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Se arregló rápidamente la corbata y entró en la habitación con paso firme. Se sentía sumamente extasiado. Miró hacia el frente al notar una inusual corriente de aire helado golpearlo en el rostro. Se dio cuenta que las puertas del balcón estaban entreabiertas, y vio la figura de una mujer apoyada en la baranda, dándole la espalda.
Se terminó de ajustar la corbata y se aproximó a un espejo ignorando a su acompañante. Se percató que en los puños de su blanca camisa se podían apreciar unas dispersas pero evidentes gotas de sangre. Se quedó absorto mirándolas, como si no pudiera comprender de donde habían salido.
Escuchó como la mujer se movía y giró la cabeza. Ella ni siquiera parecía haber advertido que él estaba allí, observándola. La idea lo irritaba, pero igualmente caminó lentamente hacia donde estaba.
— Bellatrix.
Ya ni siquiera se sobresaltaba con su voz, tan acostumbrada a sus fantasmagóricas apariciones. La bruja se dio la vuelta con parsimonia, tenía una copa en la mano derecha.
— Mi señor— lo saludó con una leve sonrisa en los labios.
— Pensé que te vería allá abajo— le comentó Voldemort acercándose a ella y quitándole el vaso.
— No tenía ánimos— le respondió con suavidad, mirando como el hombre apuraba las últimas gotas de su vino.
Voldemort le lanzó una mirada divertida — ¿Tu? Difícil de creer.
— En estos momentos mi único objetivo es esa maldita niña… es a ella a quien quiero torturar, los demás son irrelevantes.
El mago oscuro asintió solemnemente, pero no dijo nada. Bellatrix lo miró con avidez, esperando que él le respondiera algo.
— Mi señor… ¿Por qué no me dejas matarla?
Voldemort hizo un gesto despectivo con la mano y se dio la vuelta — ¿Cuántas veces vamos a tener que hablar de esto, Bella?
La mujer lo siguió — ¿Necesitas a esa chica, mi señor?
Voldemort se giró — ¿Necesitarla?
— Para alguna misión, algún trabajo… ¡lo que sea! Es la única explicación lógica para el hecho de que la protejas.
La bruja retrocedió un paso cuando Voldemort se le aproximó con rapidez, quedando solo a unos centímetros de distancia.
— Yo no la estoy protegiendo, Bellatrix. Cuida tus palabras— le advirtió con un tono helado.
Hubo un silencio entre ambos. La mujer negó imperceptiblemente con la cabeza y se dirigió hacia la cama, sentándose en el borde. El Señor Oscuro la miró atentamente.
— Es una sangre sucia, y se atrevió a atacarme, casi me llega a… — respiró profundamente—… a matar. Y aún así, yo no puedo tocarla.
Voldemort levantó una mano— Tu empezaste eso, no ella. No voy a castigar a esa chica por intentar defenderse.
Bellatrix levantó la cabeza — Es una sangre sucia, hemos torturado y asesinado a muchos… ¿en qué se diferencia ella?
Voldemort se llevó una mano a la frente, como si estuviera perdiendo la paciencia. Bellatrix guardó silencio de inmediato al verlo. Sin embargo no podía evitar que su sangre hirviera de rabia. El hombre se sentó a su lado en la cama.
— Bella… querida, no voy a explicarte esto de nuevo. Es verdad, todo lo que dices, y puedo llegar a comprender tu situación. No te detendré tus intentos de torturar y divertirte con la sangre sucia, pero no te excedas.
— ¿Solo porque es la esclava de Snape?— replicó la mujer.
— Si— afirmó el mago oscuro. Alargó una de sus manos y acarició el rostro de la mujer de forma sutil — Debes respetar eso.
Bellatrix tomó la mano de Voldemort y la sujetó entre las suyas — Él se cansara de ella pronto, y en ese momento me desharé de esa impertinente.
Voldemort asintió quedamente — Pero solo en ese momento. Mientras tanto, puedes divertirte un rato abajo, te dejé uno de los esclavos para ti, aún está consciente. Mañana traerán ocho nuevos, y te los regalaré todos ¿te gusta la idea, querida?
Bellatrix rió antes las suaves palabras de su señor. Éste sonrió pérfidamente ante el gesto de la mujer.
—Prefiero divertirme contigo, mi señor… lo de esta mañana fue fantástico y quiero repetirlo— le dijo mientras se le acercaba y lo besaba con pasión. Las manos de la mujer fueron hasta la chaqueta del hombre, la cual intentó desabrochar.
Voldemort alzó una mano y sujetó a Bellatrix del cabello para poder profundizar ese beso, notaba un calor recorrer todo su cuerpo y necesitaba más. Pero cuando sus dedos hicieron contacto con el cabello de la mujer y lo notó liso, bajó su mano. Esperaba sentir los sutiles rizos de esa sangre sucia.
Se separó de la bruja y la miró con fijeza.
— ¿Mi señor…?
Voldemort ya se había levantado de la cama — Sabes cómo me gusta estar contigo, Bellatrix. Pero esta noche tengo trabajo y debo salir.
La mujer, que respiraba irregularmente, se le quedo viendo absorta — ¿No puede esperar unos minutos?
El hombre se abrochó rápidamente su chaqueta — Tu sabes que no, Bella. Hazme caso, baja, diviértete. Vendré en unas horas.
Se dirigió hacia la puerta dando grandes zancadas, e ignorando la imagen de Bellatrix en la cama, salió por está dando un portazo. Se apoyó en la pared y respiró profundamente. Tenía que hacer lo que llevaba pensando desde que esa chica se había ido. Necesitaba hacerlo.
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— Se ve apagado, señor — comentó Hermione después de un rato en silencio. Snape seguía sentado en la mesa, viendo unos pergaminos.
— No pasa nada, Granger— le respondió sin mirarla.
Otro silencio.
— ¿Es por lo de Hogwarts?— se aventuró a cuestionar.
Snape levantó la cabeza — ¿Y cómo sabes de eso?
Hermione se encogió de hombros — Voldemort me lo dijo.
—Granger, no lo llames por su nombre… y si, esa es la razón. Ha sido un golpe que me haya quitado el control del colegio para dárselo a un mortífago inepto. Es imposible no tomármelo como un insulto.
La chica se recostó en la mesa, apoyando la cara sobre sus brazos — Lo siento. ¿Y es algo permanente?
— Realmente espero que no lo sea. Debido a estos recientes ataques, me ha pedido reforzar el entrenamiento de los mortífagos que tiene en el exterior.
Hermione alzó la cabeza — ¿Ataques? ¿Cómo el de hoy? ¿Alguien los está atacando?— era imposible no mostrar un tono de emoción en su voz. Snape la miró.
— Digamos que sí. Asesinaron a más de treinta mortífagos.
— ¿Y por que Draco es el culpable? ¿Ellos no saben defenderse?
Snape guardó los pergaminos — Pues él es el responsable de sus entrenamientos. Ya decían algunos que Draco es todavía muy joven para coordinar el entrenamiento de otros magos y brujas. Pero si creo que eso fue una venganza, por lo que le hicieron a esa mujer que era novia suya.
— Pues lo tienen merecido— replicó Hermione con enojo. Snape la miró con intensidad — Lo siento, pero… lo que le han hecho, la han mandando a un lugar desconocido para que un montón de hombres la torturaran, la violaran y la mataran… No puedo más que alegrarme por lo que les pasó.
— Espero que nunca repitas esas palabras nuevamente, Granger… y menos delante de otras personas. Pero ¿quieres saber lo gracioso? Que no fue allí donde torturaron a esa mujer. Fue otro cuartel, mucho más lejos, en Dalvík. Es muy complicado llegar hasta allá. Los rebeldes fueron a atacar el único cuartel que Draco dirigía, porque pensaron que quizás, él estuviera allí. Pero se equivocaron.
— ¿Eso quiere decir que los violadores están sanos y salvos?
Snape asintió —Granger… la gran mayoría de los mortífagos son así ¿no te lo he dicho antes? Aunque los que se encuentran en Dalvik fueran asesinados, tendrías muchos otros que ocuparían su lugar.
Hermione se dejó caer en la mesa una vez más — Maravilloso— dijo con sarcasmo.
Snape la miró con atención. Finalmente se puso en pie — Escucha. Lo mejor es que te vayas a dormir, ya he perdido la cuenta de cuantas veces te he dicho esto. No has descansado nada, y por mi culpa.
Hermione lo imitó. Vio como el hombre bordeaba la mesa y se le acercaba — Usted tampoco ha descansado.
— No te preocupes por mi…— le dijo mientras se inclinaba sobre ella y le daba un corto beso en los labios. — Ahora debo irme—
Hermione ladeó la cabeza — ¿A dónde va, señor?
Snape le sonrió levemente — No tardaré… espérame despierta.
Hermione rió en voz baja, Snape le devolvió el gesto antes de separarse de ella. — Voy al exterior, a Ucrania. No creo que me lleve mucho tiempo. Mejor vete a dormir de una vez. Nos veremos en un momento.
Hermione quedó sentada en la mesa mientras veía salir al mago. No entendía como los vecinos muggles no se asustaban al ver a ese hombre vestido completamente de negro caminar por las oscuras calles.
Se bajó y subió rápidamente a su habitación. Se cambio de ropa y se tiró en la cama. Estaba realmente exhausta, tanto que no le llevo ni tres minutos quedarse totalmente dormida.
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Lo vio salir por la puerta y desaparecerse casi al instante. Salió de la oscuridad después de unos minutos y caminó con paso lento, cruzando la calle, y aproximándose a la puerta principal. Consultó la hora, ya era la una de la madrugada.
Había estado esperando durante media hora para asegurarse que Snape se fuera, y lo más importante, no se llevara a la sangre sucia consigo.
La verdad es que llevaba semanas queriendo saber la razón del porqué su sirviente llevaba a su esclava para todas partes, incluso hasta a reuniones importantes. Pero poco a poco, esa curiosidad fue opacada. Ya no lo interesaba saber esas razones, de hecho le agradaba en cierta manera ver a la chica más seguido.
Muchos dirían que estaba loco, considerando que tenía una mujer como Bellatrix en su cama; y más cuando estaba a punto de casarse con ella. Pero esa chica… esa sangre sucia le gustaba, y no pensaba buscarle explicaciones a eso. Quizás era su notable inocencia, algo que ya no acostumbraba ver.
Abrió la puerta y entró con mucho sigilo a la solitaria casa. Todas las luces estaban apagadas, pero aún así sacó su varita y se lanzó un encantamiento desilusionador, volviéndose invisible. Subió las escaleras con mucha precaución, la madera bajo sus pies tendía a crujir, algo que no había notado en sus múltiples visitas a esa casa.
Generalmente era un maestro en el escondite, nadie podría notar su presencia si él no deseaba que esa persona lo supiera. Ahora, se sentía torpe. Finalmente, después de mucho sudar y aguantar la respiración, logró llegar al piso superior sin hacer ruido. Se irguió y abrió la puerta de la habitación que tenía al frente. Entró.
Era una estancia tan triste y aburrida como su dueño. Supo de inmediato que era la habitación de Snape, había un armario, un par de muebles y una simple cama. Se preguntó si la sangre sucia tendría una habitación o dormiría en el sótano.
Si la encontraba abajo, acostada en el suelo… probablemente le exigiría a su mortífago que le dieran una habitación.
Sacudió la cabeza, no iba a hacer eso. Ella era una esclava y tenía que dormir encadenada a una pared, eso era lo que correspondía. Salió de la habitación con paso firme. Ahora lo atacaban las dudas, quizás lo mejor era que dejara la estupidez y se largara de allí. Tenía una hermosa mujer esperándolo en la cama, y él perdiendo su tiempo viendo a una niña tonta. Estaba volviéndose loco.
Cerró la puerta de la habitación, y se dispuso a bajar de nuevo las escaleras cuando un sonido lo alertó. Giró la cabeza hacia la derecha y vio a Hermione salir de la habitación contigua. Parecía estar apenas consciente, se frotaba un ojo y su expresión de somnolencia era notable.
— ¿Severus?— preguntó adormilada.
Voldemort se quedó de piedra. La vio encogerse de hombros y regresar a su habitación. Tenía los sentidos tan agudizados que casi escuchó la cama crujir.
La mente del hombre volvió a funcionar "¿Severus?" ¿En qué momento un esclavo podía llamarte por tu nombre? Voldemort se recuperó de golpe y caminó en dirección hacia la habitación.
Entró rápidamente y la vio acostada, totalmente dormida sobre las suaves sabanas. Eliminó el encantamiento y se apoyó contra una de las paredes, dejando que la oscuridad de la noche lo ocultara.
Se veía extremadamente débil y cansada, algo que lo motivó. El deseo por despertarla y ponerla de rodillas ante él se estaba volviendo algo incontrolable. Quizás podría llevársela a su mansión durante un par de horas.
No se dio cuenta que estaba soltando su corbata poco a poco, se sentía ahogado. Vio como la chica se movía, cambiando se posición y quedando acostada de lado, justo mirando hacia donde él estaba de pie.
Fácilmente podría dejarla inconsciente, desnudarla y tomar ahí mismo. Pero para aplacar un deseo sexual tan básico y rudimentario ya tenía a Bellatrix, a esta chica la quería para algo más.
Se acercó hasta la cama y se sentó en ésta. Estaba esperando que ella despertara, quería que lo viera. Levantó una de sus manos y acarició el rostro de la chica con el dorso. Ella susurró algo y giró la cabeza, pero él no detuvo su caricia.
— Amo…
Los ojos rojos de Voldemort brillaron momentáneamente, pero sin dejar de tocarla. Hasta que finalmente la bruja abrió los ojos. Giró la cabeza para ver a quien le pertenecía la mano y se encontró de lleno con esa penetrante mirada.
Hubo un silencio sepulcral. Hermione se quedó paralizada sin saber que hacer o decir; y el hombre estaba totalmente serio, solo sus ojos parecían emitir destellos que destacaban en la oscuridad. Lo vio curvar los labios en una leve y despiadada sonrisa.
— Mi… mi señor…
Voldemort entrecerró los ojos de forma divertida, le daba un inmenso placer verla tan asustada por nada — Estás sola.
Hermione giró la cabeza nerviosa — ¿Y… mi amo? ¿Dónde está mi amo? ¿Dónde estoy?
El Señor Oscuro paró su caricia — Quiero que te tranquilices y recuperes algo de tu cordura. Mira a tu alrededor, tranquila… no voy a hacerte daño por eso ¿cierto?
La chica obedeció, notando de inmediato que estaba en su habitación. Miró al señor oscuro y tragó con dificultad. La pregunta ahora era ¿qué hacía él allí? Pero, por supuesto, no la hizo.
— Snape está en una misión fuera del país. Y tengo entendido que se tardará bastante en volver. Es una casualidad que tú y yo siempre nos encontremos cuando él está lejos de aquí.
Hermione no se movió. Ya no se sentía tan asustada, ahora solo los nervios la tenían paralizada. Vio como Voldemort se le aproximaba un poco más. Su sonrisa, cruel, confiada y perfecta hicieron que los pelos se le pusieron de punta. Giró la cabeza y vio parte de la camisa sobresalir de las mangas de su oscura chaqueta, había un pequeño rastro de sangre manchando los puños de la blanca tela. Abrió los ojos estupefacta.
—Tengo todas las posibilidades para que nadie nos interrumpa esta noche.
— ¿Esta noche?— le preguntó confundida. De inmediato se dio cuentas que de lo idiota que había sonado.
Voldemort asintió lentamente — Si, esta noche… No quieres quedarte sola ¿verdad?
Hermione tragó con dificultad — Mi señor… es que… esta noche, me siento muy cansada, no he dormido en…
Voldemort la sujetó y la sacó de la cama. Hermione se dejó hacer, el hombre olía tan bien y se veía irresistible, y sin embargo esa sangre la había descolocado.
— Si estás cansada, puedes dormir en mi cama toda la noche— le dijo seductoramente mientras pasaba sus labios por el cuello de la chica.
— Mi señor… — gimió sin poderse contener — mi señor… está sangrando.
Voldemort se detuvo y la miró fríamente — ¿Sangrando?
Hermione se separó un poco y señaló su manga derecha — Ahí.
Voldemort levantó el brazo y miró las gotas de sangre. Había golpeado a su último prisionero por haberle respondido mal, había olvidado que su camisa se había manchado. Sonrió al recordarlo, y sin embargo pudo ver la expresión de miedo cruzar el rostro de la chica entre sus brazos.
— ¿Esto es lo que te molesta?— le preguntó. Ella se mordió los labios — No te preocupes, querida. No creo que me veas mucho tiempo con esto puesto.
Hermione se ruborizó, más que todo porque él nunca le había dicho "querida" aunque no sonaba ni dulce ni romántico en sus labios.
— ¿Qué dices? ¿Vienes conmigo? O si prefieres podemos hacerlo aquí mismo, pero este lugar se ve tan… inapropiado— lo último lo dijo en un susurro contra su oído. Las piernas se le tambalearon en el acto.
Era increíble la seguridad y falta de escrúpulos de ese hombre, no preguntaba, no avisaba, solo decidía que ella se iba a acostar con él esa noche, y así debía ser; algo que Hermione encontraba retorcidamente atrayente. Su voz volvió a sacarla de su ensoñación.
— Vámonos—
Hermione no supo en qué momento se había desaparecido. Solo parpadeó y ya estaba en una habitación totalmente distinta. Voldemort la sujetaba con fuerza de la cadera. Con un movimiento de la mano del hombre, Hermione vio como una chimenea a su izquierda se encendía.
No le dio tiempo ni de admirar el lugar, pero asumió que se encontraban en su mansión. Notó una mano en su barbilla y como la forzaba a girar la cabeza. Vio esos brillantes ojos rojos admirándola antes de sentir los poderosos labios del hombre sobre los suyos.
Respondió a ese beso tímidamente, todo estaba sucediendo tan rápido que no la dejaba reaccionar. La lengua de Voldemort rápidamente invadió su boca, dejándola sin respiración. Pudo notar la mano del mago bajando lentamente hasta ir desabrochando uno a uno los botones de su camisa de dormir.
Hermione notaba como ésta se abría más y más, hasta que su torso quedó totalmente desnudo. Las manos del hombre rápidamente atraparon sus senos mientras su boca descendía por su cuello. Soltó un gemido de placer cuando los dientes del mago presionaron suavemente sobre su clavícula.
La bruja pasó sus brazos por el cuello de Voldemort mientras él la seguía besando. Notaba la suavidad de la tela de su traje rozar su piel, por lo que sintió la necesidad de quitárselo. Bajó los brazos y, tragándose los nervios, empezó igualmente a desabrochar los botones de su chaqueta.
El Señor oscuro no parecía ni darse de cuenta de nada, pero cuando ella hizo el intento de separar la prenda de su cuerpo, él se movió permitiéndole el movimiento. Ya más animada, hizo lo mismo con su camisa. De modo que rápidamente ambos terminaron desnudos de la cintura para arriba.
Quería separarse un poco para poder admirarlo, pero antes siquiera que pudiera pensarlo, el hombre detuvo sus besos y le susurró peligrosamente en el oído.
— Arrodíllate.
Le obedeció de inmediato. Cuando posó sus rodillas en el suelo, miró hacia el frente y supo de inmediato lo que el mago quería. Se sonrojó.
Voldemort soltó una risa muy suave mientras llevaba una mano a su cinturón y se lo sacaba. El simple sonido hizo que Hermione temblara de expectación. Nunca había hecho algo como eso, pero con ese hombre se sentía confiada, como si aquella no fuera su primera vez.
Vio como se desabrochaba el pantalón y como liberaba su ya imponente erección. La chica levantó una mano y la sujetó con delicadeza, logrando una mirada de deseo por parte de Voldemort. Ni siquiera pensó en lo que iba a hacer; acercó su boca lentamente, hasta introducir el miembro del hombre en ella.
De inmediato notó como unos dedos la sujetaban delicadamente por el cabello, obligándola a moverse de atrás hacia adelante. Movió la lengua y acarició con ésta toda la longitud del pene. Voldemort soltaba muy sutiles jadeos de placer a cada movimiento que ella hacía.
—Quisiera que pudieras ver lo hermosa que te ves así— le dijo en voz baja. Hermione sonrió internamente, pero sin detenerse. No supo cuanto tiempo pasó en esa posición, pero finalmente Voldemort la forzó a ponerse en pie y la besó de una manera demandante y nada sutil.
— Te has portado muy bien— le susurró al oído. Hermione soltó un grito de dolor cuando le mordió el lóbulo de la oreja.
Sintió como la alzaban del suelo, y enredó sus piernas en la cintura del mago oscuro. Éste rió mientras la apretaba contra su cuerpo. Ambos cayeron en la cama, lo cual hizo que Hermione empezara a sentir oleadas de excitación.
— Toda esta ropa estorba— comentó el señor oscuro mientras sacaba su varita de no se sabe dónde y pronunciaba unas simples palabras que los dejo a ambos totalmente desnudos.
Hermione se incorporó un poco, con los ojos abiertos como platos y las mejillas sonrojadas. Realmente estaba pasando, Voldemort estaba desnudo frente a ella…
¡DesnudoDesnudoDesnudo!
Era tan atractivo así como con ropa. Hermione escuchó su risa antes de dejarse caer en la cama de nuevo. Voldemort se encontraba acostado encima de ella, y el peso se sentía muy bien. Gimió audiblemente cuando uno de sus pezones fue atrapado por los labios del hombre, el cual parecía bastante entretenido chupando y succionando aquella sensible parte. Sus manos tocaban su cuerpo sin ningún recato, como si ella le perteneciera. Hermione contuvo la respiración cuando lo sintió bajar cada vez más.
— Mi señor…
Pero ignorando sus palabras, Voldemort metió su cabeza entre las piernas de la chica logrando que ésta se sobresaltara. Sintió la cálida lengua del hombre acariciar su intimidad, lo hacía lentamente, sin apuro. Como si fuera un dulce que era mejor saborear.
Hermione se retorcía en la cama sin poder contener los gemidos que salían de su garganta. Finalmente después de varios minutos, Voldemort se incorporó para besarla, mientras uno de sus dedos se introducía en el interior de Hermione. Se tensó un poco, pero los labios sobre los suyos la hicieron olvidarse de tal cosa.
— Eres deliciosa— escuchó que le decía, al mismo tiempo que sentía como un segundo y tercer dedo entraban en su cuerpo.
— Mi señor….
El mago la miró con mucha intensidad — ¿Me quieres dentro de ti, Hermione? Dímelo… dime qué quieres que te penetre ahora, y yo te llenaré de placer…
Hermione se sonrojó — Si, por favor, mi señor…. Hágalo.
El hombre sonrió perversamente antes de sujetar sus muslos y separarlos para colocarse él, entre las piernas de la bruja. Hermione respiraba irregularmente; cerró los ojos, pero una mano en su cara la obligó a abrirlos nuevamente. Voldemort sonreía burlonamente y negaba con la cabeza.
— Quiero que me mires mientras lo hago. Y deseo escucharte gemir en mi oído, mientras sientes como me hago dueño de tu cuerpo.
Hermione asintió ya totalmente excitada. El hombre se inclinó sobre ella para besarla, y justo en ese momento sintió una presión en su entrada. Sujetó los brazos de Voldemort mientras éste se movía, y de un solo y suave empujón entraba en su cuerpo.
La chica se arqueó ante la dolorosa punzada que la atravesó, se sentía algo incomoda. Pero notó como Voldemort la sujetaba de la barbilla para besarla, antes de empezar a moverse en un lento vaivén.
— Eres muy estrecha— oyó que le decía — eres una mujer hecha para mí.
Cuando el hombre amentó la velocidad de sus embestidas, Hermione perdió la noción del tiempo. Solo podía gemir audiblemente mientras intentaba mantener algo de aire en sus pulmones. Sentía que no podría soportar ni un minuto más.
Notó que los movimientos del hombre se volvían cada vez más erráticos, se abrazó a él y se dejó llevar por el orgasmo. Voldemort enterró su cara en el cuello de la chica antes de imitarla. Hermione soltó un leve gemido, que se transformó en un quejido cuando notó los dientes del hombre morderla juguetonamente en su barbilla.
Ambos cayeron exhaustos en la cama. Si la chica pensó que el hombre se levantaría de inmediato, se equivocó. Voldemort parecía estar sumamente relajado en esa posición como para moverse. Hermione se incorporó hasta quedar sentada en la cama.
— Mi señor… creo que debería regresar. Mi amo puede llegar y…
—Me dijiste que querías descansar, pues descansa— le contestó él sin mirarla.
— Si, mi señor… se lo agradezco, pero mi amo…
— Escúchame bien— la chica se encogió un poco cuando lo vio sentarse a su lado de una forma repentina — Te lo he dicho varias veces, ninguna orden de algún mortífago sobrepasa la mía. Yo te ordeno que te quedes aquí, y lo que Snape diga, me trae sin cuidado. Si él sabe lo que le conviene, se quedará callado y regresarás cuando yo te diga.
Hermione asintió. Temía por lo que podía pensar Snape si llegaba la casa y no la veía.
— Además, ahora eres mía.
La chica se le quedó viendo — ¿Qué quiere decir, mi señor?
Voldemort se puso en pie mientras tomaba su ropa — Muy sencillo, que yo paso a ser tu amo a partir de este momento.
No…
— Mi señor… yo… no estoy de acuerdo— la voz empezó a temblarle. Voldemort se giró y la miró.
— ¿Qué has dicho?
— ¿Por qué quiere que yo sea su esclava?
Voldemort entrecerró los ojos de forma peligrosa — Tengo mis motivos.
—No me gustaría que el señor Snape dejara de ser mi amo.
Voldemort que se estaba abrochando la camisa, se detuvo. Sus ojos parecían arder — ¿Y por qué no?— gruñó.
— Era mi profesor, y aunque sea muy severo conmigo y me tiende a castigar. Sigo aprendiendo mucho con él. Ya me he acostumbrado a sus reglas, no me gustaría empezar de cero. Además, mi señor… usted tiene a su esposa, ella… usted sabe el odio que me profesa, no querría problemas. Le aseguro que mi amo jamás me tocará.
Voldemort se le quedó viendo — ¿Esas son tus únicas razones?
Hermione contuvo la respiración — Si, mi señor… por favor…— respiró aliviada cuando lo vio encogerse de hombros.
— Pero te quedarás aquí esta noche— le dijo con suavidad.
— Quisiera darme un baño, mi señor.
Voldemort asintió — Espera aquí.
Hermione se quedó de piedra cuando lo vio salir de la habitación rápidamente. No tenía idea de a dónde iba ahora. Se recostó en la cama y esperó.
Mientras tanto, Voldemort caminaba de vuelta su habitación. No sabía porque lo hacía, no tenía ninguna necesidad, aún así, quería divertirse un rato. Abrió la puerta y vio a Bellatrix acostada en la cama, leyendo un libro. Vio como se incorporaba y lo miraba extrañada.
—Mi señor, has llegado más rápido de lo previsto.
La ignoró olímpicamente y se fue hasta uno de los armarios. Lo abrió y miró su contenido — ¡Elfo!— llamó con rudeza.
La pequeña criatura apareció ante los ojos de los dos presentes. Hizo una inclinación y miró a su amo. Voldemort señaló el armario — ¿Todo esto está limpio?— le preguntó fríamente.
— Sí, señor… lo traje está tarde, todo muy limpio ¿necesita el amo que limpie su ropa también?
Voldemort desvió su vista de la criatura para verse de soslayo en el espejo que había en la pared de la frente. Su aspecto era muy descuidado, estaba despeinado y su camisa estaba por fuera, con algunos botones desabrochados.
— Por ahora no, ya puede sirte— le indicó acercándose al armario y tomando una de las batas.
Vio como Bellatrix se sentaba en la cama con la intención de ponerse en pie — Mi señor… ¿Qué estás haciendo?
Le pasó por al lado sin mirarla — No molestes, Bella.
La bruja se levantó — Mi señor, pero esa bata es de mujer…
Voldemort se paró en la puerta — Es porque es para una mujer—
La vio abrir la boca estupefacta antes de cerrar la puerta y alejarse de allí. Llegó rápidamente a la otra habitación, y, quitando los hechizos de protección, accedió. Vio a la chica de pie frente a una de las ventabas. Se tapaba con las sabanas de la cama.
— Date un baño, te traje esto — le dijo tendiéndole la ropa — Puedes dormir aquí, nadie entrará.
— ¿Qué habitación es ésta, mi señor? Si puedo saberlo…— preguntó sujetando la bata.
— Una de mis habitaciones privadas. Ahora, date un baño y duerme. Le diré a Snape que venga a buscarte en la mañana.
Hermione palideció. No quería que Snape fuera a buscarla a esa habitación, aunque sabía que no tendría sentido replicar. Vio a Voldemort ponerse la chaqueta y tratar de alisar su cabello. Su aspecto denotaba claramente lo que acaba de hacer, pero prefirió no decirle nada.
El hombre la miró de pronto — Ven aquí.
Hermione se acercó. Voldemort se puso la corbata sobre sus hombros, haciéndolo parecer rebelde y sexy. La sujetó por la barbilla, y la chica lo miró sin parpadear — Ni una palabra de esto a nadie, sangre sucia ¿entendido?— le dijo antes de darle un fuerte beso en los labios. La soltó y se alejó caminando hacia atrás sin dejar de mirarla. Le lanzó una última sonrisa traviesa antes de darse la vuelta y salir de la habitación.
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Buff me llevo como cuatro horas escribir ese lemon, borré demasiado. Pues espero les haya gustado, y si es así, no olviden regalarme un review! :3
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