Capitulo 9: No te fíes de los espantapájaros, no es buena idea.
Un gran número de papeles se arremolino entorno al espantapájaros de madera. Ai se encontraba a un metro de distancia, sudando, y sin brazo.
— Venga, Venga...—murmuraba para sí misma.
Llevaba ya un buen rato con lo mismo. Al conseguir descomponer el brazo en papeles, se sintió genial. Ahora, sin embargo, quedaba la peor parte. Había conseguido moverlos medianamente rápido y controlarlos, pero no que fueran ofensivos.
Kazama le había recomendado tratar de usarlos contra un enemigo. Y como no tenía otra cosa, se conformó con el muñeco de madera. Sin embargo, le estaba costando. Los papeles danzaban a su alrededor, sin llegar a tocarle.
— Muy lenta, el enemigo ya habría huido — sentencio Kazama, desde su lugar oculto en su mente.
Sin hacer caso, Ai estrecho el círculo de papeles, quitando distancia con el muñeco. Si fuera una persona, no podría escapar, o al menos, eso pensaba ella.
En cuanto el primer papel toco el cuerpo, Ai sintió un estremecimiento, y trato de mantener la concentración. Con un jadeo, logro que el resto de papeles envolvieran al muñeco.
"Ya casi esta, ya casi esta" — pensó para sí misma, emocionada.
Que Kazama no dijese nada no era mala señal, eso significaba que no lo estaba haciendo mal de momento. O que lo hacía horriblemente mal. Esperaba lo primero.
La masa de papeles finalmente envolvió al muñeco. Ai alzo ambos brazos — bueno, uno de ellos y lo que quedaba de su hombro derecho — y la masa de papeles ascendió, agarrando al muñeco. Lamentablemente, se frenó en seco, el palo que lo sujetaba era muy resistente. Hizo un esfuerzo por arrancarlo otra vez...y la masa se desmoronó.
— Aun eres lenta, y tu control carece de fuerzas — desde que habían empezado en serio, Kazama se había vuelto mucho más frío
— Prueba otra vez.
Ai se acercó al muñeco y lo examinó. El palo estaba atado firmemente al suelo. Un sentimiento de rabia la invadió.
— Sin este palo sería mucho mejor...—exclamó, mientras le daba una patada.
— Como gustes — exclamo Kazama.
En ese mismo momento, la tierra debajo del muñeco colisiono y se resquebrajó. El muñeco pareció cobrar vida. Creció medio palmo, superando la altura de Ai por una cabeza. Sus brazos de madera se solidificaron y terminaron en garras, y sus piernas se ensancharon.
Su rostro se solidificó, y a Ai le pareció ver movimiento en sus ojos de paja y su boca cosida.
La chica aspiro aire bruscamente, mientras retrocedía un par de pasos. El muñeco se liberó del palo, cayó de rodillas en el suelo, mientras gruñía en un idioma inconcluso.
— ¿Qué coño has hecho? —preguntó Ai, asustada.
— ¿Lo olvidabas? —Kazama parecía más que satisfecho con lo que sucedía —Es una ilusión, es la fase final de tu entrenamiento. Un enemigo en movimiento.
El espantapájaros se puso en pie y dio grandes zancadas hacia Ai. La chica pudo ver que era rápido, quizá más rápido que ella.
— ¡Jutsu de papel: Shuriken!
Dos proyectiles salieron directos hacia el muñeco, a partir de los papeles que despidió su cuerpo. Justamente cuando estuvieron a punto de impactar contra este, algo hizo que rebotaran. Como una pared invisible, que no le estorbaba mientras corría. Las armas arrojadizas salieron despedidas, justamente hacia la chica.
—No, no, no —el tono de Kazama era el que se usaba con un crío —La única técnica que puedes usar es la que entrenas, sino nunca la aprenderás.
Ai sabía que esto era un ejemplo de combate real, pero no le gustaba. Se tiró hacia un lado a la desesperada, para evitar los proyectiles. Los shurikens cortaron el aire cercano a ella, y uno de hizo un corte en la espalda, rasgando levemente un trozo de la tela de su traje.
En ese momento, el espantapájaros se le echó encima.
Para ser de madera y paja, tenía una fuerza espantosa. Tiró a Ai al suelo, y se puso encima de ella. Ai pataleo, pero el espantapájaros tenía sujetas sus rodillas.
Teniéndolo encima, solo pudo fijarse en sus garras, que tenían pinta de estar afiladas. El muñeco puso una de ellas en su brazo, y comprobó el filo. Efectivamente, estaban afiladas. Un surco de sangre corrió por el brazo izquierdo de Ai, cuando las garras pasaron. Ella gritó de dolor.
En ese momento, quizá motivada por la adrenalina, dirigió un puñetazo directamente hacia el rostro del espantapájaros. Esto logró que echara su cabeza hacia atrás, en un gesto poco humano, denotando que no tenía huesos ahí. Aprovechándolo, empujo su cuerpo, y logro sacárselo de encima.
Se puso en pie en el momento en que el bicho cayó, y alzó su brazo derecho. No tenía tiempo que perder, ella misma lo sabía. Aún con el brazo izquierdo palpitante, alzo su brazo, y se convirtió en los papeles con los que estaba familiarizado.
El espantapájaros se levantó, mientras los papeles se arremolinaban sobre él. Estos parecían comprender la prisa de Ai, iban más rápido que antes. Pronto, formaron un círculo de papeles en movimiento.
El muñeco trató de escapar, embistiendo por uno de los lados, pero solo le hizo el trabajo fácil a Ai. Muchos papeles se pegaron a él en su embestida, y Ai cerró el círculo, haciendo que los restantes lo atraparan.
El muñeco trato de zafarse, se revolvió….Pero no lo soltó. Alzo sus manos, y la masa de papeles ascendió, hasta tenerlo totalmente atrapado. Ai jadeaba, aún podía sentir la herida.
Después de varios minutos, el muñeco desapareció, y el palo también. Al menos no lo había usado de arma…
— ¡Felicidades Ai! —Exclamó Kazama, satisfecho—Sabía que un combate real te espabilaría.
—Podría haberme matado…—protestó la chica, aun sorprendida por sus habilidades.
—No le habría dejado —en cierto modo, Ai lo esperaba. Pero después de haber sentido sus garras, y de haber visto su mirada, no estaba tan segura…
— ¡Lo tengo!
Ryu se movió ágilmente a través del muñeco. Para sus ojos, un gran círculo se formaría entre él y el muñeco. De sus mangas, se deslizarían dos agujas que atraparía ágilmente con sus manos.
Veloz como el rayo, clavó ambas en la delantera del muñeco, después, se movió aún más rápido, y clavó varias agujas en los lados y la espalda. Era veloz, todo lo veloz que suponía que debía ser por la técnica.
Clavo una, dos, tres…Todas las veces que hizo falta, hasta sellar todos los puntos de chakra, que su ojo le permitía ver. Por último, sacó una última, y atravesó el pecho del espantapájaros, sellando el punto más importante.
Cuando terminó, estaba jadeando, cansado.
Desde su fallida práctica, había logrado crear agujas individuales, para usarlas como armas. Solo debía clavarlas en los puntos de chakra del cuerpo, para bloquearlos. Un fallo, y no lo lograría, pero con su ojo, era imposible fallar.
A pesar de todo, había terminado cansado al ejecutar el recorrido. Mantener la velocidad era complicado.
—Lo has hecho bien —le felicitó Kazama — Solo debes ensayar un poco más…
—Ya sé cómo lo voy a llamar —exclamó Ryu, felizmente.
— ¿Cómo? —preguntó Kazama, sin demasiado interés.
—Destrucción de meridianos —Ryu hinchó algo de pecho, orgulloso
—Es un buen nombre —dijo Kazama. Apostaría lo que fuese a que se estaba encogiendo de hombros.
— ¿Cuándo me dirás algo de ti? Tu dojutsu tampoco parece algo común —exclamó Ryu, interesado.
—Si los tres me dejáis satisfecho, prometo que os contare cosas acerca de él —dijo Kazama, dando el tema por finalizado —Hablando de eso, es hora de que lo pruebes con algo en movimiento.
Y sin mediar más palabras, oyó un estruendo cerca de él. Al girarse, vería como el espantapájaros cobraba vida, y se libraba del palo al que estaba unido. Se arrastró por el suelo hasta lograrlo.
— ¿Solo tengo que hacer la técnica con este muñecajo? Que fácil —exclamó Ryu, sin poder contenerse.
Con su dojutsu, pudo ver que el chakra y los puntos de chakra de un ser humano estaban implantados también en el espantapájaros. Había pensado en todo.
El muñeco se irguió rápidamente, y dirigió una fría mirada hacia Ryu. Este le sonrió, iba a ser muy fácil.
Repentinamente, del muñeco surgió algo. Unos numerosos proyectiles, hechos de roca, que salieron de todo su cuerpo. Todos dirigidos hacia Ryu.
—Mierda…—murmuró.
A pesar de que podía ver el chakra del espantapájaros, este no se había alterado cuando había usado la técnica. Le había pillado descolocado. Pudo ver chakra también en los proyectiles de tierra, pero eso no le ayudaría a evitarlos, claro.
Se agacho, mientras dos proyectiles pasaban silbando por encima de su cabeza, otros cuatro se dirigieron hacia él. Ryu se movió hacia la derecha como buenamente pudo. Dos de esos proyectiles impactaron en su espalda, tirándolo al suelo. Los demás pasaron de largo.
—Te vas a enterar…—exclamó, levantándose casi al instante.
Empezó a correr, directamente hacia el muñeco. Este lanzó varios proyectiles desde sus brazos extendidos. Estos fueron más fáciles de evitar, solo tuvo que agacharse, y seguir la carrera.
Estaba a punto de alcanzarlo. El muñeco lanzó uno más, salido directamente del pecho a la desesperada. Este impacto en Ryu, pero no lo paró. A pesar del dolor, siguió, deslizando dos agujas a sus manos.
Dio un último impulso…Y las dos primeras le asestaron. Avanzó a más velocidad, consciente de que un fallo sería letal, y siguió su macabra danza.
— ¡Destrucción de meridianos! —exclamó, mientras lo hacía.
Cuando terminó, el chakra ya no circulaba por el muñeco. Este cayó al suelo, inerte, y segundos después fue engullido por la tierra, poco a poco.
Ryu estaba jadeando, y sentía un agudo dolor en los puntos donde había recibido el impacto, pero había vencido. Cayó al suelo de rodillas, buscando aire.
—Bien hecho —exclamó Kazama, contento por ver a su alumno así.
— ¡Técnica de tierra: Clon de roca!
Kuro lo había logrado, al menos parcialmente. Tenía un clon perfecto, a su imagen y semejanza, justamente al lado. Repitió la técnica, y aunque le costó, logró hacer otro.
A su alrededor había un montón de piedras, clones fallidos, montoncitos de rocas, rocas gigantes, rocas pequeñas…Todo tipo de fallos y pruebas. A su décimo intento, parecía haber logrado dominar el oficio.
—Hola... —murmuró, saludando al de la izquierda.
Este movió la mano, pero no articuló palabra. Kuro no debería haberse sorprendido, ya imaginaba que no serían muy inteligentes.
—Son solo clones para pelear Kuro, no amigos —dijo Kazama, confirmando sus pensamientos.
Kuro se levantó, y ellos hicieron lo mismo. Eran más lentos que él, por la roca. Pero parecían fuertes.
—Muy bien, pues hay que empezar a entrenaros para luchar —exclamó, felizmente.
En los diez minutos siguientes, comprendió que eran capaces de imitar cualquier técnica de tierra que supiese, además de dar unos potentes golpes, que hicieron que incluso el muñeco se sacudiese en su palo.
Lamentablemente, no eran capaces de hacer más clones. Uno lo intentó, y debió drenar su chakra, porque simplemente, se desmoronó. Al parecer, los clones se llevaban una parte del chakra del usuario, y si la gastaban, se quedaban sin base para mantenerse. Era complicado.
—Los clones no duran para siempre, tampoco son capaces de ejecutar muchas técnicas, divides tu chakra para crearlos —le había explicado Kazama.
Después de probar e intentar, fue capaz de hacer tres clones nuevos, capaces de lo mismo que los anteriores. Por una vez, pudo decir que lo había logrado.
—Creo que ya está —dijo Kuro, contento de sí mismo.
—Solo queda la última fase —rebatió Kazama.
— ¿Última fase? —preguntó.
Nunca se hubiese esperado ver lo que pasaría a continuación. El espantapájaros cobraría vida, se endurecería y ensancharía, e iría a por él.
Además, como añadido. Al levantarse, pudo ver que una corriente de electricidad estática recorría su cuerpo. El rayo, la debilidad de la roca.
—Debes estar bromeando…—se quejó Kuro, mientras se ponía en guardia
Los tres clones de su alrededor hicieron lo mismo, separados por unos pocos metros de distancia.
—Con tres clones será suficiente para vencerle, no hagas más —sentenció Kazama.
Kuro asintió, aunque tampoco tenía pensado haberlo hecho. Viendo el gasto de chakra, estaba seguro de que no podría dividirse otra vez más.
El espantapájaros avanzó, corriendo velozmente hacia uno de los clones. Este ejecutó los sellos del muro de tierra, y al instante, escupió un muro entre él y el espantapájaros. Era una pena que el clon no pudiese hablar, habría estado bien.
La criatura atravesó el muro fácilmente, llenando su brazo de electricidad, y con el mismo impulso, atravesó al clon de cuajo. Se descompuso al instante.
Kuro anotó mentalmente que un muro no le defendería de algo así.
— ¡Elemento tierra: Fragmentos de roca!
La tierra a su alrededor se resquebrajó, y varios proyectiles rocosos impactaron en la espalda del espantapájaros. El primer clon le imitó, y también le golpeó de frente. La criatura se estremeció, pero no dio muestras de caer.
El segundo clon de tierra avanzó lentamente, para golpearle. Lamentablemente, el espantapájaros era más rápido. Dio un pisotón, y una corriente eléctrica se desplazó hasta el clon, provocando que también cayese.
"Tenemos que darle un golpe directo…"—pensó, dándose cuenta de que no tenían alternativa.
Kuro empezó a correr, y se puso entre el clon de tierra y el espantapájaros. El clon que quedaba avanzaba, tratando de golpearle, pero era demasiado lento como para esquivar algo tan rápido como una corriente.
Justamente cuando el muñeco repitió la operación, Kuro se interpuso, recibiendo la descarga. Su cuerpo se estremeció, y colapsó, cayendo al suelo, dolorido.
Al mirar hacia el cielo, pudo ver el rostro de la criatura. Estaba casi sobre él, y la electricidad inundaba su brazo derecho. Las imágenes del clon de tierra atravesado volvieron a su mente, y trató de retroceder, aun en el suelo.
El espantapájaros avanzó, listo para rematarle…Y recibió el golpe del segundo clon de tierra, a quién había olvidado.
El muñeco voló hasta caer al suelo por el impacto, y desapareció sobre la tierra.
Kuro respiró aliviado, y se recostó en el suelo, agotado.
—No ha estado mal…—comentó Kazama —Pero para la próxima vez, intenta no defender a un clon, normalmente debe pasar al revés.
Los tres, después de terminar su entrenamiento, terminarían por despertar a la vez. La ilusión se desvanecería a sus pies, y tendrían otra vez el mundo real delante.
Sintieron un profundo dolor de cabeza, y un mareo. Si no hubiese estado tumbado en el suelo, habrían terminado por caer.
—Bueno, el entrenamiento de hoy ha terminado — exclamó Kazama, quien se encontraba delante suyo, sentado.
Los jóvenes se mirarían entre ellos, confundidos. Aún recordaban lo que había pasado, pero la extrañeza que sentían era increíble. Ai miró su brazo izquierdo, y se extrañó al ver que no había sangre.
—Como comprenderéis, en una ilusión los daños no son reales, al menos en esta —prosiguió Kazama, al ver la reacción de la chica —pero los conocimientos sí. ¿No es conveniente?
Los tres tuvieron que darle la razón. El primero que se levantó fue Ryu, después Ai y Kuro. Poco a poco se recuperaron, aun con los recuerdos. Los tres se sentían capaces de ejecutar sus nuevas técnicas sin problemas.
—No habéis estado mucho más de una o dos horas en la ilusión, pero bastara por hoy. Vuestros cerebros podían colapsar —dijo Kazama, con una sonrisa cruel.
—Si…ya estoy mejor —exclamó Ai, tocándose la cabeza con la mano derecha.
Kuro también manifestó su estado, aunque Ryu permaneció callado, y por una vez, simplemente asintió. Kazama, al verlo, y ver que su entrenamiento ya estaba listo, se dispuso a emprender la marcha para irse.
— ¡Espera! —Exclamó finalmente Ryu — me prometiste que podríamos preguntarte lo que fuese sobre tu dojutsu.
—Si me dejáis satisfechos —recalcó Kazama.
Ai y Kuro le dirigieron una mirada mordaz, al igual que Ryu. Kazama se echó a reír.
—Tranquilos, tranquilos, era una broma —exclamó, mientras los cuatro volvían a la villa, poco a poco — Podéis preguntarme tres preguntas, una cada uno. Lo habéis hecho bien.
El silencio reinó durante unos momentos, hasta que la primera se formuló. Fue Kuro, quién preguntó lo más obvio.
—Eres Uchiha, pero tu ojo no es un sharingan normal —supuso. Al ver que Kazama no le contradecía, continuó — ¿Cómo se llama?
—Yo lo llamó, Ojo del Espejo —comentó Kazama, sin tapujos.
— ¿En qué consiste? —preguntó Ai, casi al instante.
—Voy a daros una explicación muy breve —dijo Kazama, indicando que obviamente no podía revelar todos sus secretos — es capaz de copiar y devolver técnicas y dominar el ninjutsu, ver a través de genjutsus y crear otras ilusiones más potentes. También tiene otros secretos dedicados al ninjutsu, que algún día descubriréis.
— ¿Cómo se llamaba la técnica que has usado antes? —preguntó Ryu, viendo que ya no tenía más que decir.
—Espejo de la gracia. Con él puedo crear todo tipo de ilusiones. —explicó Kazama, gastando la última pregunta
Con esto último, los tres recordaron la información que tenían de él. Era Uchiha, poseía habilidades con el Katon y el Taijutsu. Tenía un dojutsu único, ojo del espejo, y habilidades con el genjutsu y ninjutsu fuera de lo común.
Pronto, entrarían en los dominios de la aldea, y como tal, llegaría el momento de despedirse. La tarde entraba ya en el ambiente.
—Es la hora de que os vayáis —comentó Kazama —descansad mucho y reponeos del esfuerzo. Pronto recibiréis noticias mías.
— ¿Otro entrenamiento? —preguntó Ryu, curioso.
—Si puede evitarlo, no —explicó Kazama —Ya es hora de que
Hagáis alguna misión, acorde con vuestras habilidades.
Y con esas palabras, se marchó. Dejó a los tres chicos en mitad de la calle, preguntándose qué tipo de misión verían.
