Disclaimer: The Mortal Instruments y sus personajes pertenecen a la maravillosa Cassandra Clare, yo sólo los tomo prestados.

Llegamos al último capítulo. Muchas gracias a TODOS por los reviews, favoritos y follows, de verdad, me hicieron muy muy feliz. Me encanta ver que hubieron tantas personas que disfrutaron leyendo este fanfiction, y espero que éste capítulo también les guste. Muchas gracias por leer y por seguir este fanfic, a una autora la hacen muy feliz las lecturas.

Los invito también a leer mis otros fanfics en proceso: Everything has changed y The training. Pronto empezaré otras historias también, y espero verlos muy pronto.

Disfruten!


Kiss me now

Cuando Luke regresó de hacer las compras, se encontró con que todo se había puesto al revés. Los enfermos estaban de pie y andando, muy enérgicos, y no paraban de ir de un lado a otro con mantas y vasos de agua; mientras que tirados en la cama estaban los que antes los habían estado cuidando. Simon y Clary veían la televisión tranquilamente con un par de paños en la frente, Maia y Jordan dormían apaciblemente y Jonathan sufría en una de las camas sin razón aparente.

— ¿Jonathan? —gritó Luke, horrorizado, pero entonces Magnus le puso una mano sobre el hombro y se llevó un dedo a los labios, exigiendo silencio. — ¿Qué está pasando aquí?

—Jonathan prometió no hacer planes para destruir al mundo esta semana, así que lo dejamos quedarse, pero comió de las palomitas a las que Clary le había escupido y, como Clary está enferma, probablemente él se enfermará pronto. —miró en dirección al muchacho y arqueó las cejas. —Aún no tiene ni un solo síntoma, pero parece que le gusta el drama.

Luke se quedó un momento en silencio.

—Oh, está bien, entonces. —dijo finalmente, encogiéndose de hombros y acercándose a la cama de Clary. Le pasó una mano por la frente y le acarició el cabello, sonriéndole. — ¿Así que finalmente ustedes también cayeron? Bueno, no me sorprende. No se lavaban las manos muy seguido, debí de haberles advertido que esa es una medida de prevención esencial.

Clary agradeció el fresco contacto de la mano de Luke y sonrió.

—Es molesto estar congestionada, pero tengo que admitir que me agrada esto de tener gente mimándome. —dijo, sonriendo, y señaló a Jace, que se veía muy concentrado preparando limonada. —Y es bueno verlos a todos sentirse bien por fin.

—Sí, estoy seguro de que el doctor estará muy satisfecho. Y nos vendrá como anillo al dedo que venga, porque así podrá examinarlos a ustedes. —Luke le besó la frente y luego se incorporó, decidido. — ¿Les gustaría que preparara mi sopa especial para enfermos? Les aseguro que la mía sirve y sabe muy bien, soy experto en esto de cuidar niños enfermos.

Clary y Simon, que habían estado enfermos y bajo el cuidado de Luke muchas veces, asintieron con la cabeza y estaban a punto de decir algo cuando una alegre Isabelle apareció por el pasillo con un enorme cucharón en la mano y muy sonriente.

—Oh, gracias Luke, pero no hará falta. Preparé mi sopa especial de pez globo. Les encantará.

— ¡El pez globo es tóxico! —Luke ahogó un grito y corrió a la cocina. Alec estaba a punto de meter un dedo para probar la sopa, pero él se encargó de impedirlo de un manotazo. — ¿De dónde demonios sacaron pez globo?

Alec lo miró con reproche, como un niño de cinco años, y se alejó de ahí con cara de hambriento. Isabelle observó enfurruñada cómo Luke tiraba la sopa, pero luego sonrió avergonzada.

—Ah, bueno, ya sabes, nunca está de más tener pez globo cerca…—dijo, riendo nerviosa, y Luke decidió que tendría una charla seria con Maryse respecto al lugar del que Isabelle sacaba sus recetas.

— Ustedes cuatro, vayan a acostarse. —ordenó, señalando a Alec, Isabelle, Magnus y Jace. Los cuatro fruncieron el ceño. —No quiero que tengan una recaída, aún no están bien del todo y les falta una inyección. A acostarse dije.

Resoplaron y se quejaron, pero obedecieron y dejaron todo lo que estaban haciendo para ir a meterse a las camas. Como las camas estaban ocupadas por los nuevos enfermos, se cambiaron de lugar y se metieron por parejas: Jace y Clary, Jordan y Maia, Simon e Isabelle, Alec y Magnus…y Jonathan se quedó en la alfombra.

— ¿Por qué yo tengo que ir en la alfombra? —gruñó Jonathan, incorporándose. Luke le puso una mano en la frente y chasqueó la lengua.

—Porque tú no tienes ni un poco de temperatura. Anda, ven a ayudarme en la cocina. —le apremió, levantándolo y dándole una palmada en la espalda. El muchacho refunfuñó y lo siguió hasta la cocina, pero antes se volteó para sacarle la lengua a los que estaban acostados. —Duérmanse un rato, les hará bien.

Clary se acurrucó contra el pecho de Jace, sintiéndose aliviada de no tener que seguir cumpliendo con la exhaustiva tarea de enfermera y dejándose mimar por los suaves dedos de Jace, que le acariciaban con ternura el cabello y los brazos. Fue cuestión de tiempo antes de que se quedara profundamente dormida.

ooooooo

—Vamos Clary, abre la boca. Amnamnamnam. Jace hizo ruidos raros y movió la boca de una manera que para Clary fue inevitable reír y escupir parte de la sopa. Jace hizo un ruido de desaprobación con la lengua y le pasó una servilleta por las mejillas. —Oh, manzanita, así nunca lo lograremos. ¿Tendré que intentar con el avión?

Ahora Jace simuló que la cuchara era un avión y describió círculos en el aire con ella, tirando toda la sopa sobre la manta. Cuando la cuchara llegó a la boca de Clary, estaba vacía y ella reía de manera desquiciada. Jace solo frunció el ceño.

— ¡Demonios! —gruñó, y Clary rió aún más.

Con los demás la situación no era muy diferente. Los únicos dos que se daban de comer de manera relativamente normal eran Jordan y Maia, aunque ninguno de los dos paraba de soltar gruñiditos juguetones y de vez en cuando juntaban las narices en un beso esquimal.

Rawr rawr murmuró Maia, mientras acariciaba la parte de atrás del cuello de Jordan con la nariz. Él le sonrió y hundió el rostro en su cabello, soltando ruiditos similares. Luke pensó que era adorable que los dos se comportaran como cachorros, pero los demás no dejaban de lanzarles miradas extrañadas.

—Vamos, Magnus, no sirve si no te comes los vegetales. —dijo Alec, con tono desaprobatorio pero tranquilo. El brujo lo miró con un puchero. —Los vegetales son buenos. Tienes que comértelos también.

—Pero no quiero la zanahoria. La zanahoria no me gusta en la sopa. Puedo comer todo lo demás, menos la zanahoria. —refunfuñó él, y Alec sonrió levemente.

—Son sólo tres pedazos de zanahoria. —le dijo, y Magnus suspiró. Le dio el primer bocado. —Uno. —le dio el segundo. —Dos. —planeaba darle el tercero, pero Magnus escupió. —… ¡Magnus! Suficiente. No te comerás las zanahorias, pero no tendrás postre.

Magnus soltó un ruidito.

— ¡Pero eso no es justo! —gimoteó, mirando a Alec con sus ojos suplicantes de gato. El muchacho no se inmutó, se limitó a mirarlo con un puchero enfurruñado. Entonces él rió, pero continuó con su mirada de gatito regañado. — ¡Por favor!

Ellos permanecieron en lo suyo, y mientras tanto Isabelle y Simon jugaban a lanzarse la sopa encima, porque al parecer era mejor que comérsela. Luke suspiró y pensó en regañarlos, pero luego decidió que los dejaría hacer lo que quisieran. Estaban enfermos, había que consentirlos un poco.

Jonathan estaba sentado muy enfurruñado a su lado, observando cómo los demás se divertían con el ceño muy fruncido y la mirada de un niño pequeño. Luke volteó a verlo, curioso, y le puso una mano en la frente.

—…Creo que tienes un poco de temperatura. —mintió, sólo para hacerlo feliz. El chico alzó la mirada, esperanzado.

— ¿De verdad? —preguntó, como si fuese un niño en navidad. Luego se levantó y corrió a la cama de Clary. — ¡A un lado, idiota, yo tengo más derecho de compartir cama con Clary que tú! —gruñó, y lanzó a Jace a un lado. Luke se arrepintió en el acto de haberle dicho eso, y decidió intervenir y mandarlos a todos a bañar por turnos antes de que alguien cometiera homicidio.

ooooooo

El doctor llegó poco antes de que atardeciera. A Clary le sorprendió notar que parecía un doctor absolutamente normal, salvo por supuesto las marcas que llevaba en los brazos y en su atuendo un tanto diferente. Era un hombre encantador, se sentó y habló con ellos sobre qué tal les había ido en los últimos días. Les preguntó si habían tenido algún otro síntoma o si aún sentían algún malestar, y luego se dedicó a observar a los recién enfermos.

—Este virus es más contagioso de lo que creí. —murmuró, y observó a Magnus y a Simon. —Debo decir que, sobre todo, me sorprende que haya contagiado también a un brujo y a un vampiro. ¡Un vampiro! ¡Pero si los vampiros no enferman! No comprendo qué sucede aquí...es un gran desequilibrio.

A Clary le agradó mucho el doctor, y no pudo comprender la mirada asesina con la que Jace lo seguía hasta que comprendió que a Jace no podía agradarle nadie que hubiese decidido recetarle inyecciones. Sonrió levemente y le acarició un brazo con cariño cuando el doctor comenzó a examinarlos a todos, uno por uno, empezando por Isabelle.

—No te dejes llevar por las apariencias. —le advirtió Jace. —Este doctor es tan malvado como cualquier pato: te habla bonito, te trata bien, te da dulces y se gana tu confianza con su apariencia. Luego, cuando menos te lo esperas, ordena que te agarren fuerte y te clava una aguja. Y luego te da más dulces. ¡Como si los dulces cambiaran el que no puedas sentarte dentro de días!

Clary pensó seriamente que Jace debía de tener un trauma con las agujas como lo tenía con los patos. Le dio palmaditas en la cabeza y le sonrió.

—Todo estará bien, Jacie, todo estará bien. —le aseguró, y le acarició la cabeza. Jace no dejó de mirar con recelo al doctor. —Se irá pronto, lo prometo.

—Eres un bebé. —gruñó Jonathan desde su lugar, con la cabeza apoyada sobre el regazo de Clary. —No puedo creer que una agujita te ponga nervioso. Eres un cazador de sombras, no una nena.

—Cállate. —le silenció Clary, dándole un manotazo en la frente. Jonathan gimoteó. —Ya viene el doctor con nosotros.

El doctor revisó primero a Jace y luego a Clary. Jace no le quitó la vista de encima ni un solo segundo mientras la examinaba, taladrándolo y fulminándolo con la mirada. El doctor no parecía inmutarse, sin embargo, y se portó muy respetuoso con Clary. Cuando llegó con Jonathan, el muchacho se sacó la camisa sin más para permitir que el doctor lo examinara. Jace y los demás chicos sólo se la habían alzado, pero él sencillamente tenía que enseñar todo su perfecto cuerpo. Clary puso los ojos en blanco.

—Tengo buenas noticias. —anunció el doctor, mientras guardaba su estetoscopio. —Los que se acaban de enfermar apenas están en una fase inicial, así que una inyección será más que suficiente, y no tendrán que llevarse las otras tres como los demás. Y los que ya se están recuperando solo necesitan la última inyección, como les había dicho antes.

Jace soltó un chillido.

— ¡Pero si ya me siento perfectamente bien!

—Tienen que terminar el tratamiento, Jace. —dijo el doctor, negando con la cabeza. —Lo siento. Y también siento que tuvieran que ser cuatro, pero si le hubieses dicho a Maryse que te sentías mal desde el principio y no cuando ya estaba sintiéndote muy mal, también habrías necesitado una sola y probablemente no habrías contagiado a nadie. Y todo estaría perfecto.

— ¿Y ser el único que sufra? —Jace bufó. —Olvídalo, estoy orgulloso de haber escupido en el vaso de Alec.

Alec e Isabelle voltearon a verlo incrédulos.

— ¿Qué hiciste qué? —preguntó Alec, enfadadísimo. Jace bufó.

—Me habías hecho enojar esa mañana. Te lo merecías. —gruñó. —No recuerdo por qué me molesté, pero te lo merecías. E Isabelle aprenderá así a no tomar de los vasos de otras personas. Y Magnus a no besuquearte cuando estás enfermo.

— ¡Él no sabía que estaba enfermo!

— ¿Quién lo mandó a besarte sin haberte dado el termómetro primero? —preguntó Jace, pestañeando varias veces y con aire inocente. —Nadie, él solito decidió no tomar precauciones, así que le toca asumir las consecuencias.

—Y a ti te toca asumir las consecuencias también. —dijo el doctor, sonriente, antes de clavarle la aguja. Jace, anonadado, miró hacia abajo: el muy desgraciado doctor se había acercado a él, se había aprovechado de su posición y le había bajado el pantalón sin que se diese cuenta. Soltó un grito y apretó con fuerza la mano de Clary, quien también le había tomado la mano sin que él se diera cuenta. —Y…eso es todo. Ahora eres libre, Jace.

— ¡Váyase al infierno!

— Tú también eres muy especial para mí, Jace. —respondió el doctor, dándole palmaditas en la cabeza. Jace gimoteó y se sentó para hundir el rostro en el hueco del cuello de Clary, como un niño pequeño. — ¿Quién es el siguiente?

Clary asumió el siguiente turno sin temor alguno y sin titubear. Descubrió que sí, la inyección dolía, pero no era nada insoportable. No más doloroso que las garras de un demonio al rasgarte la piel. No comprendía por qué Jace se mostraba tan dramático respecto al tema. Se acurrucó contra él en cuanto el doctor terminó, fresca como una manzana.

—Eres un llorón.

—No es cierto.

Jonathan fue el siguiente. Se veía muy orgulloso cuando, aún sin camisa, se recostó y permitió que el doctor se acercara con la aguja, con el pantalón abajo y enseñando más mercancía que la que cualquier otro presente enseñaba. Al principio le dedicó una sonrisa burlona cuando el doctor clavó la aguja y él ni siquiera se inmutó, pero cuando presionó el émbolo…tuvo que tomarle la mano a Clary también.

— ¡Los dos son unos llorones! —gruñó Clary, cuando ahora tuvo a ambos con el rostro hundido contra su cuello. Luego comenzó a patearlos cuando ambos empezaron a pelearse. — ¡Oh, deténganse ahora mismo, o los tiraré de la cama!

El doctor terminó de inyectar a todos pronto, y fue entonces que Clary, Maia e Isabelle hicieron un gran descubrimiento: Los hombres en general eran unos llorones. Ellas tres eran las únicas que permanecían muy tranquilas e impasibles, como si nada hubiese pasado, mientras que los muchachos gimoteaban desde sus camas y exigían mimos de consolación.

Sin embargo, incluso en esa situación, Luke fue el que necesitó más consuelo cuando se enteró de que él iba a pagar la consulta. Maryse y Robert habían pagado la primera, solo de Isabelle, Jace y Alec, pero a él le iba a tocar pagar la de uno, dos…nueve personas.

—Me salieron muy caros. —les gruñó cuando el doctor se fue, aunque tenía una sonrisa leve en los labios. —Creo que está de más decir que cada uno de ustedes tendrá que devolverme el dinero cuando se pongan mejor. ¿Qué piensan respecto a llevar comida china a domicilio un par de semanas?

Todos gimotearon y se quejaron, pero Luke negó con la cabeza.

—Llevarán comida china a domicilio por las siguientes dos semanas junto con los cachorros. Punto final.

Jace dejó caer la cabeza sobre la almohada, exhausto, y le dedicó una mirada enfurruñada a Clary.

—Esto es un asco. —murmuró, abrazándola. —Primero me enfermo, luego me clavan agujas, luego paso dos días de locos con un montón de locos, luego te enfermas por mi culpa y ahora debo entregar comida china a domicilio por dos semanas. —refunfuñó. Jonathan, al otro lado de Clary, le dedicó una mirada ceñuda.

— ¿Saben qué es lo bueno? Que yo la próxima semana reanudo mis planes de la destrucción del mundo, así que me libro de todo esto. —dijo, sonriendo orgulloso. Clary lo ignoró olímpicamente, y él se enfurruñó.

— ¿Sabes qué es lo verdaderamente bueno de todo esto, Jace? —preguntó Clary, pasándole un dedo por el pecho a Jace. Él le miró con curiosidad.

— ¿Que podemos cazar patos y cocinarlos para hacerlos pasar por cerdo mu shu?

Clary rió levemente, pero negó con la cabeza.

—No, tonto. —dijo, alzando la cara y sonriéndole radiante. —Que ahora podemos hacer esto.

Le pasó los brazos por detrás del cuello, enterró los dedos en su terso cabello y le plantó un profundo beso en los labios.

Y mentiría si no dijera que le dolió más no haberlo besado en dos días que haberse enfermado también.

The End.