A fuerza de puñetazos.

Harry caminaba de un lado a otro en la sala común, había visto a su prima muy triste y sabía la razón, Ron de una u otra manera había jugado con su corazón al hacer que Le se enamorara de ella falsamente y como sabía a la final su plan no había funcionado.

El pelirrojo por su parte estaba por el piso sabía que su plan había fallado y más que causarle una alegría la había hecho sufrir nuevamente, sentía ganas de enterrar la cabeza como un avestruz en el suelo, pues sabía que Harry estaba dispuesto a contarle todo de cabo a rabo, y que su cabeza colgaría nuevamente de un hilo, Harry no lo había matado por ser su mejor amigo, pero el ojo morado que tenía era gracias a él, como se la había advertido la vez del suceso de la borrachera de Vely, él sería el próximo en partirle cara, claro que no llegó a tanto, pero esperaba que el puñetazo, le sirviera de escarmiento.

Aunque él mismo Harry se extrañaba de su comportamiento, nunca había sido agresivo y menos con un amigo tan cercano, pero sentía que si le tocaban a su prima fuera quien fuera era capaz de cualquier cosa.

Un grupo de séptimo año entró a la sala común venían llegando de la última clase del día.

—Valeria necesito hablar contigo— dijo Harry nervioso, plantándose en frente de la rizada que lo veía con el entrecejo fruncido.

—Si dime— contestó con voz cansina.

El pelinegro tomó lo libros que esta traía en la mano y la guió hasta un rincón de la sala común apartándose de los compañeros esparcidos por la sala.

–Habla de una vez y deja el misterio—.

—Supe lo que te pasó con Le— murmuró.

—¿Quién te dijo?—.

—No soy tan ciego Vely, te la pasabas con ese chico todo el tiempo, todo el día, de unos días para acá si se saludan es mucho, además se te nota la tristeza, en estos días te vi llorando, como cuando…—.

Dejó de hablar, ni él quería recordar esos momentos donde Vely se la pasaba amargada y hundida en una tristeza por Malfoy, le daba rabia, claro que había caído en el mismo hoyo, y en cierta forma se sentía culpable por nunca decirle o parar a Ron en el momento justo, pero es que hasta él la veía más feliz, y le encantaba ver esa dulce sonrisa.

—No sigas— pidió Vely con voz fantasmal.

—En fin, lo que quiero decir es que sé porqué se acabó—.

Vely que había bajado la mirada la subió nuevamente con aire inquisidor.

–Les estaban dando Amortentia—.

—¿Quién te lo dijo?—.

—¿Acaso ya lo sabías?— exclamó Harry rápidamente.

—Claro que lo sabía James no soy estúpida, me di cuenta al instante ¿Pero tú como rayos sabes eso?—.

Harry ahora estaba completamente nervioso, echó un vistazo medio disimulado hacia las escaleras que dan a las habitaciones para cerciorarse de que Ron no bajara en ese momento.

—Lo sé porque fue Ron quien lo hizo— soltó de un golpe.

Vely cayó en un asombro del cual no salía mientras movía la cabeza de un lado al otro lentamente, luego su expresión se fue ensombreciendo.

–Lo hizo únicamente porque quería verte feliz, no quería que siguieras sufriendo por Malfoy—.

La tomó por los brazos mientras Vely ejercía un poco de presión para soltarse aún sin pronunciar palabra.

–Vely, sólo lo hizo para hacerte feliz—.

—Feliz... ¡¿TE PARECE QUE ESTOY FELIZ?!—.

Vely se soltó bruscamente de las manos del pelinegro y llamando la atención de todos en la sala.

—¡¿DÓNDE ESTÁ?!—.

El ojiverde echó un vistazo de soslayo hacia las escaleras y la tomó nuevamente por los brazos.

—¡SUÉLTAME!—.

Le espetó la rizada soltándose nuevamente de sus manos, y subiendo hacia la habitación de los chicos, abrió la puerta de un golpe y se encontró a Ron de frente a ella, totalmente temeroso, Vely lo vio con odio.

–"Expelliarmus"— conjuró tras sacar su varita.

El pelirrojo cayó hacia atrás de un golpe, Harry que estaba detrás de ella trató de auxiliarlo pero ya ella estaba sentada encima de él a horcadas dándole puñetazos sin saber de donde provenía su fuerza mientras él trataba de cubrirse.

—¡ESTA ES LA SEGUNDA RONALD WEASLEY ¿O CREES QUE SE ME OLVIDÓ CUANDO TE HICISTE PASAR POR DRACO?!—.

Los jóvenes que habían escuchado el ruido subieron rápidamente a ver lo que ocurría.

Harry trataba de quitarle a Vely de encima pero esta estaba como endemoniada aferrándose al ojiazul con sus piernas mientras trataba de liberar sus manos para seguir golpeándolo

La profesora McGonagall llegó asistiendo al llamado de Parvati Patil que había ido corriendo a avisarle cuando salió de su habitación para ver el suceso, ambas la veían escandalizada.

—Señorita, ¡POR FAVOR!— exclamó la profesora con severidad.

La rizada volteó a ver a la anciana y se paró arreglando y sacudiendo su uniforme mientras una lágrima corría por su mejilla.

–Me imagino que debe tener una muy buena explicación para este desparpajo, meterse en la habitación de los caballeros y ponerse a golpear a uno de esa manera— repuso indignada.

—Créame profesora que la tengo— respondió Vely con resentimiento.

—Es verdad, todo fue mi culpa— admitió Ron con la cabeza agachas. –Si tiene que castigar a alguien es a mí profesora—.

La profesora McGonagall volteó a ver a Vely que trataba de aguantar el llanto mientras las manos le sangraban, pues se había roto los nudillos de tanto golpearlo en la cara. Conocía perfectamente a la rizada y sabía que no era capaz de llegar a esos extremos a menos que fuera algo realmente grave.

—Me imagino que así debe ser, por los momentos usted vendrá conmigo después ira a la enfermería— dijo viendo la cara magullada del chico. –Me contará con detalles lo que hizo, Granger— dijo ahora que la castaña había llegado a ver el suceso. –Usted nos acompañará, Potter, lleve a la joven con Madame Pomfrey para que le cure las manos, y que luego vengan a mi oficina— concluyó saliendo de la habitación seguida por la castaña y el pelirrojo.

—Valeria perdóname, esto también fue mi culpa por no avisarte antes, pero es que te veías tan feliz que ni yo fui capaz de quitarte esos momentos—.

Vely se aferró a él en un abrazo, en ese momento ya no le importaba más nada se había desahogado lo suficiente, sólo quería olvidar todo empezar de nuevo, Harry se sintió perdonado y la apretó contra sí sintiendo la calidez de su cuerpo y las lágrimas en su cuello.

—Oh, lo siento estoy manchando tu camisa de sangre— se disculpó separándose del pelinegro. –Ven déjame limpiarla—.

—No tranquila, vamos para que te curen eso y déjame ese recuerdo en la camisa— sonrió Harry. –Para recordar el día que mi prima noqueó a Ron y el momento que me dio el primer abrazo— añadió sonriendo encaminándola hacia la enfermería, Vely se sonrojó. –Por cierto que malvada eres, recordabas perfectamente lo que había pasado con Ron y te hiciste la tonta—.

Vely se carcajeó, se sentía más liviana después de lo sucedido y Harry le estaba comenzando a agradar mucho más ya que últimamente la tenía hastiada con el tema de Draco Malfoy.

—Claro que recuerdo, estaba ebria no amnésica— rió nuevamente. –A veces es mejor olvidar las insignificancias y hacerse el tonto, ¿No crees? por cierto hablando de hacerse el tonto, ¿cómo te va con Ginny?—.

—Me va muy bien— sonrió risueñamente viendo el piso. –Ella es tierna, bella, inteligente—.

—Cállate— rió Vely. –Romeo desbordas amor… Me agrada que estés feliz, te lo mereces— finalizó ofreciéndole una dulce sonrisa.

Harry la contempló y se sintió pleno, sí, ella tenía razón después de todo se merecía ser feliz en algún momento.

xxxx

Hermione esperaba con el ceño fruncido fuera del despacho de la profesora McGonagall a que Ron saliera de recibir su castigo, estaba indignada por la estupidez que había hecho, pues había escuchado todo el relato desde la puerta, pero de cierta forma estaba complacida con la tunda que le había dado Vely, ya que después de esa osadía que había tenido no se merecía menos y esperaba que de una vez por todas esa obsesión que tenía por la rizada se le quitara.

—Ronald Weasley ¿Cómo te atreviste hacer algo así?— exclamó Hermione mientras Ron le pasaba por un lado saliendo de la oficina.

—Ya es suficiente con todo lo que me ha dicho la profesora— contestó con desgano.

La castaña quiso abrir la boca para decir algo, pero desistió había escuchado toda la reprimenda que le había dado la profesora McGonagall y eso ya había sido mucho.

—¿Y cuál es el castigo?—.

—Debo asistir todas las tardes después de clases con ella y me pondrá cualquier labor que se le ocurra y debo tener estos moretones hasta que se curen por si solos, únicamente debo ir a la enfermería para que me den remedios muggles—.

Tenía la cabeza agachas, de repente se detuvo y miró la puerta por la que había salido.

–Traté de convencerla de que no castigara a Valeria pero no sirvió de nada—.

Meneó la cabeza de un lado a otro, mientras Herms lo consolaba sobándole un brazo.

–De seguro ahora me va a odiar más de lo que me odia—.

—Ella no te odia Ron, sólo estaba molesta por la mala pasada que le hiciste— dijo Mione tratando de ser positiva.

En realidad no tenía ni la más remota idea de lo que pasaba en esos momentos por la cabeza de Vely con respecto a Ron.

—Claro que sí, ahora si perdí todas mis oportunidades con ella—.

La castaña lo vio enfadada no entendía por qué Ron no se la sacaba de una vez por todas si ella nunca lo había visto más allá de un amigo y estaba cansada de demostrárselo.

—En realidad Ron nunca tuviste una oportunidad con ella— dijo con dureza.

El pelirrojo la vio confundido.

–Ella todo este tiempo te ha visto como un amigo, nada más— gruñó parándose delante de él.

—Lo sé, pero tengo la certeza de que ella puede llegar a amarme— replicó desafiante ante la mirada de su amiga.

—Pero no entiendes que no es así, que no te quiere, no te ve como hombre. ¡NO SE CÓMO PUEDES SER TAN CIEGO PARA NO DARTE CUENTA DE QUE HAY OTRAS PERSONAS A TU ALREDEDOR QUE SI SE INTERESAN EN TI!—.

Hermione alzó la voz llamando la atención de algunos alumnos a su alrededor, pero ella no se percató de eso.

—¿Ah sí, cómo quien?— preguntó un Ron ya indignado por duros comentarios.

—Como Yo—.

Se abalanzó hacia él y le dio un fugaz beso en los labios; no sabía de donde había sacado la voluntad para hacer algo así pero lo importante era que de una vez por todas se había quitado esa carga de encima, se separó de él, lo vio a los ojos, se sonrojó por lo que había hecho y luego bajó la mirada.

Ron la observaba atónito pero aún así recorrió los pocos centímetros que los separaban, subió su mentón con una mano y le dio otro beso, sin duda alguna los suaves labios de Hermione la daban una satisfacción nunca antes sentida ni siquiera con los dos furtivos besos que había obtenido de Vely, alguien cerca de ellos carraspeó la garganta y los hizo salir de su esperanzado beso, era Harry que venía de la enfermería en compañía de Vely.

Hermione volteó a verlos sonrosada pero Vely le giñó un ojo y siguió al despacho de la profesora, el pelinegro los veía sonreído y realmente alegre, le dio una palmada a Ron por un brazo y siguió tras Vely.

Ron volteó a ver a Hermione nuevamente mientras se sobaba la nuca realmente estaba nervioso después del gesto que habían tenido, sonrió de medio lado y la vio en silencio por unos segundos más.

—¿Quieres ser mi novia?— preguntó con nerviosismo después de aclararse la garganta.

Mione se sonrojó nuevamente, bajó la cabeza mientras tomaba aire tratando de agarrar fuerzas.

—Si—.

xxxx

"En limpieza, no pase" decía un letrero en el baño de chicos del sexto piso, donde una castigada Valeria llevaba toda la tarde limpiando lavabos y retretes como castigo por golpear a Ron, al principio había empezado hacer su labor con rabia, refunfuñando sobre lo asqueroso que son los hombres ya que el baño estaba hecho un asco, pero después de un rato se había resignado y tomó la tarea como una manera de aprender a canalizar de una mejor manera todo su mal genio, estaba en un cubículo, inclinada restregando un inodoro cuando escuchó unos apresurados pasos entrar al baño ignorando la presencia de la rizada.

Draco se apoyó en el lavamanos, mojó su rostro tratando de limpiar las lágrimas que empezaban a descender de sus ojos, la ojimiel sin asomarse a ver quien estaba allí terminó de cerrar la puerta del cubículo que evitó que fuera vista por el rubio y guardo silencio, esperando que quienquiera que fuera se marchara rápidamente de ahí, lo menos que ella quería es que la vieran llevando a cabo tal trabajo.

En aquel momento entró Myrtle la llorona con su habitual escándalo, revoloteando y posándose en un cubículo enfrente del de Valeria.

—Oh estás aquí nuevamente— comentó Myrtle soñadoramente mientras Malfoy sollozaba. –Ya, ya— canturreaba. –Ya, ya… cuéntame ¿Qué te pasa?... Quizá pueda ayudarte…—.

—Nadie puede ayudarme—.

Estaba temblando de pies a cabeza.

A Vely se le heló la sangre cuando escuchó su voz, y el dolor se le sembró en el corazón, sintió el miedo en la voz del rubio y supo que sólo podía ser ocasionado por el Señor Oscuro.

–No puedo hacerlo… no puedo no sirvo para eso… Dijo que me mataría…—.

Lágrimas recorrían su pálido rostro y caían en el lavabo.

Valeria sentía la impotencia en su cuerpo de no poder salvarlo de una vez y por todas de aquel mal que amenazaba su vida.

—No sabes cuanto me duele que estés pasando por todo esto—.

Se lamentó la rizada con voz alicaída saliendo del cubículo.

Draco se volteó rápidamente para ver el rostro de donde provenían esas palabras y se quedó en silencio viendo a la ojimiel, con las mangas de la camisa de su uniforme arremangadas hasta los codos, la corbata mal puesta y con un moño mal trecho, y en una mano una esponja y un cepillo, y aún así se veía desastrosamente adorable.

—¡¿QUÉ HACES TÚ AQUÍ? LÁRGATE!—.

Myrtle estaba molesta por la intromisión y salió de su cubículo.

—Ya ves, sólo limpio— respondió encogiéndose de hombros.

Draco la veía limpiando sus lágrimas sintiendo de repente un haz de tranquilidad al ver aquellos ojos.

—Myrtle gracias por todo pero es mejor que nos dejes solos— instó Malfoy sin despegar los ojos de la rizada.

—Pero… Pero… AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA— gritó enojada.

Dio una vuelta en el aire y se sumergió de cabeza en su retrete.

—Draco… perdón Malfoy yo…—.

—Calla, guarda silencio no quiero escucharte—.

Valeria sólo asintió y sonrió de medio lado, el rubio no sabía que hacía dejando que ella viera su sufrimiento, teniéndola ahí en frente simplemente contemplándola, pero sabía que más que otra cosa en el mundo necesitaba de ella, de su apoyo, de la fortaleza que le brindaba su compañía.

Después de unos segundos de mirarse en silencio Vely se dio la vuelta pretendiendo seguir con lo que estaba, limpiando el asqueroso retrete.

–Espera—.

La ojimiel se volteó y esbozó una gran y encantadora.

—¿Qué te causa tanta alegría Black?— escupió con vehemencia.

—Aunque no quieres escuchar, ni razones, ni nada, aún así, no quieres que me aleje de ti— explicó suavemente.

Se acercaba a él, este sintió la debilidad de su corazón ante ella ¿cómo reprocharle lo que había dicho si tenía razón? estiró una de sus manos y acomodó uno de sus rizos detrás de su oreja.

—Estás hecha un traste— comentó el rubio como si nada, ella sólo rió.

–Malfoy es cierto que corres mucho peligro, entiendo el temor que sientes— empezó a decir Valeria.

Ante estas palabras el rubio dio unos pasos atrás.

–Pero… una vez te juré que siempre te protegería y aunque tú no lo creas eso es lo que intento hacer, con respecto a Voldemort— prosiguió recorriendo los pasos que Malfoy había retrocedido. –Te aseguro que te libraré de él cueste lo que me cueste—.

—Como si fuera tan fácil— se quejó Draco.

—No, no lo es ¡Pero entregaré mi vida a eso si es necesario!— exclamó subiendo el tono de voz.

—¡NO TIENES PORQUE HACERLO, ESO ES MI PROBLEMA BLACK, ASÍ QUE NO TE ENTROMETAS, ADEMÁS SI MATÓ A BELLATRIX SIN IMPORTARLE QUE FUERA SU MÁS FIEL SEGUIDORA ¿QUÉ CREES QUE HARÁ CONMIGO?!—.

—¡NO ES LO MISMO, A ELLA LA MATÓ PORQUE ASÍ LO QUISE YO!—.

—¿Qué?— preguntó desorientado.

Le costaba procesar la información que le fue lanzada de golpe.

—La venganza es un plato que se come frío, y con respecto ti, tienes que entender que lo hago porque es algo que va más allá de ti o de mí— contestó con aflicción.

—No puedo entenderlo porque tú cada vez me lo haces más difícil, ¿No te parece?— preguntó con protervia.

—Si ya me doy cuenta—.

Soltó lo que tenía en las manos golpeándolo con fuerza contra el piso y salió del baño.

Segundos después Draco con un movimiento de su varita recogió todo los utensilios que Valeria había estado usando agrupándolos ordenadamente en un rincón del baño y salió.

Xxxx

Una aburrida Sam se sentó debajo del árbol del patio de Transformaciones, sentía que algo peculiar pasaría ese día, Tom no había estado muy hablador los últimos días, sólo le había preguntado que quien era aquella entrometida que había entrado en su habitación sin su consentimiento, rápidamente la imagen de Valeria con una sonrisa inocente le venía a la cabeza, estaba segura que por el simple hecho de no haber hablado con ella en un montón de días, esta había ido a armar revuelo en su sala común, al igual que como hacía en Durmstrang.

A lo lejos venía un Theo pensativo e indeciso, por alguna razón el día anterior cuando se habían reunido en la biblioteca el chico estaba nervioso y lo único que había logrado hacer había sido contagiarle el nerviosismo a Samantha, se sentó a su lado sin pronunciar palabra alguna, mientras se halaba la corbata en un intento rústico de desamarrarla.

Samantha rodó los ojos y se giró un poco para tomar la corbata del chico y desamarrarla en un gesto que parecía ser experto.

—Eres tan torpe— murmuró Samantha sonriéndole a tipo saludo.

Theodore se rascó la cabeza intentando mantenerse firme, había decidido hacerlo ese día, aunque no sabía qué demonios implicaba todo aquello.

El silencio siguió reinando, hasta que Samantha se hartó, ya estaba cansada de todos esos silencios incómodos en los que ambos no sabían a dónde mirar, ni que hacer, así que decidida se giró hacia él a preguntarle que mierda era lo que le pasaba, y súbitamente sus labios chocaron, fue algo incomodo, ninguno había cerrado los ojos pero tampoco hacían nada por separarse, hasta que al final fue ella la que cedió tomando las mejillas del joven entre sus manos y cerrando los ojos.

Eso era lo que había decidido ese día, había decidido besarla, aunque no quería hacerlo en un movimiento tan torpe como ese, pero al fin y al cabo las cosas se habían dado, y estaba contento así, sentía aquel sabor mentolado de la boca de ella sintiendo inexplicables sensaciones, había besado a muchas, mejor dicho, muchísimas chicas en su vida, pero aquel beso fue diferente, no fue igual a todos los demás.

Samantha se detuvo repentinamente, y se puso de pie, dándole una suave sonrisa tranquilizadora, era obvio que no quería hablar de ella, y por supuesto él tampoco, así que habían decidido dejarlo así, un pacto silencioso sellado.

—Tengo pociones, nos vemos Nott—.

Y sin más la castaña se fue ondeando su túnica, y girando su varita en la mano.

xxxx

Era cerca de media noche y no podía dormir, salió de la sala común para dirigirse a los jardines, necesitaba sentir el aire en su cara, ver las estrellas, llevaba una pijama de short y franelilla, y una bata negra que la cubría, de repente sintió algo en su corazón, desvió su camino hacia el puente de piedra algo la llamaba hacia allá, al acercarse vio la figura del rubio sentado en el borde del puente mirando el cielo, sólo llevaba puesto un mono de seda verde pino, parecía no importarle el cruel frío que hacía en ese momento, Vely lo observó en silencio por unos minutos y del mismo modo se acercó y se paró detrás de él, este estaba tan metido en sus pensamientos que no notó la presencia de la chica a sus espaldas, la rizada se quitó la bata y cubrió los hombros y la espalda del ojigris.

—Te estás congelando— dijo ella dulcemente.

Draco volteó rápidamente ante aquel gesto y vio a la ojimiel parada tras él, luego bajó su mirada para ver la bata.

—¿Qué haces aquí Black?— preguntó este sorprendido tratando de hacer una mueca de rabia.

Vely se sentó a su lado mirando el cielo como sino hubiera visto el gesto que había hecho.

—Digamos que yo sentí la necesidad al igual que tú de ver las estrellas, y este es el mejor sitio—.

Sonrió tiernamente viendo a los ojos al rubio.

Después de todo lo que se habían dicho necesitaba desesperadamente saber que iba a pasar ahora entre ellos, necesitaba saber si la odiaba o si la perdonaría.

Draco se quedó detallándola por unos segundos, perdiéndose en ella como siempre lo hacía, llevaba el cabello suelto el cual caía con gracia sobre sus hombros y a mitad de su espalda, sus ojos brillaban como nunca ante el esplendor de la luna, su sonrisa era como siempre encantadora y su piel desprendía su dulce aroma a perfume de lavanda, ese olor que lo volvía loco, apartó la vista y cerró los ojos para no dejarse llevar por lo que sentía por ella, los abrió nuevamente para responderle con una mirada fría pero ella simplemente volvió a sonreír viendo sus ojos, pero aquella mirada y esa sonrisa habían sido más penetrantes, el rubio sintió algo extraño a pesar de sus comunes rinocerontes en el estómago y sintió que se sonrojaba un poco, percibió que ella podía ver el interior de su alma, las ganas que tenía de poseerla y liarse a ella.

En ese momento pasó una estrella fugaz que los dos contemplaron.

—Dicen que una estrella fugaz da suerte, deberías pedir un deseo— aconsejó amablemente Vely.

—Necesitas más suerte que yo, ¿Por qué no lo pides tú?– replicó el rubio con indiferencia.

—Porque yo ya tengo todo lo que necesito cada día mientras estoy en Hogwarts, tengo a mi hermana, amigos y el ser que amo, considero que tú si la necesitas más que yo, apuesto a que nunca te habías detenido a contemplar una estrella como esa, bueno en realidad si lo has hecho pero no lo recuerdas pues estabas conmigo— contestó mirando el cielo con nostalgia.

"El ser que amo", esas palabras se le hundieron al rubio en el corazón, sí, ella lo amaba pensaba, pero en ese instante recordó que había tenido una relación con el japonés, dudaba de ella, no sabía a quien se refería exactamente, si había jugado con él anteriormente y había estado con el japonés, ¿Por qué no volver hacerlo solo para confundirlo? se paró rápidamente confundido por sus pensamientos, Vely no se inmutó siguió como si nada mirando el cielo.

—Buenos noches Malfoy—.

—Adiós Black— se despidió este secamente, dirigiéndose hacia su habitación.

xxxx

Samantha leía el ensayo que acabada de redactar, le había quedado bien para haberlo hecho esa noche a duras penas, suspiró con cansancio, eran al menos la una de la madrugada, definitivamente el colegio no lo valía, pero ella quería ser alguien en la vida así que no le quedaba de otra que estudiar o ir a hacer de asistente de los gemelos como sujeto de pruebas. Ese pensamiento hizo que se estremeciera, por sobre todas las cosas no quería ser un sujeto de ensayos desastrosos, se giró para tomar uno de los libros que reposaba en el sillón y se topó con la cara de Nott muy cerca.

—Hola Nott—.

Sonrió mientras tomaba el libro, y de él sacaba una carta, era la última que había recibido de Viktor y no había tenido oportunidad de leer, pero la carta pasó a segundo plano cuando observó el torso desnudo del chico ¿Qué quería, matarla de un colapso mental?

—Hola… ¿Qué haces tan tarde aquí?— inquirió él.

Ella simplemente se encogió de hombros obligando a sus ojos a mirar a otro lado.

—Sólo terminaba un… una tarea—.

La torpeza consumada invadía las manos de Samantha al intentar abrir el maldito sobre

—¿Y tú?—.

Era obvio que había bajado para tomar agua o algo por el estilo.

—Sólo tenía algo de sed—.

Ella asintió, tenía unas ganas incontrolables de tocar aquella piel desnuda que tenía en frente, pero se controló, su conciencia decía que nada, absolutamente nada había significado aquel beso en el patio de transformaciones, había meditado sobre ello, y era realmente imposible que significase algo, lo que sea. Escuchó claramente como vertía agua en aquel vaso ¿Qué no era lo suficientemente inteligente para llevarse uno a su habitación y no tomarse la molestia de bajar?

Giró su cabeza para observarlo beber, era la cosa más… agradable que hubiese visto nunca, la forma en la que su nuez de Adán subía y bajaba, inconscientemente se mordió el labio, dirigió su mirada nuevamente al sobre que ya había abierto y sacó la carta.

La letra de Viktor era inentendible, o era ella la que no encajaba las palabras, cerró los ojos para que se le aclarase la vista, estaba segura de que aquella idiotez personalizada en ella era debido al tipo medio desnudo que tenía a su lado.

Que agradable era enterarse de que se comportaría como una estúpida con un hombre algún día, inhaló y exhaló varias veces mientras contaba hasta diez, él ya había terminado de beber agua ¿Qué coño estaba esperando para irse y dejarla sola con su carta?

—Bien, creo que me voy—.

El chico se puso de pie y ella no pudo evitar pegar los ojos en su espalda, podría jurar sentir la baba escurrirse de su boca.

—Ajá—.

¿Ajá? ¿Ajá? ¿Hablaba en serio? Carraspeó levemente recuperando la compostura, y cuando se fue a despedir de él pudo sentir sus labios contra los de ella.

Como acto reflejo pegó las manos contra su pecho sintiendo cosquillas, se sentía tan firme y caliente, las cortas exhalaciones que la golpeaban en su boca podía sentirlas perfectamente allí. Soltando un suspiro él aprovechó de introducir su lengua, Samantha se estremeció sin poder evitarlo, no tenía idea de que estaba pasando con ellos pero deseaba más. Lo necesitaba con locura. Aquella molesta alarma que tenía en la cabeza chillaba como una Banshee, decidió ignorarla olímpicamente, en realidad no le importaba, deslizó sus manos hasta ponerse de pie, necesitaba más comodidad.

Se separaron para tomar aire, ambos tenían las mejillas arreboladas con un adorable color rojo, la blanquecina piel de ella calzaba en un contraste perfecto. Theodore la miró sonriendo mientras ella recuperaba el aliento, se alejó y se despidió con la mano dejando a la castaña con una expresión desencajada en la cara.

¿Qué demonios acababa de pasar?