Fanfiction hijos del la grandisima perr* Otra vez me borran todo lo que escribo. Imbéciles.

Bueeeeno, ya me deshaogué.

Por favor lean abajo que mi paciencia está que mata a alguien ji ji 3


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No me dejes recordar

Capítulo Final

"MY DEAREST"

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A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante

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Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés

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Naruto abrió la puerta de la oficina de Tsunade sin tapujo alguno, recibiendo una mirada interrogante de Shizune y una no muy grata de la mujer rubia. Se adentró aún más en la habitación.

— ¿Qué estás haciendo aquí? Es martes, deberías estar en clases mocoso – dijo Tsunade, poniéndose de pie desde su asiento.

— ¿Es cierto' ttebayo? – indagó Naruto rápidamente, haciendo oídos sordos al comentario anterior.

Tsunade miró a Shizune y ambas sonrieron levemente.

— Si, Naruto-kun – respondió la morena – Sakura es compatible a la muchacha.

Naruto suspiró aliviado y se desordenó el cabello, incapaz de caber en su felicidad. Se acercó a Tsunade y la agarró por la cintura, haciéndola girar y después lo hizo con Shizune, obteniendo una reprimenda de la mujer mayor.

— Nunca crecerás, ¿Verdad niño? Diablos, eres igual a Jiraiya.

— La mala hierba nunca muere – contestó él, zafándose del agarre de la rubia - ¿Qué sigue ahora? ¿Qué tengo que hacer yo' ttebayo?

— Pues a menos de que tengas una licencia médica sólo eres un inútil, Naruto. Vete a clases y deja descansar a Sakura. Estará bien.

— ¿Puedo verla? Itachi dijo que se encuentra estable, ¡De verás!

— ¿Cómo sabe él eso? – preguntó Tsunade, frunciendo el ceño gradualmente. Naruto apretó los labios, así como cuando se chupa un limón.

— Eh… —Naruto dudó y miró hacia sus lados. Lo acababa de arruinar – Instinto, quizás. Los Uchiha son gente rara' ttebayo.

— Sólo sal de aquí, Naruto. Ya hablaremos de eso después.

Pese a los quince intentos de Naruto por ver a Sakura, Tsunade fue lo suficientemente persuasiva – por no decir agresiva – y despidió a Naruto en la entrada del hospital.

Ella apreciaba el interés y cariño que Naruto claramente entregaba, pero aquello no era suficiente para salvar a su sobrina. Tsunade no echó a Naruto debido a que Sakura debiese descansar, que aunque fuese cierto, no era la verdadera razón. Cuando a emergencias llegó una familia compuesta de tres personas, Tsunade tuvo que entrar a trabajar aun cuando sus energías raspaban los límites, las cuales terminaron por desplomarla cuando el padre de familia falleció en sus manos. Fue arduo y sumamente traumático salvar a la madre, ya que para ello tuvo que abrir su pecho y cerrar una herida que peligraba el corazón de la mujer de mediana edad, pero si eso fue difícil, entonces la muchacha fue su condena. Era joven, quizás rondando los catorce o quince años, y para lamento de muchos, ella se había atravesado el diafragma con un trozo de vidrio proveniente del vehículo en el que colisionaron. No había nada que hacer.

Salió de la sala de operaciones con el rostro pálido y el corazón destruido. Así se había visto Sakura cuando la ingresaron hace más de un mes ya.

No fue capaz de escribir la autopsia, por lo que Shizune tomó su lugar. Deambuló por diferentes pasillos hasta llegar al de su sobrina, pero sus deseos sólo llegaron hasta ahí pues sus piernas y su miedo a perderla la paralizaron en ese lugar, obligándola a regresar a su oficina.

Y entonces, cuando su frustración y pavor no podían empeorar, una voz se escuchó. La llamaban desde el otro lado con desesperación, y se aventuró a oír lo que tenían para ella sólo porque reconoció la voz de Shizune. No había tomado el pomo, pero eso no evitó que la puerta se abriera y que la morena entrara con agitación a su despacho, acompañada de la enfermera en turno de esa noche en la sala de cuidados intensivos.

Esperanza. Vana y cálida esperanza.

Una serie de papeleo entregaba aquello que los acaramelados ojos de Tsunade habían añorado leer con urgencia. La muchacha del accidente, aquella de piel joven y cuerpo de niña, llevaba por sus venas el mismo tipo de sangre que Sakura, y no solo eso, sino también que sus órganos estaban en perfecto estado. Ella era una donante universal.

Era un milagro, se dijo en ese momento. Tsunade se aferraba a creer que no era una simple coincidencia.

Se dio cuenta de que su teléfono marcaba rápidamente al del ahijado de su mejor amigo, Naruto Namikaze, quien por alguna inexplicable razón resultó uno de los pocos informados sobre este importante suceso. Tsunade creía que en espíritu Sakura le rogaba que se lo dijera a él antes que a cualquier otro.

Y así lo hizo.

Debió suponer que el muchacho se presentaría ante ella con la mayor prisa posible, pero estaba demasiado abstraída en sus propias ideas. Salvar a Sakura, ¿Era cierto ahora? ¿De verdad nada se interpondría esta vez? Un sabor agridulce a felicidad se esparció en ella.

¿Por qué todo había sido tan doloroso y fácil a la vez?

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Sakura humedeció sus desquebrajados labios y se corrió un mechón de cabello del rostro. Llevaba todo el día perdiendo el tiempo de una manera u otra, pero las enfermeras y Shizune se las había arreglado para tenerle un ojo encima y detenerla ante cualquier acción. No es como si ella fuera muy lejos en realidad, ya que sus movimientos se limitaban hasta el baño de la habitación para algo extremadamente puntual. Todo le dolía, en especial las piernas, ¿Por qué nadie le había dicho que tener relaciones dolía tanto? Apenas podía sentarse, y cada vez que miraba sus bragas se encontraba con manchas de sangre.

Aunque el recuerdo fuera algo bonito, a Sakura también la embriagaba de vergüenza, ¿Qué diría Tsunade, o sus padres, si llegaban a enterarse de que Itachi y ella…?

Imprudente. Eso sería lo primero que pensarían todos, y posiblemente le seguiría una serie de imágenes sugestivas sobre como ella y aquel hombre hicieron caso omiso a las normas básicas de la moral. Sakura río, a pesar de que le dolía físicamente hacerlo. Ella no se arrepentía de nada.

Regresó de limpiarse las piernas en el baño y no se sorprendió de ver a Shizune en la entrada. Sakura le dio una sonrisa e hizo un gesto relajado con la mano, acostándose de inmediato. Shizune la miró desde la silla junto a la cama y se cruzó de brazos.

—Necesito que te quedes acostada, Sakura-san —pidió con resignación. Aquella chica estaba recuperando sus energías con una inexplicable facilidad.

—Lo sé, lo sé —contestó Sakura como si no fuese la gran cosa, sonriendo —, pero entiéndeme, Shizune-san. Quiero aprovechar cada segundo, por corto que sea.

Shizune sonrió con nostalgia.

—Ten fe, Sakura-san —pidió ella. Aún nadie le informaba que un trasplante había llegado para ella, y es que no sabían cómo decírselo sin alterarla o emocionarla demasiado.

Tsunade pensó que lo mejor sería que fuesen sus padres quienes se lo dijeran, y Shizune opinó que esa era una buena idea. Esperaban que esa tarde Sakura ya supiera la buena nueva, razón por la cual debieron evitar que fuera Naruto quien abriera la boca esa mañana cuando insistió en visitar a la chica.

Shizune le hizo el chequeó típico a Sakura y se detuvo cuando notó ciertos manchones en las blancas sábanas. La miró con el ceño fruncido, confundida.

— Sakura-san, ¿Estás menstruando? —preguntó con seriedad. A Sakura se le colorearon las mejillas instantáneamente.

— Eh… sí, eso creo. Son los primeros manchones, supongo —la sonrisa nerviosa afloró en su rostro, pero Shizune no estaba pendiente de eso.

— ¿Por eso vas tanto al baño? —Shizune se llevó ambas manos a la cadera y suspiró —. Debiste habernos dicho.

— Fue hace poco —se excusó Sakura, moviendo las manos de manera graciosa.

— Igualmente. Iré a que te traigan sábanas nuevas y algo para que te cambies. Puedes ducharte por mientras, yo me encargaré de dejarte todo en el baño.

—Vale, gracias Shizune-san.

Sakura suspiró aliviada cuando ella salió de la habitación, soltando una risotada apenas se vio sola. De verdad no sabía lo que haría cuando realmente comenzara a menstruar. Era irregular, así que también sería una sorpresa para ella cuando eso pasara.

Sakura se dio una ducha y escuchó cuando Shizune le dejaba las cosas que necesitaba, vistiéndose de un nuevo camisón de hospital y ropa interior limpia. Insistió y casi discutió contra Shizune cuando le dijo que ella quería limpiar la ropa que había ensuciado, pero fue una batalla perdida. Lo único que consiguió Sakura fue una reprimenda y dos mejillas tan rojas como tomates.

La monotonía regresó después de eso, correspondiendo a un almuerzo liviano y a la teleserie de la tarde junto a la mayor de las enfermeras, la vieja Chiyo, quien era la que más malcriaba a Sakura en ausencia de su tía, Shizune y el resto de las enfermeras. Cuando la señora se fue para atender a otros pacientes, Sakura decidió echarse una siesta.

Aunque su estancia en el hospital era simple y repetitiva, ella admitía que las cosas ya no estaban tan mal. Apenas recordaba bien su vida desde que despertó, y es que desde su intento de suicidio todo pasó a ser blanco y negro, con escenas de momentos vividos. Esto era lo que le quedaba a Sakura; una simple habitación de hospital y la vana esperanza de salir viva de allí.

Estaba dormida cuando la puerta fue abierta e ingresaron tres personas al lugar. Los padres de Sakura vieron a su hija dormir y se le acercaron con cuidado, vigilados por Tsunade.

— Quizás no sea buena idea despertarla —expuso Kizashi, acariciando la cabeza de Sakura.

— Tu hija duerme todo el día —repuso Tsunade, con una relajada sonrisa —. Anda, despiértala. Ya verás que en cinco horas más estará completamente dormida otra vez.

— Eso lo sacó de ti —comentó Mebuki con fascinación, observando cómo los ojos verdes de Sakura comenzaban a abrirse perezosamente —. Hola preciosa, ¿Cómo te sientes?

— ¿Mamá…?

— Hey, hola.

Sakura se incorporó en la mullida cama y miró a las tres personas junto a ella. De verdad le sacaba de quicio que la despertaran, pero se reprendió a si misma cuando captó que estaba de mal humor. Eran sus padres, y les debía paciencia.

— ¿Ya es hora de visita? – preguntó, aclarándose la voz.

— Algo así – respondió Tsunade, sentándose al lado de Sakura con una sonrisa segura.

Sakura no comprendió y dirigió su mirada al pequeño reloj sobre la televisión en la pared. Marcaba las tres y media de la tarde, y ese definitivamente no era el horario de visitas todavía. Se dejó abrazar por su madre.

— Te he extrañado tanto, Sakura.

— Mamá…

A Sakura aún le pesaban sus recuerdos, y tenía memorias no muy gratas de momentos con su madre, pero, ¿Seguía teniendo ese rencor? En el fondo ella no quería sentir resentimiento por algo que apenas podía retener en su mente, no después de sentir los cálidos y delgados brazos de su madre en torno a su cuello, y la mirada de su padre detrás de su cabeza. No quería sentir el más mínimo odio si ya su vida se escapaba. Quería amarlos.

Le devolvió el abrazo con suavidad.

— ¿Qué pasa? – preguntó en un delicado susurro cuando sintió las lágrimas sobre la piel de su hombro. Su madre temblaba de pies a cabeza.

— Todo va a estar bien, hija.

Sakura se separó un poco y ladeó el rostro, intentando ver la cara de su progenitora.

De acuerdo, el optimismo nunca esta demás, en especial cuando viene de un padre. Sakura no era lo suficientemente tonta como para creer que todo estaba bien, pero tampoco era un ser cruel que rompía esperanzas ajenas. Asistió con la cabeza, concordando en un silencioso pacto lo que su madre decía.

Todo iba a estar bien.

Mebuki soltó a Sakura y casi imperceptiblemente se alejó de ella, apoyándose en el abdomen de su esposo, quien estaba a sus espaldas. Kizashi puso ambas manos en los hombros de Mebuki, presionándolos con suavidad para adquirir valor. Ambos sonrieron, sin dejar de ver a su expectante hija. Por un leve segundo Sakura imaginó una serie de respuestas para la extraña actitud de sus padres y de Tsunade; uno de esos fugases segundos en los que las sinapsis del cerebro superan los patrones normales de actividad. ¿Por qué ellos se veían tan… tranquilos?

— Sakura —quien habló fue Tsunade, cuya presencia era la más omnipotente de toda la estancia. Se cruzó de brazos con una sonrisa altanera y segura, de esas que demostraban absoluta confianza —hay noticias para ti.

El corazón le palpitaba deprisa, casi doliéndole. Sakura lo supo antes de que alguien lo dijera, o quizás incluso antes de que las palabras se formaran en la mente de Tsunade.

— ¿Acaso…? —la voz le tembló y sus ojos verdes buscaron la respuesta antes de terminar de hablar. Su padre lo notó primero.

— Si —confirmó él, atrayendo la atención de Sakura —. Ya hay un donante, cariño.

El corazón le dolió mucho, pero la sonrisa en la cara de Sakura opacó todo el malestar hasta desaparecerlo. Y no solo el dolor, sino también la desesperanza.

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Sasuke aparcó el vehículo frente a la tienda y retiró las llaves, acomodando el asiento para recostarse mientras esperaba. Era poco más de las cinco de la tarde y el calor de la primavera estaba asechando con asarlo vivo al interior del auto, pero era mejor quedarse dentro de él que bajarse y esperar bajo el sol. Cruzó los brazos sobre el pecho y giró el rostro hacia la tienda al otro lado de la calle, ansiando ver a quien lo tenía impacientemente haciendo tiempo muerto. Después de dos minutos lo vio salir de la dichosa tienda, andando con un caminar pausado. Abrió la puerta y se sentó de copiloto, lanzando un paquete al asiento posterior del auto.

— ¿Hay algo más que hacer? — preguntó Sasuke, dándole marcha la motor.

— Hm, no. Vamos al hospital.

Itachi no era de andar pidiendo favores a muchas personas, pero sabía que Sasuke le sacaría en cara si no solicitaba su ayuda. Habían ido a la salida de clases por el arreglo de flores para Sakura, puesto que ya se había hecho típico llevarle unas cuantas rosas, lirios o claveles para su estancia en el hospital. Ese día – excepcionalmente –, Itachi tuvo que quedarse hasta las cinco en la universidad haciendo un trabajo con Kisame y el resto de su grupo, trabajo del que no podía excusarse más. Debido a esto él iba a retrasarse y a perder el horario de visita de Sakura, lo que definitivamente no quería. Sasuke fue su primera alternativa, ya que su hermano, a diferencia de él, sí podía conducir. No es que no tuviera licencia o vehículo, sino que carecía de una visión completamente desarrollada. Aún no era seguro exponer sus ojos recién operados.

Sasuke condujo en un cómodo silencio hasta el hospital, no demorando más de quince minutos en llegar. Ambos descendieron del auto y accedieron a los blancos pasillos del lugar, recorriéndolos más por costumbre que por otra cosa. Cuando llegaron a la sala de espera se toparon con un pequeño grupo de personas más que esperaban por ingresar a ver a la chica. Sasuke reconoció a Ino y Hinata a la distancia, sospechando inmediatamente la ausencia de Naruto en ese grupo.

Los dos hermanos se sentaron frente a los chicos y sólo entonces intercambiaron miradas entre ellos.

Ino se levantó del asiento como si de repente éste quemara. Miró a Itachi primero y luego a Sasuke, llevándose la mano al pecho en forma de amparo. Se limpió la voz antes de hablarles, demostrando con su acongojado rostro si debía hacerlo o no.

— ¿Ya… ya saben?

Sasuke e Itachi dedujeron que se refería al trasplante. Ambos asintieron con la cabeza y Sasuke le sostuvo la mirada a Ino, apreciando lo rojos e hinchados que estaban sus ojos.

— Naruto nos contó hace un rato —contestó Sasuke, acomodándose en el asiento y cerrando los ojos. Ino suspiró un tanto aliviada y regresó a su asiento junto a Hinata.

— Naruto-kun está adentro con Sakura-san ahora —habló Hinata, capturando la atención de los dos hermanos —Llego antes que nosotras dos.

— Hm, ya me lo sospechaba.

Las dos chicas se enfrascaron en una conversación propia y dejaron a Itachi y a Sasuke a solas. Habían pasado unos diez minutos desde que ellos habían llegado, y no había señales de que Naruto fuera a salir de la habitación por lo pronto. Eso comenzó a fastidiar a Sasuke un poco, quien nunca fue conocido por tener demasiada paciencia.

— Iré a ver por qué se tarda tanto —comunicó a su hermano, quien lo detuvo al poner su amplia mano sobre su hombro.

— Naruto-kun ya saldrá, Sasuke. Sabía que tú y yo vendríamos.

— El horario de visita termina en veinte minutos —insistió el menor, tomando asiento nuevamente.

Itachi apuntó con su dedo índice hacia la puerta de Sakura, guiando los ojos de su hermano en aquella dirección. Sasuke observó calmadamente como Naruto entreabría la dichosa puerta y asomaba la mitad de su cuerpo. Los cuatro en la sala de espera se pusieron de pie y se aproximaron al rubio, quien les indicaba con su mano que se acercaran. Tenía esa típica sonrisa zorruna en el rostro.

— Sakura-chan los está esperando a todos' ttebayo —dijo, dando espacio a través de la puerta. Itachi y Sasuke dudaron en entrar una vez que las otras dos jóvenes lo hicieron, pero Naruto no les dio demasiado tiempo para dudar — ¿Qué están esperando?

Itachi asintió en silencio e ingresó, seguido de un no muy conforme Sasuke. Naruto cerró la puerta una vez que el último entró y se redirigió hacia Sakura.

Ella estaba sentada en la camilla, como ya era usual. Su piel estaba algo más blanca de lo común, pero sus mejillas mantenían aún algo de color. Sus renovados ojos verdes miraron a cada uno de los presentes, deparando en uno específicamente. Itachi le sostuvo la mirada hasta que ella misma se sintió cohibida.

— ¿Cómo te has sentido, Sakura-san? —Hinata tomó la mano de Sakura y dio un apretón, entregándole su apoyo.

— Bien —contestó, devolviéndole la sonrisa —Mejor que nunca, en realidad.

— Sakura… —Ino se le aproximó con cautela; cuan niño a un ave —Entonces, ¿Es cierto? ¿Lo han conseguido?

Con una sonrisa aflorando a lo largo de sus mejillas, Sakura extendió su mano para que Ino la tomara. La calidez y frescura de Ino se traspasó hasta ella, dándole de lleno.

— Sí. Me operarán mañana.

Ino chilló de gozo y se desplazó por el brazo de Sakura hasta llegar al cabello rosáceo de su amiga. Hundió el rostro y río al unisonó de Naruto y la mismísima Sakura, quien abrazaba el delgado cuerpo de Ino. A esas alturas Hinata ya tenía los ojos vencidos por las lágrimas.

— ¡Vas a vivir, frentona!

— ¡Por supuesto que sí! —exclamó Sakura, separándose de Ino y mirando sus azulados ojos — ¿Creíste que iba a dejarte sola, cerda?

—Ni te atrevas a intentarlo. Jugaré ouija para buscarte en el auténtico limbo si es necesario.

Ambas se separaron completamente, mirándose casi con melancolía. El siguiente abrazo que Sakura recibió fue el de Hinata. Era radicalmente distinto al de Ino, puesto que la chica irradiaba una paz infinita y un confort inigualable; lo más cercano a un ángel. Sakura aprovechó de disfrutar la suavidad del cabello negro de ella y perderse en esa franquicia a lavanda tan característica de Hinata. Añoraba tanto ese tipo de gestos propios de su amiga, que a Sakura se le oprimió el pecho.

— Estoy tan feliz de que estés aquí, Sakura-san —susurró contra su nuca, y Sakura asintió con la cabeza en consentimiento del mismo sentimiento.

— Gracias por quedarte conmigo, Hinata.

Sasuke e Itachi dieron un paso al mismo tiempo cuando vieron que Sakura ya no era sujetada por Hinata, quedando ambos a los pies de la cama. Sakura los miró y sonrió divertida al ver que actuaban tan similarmente sin darse cuenta.

En un acuerdo silencioso Itachi le dio pasó a Sasuke hasta Sakura, el cual se sentó ante la chica y se cruzó de brazos. Él carecía por completo de la personalidad entusiasta y sentimental del resto de sus amigos, pero eso era algo que Sakura conocía bien y que no requería explicación. Ella tomó la mano de Sasuke y esperó a que él la sujetara por propia voluntad; dejando que la habitación se llenara por la charla que Ino, Naruto y Hinata comenzaban a tener. Cuando Sasuke sintió que nadie les estaba prestando demasiada atención apretó la mano de ella y se sonrieron mutuamente.

Sin palabras ni sonidos, Sasuke le dio a entender a Sakura que estaba ahí. Cualquier frase que abandonara los labios de él en ese instante estaría de más, pues una sola mirada; un leve cruce de ojos, era todo lo que Sasuke Uchiha podía trasmitir, y también todo lo Sakura Haruno podía esperar. Para los dos, eso era suficiente y estaba bien.

Al soltar su mano, Sakura sintió que algo se desprendía muy dentro de sí misma. Tantos años de amarlo en secreto, de haber sonreído y llorado por él; de haber querido vivir y morir únicamente por ese chico, de repente se hizo liviano… como el aire. Ya no le pesaba tanto el recuerdo de antes, y como si de una pesadilla se hubiese tratado, Sakura despertó de aquella idea errónea de amar. Se enamoró de Sasuke Uchiha, ahora lo aceptaba como tal, más aquello se sentía tan sutil y neutro que si lo dijera en ese preciso momento, de seguro su lengua flotaría diez metros sobre ella. Se dio cuenta de que lo que ella quería de Sasuke no era su frialdad ni su extenuante esperanza de ser correspondida. No. Ella amó y apreció rasgos de la verdadera personalidad de él; rasgos que solo se podían ver en el silencio del muchacho y en su amable mirada.

Sasuke no era una mala persona. Era serio, poco paciente, y hasta cierto punto, un amargado. Pero era amable y cortes, y aunque nadie lo valorara, él era sin lugar a dudas la persona más noble que Sakura tuviera la oportunidad de conocer. Ella lo quiso así; con todo y sus defectos.

Cuando Sasuke se levantó de la cama sus ojos aún hacían contacto con los de ella. Negro contra verde. Sakura sintió que aquel desprendimiento se acentuaba en su mano y su pecho tan pronto como él se alejaba de ella. Ya no había rencor ni tristeza en su corazón, sino alivio y esperanza.

Se sintió libre, y eso se lo iba a agradecer a Sasuke hasta el día en que muriera.

Le daba las gracias por estar ahí. Por siempre haberlo estado pese a todo.

Sasuke apoyó la mano en el hombro de su hermano y le incentivó a acercarse a la chica. Itachi observó como una imperceptible sonrisa acaparaba los labios de su pequeño hermano, y ante tal inusual y relajado gesto impropio de Sasuke, Itachi dio paso hasta Sakura.

Al igual como hizo Sasuke, Itachi se sentó frente a ella en la cama, recibiéndola cuando Sakura hundió el rostro en su pecho. Cerró los ojos y apoyó el mentón sobre la cabeza de Sakura, sosteniéndola por la cintura.

Ino, Naruto y los demás se quedaron en silencio un momento, observando aquella escena. No servía de nada ocultarlo a esas alturas, y aunque se muriera de vergüenza al saberse observada, Sakura empinó su rostro en búsqueda de la mirada de Itachi, encontrándola prontamente. Tan oscura, serena y madura… tan gentil en realidad. Sakura gozó cuando él la acunó en sus brazos y apoyó la mejilla contra su frente, agradeciendo por primera vez tener la frente tan amplia para recibir toda la calidez que la piel del muchacho era capaz de trasmitir. Ella lo tomó suavemente por la camisa blanca que llevaba puesta y quedó prendida de él por completo, disfrutando de esa seguridad que muchas veces antes había buscado en otras personas.

— Van a operarme mañana —dijo ella lo suficientemente alto como para que el resto de los presentes oyera. Abrió los ojos y observó a sus amigos desde el pecho de Itachi, aferrada como una niña —. En este momento están arreglando todo.

— ¿A qué hora será la operación, Sakura-san?

— Al medio día' ttebayo —contestó Naruto a Hinata, sonriendo suavemente —. Podríamos venir en grupo mañana.

— Si, me parece buena idea —acotó Ino con la mano puesta en el mentón, como si analizara algo — ¿Cuándo te darán de alta frentona?

Sakura dio un ligero respingo y dirigió su mirada al suelo. Sus amigos estaban omitiendo parte fundamental de la operación.

Sakura era completamente consciente de su situación. Cada célula que la conformaba se lo decía a gritos. Era complicado operarla por la debilidad de su cuerpo; de su sistema en general. Incluso el hecho de anestesiarla implicaba cierta preocupación para los médicos, tal como se lo había dicho Tsunade.

El corazón le dio un vuelco doloroso y Sakura gimió en lo bajo.

¿Cómo iba a decirle a sus amigos que la probabilidad de éxito apenas rozaba un doce por ciento? Ya de por si era difícil para ella, entonces, ¿Cómo decírselo a ellos? Sakura suspiró mientras se formaba una sonrisa suave en su rostro.

—Antes de que siquiera puedas extrañarme, cerda —contestó.

Ino, al oír la respuesta de Sakura, revivió su ánimo, alentando a Naruto y a Hinata también.

Itachi la presionó un poco más contra sí y besó su cabeza, dándole el desahogo que tanto necesitaba ella en su disimulo. Sakura acarició los brazos de él y lo miró, besando la punta de su perfilada nariz.

— No tiene porque ser una mentira —le dijo Itachi en un imperceptible susurro. Nadie, a aparte de Sasuke, se dio cuenta de que Sakura dudaba de la operación —. Todo estará bien.

Sakura río: —He escuchado eso como veinte veces este día.

— Entonces comienza a creértelo, Sakura.

Una enfermera ingresó al cuarto e indicó que el tiempo de visita ya había acabado. Sin mucho ánimo, los jóvenes se despidieron de Sakura y comenzaron a evacuar la estancia, siendo Itachi el último ahí dentro.

Apretó su mano con firmeza, y Sakura en respuesta aprisionó entre sus dedos los de Itachi.

—Te veré mañana antes de la operación. Intentaré hablar con tus padres para que me dejen verte.

—Sí, está bien —dijo ella, casi esperando que él jamás le soltara la mano. Sintió como la garganta creaba un nudo y sus ojos empezaban a humedecerse.

Itachi la tomó por la mejilla.

— Sakura…

— Lo sé, lo sé —anticipó ella, secándose la lágrima que repentinamente abandonó su ojo derecho —. Solo estoy algo nerviosa.

La enfermera de antes apresuró a Itachi dentro de la habitación, y él pacientemente aseguró que ya saldría de ahí. Volvió sus ojos a los de Sakura.

Si por algo era conocido Itachi era por su inteligencia y perspicacia. Sakura era un completo libro abierto y él podía leer cada uno de sus gestos. Itachi la besó sin darle tiempo para que ella se diera cuenta y se alejó tan pronto como se acercó, haciendo que la aturdida de Sakura lo observara con sorpresa.

— Pase lo que pase mañana voy a quedarme contigo, Sakura.

Ella, con las pupilas contraídas y la boca entreabierta, comenzó a llorar.

— Si muero mañana no tendrá sentido —gimió con la garganta seca.

— Vida y muerte son dos estados —explicó él, abrazándose a Sakura —. Si algo me enseñó mi primo Shisui es que es la muerte no es una separación.

— Pero no podré volver a verte —Sakura ya era prisionera de la lágrimas y la angustia; incapaz de soltarse de Itachi —. Tengo miedo, Itachi-kun.

—Entonces ten miedo, terror, pánico… Nadie dijo que debías ser valiente sola. Estamos todos aquí por ti, Sakura.

Sakura se rompió en un mar de llanto. La enfermera no apresuró más a Itachi y dejó que la chica se quedara un rato más con él. Naruto, Sasuke y las dos chicas oyeron parte de la conversación entre Itachi y Sakura, y fue inevitable que algo de ellos se quebrara junto con la chica de cabello rosa. Ino se atragantó con sus propias lágrimas y cayó al suelo con el cuerpo temblándole de tristeza y miedo.

Estaba compartiendo el mismo miedo que Sakura.

Hinata comenzó a hipar y Naruto la abrazó mientras ocultaba su desolado rostro en el cabello de ella, humedeciéndolo con sus propias penas y temores. Sasuke se apoyó contra el muro y ladeó el rostro, observando por la puerta como Sakura se desvanecía en los brazos de su hermano. Aquella imagen le afectó más de lo que nunca iba a admitir.

El único que se mantenía sereno era Itachi. Tenía la vista en un punto muerto de la almohada de ella, sujetándola mientras se descompensaba entre sus brazos, ¿Qué más podía hacer o decirle? Él tenía miedo a un nivel descomunal, pero no quería asustar más a Sakura, por lo que simplemente forzó el entrecejo y cerró los ojos.

— Cuando te den de alta iremos a tu casa y conoceré a tus padres como es debido —susurró con su grave voz lo más suave que pudo —. Luego iremos donde tus amigos y yo te presentaré a los míos.

Sakura tiritaba de pies a cabeza. La idea le sabía dulce como una nube, pero así también muy lejana.

— Itachi…

— Te llevaré a mi casa y le diremos a mi madre que eres mi novia —continuó él, enumerando cientos de acciones que Sakura ansiaba poder tener —. A mi padre sé que le agradarás.

— Itachi, yo…

— Y en un par de años, si tú todavía me quieres, te llevaré a vivir conmigo. Solamente tú y yo.

Y no lo soportó más.

Sakura gritó y lloró como si la vida se le fuese en ello. Necesitaba más de Itachi, puesto que el abrazo se le estaba quedando pequeño en medio de aquellos sentimientos.

Ella quería eso; quería estar con él, vivir con él y para él, hablarle en las mañanas antes de partir a la universidad o al trabajo, llegar a amarse tanto como lo amaba a él.

Sakura solo quería estar con Itachi hasta la vida se le escapara del cuerpo.

— Itachi-kun… —susurró ya un poco más calmada, distanciándose de él hasta que sus ojos se miraron. Fueron un par de segundos de mutua observación hasta que los resecos labios de ella se abrieron —. Quiero vivir.

Itachi sonrió y tomó su mano, enlazando sus dedos.

— Quiero vivir —repitió un poco más alto, ocultando sus ojos con su mano libre e hipando descontroladamente —. Quiero estar contigo, y con mis padres. Quiero graduarme con mis amigos y… y…

Nuevamente gimió y sintió un nudo en la garganta.

— Solo quiero… vivir —susurró desgarradoramente. Itachi la besó.

— Por supuesto que lo harás.

— Itachi —Sakura chocó su frente con la de él —. Gracias.

Él dejó salir todo el aire de sus pulmones y le sostuvo la mirada. Sakura en ese lapsus logró encontrar las pupilas de Itachi y perderse en ellas.

— Te veré mañana, cerezo.

— Si.

Un último beso marcó la despedida de Itachi, quien abandonó la habitación sin ver hacia atrás. A la salida se topó con Sasuke, Naruto y los demás. Solamente su hermano lo miró en ese momento.

— Itachi…

— Vámonos a casa, Sasuke —interrumpió el mayor de los hermanos, emprendiendo marcha y despidiéndose del resto de los presentes.

Sasuke solo bufó y siguió a su hermano después de chocar puños con Naruto y despedirse con la mirada de las dos chicas y la enfermera. Iba detrás de él, observando como el largo cabello de Itachi se movía con cada paso que él daba. Cuando llegaron al auto, Sasuke quitó el seguro y se sentó frente al manubrio, introduciendo la llave a cerradura mientras Itachi se sentaba a su lado.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver como Itachi ocultaba de manera precaria las lágrimas de sus ojos. Era la imagen de la más absoluta debilidad, y eso Sasuke no sabía cómo combatirlo. Itachi gruñó y apoyó su pulgar y su meñique en sus sienes, ocultando sus ojos de Sasuke.

Tragando grueso y con cientos de idea en la cabeza, Sasuke estiró su mano con intenciones de tocar a su hermano, pero no llegó a hacerlo. Su mano quedó en el aire, a tan solo centímetros de rozar la camiseta de Itachi. Su cuerpo comenzó a temblar imperceptiblemente y el aire comenzó a faltarle de repente. La única vez que había visto a su hermano así de mal había sido un par de horas antes del funeral de Shisui.

— Hermano…

— Arranca, Sasuke —ordenó Itachi, ladeando el rostro hacia la ventana para que Sasuke no lo mirara —. Nos están esperando en casa.

Sasuke hizo sonar su lengua contra los dientes y aferró ambas manos al volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos y comenzaron a dolerle. Su ceño se frunció y una mueca de fastidio se apoderó por completo de su rostro. El ambiente se había puesto tenso y algo desesperanzador.

— Sakura es una molestia —dijo, soltando el manubrio y recostándose en el asiento con la mirada puesta en el techo. Itachi de reojo lo miró —. Esto no es suficiente para acabar con ella. Es más terca de lo que crees.

— Hm.

Itachi se recostó también el asiento y puso su antebrazo sobre sus ojos, secándose las escurridizas lágrimas y meditando. Sasuke tenía razón; él la conocía desde hace más tiempo y no tenía razones para mentirle, pero, ¿Qué pasa si su pequeño hermano solo decía eso para confortarse a sí mismo? Itachi vio que Sasuke tenía los puños apretados sobre su regazo y que su respiración se había hecho más profunda. ¿De qué servía hacerse el duro? Estaba convencido que si le preguntaba a Sasuke si tenía miedo, él iba a dar señas de que así era.

— Itachi —llamó Sasuke suavemente, casi separando las sílabas — ¿Por qué ella?

Ambos se miraron y se quedaron así un rato. ¿Por qué ella? Era una buena pregunta. Había muchas razones por la que era Sakura Haruno y no otra. Solo ella había tenido el valor de acabar con su propia vida, lo cual a pesar de ser muy criticado en la sociedad, en la práctica requería de una fuerza de voluntad muy alta; en realidad, no todo el mundo puede cometer un suicidio, pero ella sí pudo… o al menos lo intentó, puesto que no llegó a morir. Sakura era valiente. También está el hecho de sobrevivir, ¿Cuántas personas pueden decir lo mismo? Definitivamente muy pocas, y ella estaba entre esas. Sakura era fuerte. Itachi en ese corto tiempo conoció a una chica inteligente y de buenas intenciones, cuyo único pecado fue haber tenido demasiado miedo a un mundo donde la gente es cruel y la locura espera por invadir cada corazón; aun con eso y todo, ella supo encontrar algo bello en las personas. Sakura era bondadosa.

Itachi podía crear una lista de rasgos sobre Sakura y explicar por qué ella, pero la respuesta era más simple que una serie de palabras bonitas.

Sasuke se sorprendió al ver a su hermano medianamente sonreír.

— Porque este mundo necesita de alguien con la esencia de Sakura, y yo pertenezco a este mundo. La necesito, Sasuke.

La respuesta hizo que el más joven abriera los ojos ampliamente y que las palabras murieran en su boca. Sus manos comenzaron a relajarse hasta dejar de ser apretados puños.

— Hm —Sasuke bufó y sonrió mientras cerraba los ojos. Dio marcha al motor y observó a su hermano nuevamente —. Entonces, ¿La necesito yo también? También pertenezco a este mundo.

— ¿Estás aquí por ella o no?

— Si, lo estoy.

— Te acabas de responder solo, Sasuke.

El auto emprendió marcha hacia la salida del hospital. En el trayecto de regreso a casa ninguno de los dos inició una conversación.

A tan solo una calle de llegar su hogar, Sasuke dio un rápido vistazo a Itachi, quien iba con el mentón apoyado sobre su mano y la mirada distraída a través de la ventana. Las ojeras bajo sus ojos se había acentuado y su piel estaba de un color algo amarillento, como la de un enfermo.

Aunque su hermano se haya convencido de que Sakura era necesaria para el mundo y para él mismo, eso no quitaba los otros sentimientos que Itachi con su sereno rostro intentaba ocultar.

Él lo ignoraba, o quizás evitaba admitirlo, pero Sasuke lo sabía.

A Itachi le preocupaba la idea de estar enamorándose de un fantasma.

.


.

Cuando ya la noche había tendido su manto sobre el cielo y las enfermeras cambiaron su turno, Sakura se enderezó en la cama. La luna apenas brillaba y era opacada por la luz al interior de la habitación, por lo que ella optó por apagar todo y sumirse en la serenidad de la noche estrellada.

Su corazón no había estado controlado en toda la tarde desde que se quedó sola en aquella blanca sala de hospital; divagando en ideas de un futuro próximo y una operación fallida. Ambas eran la cara de una misma moneda.

Sabía que debía dormir, pero la ansiedad no la dejaba descansar como era debido.

Sus expandidas pupilas se dirigieron a la puerta de la habitación cuando esta fue abierta. Sakura no tardó en reconocer la silueta y medio sonrió al ver como aquella sombra se le acercaba hasta la cama.

— Siempre has tenido la manía de estar despierta en las noches, Sakura.

— Será que lo aprendí de ti —contestó ella fingiendo enfado, pero la sonrisa burlona se extendió por su cara acabando con aquella mueca.

— Nunca he sido el mejor ejemplo en ese sentido —rió Tsunade, sentándose a los pies de la cama con los brazos cruzados sobre su pecho —. ¿Te sientes bien?

— Claro —respondió, sintiéndose cohibida por la seria mirada de su tía —. Okey, quizás estoy algo nerviosa. Nervios de novia, supongo.

— Sentí los mismos nervios cuando aposté dos meses de mi sueldo a un estúpido caballo en el hipódromo. Tu tío Dan me confiscó las tarjetas de crédito hasta que me puse a llorar.

Sakura río con ganas recordando la anécdota, ¿Por qué Tsunade habrá creído que el caballo más flacucho iba a ser el ganador? Solo en las películas pasaban esas cosas.

El pecho repentinamente se le oprimió y el gesto de dolor no pasó desapercibido para los ambarinos ojos de Tsunade, quien se puso de pie y sujetó a Sakura del hombro para que la mirara.

— ¿Han aumentado los malestares, cierto?

Sakura, relajando los hombros y con la resignación aflorando en su rostro, asintió con la cabeza.

— Ya ni siquiera puedo fingir que no me duele.

— Ya veo.

Tsunade encendió la luz del dormitorio y utilizó un estetoscopio para oír los latidos de Sakura. Eran irregulares y débiles; alarmantes hasta cierto punto.

— Sonará cliché —dijo ella, quitándose el instrumento médico de los oídos —, pero deberías dormir.

— Lo intenté hace un rato, pero ya te imaginarás lo que pasó.

— Tienes unos nervios como los de tu madre. Ella se estresa con facilidad.

— Y no la has visto cuando menstrua. Yo soy un dulce gatito en comparación.

El bufido burlón murió en sus labios pintados de rojo al ver como Sakura frágilmente retomaba su posición en la cama. Era como ver a una debilitada niña luchar contra algo de lo que no podía protegerse. La tristeza la embarcó de pies a cabeza.

— Dime algo, por favor —pidió Sakura, con la vista perdida al otro lado de la ventana. Tsunade rodeó la cama y se apoyó contra el muro próximo a la vidriera.

— ¿Qué quieres saber?

— Si yo viviera mañana… ¿Cuáles serían las consecuencias?

Tsunade la miró de reojo y luego ladeó el rostro para observar la pálida luna.

— Ya no podrás realizar actividades extenuantes —contestó en un resopló, cerrando los ojos —. Los ejercicios físicos deberán ser controlados según tu rehabilitación.

— ¿Qué más? ¿Podré seguir estudiando?

— Claro Sakura; podrás ingresar a la Universidad y todo eso —dijo Tsunade rápidamente, como si hubiera preguntado algo demasiado obvio. Cruzaron sus miradas.

— ¿Podré… podré vivir muchos años más? —Sakura se apoyó en uno de sus codos y alzó el rostro, impidiendo que los sorprendidos ojos de su tía dejaran de verla.

— Sakura…

— No pido muchos años… Unos diez serían bastantes, o quizás unos quince…

Tsunade mordió su labio y ahogó una maldición en su mente. Solo desvió sus ojos de Sakura un par de segundos, y para cuando volvió a observarla apreció la resignación y la tristeza en el joven rostro.

— Si te cuidas y sigues todo al pie de la letra, sin omitir ninguna restricción, podrían ser hasta cuarenta años, Sakura —contestó Tsunade. Sakura la miró con los ojos abiertos de par en par.

— ¿Cuarenta… años?

— Si. Incluso un poco más.

La sonrisa de la chica se extendió con premura por su cara, mas comenzó a decaer al ver que Tsunade no compartía el mismo júbilo que ella. Sakura comprendió que cuarenta años era excesivamente mucho tiempo para una situación como la de ella, y que los sacrificios que esos años pesaban debían tener un costo.

— ¿Qué tengo que hacer para vivir todo ese tiempo? —preguntó con la voz hecha un hilo. Tsunade se esforzó en oírla.

— Es que no deberás hacer, en realidad.

No fue necesario que se lo explicara. Sakura dedujo de inmediato a dónde su tía quería llegar.

— Entonces ya no podré hacer actividades que aceleren mi corazón, ¿Es eso, cierto? —aventuró ella, casi anticipando la respuesta.

— Exactamente.

— Nada de deportes extremos o fiestas hasta la madrugada —comenzó a enlistar. Tsunade solo asentía con la cabeza —. Tampoco podré tener hijos, ¿verdad?

Eso fue algo más duro para Tsunade, quien con mucha fuerza de voluntad abrió la boca.

— Tu cuerpo no lo soportará. No es solo tu corazón, Sakura —explicó ella, acercándose a su ahijada —. Tus sistemas, en general, se encuentran devastados. Tu hígado y tu sistema renal funcionan apenas; no sería complicado que en unos cuantos años pierdas un riñón. Y lo de tener un hijo… Bueno, ya deberías imaginar la cantidad de sangre que bombea el corazón cuando está acelerado; un parto es una labor de cuerpo completo.

— Si, eso creí —dijo con la voz temblándole. Nunca pensó que todo en ella estaba tan quebrado. Se mordió la lengua para no llorar.

— Cada acción que signifique un bombeo irregular en tu corazón podría ser un peligro. Si solo fuera un trasplante de corazón quizás las cosas cambiarían, pero eso tan solo es una parte del problema. Tu sistema nervioso también está inestable.

— ¿Significa eso que estoy loca? —preguntó con amargura. Tsunade declinó la idea.

— La locura es aún más atemorizante y no es algo que la simple medicina pueda sanar, mi querida chiflada —molestó la mayor, acariciándole el cabello —. Pasará lo que tenga que pasar, Sakura. Será decisión tuya dejarte vencer por una vida aburrida o disfrutarla de una nueva manera.

Sakura apreció las palabras de su tía y sujetó las manos de ella cuando Tsunade la tomó por las mejillas.

— Si, tienes razón. De todas formas nunca fui muy buena con eso de hacer deporte.

— Eso también lo aprendiste de mí.

Tsunade acarició el rostro de Sakura antes de abandonar la habitación y dejarla dormir, prometiendo regresar por ella a la mañana siguiente para prepararla para la operación.

Sakura le alzó el pulgar desde la cama.

— Mas te vale no dejarme un cicatriz fea —le dijo con aire desafiante. Tsunade alzó una ceja y la retó con la mirada.

— Quedarás asustada de lo bien que quedará, mocosa.

Y así Sakura quedó sola, adormeciéndose con una sonrisa lo suficientemente pacífica como para no tener pesadillas en toda la noche.

Muchas veces había oído antes de suicidios adolescentes. Averiguó sobre técnicas, lugares y otras personas que hayan pasado por experiencias similares. En aquel momento no se sintió sola, e incluso creyó que sus problemas no eran nada en comparación al de otras personas. Y aún así consiguió el valor de intentarlo.

Como idea era bastante fácil. Un pote de somníferos, una abundante dosis de alcohol y un sueño eterno. No habría nadie más allá en su quimera de bien y mal; de oro y diamantes.

Pero despertó.

Tuvo la oportunidad de olvidarlo todo; de iniciar de cero, pero su corazón le impidió ceder al abandono de parte de sus recuerdos, y como nebulosas imágenes, ella recogió los fragmentos de lo que alguna vez fue Sakura Haruno.

Y lo conoció a él. Aquel que en medio de la total confusión le tendió la mano y una mirada; aquel cuyos ojos vieron más de lo que nadie jamás hizo. Itachi Uchiha.

Cuando Sakura fue despertada a la mañana siguiente por las enfermeras y por Tsunade, sus ojos se encandilaron con la iridiscente luz del sol contra los objetos metálicos de la habitación. Aunque había mucho movimiento y ruido a su alrededor, Sakura se mantenía en ese sueño. Todo era demasiado brillante para sus ojos.

La bata del hospital, la silla de ruedas para el traslado, la malla para su cabello. Ya todo estaba listo.

— Tus padres están afuera, Sakura-san —informó Shizune en medio del caos al interior de la habitación de Sakura, quien la observó por sobre su hombro y le sonrió.

Shizune no reaccionó de inmediato, sino que se quedó ahí con el cuerpo congelado. La mirada de Sakura era teñida con la luz del sol que se filtraba desde la ventana frente a ella, haciendo que por un fugaz segundo, ella y su sonrisa dulce y melancólica se hicieran traslúcidas.

Como una esencia.

Shizune parpadeó dos veces seguidas y volvió en sí cuando Sakura le dio la espalda y comenzó a distraerse con la vista desde la vidriera. Abandonó el dormitorio y tragó grueso. Sus ojos imperceptiblemente se humedecieron cuando sintió un vació en su pecho y todo era debido a la imagen de Sakura. Fue como haber presenciado la personificación de la paz y resignación en un solo cuerpo.

Le supo a despedida.

— ¿Shizune-san?

— ¿Ah? —ella alzó el rostro y se topó con los ojos verdes de la madre de Sakura, quien la miró algo acongojada.

— ¿Está todo bien? —preguntó la señora, enredando sus manos en señal de nerviosismo —, ¿Le pasó algo a Sakura?

— No, no… Sakura-san está adentro de la habitación —contestó Shizune, respirando pausadamente y sonriéndole a Mebuki —. Ella los está esperando.

La madre de la chica irradió alegría al oír lo último.

— Mi esposo y yo estamos ansiosos de verla, Shizune-san. ¿Tsunade está con ella ahora, cierto?

— Si. Tsunade-sama fue la primera en verla esta mañana. Iré a informarles a las enfermeras que ustedes dos ingresarán a la habitación, con permiso —Shizune le dio la espalda a Mebuki con intenciones de regresar donde el resto del equipo se encontraba, pero una mano sobre su hombro la detuvo.

— Espera —pidió la mujer de expresivos y agotados ojos. Shizune la miro con contrariedad —Kizashi y yo no entraremos solos. Hay alguien más.

— ¿Alguien más? ¿De quién se trata?

Mebuki únicamente sonrió con suavidad.

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.

— Ya son las diez y media, señores —indicó Tsunade con su potente voz, llamando la atención de todos los presentes, incluida Sakura —. Quiero que todos se retiren y vayan a sus lugares correspondientes. El grupo de enfermeras se quedará conmigo aquí hasta las once; después ingresaremos a pabellón.

Un total de cuatro personas abandonaron la estancia, dejándola solo con las personas que Tsunade ya había señalado. Sakura siguió pegada a la ventana con la vista perdida a través de ella. El corazón latía con frenesí y eso la asustaba. Intentaba convencerse de que aquello no le haría ningún bien, pero las palabras eran demasiado planas como para causar alguna diferencia.

— ¿Sakura?

La nombrada se giró y observó como su padre se asomaba por la puerta. Corrió hasta él y fue recibida con afecto entre los brazos de Kizashi, quien beso su frente con vehemencia. Ella hundió el rostro entre el cuello y el hombro de su padre, inspirando con fuerza el masculino olor que se desprendía de él. Se sintió como la niña que caía y era levantada por un príncipe. Su padre; su guardián.

— Ay, papá —sollozó cuando él la abrazó por los hombros —. Estoy nerviosa.

— Lo sé, pequeña. Lo sé.

Se separaron para que Mebuki pudiera abrazar a Sakura también. La pérdida de peso de su madre hizo que Sakura se alarmara y se sintiera algo culpable, ¿Sería por su culpa?

— Que flaca estás, Sakura. Le diré a Tsunade que te dé más pollo durante la rehabilitación.

— Tu también estás en los huesos, mamá —reprendió ella, girando el rostro para que el cabello rubio de su madre dejara de hacerle cosquillas en la nariz.

— Hija mía…

Mebuki la tomó por los brazos y le dio una inspección rápida a Sakura. La bata del hospital la hacía ver escuálida, pero su cabello rosa por debajo de los hombros y los brillantes ojos verdes le devolvían algo de vitalidad.

— Te ves bonita, Sakura.

Ella miró a Mebuki sin comprender que qué estaba hablando, pero antes de poder averiguarlo, sus ojos se dirigieron hacia la entrada de la habitación hacia el tercero que se adentraba ahí. Los ojos negros la miraron desde su imponente altura, haciéndola sentir como una presa ante el cazador.

— Sakura

— Itachi… kun…

Mebuki le dio un empujoncito y le susurró un "adelante", provocando que Sakura avanzara con dos pasos torpes hacia Itachi. Se quedó con el mentón alzado hacia él, mirándolo con incredulidad.

— Van a operarte ahora —dijo él. La voz grave tan característica de Itachi retumbó en los oídos de Sakura.

— Sí, ya tienen todo listo —concordó ella, aún pasmada con su presencia.

Ninguno se movió, casi esforzándose en ser estatuas. De pronto, Sakura alzó sus brazos con delicadeza y se aproximó a Itachi hasta anular el espacio que los separaba, rodeándolo por la cintura y ladeando el rostro. Itachi la tomó por la espalda y terminó de pegarla a él.

— Realmente me alegra haberte conocido —susurró Sakura, humedeciendo la camisa de él.

— También a mi me alegra —respondió él, apoyando la mejilla sobre la nuca de Sakura y cerrando los ojos —. Fue bueno conocerte las tres veces.

Sakura dio un respingo y sonrió: —Es verdad, tú me conociste tres veces. Dos de ellas en este hospital.

— Sakura —Itachi hizo que ella lo mirara y de esta forma la alzó entre sus brazos para chocar sus frentes entre sí —. Cuando vuelvas a despertar después de la operación prométeme que no olvidarás nada.

— Itachi-kun —Sakura lo miró sorprendida y sin darse cuenta se puso a llorar —Si, te lo prometo. Me acordaré de ti.

Él sonrió en conformidad y se acercó a su boca con tal cuidado de que apenas la rozó. Ella se abrazó al cuello de él y cerró los ojos cuando sus bocas por fin se encontraron.

— Te amo, Itachi.

— Y yo te amo a ti, Sakura.

Él la dejó en el suelo y tuvo que esconder el rostro unos cuantos minutos al ver que algunas de las enfermeras, Tsunade y los padres de Sakura los observaban, y para Sakura fue tan penoso como para Itachi. Aún así, la vergüenza no separó la felicidad de su corazón, ni su mano de la de Itachi.

La indicación de que la entrada a pabellón ya debía iniciar hizo que las personas comenzaran a evacuar la habitación. Itachi fue el primero en despedirse y luego fueron los padres de Sakura, abrazándola ambos al mismo tiempo.

— Te amamos, Sakura —dijo Mebuki entre lágrimas —. Si pudiera te daría mi vida, mi amor.

— Estaremos esperándote junto a tus amigos en la sala de espera. No tardes en despertar esta vez, pequeña —pidió Kizashi al ver como las cristalinas gotas caían del rostro de su única hija —. Eres mi mundo y todo lo demás, Sakura.

— Los amo —gimió ella, sorbiéndose la nariz —. Perdónenme por todo lo que he hecho, por favor —rogó con la voz quebrada. Mebuki la apretó con más fuerza.

— No hay nada que perdonar, Sakura. Se fuerte hija. Vive.

Los dos abandonaron la habitación junto con Itachi y dejaron a Sakura con una amable sonrisa en la cara y cientos de lágrimas en los ojos. Tsunade la tomó por los hombros y la acunó en sus brazos para calmarla.

A Sakura terminaron de prepararla y la situaron en la silla de ruedas para transportarla hasta el pabellón. Ella intentó arreglarse el rostro con las manos y prepararse mentalmente para lo que se avecinaba, pero en vez de idear una serie de imágenes tortuosas, tan solo apagó su cerebro. Ya no quería pensar en ello, bastaba con sentir el momento; disfrutar la esencia de estar viva y vivir de eso.

Salieron de la habitación con ella a cargo de Shizune, pasando por el pasillo en donde estaban sus amigos y padres. Sakura se sonrojó y se emocionó al ver a tantas caras conocidas ahí por ella. El primero en notarla fue Naruto, quien gritó su nombre y movió su mano en la distancia. Sakura lo saludó y vio sus brillantes ojos azules llenos de vida. No podía parar la silla, por lo que sólo alcanzó a ver a sus padres, Naruto, Neji, Ino, Karin, Lee y a Sasuke. Él fue la última persona que Sakura observó que le sonreía. Se cobijó de ello.

Ya en el pabellón le colocaron la mascarilla que la adormecería y comenzaron a sedarla. Las luces, los rostros, las máquinas; todo giraba en torno a su eje. Sakura alcanzó a sentir el apretón de Shizune en su mano derecha y la mirada de Tsunade sobre ella.

Como antes, Sakura cerró los ojos y esperó poder despertar.

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La vida y la muerte fue algo que Sakura tuvo que afrontar en un fugaz instante. No vio la muerte como un final, ni como un castigo; para ella esa era su escapatoria. Pero vida y muerte son un mismo reflejo en el espejo.

Hemos nacido en medio de un mar de gente, y al crecer nos han enseñado a temerle al futuro, a otros, al pobre, al rico, a la vejez, a la enfermedad, al sí, al no, a las heridas, al pasado; a todo. No nos preparan para caernos y tampoco para levantarnos, pero siempre hay alguien ahí para ver cómo hacemos ambas acciones. Porque aun cuando nos ponemos de pie podemos estar heridos, y alguien estará dispuesto a sanar aquello dolores.

Siempre hay alguien por quien amar la vida.

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Hacía frío; eso sentía.

El cuerpo le pesaba y algo semejante a un martilleo atacaba sus sienes. Con algo de voluntad abrió sus ojos verdes y se incorporó sobre el colchón donde yacía, mirando en todas direcciones en busca de algo o alguien, cualquier cosa, y a la vez, no buscando nada.

— ¿Sakura?

Y fue como la primera vez. Sus ojos negros la hundieron en una noche eterna e hizo que la sonrisa se extendiera por sus mejillas.

— ¡Hey! ¡Sakura-chan ya despertó' ttebayo!

— ¡Frentona! ¡Ja, sabía que no podrías dormir para siempre!

— ¡Alguien avise a la vieja Tsunade y a sus padres!

Naruto, Ino, Sasuke, Hinata, Karin, Tenten, Sai; todos sus amigos abarrotaban la habitación e hicieron un revuelo al verla despierta, pero ella solo tenía ojos para una sola persona ahí.

Negro contra verde.

— Itachi-kun —llamó ella en medio del caos que tenían sus amigos. Itachi le tendió la mano y se acercó a ella.

— Prometí que pese a todo, cerezo —dijo Itachi, sentándose frente a ella y acariciando su rostro —. Bienvenida, Sakura.

— Estoy de vuelta —gimió ella con los ojos brillantes, sujetando la mano de él contra su mejilla.

Las primeras lágrimas que brotaron de Sakura al despertar fueron de felicidad y paz.

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Esta página horrible siempre me borra todo T-T Estoy harta.

Chicos y chicas, tengo muchas cosas que decir, así que hice una lista ji ji :3 Ahí va:

a.) Perdón por mi tardanza, lo pido de corazón... lo siento mucho.

b.) Deben imaginar que Sakura despertó despues de dos días (uno si gusta alguno).

c.) Importante: ESTE FIC TENDRÁ EPÍLOGO. Por su atención, muchas gracias (Dos semanas a lo más).

d.) Gente, yo no sé si existe o no una comunidad Itasaku. Si existe me gustaría participar, si no es así... ¿Qué estamos esperando? ¡La vida es now, now, now!

e.) El ending "Black night town" me gusta *-* Esta super.

Bueno, parece que me deshagoué por segunda vez ya. Ufff. Ahora sus hermosos reviews:

Mikoto-Uchiha: Hello, hello :)… Si no me recuerdas, me presento. Soy Annie Yue, una escritora irresponsable. Lamento la tardanza. Sí, lo sé, de verdad… me da hasta vergüenza la tardanza, pero he aquí el gran finale. Espero te haya gustado y gracias por dejarme un review, lo aprecio demasiado ji ji ¡Saludos! ¡Un gusto haberte conocido!

ul-him: Hola, cuantos años (-siglos-). Primero que nada muchas gracias por tus review; tu constancia me hizo muy feliz a lo largo de la historia. Quería hacértelo saber porque, aunque te suene chiché, fue importante para mí. Segundo, lo que hablas del suicidio en tu review es muy cierto. No solo es ficción, sino algo que de verdad ocurre. Yo personalmente soy una cobarde y no me atrevo, sin mencionar que estudio salud y quiero sanar gente… no matarla. Creo en las segundas oportunidades, pero bueno, un suicida puede quedar con esas "practicas" como tu señalaste. Muchas gracias otra vez por tu tiempo y paciencia (de verdad tuvo que ser mucha conmigo) ¡Se muy feliz y disfruta cada segundo! ¡Hasta pronto! Espero no sea un adiós definitivo.

MarianUchiha: Hola guapetona, muchas lunas han pasado desde la última vez que tuve el agrado de saber de ti. Tendré que hacerte hacer memoria para que te acuerdes de todo lo que comentaste en el capítulo anterior (Review largo, sonrisa larga, Ann is happy). Hablemos de eso primero. Pues si, en medio de hechos trágicos podemos ver la bondad humana. Shisui me lo imagino como un hombre amable, y me da pena que el único amigo de Itachi haya muerto así.

Admito que lo del corazón de Sakura lo dejé como muy maravilloso, pero no creas que no sé lo que cuesta algo como esto D: Mis profesores meten mucho susto con cosas así.

El artículo de los suicidas lo leí yo algunos años atrás en busca de información. En efecto este tipo de gente se victimiza con mucha facilidad y ante el menor atisbo de debilidad es posible que caigan otra vez en esta tendencia. Lo dije antes en el fic; yo no soy nadie para criticar vidas ajenas puesto que mis acciones no son un ejemplo, pero si puedo ayudar, me gustaría hacerlo. Sakura creo que solo es un espejo de alguien ahí afuera…

Me pone feliz que te gustara la visita de Itachi al hospital. Ahora que releo los capítulos considero que todo lo hice excesivamente rápido; pero en cosas de fic no hay nada escrito ji ji Gracias por eso.

Marian, muchas gracias por tu constancia. Tus reviews los esperaba (incluso ahora) cada vez que publiqué un nuevo capítulo. La idea de saber que alguien espera de ti con ansias me animaba a escribir aún más deprisa, pero los estudios me topaban horarios, perdía tiempo y ganas de estudiar y finalmente exploté (?) Bueno, no literalmente hahaha, pero si me agoté. Durante mis vacaciones de invierno escribí "Detrás de ti, a 180º" y aún así consideré poco mi agradecimiento. Nuevamente, gracias por haber estado ahí. Me motivaste y me quitaste una sonrisa cada vez que actualizaba. ¡Espero volver a saber de ti si es que escribo un Itasaku! ¡Un gusto, Marian! ¡Carpe Diem!

Azhy: Creo que después de tanto tiempo al fin te lo puedo decir. Yo soy una completa admiradora de ti como escritora. Sabes, cuando vi que habías dejado un comentario en un fic mío en serio me creí estar en coma o algo así, pero si no te lo dije fue porque me dio mucha vergüenza antes. Gracias por haber dejado reviews a lo largo del fic, me emociona mucho.

No espero abrumarte, solo quería que supieras que de verdad te lo agradezco.

Bueno Azhy, sobre tu review también hay que hablar, ¿No? Me alegra que el personaje de Itachi haya conseguido la intención: mostrar su lado humano. En este capítulo también intenté algo similar cuando estaba con Sasuke en el auto. Hay cosas que solo los hermanos pueden captar; o así lo veo con el mío.

El artículo que Itachi leyó y que tu mencionas fue algo que leí tiempo atrás y creo que más de una idea quedó en mi cabeza. Yo nunca he siquiera podido idear algo así; soy una cobarde como para poder imaginarme a mi misma haciendo algo así, pero mis amigas si lo hicieron (Que te digo, fue casi una moda hace un par de años eso de cortarse las muñecas. A mi mí propia sangre me da miedo, ni se me ocurrió intentarlo)… pero pasa, y la esperanza es lo único que queda.

También me pone feliz saber que la participación de Sasuke te haya gustado. No quería que se malinterpretara con un Sasusaku, pero siempre me ha gustado creer que Sasuke puede al menos ser un buen amigo para Sakura. Será un hombre temperamental, pero sentimientos tiene. Es más, yo creo que él es el personaje de Naruto que más sentimientos tiene. De amor a odio, de bondad a ira, la amabilidad, etc. Y llora, oh sí.

Y bueno, mi Narutin nunca debe estar fuera de cualquier fic hahaha así como señalas, es mi ángel.

¡Importante! Azhy, sobre ese juegue loco que se me ocurrió hace ya varios meses quiero que sepas que ahí está publicado. Lo intenté hacer algo cómico, andaba de ganas, espero puedo al menos sacarte una sonrisa.

Muchas gracias por echarme ganas en la universidad. Ahora ya no estoy tan asustada como a inicio de año en que todo era tan nuevo y diferente, incluso me entretengo ahora. Gracias por la preocupación; estoy a un mes de salir y las ganas las tengo en su máxima potencia, ¡Vamos por esas fiestas! (Y el fututo brillante)

Muchas gracias por todo Azhy; por el tiempo, la constancia, los comentarios, todo. Aún soy joven (y muy tonta), pero espero ir mejorando con el tiempo. Fue un verdadero gusto tenerte por estos lados y releer tus comentario (Oh sí, lo hice). No creas que no estoy pendiente de nuevos fics tuyos, ya que así como tú, yo espero ser sorprendida de la nada misma por ti.

¡Saludos desde el fin del mundo! ¡Nos estamos leyendo por ahí! ¡Cuídate!

Crimela: ¡Hola! Lo sé, lo sé… me he tardado, eh? Me da vergüenza, esa es la verdad, y es por eso que hoy, martes 12 de noviembre a las 1:20 a,m me encuentro escribiendo.

Bueno, iniciemos con lo del fic, ¿te parece? Si, incluso para mí algo extraño escribir a un Itachi responsable el capitulo anterior; y me refiero al hecho de omitir la orden y hacer ñiqui ñiqui con Sakura en el hospital. Es extraño, pero lo consideré necesario.

También muchas gracias por lo de la relación entre hermanos. Esa relación de dependencia mutua entre Itachi y Sasuke hace que me ponga a llorar (figurativamente) en el manga. Itachi para mí es la personificación de la mismísima bondad fraternal.

Ahora lo segundo importante: ¡Ganaste! No, linda, no se me ha olvidado para nada. Han sido meses difíciles en la universidad, pero me estoy reivindicando (perdón por la demora). En realidad ya tengo algo avanzado el fic, y te dejaré el resumen, cito: "Trabajar con desconocidos nunca fue un problema, y no pensó tenerlos tampoco, mucho menos con la mejor amiga de su hermano. Pero se equivocó. Su instinto policial no le advirtió sobre aquella mujer de cabellera rosada. ¿Quién diría que Sakura Haruno sería capaz de desalmarlo? Él simplemente había dejado de ser antibalas". Es un thriller policial, y el final ya lo tengo a la punta de los dedos jaja

Muchas gracias por tu tiempo Crimela, he apreciado cada review que has dejado. Supongo que esta será la despedida hasta nuevo aviso, ¡Pero ya no estaremos leyendo por ahí! ¡Muchas, muchas, muchas gracias por todo! ¡Aloha!

uzumaki hiwatari yiah: Gracias por pasar a leer! Sabes, aunque no logramos conocernos mucho, me alegra haber leído tu review. Me puso especialmente feliz que te gustara la trama y que fuera suficiente para que leyeras un Itasaku.

En el fondo, como una amiga señaló, casi apreció que ellos se regocijaron en la desgracia ajena, pero no es tan así. Supongo que solo es punto de vista… cada uno buscando su propia feliceidad.

¡Un gusto! ¡Cuídate mucho!

Dai chan Uzumaki : Querida Dai, ¿Cómo terminar un fic sin decirte lo mucho que disfrute tu estancia? No puede ser posible. Me alegra que te haya gustado esa escena entre Itachi y Sakura, y bueno, claro que si tú me comentas sobre algo es posible que yo lo agregue, ¿Sabes por qué? Porque quiero que en mis fics participen todos. Me gusta que la idea de que cada uno de su granito de arena. Y tú, créeme cuando te lo digo, has añadido un castillo de arena. Gracias por todo Dai, me alegra profundamente haberte conocido, y no lo digo solo por decir, sino que va en serio. Espero no sea la última vez que sepa de ti, porque como escritora y lectora eres lo máximo.

Sí, tienes razón con eso de que las personas se alegran cuando una oportunidad se les presenta; aunque signifique la muerte ajena. También he oído lo de las catástrofes debido a los recursos, y el mal sabor de boca no me lo quita nadie.

Hey, no creas que se me ha olvidado lo del fic que te debo, ¡Eso nunca! Ahora que terminé este me pondré a trabajar. Con algo de suerte lo tendré para este fin de semana, y es que de verdad quería escribir un Sasosaku je, je (Habrá celos, dalo por hecho) y recuerda, si quieres que agregue algo solo dímelo dentro de esta semana, ya sabes, tu granito de arena si quieres :)

Muchas gracias por todo, estoy segura de que seguiremos en contacto, si no es así no importa, te persigo hahaha ¡Cuídate mucho, mucho! ¡Nos estamos leyendo! ¡Adiosín Bombín!

PD: Sí, la universidad te come la mente T_T

Antotis: ¡Hola! Mucho tiempo, ¿cierto? Si, es mi culpa, lo sé. Bueno, recordando tu fic mencionaste que la desaparición de ellos era por una buena causa, y sipi, lo era. Itachi no es un hombre de hierro, y creo que Kishimoto dejó más que claro que él es por lejos uno de los personajes más bondadosos que pudo existir (Por quéeeeee murió T-T) El donante tenía que aparecer, esos más que claro. Es mi protagonista, me daba demasiada pena que muriera así.

Muchas gracias por dejarme un review, lo aprecio mucho, ¡Cuídate mucho Antotis! Espero que este capítulo también te guste. ¡Alohaaa!

Scarlett-95: Holaa! Me alegra que te gustara el capitulo anterior hahaha Y me lamento mucho la espera, creo que estoy en deuda con todos los lectores. Lo siento mucho.

Creo que lo emocionante acaba de terminar, puesto que el fic ha llegado a su fin, pero eso no quita lo agradecida que estoy contigo y con tus review. De verdad me lo pasé bien leyendo cada uno de ellos, así que muchas gracias Scarlett, ¡Ojalá este capítulo sea de tu gusto! ¡Adiós! :D

Tsuki: ¡Gracias por seguir pasando por aquí! Mi tardanza no tiene nombre (si tiene, y se llama vergüenza), y me siento muy arrepentida por ella. Sakura merecía seguir viviendo, bueno, eso igual es medianamente vivir con una vida tan limitada como la que ahora tendrá; pero algo es algo, supongo. ¡Como se te ocurre que iba a matarla! Mi corazón de pollo estuvo con ella cada momento, sufrí con ella, me operé con ella (me puse botox) (Es broma hahaha), etc.

Gracias por el tiempo Tsuki, un gusto tenerte por estos lados como siempre. Hemos llegado a la recta final, y como antes, espero volver a tenerte por estos lados y constestar tus reviews, ¡Adiós! ¡Será hasta una nueva oportunidad! ¡Sé muy feliz!

lirilara1993: Eres muy amorosa, muchas gracias por tu comentario. Me esfuerzo en los Itasaku porque me encanta Itachi je, je… gracias por tomarte el tiempo para leerlo y comentar, ¡Saludos!

Hikari Tsinkino: Siempre bienvenida Hikari, ¿Qué tal todo? Muchas gracias por tu review, me dio risa lo de tu computador (Oh sí, que malota soy), por lo que aprecio tu esfuerzo. Sabes, en realidad no recuerdo quien ganó o no, ¿Pero qué importa? Dime de qué te gustaría un fic (que pareja, trama, lemmon, etc). Los únicos limites son los SasuHina (No los soporto, lo siento si te gustan) y tampoco mucho los Narusaku (a menos que sea de amistad, en ese caso te hago morir de la risa con esos dos) ¡Un gusto, cuídate! Estamos en contacto sobre lo del fic, así que mándame un inbox. ¡Chau!

Mariposas Rotas: Hola preciosa, ¿Te regresó el internet? Mi whatsapp brilla por tu ausencia. Ojalá haya gustado el capítulo, ¡y no seas amable conmigo si no fue así, oiste! Hahaha Háblemos cuando puedas.

Aya, ¿Recuerdas cuando empecé este fic? Tú, en cierta maniática forma, eres un fragmento de esta Sakura. La vida puede ser dura, pero todo es a base de punto de vistas. Tus ojos son muy bonitos como para pintarse de pena, ¡Sonríe! Aunque el mundo sea una mierda, no pierdas la convicción de que la felicidad puede estar cerca.

¡Hasta pronto Aya!

24yada: Muchas gracias por tu review :) :) Lamento el hecho de que haya llegado al final para poder conocerte bien, pero mejor tarde que nunca, ¿No? Necesito hacer una pausa significativa: ¡¿HAS SOÑADO CON ESTO?! ¡Yisus! Jamás me habían dicho que esto haya pasado antes, ¡Esta la rajaaaaa! (Chilenismo, lo siento. Así expreso mi máxima felicidad y sorpresa)

Por favor, por favor, por favor dime si es que vuelve a pasar hahaha es que me emocioné mucho, ¡Muchas gracias por habérmelo dicho! Ahora puedo morir contenta.

Espero volver a saber de ti en este nuevo —y ultimo —capítulo. ¡Fue un rotundo gusto leer tu review! ¡Muchas gracias! ¡Adiós! :)

Ryukaze-sama: Creo que no nos conocemos, pero a mí me encanta tener lectores nuevos por estos lados. ¡Hola, que tal! Tengo puntos importantes tratar contigo y los voy a enumerar según orden de llegada:

1.) Muchas gracias por leer mi fic. Me emociona saber que haya gente que le gusta mi trabajo y que logra armonizar con los personajes. En serio muchas, muchas gracias.

2.) Lo de Sasuke también te lo voy a agradecer. Sé que es un patán y un malhumorado, pero siempre me gusto la idea de que al menos fuera amigo de Sakura.

3.) Créeme cuando te digo que ninguna mujer puede salir bien parada de la primera vez; DUELE COMO EL PUTO INFIERNO, en serio no pude sentarme en tres días y temí morir desangrada. Mis amigas me fastidiaron hasta que me sacaron toda la verdad (cerdas). Tengo otros Itasakus con lemon, y pronto escribiré otro. Quizás ahí puedas leer algo más je, je…

¡Un gusto! ¡Ojalá leas este capítulo también y que te guste! ¡Adiós!

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Muchas gracias por esta experiencia y compañía. Disfruté escribiendo

"No me dejes recordar"

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Martes 12 de Noviembre, 4:01 am

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Ann is out