AMOR EN FLORENCIA
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Disclaimer: La Trama le pertenece en su totalidad a Helen Bianchin, pero los grandes personajes los eh tomado prestado a mi ídolo personal Sthephenie Meyer, para fantasear un poco.
Capitulo 8
La noche siguiente Edward y Bella abandonaron la villa en el lujoso 4X4 en dirección al pueblo.
-Mi madre puede meter a Ben en la cama perfectamente.
Bella se quedo mirando el paisaje por la ventanilla, los campos arados, los viñedos y los cipreses que bordaban la carretera. El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo de diferentes colores. Las noches de verano en el hemisferio norte eran mucho más largas que en Australia y a Bella le encantaban.
-No lo dudo- contesto.
-Pero no estás relajada.
Pero eso es por ti
-Eso es porque no eres una persona fácil.
-¿Y eso te molesta?
Si, le molestaba mucho.
-No voy contestar esa pregunta. No tengo ninguna intención de inflarte el ego.
-Tu sinceridad es admirable.
Edward le estaba tomando el pelo y, si hubiera estado más cómoda con él, le habría contestado en broma y le habría hecho reír, pero no se encontraba cómoda con él.
-Me alegra que te guste mi sinceridad porque pienso ser muy sincera contigo- le espeto.
-La Trattoria a la que vamos es de unos amigos y está en un pueblo que está aquí al lado- le conto Edward para cambiar de tema.
Al llegar, aparco el coche a las afueras de la localidad, agarro a Bella de la mano y entrelazo sus dedos con los de ella. A Bella se le paso por la cabeza apartar la mano, pero Edward se la apretó más fuerte, como si hubiera adivinado su intención.
Mientras avanzaban por las callejuelas de adoquines, rodeados de edificios antiguos, Bella se dijo que era como haber atravesado un túnel del tiempo.
Había gente sentada en las terrazas, hablando en italiano. Casi todos eran hombres. Olía a especias, a comida y a ajo.
Iban andando cuando un hombre saludo a Edward y se acerco. Edward le hablo en Italiano y le presento a Bella, que se dio cuenta que estaban hablando de ella cuando el recién llegado la miro de manera apreciativa.
-¿Otro socio?- le pregunto a Edward cuando siguieron caminando.
-Aro es un amigo de la infancia y tiene viñedos muy cerca de los míos- contesto Edward llevándola hacia un restaurante encantador que también tenía terraza-. Ya veras, la comida es exquisita- le aseguro entrando-. Mariangela es famosa por los gnocchi que hace. Tienes que probarlos.
-Dio mío- exclamo un hombre al verlos entrar- Mariangela, ven, corre.
A continuación, tuvo lugar una rápida conversación en italiano mientras un hombre de bastante volumen salía de atrás de la barra y abrazaba a Edward amigablemente. A continuación, salió una mujer de la cocina, miro a Edward, grito emocionada y corrió hacia él.
Edward se rio, la tomo en brazos, le dio una vuelta en el aire y la volvió a dejar en el suelo para presentarle a Bella.
-Vaya, así que te has traído a tu mujer para que la conozcamos. Ya iba siendo hora –bromeo la Italiana besando a la recién llegada en ambas mejillas al tipo europeo-. Bella. Es un nombre muy bonito- le dijo señalando una mesa-. Venid y sentaos. Bruno, abre una botella de vino y trae unos aperitivos. Pedid lo que queráis y luego hablamos, ¿De acuerdo?
La escena que se dio a continuación, los gnocchi de Mariangela no tenían nada que ver con otros. Bella había probado aquella especialidad italiana en algunos de los mejores restaurantes de Sídney, pero los de Mariangela eran mucho mejores. A continuación, tomo un carpacho de carne acompañado por una deliciosa ensalada y un sorbete de limón fantástico.
-Creo que no voy a poder comer nunca más- comento mientras se tomaba el te-. Me ha encantado la cena, Gracias- le dijo a Edward.
Cuando él le sonrió encantado, Bella sintió que se le aceleraba el pulso.
-De nada, pero quiero que sepas que la velada todavía no ha terminado.
-¿Hay más?
-En algún momento, los hijos de Bruno y de Mariangela saldrán de la cocina con las guitarras y se pondrán a cantar.
-¿De verdad?
Como si estuvieran esperando la señal, dos guapos jóvenes de veintitantos años salieron de la cocina e interpretaron entre aplausos canciones tradicionales entre las que intercalaban frases graciosas, haciendo reír a los comensales.
Eran buenos.
Bella se encontró sonriendo y riéndose. Cuanto le hubiera gustado hablar italiano para poder cantar ella también.
En un momento dado, se dio cuenta de que Carlo se había unido a ellos. Se sentó a su mesa y les ofreció otra botella de vino, pero Edward le indico que tendría que conducir.
-Esta mujer debe de ser importante porque es la primera que traes a probar la comida de Mariangela- comento mirando a Bella.
-Comparto con ella la custodia de Ben- le explico Edward.
Bruno les llevo los cafés, les pregunto si todo estaba bien y se fue muy satisfecho.
-Bella ¿Y a ti te gusta este hombre?- le pregunto Carlo.
-De vez en cuando.
Carlo se rio.
-Desde luego, eres diferente.
-¿Diferente comparada con quien?
-Con las mujeres que suelen colgarse del brazo de Edward- le dijo el italiano.
-Que deben de ser muchas- bromeo Bella sonriendo.
-Todas unas aduladoras- bromeo Carlo.
-¿Lo sabes por experiencia?
-Definitivamente, eres diferente. Me gustaría que nos conociéramos mejor. ¿Te apetece cenar conmigo mañana en la noche?
-Carlo- le advirtió Edward-. Bella está conmigo le indico.
Bella miro a Edward indicándole que ya hablarían de ello. En cuanto se quedaran a solas y Edward le devolvió la mirada muy serio. Bella sabía que era difícil que Edward se enfadara, pero sospechaba que, cuando lo hacía, podía resultar letal. Aun así, no bajo la mirada, no se iba a dejar amedrentar.
-Así que lo de la boda es cierto- comento Carlo.
-Lo estamos considerando, es una idea- contesto Edward, sin dejar de mirar a Bella a los ojos.- Pero todavía no es oficial.
Bella se sentía incapaz de moverse, sentía que el pulso se le había acelerado. No era consciente de que se le habían dilatado las pupilas, pero Edward se fijo en el pequeño detalle y se apresuro a pedir la cuenta.
-Bueno, se hace tarde, me voy- se excuso Carlo poniéndose de pie.
Tras despedirse de Bruno y Mariangela, Edward y Bella también abandonaron el restaurante.
-¿Cómo te atreves?- lo increpo Bella mientras iban al coche,
-¿A qué te refieres exactamente?
Bella se paro y se giro hacia él.
-A que te comportas como un idiota que va marcando el territorio como un perro que levanta su pata y orina.
-Vaya, nunca me habían dicho algo así- se maravillo Edward.
-Siempre hay una primera vez para todo.
-Cara…
-No soy tu querida nada, así que no me llames así.
-¿De verdad tienes ganas de discutir?
Bella lo miro furiosa.
-Has llevado las riendas desde el principio- le espeto- Decides lo que hay que hacer, cómo y cuándo y ya estoy harta- añadió con la respiración entrecortadas por el enfado-. Y lo peor es que, aparentemente, no tienes intención de desmentir las tonterías que dicen los periódicos. ¿Cómo es posible que se te pase por la cabeza la idea de que nos casemos?
-Muy fácil.
Bella espero una explicación que nunca llego porque Edward la tomo de la nuca y la beso apasionadamente, haciendo que el enfado se convirtiera en deseo.
Bella sintió que solo existía el y el poder que tenia de hacerla sentir que el mundo había dejado de girar, así que le paso los brazos por el cuello y se dejo llevar por la pasión
Edward se apretó contra ella para que sintiera su erección, deslizo una mano hasta una de sus costillas y, desde allí, la coloco sobre uno de sus pechos, Bella emitió un sonido gutural y siguió besándolo y mordisqueándole el labio inferior.
-¿Estás seguro que nuestro matrimonio no funcionaria?- le pregunto Edward.
¡Bella ya no estaba segura de nada!
-Es una locura- consiguió contestar con voz trémula.
A continuación, se aparto un mechón de pelo de la cara, Edward. Edward la agarro de la mano.
-¿Tienes alguna duda sobre mi? ¿Acaso crees que no sería un marido atento?
¡Con solo pensar en él como amante, Bella sintió que un terremoto la recorrió por dentro!
-¿Por qué perder el tiempo en hablar y especular cuando los dos sabemos que no nos vamos a casar?
-¿Ni siquiera por el bien de Ben?
Bella cerró los ojos y los abrió lentamente.
-Eso se llama coacción.
-Yo prefiero llamarlo persuasión.
-Porque ibas a querer casarte conmigo?
-Porque quiero compartir mi vida con una mujer y tener hijos con ella.
Bella sintió que se le rompía el corazón. Si se casaban, su compromiso para con Ben quedaría formalizado, pero ¿cómo se iban a embarcar en un matrimonio en que no había amor? La mera idea le pareció una locura, pero, aun así, le encantaría probar.
-¿Y porque yo?
-¿Y por qué no?
-¡Porque no estoy dispuesta a participar en algo así! ¡No estoy dispuesta a embarcarme en un matrimonio de conveniencia!
El cielo estaba cuajado de estrellas, así que había suficiente luz como para ver la expresión del rostro de Edward.
-Yo no he dicho en ningún momento que fuera de conveniencia- le dijo-
¡Aquello era demasiado!
-Me quiero ir a casa – declaro Bella.
Edward abrió el coche con el mando, Bella abrió su puerta y se subió sin darle tiempo a Edward a que lo hiciera el. Edward se puso al volante y condujo hasta la finca. No hizo amago en ningún momento de conversar y Bella tampoco lo intento, así que fue un gran alivio cuando llegaron y dejaron el coche en el garaje.
-Muchas gracias- le dijo Bella bajándose del vehículo y dirigiéndose a la puerta que comunicaba el garaje con la casa.
-Que educada eres- contesto Edward siguiéndola y poniéndole la mano en la cintura.
Una vez en el vestíbulo, Bella se dispuso a subir las escaleras que llevaban a su habitación, pero Edward le puso las manos en los hombros y la giro hacia si. De repente, se le antojo una liebre asustada, pues tenía los ojos muy abiertos, así que se inclino sobre ella y la beso en la punta de la nariz y en los labios.
A continuación, se aparto. Bella se había quedado muy quieta. No se podía mover. Cuando logro hacerlo, subió las escaleras a toda velocidad y se perdió en su habitación sin mirar atrás.
Una vez en su suite, se sintió profundamente aliviada, se apresuro a cerrar la puerta dándose cuenta de que tenia la respiración entrecortada, así que se sentó y respiro profundamente unas cuantas veces. Cuando se hubo relajado, se puso el pijama, paso al baño a desmaquillarse y fue a la habitación de Ben a ver qué tal estaba.
El pequeño ni se movió, pues estaba profundamente dormido. Bella se le quedo mirando y volvió a su habitación consciente de que no se iba a poder dormir porque estaba muy nerviosa.
Si por lo menos...
Bella cerró los ojos y lo volvió a abrir.
No serbia de nada ponerse a especular.
Lo único real era la situación que estaba viviendo, que tenía que hacerse cargo de su sobrino y que tenía que compartir su custodia con un hombre de lo mas inquietante que se empeñaba en pedirle mucho más de lo que ella estaba dispuesta a dar.
Aquel hombre tenía un plan muy preciso y, si le salía bien, conseguiría atar varios cabos con él. Propósito de dar una vida estable emocional y legalmente hablando al futuro heredero del grupo Cullen.
Edward parecía decidido a demostrarle que su unión seria maravillosa tanto fuera como dentro de la cama.
Bella era consciente de que muchas mujeres habrían atrapado la oportunidad al vuelo, pues Edward tenía mucho dinero, varias casas en diferentes países, una posición social envidiable y seguro que era un amante generoso.
Muchas personas se casaban por menos.
Entonces, ¿Por qué no lo hacia ella?
Porque, e el fondo de su corazón, quería casarse por amor. Sabía que, a veces, la vida no te da lo que quieres. Por otra parte, ¿lo que le ofrecía Edward era suficiente para renunciar a su independencia? ¿Merecía la pena contentarse con ser su esposa aunque no la quisiera?
¡Estaba dispuesta a tener un par de hijos más con él para cimentar el futuro de Ben?
-Buon giorno, Bella. Ben, ¿que tal estas?- los saludo Lena a la mañana siguiente cuando e entraron en la cocina-. Hace una mañana preciosa y la abuela esta desayunando en la terraza. Ahora mismo os llevo el desayuno a vosotros también.
El sol estaba empezando a calentar y era evidente que aquel día iba a hacer calor. Olía a café. Esme abrió los brazos parea abrazar a su nietos nada más verlo y Ben corrió hacia ella encantado.-Sentaos conmigo. Desde aquí hay una vista preciosa, ¿verdad¿
-Sí, es maravillosa- contesto Bella sentándose.
Edward va a desayunar hoy con los hombres – comento su madre.- Me ha dicho que, luego, vendrá a buscarte para llevarte no se a donde- añadió mirando a Ben…
-¿De verdad?- se maravillo el pequeño.
-Sí, eso me ha dicho- rio su abuela.
-¡Qué bien! ¿A qué hora va a venir a buscarme?
Esme miro el reloj.
-A las ocho y media, así que tienes tres cuartos de hora para desayunar.
-Y para vestirte, ponerte crema solar y la gorra
Al final, tuvieron tiempo de sobra. Tan de sobra que Bella se sentó a esperar a Edward junto con Ben, que estaba tan nervioso que no podía para quieto.
-¡Ahí esta!-exclamo al verlo.
El Edward que apareció no tenía nada que ver con el sofisticado hombre de negocios que Bella había conocido, pues llevaba ropa de faena, unos vaqueros desgastados, camiseta de algodón, botas cubiertas de polvo y un sombrero calado hasta sus ojos, que apenas se le veían.
Mientras iba hacia ellos, Bella se fijo en su cuerpo y en sus brazos, aquellos fuertes brazos que la habían rodeado no hacia muchas horas.
¡Oh, Dios!
Al instante los recuerdos de sus besos y de su erección se apoderaran de ella. El deseo comenzó a correrle por las venas. Una parte de ella anhelaba lo imposible.
¿Cuando le pidiera Edward que contestara a su propuesta y que le iba a decir? ¿Pues qué le iba a decir? Si era una palabra muy sencilla, pero significaba dar mucho más de lo que estaba dispuesta a dar.
Significaba vivir y compartir con un hombre para el que casarse era un asunto de conveniencia aunque lo negara
¿En que se convertiría si accedía a casarse con él? ¿En una mujer florero que viviría en una casa muy bonita y dispondría de todo el dinero del mundo? ¿En una mujer que tendría que contentarse con que su marido le hiciera caso solamente cuando quisiera?
Por otro lado, ¿cómo iba a dales la espalda a los deseos de su hermana? ¿Cómo iba a hacer que la vida de Ben tuviera que transcurrir entre dos hogares? Precisamente para evitar aquello, había accedido a irse a vivir a la casa que Edward tenía en Sidney y precisamente por eso también estaba en aquellos momentos en Italia.
Sin embargo, dar un paso más y aceptar la propuesta de matrimonio de Edward... era una locura inconcebible... ¿no?
-Buenos días.
Al oír la voz de Edward, Bella dio un respingo y abrió los ojos.
-Hola- lo saludo sonriente.
Quizás, demasiado sonriente. Bella se dijo que tenías que disimular, actuar. Al fin y al cabo, ¿No era eso lo que llevaba haciendo desde hacía cinco o seis semanas, desde que había quedado con Edward en Sidney para hablar de su sobrino?
-¿Nos vamos?- pregunto Ben riéndose cuando Edward lo alzo en volandas y se lo coloco a caballito sobre los hombros.
-Veo que te has vestido para trabajar- bromeo.
-¡Sí!- exclamo el pequeño.
-Pues vamos a ver que están haciendo los hombres.
Bella se quedo mirándolos mientras se alejaban.
Hombre y niño, ambos vinculados por la sangre de la familia Cullen, unidos por un lazo de amor, destinados a compartir el futuro y la vida.
Bella se dijo que podía compartir la vida con ellos también si quisiera. Todo dependía de ella.
De momento, tenía que terminar una novela, así que decidió dejar de pensar en aquellos asuntos y concentrarse en el trabajo.
-Esme, me voy a ir al despacho a trabajar unas horas- le dijo a la madre de Edward, que se estaba tomando el tercer café del desayuno.
-Muy bien, querida- contesto Esme-. Nos vemos a la hora de comer.
En la Biblioteca era fácil trabajar, así que Bella abrió los archivos del día anterior, los repaso y se lanzo a escribir.
Tenía buenas ideas en la cabeza, pero le estaba fluyendo con naturalidad. El dialogo no tenia ritmo. Y todo se debía a que no podía dejar de pensar en Edward.
Al cabo de diez minutos, maldijo, tomo aire profundamente, flexiono los dedos y los aparto de su mente. A partir de entonces, los dedos volaron sobre el teclado y consiguió escribir unas cuantas páginas.
Frunció el ceño cuando oyó que llamaban a la puerta y, al girarse, descubrió que Edward. Se había cambiado y se había puesto unos vaqueros negros y una camiseta blanca.
-La comida esta lista- anuncio.
¿Ya era la una del mediodía? Bella guardo lo que había hecho, apago el portátil y lo cargo en una mano.
-Gracias- le dijo yendo hacia la puerta.
Tuvo que pararse porque Edward no se quito para dejarla pasar y lo miro sorprendida cuando alargo el brazo y le aparto de la cara un mechón de pelo. Edward se pregunto si Bella seria consciente de que estaba frunciendo el ceño y de que se le había acelerado el pulso. Lo sabía porque se veía en la base de su garganta. Le entraron ganas de besarla en aquel mismo lugar, pero se limito a sonreír.
-¿Te ha cundido la mañana?
Bella no quería percibir el aroma de sus jabón mezclado con el olor de su piel masculina. Pero no pudo evitarlo.
-Sí, gracias- contesto educadamente, sintiéndose profundamente aliviada cuando Edward se aparto para dejarla salir.
Durante la comida, a basa de pasta y fruta fresca que degustaron en el invernadero, Ben no dejo de hablar.
-Las uvas están muy grandes y el tío dice que están madurando bien. Me gustaría quedarme para la cosecha. Edward ha dicho que, a lo mejor, el año que viene.
-Desde luego, te has convertido en su héroe- le dijo Bella a Edward mientras subían las escaleras después de comer para echarse la siesta.
-Pero no en el tuyo- contesto el de manera indolente.
Bella acelero el paso y se metió en su habitación con Ben. Mientras el niño se echaba la siesta, estuvo trabajando un rato mas sentada encima de la cama.
Cuando Ben se despertó, fueron a ver a los gatitos y, luego se pusieron a jugar a balonmano, riéndose a carcajadas cuando uno de los perros decidió unirse a ellos.
Así los encontró Edward, que se quedo mirándolos unos minutos en silencio, sonriendo al ver que Ben intentaba hacerle trampas a su tía, que agarro la bola, se giro, salió corriendo y se choco contra algo duro.
Bella se dio cuenta de que se trataba de una persona porque la agarraba de los hombros par no se cayera. Estaba a punto de pedir perdón cuando se dio cuenta de quien se trataba.
-¡Edward!- exclamo Ben corriendo hacia su tío- ¿Quieres jugar?
-¿Dos contra uno?- contesto Edward- Venga, está bien.
A pesar de estar en desventaja numérica, Edward era mucho más fuerte y estaba más en forma que ellos. Hubiera podido ganar fácilmente, pero no lo hizo.
-Se termino el partido- anuncio Bella cuando Ben marco el ultimo tanto.
Entonces, se dio cuenta de que Edward ni siquiera había sudado.
-Tío ¿Si Bella viene conmigo, puedo ir a la piscina después de tomar un refresco?
-Solo si tu tía va contigo. Ya sabes que no puedes ir solo a la piscina.
-Sí, ya lo sé- contesto Ben obedientemente.
-Muy bien. Nos vemos a la hora de cenar.
Así que Bella y Ben se dirigieron a la piscina. Fue una buena manera de terminar la tarde. Después de nadar un rato, se ducharon, se cambiaron de ropa y estuvieron viendo televisión hasta que llego el momento de bajar a cenar.
Hola! lamento haberles llenado el correo xd .- pero necesitaba editar asi que ya lo termine y de recompenza esta el capitulo nuevo :D el proximo lo tendre a mas tardar el viernes :D
Un saludo y espero que les siga gustando la historia saludos :D
Editado: 02-10- 12
Para mas informacion pueden contactarme via Twitter: (Arroba) Li_Everon4
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-Lili-
