Hola chicas, pues las que me leéis sois todas chicas, y si aparece alguno hola chicos. Perdón por la tardanza, pero ahora voy a otro ritmo, concentrándome en cada capítulo de cada historia. Espero que disfrutéis con este nuevo capitulo, y que no especuléis con el final. Yo después del cambio que realicé ya tenia previsto eso último, pero poco a poco lo he ido puliendo en mi mente para lo que ocurrirá mucho más adelante. No he querido profundizar ciertas cosas porque ya quedan claras al principio, lo siento si os decepciona un poco.


Sus padres le dijeron que no hacia falta que fuera a verlos. Que ya era toda una mujer. El hecho de que pasaran un par de días en la academia, mientras Gustav se recuperaba de la agresión les pareció suficiente. Preferían que pasara aquellos días libres bien merecidos junto al que creían su futuro yerno, aunque esto ultimo no se lo dijeron, hasta que ella lo decidiera así.

Como estaban en California, y era verano, Samantha propuso a Gustav ir unos días a la costa. Miraron un pequeño hotel donde hospedarse, pues de momento su sueldo de cadetes no daba para mucho. El primer día descansaron, pero por la mañana marcharían a la playa, a disfrutar de esos días todo lo posible.

Gustav estaba tendido en su toalla a unos metros de la orilla, mirando al vestuario donde Sam se estaba cambiando. La puerta se abrió y para él fue como ver a un ángel, la luz del sol rodeando su esbelto y grácil cuerpo, con aquél bikini de color grisáceo que tapaba débilmente sus medianos pechos. Había estado con ella en la cama, pero aquella visión era cuanto menos sugerente, cualquier hombre quedaría deslumbrado por aquella mirada azul océano, sus labios con ese suave color rosado, la linea que perfilaba sus parpados, sus caderas que tantos embistes había recibido, sus largas piernas que le habían rodeado a menudo cuando quería ir más despacio, pero ella no le dejaba. Aquél contoneo al caminar hacia él, que le sugería en cada vaivén que la poseyera.

Solo lamentaba no poder acariciar su largo cabello ocre dorado. Ahora con ese rapado tan académico, deslucía un poco. Lamentó mucho cuando esperando en la peluquería, ella con claro rostro de desafío ante el Sargento, se sentó y permitió que desapareciera aquello que cuidaba con sumo mimo.

"¿Gustav? ¿Qué estás mirando?"

"Ehmm. Nada. Solo observaba a la mujer más bella de cuantas he conocido."

"¿Seguro? ¿No te gusta ninguna más de por aquí?"

"Bueno... La morena aquella tiene un buen culo, y unas pedazo de... piernas."

Corrigió a tiempo, aunque sabia que a Sam no le molestaba que mirara a otras chicas, siempre que fuera sincero con ella.

"Ajá. Ya, ya."

Pasaron un rato tomando el sol, bañándose, jugaron. Se divirtieron todo lo posible. A mediodía decidieron que era hora de marcharse y buscar un buen, pero barato sitio para comer.

"Hmm. Hamburguesa de pollo. Tu si que sabes seducir a una princesa."

"Es lo que hay. Hasta que acabemos la academia nuestro sueldo es poco menos que inexistente."

El resto de días pasaron rápido. Ambos exploraron de nuevo sus cuerpos en repetidas ocasiones, aprovechando cada segundo de aquél permiso. El ultimo día debían marchar para estar a lista de ordenanza de la mañana siguiente.

... ... ... ... ... ...

"¡Maldita sea! ¿Donde lo habré dejado?"

Samantha presentaba una extraña actitud mientras Gustav la observaba, había desordenado todas sus cosas buscando algo, parecía importante pues, los alrededores de su cama estaban llenos de su ropa y enseres personales.

"¿Qué estás buscando Sam? Quizás pueda ayudarte."

"¿Has visto una caja azul, rodeada de una linea blanca?"

Gustav rebuscó en su mente, algo tan especifico debía ser muy personal. Pero entonces recordó haberla visto.

"¡Si! La recuerdo. Estaba en el baño del hotel. Pensé que era algo de la habitación, ¿Era tuyo?"

Entonces Sam se sentó con brusquedad en el suelo resoplando mientras se maldecía a sí misma.

"Maldita seas Sam. Tú y tus despistes. Ahora me tocará llamar a mis padres para que me envíen otra."

Se giró y saco un pequeño estuche de su mochila y Gustav se sorprendió cuando sacó una pequeñas gafas con montura al aire de un suave color negro. Y se las colocó. Con cara de sorpresa Gustav le preguntó.

"Espera. ¿Usas gafas? ¿En estos tiempos?"

"Si. Así es, no es que lo oculte, pero normalmente uso lentillas, las gafas solo las tengo para emergencias o cuando leo por la noche. Y si aún no te has dado cuenta, soy muy despistada. No es la primera vez que me dejo la caja donde las guardo en algún sitio. En fin, 3.000 créditos más a la basura."

"Pues oye, creo que estás preciosa con las gafas. Y si que me he dado cuenta, te dejaste la tarjeta de entrada de la habitación un par de veces, en solo dos días."

Una leve risa cómplice de ambos aligeró la pesadez que sentía Sam por sus continuos despistes.

"Gracias Gus, por si te lo preguntas es un defecto no operable de nacimiento. Mis padres me lo dijeron. Durante el embarazo de mamá, hubo un pequeño percance con el núcleo de la nave donde estaban destinados. Algunos niños acaban moviendo cosas, otros acaban con cáncer. Yo tuve una inesperada suerte, por llamarlo de alguna forma. De cerca se me distorsionan las cosas, de ahí las lentes correctoras."

"Ya. Y de lejos eres capaz de arrancarle las alas a una mosca de un tiro."

"Algo bueno tenia que salir de eso."

De nuevo una risa conjunta aligeró la conversación.

… … … … … …

"Mikelson."

"Presente."

"Navarro."

"Presente."

"Shepard. ¿Como?"

"Presente."

Mientras pasaba lista el sargento se fijó en Samantha. Antes de preguntar accedió a su historial y al cuestionario de ingreso. Tal y como esperaba de una recluta tan competente en la pregunta - '¿Tiene algún defecto en la vista o padece alguna enfermedad relacionada con ella?' - ella rodeó el si. En tono de broma el sargento se dirigió a ella.

"Cadete Shepard, no sé si lo sabe, pero en caso de modificar el aspecto personal de algún modo sin conocimiento de sus superiores es motivo de arresto."

"Lo sé mi sargento. Pero no me ha quedado más remedio. Lo solucionaré en la mayor brevedad posible. Señor."

Todos sus compañeros se quedaron boquiabiertos. A pesar de su nuevo aspecto, su constancia no flaqueó ni un ápice. Gustav más que ninguno se percató de que a pesar de no haberla visto nunca con aquellas gafas puestas, estaba claramente acostumbrada a llevarlas, ya que no se le cayeron en ningún momento y solo tuvo que retocarlas apenas un par de veces.

… … … … … …

"Hola papá. ¿que tal estás?"

"Hola pequeña. Yo estoy bien y mamá también. Veo por tu aspecto que has olvidado de nuevo las lentillas. Hay que desastre de hija que tengo, con lo competente que es en todo lo demás, sigo sin acabar de entender como es así de despistada."

"Papá, sabes bien que eso lo he heredado de ti. ¿Cuantas veces te has olvidado la cartera o las tarjetas de identificación?"

"Supongo que necesitaras unas nuevas, por eso llamas. ¿Verdad?"

"Así es papá, con el sueldo de cadete no me llega para comprarlas yo misma. Te prometo que en cuanto pueda te lo devolveré."

"Tonterías. Para mi pequeña lo que necesite, al fin y al cabo no tienes culpa de nada."

"Gracias papá, ya te invitare a una cerveza."

"Hay dios, no me digas esas cosas, mi princesa bebiendo alcohol."

"Jaja, papá. Que ya tengo 19 años."

"Bueno, al menos no te ha molestado que te llame princesa."

"Viniendo de ti, nunca me incomodará papá. Bueno hasta luego, dale un abrazo de mi parte a mamá cuando la veas. Un besito."

"Un besito pequeña, adiós."

… … … … … …

Llevaban ya 8 meses de duro entrenamiento. En todo ese tiempo no se le exigió de nuevo tener el pelo corto y aunque aún distaba mucho de tenerlo como a ella le gustaba, ya lo llevaba recogido en una pequeña cola tras la cabeza.

Durante los dos meses siguientes el entrenamiento fue principalmente de estudio, desmontaje y mantenimiento de de las armas de 1º escalón, estudio de tácticas de combate, como orientarse en un mapa. Cualquier cosa que permitiera a cada uno de ellos sobrevivir lo suficiente aún estando en solitario.

El siguiente mes, seria poner en practica todo lo aprendido en unas maniobras. Se prepararon adecuadamente, cada uno con su equipo y marcharon al puerto espacial, pues les comunicaron que las maniobras serian conjuntas fuera del planeta.

La lanzadera atracó en la bodega del crucero que seria el que les llevaría a través del relé de Caronte a...

"¿Alguno sabe donde vamos?"

"Pues no, de momento solo sabemos que es fuera del sistema solar."

El sargento se acercó acompañado del teniente con el pad de datos repasando las últimas órdenes del día.

"Bueno cadetes, ¿Alguno ha estado alguna vez en el infierno?"

Todos se miraron sorprendidos por la pregunta del teniente, pero aún más cuando Sam levantó la mano.

"¿Aparte de la cadete Shepard que lleva toda su vida de aquí para allá? ¿No? Pues allí es donde vamos, por orden del comité de la alianza, para mejorar las relaciones diplomáticas nos dirigimos a Palaven. Como no podía ser de otro modo, vamos a la mejor academia que poseen ellos mismos. No se dejen avasallar por esos bichos metálicos, son lo mejor que puede ofrecer la alianza, y debemos demostrarlo."

… … … … … …

"General, se presenta el Teniente Comandante Jhon Andrews jefe de estado mayor del Campamento Pendleton. Este es el Teniente Howard Levinson mi instructor jefe, y el Sargento Nicholas Dawn."

Todos saludaron con respeto al general turiano, que los miró con cierto desdén. Era conocido incluso entre altos oficiales humanos, pues sirvió en la guerra con crueldad y rudeza. Dirigió su mirada al pequeño pelotón de soldados que permanecían firmes a la espera de órdenes.

"Si esto es todo lo que la humanidad puede ofrecer, habría sido mejor que no hubieran intervenido las perras asari."

"Muy bien General, dejémonos de formalidades. Usted no nos quiere aquí, y a nosotros tampoco nos entusiasma estar."

"Que es lo que propone."

"Cual es su mejor cadete en tiro a larga distancia."

"¡Cadete Vakarian!"

Un joven turiano, con unos pequeños ojos azules salió de inmediato de la formación y se puso junto al general.

"Shepard."

Y para hacerse oír, aunque el general soltó una leve risotada al ver a aquella ridícula y pequeña humana, gritó con todas sus fuerzas.

"¡SEÑOR!"

Mientras se dirigían al lugar propuesto, el joven turiano se acercó a Samantha.

"Hola. Me llamo Garrus Vakarian. Te voy a machacar. Pero que conste, no tengo nada contra vosotros. Si no lo hago me juego una semana de calabozo cuando acabemos estas maniobras."

"Hmm. Pues si yo fallo, no me ocurrirá nada. Por que valoramos a las personas en su conjunto y no solo por una habilidad especial. Y mi nombre es Samantha Shepard."

"Encantado, supongo que siendo una mujer y además humana no se te dará muy bien disparar. Así que intentaré no ser muy duro contigo. Oye si no consigues acertar a más de 500 o 600 metros, tampoco pasa nada."

"Hmm. Deberías hablar menos, pienso que uno debe demostrar las cosas y no hablar sobre ellas, eso demuestra un exceso de confianza."

El general estaba escuchando, y aunque jamás lo diría en voz alta, reconoció que la joven tenia razón. Fue el mismo el que le dijo a Vakarian que minara un poco la moral de la joven, pero parecía más firme de lo que esperaba.

Marcharon durante un buen trecho hasta un campo de tiro especial, aunque familiar, pues no difería mucho del que solían usar en la tierra. De nuevo convencido el general se giró.

"Bien, veamos si su patética cadete puede vencer al mejor tirador que hemos tenido en años."

El comandante comenzaba a estar un poco harto de la falta de respeto del general, pero mantuvo la compostura.

"¿Y que debe hacer, General?"

"Superar su récord, por supuesto. Cinco blancos a 1.000 metros agrupados en 5 centímetros."

Entonces el comandante sonrió para si mismo, y el general se percató de ello.

"¿Le hace gracia comandante?"

"¡CADETES! ¿A QUE DISTANCIA ESTAN LAS CARTAS MÁS ALEJADAS?"

Todos al unísono gritaron Sam incluida.

"A 2 KILÓMETROS, SEÑOR."

El general puso cara de ignorancia, y reaccionó de inmediato al ser consciente de ello.

"¿Cartas? ¿Qué cartas?"

"¡Shepard en posición!"

Sam corrió y se tumbó al mismo tiempo que desenfundaba su rifle se colocaba en posición y... relajó la musculatura... pausó la respiración...

"¡A discreción, fuego!"

… … … … … …

Pasado el mes de maniobras se seguía hablando de ello, la historia de como una jovencita humana había derrotado al mejor tirador de los turianos se dio a conocer por toda la alianza. Garrus se levantó y estrechó la mano de aquella joven dándole la enhorabuena tras conocer el resultado.

Gracias a los múltiples sensores que controlaban el campo de tiro, se pudo constatar que a la distancia propuesta acertó de lleno en el mismo agujero, las 5 veces.

El único que se sintió decepcionado con aquél ejercicio conjunto fue el general. A pesar de que la orden venia directamente del Primarca, su odio hacia los humanos no había mermado en absoluto desde la guerra, era de la opinión de que tenían que haber sometido a toda la humanidad, en lugar de solucionarlo por la vía diplomática. Esperaba que el rencor entre ellos creciera, pero no fue así, entre la humana que venció a su mejor tirador y la habilidad conjunta de aquél pequeño pelotón de humanos, se forjaron amistades entre los cadetes y oficiales bajo su mando. Tras esos días, se preguntó a si mismo si no era demasiado viejo ya, y poco después solicitó la baja voluntaria.

Su ultimo día, envió un comunicado de disculpa al Campamento Pendleton y la enhorabuena a la joven humana.

… … … … … …

El ultimo mes de instrucción fue muy tranquilo, a pesar de las continuas idas y venidas de los relatos de los cadetes, oficiales y suboficiales. Estuvieron preparando la última semana el desfile de graduación, tras el cual todos recibirían un destino y un rango en función de sus habilidades y escalafón.

Tras el desfile al que acudieron los orgullosos padres de ambos salieron las listas de destino.

"¡Oh!"

"¿Que pasa Sam?"

"Creo que no vamos a separar."

"Hala, y me lo sueltas así de golpe."

"No es que sea decisión mía. Pero mira. Nos destinan a lugares distintos. Era algo que me temía."

"Siempre podemos intentar tener una relación a distancia. Vernos siempre que podamos. Aunque aún no lo sabemos seguro."

"Si estás seguro, yo estoy abierta a opciones."

"¿Y donde te destinan?"

"A una fragata junto a un pequeño pelotón de ataque y exploración. ¿Y a ti?"

"A un crucero, seré el nuevo tirador del equipo de reconocimiento."

"Bueno aún no nos tenemos que despedir. Tenemos 15 días para presentarnos en nuestros destinos, pasemos unos días juntos y junto a la familia y ya cuando llegue el momento pensamos que hacer."

Y así lo hicieron, pasaron los primeros días juntos, explorándose de nuevo varias veces. El resto lo pasaron junto a sus padres, que los felicitaron por su graduación. Pero no sabían seguro lo que les depararía el tiempo conforme pasara. El día que tuvieron que despedirse, apenas hablaron entre ellos, ya que no sabían que decirse.

"Nos veremos."

"Estaremos en contacto."

Se dieron un profundo abrazo y un largo beso. Y eso fue todo.

Cada uno marchó sin saber si podrían verse de nuevo ni cuando.