DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

¿ DIFERENTES ?

CAPITULO 9

Me besaba cuando llevó sus manos a los pasadores que sostenían mi cabello y los quitó deshaciendo mi peinado.

Sin dejar de besarme, las manos de Edward remontaron mi cuerpo para detener sus pulgares exactamente bajo mis pechos.

Sentirle allí, tan cerca de esa parte de mi cuerpo que no muchos habían tocado hasta entonces sin tocarme realmente, era más excitante que si finalmente lo estuviera haciendo.

Estiró sus pulgares rozando apenas mis pezones que se irguieron ansiosos.

- Creo que ya me estoy arrepintiendo – murmuré y Edward se separó de mí para mirarme preocupado

- ¿Por qué? – preguntó con ansiedad

- Porque estás volviéndome loca y necesito mucho más – me quejé y se rió burlón

- Oh, cariño, quiebra una lanza por mí. Te aseguró que tendrás lo que necesitas y mucho más.

- Eso espero.

- Confía en mí – dijo levantándose del sofá conmigo enredada en su cintura – Imagino que tendrás una cama muy cómoda en tu habitación.

- Adelante – dije señalando la puerta de mi habitación.

- Bonita habitación – dijo Edward acostándome sobre la cama

La habitación no era tan naif como su homónima de Filadelfia, pero era bastante femenina.

La cama, una enorme cama king size cubierta por un edredón azul y cojines con delicadas flores en blanco y azul, estaba pintada de blanco, al igual que el tocador con un espejo redondo y un par de joyeros de plata.

La moqueta mullida era de color blanco y contrastaba con las cortinas azules.

A la izquierda, una puerta que daba al vestidor y más allá al baño.

Charlie había pagado una fortuna para que yo viviera en ese departamento durante todos mis años de universidad, y sin dudas el departamento valía cada centavo.

Era tan completamente diferente del departamento de Edward, con sus muebles de segunda mano y sus ventanas desnudas.

Edward bajó la intensidad de la luz dejando un ambiente acogedor y romántico.

Se quitó su camiseta y sus Converse antes de tumbarse junto a mí.

Su pecho desnudo me quitó la respiración, Dios mío, este hombre tendría que ser modelo de esculturas griegas.

Su foto debería aparecer en el diccionario junto a la definición de "Hombre", y también en la de "guapo", "semental" y se me ocurrían muchas más.

Y me estaba arruinando para siempre. Después de ver a este hombre difícilmente encontraría algo comparable. Nada sería lo mismo, ningún hombre llegaría a un listón tan alto.

Sus pectorales y sus abdominales perfectamente marcados pero sin parecer físico culturista. Sobre su pectoral izquierdo, en el punto exacto de su corazón tenía tatuada tres letras, "MSN" en una perfecta caligrafía, y era una marca sexy y personal.

- ¿Qué significa? – susurré pasando mis dedos sobre ella

- Mis padres – dijo como toda respuesta mientras bajaba sus labios a mi cuello para besar y mordisquear y ya no pude pensar en preguntar más.

Besaba entre mi cuello y mi nuca, subiendo lentamente por el lóbulo de mi oreja.

Acariciaba mis labios con sus besos y con sus labios mi cuello, mis oídos, iba dejando pequeños mordiscos húmedos, cuando enredó sus dedos en mi cabello y tironeó de él con suavidad.

Me sentía ansiosa y excitada, pero no por ello Edward profundizaba sus caricias.

Bajó su mano por mi torso para acariciar con suaves círculos mi abdomen justo por encima del elástico de mis braguitas.

Dándome cientos de pequeños besos en la comisura de los labios, coló apenas sus dedos bajo mi ropa interior acariciando con la yema de sus dedos mi monte de Venus completamente libre de vello, mi respiración ansiosa se aceleró y Edward retiró su mano.

- Va a gustarme profundizar por allí aseguró con voz ronca

Enredó sus dedos con los míos y tiró de mis manos para ponerlas junto a mi cabeza sobre las almohadas. Sus labios recorrieron mis brazos besándolos eróticamente. Besó la palma de mi mano, siguió por mis dedos dando suaves mordisquitos hasta mi muñeca, para continuar por la cara interna de mi brazo hasta la axila.

Fue el beso más erótico que he recibido en mi vida y eso se sentía en el volcán que empezaba a erupcionar en mi vientre.

Bajó sus labios por mi cuello hasta el valle de mis pechos, aunque la tela de mi camiseta se interponía entre nosotros.

Por Dios, si no me desnudaba pronto iba a arder en una combustión espontánea.

Besó mis pechos a través de la tela y mis pezones chocaron furiosos contra ella.

Bajé mis manos al dobladillo de mi camiseta e intenté tirar de ella hacia arriba.

- Por favor – supliqué – Necesito sentir tu piel contra la mía

Sonrió petulante y accedió quitándome la camiseta.

Su respiración cambió de ritmo cuando vio la pequeña lluvia de estrellitas que adornaba mi ingle perdiéndose bajo mis bragas, hasta mi monte de Venus.

- Oh, por favor, nena – gimió – Muero por saber dónde acaban...

- Puedes descubrirlo cuando quieras – ofrecí deseosa y necesitada

- Creo que aún puedo esperar un poco – dijo presuntuoso

Edward dibujó mi piel y mi vientre tan sólo con la punta de sus dedos, rozando mi piel y presionando por momentos mi cadera, mis nalgas y mis pechos.

Su lengua recorría mi piel, sus labios me mordían generando caminos electrificados en ella.

Con su lengua trazó líneas hasta mi cintura y más abajo hasta mis muslos y su cara interna.

Se colocó de rodillas entre mis piernas separadas para besar allí hasta rozar apenas mi vagina caliente y húmeda.

Sus dedos acariciaban con apenas un roce, desde la rodilla hasta mi monte de Venus. Se recostó nuevamente junto a mí y comenzó a acariciar mis pechos con la palma de su mano, dando pequeños pero firmes chupetones de tanto en tanto. Los amasaba con suavidad, los metía en su boca. Finalmente tomó un pezón entre sus dedos moviéndolos. El pezón se irguió entre ellos y mi respiración se aceleró.

Mi espalda se arqueaba alzando mis caderas, mientras mis dedos apretaban el edredón bajo mi cuerpo.

- Por favor, Edward... – rogué con desespero

Sus dedos finalmente tocaron mis bragas y las deslizó por mis piernas quitándomelas.

Bajó con sus labios por mi torso, deteniéndose en mi vientre, besándolo, lamiéndolo, a la vez que lo recorría con sus dedos.

Alcanzó el pequeño brillante de mi ombligo y lo movió con su lengua en un toque sexy. Continuó descendiendo hasta mi monte de Venus.

Besó y acarició cada una de las diez estrellitas que bajaban por mis ingles hasta allí, pero yo aún necesitaba mucho más.

Estaba segura de que sería capaz de correrme sin que siquiera hubiera tocado mi vagina o mi clítoris.

- Edward... – gemí con ansiedad

Finalmente alcanzó mi vulva para lamer delicadamente los labios mayores, separó mis muslos tanto que estuve a punto de acabar allí.

Con exasperante lentitud sus pulgares separaron los pliegues, y el frío aire que golpeó mi vagina me hizo estremecer.

Dobló un poco mis rodillas y con la punta de su lengua tocó apenas mis labios vaginales. Dejó pequeños besos antes de rozar suavemente mi clítoris, y pasar la lengua a su alrededor.

Su lengua comenzó a trazar diferentes caminos dentro de mi sexo, por todo el interior de mi vulva en movimientos circulares.

Podía escuchar claramente el suave sonido que producía su boca empapada de mis jugos.

Ahí estaba la entrada de mi vagina deseando ser penetrada, y así lo hizo la lengua de Edward, entrando y saliendo de mi cuerpo. Cuando creí que explotaría los dedos de Edward me penetraron con suavidad, mientras su pulgar y su lengua se turnaban para tocar y lamer mi clítoris henchido.

Comenzó un vaivén muy suave que fue acelerando mi respiración. Ésta marcó finalmente la intensidad de su penetración, hasta que todo mi cuerpo se tensó.

Apoyé los talones sobre la cama impulsando mis caderas hacia arriba, sin dejar de jadear excitada.

- Por favor, Edward, voy a correrme... – gemí

Edward continuó su asedió hasta que finalmente el río de lava de mi orgasmo explotó en aquel punto remoto en que se había convertido mi sexo.

Grité cuando me sentí estallar antes de dejarme caer completamente agotada sobre la cama.

Edward sacó sus dedos de mi interior y se tumbó a mi lado, apoyado sobre su codo. Me sentía completamente derretida, no era capaz siquiera de abrir los ojos, hasta que sentí sus dedos trazando suaves círculos sobre el valle de mis senos.

Le miré. Su rostro, con una sonrisa satisfecha, era la máxima expresión de la belleza masculina.

- Gracias... – susurré y emitió una pequeña risita

- Ha sido un placer

- Para mí sí lo ha sido

- Y para mí – susurró acercándose para dejar un suave beso en mis labios

- Debo compensarte – reconocí – aunque ahora mismo me siento débil

- No hay nada que debas compensarme – retrucó deslizando sus dedos sobre mi pecho acariciando con delicadeza el rosado pezón – Me has dado tanto placer como yo a ti.

- Lo dudo mucho – discutí

- No lo dudes. Me encanta verte disfrutar. Eres maravillosamente expresiva y receptiva.

- Tú eres el que lo ha hecho todo. Eres buenísimo en esto. – sonreí – No me atrevo a preguntar dónde has aprendido.

- ¿Es importante? – dijo recostándose sobre mí y acercando su boca a la mía

- En absoluto – concedí rodeando su cuello con mis brazos y asaltando su boca en un beso febril.

Recostado entre mis piernas, sentía su erección a través de sus vaqueros, golpeando en mi abdomen.

- ¿Quieres hacerme el amor?

- Sólo si tú tienes ganas.

- Quiero tenerte dentro de mí aseguré y me besó antes de alejarse de mí para deshacerse de su ropa.

- ¿Estás segura? – preguntó mientras enfundaba su pene en un preservativo.

Asentí sin poder dejar de mirar su cuerpo completamente desnudo. Este hombre debería aparecer en los manuales de biología para explicar la anatomía masculina, y todas las mujeres, y muchos hombres, serían expertos biólogos.

- ¿Qué? – preguntó con una sonrisa ante mi intenso escrutinio.

- Eres precioso – aseguré y verlo sonrojarse agregó un punto más a su belleza.

- Los hombres no somos preciosos – discutió con indignación fingida.

- Pues, tío, tú lo eres – discutí y ambos nos reímos.

Se recostó sobre mí pasando sus brazos bajo los míos, y dejando suaves besos en mi rostro.

- ¿Estás segura? – repitió

- Completamente – dije mientras enredaba mis piernas alrededor de su cintura

Verlo así junto a mí ya había vuelto a excitarme y su pene se deslizó dentro de mí con facilidad.

- Dios, nena, eres tan prieta, tan húmeda, tan caliente... – gimió cuando estuvo completamente anclado a mí

- Me llenas...

- Tú me completas – dijo con dulzura besándome, antes de comenzar un suave vaivén.

Me embistió lentamente incrementando mi placer antes de lanzarse a por el suyo. No recordaba haber tenido un amante tan generoso, aunque tampoco tenía mucho con lo que comparar, pero estaba segura que, ni Jacob, ni Demetri, ni Paul, habían estado tan preocupados por mi placer.

Salvo Paul, que tenía la excusa de haber sido mi novio cuando ambos teníamos quince, y no teníamos ni idea sobre de qué iba el sexo, tanto Jake como Demetri me habían proporcionado incontables orgasmos, pero muchos de ellos, si no la mayoría, venían después de que ellos mismos se corrieran en mi interior.

Edward por el contrario se contenía buscando excitarme y ponerme a mil, hasta que mi clímax me atacó desprevenida y mis músculos vaginales ciñeron su miembro en mi interior. Entonces y sólo entonces se dejó ir, gruñendo al correrse dentro de mí.


Hola! Les gustó el capi? Seguro tendréis algo que comentar, así que aquí espero.

Realmente a mí me está gustando este fic y todo lo que llevo escrito, espero que a mis lectores también les guste.

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y gracias por leer!

Les dejo un adelanto del próximo capi:

Suspiré buscando la forma de explicarme.

- Nunca he querido hacer amigos aquí – dije con la mirada fija en mi plato

- ¿Por qué no?

- Tengo mis amigos de toda la vida en Filadelfia. Siempre he tenido claro que volvería allí al acabar la universidad, no creí que tuviese sentido hacer amistades que tarde o temprano dejaría de ver.

- Entiendo – dijo pero estaba segura de que mentía – ¿Pero nunca pensaste que tal vez te estuvieses perdiendo algo?

- Es difícil de entender, lo sé. Pero siempre he sido una persona muy... no sé... No me gustan los cambios, me gusta que todo esté organizado, tener todo controlado.

- ¿Incluso tus amistades?

Besitos y seguimos en contacto!

Barbara Varga: Perdón por no responderte en capis anteriores, se me pasó. En principio no tengo pensados EPOV, pero nunca se sabe. Quizás en algún momento un outtake particular, pero de momento no creo.