reí ante ese pensamiento.
Respiré hondo, y me preparé para lo peor. Lentamente caminé hasta donde estaba Maka, quien me ignoró nuevamente de manera olímpica. Eso me molestó un poco, pero decidí ignorarla y decirle de una buena vez que la amaba más que a mi vida misma.
Y justo cuando abrí la boca para hablar, Kid tomó el micrófono para llamar la atención de todos.
- Bien, a petición de la cumpleañera, he decidido buscar una canción perfecta para que todas las parejas bailen juntas, y también debo de avisar que estaré buscando al idiota que le puso alcohol al ponche, ¿quedó claro? – murmuró esto último molesto.
No pude evitar escupir el ponche que tenía en la boca.
¡¿Qué?!
A lo lejos, logré divisar como Black Star y Kilik se reían, mientras que disimuladamente guardaban una botella de extraña procedencia en sus ropas. Los fulminé con la mirada, y antes de que me lanzara contra ellos para golpearlos, una suave melodía comenzó a sonar en el lugar. Todos comenzaron a bailar de manera muy… pegada.
Tragué saliva, al mismo tiempo que volteaba a ver nuevamente a mi Técnico.
¡Vamos, tú puedes!
- ¿Quieres bailar? – le pregunté con una sonrisa tímida.
- No.
… genial…
La fulminé con la mirada, y sin decirle nada la sujeté de la mano con fuerza y la arrastré hacia la pista de baile.
- ¡Hey! ¡¿Qué te pasa?! ¡Suéltame! – se quejó mientras que trataba de liberarse de mi agarre.
- ¡Bien! ¡¿Quieres que te suelte?! ¡Lo haré! – espeté molesto, al mismo tiempo que soltaba su mano de manera violenta.
Sin dirigirle la palabra, me di media vuelta y comencé a caminar lo más lejos de ella. ¡Estaba harto! ¡Y este cuerpo se enoja con mucha facilidad! Sin embargo, antes de que pudiera alejarme más de un metro, una cálida mano sujetó la mía con fuerza.
No necesité voltear a ver al dueño de aquella mano, el cuerpo de Maka lo sabía de antemano. Ella me arrastró hasta el centro de la pista, y de una manera un tanto brusca me obligó a bailar al compás de la música con ella.
Me quedé en silencio, y simplemente me dejé guiar por sus torpes pasos. Maka podía estar en mi cuerpo, pero aún seguía teniendo una pésima coordinación en cuanto a baile se refiere. Después de un rato de silencio, en el que sólo se escuchaba la relajada música de piano, ella se acercó hasta mi oído. Su aliento me hacía cosquillas en el cuello.
- No quiero que vuelvas a soltarme… - susurró.
Yo la miré confundido durante un instante, para luego sonreír.
- No lo haré.
Y así, sin separarnos ni un segundo, bailamos aquella suave melodía.
Sé que sonaría estúpido y extraño, pero por un momento, sólo por un momento, me olvidé por completo que yo no estaba en mi cuerpo. Es más, no me importo tampoco que Maka estuviese en mi cuerpo. Por alguna extraña razón, podía sentir la calidez de su alma, y eso era todo lo que me importaba.
Suspiré, para luego mirar fijamente mi rostro. Maka también me miraba fijamente, y su cuerpo, al sentir la mirada penetrante de el mío, no pudo evitar cohibirse un poco, sin embargo, no me retractaría, ¡era ahora o nunca!
- Maka… y-yo… debo de decirte algo…
- ¿Uh? ¿Qué pasa?
- T-tú me…
No pude continuar, lo próximo que pasó hizo que me quedara estático en mi lugar.
Estaba empapado en ponche. Alguien – o algo – me había echado un vaso lleno de aquel pegajoso líquido en la cabeza. Mi cabello se pegaba a mi cara mientras que las gotas escurrían por toda mi cabeza. La música paró, y de pronto, todos voltearon a verme sorprendidos.
Yo por mi parte me giré y miré a la persona que se encontraba riendo detrás de mí. Le lancé una mirada asesina a Saya, quien de un momento a otro estalló a carcajadas.
- Lo lamento Albarn, pero me he tropezado y… bueno, al parecer tu cabello tenía sed – se burló.
Cuenta hasta 10 Soul. 1… 2… 3… 4…
- Pero bueno, creo que el ponche arruinará el tinte de cabello que te pones.
¡Al carajo el autocontrol, esta zorra me las pagará!
Antes de que pudiera lanzarme contra Saya, Maka me sujetó con fuerza del brazo y miró molesta a Saya.
- En primera, Sakamoto, el color de Maka es natural, y en segunda, ¿no crees que esa falda es muy pequeña para tu gran trasero? Yo que tú mejor me pongo un pantalón, no vaya a ser que en una de esas tu falda se levante y todos tengamos que ver tus… "atributos" – le dijo Maka con una sonrisa burlona.
El rostro de Saya adquirió una tonalidad que me recordó al color de un tomate maduro. Farfulló unas cuantas maldiciones, hizo un berrinche y luego salió prácticamente corriendo del lugar, seguida de su emo-amigo.
Todos comenzaron a reírse de la actitud de Saya, para luego seguir bailando al compás de una música más movida. Maka me sujetó de la mano, y antes de que pudiera preguntarle algo me guió hasta Kid.
- Hey, Kid, ¿podrías prestarnos tu baño? – preguntó mientras me señalaba a mí.
- Claro, octava puerta a la derecha – nos respondió mientras señalaba uno de los tantos pasillos que había en la mansión –, le diré a Liz que te lleve una muda.
- Gracias – murmuré, para luego seguir a Maka hasta el baño.
No tardamos mucho en dar con la puerta del baño. Entramos a este, y por un momento sentí que tendría un colapso al ver tanta simetría en el lugar. Las baldosas eran cuadros blancos y negros intercalados, había una gran tina al fondo, pero por alguna extraña razón este baño no tenía retrete – pero sí dos lavamanos a ambos lados de la habitación –.
Miré a Maka, quien me miró confundida. Le señale mi camisa mojada, luego la señalé a ella – o más bien, a mi cuerpo – y luego señalé la puerta del baño.
- ¡Por Dios, Soul! ¿Tú crees que no me he visto desnuda muchas veces?
- ¡Pero estás en mi cuerpo!
- ¡¿Y eso qué?! ¡Voy a bañarte, eres capaz de no limpiarte bien el cabello! Y si no te quitas bien el ponche con alcohol este se va a maltratar, ¡¿sabes cuánto trabajo me ha costado mantenerlo sano?!
Apenas iba a replicarle, pero en cuanto vi la mirada asesina que me lanzó decidí hacerle caso y comenzar a desvestirme poco a poco.
Ok, no entendía muy bien el porqué, pero me daba… ¿pena? Que Maka me viese… desnudo. Sí, sí, vale, lo aceptaba, ella se había visto desnuda infinidad de veces, pero había sido ella, y en su cuerpo. Y aunque yo también la había visto desnuda desde que habíamos cambiado de cuerpos, me sentía… incomodo. No quería que mi cuerpo mirase el cuerpo desnudo de mi Técnico.
Soy celoso hasta con mi sombra…
Cuando la camisa negra terminó en el suelo, Maka carraspeó un poco, llamando mi atención, para luego señalarme. Bajé la mirada hacia donde apuntaba su dedo, y me di cuenta de algo todavía peor…
El sujetador también estaba mojado.
Tragué saliva, sumamente nervioso, y en un rápido movimiento me deshice de la prenda, para luego cerrar los ojos.
- Eres extraño Soul, ¿qué acaso no me has visto desnuda? – me preguntó divertida.
Sí, muchas veces.
- No – mentí, y de pronto sentí mis mejillas arder.
Maka soltó una ligera risita, para luego sujetarme de los hombros y guiarme a ciegas hacia el borde de la tina. Me senté en este cuando mis manos tocaron la fría superficie de las baldosas, y no pude evitar dar un respingo cuando el agua tibia golpeó sobre mi cabeza y mis hombros, mojándome.
Esto sí que es raro…
- ¿Sabes? Me siento como si fuese tu mascota – bromeé mientras que ella comenzaba a enjabonarme el cabello.
- Tienes razón – río ella, mi risa sonaba muy extraña –, y si estuvieras en tu cuerpo, serías como… humm… ¡ya sé! ¡Serias un lobo blanco!
- ¿Ah, sí? Y bien, ahora que estoy en tu cuerpo, ¿qué soy? – pregunté curioso.
- Un lindo conejito – respondió ella casi al instante, con una gran sonrisa en el rostro.
- Sí, claro – rodé los ojos –, pareces más un cocker – le dije.
Recibí un chorro directo de agua en la cara como respuesta.
- Esto me recuerda a una canción – murmuré después de un rato de silencio, en el cual disfruté del lavado de cabello –, ¿cómo iba…? Humm… And now I wanna be your dog – canté.
Maka rió.
- Now I wanna be your dog – canturreó ella.
- ¿Te la sabes? – pregunté divertido.
- Mi mamá solía escucharla – declaró.
- Yo amo Iggy Pop – confesé, para luego sonreír y seguir cantando – Now I'm ready to close my eyes.
- And now I'm feel your hand – continuó Maka alegre.
- And lose my heart on the burning sands. And now I wanna be your dog. And now I wanna be your dog – cantamos a coro los dos, para luego estallar a carcajadas. (1)
Seguí tarareando la canción, mientras que Maka terminaba de enjuagarme el cabello y la espalda. No quería admitirlo, pero el sólo hecho de sentir cómo mis manos recorrían sin pudor alguno el cuerpo de mi compañera, hacia que leves descargas de electricidad me hicieran estremecer. Culpé al principio al agua… pero luego me di cuenta que no podía seguir engañándome.
Volteé a ver a Maka, quien estaba concentrada en tallar mi espalda. Sonreí, y en un extraño arranque de estupidez-valor-nervios la besé.
Y así nos quedamos durante un largo tiempo – o tal vez fue a mí a quien se le hizo eterno –. Me sorprendió el hecho de que me gustara besar a mi cuerpo, aunque también me asustó un poco. Juntarse con Black Star afectaba, demasiado.
Pero aún así, no me separé, es más, el cuerpo de Maka reaccionó por sí sólo y se juntó a mi cuerpo en un extraño abrazo, el cual terminó haciendo que los dos cayéramos al suelo, yo sobre ella y ella bajo de mí.
Sus manos se aferraron con fuerza en mi cintura, mientras que las mías se aferraban a su cabello. Terminé empapando la camisa que Maka se había puesto, pero no nos importó. Disfrutamos cada segundo de aquel extraño beso, tanto, que nuestros cuerpos nos recordaron que debían de respirar para seguir funcionando.
Nos separamos y nos miramos fijamente a los ojos. No me costó mucho imaginarme que aquellos orbes color rubí se convertían en un precioso par de color jade.
Nuevamente sonreí, pero antes de que pudiera volver a besarla, tocaron a la puerta.
Logrando así, que regresaramos a la realidad y que nos diéramos cuenta que yo estaba semi-desnudo y mojado.
- ¡Maka, aquí tengo tu ropa! – llamó Liz del otro lado de la puerta.
- ¡U-un momento! – respondí, al mismo tiempo que me levantaba del suelo y Maka corría a esconderse detrás de la puerta, la cual se abrió de golpe, pegándole en la cara.
- Aquí tienes, póntela antes de que Kid venga y deseé vestirte de manera simétrica – me dijo mientras me pasaba una camisa blanca.
- G-gracias – respondí sonrojado mientras aceptaba las prendas. Me alegré que el vapor del agua ocultara el color de mis mejillas.
- ¡Oh! Y por cierto, ¿no has visto a Soul?
- ¿A-a S-Soul?
- Sí, creí que estaría afuera esperándote, no está en la pista de baile y no lo veo en ningún sitio.
- Ah… e-esto… f-fue a buscarte y… creo que se perdió – mentí mientras comenzaba a reírme nervioso.
Maldije mentalmente que el cuerpo de Maka no estuviera acostumbrado a las mentiras.
- Si, es lo más seguro, con eso de que Kid pone todo simétrico, es fácil perderse… en fin, lo iré a buscar, cámbiate – me dijo sonriente, para luego salir del baño y cerrar la puerta.
Suspiré aliviado mientras que Maka salía de su escondite, sobándose la nariz. Me reí de ella, para luego ponerme el top y la camisa que Liz me había traído. Tan pronto terminé de abrocharme el último botón, sentí cómo mi compañera volvía a juntar nuestros labios en un beso un tanto posesivo y torpe.
Me reí contra sus labios, y luego me dejé llevar. Aunque claro, no volvimos a durar mucho tiempo, ya que volvimos a separarnos cuando nuestros pulmones nos pidieron oxigeno.
- Te quiero – murmuramos al unísono, para luego juntar nuestras frentes y sonreír.
- ¿Te parece bien que nos vallamos? – pregunté.
Maka asintió, para luego sonreírme y sujetarme de la mano. Ambos salimos del baño entre risas, y sin que nadie se diera cuenta, nos escabullimos hasta la salida de la mansión, para luego encaminarnos hacia nuestro departamento.
No tardamos mucho en llegar, así como tampoco tardamos mucho en cerrar la puerta y volver a juntar nuestros labios por tercera vez en la noche. Acorralé a Maka contra la puerta cerrada y comencé a besarla en las mejillas, luego en la mandíbula y al final, en el cuello.
En ningún momento recordé que besaba a mi cuerpo.
- S-Soul… n-no… Blair puede vernos… - susurró Maka con la voz entrecortada.
- Blair no está, se fue al cabaret y no regresará hasta mañana – murmuré entre besos.
Maka no volvió a quejarse, simplemente me sujetó de las mejillas y volvió a besarme.
Perdí todo sentido de la razón hasta que sentí la comodidad del sofá contra mi espalda. Estaba acostado en él, y con Maka encima. Los besos cada vez eran más insistentes y posesivos, y nuestras manos recorrían el cuerpo del otro sin pudor alguno. ¿Cómo no quería caer en la locura?
Sentí como mi cuerpo daba un respingo cuando metí mis manos bajo la camisa azul que Maka traía puesta. Las guié hasta la parte de enfrente del pantalón, y sin mucho esfuerzo, desabroché el botón y bajé el cierre de la cremallera. Maka sonrió, y sin tiempo que perder comenzó a desabrochar los botones de mi camisa.
¿Acaso esto era real? ¿Tendríamos… sexo? ¿Aquí? ¿En el sofá? Yo me había imaginado mi primera vez de otra manera. En la cama, en mi cuerpo, con protección y… ¿por qué no? Un poco de chocolate…
Claro, eso podría ser en otra ocasión. En estos momentos no me creía capaz de detenerme para correr hasta mi habitación por un par de condones – los cuales, yo no usaría –.
Nuestros labios seguían unidos, y se negarían a separarse en un buen rato. La camisa que Kid me había prestado y la playera de Maka habían ido a parar a algún punto lejano de la habitación, mientras que nosotros seguíamos acostados en el sofá acariciándonos, ella encima de mí y yo debajo de ella…
¡Esperen! ¡¿Qué?!
Gruñí, y en un ágil movimiento hice que los dos rodáramos, logrando quedar yo encima de Maka. Podía estar dentro del cuerpo de una mujer, pero seguía siendo hombre, y se supone que los hombres son los que tienen que estar arriba, ¿no?
Seguimos así, durante un breve instante, hasta que Maka gimió molesta y volvió a hacer que rodáramos, quedando ella arriba de mí, otra vez. Molesto, hice que rodáramos por tercera vez, aunque en esta ocasión no logramos coordinar bien y caímos del sofá. Poco nos importó el golpe que nos llevamos en esa caída, y seguimos rodando para ver quien estaría arriba de quien, sin romper el beso en ningún momento.
Rodamos y rodamos por todo el piso del departamento, y justo cuando yo volví a hacer que rodáramos para que volviera a quedar arriba de Maka, mi frente dio un sonoro golpe contra la pared, haciendo que me separara de los labios de mi Técnica y diera un pequeño grito de dolor.
- ¡Auch! – me quejé mientras me llevaba una mano a la zona lastimada.
- ¡¿Estás bien?! – me preguntó Maka mientras se levantaba del suelo y se sentaba a un lado mío.
- Esto dejará moretón mañana… - murmuré.
Nos miramos fijamente durante un rato, totalmente sumidos en silencio, hasta que de pronto, comencé a reírme de la nada.
Maka no tardó en unirse a mis risas. Ambos nos pasamos cerca de una hora riéndonos cómo desquiciados, a tal punto de que unas cuantas lágrimas se asomaron por la comisura de nuestros ojos. Cuando logramos tranquilizarnos, nos recargamos en la pared y juntamos nuestras manos, para luego observar la oscuridad que inundaba el departamento.
- ¿Soul…?
- ¿Sí?
- Te quiero – susurró Maka mientras volteaba a verme con una sonrisa.
Yo también le sonreí, sin importarme mucho que le estuviera sonriendo a mi cuerpo.
- Yo también te quiero – susurré.
Recargué mi cabeza en su hombro, al mismo tiempo que ella recargaba su mejilla en mi coronilla. Nuevamente nos sumimos en silencio, sólo que este era cómodo. Demasiado. Nunca cambiaría este momento por nada.
En cierta parte comprendí porqué el destino había querido que aquel día amaneciera en el cuerpo de mi Técnico, de mi novia, de mi amiga, de mi camarada, de mi amante…
- Hey, ¿eso es un chichón? – me preguntó Maka mientras señalaba mi frente.
Y en cierta parte, odié que lo hiciera.
Continuará…
1: Fragmento de la canción "I wanna be your dog" de Iggy Pop
¡El final de otro capítulo!
Jojojo… mi primer capítulo del año 2010, ¡esto es para festejar! Jaja. Antes que nada, aclaro una cosa, en la escena del baño me inspiré en el Doujinshi de Miya Katsura, el cual se titula "I wanna be your dog", esto lo digo para que no haya problemas :D. Cambiando de tema, ¡gracias a todos por sus reviews! Me alegran el día, perdón por tardar en actualizar, pero últimamente no he tenido mucho tiempo ni inspiración.
¡Faltan dos capítulos para el final! Y si quieren leer el penúltimo cap, debemos de llegar a los 135 reviews xD. ¡Nos leemos en el siguiente y Feliz Año Nuevo a todos!
¿Review?
