CAPITULO 9

EMOCIONES CONTRASTADAS

En medio de un rojizo atardecer faneliano, una hermosa dama menuda y frágil descendió de un elegante carruaje blanco a las puertas del Castillo del Samurái. Vestía un pomposo vestido color menta, con gran ornamentación de lazos y volantes, un parasol de encaje cubría el pálido rostro de los rayos del sol, mientras un lazo con flores adornaba sus rizos rubios. En verdad aquella era una criatura exquisita que parecía salida de alguna pieza de porcelana decorada. Con gran porte la dama se dirigió a los guardias de las puertas del palacio.

-Deseo ver al secretario Argyle- su voz era fina y melodiosa pero con gran autoridad.

De inmediato los guardias la hicieron pasar al salón recibidor, justo donde estaban las majestuosas escalinatas que conducían a las demás secciones de castillo. Aquella muñequita viviente se acomodó en uno de los divanes del salón, el cual era tan mullido que sus pequeños pies apenas tocaban el suelo.

Después de largos minutos y una mueca de aburrimiento y disgusto en el rostro por parte de la joven, el secretario particular del Rey Van Fanel, Lord Argyle bajaba por las escaleras.

-Pero señorita Shezar… ¡Que honor tenerla aquí nuevamente!-

El hombre ya maduro de barba canosa, quien vestía levita, llegó al lugar donde se encontraba la dama y ceremoniosamente besó una de sus enguantadas manos.

-¿A que debemos su presencia señorita? ¿La puedo ayudar en algo?- preguntó el secretario.

-De hecho si Argyle- contestó la rubia con gran altanería -Solicito una audiencia con el Rey Van. Lo antes posible- mencionó exigente.

Argyle se mostró algo sorprendido peor enseguida repuso apenado:

-Mi estimada señorita Shezar, sepa usted que sus deseos son casi órdenes para este servidor suyo, pero por desgracia no puedo ayudarle en ésta ocasión.-

-¿Cómo dices?- respingó Selena entre confusa y molesta- ¡Explícate!-

-Me temo que mi señor Van se encuentra ocupado en este momento atendiendo a su invitad que lo visita de la Luna de las Ilusiones- mencionó el secretario tratando de ser amable.

-¿Su invitada? ¿Te refieres a la mujer que fue presentada en la corte hace unos días?- preguntó despectiva Selena.

-¡Exactamente!- respondió el secretario con entusiasmo-La joven ha estado algo indispuesta y el Rey la visita para verificar que se encuentre cómoda y mejorando de salud-

-Umm…Ya veo. Conque el Rey está ocupado. Me retiro entonces, volveré otro día- mencionó la joven poniéndose de pie – No es necesario que le mencione a su Majestad que vine a buscarle-.

-La esperamos pronto señorita Shezar- respondió Argyle con amabilidad- Ojalá tenga mejor suerte en otra ocasión-

-Claro…y espero que la invitada del Rey se recupere pronto- mintió la rubia llena de hipocresía al despedirse, mientras salía del lugar con su altanero porte.

Varias veces cada mes, ocurría una escena parecida a aquella. La engreída Selena Shezar se dirigía cada cierto tiempo con la exigencia de ver al Rey Van quien casi siempre y por fortuna se encontraba ocupado. Por fortuna ya que para Van era una verdadera tortura recibir a aquella señorita, ignoraba el por qué se había aficionado a él y no perdía ninguna oportunidad para tratar de llamar su atención. Aunque el trataba de ser educado y cortés con ella, en el fondo estaba bastante seguro que la chica estaba algo mal de la cabeza y su cercanía le producía escalofríos tan solo al recordar en ella a su acérrimo enemigo de batalla Dilandu Albatou. Es por eso que su secretario tenía estrictas instrucciones de impedir que la mujer lograra agendar una audiencia a solas con el Rey de Fanelia, así únicamente debía verla en actos de la corte y reuniones más formales cuando aquello era inevitable.

-ooo-

Después de pasar un rato tranquilo velando el sueño de Blaire, unos quedos golpes en la puerta sacaron al Rey de su estado de meditación. La puerta se abrió unos centímetros y la carita peluda de Merle se asomó por la abertura.

-¿Amo Van?- dijo la felina, susurrando para no despertar a la enferma- Amo Van es hora de la cena ¿Vas a venir?... el Sanador Assa dice que debe darle sus medicinas a Blaire, las está preparando… Vamos Amo será mejor que salgas.-

Van se levantó de la silla estirándose: - Mmm… Sí Merle, creo que perdí la noción del tiempo, vamos a cenar. Dile a Assa que pase por favor-

El Sanador en Jefe, que había escuchado las palabras del Rey, se encontraba ya tras Merle con una bandeja de medicamentos y la joven gato se hizo a un lado para que pasara.

-Majestad, me temo que debo interrumpir su visita para dar tratamiento a la enferma ¿Quiero suponer que no hubo ningún cambio mientras estuvo usted velando su sueño?- preguntó educadamente el sanador.

-Ella está durmiendo apaciblemente Assa- afirmó Van mirando a la muchacha que yacía en la cama-Sólo tosió un par de veces, pero no despertó para nada, su sueño es tan profundo que ni siquiera notó mi presencia-

-No se preocupe Majestad, pronto debo despertarla para que tome su medicina, será un honor para mí comunicarle a la paciente que el Rey en persona estuvo visitándola- prometió Assa con reverencia y respeto.

-No te preocupes por eso- se apresuró en decir Van- No es necesario. Es más, ni siquiera menciones que he estado aquí. Por favor.-

-Como usted diga Majestad- aseguró el Sanador en Jefe haciendo una reverencia con la cabeza- Si así lo desea usted así se hará. Ahora por favor le ruego me deje a solas con mi paciente.-

-Claro que si Assa. Si ella o tu necesitan algo sólo díselo a Merle y ella me lo hará saber.- Diciendo ésto salió de la habitación procurando ser silencioso.

Aquella noche después de cenar y recibir el reporte de la guardia vespertina, Van se retiró a sus habitaciones para asearse y tomar el merecido descanso que necesitaba. Antes de dormirse dirigió sus pensamientos hacia la Luna Fantasma, concentrándose fuertemente en recordar a Hitomi, sus ojos, sus rasgos, el color de su cabello y notó con decepción que casi no podía recrear en su mente algunos de sus gestos o su aroma. Recordaba bien su sonrisa y su voz, pero el tiempo y la distancia no perdonan y poco a poco se iban borrando pequeños detalles. Al igual que ya casi no recordaba la sensación de un abrazo de su madre o cuando su padre lo tomaba de la mano. El tiempo le iba borrando lo poco que le quedaba de sus seres queridos.

Cerró los ojos y la vio a ella; no a su Hitomi, si no a la otra chica de la Luna Fantasma, de ella si podía describir los detalles: El pelo rojizo y ondulado, sus ojos de color extraño y sus sonrosadas mejillas llenas de vida. Ojalá fuera Hitomi…Hitomi y no Blaire la que estuviera en esa cama en su castillo. Suspiró con pesadumbre antes de dormirse, y a pesar de todo aquella noche durmió de corrido y sin sobresaltos.

-ooo-

A la mañana siguiente después del desayuno Van se había dirigido al ala de habitaciones, hasta la alcoba de Blaire. Quedamente tocó la puerta hasta que Assa el Jefe Sanador abrió la misma.

-Su Majestad buenos días. ¡Que sorpresa!-

-Buen día Assa. Sólo pasé un momento a ver a tu paciente. Me comentó Merle en el desayuno que la chica tuvo una gran mejoría- indicó el Rey.

-Precisamente ahora la señorita está despierta. La señorita Merle le ayuda a tomar su desayuno- refirió Assa- Pase usted por favor majestad-.

Van entro silenciosamente a la habitación y le alegró la escena que pudo observar. A un lado de la cama se hallaba sentada la fiel Merle con un plato en una mano y una cuchara en la otra, trataba cariñosa pero insistentemente que la chica enferma comiera un poco más.

-Merle, cof, cof…Ya no quiero comer más…- dijo Blaire con voz baja entre toses- Por favor-

-Pero tienes que comer bien para ponerte fuerte- ordenó la chica gato- Abre la boca-.

Ninguna de las dos jóvenes se había percatado que el Rey Van había entrado a la habitación, hasta que el intervino.

-Merle…Déjala ya. Si no quiere comer no la obligues- pidió Van cariñosamente a su amiga. El mejor que nadie sabía lo insistente que podía ser Merle cuando de cuidar de alguien se trataba.

-¡Amo Van!- se sorprendió la felina, dejando de lado el plato y corriendo a saludarlo.

Una muy sorprendida Blaire intentó sentarse en la cama para saludar al Rey apropiadamente: -Su Majestad…-pero un repentino ataque de tos se lo impidió- cof, cof, cof…Yo…cof…Le agradezco…-

La chica trataba de hablar pero sólo conseguía ponerse muy roja por el ahogo.

-Ey, tranquila. No es necesario que te levantes- aclaró el muchacho un tanto preocupado- No trates de hablar.

Blaire asintió con la cabeza mientras trataba de recuperar una respiración pausada, al tiempo que miraba al Rey con ojos de gratitud.

-Puedo ver que ya luces mucho mejor y más fuerte- dijo Van dirigiéndole una leve sonrisa.

La chica volvió a asentir, sintiéndose sorprendida pues era la primera vez que veía a aquel hombre sonreír.

El Jefe Sanador intervino: -Con unos días más de reposo y los remedios que le estoy administrando, la señorita estará mucho mejor. Eso sí, nada de hablar mucho, ni exponerse al exterior por ahora.-

Blaire desobedeció a Assa enseguida y respirando entrecortadamente alcanzó a preguntar: -Majestad…La…La pequeña…cof, cof… ¿Cómo…está?- Su voz además de la dificultad para respirar denotaba un dejo de preocupación.

-Shhh… ¿No escuchaste que no debes hablar?- Van enarcó una ceja falsamente molesto con la chica, pero enseguida su semblante se relajó. –No te preocupes ella salió muy bien librada de todo…Gracias a ti. De hecho iré a visitar a la familia de la pequeña esta misma tarde, les daré saludos de tu parte si quieres-

La chica de cabellos color caoba asintió con la cabeza y los ojos ante la propuesta del Rey.

-Bien debo irme.- cortó Van y se giró para dirigirse exclusivamente a Assa y a Merle. – Les encargo que la vigilen y la mantengan callada… Si eso es posible- ironizó el Rey.

-Si Amo Van yo la cuidaré. Cuenta con eso- dijo la gatita con entusiasmo como si aquello se tratase de una gran misión.

Van se dirigió a la puerta e hizo el amago de salir de la habitación, pero segundos antes de hacerlo le dirigió una última mirada a Blaire y le lanzó un comentario a guisa de despedida: -¿Sabes que lo que hiciste fue muy estúpido?-

La chica miró al Rey abriendo mucho los ojos y sus mejillas se llenaron de rubor. Aquel comentario le había avergonzado demasiado. Pero Van no había terminado aún.

-Así es, fue muy estúpido…Pero sin duda muy valiente- concluyó el Rey- Hasta Mañana

Dicho aquello salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí, dejando a la muchacha con sentimientos encontrados.

-ooo-

-Esa maldita entrometida está acaparando la atención de Van... ¡Mi Van!- rugió Selena mientras se veía reflejada en el espejo de su habitación.-Desde que se presentó en la corte supe que me traería problemas... ¡La odio!-

La encantadora y delicada rubia tomo las rosas de un jarrón que adornaba su tocador y con furia las despedazó entre sus manos. Su linda cara se transfiguraba por la ira mientras le hablaba a su propio reflejo.

-Ninguna mujer debe acercarse a él ¡Ninguna!...Tan sólo se lo permito a esa condenada gata porque no es una amenaza para mí- la chica visiblemente alterada hablaba en un susurro escalofriante.- Él debe amarme a mí... ¿Me amas Van? ¿Me amas?- decía entornando los ojos al espejo.

Fuera de la habitación se escuchaba la voz angustiada de una de las doncellas:

-¡Señorita Selena! ¡Señorita Selena!...Por favor abra la puerta.-

Las emociones de la rubia joven cambiaban volátilmente, y del enojo pasó de inmediato a la tristeza:

-Hermano... ¿Cuándo vendrás? Siempre tardas tanto en volver- le preguntó al espejo con voz lastimera- Me siento muy sola aquí...extraño a mi perrito Jajuka... ¡Jajuka!- Selena temblaba con lágrimas en los ojos.

A pesar de que llevaba cinco años recuperándose de los traumas que había sufrido a manos del imperio de Zaibach y que había recobrado la tranquilidad mental de manera relativa, de vez en cuando su salud emocional se alteraba en demasía, sobre todo en los largos periodos que su hermano Allen se ausentaba de su lado.

Además los últimos años en que ella había estado residiendo en Fanelia bajo la protección de la corte del Rey Van, la jovencita había desarrollado una total y enfermiza obsesión por aquel muchacho, de tal suerte que siempre estaba presente en las audiencias de la corte y en las apariciones públicas del joven soberano. Aquella situación estaba muy lejos de agradarle a Van, pues a pesar de ser la hermana de su amigo y de lucir ahora como una muchacha sumamente hermosa y delicada él no podía olvidar el oscuro pasado de la joven que había sido uno de sus más crueles enemigos y procuraba que el trato entre ellos se limitara a lo educadamente correcto.

-ooo-

Por la tarde después de atender algunos asuntos Van llamó al más joven de sus capitanes.

-Osgard, prepara a dos guardias, iremos a la ciudad, tengo una visita que hacer a la familia de la niña que estuvo en peligro en el incendio y a supervisar los trabajos de la escuela, es imperativo que reabra sus puertas pronto- pidió el Rey

-Enseguida Señor- repuso el joven capitán de la Armada del Cuerno saliendo a cumplir las órdenes de su Rey, cruzándose con Merle que entraba en ese momento.

-¡Amo Van! Ya hice lo que me pediste- anunció la chica diligentemente- Ya están listos los víveres en el carruaje y las doncellas del servicio esperan-

-Excelente Merle, sabía que podía confiarte esto- Van revolvió el cabello de la felina cariñosamente- ¿Quieres venir?-

-¡Amo Van! ¡Claro que sí!- gritó entusiasmada palmeando sus garras- A Merle le encanta ir donde tu vayas-

-Bien, vamos entonces- dijo él invitándola a salir- Tú te vas en el carruaje y Osgard ya debe estar esperándome con las monturas listas-

Al salir por una de las puertas laterales de Castillo efectivamente el capitán ya aguardaba al Rey con su caballo ensillado, además de estar lista la escolta y el carruaje, al que Merle trepó de un salto.

-¡Partamos!-ordenó Van una vez que hubo ocupado su montura.

La comitiva partió a trote bajando por la calle principal que unía el Castillo con la ciudad, el sonido de los cascos de los corceles hicieron que por las puertas y ventanas los habitantes de Fanelia se percataran del paso de aquel grupo y lanzaran diversas exclamaciones.

-¡Es su majestad!- decían unos.

-¡Alteza!- saludaban otros.

-¡Adiós señorita Merle!- gritaban al percatarse de la presencia de la muchacha.

Van y Merle saludaban con la mano y una sonrisa a los habitantes del pueblo. No faltaron las personas que detuvieron un momento al Rey con alguna inquietud o petición. Van, como el buen soberano que era se detenía entonces y dedicaba unos minutos a aquellas personas que lo necesitaban. Una de esas personas que detuvieron el paso de la comitiva del Rey, fue un muchachito de unos diez años.

-¡Señor Rey! ¡Señor!- el chiquillo agitó los brazos para llamar la atención de la comitiva.

Van de buena fe se detuvo y se apeó de su corcel para poder estar a la altura del pequeño y poder escucharlo mejor.

-¿Qué pasa pequeño amigo? Dime, ¿Qué necesitas?- le preguntó Van con amabilidad.

-No…No necesito nada Señor- balbuceó el pequeño y con mucha energía le entregó un paquete pequeño- Sólo quería entregarle esto-

Van tomó algo extrañado lo que el chico le entregaba y lo abrió un tanto confundido.

-¿Por qué me das esto?- dijo mirando la extraña chaqueta que el chico le había dado y que ahora tenía extendida frente a sí.

-Es de su amiga…-contestó el niño con una sinceridad propia de su edad- La muchacha que se metió a la escuela a salvar a mi amiga Angie… ¿Es su amiga no?-

-¡Ah! Ya entiendo- Van comprendió de golpe- ¿Quieres que se lo entregue a ella?-

-Mi mamá lo lavo y arregló para ella- repuso orgulloso el muchachito-Por favor dígale a su amiga que le agradecemos mucho por salvar a Angie-

Van sonrió:-Claro que sí, yo se lo diré- y dando una palmadita en el hombro del chico, volvió a subirse a su caballo- Por favor, guíanos a la casa de tu compañera, nosotros te seguiremos-

El niño entusiasmado echó a correr desviándose de la calle principal por callejones y callejuelas empedradas.

-¡Vamos! ¡Es por aquí!- gritaba a cada tanto dirigiéndose a la comitiva del Rey- ¡Ya casi llegamos!

Después de unos minutos llegaron a un grupo de casas humildes muy cercanas a la muralla de la ciudad.

-¡Aquí es! ¡Hemos llegado!-saltó el pequeño con entusiasmo y entró a una de las casas sin siquiera avisar- ¡Angie! ¡Señora! ¡Alguien vino de visita! ¡Salgan! ¡Salgan!-

Van había desmontado y esperaba cerca de la casa con Osgard a su lado. Mientras tanto los guardias resguardaban el carruaje. Minutos después salieron por la puerta la pequeña Angie y su madre, quedando totalmente sorprendidas al ver quien aguardaba por ellas.

-Buenas tardes, espero no ser inoportuno- saludó el Rey en un tono amable y lleno de sencillez.

-¡Majestad!- exclamó la dueña de la casa haciendo una profunda reverencia y visiblemente emocionada -Pero que sorpresa y que honor…Majestad nuestra humilde casa no merece su presencia…Pero. ¡Pase, pase por favor!-

-Mami ¿Es el Rey?- preguntó la niña emocionada.

Su madre contestó con orgullo: -Si tesoro, el rey en persona vino a visitarnos- y dirigiéndose a todos apremió-Pasen todos por favor, enseguida les prepararé algo-

-No es necesario- aseguró Van entrando a la casita seguido de Merle y Osgard –Sólo venimos a ver cómo está la pequeña.-

-Por favor siéntense Majestad- rogó la buena mujer complacida de tener a aquellos visitantes en su propia casa-¿Seguros que no desean beber algo?-

-De verdad muchas gracias- negó Van- Sólo estaremos un momento, quisimos traerles un pequeño presente-

Diciendo esto le hizo una seña con la cabeza a Osgard. El capitán salió rápidamente, para volver a ingresar después de unos minutos seguido de las doncellas que llevaban sendas cestas con pan, carne, frutas y una variedad de víveres, tras ellas los guardias llevaban sacos de harina y azúcar.

-¿Adónde le ponemos esto señora?-preguntó el capitán.

-¡¿Pero cómo?! ¡Por el Dios Dragón!- exclamó la mujer conmovida hasta las lágrimas- Esto no era necesario. Majestad…Yo…Le agradezco tanto ¡Es demasiado!-

-No tiene nada que agradecer- cortó Van- La pequeña necesita alimentarse bien para reponerse-

-Mi Señor, muchísimas gracias- dijo la madre de Angie haciendo una reverencia.

-De verdad no me lo debe a mí, si no a mi invitada que estaba en el lugar preciso al momento justo del incidente y tuvo a bien salvar a la niña- explicó el Rey.

-¡Tiene razón! Majestad. Pero que grosera soy- se recriminó la mujer- ¿Cómo está su amiga? Esa valiente y noble señorita-

-No se preocupe por ella. Se encuentra mejor y con los cuidados necesarios se repondrá del todo- explicó el joven Fanel con amabilidad.

-Por favor, dígale que no tengo palabras para agradecerle lo que ha hecho por nosotras mi Señor- rogó la buena mujer al soberano.

-Yo le expresaré sus palabras- aseguró él- Ahora, ya debemos partir.

Osgard y Merle se levantaron y haciendo una leve reverencia salieron de la casita seguidos de las doncellas y los guardias. Por ultimo acompañado de la dueña de la casa salió el Rey quien despidiéndose amablemente montó su corcel para emprender el regreso.