No me gusta demasiado. De hecho no se si se entiende bien o no, pero vosotros direis...en fin, que no queria reescribirlo, porque soy demasiado vaga. Tengo prisa y no puedo quedarme a explicar (a veces tengo que ir a clase...), pero basicamente estan intentando justificar un asesinato con Avada para lo muggles.
Beso a todos, gracias por los reviews y...
Espero mas reviews!
Disclaimer: Nada es mio, salvo lo que si lo es.
Pistola
Regulus Black estaba muerto. Encontrado apenas varias horas de la supuesta hora de defunción, de madrugada, sobre la hierba de un parque, en un día que se presentaba soleado.
Tenía los brazos extendidos y los ojos abiertos. No había dolor ni miedo en su expresión, de hecho, no había nada más que vacío. Su piel estaba pálida, igual que en vida, y no había signos de lucha visibles. Parecía una imagen casi pacífica. Engañosa.
El Ministerio de Magia fue avisado de inmediato, y varios aurores aparecieron pronto. Mandaron a alguien a avisar a la familia a Grimmauld Place. Alguien informó a Dumbledore. Tal vez alguien habló con un tal Severus Snape. Se trató de contactar con Sirius Black, hermano del fallecido. Luego hubo lágrimas, incrimaciones, gritos, preparativos, flores.
Lo que pocos saben es que en realidad, el cuerpo fue localizado por dos muggles, que simplemente paseaban al perro antes de ir al trabajo. Lo vieron ahí sobre la hierba, podía haber estado dormido. Pero había algo macabro en el aire: un joven de apenas veinte años agarrado a un ridículo palito de madera que no le salvó la vida. Sin moverse, sin respirar. Demasiado joven, demasiado raro.
Avisaron a la policía, donde les respondió un tal agente Shaklebolt que prometió acudir sin retraso.
Luego los muggles vieron llegar al agente, en un coche de policía, acompañado de una persona más, sin uniforme. Un joven de cabello negro y manos temblorosas. Decía que no quería hacerlo. Decía que no quería estar ahí. Luego recuerdan como el agente se acercaba a inspeccionar el cuerpo, y como, mientras les pedía que se fueran a casa, pedía al joven que se acercase. Un tal Sirius Black, que se haría famoso pronto tanto entre muggles como entre magos por su propia cuenta. Decía que no quería saber nada más de la muerte de lo que veía ahí. Eso les pareció extraño.
Le vieron sacar algo, pero no recuerdan lo que pasó después. Ni el click-clack ni el alto y claro bang.
De hecho, recuerdan poco más.
Volvieron a casa después de pasear al perro sin incidentes. Al día siguiente vieron la noticia en los periódicos: aparentemente la muerte de debía a una herida de bala. Un ajuste de cuentas, o algo así. Se sorprendieron un poco de que la herida no fuese visible cuando le encontraron, pero tampoco habían inspeccionado el cuerpo. No pensaron más en ello. Al cabo de una semana, lo habían olvidado.
Al mismo tiempo, en otro lugar, el Ministerio agradecía su ayuda al auror Kingsley Shaklebolt por su intervención, y Sirius miraba ese extraño objeto con un nombre demasiado largo, demasiado ordinario: pistola. Le habían dicho que era como una varita muggle, pero solo servía para matar.
