Capítulo 09: El Golpe
A la mañana siguiente, Harry no podía quitarse la sonrisa del rostro, a pesar de que se tropezaba y caminaba divertido por los alrededores de su nuevo hogar. Su cuello estaba enrojecido por las mordidas de amor, mordidas de verdad e incluso tenían un poco de sangre seca que la lengua de Fenrir había olvidado mientras lo limpiaba. Tenía arañazos recorriendo su espalda desnuda las cuales exponía con orgullo y cierto aire de suficiencia, a pesar del aire frío, junto con las mordidas y las marcas en sus hombros y su estómago, las marcas se extendían por sus muslos e incluso e incluso tenía la marca de una de las mordidas de Fenrir en el interior de su rodilla y en su tobillo, pero no podía caminar sin sus jeans puestos. Fenrir se pondría furioso y además hacía frío.
Fenrir tenía sus propias marcas. Marcas de mordidas en su pecho, alrededor de sus pezones y tenía marcas de uñas en su espalda y en sus hombros, y una arañazo largo y sangriento en su espalda baja, también iba sin camiseta, pero era tan presumido que se pavoneaba con el pecho hinchado como si fuera de la realeza.
Había hecho que Harry gritara repetidamente y lo había jodido tan duro que para cuando terminaron y Harry fue anudado se desmayó debido a la fuerza de su cuarto orgasmo.
Sus compañeros de manada los fulminaban con la mirada y se quejaban de que su Alfa los mantuvo despiertos, como siempre los gritos de Harry los mantenían despiertos durante la mayor parte de la noche, pero los nuevos miembros de la manada no dijeron una palabra, demasiado inciertos en cuanto a qué recibirían como castigo y qué se les permitiría, exceptos para aquellos que habían conocido a Fenrir cuando era un cachorro, ellos lo molestaban sin piedad y lo fastidiaban tanto como Jonas, Grant y Bryan.
- Bruno nunca tomaba a sus perras fuera de la temporada de reproducción; no estamos acostumbrados a escuchar que hagan el amor tan sonora y públicamente fuera de la temporada de cría, – dijo Worrick y con una sonrisa palmeó el enorme y desnudo hombro de Fenrir.
- Tendrán que acostumbrarse entonces – dijo Harry con una amplia sonrisa y un tambaleo en sus rodillas. – El verano es el periodo en el que lo hacemos menos porque hace calor, incluso en la noche, normalmente estamos demasiado acalorados y agotados para hacer alguna otra cosa y con los cachorros despertándose cada tres horas, usualmente estamos demasiado cansados, aunque a menudo lo hacemos para reafirmar nuestros reclamos, incluso en verano, sin embargo, en cualquier otra estación somos muy enérgicos, especialmente en invierno. Necesitamos mantener el calor.
Fenrir bufó y tiró de Harry para que apoyara en él, Harry lo hizo envolviendo sus brazos a su alrededor con un suspiro alivió un poco el peso en su palpitante espalda baja y sus temblorosas rodillas, ignorando que éste era un gesto sumiso.
- ¿Dónde están los niños? – gruñó Fenrir.
- Están bien, Jonas y Bryan están tratando de hacer que gateen, pero nuestros chicos no captan el truco, ellos todavía demandan que los carguemos a todos lados.
Fenrir sonrió y jugó con todas las marcas que surcaban el cuerpo de Harry, sus marcas de mordidas, los arañazos, los oscuros moretones en donde había chupado su piel, los moretones dejados por su firme agarre. Harry los enseñaba con orgullo y es probable que esto fuera para el beneficio de las malhumoradas mujeres amontonadas al otro extremo del claro.
Harry sabía más que bien que no debía morder el cuello de Fenrir, tal cosa demostraría que intentaba desafiar a Fenrir por su posición de Alfa, así que dejó esa zona en paz, pero eso no se extendía a su pecho u hombros, los cuales ahora estaban marcados libremente con pequeños dientes y mordidas, moretones y arañazos. Él también los mostraba con orgullo, se lo merecía, anoche había complacido a Harry inmensamente como derecho por su victoria al reclamar un nuevo territorio y las victorias que ambos habían logrado en sus respectivas peleas para reclamar dicho territorio.
Fenrir encontró una porción de la piel de Harry que se hallaba sin reclamar, apartó su cabello y mordió esa porción de piel. Harry gimió sonoramente, sujetándose en Fenrir y frotándose contra él.
- No empiecen, – resopló Jonas. – Felan necesita un cambio. Sabes que haría lo sea por ellos, pero no voy a hacer esto, ese es el trabajo de sus padres.
Harry se apartó riéndose, recibió a Felan entre sus brazos y tomó los pañales y toallitas húmedas que Nick le entregó, sentándose en el piso mudó a su hijo menor cuidadosamente.
- ¡Listo! Todo limpio, – dijo Harry, alzando a Felan después de besar su boquita. Fenrir lo tomó y lo levantó sobre su hombro amplio y permitió que Felan le tirara y jalara el cabello, para Fenrir bien podría haber estado durmiendo en lugar de arrancarle mechones de pelo.
- No lo dejes hacer eso, – le reprendió Harry mientras liberaba el pelo de Fenrir de entre los dedos de Felan.
- No me molesta, – gruñó Fenrir.
- ¡No, pero va a molestarme a mí porque ahora, cuando lo sostenga también va hacerlo y no soy un bastardo insensible como y duele mucho!
Eso hizo que Fenrir se riera entre dientes, después reacomodó a Felan acurrucándolo en la curva de su codo. Ahora Harry tenía que sujetarlos con ambos brazos a causa de lo pesados que se habían vuelto, Fenrir todavía podía acunarlos con una y eso siempre le hacía sonreír cuando lo veía.
En su lugar, Felan empezó a jugar con sus propios dedos, pero pronto bostezó y parpadeó para quedarse dormido. Ocurrió casi al mismo tiempo en el que Bryan trajo a Ulric dormido, Harry colocó al mayor acunado en una manta y se sentó junto a él, haciendo un esfuerzo para hablarle al macho beta, Tackett, cuando el otro comenzó una conversación, al menos estaba haciendo el esfuerzo, lo cual era más de lo que hacían la mayoría de los nuevos miembros de su manada quienes se apiñaban juntos al borde del claro. De los once lobos que había: Warren, Worrick, Nathan y Tackett eran los únicos cuatro que estaban esforzándose, probablemente porque conocían a Fenrir de antes, aunque Tackett sólo acababa de llegar cuando Fenrir fue exiliado, eran bastante cercanos en cuanto a la edad y solían llevarse bien antes de que Bruno sintiera que Fenrir era una amenaza a su posición.
Los otros no se estaban esforzando en llegar a conocerlos en lo absoluto; la unión no iba muy bien, no podían permanecer segregados de esta manera, necesitaban volverse unidos para permanecer fuertes y a salvo o esta unión sería un gran desperdicio de tiempo y esfuerzo, y por sobre todo, un desperdicio de vidas.
Pensar en Scott, Stacey y Sidney lastimaba su corazón y su mayor deseo era que estuvieran aquí con ellos, al menos le hubiese gustado poder enterrarlos a los tres juntos, pero Scott estaba a cientos de millas de distancia, enterrado solo en Dartmoor. Se tragó sus lágrimas y se recompuso, haría este trabajo, se lo debía a los tres miembros muertos de su manada cumplir aquello por lo que habían luchado en la medida de lo posible y comenzaría ahora mismo.
- Oscar, – gritó Harry, esperando hasta que el hombre alzó la mirada hacia él, sus afilados ojos azules estaban abiertos, completamente sobresaltado por haber sido llamado por alguien de la pareja alfa. – Puedes traerme otra manta para Ulric, por favor.
- Yo lo haré, Alfa – ofreció Nick ansiosamente.
- Se lo pedí a Oscar, Nick. – replicó Harry con firmeza.
Fenrir le dio una sonrisa satisfecha mientras iba hacia él y le entregaba a Felan quien estaba dormido. – Buen trabajo, perra alfa, – murmuró contra su cabello, tirando de la cabeza de Harry para darle un beso brusco mientras Harry metía a Felan entre las mantas.
Oscar le entregó una manta con inseguridad, encogiéndose, como si esperara que lo golpearan por hacer lo que le habían pedido.
- Gracias, Oscar, – dijo Harry cuando recibió la manta y la envolvió alrededor de Ulric.
Alzó la mirada cuando se dio cuenta de que Oscar seguía parado frente a él, cambiando de un pie a otro de forma nerviosa.
- Puedes volver a lo que estabas haciendo, gracias, Oscar. – Harry lo despidió y Oscar casi trotó para alejarse de él. Harry rodó sus ojos antes de comprobar a sus hijos una última vez antes de rebuscar uno de los libros sobre el desarrollo, encargándose él mismo de cuidar a los cachorros.
La primera batalla por la jerarquía comenzó a medio día, entre Warren y Jonas, ambos lucharon por la posición de segundo al mando de Fenrir ya que ambos solían usar esa posición y se dieron cuenta de que sólo podía haber uno y ninguno estaba dispuesto a dar un paso a un lado en favor del otro.
Al final, ganó la juventud de Jonas, fijó a Warren contra el piso e hizo que se sometiera antes de ponerse de pie y ofrecerle una mano, le palmeó el hombro y la tensión entre ellos se dispersó inmediatamente. Terminaron riendo y bromeando una vez más.
Warren tuvo que defenderse de nuevo contra Grant, quien lo golpeó por mera suerte y Worrick tomó total ventaja del esfuerzo de Grant y lo derrotó, ganando así el desafío.
La jerarquía superior fue decidida ese día: Fenrir era el macho alfa, con Harry como su perra alfa, Jonas como su segundo al mando, pero Warren como su tercero, Worrick como el cuarto ya que sabía que no podía derrotar a su hermano menor por lo cual no se molestó en desafiarlo, y Grant terminó quinto. Burne, el único hijo que quedaba de Bruno, automáticamente llenó el rol del macho omega, una posición que dejó a Bernice maldiciendo a Fenrir y llorando por su hijo, Burne lucía de un pálido gris y casi vomitó por miedo y por los nervios por el severo cambio de poder en la manada. Pasó de ser el hijo intocable del Alfa, al saco de boxeo y el alivio de estrés de la manada. Fue un serio shock cultural para el sobreprotegido muchacho de veinte años.
Tackett y Nathan eran los siguientes en batalla, de acuerdo a Warren, ellos luchaban el uno contra el otro cada semana, sospechaba que era más que nada tensión sexual sin resolver.
Tackett ganó contra Nathan, pero perdió contra Grant.
Harry no había visto nada como esto, como todos parecían delegar el poder por medio de una lucha. Mantuvo a Ulric y Felan a salvo y lejos de los luchadores, sentándose entre ellos y los betas en batalla, pero todavía gruñía cuando se acercaban demasiado para su gusto, lo cual era una distancia de cinco pies como el mínimo absoluto.
- Es como volver a la época de las cavernas con un montón de cavernícolas, ¿no es así?
Harry miró a Emily con fiereza, ella se había arrastrado sobre él y extendió una mano para tocar el rostro de Ulric. Le atrapó la muñeca y se la retorció con fuerza como una advertencia.
- Nunca los toques sin mi permiso, – gruñó Harry.
- No eres el Alfa, – replicó Emiliy, sus ojos brillaron con rabia e indignación.
- ¡Yo soy la perra alfa de esta manada! – siseó Harry.
- ¡Eso no significa nada! Las perras alfa cambian con cada temporada, un macho alfa reclamará a todas las hembras de la manada sistemáticamente, tan pronto como empiece la temporada de apareamiento el Alfa escogerá a alguien más para que sea su compañero de cría, ¡así es como funciona!
Harry la miró y cuando permaneció en silencio porque no tenía nada que decirle, ella sonrió arrogantemente y lo tomó como si él estuviera inseguro, lo cual no era cierto. Sabía malditamente bien que Fenrir era suyo y nadie iba a quitarle a su compañera de cría, a su pareja. Su frustración provenía de las tres hembras que pululaban cerca de su pareja y se le lanzaban encima, cualquier hombre estaría tentado, al menos un poco, pero sabía que Fenrir siempre volvería a él, sólo deseaba que el hecho de que nunca conseguirían a Fenrir atravesara los gruesos cráneos de éstas mujeres y simplemente se detuvieran, porque su lobo se sentía amenazado y no le gustaba.
- Eres demasiado joven para saber de estas cosas, sólo has pasado una temporada de apareamiento y quedaste embarazado, algo inusual para los lobos macho, incluso los sumisos, te lo garantizo. Pero el Alfa tiene tres hembras entre las cuales escoger ahora, no necesita esforzarte para tener cachorros contigo.
- ¡No tuvo que esforzarse para tener cachorros conmigo la primera vez y no quiere a ninguna de ustedes!
- Síguete diciendo eso, pero lo verás que cuando comience la temporada de cría y nosotras entremos en celo. Eras el único sumiso en tu vieja manada, ahora tienes competencia, además estoy usando ese término a la ligera en tu caso, después de todo ¿qué hombre querría a un niño joven y sin experiencia? – declaró incluso cuando le hacía ojitos a Fenrir; alto, fuerte, musculoso, y excitado por las peleas y la violencia a su alrededor, era el epitome de la virilidad y fertilidad masculina y Harry sabía de primera mano que las luchas nunca fallaban al momento de excitar a Fenrir, a menudo pretendían forcejear y luchar como juego previo para hacer que su pareja estuviera con el estado de ánimo adecuado.
- ¿Quién querría a una puta fea, vieja y usada? – le espetó Harry.
Emily se echó hacia atrás y la rabia en su rostro cuando le miró -tenía que admitirlo- hizo que su bonito rostro se retorciera en una terrible y fea sombra de rojo que poco favorecía a su cabello rubio. Harry sabía que la había lastimado e hizo que luciera más fea. Odiaba que las tres hembras fueran bonitas, se sentía inquieto; si fueran feas o estuvieran por sobre los cincuenta no se sentiría tan amenazado, pero eran bonitas y además estaban entre los treinta y cuarenta, más jóvenes que Fenrir, pero también más cercanas a su edad que Harry por al menos veinte años. Eso hacía que su lobo se erizara, se moría de ganas por defender lo que era suyo, se sentía amenazado incluso si sabía que Fenrir lo reclamaría en la nueva temporada de cría, esas mujeres estaban desafiándolo continuamente y haciendo movimientos hacia Fenrir. Su posición estaba a salvo con Fenrir, pero estas mujeres estaban haciendo de todo para amenazar su posición y odiaba sentirse de esa manera en lo que se suponía era su propio hogar.
- ¡Ya verás! ¡Lo reclamaré para mí cuando empiece la temporada de cría, no será capaz de contenerse con tres hembras en celo a su alrededor! ¡Van a patearte y te convertirás en el omega como Burne, serás la perra omega de la manada para que todos y cualquiera te folle y me reiré desde al lado del Alfa con nuestros nuevos y perfectos cachorros mientras los betas se divierten contigo y tus cachorros olvidados!
Harry respiró pesadamente y con dificultad, sus puños se apretaron con fuerza y trató de calmarse en vano, su lobo estaba enfurecido en su interior, quería reafirmar su reclamo y castigar a esta perra por desafiarlo a él y su lugar en la manada, por insultar a sus cachorros llamándolos imperfecto e incluso por sugerir que Fenrir se olvidaría de Ulric y Felan, y sabía qué hacer, sabía que había una sola cosa que le ayudaría a aliviar esas emociones.
- ¡MILES! – gritó tan fuerte que todos giraron sus cabezas para mirarlo automáticamente, la única pelea que quedaba, entre Oscar y Loren, se detuvo a medias cuando Loren dio varios pasos hacia él automáticamente.
Miles corrió hacia él y bajó la mirada debido a las varias pulgadas de diferencia entre sus alturas, la preocupación por sí mismo estaba en conflicto con la preocupación por Harry. Harry nunca le gritaba así por algo o a alguien, algo estaba mal y todos lo supieron de inmediato. Es sólo que no sabían qué estaba mal.
- ¿Qué necesita, perra Alfa? – preguntó sin demora, tratando de no atraer la rabia que podía ver y oler en Harry.
- Quédate aquí, vigila a mis cachorros y no te atrevas a dejarlos por nada en el mundo. ¡Protégelos! – dijo con brusquedad. Todavía respiraba con dificultad, tenía los puños apretados y su cuerpo se estremecía de rabia mientras Emily lo miraba con una sonrisa presumida, obviamente pensaba que la tormenta en su interior iba a enfriarse como un niño que tiene una rabieta, dejándole el paso libre para hablar mal de él frente a Fenrir.
Fenrir le había dicho que las tres mujeres habían tratado de hablar mal de él frente a Fenrir siempre que no estaba presente para escucharlas, él siempre las hacía callar y las ahuyentaba como gatos molestos, eso había hecho que Harry sonriera y se sintiera mejor sobre sus asuntos y deberes en el claro sin tener que quedarse dentro del rango de audición de Fenrir para que así esas mujeres no pudieran llenarle la cabeza con mentiras.
Esperó sólo el tiempo suficiente para que Miles asintiera a modo de comprensión, antes de darse la vuelta y patear a Emily en el estómago. La mandó volando lejos de sus hijos para que nada los pusiera en peligro.
- ¡¿Crees que puedes reemplazarme?! – preguntó furiosamente, acorralándola como el peligroso depredador que era. – ¿Arrogantemente, piensa que puedes tomar mi lugar, que puedes quitarme a mi alfa? ¡No puedes!
Se dejó caer sobre ella cuando llegó hasta donde había aterrizado en el duro suelo, ella estaba sin aliento y eso no le importó cuando empezó a golpearla y no podía detenerse, ni siquiera cuando ella comenzó a contraatacar, cada herida de sus uñas arañándole sólo lo enfurecía más. Emily arremetió contra él, pero lo ignoró, dejando que su rabia lo alimentara, que alimentara su pelea, poniéndolo en una mentalidad en dónde apenas podía sentir sus golpes hasta que le pateó con toda su fuerza entre las piernas y, choqueado y sorprendido por el repentino y agudo dolor cayó a un lado tratando de registrar el dolor que atormentaba su cuerpo entero. Dejó escapar el aire varias veces y sus ojos se aguaron, nunca antes lo habían pateado entre las piernas. Jamás. Y el dolor era casi abrumador, afortunadamente había sentido el maleficio Cruciatus, el dolor del toque de Voldemort y también su furia, la cual había ardido a través de su cuerpo como el fuego, así que no estaba tirado en el suelo en un estado completamente catatónico, pero este… este era un dolor espantoso, repentino, inmediato y palpitante. El dolor se negaba a irse, se apoderó de todo su cuerpo a pesar de que fue un único lugar en donde hubo contacto y tosió con brusquedad varias veces, sintiéndose como si le estuvieran perforando un pulmón, sus ojos seguían aguados. No le importaba el dolor, la fuerza de su tos o su dificultad al respirar, pero cuando Emily recobró el aliento y se recuperó lo suficiente de su furiosa golpiza como para subírsele encima y empezar a golpearlo, la rabia sobrepasó el shock una vez más y con un golpe final en su espalda y un tirón de su cabello, él la atrapó haciéndolos rodar sobre su espalda, enroscó una pierna entre ellos, sus brazos protegieron su rostro, garganta y cabeza de las manos de su contrincante, y la pateó con la bastante fuerza como para mandarla volando de nuevo.
Se las arregló para sentarse y respirar profundamente, tragando la bilis cuando todo lo que quería hacer era ponerse de rodillas y vomitar. Se secó la humedad de los ojos, ahora estaba aún más furioso y la acorraló de nuevo, no notó que toda la manada estaba observándolos intensamente, los ignoró mientras permanecía consiente de dónde estaba Emily ahora en relación con sus genitales, no quería que lo volvieran a patearlo ahí, pero iba a hacer que ella pagara por lo que había hecho y después de darle una firme patada en las costillas, oyó el desagradable crujido que indicaba que probablemente le había roto una, cayó sobre ella de nuevo, golpeándola tan fuerte que su labio inferior se partió bajo sus nudillos.
- ¡Nunca vas a alejar a mis cachorros de Fenrir y nunca vas a remplazarme como la perra Alfa! – le gritó en la cara. Quedó sorprendido por cuan ronca y rasposa sonaba su voz.
- ¡Esa no es tu decisión! – le gritó Emily como respuesta, escupiendo la sangre de entre sus dientes porque sus propios dientes cortaron el interior de su boca debido a la fuerza del puñetazo de Harry. Incluso cuando lo agarró y trató de hacerlo rodar sobre su espalda, él contraatacó cómo le había enseñado Bryan y la fijó al suelo una vez más, empujó su rodilla contra su vientre y le golpeó un costado de su rostro antes de sujetarle la cabeza por el pelo contra el suelo, tomó dos grandes puñados de pelo rubio y tiró de su cabeza a un lado mordiéndole el cuello para reclamar su dominio sobre ella y así terminar la pelea.
Se paró sobre sus piernas temblorosas y escupió la sangre, y se metió en el bosque enfurecido, pero la pelea había acabado por ahora. afortunadamente, ella no era lo bastante estúpida como para desafiarlo de nuevo, pero todo lo que quería ahora era un río congelado para lavarse la sangre de su boca, de sus nudillos y de los arañazos que le había causado Emily, y también para enfriar sus bolas adoloridas. Cada paso que daba era doloroso y éste persistía como un palpitante dolor de cabeza, pero peor.
Encontró el río y se quitó los jeans que estaba usando y saltó en su interior, el flujo no era tan rápido aquí y el río no era muy amplio, era casi un arroyo, pero estaba fría y nada más le importó mientras ahuecaba sus bolas y su polla, comprobando algún tipo de daño o hinchazón.
Unos brazos se envolvieron a su alrededor y saltó, sólo para derretirse contra esos enormes brazos cuando levantó su cabeza y vio a Fenrir.
- ¿Algún daño permanente? – gruñó Fenrir.
Harry sacudió su cabeza. – No, aunque duele como la mierda.
Fenrir bufó. – Lo sé, el dolor es horrible.
- Nunca quiero volver a sentir un dolor como ese.
- Aguarda… ¿nunca antes te habían pateado las bolas? – preguntó Fenrir con una ceja alzada a modo de pregunta.
Harry sacudió su cabeza. – No y nunca quiero sentir eso de nuevo.
Fenrir se rió entre dientes y se presionó contra él en el agua, estaba duro, firme y caliente contra su espalda.
- ¿En serio? ¿Estás así de caliente por ver que me golpearon?
Fenrir de verdad se rió y frotó su nariz contra su cabello. – Le entregaste su propio culo en bandeja, Harry. Verte pelear me pone dolorosamente duro, la ferocidad, la furiosa mirada en tu rostro me hizo querer sujetarte y joderte justo ahí frente a todos ellos. Si sólo no te hubieras escabullido tan rápido hacia el bosque.
- Si decides reclamarme frente a ellos puede que en realidad entiendan que eres mío. – gruñó Harry.
- Es culpa de Bruno, así es cómo manejaba la manada. En realidad, no es culpa de ellos, pero deberían y van a escucharte o me encargaré de ellos yo mismo. Él siempre probaba a todas las hembras de la manada, así que no saben que así no es la forma en la que se hace en las otras manadas, así era él, por lo que esperan que yo haga lo mismo cuando eso no va a pasar. Me apareé contigo, tú eres mi compañero de cría, no uno temporal, nunca pondrán a prueba tu posición a mi lado o debajo de mí.
- No puedo esperar a que llegue la temporada de cría y me jodas hasta que se acabe y me llenes con tus cachorros de nuevo. En realidad, Emily me dijo que ahora que tenías más compañeros que escoger no elegirías a un niño sin experiencia. Que sólo estabas conmigo porque antes no tenían otra opción.
Fenrir bufó y lamió su hombro y su cuello.
- Ella no tiene idea. Me gusta que no tengas experiencia, eso sólo significa que puedo corromperte y enseñarte yo mismo. Siempre odié joder a las perras usadas, se sienten flácidas a mi alrededor, tú estás tan apretado. – Respiró acaloradamente sobre su nuca. – Cargarás a mis cachorros de nuevo, no puedo esperar a que estés embarazado con más cachorros míos, no quiero dejarte solo ni por un momento, no de nuevo.
- No puedo esperar a que me llenes con tus cachorros de nuevo; prométeme que no vas a abandonarlos. – Harry respiró suavemente, inseguro.
- Jamás. Eres todo lo que quiero en una pareja, no voy dejarte, eres mío, – gruñó Fenrir.
- Reclámame. – Harry casi se lo ordenó y Fenrir gruñó, sosteniéndolo con fuerza en el río congelado y moviéndolos a la posición que quería.
Harry se aseguró de que sus gritos hicieran eco por todo el bosque, rogando y complaciendo a Fenrir. Se quedaron en el agua por una hora y media mientras follaban, y luego sólo se sostuvieron el uno al otro cuando Fenrir lo anudó, aunque la mano de su pareja cayó para acariciar gentilmente sus bolas, gruñéndole que estaba comprobando el daño y ayudándolo a recuperar la sensación en ellos. Harry no lo detuvo, descansó su barbilla en el pecho de Fenrir y gimió suavemente con cada toque, no detuvo el examen en busca de daños. Terminaron reclamándose de nuevo a la orilla del río.
Bernice mantenía a su hijo, Burne, cerca de ella. Estaba en shock, en negación. En un solo día había perdido a tres hijas y un hijo, su posición como perra alfa y todas las comodidades que esto conllevaba. Semanas después, todavía no lo había asimilado.
Había tratado de ser amigable con el nuevo Alfa, Fenrir, al igual que las otras dos perras: Emily y Liang. Empezaron la primera noche en la que llegó aquí y siguieron tratando, a pesar de que Emily había sido intimidada producto de la golpiza que le brindó la perra alfa actual, Harry, pero eso no la mantuvo alejada mucho tiempo. la atención del macho Alfa valía unos cuantos golpes y todas estaban acostumbradas, pero tomando en cuenta la atención que le prestaba Fenrir, a ella o a las otras, bien podrían haber sido una ráfaga de viento en su oreja, molestas, incómodas y fáciles de ignorar.
Sabía que él cambiaría de opinión cuando empezara la temporada de reproducción y todas entraran en celo, pero esperaba poder conseguir una mejor posición que Emily y Liang de esta forma se aseguraría de su puesto como la próxima perra alfa, si le daba cachorros, entonces siempre tendrían algo compartido, él no podía ignorar a sus cachorros, ni siquiera Bruno -tan frío y distante como solía ser- había sido capaz de ignorar a los cinco cachorros que le había dado, aunque la mayoría habían muerto. Además, al parecer Fenrir tomaba un interés activo en sus propios cachorros, lo cual era más de lo que había esperado.
Ahora mismo le observaba cargar a uno de sus hijitos sobre su hombro, esos grandes y firmes músculos se flexionaban mientras sostenía a su bebé de cinco meses. Bruno siempre había sido un hombre fornido, pero cada músculo que solía tener en el pasado hace mucho que se había convertido en gordura debido a la falta de actividad y por la edad, había logrado intimidar a la manada y a causa de sus métodos sádicos nadie se atrevía a desafiar su posición, y como su hijo mayor, Bryce, se estaba volviendo tan alto, fuerte y fornido, sabían que el hombre de treinta y cuatro años saltaría ante cualquier discusión para defender a su padre con una lealtad insuperable, definitivamente, Bruno no tendría desafíos a su posición, por lo tanto no necesitaba mantenerse en forma como los otros lobos de su edad, esto fue la causa de su caída cuando Fenrir vino tras ellos.
Observó al Alfa con el deseo apenas oculto, mirando con añoranza el cuerpo sólido, fuerte y musculoso, el rostro atractivo y angular y el bulto entre sus piernas que apenas era contenido por los jeans desgarrados y sucios que estaba usando; estaba hablando con Warren y Tackett. Al principio le había irritado lo rápido que los miembros de la manada parecieron olvidar a Bruno y a sus cuatro hijos asesinados, aceptando a Fenrir, pero entonces se dio cuenta que aquellos que se congregaban alrededor de Fenrir, casi siempre eran los hermanos Warren y Worrick, pero también se les unían Nathan y Tackett, eran quienes aclamaban haber conocido a Fenrir antes de que Bruno lo hubiese exiliado de la manada. Se preguntó si tenían algo que ver con que Fenrir apareciera de la nada para matar a Bruno o si se trataba de una mera coincidencia.
Adam y Tavin actuaban con indiferencia hacia los lobos nuevos, eran cautelosos y cortésmente respetuosos, pero no actuaban como si complacer a la nueva pareja alfa fuera su misión en la vida, no querían causar problemas ni llamar la atención, todavía la trataban con el respeto de una perra alfa, lo cual la complacía gratamente y ella se aseguraría de ayudarlos y elogiarlos cuando Fenrir la escogiera como su perra alfa en la próxima temporada de reproducción, ésta llegaría en unos cuantos meses.
Sin embargo, Oscar se estaba encariñando con la perra alfa, Harry, quien lo trataba como un caballo de carga. Lo mandaba a buscar cosas y Oscar, un orgulloso lobo beta, corría ansiosamente a conseguirle lo que sea que hubiese pedido sólo por unos cuantos elogios que caían fácilmente de los bonitos labios de Harry. Era más que desagradable, era humillante, Harry estaba humillándolo y ella no podía hacer nada por ayudar a su compañero de manada, de inmediato sería degradada por tan siquiera intentarlo.
Su loba se moría por desfigurar a Harry. Él era un niño muy bonito, no tan hermosa como ella, pero era bonito y sentía que, si pudiera dejarle una cicatriz o desfigurarlo un poco, entonces el Alfa lo dejaría de lado y en su lugar, la notaría, que le prestaría algo de atención. Que el Alfa le pareciera tan caliente era una ventaja añadida. Había visto cuan excitado se había puesto con la pelea de Harry y Emily, entre más duraba la pelea más duro se ponía, había notado cuan excitado se ponía debido a toda esa violencia y sangre en el aire. Había seguido a su perra alfa cuando la lucha terminó y escucharon los gritos del placer carnal desde el claro principal. Ella quería lo había dentro de esos jeans y quería gritar como Harry. Bruno había sido un buen amante, pero no fue particularmente atento, él buscaba su placer únicamente cuando quería y sólo cerca de la temporada de cría para asegurarse de tener cachorros, sólo se involucraba en actividades sexuales en nombre de la reproducción. Quería a Fenrir y lo tendría a él y a todas sus habilidades como amante, parecía completamente insaciable, su boca se hacía agua y su cuerpo se estremecía ante la idea de despertar cada mañana con un dolor placentero, sólo para ser penetrada una y otra vez a lo largo del día.
Si peleaba con Harry y lo derrotaba, el Alfa se la llevaría a ella y la penetraría. Harry todavía no podía caminar apropiadamente; el Alfa lo reclamaba varias veces a la semana, si es que no, cada día. Ahora lo miraba a él, tambaleándose con las piernas arqueadas, el otro gemelo entre sus brazos, la sonrisa satisfecha y presumida plasmada en su rostro era irritante, anhelaba arrancársela de un golpe.
Las marcas de posesión y amor plagaban su cuerpo en varios estados de curación y su loba gruñó, ya que deberían estar en su cuerpo; ella debería ser la perra alfa, no este niño bonito. El alfa podría estar mucho mejor con ella, le daría cachorros mejores y más fuertes, era más fértil, era la mejor perra alfa; sólo tenía que asegurarse de que Fenrir la reclamara durante la temporada de reproducción, lo cual significaba que debía sabotear a la competencia y asegurarse una buena posición.
- Oscar, ¿cómo estás?
Alzó la mirada para ver a Harry hablando con Oscar, cuya sonrisita tonta lo hacía lucir como un cachorro enfermo de amor, no podía creer cuán lejos había caído sólo por complacer a un mero niño.
- Estoy bien, perra alfa. ¿Cómo estás tú?
- Adolorido. – El niño se rió, frotando el hecho de que había tenido sexo con el Alfa la mitad de la noche y los habían mantenido despiertos a todos con sus gritos y los gruñidos de placer del Alfa. Los rugidos de liberación de Fenrir siempre hacía que su vientre se tensara y hacían que se muriera de ganas por ser la causa de sus rugidos, porque habían tenido sexo y le había dado placer.
- ¿Los cachorros están bien? Este es… ¿Ulric?
- Ya puedes diferenciarlos mejor, Oscar, – le felicitó Harry. – Este es Ulric y ambos están bien, están creciendo cada día y ya casi tienen medio año, no puedo creer que haya pasado tanto tiempo. ¿Quieres sostenerlo por un minuto?
Oscar actuó como si fuera un gran honor cuando tomó al bebé regordete cuidadosamente y lo acurrucó con gentileza. Bruno nunca había permitido que nadie tocara a sus cachorros, ni siquiera las niñeras designadas habían sido capaces de manejarlos más que lo absolutamente necesario y ella siguió su ejemplo, ellos no eran lo suficientemente dignos como para tocar a los cachorros del alfa, pero a Fenrir no parecía importarle, lo miró por un momento antes de darse la vuelta hacia Warren y asentir antes de responder con esa profunda y retumbante voz que tenía, una gran mano acariciaba constante y rítmicamente contra la espalda del otro cachorro, Felan.
- Es pesado, – dijo Oscar maravillado. – No pensé que lo era porque es tan pequeñito, pero tiene un peso saludable.
Harry asintió con orgullo; pudo ver como hinchaba su pecho con orgullo cuando su hijo recibió el cumplido. Apretó los puños y enseñó los dientes enfurecida.
- No mamá, – rogó Burne junto a ella. – Déjalo ser, no quiero verte lastimada como yo.
Bernice contuvo su gruñido cuando vio el ojo negro que le había dejado uno de los lobos nuevos al darle un puñetazo en el rostro. Él había discutido con la perra alfa y como no podía pegarle a Harry sin incurrir a la ira del macho alfa, en su lugar golpeó a su hijo menor, el único hijo que le quedaba.
- No, tengo que hacer esto. ¡Necesita que lo pongan en su lugar! Yo seré la perra alfa el próximo año, tan pronto como empiece la temporada de reproducción en unos cuantos meses, seré la perra alfa de nuevo.
Se paró y esquivó el intento desesperado de Burne por agarrarla. Caminó directo a Oscar y Harry, y empujó con fuerza al niño de diecisiete años, él trastabilló y cuando se dio la vuelta su rostro tenía una expresión llena de confusión. Puso toda su fuerza en el puñetazo que le dio en la cabeza, dándole en la sien y él se desplomó en el piso.
Escuchó el chillido de Burne, oyó a Oscar gritando, pero se echó sobre el niño inconsciente y colocó toda su fuerza detrás de cada golpe. Antes de que pudiera provocarle verdadero daño, apunto descender su puño para romper esa pequeña nariz y así cumplir su promesa de sabotear a la competencia, fue levantada y arrojada casi al otro lado del claro, aterrizó sobre su espalda y quedó sin aliento por un buen momento.
Parpadeó sorprendida cuando vio a Fenrir acunando a Harry entre sus enormes y musculosos brazos. No lo entendía, estaba ganando, debería ser ella quien estuviera entre sus brazos, debería ser ella a quien arrastrara al bosque para ser reclamada. No podía comprender.
Fenrir se paró con Harry en sus brazos y la mirada que le dio congeló la sangre en sus venas, lastimando su corazón y aterrorizándola. Bruno amaba ver pelear a sus perras, disfrutaba observarlas golpeándose las unas a las otras, había pensado que Fenrir era igual. Se había excitado por la pelea, al igual que Bruno sólo que Fenrir se hizo cargo de su excitación después de eso, joder al ganador de la pelea, Bruno las había ignorado y no hacía nada para satisfacer su excitación fuera de la temporada de reproducción.
- Jonas, ¿por qué no estrenas a nuestra nueva perra omega? – gruñó Fenrir enfurecido, sus hermosos ojos color azul oscuro no se apartaban de su rostro. Brillaban con una energía letl y peligrosa y le hizo pensar que preferiría destrozar su cráneo con sus propias manos. No sabía por qué.
- Lo haré porque me lo ha pedido, Alfa, – espetó el segundo al mando, Jonas, sus ojos ardían con un furioso sentido de protección. – Pero dudo que el término "estrenar" sea aplicable en este caso, está tan usada que probablemente ni siquiera sienta la fricción suficiente como para tener un orgasmo.
Su rostro se sonrojó ante la risa que la rodeó por todos lados, incluso los miembros de su propia manada se estaban riendo de ella, Oscar todavía sujetaba al cachorro contra su pecho protectoramente. Tenía un corte sangrando en el brazo con el cual sostenía a la pequeña bestia. ¿Ella había hecho eso? ¿Es por eso que el Alfa estaba tan enojado? No había querido lastimar a los cachorros, sólo a Harry, sabía bien que no debía atacar a los cachorros, eso haría que la exiliaran o incluso que la mataran. Al parecer, Liang no entendía eso, ella quería deshacerse de los cachorros y luego probar que los suyos serían mejores. Bernice sabía que eso no funcionaría, Emily también lo sabía, ambas estaban enfocadas en erradicar al mocoso y ganarse la atención del Alfa, no entendía por qué no estaba funcionando.
Jonas se le aproximó, dando grandes zancadas mientras ella yacía en el piso, todavía trataba de recuperar el aliento después de ser arrojada por el Alfa, había aterrizado muy duro sobre su espalda, no estaba acostumbrada a tales tratos. Con miedo, observó a Jonas acercándosele, su esbelto y musculoso cuerpo junto a su ira apenas disimulada le prometían dolor, irradiaba rabia y proteccionismo en cada musculo. ¿Tanto le gustaba la perra alfa?
Burne trató de interceptar al segundo al mando, tenía lágrimas en sus ojos, temía por ella y por lo que iban a hacerle, pero un solo manotazo de Jonas hizo que su hijo aterrizara en el suelo sobre su espalda sujetando su nariz mientras lloraba y gritaba. Definitivamente no estaba acostumbrado a tales tratos, como el hijo del alfa anterior había estado protegido y cualquiera que tratara de lastimarlo era golpeado o exiliado por el alfa, su padre.
Se obligó a ponerse sobre sus manos y rodillas y trató de arrastrarse hacia él, quería proteger y confortar a su único hijo, pero Jonas la agarró de la parte superior de su brazo, lo volteó e hizo que cayera, plató una bota en su ya adolorida espalda antes de dejar caer todo su peso sobre ella, anclándola al suelo y desgarrando su ropa, la mantuvo sujeta bruscamente con haciendo uso de su peso en sus muslos y un codo en su espalda. Sollozó en el piso cuando su humillación estuvo completa. Acabaría con Harry, lo destruiría por esto, por hacerle esto, tirándola a la posición más baja de la manada, haría todo y nada por eliminarlo, aunque fuera lo último que hiciera.
Harry reposaba tranquilamente sobre el regazo de Fenrir, absolutamente relajado a pesar de la nieve que los rodeaba. Ya estaban en Enero; había pasado el segundo aniversario de la mordida y el segundo aniversario desde que se transformó en hombre lobo por primera vez, y este mes se cumplía el primer aniversario de haber llegado a la manada. Casi un mes entero con estos hombres inadaptados, pero no querría que fueran de ninguna otra manera.
La temporada de reproducción se aproximaba rápidamente. Este invierno era más suave que el último y Fenrir estaba en un constante estado de excitación debido a la anticipación de la temporada de reproducción la cual empezaría más temprano que el año pasado, Fenrir esperaba que fuera en cuestión de días en vez de un mes más hasta que llegara Febrero, pero Harry estaba siendo muy posesivo y territorial ya que Bernice y Liang ya habían entrado en celo y él no, no todavía, pero ellas siempre andaban olfateando alrededor de Fenrir, exhibiéndose, frotándose contra él y gimiéndole, especialmente en forma de loba durante la luna llena del otro día, pero él las ahuyentaba y mantenía su reclamo fresco a causa de la urgencia de Fenrir de marcarlo y joderlo cada vez que tenían tiempo disponible, esto también ayudaba a mantener la atención de Fenrir, ya que estaba duro y adolorido constantemente debido al olor de perras fértiles en el aire, así que, cualquier tipo de alivio era bienvenido. Harry estaba tan feliz de que su compañero de cría estuviera gruñéndole a las perras que se atrevían a acercársele cada vez que Harry no podía estar cerca de él, lo hacía sentir mucho mejor y más seguro, pero eso sólo hacía que las perras lo intentaran con más fuerza, por lo que ahora Harry sólo dejaba a Fenrir cuando necesitaba usar un árbol o cuando sus cachorros lo necesitaban.
Sus hijos eran el orgullo de la manada cuando permitía que se pasearan y se arrastraran, los alimentaran y que todos los miembros de la manada jugaran con ellos, incluso Burne había hecho de niñera una vez cuando toda la manada se fue a cazar, Harry dejó a Miles en el claro con el pretexto de limpiar el desorden, pero su verdadera razón fue para mantener un ojo en Burne quien no había hecho nada perjudicial y, en realidad, no le había hecho mucho con los cachorros, sólo los alimentó y luego calmó al quejumbroso Felan cuando fue necesario.
Ahora tenían siete meses y crecían a pasos agigantados, pero Harry los mantenía tan arrpados que sus movimientos quedaban restringidos, así que todavía no sabía si podían arrastrarse o incluso caminar, no los arriesgaría. Fenrir estaba tan feliz de que todavía estuvieran con vida, eran los cachorros que más habían sobrevivido. Sonrió y los sostuvo gentil y cuidadosamente, y eso enternecía el corazón de Harry. Podía ver que Fenrir los amaba profundamente, esperaba que sus hijos también fueran capaces de ver eso porque era poco probable que Fenrir pronunciara tales sentimientos en voz alta. No era ese tipo de persona.
- ¿Cómo te estás sintiendo? – preguntó Fenrir calmadamente. Harry podía sentirlo firme, duro y caliente contra su espalda.
Harry sonrió y reacomodó su cuerpo para frotarse contra Fenrir. – Estoy bien, pero creo que podría usar un poco de la atención de mi Alfa, – casi ronroneó.
Harry se encontró a sí mismo sobre sus manos y rodillas con Fenrir sobre su espalda antes de poder parpadear. Se rió, risa que se convirtió en un gemido cuando Fenrir lamió su cuello antes de hundir sus dientes en la piel y el músculo, cogiendo un montón de carne para morder y chupar para dejar una marca lívida, su ingle se presionó justo contra el trasero de Harry así que podía sentir la caliente dureza sobre él, Fenrir debía estar un poco adolorido por lo duro y excitado que estaba.
- ¡Alfa! – gritó Bryan, apresurándose y cayendo de rodillas, evitando sus ojos y exponiendo un lado de su cuello. – Perdónenme por la interrupción, – rogó mientras Fenrir gruñía y le enviaba dagas con la mirada, mostrando los dientes a modo de advertencia. – Creemos que Ulric está enfermo.
Harry se fue, se arrastró para salir de debajo de Fenrir tabaleándose al ponerse de pie, casi estrelló su cara contra el piso en medio de su prisa, dio zancadas tan largas y rapidas como le fue posible mientras derrapaba por el suelo al caer de rodillas en donde había dejado a Bryan y a Nick vigilando a sus dos hijos en sus cunas hechas de mantas.
Felan masticaba y mordía alegremente uno de sus juguetes, Ulric tenía el rostro enrojecido, afiebrado y se retorcía descontento. Harry lo cogió cuidadosamente; podía sentir que su temperatura era demasiado alta sólo tocándolo.
Unos brazos se envolvieron a su alrededor y la gran mano de Fenrir se presionó en la frente de Ulric y siseó infelizmente.
- Necesita medicina, – gruñó Fenrir. – Tan rápido como podamos conseguirlas. Jonas, ¿recuerdas la ciudad que pasamos?
- Tamworth. – Jonas asintió, su rostro se arrugó debido a su severa preocupación.
- Aparécete allí. – Fenrir se dirigió hacia una de las bolsas y rebuscó entre ellas hasta que encontró el dinero que una viejecita le había dado a Jonas y Stacey, parecía como si hubiera sucedido hace muchísimo tiempo atrás, ahora podría haberla besado por haberle dado tal regalo. – Encuentren algo, lo que sea que ayude. – ordenó empujando el dinero en su mano. – Vuelve rápido.
Jonas asintió y luego se marchó tras un pequeño pop. Harry acunó a Ulric con dulzura cuando empezó a quejarse y cuando el malestar no se alivió, -porque no podían hacer nada por el momento- empezó a llorar.
Harry lo sostuvo con fuerza, su pequeño rostro brillaba con un rojo cereza, agitaba sus puños apretados mientras lloraba. Harry cayó de rodillas y se enroscó sobre su hijito.
- ¿Cómo pudo pasar esto? ¡Fuimos tan cuidadosos! – se quejó en medio de su rabia y miedo.
- A veces sucede, – dijo Tackett suavemente. – Ellos cogen infecciones fácilmente por ninguna razón aparente y frecuentemente, de la nada. La fiebre significa que su cuerpo está luchando, él es fuerte ya que está luchando bajo este clima, la mayoría de los bebés sólo se rinden, pero que esté luchando es bueno, debería estar bien tan pronto como le demos un poco de medicina para ayudarle a luchar. Con la ayuda de los medicamentos debería ser suficiente.
Fenrir se dejó caer, sentándose justo detrás de él y sostuvo a Harry por la cintura, usó sus brazos para sujetar a Ulric por debajo de los brazos de Harry. Ambos habían olvidado la temporada de apareamiento, habían olvidado que tan solo unos momentos antes habían estado a punto de tener sexo, habían olvidado que habían estado a punto de reclamarse el uno al otro una vez más. Todo palidecía ante la repentina enfermedad de Ulric. Harry se reacomodó para quedar más apoyado en el regazo de Fenrir, buscando comodidad, podía sentir que la erección de Fenrir había cedido. Nada mataba una erección más rápido que tener que lidiar con una emergencia familiar, en este caso, un bebé enfermo por primera vez.
Harry estaba hecho un desastre mientras esperaba a que Jonas regresara, quería que Felan se quedara cerca, pero no quería exponerlo a los gérmenes que habían hecho que Ulric se enfermara, no quería que ambos se enfermaran, pero de todas formas trató de consolarlos a ambos y le gruñía a cualquiera que se acercara demasiado, incluso a Loren que sólo quería ayudarlos. No quería a nadie cerca de él, de su pareja o sus hijos. No quería que nadie los viera pasar por esto.
- Vayan a cazar, – gruñó Fenrir. – No quiero que ninguno de ustedes esté aquí ahora mismo. Voy a reventarle la cara a cualquiera que se quede.
Harry echó su cabeza hacia atrás para ver mirar a Fenrir, para ver si de verdad se sentía de esa manera o si había sentido que Harry no los quería junto a ellos y los mandó lejos en beneficio tuyo.
- ¿Eso fue por mí? – preguntó Harry cuando la manada se fue a cazar arrastrando los pies en la nieve, arrastrando los talones y lanzando miradas hacia atrás para verlos a los cuatro acurrucados, a pesar de la amenaza del Alfa de matarlos si se quedaban. Eso por sí solo demostraba cuánto se preocupaban los miembros de su manada por ellos.
Fenrir sólo gruñó, sin confirmar o negar nada.
- Estoy tan preocupado Fenrir, perdóname. Pensé que los estaba cuidando bien, supongo que me distraje porque se acercaba la temporada de reproducción y esas tres mujeres no ayudan cuando andan rondándote, me distraje tanto y olvidé lo que era realmente importante, nuestros hijos. Lamento tanto haber dejado que esto les pasara a nuestros hijos, Fenrir.
Fenrir bufó y tiró de su cabello hasta que Harry estaba mirándolo, la miseria en sus ojos.
- Esto no es tu culpa, ya escuchaste a Tackett, se enferman sin razón alguna. No tiene nada que ver con la forma en la que los estas criando, sólo pasó. Tú eres la mejor madre que he conocido entre los lobos y no dejaré que nadie diga lo contrario. Honestamente, desde hace un par de meses que llevo esperando que caiga el otro zapato; todo parecía ir tan bien, tan tranquilo y no iba acorde a mi experiencia con los cachorros, como sabes, así que llevo esperando esto por un tiempo, incluso si deseaba que jamás sucediera.
Harry inhaló y tragó. ¿Había sido tan ingenuo al pensar que sus hijos jamás se enfermarían? ¿Que nunca tendrían que enfrentar la agonía de esperar a que llegaran los medicamentos para salvar sus vidas? ¿Esta era la realidad de haber tenido cachorros siendo hombre lobo? ¿Siempre esperaría la siguiente enfermedad, la siguiente infección que pudiera matarlos?
Su rostro se arrugó de preocupación a medida que el llanto de Ulric se hacía más fuerte y agitaba sus brazos una vez más, incluso cuando Fenrir trató de sostenerlo más cerca y mantenerlo quieto, intentó calmarlo murmurando suavemente y callándolo con dulzura.
Esperar a Jonas se había vuelto una de las cosas más difíciles que había tenido que hacer, por lo general estaba en el centro de la acción, sentarse y esperar era agonizante y Harry estaba hecho un manojo de nervios cuando Jonas en estado de pánico y sudoroso se Apareció en el claro, tenía una bolsa de plástico alrededor de su muñeca y una caja de cartón bajo el brazo.
Cayó de rodillas antes de que pudieran pararse y sacó de la bolsa varias botellas de medicina para bebés, y algunas otras cosas por las que Harry alzo una ceja.
- Me dieron un montón de mierda gratis; no perdí el tiempo discutiendo cuando me las entregaron, sólo metí las cosas que me entregaron y me fui rápidamente, – explicó Jonas. – Es mierda para el destete o algo así, no estaba escuchando mucho, pero la mujer me recomendó esas cosas para tratar de hacer que se sintiera mejor cuando le expliqué cómo estaba Ulric. Ella quería que llevara a "mi hijo" a ver a un doctor, así que la distraje con excusas de que estábamos de vacaciones y no éramos de la zona, pero dijo que ella bastaría si es que no era algo más serio que una fiebre.
- ¿Qué podría ser si no es sólo fiebre? – demandó Fenrir mientras Harry recogía una botella de Calpol* para niños y leía las instrucciones rápidamente, sacó una jeringa de la caja y la llenó hasta la marca requerida antes de darse la vuelta para entregarle a Fenrir el cuerpo de Ulric que no dejaba de retorcerse.
- Todo tipo de cosas, meningitis, sarampión, paperas, varicela… – enumeró Jonas, divagando con nerviosismo.
- ¡Ya es suficiente! – lo cortó Harry. – Si esto no funciona tenemos que llevarlo con un Sanador, pero eso es sólo en caso de que esto no funcione. Fenrir, sujétalo bien, no le va a gustar esto.
Harry puso el extremo de la jeringa en la boca de Ulric y empujó el embolo lenta y gradualmente, observando como Ulric se atragantaba y retorcía intentando quitarse la cosa de sabor asqueroso de la boca, pero Fenrir sujetó su cabeza con una mano grande y fuerte, Harry no dejó de presionar, incluso cuando ver a su hijo luchando en contra de tragar la medicina y sacarla de su boca le dolía en el alma, sabía que tenía que hacerlo.
Cuando el dispensador estuvo vacío, Harry lo retiró lentamente de la boca de Ulric y vio como empezaba a gritar, pero la medicina ya se había ido y sólo derramó un poco en su barbilla cuando lo empujó con su lengua, Harry lo secó con la manga.
Jonas le entregó una botella, Harry había estado demasiado distraído para ver cuando la hizo, pero de todas formas metió el chupón del biberón en la boca de Ulric, observando como su hijo luchaba contra ella, temía tragar, hasta que tragó reflexivamente y se dio cuenta de que en realidad era leche y no era más de esa asquerosa medicina.
Chupó profunda y rápidamente, haciendo que la medicina bajara por su garanta, pero también quitó el sabor de su boca y su lengua sensible.
Harry leyó la caja más cuidadosa y lentamente mientras Fenrir le quitaba el biberón y terminaba de alimentarlo. Esta vez procesó la información.
- Necesitará otra dosis en cuatro horas – dijo Harry, sintiéndose menos agitado ahora que había hecho algo para ayudar y se había instruido en cuanto a los siguientes pasos a realizar. – Podemos darle cuatro dosis en veinticuatro horas y no más de tres días, luego de eso necesitará un Sanador.
Fenrir asintió mientras que, cuidadosamente, hacía que Ulric eructara. Su hijo mayor se había desplomado sobre su hombro, un exhausto bostezo se escapó de su boca, se quedó dormido rápida y fácilmente mientras Fenrir lo ayudaba a dormir con una enorme mano frotando círculos en su espalda para calmarlo.
- ¿Cuántas cosas tenemos aquí? – dijo Harry con una sonrisa mientras abría la caja de cartón para encontrar seis cajitas lo que parecían ser bolsitas de alimentos.
- Esas son las cosas para el destete, – explicó Jonas más lenta y calmadamente esta vez mientras giraba la bolsita en su mano para examinarla. – Es para ayudarlos a acostumbrarse a tener cosas en su boca, aunque después de eso no creo que Ulric quiera otra cosa en su boca, deberás darle leche en un biberón cuando tenga sed.
Harry bufó mientras miraba el envase de plástico duro que contenía las cucharas más pequeñas que había viso jamás. El envase las etiquetaba como cucharas para el destete.
- Entonces pongo el contenido de las bolsitas en las cucharas y… ¿qué? ¿Se las meto en la boca? – preguntó con el ceño fruncido.
- Más o menos. Necesitan acostumbrarse a las cosas suaves primero, no pueden morder un ciervo como nosotros y necesitan un poco más de leche ahora que son más grandes, pronto tendrán dientes, – explicó Jonas.
Harry asintió mientras quitaba la tapa de una de las bolsitas que sólo contenían cien porciento de puré de peras. Puso un poco en su dedo y la colocó en su propia boca, considerándolo.
- ¿Qué estás haciendo? – le preguntó Fenrir.
- Comprobándolo, asegurándome de que sea adecuado para nuestros hijos, en realidad es bastante bueno, pruébalo.
Harry apretó el envase y alzó el dedo lleno de la cosa pegajosa de color verde pálido para Fenrir, quien se burló y apartó su mano.
- ¡Pruébalo! – le exigió Harry.
Fenrir hizo una gran mueca, pero se arrepintió y permitió que Harry lo alimentara con la sustancia viscosa. Por la forma en la que actuó pareciera que Harry lo había obligado a comer mierda de conejo en vez de puré de peras.
- Eso es desagradable; ¡no puedes darle eso a nuestros hijos! – bramó.
- Sabe bien para mí, – desestimó Harry. – Si lo necesitan, entonces lo tendrán. Deberían obtener suficientes vitaminas de estas cosas para que se mantengan saludables. No quiero que se enfermen de nuevo.
- También me dieron cosas para niños de siete meses; conseguí cosas extra cuando les dije que eran gemelos e iban a cumplir ocho meses, bocadillos y esa mierda, – dijo Jonas, sacó un paquete de galletas de arroz con sabor a manzana, aritos de maíz dulce, y una bolsa de palitos de zanahoria. – Dijo algo sobre necesitar diferentes texturas.
- ¿Conseguiste todo esto gratis? – preguntó Harry con el ceño fruncido. No tenía idea de que las farmacias daban tantas cosas gratis para los bebés.
Jonas se sorprendió mientras metía su mano en su bolsillo y sacaba dos notas y un puñado de monedas y se las entregó a Fenrir cuidadosamente. – Sí, sólo pagué por los medicamentos, todo lo demás fue gratis, tenían un evento para bebés o algo así y estaban dando todas estas cosas. Creo que es para animar a los padres a que los bebés sean adictos a estas cosas para que compren más.
- Las robaremos más adelante, – acordó Fenrir, lo cual era su forma de dejar que Harry supiera que se había salido con la suya sin que pareciera como si Fenrir estuviera cediendo, porque él era el macho alfa, eso sería una tragedia.
Harry escondió su sonrisa y besó a Fenrir como "agradecimiento" por su cooperación y comprensión. Fenrir pateó la caja y le dijo a Jonas que pusiera todo en una bolsa negra y la metiera en la cueva, sacándola de la nieve antes de poner sus manos alrededor de su boca y aullar para llamar a la manada de regreso al claro.
Varios aullidos volvieron con el viento y Harry sonrió, su manada había perdido miembros, había ganado miembros y había crecido, deseaba que Scott, Stacey y Sidney estuvieran aquí para ver lo que habían logrado, pero eso no sucedería. Era verdaderamente sorprendente cuán rápido podían cambiar las cosas en solo un año. El año pasado andaba vagando por la nieve, descalzo y congelado en el frío, muerto de hambre y de la nada se le presentó la oportunidad de quedarse en una pequeña cabaña en un territorio reclamado. Nunca había estado tan feliz en su vida.
Más tarde, esa misma noche, cuando el viento arreciaba, Harry tomó la decisión ejecutiva de unirse a sus nuevos compañeros de manada y dormir en la cueva. Los miembros de la manada de Bruno no estaban acostumbrados a dormir afuera, por el contrario, Harry y su manada estaban acostumbrados al exterior, pero al igual que el año pasado el invierno los obligó a refugiarse en la cabaña, este año usarían la cueva.
El año pasado Fenrir había usado la excusa de que Harry había estado demasiado débil y delgado para soportar el frío y añadió la excusa de querer convencerse a sí mismo para sentir la necesidad de aparearse, porque hacía demasiado frío para hacerlo. Este año era más leve, así que Fenrir estaba sintiendo los efectos de la temporada de cría más claramente, este año estaban esperando a que Harry entrara en celo, así que usaron la enfermedad de Ulric como excusa para refugiarse en la cueva, la cual, tal vez no era demasiado amplia, sólo había espacio suficiente para veinte, tal vez veinticinco si dormían acurrucados.
Sus nuevos compañeros de manada tenían pieles y mantas extrañas esparcidas por todas partes, en donde dormían cada noche. Estaban acostumbrados a dormir en el piso duro durante cada estación, excepto el ultimo otoño e invierno, cuando el suelo se congeló, los antiguos miembros de la manada quienes se unieron a ellos en la cueva tan pronto como Harry declaró que iba a dormir adentro con sus hijos, tomaron lugar en el piso cerca de la entrada en donde todavía podían oler el aire fresco, pero quedaban protegidos de la lluvia, la nieve y el viento, estaban todos acurrucados en un montón en la cual Harry, Fenrir y sus hijos siempre estaban en el centro, aunque Ulric y Felan estaban arropados entre tantas mantas que sus pequeños cuerpos apenas se notaban. Ambos usaban gruesos gorros de lana y tenían mitones sólo en caso de que se las arreglaran para sacar una mano de las mantas durante la noche.
Fenrir fue el último en entrar en la cueva y sacó una enorme piel de una de las bolsas negras después de vaciar el armario de los lobos en la entrada de la cueva, gruñendo que si el viento cambiaba de dirección en la noche no quería que interrumpieran su sueño con sus estremecimientos y lloriqueos.
Harry sonrió y se movió para hacer espacio para Fenrir a su espalda, acurrucándose entre aquellos brazos y pecho mientras Fenrir los envolvía con fuerza a su alrededor, su alfa comprobó a Ulric una vez más, quien estaba visiblemente mejor a medida que le daban más medicina, y a un Felan que dormía pacíficamente, antes de acomodarse por completo con Harry entre sus brazos. Se durmieron pronto, pero quizás si hubiesen visto los furiosos ojos mirándolos a sus espaldas en la oscuridad, se les hubiera hecho más difícil dormir.
Augustus Rookwood no sabía que lo había poseído para reunirse con el extraño que, de la nada, le había enviado un búho, pero estaba feliz de haberlo hecho, podría haber besado a esa mujer maltratada por el invaluable regalo que le había dado.
Ella había evitado su mirada, cuando habló fue corta y concisa y no se anduvo por las ramas, dijo que no tenía tiempo, su alfa pensaba que había ido a alguna ciudad Muggle a buscar "productos femeninos", en lugar de eso, se Apareció en Londres, le envió un búho y se fue al callejón Knockturn esperando poder reunirse con él. Casi no podía creerlo cuando decidió ir a reunirse con ella después de leer su carta.
Era de la manada de Greyback y sabía exactamente donde estaban ubicados y confirmó que Potter y sus dos bestias también estaban ahí. Definitivamente pudo haberla besado. Casi saltando de felicidad fue a entregarle la información al Señor Oscuro.
Sin embargo, rogó que dejaran a su Alfa en paz y le mintió mirándola a los ojos, prometiéndole que se llevarían sólo a Potter y a los dos "cachorros", ella casi lloró de gozo y gratitud mientras Augustus le mostraba una expresión comprensiva y compasiva.
- No quiero que les hagan daño, me refiero a la manada, – subrayó. – Pero quiero que ese niño y los cachorros se vayan. ¡Estoy en celo y no importa lo que haga mi Alfa ni siquiera me mira! Incluso he mostrado mi sumisión y aun así no me toma. Está totalmente enfocado en Potter, ¡es humillante!
Augustus como si sus palabras significaran algo para él, le habría prometido cualquier cosa que le pidiera, incluso un palacio en la luna si así lo deseaba, cualquier cosa con el fin de sonsacarle la ubicación de Potter y Greyback.
- Me aseguraré que todos estén protegidos, – le prometió tranquilizadoramente. – Sólo queremos a Potter, pero nos llevaremos a los… cachorros también si eso es lo que deseas, sólo necesitamos saber dónde están y haremos todo el trabajo duro por ti.
La mujer golpeada lucía incomoda, luchando entre decirle y no decirle, podía verlo en su magullado e hinchado rostro, se aseguró de que su expresión fuera abierta, sincera e incitante, incluso si era un completa mentira para lograr que le dijera lo que quería saber.
- Están en Derbyshire, – dijo tan quedamente que casi no le escuchó.
- ¿En qué parte de Derbyshire? – preguntó tratando de no mostrarse demasiado ansioso, pero ya tenía lo que había estado buscando, podía saborear su victoria, sería el seguidor más recompensado del Señor Oscuro, tenía lo que había venido a buscar.
- Justo al norte del Snake Pass. – La mujer respiró suavemente. – Necesito volver; él va a preguntarse dónde estoy,
Se paró rápidamente y Augustus ya podía ver que se estaba arrepintiendo de decirle dónde estaba ubicada su manada, se preguntó si ya se había dado cuenta de que acababa de vender a toda su manada, que ninguno de ellos iba a quedar con vida o si todavía estaba engañándose a sí misma al pensar que todo sucedería pacíficamente, que tomarían a Potter y a sus bestias y luego se irían. Se preguntó si realmente se estaba engañando a sí mismo al pensar que Greyback simplemente permitiría que se fueran con Potter y esos viles cachorros mestizos.
- Recuerda actuar con normalidad por ahora, atacaremos temprano en la mañana dentro de las próximas semanas, nos llevaremos a Potter y a los bebés y se habrán ido antes de que te enteres, ellos son los únicos que nos interesan, – le aseguró.
Ella asintió ausentemente y dejó que se fuera, retorcía sus manos y su caminar era encorvado y nervioso. Se estaba arrepintiendo de decirle dónde estaba su manada, podía verlo en su postura y su lenguaje corporal, pero ahora era demasiado tarde, sabían dónde estaban los lobos y tan pronto como tuvieran a la manada a la vista no serían capaces de escapar. Sólo esperaba que la loba no gritara su misión a los cuatro vientos antes de que pudieran actuar, esperaba que mantuviera su boca cerrada y actuara normalmente, de esta forma Greyback no tendría idea del futuro ataque, necesitaban tomarlo por sorpresa si tenían alguna esperanza de atrapar al lobo gigantesco y musculoso.
Augustus se había deleitado en informar al Señor Oscuro que Greyback y Potter estaban en el Snake Pass, Derbyshire enfrente de la tan llamada "elite" de los Mortífagos y fue él quien lo había descubierto, él fue quien descubrió la tan necesaria información y todo porque una loba había visto su informe policial en un artículo del Diario El Profeta y había recordado su nombre por sobre los otros nueve que habían escapado de Azkaban con él.
Con el fin de tomarlos por sorpresa planearon el ataque rápidamente después del informe, desordenarían a la manada, separarían a Potter que afortunadamente tendría consigo a las dos pequeñas bestias. Tenían que incapacitar a Greyback rápida y cuidadosamente, como el macho alfa, era su mayor amenaza. Tenían la orden de atrapar a Greyback, Potter y las bestias, todo el resto de la manada debía ser capturada según fuera conveniente, pero no era estrictamente necesario.
Augustus no estuvo contento de averiguar que el Señor Oscuro le había dado el punto de ataque a los dementes y decrépitos hermanos Lestrange, Rodolphus y Rabastan, haciéndolos los líderes del equipo de toda la operación. Gracias a su información sabían a dónde ir, pero si ellos atrapaban a Potter y se lo entregaban al Señor Oscuro no tenía dudas de que su parte en el ataque y captura palidecería, tenía que asegurarse en ser el único en atrapar a Potter y sus cachorros, no podía soportar las burlas de Malfoy y Snape o cómo ambos desestimaban sus ideas y aportaciones.
Sería el más leal, el de más confianza, sería el más cercano al Señor Oscuro, ¡se lo merecía! Entre todos ellos era el que más se lo merecía y recibiría lo que le debían, incluso si tenía que arrastrar a Potter por su desordenado cabello y arrojarlo a los pies del Señor Oscuro, haría cualquier cosa para probar su lealtad, probaría su valor, sólo quería el reconocimiento que le debían. Ni siquiera se había ganado un "buen trabajo" por enseñarles donde estaban Greyback y su manada, ¡nada! El Señor Oscuro había empezado a hacer los planes y las preparaciones para el ataque inmediata y rápidamente, antes de que la mujer pudiera cambiar de idea y alertarlos de que los había traicionado a todos, que debido a sus celos, codicia y lujuria los condujo directo a su muerte o captura.
Augustus estaba obligado a escuchar y obedecer a los hermanos Lestrange, en especial a Rodolphus porque era el mayor y extrañamente protector con su hermano menor, mientras planificaban y tramaban el ataque a la manada y la caída de Greyback y Potter. Definitivamente ganarían esta guerra ahora, la Orden y el Ministerio no sabrían qué los golpeó y antes de que pudieran descubrirlo, Potter, su esperanza, su salvador, estaría muerto y frío.
El mundo sería suyo, tal como siempre se los prometió el Señor Oscuro. Oh, lucharían, meros peones luchando contra los cambios, la Orden se pondría de pie y tal vez el Ministerio sacaría valor y pelearía, pero sin Potter, el Niño Que Vivió, no tenían esperanza de volver a ganar a largo plazo. Ellos ganarían y nadie sería capaz de detenerlos, todo lo que tenían que hacer era atrapar a Potter, y él ni siquiera sabía que iban tras él.
Augustus esbozó una sonrisa malvada, todos sus sueños se volverían realidad, sólo tenía que asegurarse de ser el que arrojara a Potter a los pies del Señor Oscuro y todo lo demás encajaría en su lugar por sí solo.
Al día siguiente Harry estaba tan feliz de que Ulric estuviera mejor. Acurrucó a su hijo, cuya fiebre había desaparecido durante la noche y estaba mucho mejor, aunque estaba un poco exhausto a la mañana siguiente.
No jugaba mucho, gimoteaba en vez de llorar y no se movía mucho, pero su temperatura se estaba normalizando, así que Harry no estaba demasiado preocupado, sólo le mantenía el ojo muy de cerca y se negaba a soltarlo, se quedó junto al calor corporal todo el día, o el suyo, o el de Fenrir, Loren o Miles, acurrucados contra sus pechos mientras yacía entre sus brazos en un estado letárgico, feliz con el simple hecho de descansar y recuperarse.
Felan se quejaba como siempre, hacía ruidos cuando pensaba que no estaba recibiendo la atención suficiente, gimoteaba cuando estaba húmedo, cuando tenía hambre o cuando quería algo. Sólo era un bebé muy llorón y Harry lo amaba por eso. Cuando Felan dio un suave gruñido Harry lo cogió, y éste se quejó por ser trasladado a un lugar más cómodo.
Harry lo había arropado con un grueso traje para la nieve que Bryan le había conseguido cuando fue a robar una docena de cuchillos para la manada debido a que Bruno no permitió que los miembros tuvieran algún tipo de arma, Loren había comentado que no le sorprendía que la mayoría de sus cacerías fracasaran ya que no tenían cuchillos que les ayudaran a acabar con la presa.
Los trajes para la nieve venían con gruesos mitones y Bryan incluso se las había arreglado para llevarse dos pares de botas también, por lo que ahora Harry no tenía que arroparlos con varias mantas y tenían un poco más de movimiento, aunque no mucho porque el traje era demasiado acolchado para los niños y los hacía ver completamente redondos.
Sin embargo, eso no evitó que Felan hiciera su mejor esfuerzo para moverse aún con el traje para la nieve, tratando de alcanzar a Harry, quien tenía su actual juguete favorito colgando justo fuera de su alcance.
- Vamos Felan, vamos bebé, sólo un poco más, también puedes usar tus manos y rodillas en vez de hacer toda esa cosa del gusano. – Harry se rió mientras Felan se retorcía sobre su vientre sin usar sus manos y rodillas.
- ¿Sigue negándose a cooperar? – gruñó Fenrir, estaba sentado detrás de él y envolvió sus brazos a su alrededor, tocándolo y acariciando su piel con sus manos frías, las deslizó por debajo de la camisa y el jersey de Harry haciendo que su pareja saltara ante el contacto.
Harry asintió. – Sigue negándose a moverse o a pronunciar algo más que gemidos, creo que sacó eso de ti.
Repentinamente Harry fue tirado hacia el regazo de Fenrir y lo besó hasta que sus pulmones gritaban pidiendo oxígeno. Se separaron y Harry se rió casi sin aliento, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Fenrir, con sus dedos jugó con la longitud de su cabello y su nuca. Esta vez se besaron lenta y profundamente, separándose para respirar sólo para besarse una vez más, Harry todavía no había entrado en celo, aunque ahora Fenrir estaba duro constantemente a causa de las tres hembras que sí estaban en celo y las tres estaban tratando de ganarse la atención de Fenrir, rondándolo a todas horas y gimiendo para él. Harry esperaba entrar en celo pronto, ellas no habían dejado de acosarlo diciéndole que serían las próximas perras alfa y él sería arrojado a la cuneta. Se aseguró de señalarse con suficiencia que ellas llevaban un tiempo en celo y Fenrir ni siquiera las había mirado, lo cual hizo que se callaran, pero estaban determinadas y eran implacables, querían a su pareja y querían su posición en la manada, pero no renunciarían a Fenrir sin pelear. La posición de perra alfa era un beneficio adicional y él sería igual de feliz si Fenrir fuera un lobo solitario sin manada aun así se tendrían entre ellos y a sus gemelos, que Fenrir fuera el macho alfa sólo era una coincidencia y como Harry era su compañero de cría se volvía automáticamente la perra alfa.
- Alfa.
Harry le gruñó a Bernice cuando los interrumpió, abalanzándose para recoger a Felan del suelo y ponerlo en su regazo, acomodándose más en el regazo de Fenrir y envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, presionó sus labios en su mejilla como un signo de posesión antes de frotar su mejilla contra la barbilla áspera de Fenrir, marcándolo como suyo.
- ¿Qué quieres? – gruñó Fenrir. Harry sintió que se endurecía más bajo sus jeans debido a que el olor a fertilidad excitaba a su lobo. Eso lo hizo más posesivo y celoso, apretó más sus brazos alrededor del cuello de Fenrir. Odiaba que pudieran excitar a su pareja, que sus olores fértiles estuvieran volviéndolo loco con la urgencia de aparearse con ellas, no tenían derecho a su pareja, no tenían derecho a forzarlo a ponerse duro con sus aromas. ¡Fenrir era suyo y no iba a dejar que lo tuvieran!
- Pi… pido permiso para ir a la ciudad, Alfa.
- Eres una omega; no tienes permitido abandonar el claro, – Fenrir desestimó su petición de manera cortante.
- Estoy en celo, Alfa, todos lo estamos, bueno… casi todos. – Le dio una mirada a Harry que hizo que alzara su labio para gruñir, un gruñido bajo salió poco a poco de su garganta ante el evidente insulto y falta de respeto. – Necesitamos productos femeninos; nuestros óvulos, ya que no han sido fertilizados nos hacen sangrar.
La cara de completo disgusto que puso Fenrir hizo que Harry bajara la cabeza para que su Alfa no pudiera ver su incontrolable sonrisa.
- Ahora recuerdo por qué prefería que todos fueran hombres en mi manada, – gruñó, su nariz arrugada por el gesto de repulsión.
- No nos dejará sangrar, ¿cierto Alfa? – preguntó Bernice jadeante, casi en estado de pánico ante esa idea.
- Por supuesto que no, ya es bastante desagradable sin que ustedes anden manchando mi casa con sangre. Ve a la ciudad y roba la mierda que necesitas y vuelve antes de que anochezca, no quiero despertarme porque andas tropezándose por todos lados en la oscuridad, y no sangres sobre mí, mi pareja, mis hijos o los miembros de mi manada. Arregla tus problemas de una puta vez.
Bernice lucía un profundo sonrojo cuando Fenrir la despachó, completamente humillada se fue con rapidez.
- No me gusta dejar que se vaya; tal vez deberías enviar a alguien de más confianza, – dijo Jonas suavemente para que nadie más pudiera escucharlo, también evitó el contacto visual de forma que Fenrir no tomara sus palabras como un desafío. – Yo iría, lo sabes, todo lo que tienes que hacer es pedírmelo, Alfa.
- Sólo quiero que se vaya; incluso si es por medio día, ella y las otras están fastidiándome, – gruñó Fenrir.
- Estaría más que complacido de aliviar la tensión de mi Alfa, – dijo Harry con suavidad, pretendiendo ser tímido mientras le sonreía a Fenrir alzando la mirada entre sus pestañas.
- ¡Joder! – maldijo Fenrir, su polla palpitaba dolorosamente bajo sus apretados y ásperos jeans. – Jonas, vigila a mis cachorros, no los dejes solos, mi perra está rogando por tener mi atención.
Jonas sonrió y recogió a Felan suavemente del regazo de Harry. – ¡Trabajen hasta quedar exhaustos! Quizás seamos capaces de dormir esta noche.
- No cuentes con ello. – Harry sonrió. – Me siento caliente y excitado de nuevo, creo que mi periodo de celo finalmente está comenzando.
Eso hizo que Fenrir se pusiera más duro y arrastró a un sonriente Harry hasta el río dónde tenían sexo y hacían el amor varias veces al día, esta vez, sin embargo, tenía el presentimiento de que hacía falta un pequeño empujón y empezaría su periodo de reproducción. Se moría de ganas de cargar a los cachorros de Fenrir de nuevo.
Le periodo fértil de Harry lo golpeó con toda su fuerza a la mañana siguiente y él y Fenrir ni siquiera dejaron la cueva para aparearse, Fenrir lo fijó al suelo y se subió sobre él mientras lo reclamaba una vez más, marcando a Harry como su compañero de cría por segundo año consecutivo.
Estaba exhaustos, pero felices cuando se detuvieron a causa del rugido de sus estómagos pidiendo comida, Harry necesitó ayuda para caminar lo cual hizo que se ganara un montón de silbidos y chiflidos, pero sólo se rió y se sentó junto a Fenrir, recibiendo a sus hijos y diciéndoles en voz alta que, tal vez tuvieran un hermano o dos en unos cuantos meses. Por supuesto que sus hijos no comprendieron, aquel comentario fue dirigido a las mujeres de furibundos rostros enrojecidos, pero a Harry no le importó mucho.
Pasó el rato junto a Ulric y Felan después de que almorzaran mientras Fenrir se encargaba de sus asuntos, para asegurarse de que todo estuviera normal y que todo fuera como debería ser; que tenían agua fresca y limpia ahora que el pequeño arroyo se estaba congelando, que sus reservas de comida seguían siendo abundantes y que no había tensión entre ningún miembro de su manada, pero desde que tenía a Burne y Beatrice como lobos omega, la manada estaba extrañamente desprovista de tensión, al parecer necesitaban a un par de omegas para calmarlos un poco. Había un poco de tensión entre Harry y las tres mujeres, pero eso era de esperar y no se dispersaría a corto plazo sobre todo ahora que Fenrir había vuelto a reclamarlo como su perra alfa, a pesar de sus argumentos de que no reclamaría a Harry una segunda vez y las negativas diciendo que Harry no sería su perra alfa de nuevo.
Harry y Fenrir se desvanecieron en su propio mundo, salían de su refugio a la hora de la comida y para ver a sus hijos en los periodos de descanso, pero la mayor parte del tiempo, al igual que la primera vez que se aparearon en la temporada de reproducción, se pasaban el día follando y reclamándose el uno al otro.
Fenrir apenas podía dejarlo solo por más de una hora y las miradas en los rostros de las tres perras cuando Fenrir lo acariciaba y sostenía, lo besaba y mordía mientras cuando se tomaban un momento para descansar hacían que Harry exagerara sus movimientos y gemidos más de lo necesario, sólo para restregarles en la cara el hecho de que Fenrir lo había escogido a él y no a ellas, que era la perra alfa una vez más y que existía la posibilidad de que estuviera esperando a los cachorros de su Alfa de nuevo. También era una perra muy presumida y les sonreía a las tres mujeres por encima de las cabezas de sus hijos asegurándose de que también lo supieran.
SE BUSCA BETA! Para corregir estos capitulos y para el siguiente proyecto que tengo en marcha. n.n
Si todo va como deseo, la próxima actualización será el Lunes 5 de sep. Muchas gracias por sus comentarios, por leer y disfrutar.
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