Hello! Aquí estoy nuevamente, llena de ideas, llena de vitalidad y llena de fuerzas para seguir con esto. Bueno, antes que nada, quiero deciros que este chute de inspiración me viene a que este finde ¡por fin he visto Alice In Wonderland! *¬* Waaaaaaaa :Q___ Ha sido impresionante. Realmente, si no la habeis visto, os la recomiendo. Y no solo porque Tim Burton sea mi ídolo o el Sombrerero Loco mi amor platónico (xD) sino porque la película realmente lo merece :3.
¡Ay! ¡Me ando por las ramas siempre! Antes de comenzar la historia, quiero agradecer nuevamente los comentarios y vuestro apoyo ^__^. ¡Ah! Antes de que se me olvide:
· Amu-Butterfly: Me alegra muchísimo ver que comentas muy a menudo. Respecto al destino, reamente no lo tengo todavía muy decido, aunque realmente pensé en llevarlos a Latino América, pero también estoy pensando otros lugares. Me alegrará mucho incluirte en el fin durante dos o tres capítulos. Para ello me encantaría que me enviaras un mensaje privado indicándome tus rasgos de carácter y de físico ;D.
· X-Yukino-Dark-X: Wahahaha!!! Comentaaas!!! xDD. Perdon xD. Me encantará incluir a tu imoto en la historia. Para ello, te digo exactamente lo mismo que Amu-Butterfly. Pido especial paciencia, pues no quiero incluiros con demasiada rapidez en el fic, sino en intervalos de tres o cuatro capítulos ñ____ñ
· Amuto-4-ever-and-ever: Weee. Me alegra infinitamente que te guste el fic ^__^. Respecto a tu idea, he de decirte que la estuve sopesando aunque si te soy sincera, yo estas cosas de venenos y eso no las llevo muy bien porque suelo hacer que el antídoto se encuentre demasiado pronto o demasiado tarde, porque para esas cosas no tengo ningún tipo de imaginación xD. Para aparecer en el fic tendrás que hacer el mismo procedimiento que he pedido anteriormete ^___^
Muuuuuchas gracias a todas las personas que me leen, comentan y siguen. ¡Les estoy infinitamente agradecida!
¡¡Viva Amuto, viva Tim Burton, el Sombrerero Loco, Escape The Fate, Green Day y el helado de menta!!
……………………………………………………………………………………………………………………………………………...................................................................................................................................................
Capítulo 7: Nubes y agonía
El calor era sofocante. Parecía que me estaba derritiendo. Sentía mis huesos hacerse puré bajo el peso del dolor agonizando que a duras penas lograba soportar. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? ¿Un sueño? ¿Pesadilla? ¿Tadase? ¿Rima? ¿Ikuto…? ¿Por qué no logro hablar? ¿Por qué mi voz no sale? ¡Estoy muda! ¡Estoy ciega! Destrozada por las sensaciones. ¿Qué…?
-¡Ya abre los ojos!
-¡Amu!
-¡Amu-chi!
Utau agarró fervientemente la mano de la pelirosa, dándole fuerzas para terminar de despertar de su letargo. La luz entró por sus ojos como un taladro y perforó sus pupilas dejándola ciega durante un instante. Le escocían los ojos. La boca le sabía a metal. Tenía el cuerpo magullado y adolorido. No encontraba fuerzas para siquiera cerrar sus párpados y cesar la desagradable sensación lumínica. Sintió como una mano cálida y suave acariciaba su pelo enredado y otra no tardaba en colocarse sobre su hombro. No supo de dónde, pero logró concentrar todo lo que le quedaba de fuerzas en el único movimiento que creía ser capaz de hacer: hablar. O más bien gritar. El sonido gutural y agonizante escapó de su boca mientras que sus ojos se abrían aún más en un espasmo de horror, dolor y sufrimiento. Desgarró sus cuerdas vocales con el sonido y en un segundo, gracias a él, recobró las fuerzas necesarias para doblar su espalda en dos hacia atrás y agarrar la tela alojada entre sus dedos.
-¡Amu!
-Utau aléjate de ella…
-¿Nani? ¡Kaito-san! Ella está…
-La morfina ha dejado de hacer efecto.
-¡Pues dele más!
La voz de Ikuto apenas era audible a causa de los agonizantes quejidos de la pelirosa, a la que seguía tratando de tranquilizar con suaves caricias en el pelo. Observó su rostro. Un espasmo de horror ante el sufrimiento. Sus pupilas estaban oscurecidas y carecían de brillo. Su piel estaba cubierta de una finísima capa de sudor. Sus labios estaban cortados, deshidratados. Y su voz, esa preciosa melodía que lo envolvía con cada risa que ella soltaba, sonaba hueca y sin vida. Amu se estaba muriendo. Y todo por culpa de ese médico incompetente.
-Si usted no se la va a dar, se la daré yo mismo.
El chico neko corrió hacia el maletín del médico y sacó un pequeño bote de cristal, lleno de un líquido transparente. Pinchó la parte superior del pequeño recipiente con una jeringuilla y se dirigió a la agonizante, dispuesto a suministrarle el fármaco.
-Si lo haces, la matarás seguro. Lo único que podemos hacer es esperar. Esperar a que el dolor se pase. No nos queda otra.
Tanto en bote de cristal como la jeringuilla resbalaron de sus manos y se estrellaron contra el suelo de la habitación. El silencio podría haber sido más tenso si no fuera por el llanto de Yaya, postrada al lado de la enferma y los gritos de ésta, que no parecía lograr marcar pausas entre sus gritos y quejidos. Kuukai agarró fuertemente la mano de Utau mientras la rubia derramaba una lágrima y Nagihiko decidió eclipsarse para ir a ver a Rima, en la habitación continua y explicarle la situación. Tadase se había negado a entrar en la habitación. Estaba en el salón, mirando fijamente por la ventana como las nubes comenzaban a formarse en el cielo. Pronto llovería. Ikuto salió de la habitación y observó un buen rato al niño rey. Sus facciones estaban desgarradas y sus ojos borgoña habían perdido el brillo de inocencia. No supo por qué, pero tuvo la impresión de que el crío acababa de madurar en ese mismo instante como el tuvo que hacerlo cuando era tan solo un niño. Amu desgarró el aire otra vez.
Un trueno sonó a lo lejos y el cielo terminó de oscurecerse para empezar a llorar. Llorar por ella. Por él. Por los muertos. Por el miedo. Por la agonía. Por el sufrimiento. El adiós. El silencio. El calor. El frío. Silencio. Silencio. Silencio. Grito. Quejido. Sollozo por parte de una niña de coletas castañas. Silencio. Silencio. Utau sale. Portazo. Grito. Silencio. Silencio. Sil…
-Tsukiyomi.
-¿Um?
-¿No crees que ahora mismo las nubes se parecen a nosotros?
-Al igual que el tiempo, el polvo o la misma agonía de Amu-chan.
-No la llames así. No eres nadie para llamarla de esta forma. Tú eres el culpable de sus gritos.
La frase golpeó a Ikuto a través del aire. Por un instante el tiempo se paró. Hacía tiempo que no le dejaban las cosas tan claras. No necesitaba que se lo dijeran tan repentinamente, pero lo sabía. Sabía que los gritos de Amu eran culpa suya y el rostro descompuesto de la enferma estaba incrustado en su mente en un recuerdo que le daba escalofríos. No podían hacer nada. Solo esperar.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..
-Amu. ¿Me puede oír?
Amu parpadeó un par de veces y miró fijamente los ojos verdes del médico, sentado sobre su cama, a su lado.
-Hai.
Oír su voz fue un milagro para ella. Fue mejor que ofrecerle un pastel de chocolate solo para ella. Fue mejor que volver a sentir el sol sobre su piel. Pero no pudo ser mejor que volver a tener a Tadase frente a ella. Si. Tadase. Ikuto estaba postrado en una esquina de la habitación, observando las facciones de la chica. Sus ojos estaban rojos, sus labios hinchados y su voz sonaba raspada por la cantidad de gritos que había expulsado durante todo el día. Observó, devorado por los celos la manera que tenía la pelirosa de comerse con los ojos al rubio. Cuando Kaito-sama hubo terminar de suministrarle sus fármacos, él y su Chara, Kiruki, desaparecieron para ir al hospital.
-Ne, Amu-chi. ¿Te encuentras bien?
-Hai. Arigato Yaya.
Ambas chicas se sonrieron mutuamente y luego la castaña se fue, acompañada de Pepe para ir a merendar en la cocina de Utau.
-Hure… ¿Qué ha pasado?
La pregunta de Amu se quedó en el aire. Suspendida en la atmósfera repentinamente tensa de la habitación. Todos se miraron sin contestar. Ella esperaba. Finalmente, Utau se sentó en la cama y decidió contestar.
-¿Recuerdas qué ocurrió?
-Hai. Lo que quiero saber es por qué estoy aquí en este estado.
-Amu. Te dispararon y perdiste mucha sangre. Kaito-sama te ha estado cuidando estos cinco días que estuviste inconsciente. Hemos logrado sacarte la bala y curar rus heridas. Ahora, podremos irnos sin problemas.
-¿Nani? ¿Irnos?
-Ikuto despegó su espalda de la esquina y se acercó a la chica. Clavó sus pupilas en las de su hermana un segundo y luego volvió a dirigirlas a Amu.
-Sí. Debemos irnos Amu.
-Bueno… Supongo que Easter debe de estar buscando…
Todos asintieron.
-Entonces… ¿Cuál será nuestro destino? ¿Osaka? ¿Kyoto? ¡Kyoto sería perfecto! ¡O podemos irnos a Hokkaido! Me encantó la primera vez que fuimos, ¿recuerdan chicas?
Sus Charas, sentadas cobre la mesita de madera junto al cabecero no respondieron. Seguían mirando sus piececitos con extraña atención.
-Hinamori-san. No iremos a ninguno de esos lugares.
-¿Uh? ¡Ah! .Debes de referirte a que nos iremos a algún pueblecito del norte. Espero que no haga demasiado frío a esta época del año…
-No. Me refiero a que nos vamos de Japón.
La noticia cayó en picado desde el techo hasta la cabeza de Amu. Irse. De Japón. A otro país. Seguramente a oro continente. ¿Tan mal estaban las cosas? Al parecer cada vez iban a peor. Amu agahó la cabeza apesadumbrada y asintió de un golpe seco. De pronto se llenó de seguridad y decidió que lo mejor era aceptar las cosas como venían. Utau sonrió al verla, Tadase suspiró e Ikuto prefirió irse, antes de abrazar a la niña.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….....
-Los pasajeros del vuelo A4985, con destino a París, diríjanse a su peurta de embarque por favor. Muchas gracias.
La voz de la mujer repitió el mensaje en inglés, alemán y francés y seguidamente, cortó la conexión con una pequeña música aguda que también había iniciado el mensaje. Amu observó detenidamente por los enormes ventanales los gigantescos aparatos que se alzaban del suelo hacia el inmenso cielo azul. Paris. Ese era su destino. Suyo, de Tadase, Utau, Yaya, Rima, Kuukai, Nagiy por supuesto, Ikuto. Sintió un escalofrío en la espalda. Ikuto estaba muy cambiado desde que había despertado tres días antes de encontrarse en la puurta de embarque. Observó como Utau entregaba su pasaporte a un agente de seguridad y llevó su mirada al suyo. Falso. Pasaporte falso. Número de identidad falso. Número de la seguridad social falso también. Fijó su mirada en su nueva fecha de nacimiento. Había pasado de tener sus preciosos quince años ha tener unos diecinueve que, obviamente, no aparentaba. Pero con todas esas mentiras por escrito que no podrían ser detectadas, no tenía nada que temer.
-¿Señorita? ¡Señorita!
-¿Uh? ¡Oh! Disculpe. Estaba distraída.
Con cierto temblor en sus manos, tratando de aparentar lo más natural posible, entregó su falsa identidad al agente de seguridad, que comparó el rostro de la fotografía con el de la chica que tenía en frente y luego se devolvió con una sonrisa.
-Que tenga un buen viaje. Siguiente.
-A… Arigato…
-Vamos, avanza.
-¿Ikuto?
-Estás retrasando a los otros pasajeros ahí parada.
El chico agarró su mano y tiró de ella hasta que llegaron al interior del gigantesco aparato. Primera clase, claro. Utau era incapaz de estar en un avión sin asientos muy amplios y todos los lujos posibles. La pelirosa se sentó al lado de Rima, que miraba fijamente por la ventana con Pepe, ambas emocionadísimas, y de Utau, la cual estaba leyendo una revista francesa. Fue entonces cuando a la chica le vino una preocupación enorme. No tenía ni idea de francés. Ninguna. Se mordió el labio y le dio una par de golpecitos en el hombro a su compañera rubia.
-Ne, Utau. Tu… Tu sabes francés, ¿ne?
-No.
La cantante respondió de forma tan tajante que era casi imposible negarse a ella. Amu la miró fijamente, helada por su respuesta. Miró fijamente la portada de la revista que su amiga sujetaba en las manos. Se abría del lado izquierdo y sus letras eran claramente occidentales. Observó a la mujer de la portada. Una morena, de piel blanca, ojos castaños y una boca de labios gruesos, que parecían poder absorberte con solo pronunciar una palabra, pintados de un intenso color rojo. Con su poca habilidad con el inglés, logró reconocer las palabras escritas junto a la mujer: Angelina Jolie. Amu enarcó una ceja mientras esperaba que Utau le diese una explicación a su respuesta.
-Entonces, ¿por qué lees una revista francesa?
-No leo, Amu. "Leo".
La rubia soltó la revista dejándola sobre sus rodillas y simuló hacer unas comillas con sus dedos al decir la última palabra. Era toda una estrategia de Utau para parecer aún más internacional. Amu observó como la chica volvía a "leer" su revista, una tal "VOGUE", por lo que había podido descifrar, y miraba fijamente una fotografía de la tal Angelina posando junto a una lámpara. Al rato, la revista la aburrió y dejó a Utau con sus lecturas mientras ella trataba de centrarse en otra cosa.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….
-Yuu-chan… Creo que esto no va a funcionar…
Kumiko observó desde arriba como Yuuto se colocaba la peluca de color azul celeste y luego se incrustaba encima el gorro de azafata. La chica se miró en el espejo, contenta del resultado y salió al pasillo. Se encontró con otra azafata, castaña, que se disponía a empezar a servir el almuerzo.
-Ya lo hago yo. Ocúpate tú de la segunda clase.
La joven azafata observó la angelical sonrisa de la chica, a la cual no recordaba haber visto entrar en el avión o presentarse ante la tripulación del aparato, y mantuvo su rostro sereno.
-No.
Yuuto se quedó ahí plantada. Observando como la joven se iba acercando a la cortina rojo sangre que separaba el pasillo de la primera de la pequeña habitación donde guardaban la comida, bebidas, carritos y otras cosas típicas. Cuando la castaña estuvo a punto de abrir la cortina, algo la golpeó en la cabeza con un sonido metálico y luego, fue arrastrada hasta el baño para azafatas de la misma diminuta habitación.
-Yu… Yuu-chan…
-Cállate Kumiko. Quién se resista a mi sonrisa angelical, se las verá con mi venganza. Además, Ikuto-sama está en ese pasillo, y no pienso dejarla acercarse a él. El, ¡es mío! ¡Escóndete en mi pelo!
Kumiko obedeció a su dueña, aún sorprendida, aunque estuviera acostumbrada a estas alturas, y se acarró del pelo de la peluca. Yuuto se adentró en el pasillo de la primera clase, no sin antes ajustar su ropa y palpar sus pechos para ver si estaban perfectamente situados para poder ser bien vistos, y comenzó a servir la comida a los pasajeros. Por suerte, eran pocos y ya podía distinguir la cabellera de su amado Ikuto al final del pasillo. Llegó lo más deprisa que pudo y se paró finalmente frente a él. Estaba guapísimo. Yuuto sintió como un pequeño hilo de baba se deslizaba por su cara, que de seguro estaba descompuesta en una mueca de adoración y volvió en sí.
-Sumimasen. ¿Desea algo el caballero para tomar?
Cuando Ikuto viró su mirada hacia ella, sintió como su corazón se desbocaba ante tales ojos azules. Los ojos azules de Ikuto siempre la habían hipnotizado, y aquella vez, no sería menos. Sin embargo, se sorprendió al ver como el chico desencajaba su rostro abriendo mucho sus ojos y la boca.
-¿Señor…?
-Y…¡¿ Yuuto?!
La aludida abrió mucho los ojos. Sintió algo deslizarse por su cabeza y logró recuperar la peluca de tono celeste ya sobre su hombro izquierdo. Kumiko estaba enredada en los hilos de plástico, con los ojos en espiral. Seguramente se había agarrado muy fuerte y cuando su dueña se había tropezado con un niño que viajaba en primera clase, habría resbalado de su hombro y por tanto, deslizado la peluca con ella. Yuuto miró fijamente a Ikuto con el rostro desencajado. No pudo hacer otra cosa que quedarse ahí plantada, mirando a su amor platónico hasta que sucedió el Chara Change, apareció el enorme lazo sobre su cabeza y saltó a los brazos del joven.
-¡¡Ikuto-samaaa!!
