Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de GeekChic12, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
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Capítulo 9: Ducha
BPOV
Deteniéndome afuera de la puerta de Lily, observé a Edward caminar rígidamente por el pasillo y a través de la puerta de su habitación. Hubo un ruido sordo contra esta después de que la cerró, como si hubiera golpeado su cabeza contra ella, y yo sacudí la cabeza antes de entrar a la habitación de Lily.
Estuve en el baño por unos buenos treinta minutos, y era bastante tarde, así que di por hecho que él habría terminado y estaría en su habitación cuando yo saliera. Aun así… no podía entender su reacción. Todas mis partes importantes estaban cubiertas. ¿Qué era eso de taparse los ojos como si me hubiera atrapado en el baño o algo así?
Tenía que admitir que estaba un poco herida.
Suponía que la incomodidad entre nosotros seguiría como siempre.
Suspirando, me vestí en silencio en la habitación de Lily, pensando que sería muy lindo volver a la forma en que eran las cosas los primeros días después de que nos mudamos. Parecía que desde nuestra conversación después de que él regresara a casa de ver a Kate, simplemente no podíamos descubrir cómo estar alrededor del otro.
Tal vez solo necesitaba hablar con él y resolver esta mierda. Porque en serio. Casi un año de esto me mataría.
Lily ya se había dormido, así que decidí renunciar a acostarme con ella y arrastré mi agotado trasero a la sala. El sofá no era tan malo, pero definitivamente me sentía un poco fuera de lugar durmiendo en un área común del departamento.
Me acosté en el sofá y cerré los ojos con fuerza. La ducha de Edward estaba corriendo en su baño en suite, y las imágenes que aparecieron en mi cabeza de él empapado, me molestaron.
Toda esa hermosa piel…
Golpeé la almohada varias veces antes de enterrar mi cabeza en ella.
Necesitaba tener sexo. Como para ayer.
Riley siempre era bueno para un poco de diversión, así que decidí llamarlo mañana y organizar algo.
A la mañana siguiente, me desperté por los golpes extremadamente altos en la cocina. Todavía atontada, me senté en el sofá y traté de alisar mi cabello. Mirando hacia abajo, me di cuenta que la manta estaba mayormente en el piso; solo la parte inferior estaba enganchada en mis pies.
Envolviendo la manta a mi alrededor, entré a la cocina arrastrando los pies.
Edward estaba reuniendo los ingredientes para los panqueques del domingo con los hombros tensos y las fosas nasales dilatadas.
—Uh… ¿Está todo bien?
—Papi está gruñón —susurró Lily.
—Ya lo veo.
Él se detuvo y apoyó las manos en el borde de la encimera antes de girar su furioso rostro en mi dirección.
—¿Crees que podrías usar algo menos revelador cuando estés durmiendo a la intemperie para que todos te vean?
Mi cuello se movió hacia atrás en reacción a su tono hostil.
—¿Revelador? ¿Una camiseta sin mangas y pantalones cortos? —Abrí la manta sin pensarlo y me miré.
Edward gimió y apartó la mirada.
—Jesús —masculló.
¿Qué demonios?
—Lo siento. Dios, no tienes que ser tan idiota. —Cerré la manta de nuevo, casi con violencia—. Siempre he dormido con este tipo de cosas. Mi cuerpo produce mucho calor cuando estoy durmiendo, y no puedo…
—¡Suficiente! —gritó antes de pasar a mi lado hecho una furia y desaparecer en su habitación.
Lily y yo solo parpadeamos la una a la otra por un momento, su dulce rostro arrugándose por la preocupación.
Estaba irritada como el infierno, al tener mi ropa criticada después de que me acababa de despertar. ¿Cuál demonios era su problema?
Podría haber sido algo de ira fuera de lugar por la situación con Kate, suponía. Apestaba que se la agarrara conmigo, pero supuse que podía dejárselo pasar después de básicamente alterar su vida.
Soltando un suspiro, arrojé la manta sobre el respaldo de una de las sillas del comedor y entré a la cocina, donde Lily todavía estaba sentada en la encimera.
—¿Dormiste bien, bebé?
—Sí. —Ella se removió nerviosamente y se metió el pulgar a la boca por el más breve de los segundos. Le habíamos sacado el hábito hacía años, pero era una especie de respuesta automática cuando ella estaba estresada—. ¿Papi está bien?
—No… —Ladeé la cabeza ante el sonido de la ducha de Edward abriéndose. Él había tomado una anoche.
Y sabía que él no corría los domingos.
Eh.
Mirándome, noté la forma en que mis pezones se marcaban contra la tela de mi camiseta. Esta era una de mis camisetas más viejas, así que era bastante ajustada en el área del pecho. Me habían crecido después de tener a Lily.
¿Así que él estaba enojado porque mis pechos le habían provocado una erección… y no quería verme como algo más que su amiga y la madre de Lily?
Esa era la única teoría verosímil a la que pude llegar: él no quería mirarme y pensar sobre algo sexual. Pero eso dependía todo de él. Él podía tomar su temperamento y enterrarlo. Yo no iba a cambiar mi ropa de dormir y estar incómoda para que él pudiera des-sexualizarme o lo que fuera.
Sin embargo, pensé que le tendría piedad y me cambiaría para el día. Después de cambiarme a un sostén, camiseta y vaqueros, me hice cargo de mezclar los panqueques ya que Edward todavía no había salido de la ducha.
Mientras vertía la mezcla en la plancha y Lily hablaba sobre sus amigos en el campamento de día, mi mente comenzó a vagar hacia un tiempo cuando Edward definitivamente me había mirado de esa forma…
—Oh, Dios mío. ¿Qué me estás haciendo? —pregunté, con el cuerpo tenso, puñados de césped amontonados en mis puños. Rodeada por grandes árboles, flores perfumadas, y un hermoso chico, estaba acostada en el borde del prado con la camiseta amontonada en el cuello.
Edward tenía las copas de mi sostén rosa abajo y estaba chupando un pezón mientras rodaba el otro entre sus dedos ágiles.
—Shhh. ¿Se siente bien?
—Sí —exhalé—. Tan bien.
Parecía como si mis pezones repentinamente estuvieran en comunicación directa con el dolor entre mis piernas, intensificándolo con cada lamida, succión, y tirón.
—Mmmm.
—Tienes que ser silenciosa, Bell.
Me encantaba cuando me llamaba Bell.
—Estoy tratando. Pero Dios.
—Lo sé —jadeó contra mi piel—. Me encantan tus tetas. Eres tan sexy.
Me burlé, pero él me ignoró, cambiando de pecho y arrastrando su mano libre por mi estómago hacia la cinturilla de mis pantalones cortos.
Nuestros campistas estaban jugando softbol no muy lejos del prado. Nos habíamos escabullido tan pronto como pudimos sin ser detectados, algo en lo que nos habíamos vuelto bastante buenos en las últimas semanas.
A veces solo nos sentábamos y hablábamos, para conocernos mejor. Él estaba en el equipo de natación en la universidad y había sido uno de los mejores nadadores en su secundaria. Disfrutaba cocinar, algo que creció haciendo con su madre, quien era chef en el restaurante que sus padres poseían en Seattle. Le dije que quería ser profesora de matemáticas en la escuela secundaria, y él pensó que era "raro pero un poco genial". Me contó que nunca había estado con nadie aparte de Kate, y yo le relaté la forma totalmente cliché en que había perdido mi virginidad.
A veces solo nos besábamos y reíamos y nos burlábamos del otro.
Y a veces… las cosas se ponían un poco más… calientes.
Edward tocó el botón de mis pantalones, y yo gemí.
—Mmm —tarareó contra mi piel—. Aunque quiero desvestirte completamente, probablemente no sea una buena idea aquí afuera.
Mis ojos estaban cerrados, y mi pecho agitado. Parecía siempre estar al borde de la combustión cuando estaba con Edward. Solté un gemido de protesta.
—Pero…
—Shhh. Me encargaré de ti. —Su mano bajó a mi rodilla izquierda, agarrando detrás de ella y tirando, abriéndome para él. Cubrió mi cuerpo con el suyo mientras sus cálidos dedos se arrastraban por el interior de mi muslo. Los agujeros para las piernas de mi pantalón no eran muy ajustados, así que él fue capaz de alcanzar mi braga y moverla hacia un lado.
—Ungh.
Edward colocó su otra mano sobre mi boca mientras deslizaba un dedo en mi interior.
—Shh, nena, por favor. —Lo deslizó dentro y fuera lentamente, avivando el fuego que se estaba extendiendo a través de mí, finalmente añadiendo un segundo dedo y llenándome perfectamente.
Él estaba teniendo dificultades para mantener su mano en mi boca con la forma en que yo estaba sacudiendo la cabeza de un lado a otro.
—Tan bueno. Tan bueno —dije, amortiguado contra su palma.
Mi pierna derecha parecía haber desarrollado una mente propia, y de repente me abrí de par en par para él. Él empujó su dura longitud contra el interior de mi muslo derecho mientras sus dedos entraban, salían, se curvaban, masajeaban. Me acarició en coordinación con cada flexión de sus caderas hasta que me derrumbé debajo de él con un fuerte gemido en su mano.
Edward dejó sus dedos en mi interior y los movió solo un poco así podía seguir disfrutando mis réplicas. A esa altura, él estaba embistiendo contra mí constantemente, y quería tocarlo con muchas ganas. Todavía no me había dejado. Seguía diciendo que explotaría si lo hacía.
Antes de que él pudiera reconcentrarse lo suficiente para protestar, tenía sus pantalones cortos desprendidos y mi mano dentro y envuelta alrededor de su caliente longitud.
—Mierda, Bella —se ahogó—. Detente.
—No. —Lo acaricié, extendiendo la humedad que salía de su punta para ayudar a lubricar mi mano.
Gimió, dejando caer su cabeza en mi hombro. Me dejó continuar por unos minutos antes de que cubriera mi mano con la suya.
—Por favor. No quiero acabar sobre mí mismo aquí afuera.
El nerviosismo se deslizó por mis extremidades. Nunca había hecho lo que estaba a punto de proponer, pero no quería parar, y no quería que él corriera a la casa de Lee a terminar el trabajo.
—¿Y si… me lo trago?
La cabeza de Edward se levantó con rapidez, y sabía que mis mejillas estaban de diez tonos de fucsia.
—Bella… —Él me miró con ojos intensos. Verdes hoy—. ¿Lo harías?
Todavía nerviosa y avergonzada pero no a punto de echarme atrás, le di otra larga caricia, y sus ojos se pusieron en blanco mientras él soltaba una respiración caliente en mi cara.
—Sí. —Provocarle este tipo de placer me hacía sentir poderosa, y tenía que ver cómo lucía cuando se corría.
Resultó que no llegué a ver cómo lucía cuando se corría, pero la forma en que me agarró el cabello y gimió mi nombre fue suficiente para saber exactamente lo que yo le provocaba.
—Oh, Dios. Lo siento, Bell —dijo mientras alisaba mi cabello donde lo había agarrado.
—Está bien.
—No, no lo está. Mierda. No debería haber sido tan rudo contigo. —Se agarró el cabello y miró al suelo. La forma en que apretó la mandíbula, hizo que partes de mí se apretaran—. Nunca antes he hecho eso. No sé qué me pasó.
—Bueno... —Me acerqué a él, sacando su mano de su cabello y entrelazando nuestros dedos. Parándome en puntas de pies, lo besé en el cuello y susurré—: Diría que te gustó. —Sonreí contra su piel, de repente sintiéndome tímida de nuevo, pero él enganchó su brazo alrededor de mi cintura y me acercó con fuerza contra él.
—¿Gustarme? Jesús. Casi me mataste. —Su beso abrasó todo mi cuerpo hasta las puntas de mis pies—. Será mejor que regresemos antes de que me vuelva completamente loco y te tenga desnuda y contra nuestro árbol en los próximos cinco segundos.
Abrí la boca, y un intenso escalofrío me atravesó.
—Pero... —La idea de hacerlo contra el árbol donde él había grabado nuestras iniciales fue suficiente para que mis dedos se curvaran.
Él se rio de mí.
—Vamos, Bell. Ya decidimos que no deberíamos tener sexo.
—Pero somos adolescentes estúpidos. ¿Qué sabemos nosotros?
Edward se frotó la barbilla simulando pensar en profundidad.
—Hmm. Eso es verdad. Tal vez necesitamos revisar esa discusión. —Tiró de mi mano, guiñándome el ojo burlonamente—. Ahora, vamos antes de que nos metamos en problemas... o, ya sabes, más problemas de los que ya estamos —finalizó con una sonrisa pícara.
—Los problemas están bien —murmuré en voz baja.
Casi terminaba con los panqueques cuando Edward regresó a la cocina con el cabello mojado y una mueca en su cara.
Era tan sexy cuando estaba enojado.
Mierda.
Eso, combinado con el pequeño paseo de mi mente por el carril de la memoria, me tenían retorciéndome donde estaba parada.
—Um... ustedes continúen y comiencen a comer. —Tan despreocupadamente como era posible, apilé el último panqueque en el plato y me limpié las manos—. Tengo que ir a tomar una ducha.
—Mira, lo siento por más temprano —murmuró Edward, manteniendo su mirada en la encimera de la cocina y pasándose una mano por su cabello salvaje y húmedo.
Asentí.
—Gracias.
—Y gracias por terminar los panqueques.
—De nada.
Me miró de reojo cuando pasé junto a él, y me apresuré a encargarme de los asuntos, regresando a la mesa con el cabello mojado y los hombros relajados.
Gracias a Dios por los cabezales de duchas desmontables.
El desayuno pasó prácticamente en silencio. Ellos casi estaban terminando cuando yo llegué a la mesa. Puse los ojos en blanco ante la mirada engreída en la cara de Edward cuando Lily me informó que no hice los panqueques "tan buenos como papi".
Tuvo suerte de que no le arrojara una rodaja de banana cubierta con sirope.
—¿Sabes si vas a trabajar hasta tarde alguna noche esta semana? —le pregunté a Edward cuando llevé mi plato a la cocina para que él lo cargara en el lavavajillas.
—Uh… tengo una cena con un cliente el jueves por la noche. —Cargó un par de platos y después se giró para mirarme, limpiándose las manos en un repasador—. ¿Por qué?
—Oh, voy a salir con un amigo y quería comprobar que noches podrían funcionar.
—Ah. —Él regresó a enjuagar los platos y cargarlos en el estante—. ¿Angela? —preguntó sin mirarme.
Me aclaré la garganta.
—No.
Ofrecer más información no era algo que sintiera que era necesario, pero estaba claro por lo tenso de la mandíbula de Edward que descubrió lo que no estaba diciendo.
—¿Algún problema? —pregunté.
Cerró con un golpe la puerta del lavavajillas y apretó el botón antes de pasar junto a mí con un brusco:
—No.
Me giré y me quedé mirando su espalda mientras él se retiraba, algo que parecía estar haciendo mucho últimamente.
Él sabía de Riley, así que no debería haber sido una sorpresa que yo todavía lo vería.
¿Lo estaba provocando con mi pregunta?
¿Quería que él tuviera un problema con eso?
Mientras estaba parada en la cocina, mirando mi reflejo borroso en el refrigerador de acero inoxidable, tuve que contestarme honestamente...
Sí.
Mierda.
Sí, lo quería.
¡Hola!
Gracias por leer y disculpen la demora, la vida se interpuso en mi camino. Me parece que alguien está celoso, y excitado. :p ¿Qué les pareció el capítulo?
Gracias a Lety (aka Itzel Lightwood) por ayudarme con mis dudas.
Gracias por los reviews del capítulo anterior: Sully YM, Edward y Bella Cullen, cavendano13, kaja0507, krisr0405, Noelia, somas, Pera l.t, Pili, Chayley Costa, Adriana Molina, saraipineda44, beatrizalejandra becerraespinoza, Vanina Iliana, Yoliki, tulgarita, Lady Grigori, Anna, Sther Evans, May Cullen M, Tata XOXO, Juliana masen, jupy, cary, debynoe, freedom2604, y Adriu.
¡Hasta el próximo capítulo!
