N/A: I'm back!, una enorme disculpa por tardar en actualizar, la falta de tiempo D: Sin contar que estos últimos días me estuvo fallando el Word, pero bueno, hay nuevas lectoras, bienvenidas sean, disfruten leyendo esta historia tanto como yo como el escribirla :)

Caroone, minako Marie, Serena Princesita Hale, Luna White 29, AraMalfoyG, LucyTheMarauder, MRS Taisho-Potter, satorichiva, Nuleu Strack, patybenededmalfoy, ian, Maggie Night, SALESIA, Nallely Gzz M, Lizz-Cerezo, mmrr33, Angy Malfoy, lis07, Yuuki Kuchiki, Schatzie0713, jdhernandez6, CookieAbii, Alesz, Aid4, May Mudblood, sirone aphrody, Annilina, Miranda Olson y BeaGiil.

¡Gracias por comentar! :)

Y de paso les dejo una imagen de Ernie y Susan que recién hicieron su aparición el capítulo pasado. Sólo hay que colocar los puntos y sin espacios :) imageshack (punto) com/a/img199/5328/83r3 (punto) png

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Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, sino a la creadora del increíble mundo Potterico, J.K. Rowling.

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.:: 08 ::.

Es tan maternal

—¡Lo encontré!

La voz de Teddy alertó al resto, Lily seguida de sus hermanos James y Albus se dirigieron hacia la zona de los arbustos, donde ya se encontraba Teddy.

El sol se encontraba en su punto más alto, pero eso, ni el inmenso calor que sentían los desalentó en su búsqueda. Tan sólo después de escuchar lo que ellos denominaban el grito, los niños Potter junto con Teddy Lupin se dedicaron a buscar por cada rincón.

"Que no sea él… Que no sea él…" Mientras James se acercaba, sus pensamientos se dirigieron hacía cierto rubio necio con el que tuvo la desdicha de cruzarse aquél día. Respiró tratando de tranquilizarse. Seguramente no se trataba de nada, un animal escondido entre los arbustos y el rubio ya bien lejos. Pero la inocente voz de su hermana destruyó su ilusión en un instante.

—¡Miren! ¡Miren! —los dedos de la niña señalaron al cuerpo recostado en el césped, a su lado se encontraba Teddy de pie observándolo con mucha curiosidad. La clara intensión de despertarlo de su sueño se apreciaba en sus ojos verdes. Sólo un niño rico y mimado llegaría como si nada a tomar una siesta en mitad de la tarde tras un montón de arbustos… "Eso… o alguien muy cansado" razonó Albus—. ¿No es el niño que se nos acercó hoy en la Heladería? —les preguntó, aunque ella ya estaba segura de haberlo visto antes.

James se colocó una mano en la barbilla de modo pensativo.

—No… debe de ser alguien que se le parece —Albus, a su lado frunció el ceño incrédulo. James tomo por el hombro a su hermano menor y trató de alejarlo de la escena lo más rápido posible—. Dejémoslo dormir y sigamos jugando.

Lily, con el ahora azulado Señor Conejo en sus brazos debido a la pintura arrojada por Teddy, infló sus mejillas desilusionada de su hermano mayor.

—No… —la pelirroja jaló la chaqueta de James a la vez que lo miraba seriamente—. Hay que ayudarlo —pidió.

James liberó a Albus y colocó ambas manos en la cintura. A Lily le recordó a su madre cuando estaba punto de regañarla, pero con su hermano era todo lo contrario, él soltaba pura ironía en sus palabras.

—Bien… espera un minuto aquí —el de ojos marrones elevó sus manos al aire impaciente—. Ya voy y busco una manta suave y caliente para nuestro apreciado invitado.

El cabello rojizo de Lily se agitó mientras negaba con su cabeza. A su hermano mayor se le había olvidado por completo que estaban en pleno verano.

—Jamie… con una mantita calientita le daría más calor.

James Potter frunció su ceño y se dio un golpe mental por olvidar que su hermana pequeña era inmune a su sarcasmo. Pero las invisibles comillas que James formó con los dedos de sus manos más las palabras llenas de ironía, sacaron a Albus y a Teddy de su estupor y recordaron al niño durmiente.

Muchas preguntas se formulaban en sus pequeñas cabezas ¿Cómo es que había llegado hasta ahí? Aunque una pregunta mejor les cruzaba por la mente… ¿Por qué?

Y Albus quería saber, Merlín sabía que quería saber. Pero no tendría respuestas, al menos no hasta que el niño rubio despertara de su sueño.

La niña Potter se apresuró y se acercó al rubio dormido. Se acomodó en cuclillas a su lado y su pequeño dedo comenzó a tocar curiosamente la mejilla del durmiente, lo que provocaba un sutil movimiento en su cabeza.

—¡Lily, no lo toques! —exclamó alterado James, a lo que la susodicha no hizo más que fruncir el ceño.

—Pero creo que ésta desmayado, Jamie. Hay que decirle a Hermione.

—Claro… ¿Por qué entonces no vas corriendo y se lo dices…?

—Sí, ya voy —Lily se puso de pie obedeciendo las palabras de James.

—¡No lo decía en serio! —objetó el Potter mayor—. Se desmayó sólo, que se despierte sólo.

Los labios de Lily temblaron intentando contener su gemido, en lugar de eso corrió a lado de su hermano Albus.

—Eres cruel James… —murmuró la pelirroja mientras se abrazaba al oji-verde.

—No es crueldad… —James se cruzó los brazos al pecho ya impaciente por terminar el tema—. Es precaución. Ni siquiera conocemos a éste niño.

—Sí lo conocemos —Lily dio un paso al frente—. Se llama Sco… Sco… Scor y algo —colocó las manos en la cintura a lo Ginny Potter—. De lo demás no me acuerdo, pero sí me acuerdo de que su nombre empieza con una S —se excusó por fin. En aquél momento se había interesado más por terminar su helado, que en la plática de sus hermanos con el extraño.

—Se llama Scorpius —añadió Teddy uniéndose a la charla—. Será mejor avisar a Hermione.

—¡¿Qué?! —el gritó de desconcierto de James Potter pudo haberse escuchado por todo el lugar, de eso estaba seguro Albus.

—Teddy tiene razón… —apoyó el oji-verde al de rizos castaños—. Hay que decirle a Hermione.

—No —respondió James.

—¡Sí! —Lily se colocó unos pasos frente a su hermano Albus para encarar con valentía a James—. Papi dice que siempre hay que ayudar a quienes están en problemas.

"Touché". A pesar de tener razón, James hizo caso omiso al comentario de su hermana.

—El no está en problemas, sólo está durmiendo.

—Aunque sea así… —Lily infló sus mejillas—. No podemos dejarlo durmiendo aquí afuera. Estoy segura que Hermione lo dejará dormir en su casa hasta que despierte —Albus y Teddy asintieron al estar de acuerdo con la pequeña Potter.

James rodó los ojos. Tres contra uno, tenía todas las de perder.

—Bien, hagan lo que quieran —James respondió, con sus brazos aún cruzados sobre su pecho. Los otros tres sonrieron victoriosos.

—Lily… ve y dile a Hermione —le pidió Albus.

La pelirroja asintió e imitó perfectamente el saludo militar muggle.

—¡Sí, señor!

Albus sonrió, Lily últimamente se dedicaba a ver programas muggles en el aparato al que su padre llamaba televisor. Observó como su hermana corría apresurada hacía el edificio, sus brazos extendidos cual águila y el Señor Conejo siendo movido por los aires, Lily Luna seguramente imaginándose que volaba. Volteó a mirar a James cuando Lily ingresó al interior del edificio. James también lo miro, pero le resto importancia.

—¿Qué? —preguntó con incredulidad.

—No lo sé…

—Oh… ¿Algo que Albus Severus Potter no sabe?

El oji-verde suspiró, olvidaría el tono bromista de su hermano.

—Creo que estás exagerando el papel del gran hermano mayor.

James cruzó de nuevo sus brazos al pecho, Albus la reconocía como una clara señal de impaciencia o fastidio.

—Cuido a mis hermanos, no hay nada exagerado en eso.

—¿De qué nos estas cuidando? —le cuestionó Albus—. ¿De niños que caen inconscientes en el jardín de Hermione? —continuó mientras señalaba con su dedo al rubio dormido.

—Padre… —Scorpius, ante la mirada atenta de Albus, James y Teddy, se removió hasta quedar acostado boca abajo y usar su brazo como almohada—. No quiero ir a la escuela muggle…

—Hmp… al parecer tampoco quiere ir a la escuela —susurró Teddy con cautela.

—¡Ni hablar! —James elevó la voz con toda la intensión fallida de despertar al rubio—. Albus… no puedes ser amigo de ése —el nombrado niño oji-verde frunció su ceño, curioso por las palabras de su hermano—. En estos días la educación es muy importante —Albus abrió su boca sorprendido.

—¿Desde cuándo es importante para ti la escuela señor Soy el último en mi clase? —curioseó Teddy.

—¡Yo no soy el último en mi clase! —se defendió James.

Albus dejo hablando a James y a Teddy y se dirigó hacía Scorpius, esperaría cerca hasta que llegará Hermione.

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La peli-negra entreabrió sus labios, reconoció inmediatamente a la pelirroja. Susan era quien atendía Florean Fortescue. Velozmente, Pansy se puso de pie y sujetó fuertemente los brazos de la mujer frente a ella.

—¡Dime sí lo has visto!

—¿Visto? —Susan parpadeó confusa ante las palabras de su clienta—. ¿A quién?

—¡A Scorpius! —Pansy se encontró con la cara de desconcierto de la pelirroja—. Es rubio, tiene seis años. Es increíblemente inteligente, astuto y muy persuasivo.

Los ojos de Susan se entrecerraron intentando recordar los rostros de los niños que había visto ésa mañana. Después de un momento, finalmente la pelirroja negó como respuesta.

—¡¿Qué?! ¡Pero tiene que estar por aquí! ¡No debe de estar lejos!

—Señora Zabini, cálmese por favor —pidió Susan a la otra. Aunque ambas hubieran estudiado en Hogwarts, no se sentía en la suficiente confianza como para llamarla por su primer nombre—. Como usted dice, debe de estar por aquí cerca —Susan la condujo de nuevo al asiento que había estado ocupando hace tan sólo unos instantes—. Siéntese.

—¿Y sí se lo robaron? ¡Scorpius es tan lindo que pudieron robárselo!

Susan respiró lentamente tratando de calmarse o podría darle un ataque de histeria también.

—Tranquilícese… —pidió de nuevo la pelirroja—. Ésta asustando a los demás clientes.

Pansy miró a su alrededor y por primera vez fue consciente de las miradas que se dirigían a ella.

—Pero…

—Está bien… —Susan le tranquilizaba—. Primero buscaremos dentro de Florean Fortescue. Sí no está aquí, buscaremos por los alrededores.

Y la peli-negra asintió agradecida.

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Draco se colocó hábilmente el saco de su traje muggle de color gris. Los primeros botones de su blanca camisa con rayas verticales se encontraban desabrochados. lo que le daba un aire juvenil, conservando todavía su aire aristócrata. Desanudo su corbata de seda y la arrojó hacía el sofá, se sentía más cómodo sin ella. Desvió la mirada a su moreno amigo, una sonrisa arrogante y despreocupada se formaba en los labios del rubio. A Blaise sólo le dio desconfianza.

Como el buen padre que se auto proclamaba, Draco Malfoy conocía cada paso que daba su primogénito. Las salidas con Pansy eran generalmente un arduo recorrido en Madam Malkim o algún centro comercial muggle. Ropa para Pansy, algo para Scorpius e incluso algo también para Blaise. Después de todo la peli-negra no tenía un mal gusto. La siguiente parada sería una librería, a Scorpius últimamente le daba por conocer la cultura muggle, así que de preferencia le pediría a Pansy que le comprara un libro que hablara sobre ella. Como última parada era Florean Fortescue, una heladería en el callejón Diagon.

—Vamos a encontrarnos con Pansy y Scorpius —ordenó Malfoy alisando su fina vestidura, para después cruzar los brazos sobre su pecho en una señal de impaciencia.

Impaciencia… el tercer nombre del rubio según Blaise. Pero en aquél momento a Zabini le parecía que su amigo era como un niño esperando a que le entregaran el juguete que había visto, codiciado y pedido. Malfoy se dirigió hacia la salida del lujoso salón de la residencia Zabini, Blaise le seguía un par de pasos atrás. El moreno le lanzaba una mirada a su amigo de vez en cuando, no podía evitar preguntarse qué pasaba por la cabeza del dragón.

Al mismo tiempo, el pensamiento de Draco lo ocupaba completamente su hijo Scorpius. Por propia boca de su hijo, era plenamente consciente de las escapadas que realizaba su pequeño. Lo había castigado en varias ocasiones, dos semanas parecían ser suficiente tiempo; pero ante un puchero de Scorpius el castigo había sido reducido a una. Desde entonces, el niño le anunciaba cuando pensaba alejarse un poco de su tía Pansy. Y ése día, sería uno de ésos días. Admitía que ver a su amiga en plena crisis le parecería divertido, aunque en ninguna de las ocasiones anteriores ha sido afortunado en llegar a Florean y preguntar "Pansy… ¿Dónde está Scorpius?", porque Scorpius siempre volvía a tiempo.

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—¡Ernie! ¡Ernie!

La voz de Susan lo alertó y apresurado salió del cubículo del baño. No era normal que su esposa le llamara gritando, algo debía de haber pasado.

—¿Qué pasa? —le cuestionó mientras terminaba de subir su bragueta del pantalón, pero parpadeó por la sorpresa al ver a la peli-negra junto a la pelirroja—. ¿Qué hace Parkinson aquí?

—Tenemos que decirte algo, algo horrible paso —le dijo Susan.

—¿No pudieron esperar hasta que saliera del baño? —les reclamó—. Hay un letrero de "Hombres" colgado en la puerta, ¿Y saben lo que significa?, baño sólo para hombres.

—Cálmate, Macmillan —susurraba Pansy—. No tienes nada que quiera ver.

Ernie observó con reproche a Parkinson. El que de la noche a la mañana la ahora señora Zabini se volviera cercana a Hermione Granger y que continuamente visitara Florean Fortescue para hablar con ella, le había tomado por sorpresa. Desde la primera vez que la vio entrar en la heladería y acercarse apresuradamente a la castaña para que después las dos salieran huyendo hacía la oficina de Hermione, desde ése mismo instante supo que una extraña y rara amistad comenzaba a crecer entre ellas. No que su amistad fuera rara y extraña en sí, más bien lo sería tal vez la forma en la que empezó. Y él tenía mucha curiosidad sobre eso.

Suspirando, Ernie Macmillan trató de tranquilizarse.

—¿Qué fue lo que paso? —preguntó mientras se dirigía al lavabo a lavarse las manos—. ¿Quién murió? —añadió con absoluto sarcasmo.

Y los llantos de Pansy comenzaron de nuevo.

—¡¿Y sí murió?! ¡¿Qué pasa si murió?! —gritó al borde del colapso—. ¡Su padre va a matarme!

—Tranquilízate, Zabini —Susan comenzó a calmarla de nuevo. Miro de soslayó a su esposo—. ¡Mira lo que hiciste!

—¿Qué hice? —le preguntó sin comprender. Pansy gritando y llorando sin parar, y Susan tratando de consolarla. Ernie no entendía nada.

—El niño con el que venía desapareció —le informó Susan sentada junto a Pansy, la pelirroja masajeaba la espalda de la ex Slytherin tratando en vano de tranquilizarla.

—¿Lo secuestraron?

—¡Sí! —Pansy gritó de nuevo—. ¡Eso debe ser! ¡El padre de Scorpius tiene muchos Galeones!

Susan, con seriedad se puso de pie. Ya había sido suficiente pérdida de tiempo, era momento de actuar.

—Ernie, tu teléfono.

—¿Para qué? —cuestionó mientras adentrada su mano en el bolsillo delantero de su camisa, para después entregárselo a la pelirroja.

—La llamaré —dijo mientras marcaba algunos números—. Su mejor amigo y su novio son Aurores, seguro que puede pedirles que lo busquen.

—¿En serio? —Pansy pareció animarse.

—Sí.

Ernie frunció el ceño con indignación.

—No creo que debamos molestarla para algo como esto. Ése niño debe estar por ahí jugando a las escondidas.

—Ernie… —le susurraba Susan al escuchar al aparato anunciar que del otro lado de la línea comenzaba a sonar—. Piensa en ése niño solo y con miedo. Llorando por su papá esperando a que venga a buscarlo, ¿Y sí ése niño fuera nuestro hijo?

Él tragó saliva, nervioso.

—Bien, llama a Hermione.

—¿Hermione? ¿Hermione Granger? —les preguntó curiosa Pansy.

—Sí, Hermione Granger… — Susan Macmillan sonrió gustosa mientras le ofrecía el teléfono celular a Pansy Zabini—. Ya no tarda en responder.

—Ah… gracias… —la peli-negra limpió una de sus lágrimas mientras tomaba el aparato entre sus manos. Se encogió de hombros sin saber qué hacer con el.

Susan observó la absoluta confusión en su rostro, eso, sumado a su mirada curiosa y a su nerviosismo le dieron a entender a la pelirroja, que Pansy Zabini no sabía cómo funcionaba dicho aparato.

—Sólo colócalo en tu oído.

La peli-negra asintió, y rápidamente hizo lo que dijo la mujer de Macmillan.

—¿Hola? ¿Hola? ¿Hermione?

—Ah… —Susan dudaba—. Primero debes dejar que te conteste del otro lado.

—Oh… —Pansy suspiró mientras esperaba a que del otro lado de la línea respondieran.

—Por cierto, Zabini ¿Quién es el padre del niño? Nos podría dar una gran recompensa por poner a un escuadrón de Aureros a buscar a su hijo.

La concentración de la peli-negra se encontraba en esperar a que alguien respondiera del otro lado, pero se limitaría a responder a Ernie Macmillan.

—Su padre es Draco Malfoy —le respondió sin darle mucha importancia.

Segundos después Pansy se arrepintió, porque Ernie había llegado tan rápido como pudo a lado de la peli-negra y tomo el teléfono entre sus manos, pero Pansy aún no lo soltaba.

—¿Qué…? —Pansy frunció sus cejas con enojo—. ¡Suéltalo Macmillan!

Susan carraspeó al ver la escena, pero aquellos dos ni siquiera se habían inmutado.

—¡Por Merlin! ¡Dejen de comportarse como niños! —Susan reclamó al ver a los dos adultos intentando quitarle el uno al otro el dichoso aparato.

Él hizo un último intento, gracias a su altura y fuerza logró cumplir su cometido.

—Molestar a Hermione por alguien relacionado con Draco Malfoy… no pienso permitirlo.

—Pero es un niño y sólo tiene seis años —le recordó Pansy a Macmillan.

—Eso no me impor… —Ernie calló cuando la pelirroja arrebató el aparato de sus manos.

—Ernest Macmillan… —comenzó a sermonear la mujer mientras agitaba el teléfono celular frente al rostro de su marido—. Es de un niño del que estamos hablando… —y siguió agitando—. ¿Quieres ser más consciente?

—Lo que tú quieras, Susan… —cedía, pero optó por ser más amable—. Cariño… ten mucho cuidado con eso, ¿Sí?

Susan frunció el ceño, y Pansy pensó que tal vez bebería una poción por la noche para prevenir las arrugas en su frente.

—¡Te preocupas más por tu aparatito que por un inocente niño perdido! —Ernie observó con terror como la mujer lo agitaba más rápido—. ¡No lo puedo creer de ti, Ernie Macmillan!

—Amor… es un aparato muy delicado.

—Es un aparato mágico —dijo Susan.

—Sí, lo es. Pero no por eso es indestructible. Hice una enorme fila en el Ministerio para que pudieran otorgármelo —Ernie trataba de respirar tranquilamente—. Así que… trátalo con mucho cuidado.

—Un aparato mágico que puede destruirse… ¿De qué estás hablando, Ernie? —siguió Susan. Sus ojos se dirigieron a la mano que sostenía el teléfono, para después, las dos mujeres y el hombre, seguir con la mirada el aparato que salía volando por los aires. Susan abrió y cerró su puño, la palma de su mano se sentía húmeda y resbaladiza.

Sudor. Susan bufó, un mal día para estar en un caluroso cuarto de baño en pleno verano.

—¡Susan! —gritó Ernie reclamando a su esposa.

Su preciado aparato se acercaba al suelo, estaba a muy poca distancia de estrellarse contra el piso. Podría sacar su varita y lanzarle un Accio, pero para entonces ya sería muy tarde. Así, el ex Hufflepuff se decidió por lo más sensato, y corrió, corrió como nunca antes había corrido en su vida.

Una sonrisa pasó por su rostro, se aventó, por unos segundos sentiría que volaba sin alas y sin ayuda de una escoba. No importaba que callera boca abajo en el suelo, siempre y cuando recuperara sano y salvo su teléfono, a menos a él era lo menos que le importaba. Su sonrisa se desvaneció, no llegaría. El sentir el golpe al caer no fue nada comparado cuando vio destrozado su aparato de comunicación. Ernie no lo podía creer, y sin poder evitarlo le lanzó una mirada de reproche a su esposa.

—¿Sabes cuánto tiempo tarde haciendo fila para que pudieran entregármelo?

—No —respondió con tono frío, y entonces Ernie supo que ella no tenía ningún remordimiento por lo sucedido.

—¡Ya olvídense de eso! —Pansy se puso de pie alterada, mientras Ernie se disponía a recoger fragmento por fragmento—. ¿Ahora qué voy a hacer para encontrar a Scorpius?

Susan la observó con la boca abierta sin que ninguna respuesta saliera de su boca.

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Hermione agitó su varita y el sofá levitó hasta estar en el centro de la sala. Torció sus labios al no estar muy conforme con el cambio. La agitó una vez más, y el sofá se deslizó un poco hacía la izquierda.

—Perfecto… ahora… —una vez más agitó su varita y la mesa de cristal levitó hasta la sala, asintió satisfecha cuando estuvo en el lugar indicado.

Ahora lo que seguía, la cocina. Pensativa se dirigió a su refrigerador, suspiró al encontrarlo completamente vacío, se recrimino el no haber tenido en cuenta ése pequeño detalle. Revisando su agenda mentalmente no tendría tiempo de ir de compras hasta el día siguiente, mmm, aunque recordando también tenía pensado ir a ayudar un poco en Florean Fortescue, la mejor opción sería comprar los víveres al terminar en Florean.

¡Ah, cierto! También había quedado de salir con las chicas. Se regañó por lo bajo, hubiera sido mejor decirle a Ginny que lo dejaran para otro día. ¡Merlin!, salir un domingo por la noche cuando la mañana siguiente tienes que despertar temprano para ir a trabajar. Si alguien le preguntara, Hermione preferiría pasar sus noches de domingo leyendo un buen libro antes de dormir.

Se dirigió hacia la canasta que había dejado sobre la mesa, y comenzó a sacar lo que había quedado del almuerzo en el parque. Bufó al darse cuenta que los niños habían acabado con casi todo, y con su ceño fruncido sacó una bolsa transparente que contenía las últimas galletas, las únicas sobrevivientes a la catástrofe que provocaban cuatro niños hambrientos.

Después de colocar la bolsa con galletas en la barra de la cocina, invocó un pergamino, la pluma y el tintero. Llevó su dedo índice a la barbilla, ¿Con qué sería bueno comenzar la lista de compras? Hermione decidió pensarlo mejor, no se limitaría sólo a la comida muggle, y comenzó a escribir: Jugo de Calabaza.

El sonido de su teléfono la distrajo de su tarea, y se dispuso a buscarlo, el sonido provenía de la cocina, aunque claramente recordaba haberlo dejado en la sala. Una mirada rápida por las mesas, nada. Entrecerró sus ojos, estaba segura que provenía de un lugar cercano, sus oídos no la engañaban.

Con absoluta mesura siguió el sonido de su aparato, se acercó a la barra. Buscó entre los frascos con azúcar, sal, pimienta; pero su ojos se detuvieron en un frasco color café, la palabra Cookies claramente grabada en el. El Ring Ring cada vez más fuerte, curiosa levantó la tapa, para después fruncir su ceño ante lo que veían sus ojos. En el interior del frasco vacío, el teléfono de Hermione sonaba incesantemente.

Apresurada adentro su mano en el frasco para sacar el teléfono, observó la pantalla que decía Ernie Macmillan, oprimió la tecla de contestar y colocó el aparato en su oído.

—¿Hola?

¿Qué…? —Hermione abrió sus ojos con sorpresa, ésa voz no era de Ernie. Le parecía familiar pero no recordaba a quien pertenecía la voz de la mujer, y claramente sabía que tampoco era Susan—. ¡Suéltalo Macmillan! —la castaña cerró sus ojos y por instinto alejó el aparato de su oído ante el grito repentino. Despacio se llevó de nuevo el teléfono al oído para poder seguir escuchando. Lo bueno, ahora recordaba a quien le pertenecía la voz. Ésos gritos eran inconfundibles.

—¿Pansy? —habló Hermione, del otro lado de la línea sólo se escuchaba ruido.

¡Por Merlin! ¡Dejen de comportarse como niños! —Hermione escuchó otra voz, ésta vez reconociéndola al instante.

—¿Susan? —intentó llamarle—. ¿Es Pansy la que está contigo? ¿Qué es lo que está haciendo ahí? —cuestionaba impaciente al no conocer la situación del otro lado de la línea.

Molestar a Hermione por alguien relacionado con Draco Malfoy… no pienso permitirlo.

—Esperen un minuto… —la ex Gryffindor sostenía fuertemente el aparato—. ¿Qué tiene que ver Draco Malfoy en todo esto? Fue a Florean Fortescue a molestar otra vez, ¿Verdad? —habló—. ¿Ernie? ¿Susan?

Pero es un niño y sólo tiene seis años…

—¿Niño? —Hermione comenzó a preocuparse—. ¡¿Algo le paso a Sebastian?!

"Esperen un minuto" La castaña entrecerró sus ojos, pensativa… "Sebastian no tiene seis años"

Eso no me impor…

Ernest Macmillan… Es de un niño del que estamos hablando…¿Quieres ser más consciente?

Hermione bufó. Ya había perdido las esperanzas de que al otro lado de la línea alguien la estuvieran escuchando. Debería colgar, sí, debería colgar. No quería ser testigo de una discusión matrimonial.

Lo que tú quieras, Susan… Cariño… ten mucho cuidado con eso, ¿Sí?

Hermione se llevó una mano a la boca acallando el grito de sorpresa. Podría ser… ¡¿Que quisiera lanzarle un bombarda?!

¡Debía detenerla!

—Susan, espera. No lo lastimes. Ustedes son un matrimonio y sé que yo no debería meterme, pero arrojarle hechizos no es la manera de arreglar los problemas con tu esposo.

Hermione gimió, ella debería hacer caso de sus propios consejos.

"¡Pero no es lo mismo!" Le dijo su consciencia "Primeramente Ronald Weasley se lo merecía, ensució tu libro ¡Tu libro! ¡Tu amado libro de Historia de Hogwarts!"

Sí, su consciencia tenía razón, pero eso también le había enseñado que tenía que aprender a ser más tolerante. Ronald Weasley ya no se convertiría en su esposo, pero eso no evitaría que fuera tolerante con su futuro marido. Y no, eso no quería decir que ya estuviera buscando esposo.

¡Te preocupas más por tu aparatito que por un inocente niño perdido! —Hermione regresó su atención a la plática que se llevaba a cabo del otro lado de la línea. ¿Un niño perdido?, eso sí le preocupaba—. ¡No lo puedo creer de ti, Ernie Macmillan!

Amor… es un aparato muy delicado.

Es un aparato mágico.

Sí, lo es. Pero no por eso es indestructible. Hice una enorme fila en el Ministerio para que pudieran otorgármelo —Hermione frunció el ceño curiosa—. Así que… trátalo con mucho cuidado.

¿Acaso estaban hablando del nuevo teléfono mágico para magos y brujas con batería ilimitada y llamadas al mundo mágico y muggle? Sí era así, debía advertirle a su amiga, ésos aparatos eran mágicos, pero aún así muy delicados. Hermione tomo aire esperando a que a su amiga le haya dado por ponerse el teléfono al oído o activar el altavoz. Por Merlin, para eso existía.

—Susan…, Ernie tiene razón, los teléfonos mágicos son frágiles. Sí llega a romperse no podrás arreglarlo con un Reparo. Tendrán que ir a solicitarlo de nuevo al Ministerio de Magica… Y Ernie también tiene razón en eso, las filas en ése Departamento son muy, muy largas —Hermione guardó silencio esperando que su amiga la haya escucho. Se escuchó de la voz masculina un ¡Susan! y… ¡Crash! De nuevo tuvo que alejar el aparato de su oído—. ¿Susan? ¿Ernie? —la mujer resopló al escuchar estática. Oprimió la tecla de finalizar llamada y se dedico a buscar el número de su amigo entre sus contactos. Al encontrarlo oprimió la tecla de llamar.

El teléfono mágico al que usted marco ha sido destruido. Por favor, no intente llamar de nuevo.

—¿Qué?, tienes que estar bromeando… —Hermione observó la pantalla de su teléfono y una enorme "X" aparecía en ella. No era broma—. Que tontos…

Guardó su teléfono en la parte trasera de su pantalón. Y resopló mientras observaba el frasco abierto de las galletas, ¿Cómo es que había llegado hasta ahí su teléfono mágico?

No había estado en su departamento desde hace un par de días, era la primera vez que lo visitaba junto con…

Una idea rápida pasó por su cabeza, ¿Sería posible? Hermione rodó los ojos, recordaba haber dejado el aparato a lado de su bolso en la sala. Teddy, James, Albus y Lily podían llegar a ser muy traviesos; Teddy y James que eran los más altos pudieron alcanzar el frasco sin esfuerzo, bien le había dicho Ginny "No los descuides ni un segundo porque podrían robarte el alma". Bueno, no tanto el alma, Hermione sabía que Ginny bromeaba en ésa parte.

La castaña resopló, la primera vez que escuchó eso de su amiga pensó que sólo trataba de infundirle miedo… pero no, era una clara advertencia. Y como fiel leona, digna representante de la casa de los valientes, cuatros niños no lograrían intimidarla. Con el paso del tiempo había logrado acostumbrarse a las travesuras de sus sobrinos.

—¡Hermione! ¡Hermione! —Lily entró apresurada al área de la cocina. Su respiración agitada debido a la carrera que recién había efectuado.

—¿Qué pasa Lily? —cuestionó, lanzó una mirada hacía la entrada del apartamento y comprobó que nadie más la seguía—. ¿Dónde están los demás? —le cuestionó mientras veía la pelirroja correr hacía ella.

—Están afuera… —le respondía mientras continuaba corriendo, sus pequeños tenis color rosa se deslizaban por el resbaladizo piso—. …porque hay un… ¡Auch!

—¡Lily! —llamó la castaña al verla caer e inmediatamente había corrido en su auxilio.

—Hermione… —con la cara en el suelo, poco a poco Lily levantó su rostro hacía la mujer que se encontraba a su lado, había sido gracias a sus buenos reflejos que logró colocar sus manos para evitar un golpe mayor—. Me duelen mis manitas… —Lily Luna dirigió sus ojos hacía las palmas de sus manos que amortiguaron su caída, pero fue testigo de un hecho horroroso—. ¡Señor Conejo! —Lily se sentó en el suelo, los ojos marrones de la mujer y de la niña observaban al blanco peluche tirado a un lado. La pelirroja lo tomo entre sus manos mirándolo con tristeza—. Lo siento, Señor Conejo…

Hermione suspiró con alivio, parece que Lily estaba bien.

—Snif… Snif…

La castaña dirigió de nuevo su atención a la niña, entrecerró sus ojos, curiosa por el ruido que realizaba. No podía ser posible que ella…

—Ahhh… —sus lágrimas comenzaron a deslizarse de golpe por sus mejillas—. Lastime al Señor Conejo. Ahhh.

—No llores, Lily… —murmuraba la castaña sin saber que hacer—. El Señor Conejo está bien.

—Nooo, lastime al Señor Conejo…

Hermione tenía que pensar rápido, ¿Calmarla? Sí, eso debía intentar. Con cuidado la cargo, y Lily escondió la cabeza en el cuello de la castaña. Hermione sentía como su blusa era humedecida por las lágrimas de la menor de los Potter. Caminaba de un lado a otro en el espacio que le permitía la cocina, mientras acariciaba suavemente la espalda de Lily.

—Calma, Lily… —susurraba Hermione en su oído, uno de los brazos de la pelirroja se sujetaba fuertemente a Hermione, el otro se encontraba sujetando al Conejo de Peluche, eso suponía Hermione ya que cada vez que giraba sentía como algo suave golpeaba su cintura.

—Lastime al Señor Conejo, Hermione —seguía llorando Lily—. Ahora el Señor Conejo ya no me va a querer, ¡Buuuaah! —continuaba llorando.

Hermione seguía acariciando la espalda de Lily, mientras su cabeza pensaba que hacer a continuación. Había leído muchos libros sobre niños, cuando Harry y Ginny le pidieron que fuera la madrina de Albus, había salido a la biblioteca a informarse. Desde como cargar a un bebé hasta como cambiarle el pañal, aunque también había recibido ayuda de Ginny, después de todo ya tenía experiencia con James y con Teddy. Pero fue Ginny quien entonces le dijo que todos los niños eran diferentes.

Teddy era tranquilo y calmado, siempre y cuando a James no se le ocurriera alguna travesura, porque también al Lupin le salía lo bromista. Desde pequeño James había desarrollado un gusto por hacer travesuras a los adultos de su alrededor, a excepción de sus padres. Admiraba mucho a su padre y no se atrevía a hacerle alguna de sus bromas. Y a Ginny Potter le temía demasiado para hacerle eso. A Albus le gustaban muchos los libros, incluso su cuarto podía hacerse pasar por una pequeña biblioteca. En cambio a Lily le gustaban los dulces y las cosas suaves, los animales, especialmente los conejos y los hurones, había comprado un hámster. Ella creía en príncipes y princesas, en pocas palabras… era una inocente y tierna niñita.

Ya decidida, Hermione dirigió sus pasos hacía la barra, colocando a la niña en la perfecta posición para que pudiera estar sentada sin caerse. Lily pareció quejarse al verse alejaba de los brazos de Hermoine y entre llanto, limpió algunas de sus lágrimas.

La castaña suspiró, observó a su alrededor temerosa de que alguien más la viera, y miró con ternura a la niña frente a ella. Lily parpadeó confusa ante el escrutinio de Hermione, sus ojos todavía cristalinos por las lágrimas que brotaban.

Hermione sujetó entre sus manos al Señor Conejo y se dio cuenta de que estaba manchado de pintura, no le tomo importancia y carraspeó un poco para preparar su voz. La castaña usó su mano derecha para tomar la del peluche, mientras que con su mano izquierda lo colocaba de la mejor manera para que Lily pudiera verlo cara a cara.

De nuevo, los ojos de Lily parpadearon y Hermione carraspeó una vez más antes de fingir su voz.

Estoy bien. No dolió nada, Lily…

La boca de la pelirroja se abrió en una perfecta "O" y sus ojos parecían brillar, y ya no eran sólo por las lágrimas. Dirigió sus ojos marrones del Señor Conejo hacía Hermione, a la vez que en su rostro se formaba un completo signo de curiosidad. Lily ya era una niña grande y era lista, tal vez no tanto como su hermano Albus o como su tía Hermione, pero sí lo suficiente para saber que los muñecos de peluche no hablaban por causa de alguna criatura mágica, sino que eran las mamis y los papis buscando hacer felices a sus hijos.

Ahora dame un abrazo… —Hermione acercó el conejo de peluche a Lily, quien ya mostraba una sonrisa y lo abrazaba con fuerza.

La ex Gryffindor pasó el brazo por su frente limpiando las invisibles gotas de sudor que imaginó, la adornaban. Ahora se sentía mucho mejor, no solamente ella, sino incluso Lily que había dejado de llorar. Mientras Hermione contemplaba a la pelirroja abrazando a su peluche, la niña se encontraba sumida en sus propios pensamientos.

—Yo también lo quiero, Señor Conejo —dijo Lily en voz baja mientras lo estrujaba más entre sus brazos.

"Hermione todavía no tiene hijos…" Pensaba Lily "Pero ya es tan maternal…"

Lily estaba feliz, le había tocado una buena familia. Su tío Ron ya no se casaría con Hermioine, pero mejor pensaría en positivo. Ron se casaría y tendría una nueva tía. Hermione también se casaría y tendría un nuevo tío. Sí, una buena familia, y una muy grande.

—Ahí está el problema.

Lily regresó a la realidad al escuchar la voz de Hermione, y rápidamente dirigió sus ojos a donde señalaba la bruja. Las agujetas de sus tenis color rosa se encontraban desatadas.

—Sí… —murmuró con un puchero en su rostro, pero lo borró tan pronto recordó la promesa de su padre—. Pero papi ya dijo que me enseñaría como atarlas.

—Ya veo, ¿Me dejas atarlas por ti?

—¡Sí! —respondió con emoción mientras elevaba su pie derecho para que Hermione no tuviera que agacharse demasiado.

Ya con las dos agujetas de Lily bien atadas, Hermione recordó las galletas que habían quedado. Estiró un poco su brazo logrando alcanzar la bolsa con facilidad, para después mostrárselas a la pelirroja.

—Mira, Lily. Galletas.

—Ah —la niña las señaló de inmediato, no por nada era uno de sus postres favoritos—. Yo quiero.

Hermione asintió.

—Está bien… —la castaña le guiñó un ojo en complicidad—. Pero habrá que guardar también para Teddy y para tus hermanos.

Lily asintió en respuesta, antes de que Hermione le entregara su galleta.

—Por cierto, Lily… —susurraba Hermione a la vez que saca su teléfono de la bolsa trasera de su pantalón, Lily sin dejar de morder la galleta había levantado la vista para posar sus ojos en lo que le mostraba Hermione, casi se atraganta al reconocer el teléfono de la bruja.

—Es muy bonito…

—Gracias… —agradeció—. Pero seré más clara… ¿Qué hacía mi teléfono mágico en el frasco de las galletas?

—Buscaba galletitas… —sugirió Lily.

Hermione frunció el ceño y su sonrisa desapareció tan pronto como había aparecido. Contempló con seriedad a Lily y ésta última se irguió nerviosa. Sabía muy bien que a Hermione Granger no le gustaban las mentiras.

—¡Fue James! ¡James lo hizo! —comenzó a gritar Lily acusando a su hermano sin reparo, después de todo ésa era la verdad—. Antes de irnos tomó tu telepono, se subió a una silla y lo puso en el frasco de las galletitas. Yo le dije "No James, no hagas eso, es malo. Hermione necesita mucho su telepono. Y entonces él dijo: "Hermione no necesita hoy su telepono por que hoy es el día de Hermione y Sobrinos" —la pelirroja lanzó un largo suspiro nada más terminar de hablar—. Y eso fue lo que paso…

—Ya veo —Hermione comenzó a acariciar los cabellos de la niña—. No deben preocuparse, no cambiaría el día de Hermione y sobrinos por nada.

Lily dio una mordida a su galleta y algo en su cabeza hizo click, había vuelto para decirle algo a Hermione.

—Se me olvidaba… —susurró Lily a la vez que su boca quedaba abierta, no creía el haber olvidado algo tan importante—. Tengo que decirte algo…

—¿Sí? —la castaña cerraba la bolsa trasparente con el mejor nudo que pudiera hacer, no quería correr el riesgo de que alguno de los niños le diera por abrir la bolsa y comerse él solo las galletas—. ¿Qué cosa?

Lily tomo su tiempo y dio otra mordida a su galleta. La masticó con calma antes de hablar. Hermione, expectante, no le quitaba los ojos de encima.

—Hay un niño muerto en el jardín… —y lanzó su boca una vez más a su postre favorito.

Con semejantes palabras, Hermione soltó la bolsa cayendo ésta al suelo. Lily dirigió sus ojos hacía el lugar, para después fruncir el ceño.

—Si querías tirar las galletitas mejor me las hubieras dado a mí, ahora James ya no se las va a querer comer —dijo al verlas partidas en pedazos debido al impacto.

La castaña comenzó a parpadear, no podía haber escuchado bien. Pero aun así, las palabras se repetían una y otra vez.

Niño. Niño. Niño. Muerto. Muerto. Jardín.

Sin perder más tiempo comenzó a caminar hacía la salida de la cocina, pero los gritos de Lily detuvieron sus pasos.

—¡Oye! —la llamó la pelirroja, mientras comenzaba a removerse en su lugar—. Está muy alto, Hermione, no puedo bajar.

Hermione no tardó en llegar hasta ella y cargarla en brazos. La mujer, al salir del apartamento detuvo sus pasos y miró el elevador para después observar las escaleras, asintió para sí mientras comenzaba a bajar escalón por escalón. El elevador tardaría mucho, bajar las escaleras no sería nada, su apartamento se encontraba en el tercer piso. Mientras Hermione bajaba con cuidado, Lily terminaba de comer su apetecible galleta, a Hermione le quedaban deliciosas. Limpió sus boronas del rostro y las pocas que habían caído en la ropa de Hermione, para después sujetarse fuertemente de la ropa de la castaña.

Al salir del edificio lo primero que vio la ex Gryffindor a lo lejos fue a James y a Teddy cerca de los arbustos, ésos que Penny regaba todas las mañanas. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudo escuchar a James refunfuñar por lo bajo y a Teddy manchado de pintura rosa de la cabeza a los pies, ni su cabello se había salvado. Hermoine colocó a Lily en el suelo, fácilmente la pequeña se había adentrado en los arbustos, todo lo contrario a Hermione que por su altura se le dificulto un poco.

Los ojos marrones de la bruja se posaron en Albus, él estaba en cuclillas junto a un niño rubio el cual se encontraba boca abajo. Lentamente se colocó de rodillas hasta llegar al niño, se acercó lo suficiente para poder escuchar su respiración, su lenta y tranquila respiración. Vaya que Lily le había dado un gran susto.

—No ésta muerto, Lily —habló Hermione—. Sólo está dormido.

Albus abrió sus ojos de par en par, para después dirigirlos a Lily.

—¿Le dijiste que estaba muerto?

—Sí —respondió sin más. Albus negó con la cabeza.

—Debías decirle que estaba desmayado.

—Oh… —fue la respuesta de la pelirroja—. ¿No es lo mismo?

—Por supuesto que no es lo mismo —suspiró con desgana, ¿De dónde había salido tal confusión?

—Pero tiene los ojos cerrados… y también esta acostado… —Lily señaló al rubio con su dedo—. Entonces es lo mismo.

—No, no lo es —Albus se dispuso a sacarla de su error—. Escucha Lily, sí quieres ser Sanadora lo primero que debes de saber es que "dormido" y "muerto" definitivamente no es lo mismo.

Lily asintió, pero sus ojos se humedecieron a lo que Albus ladeó su cabeza debido a la curiosidad.

—¿Eso quiere decir que mi Hamstercito se murió y no está durmiendo bajo tierra?

Albus se golpeó la cabeza mentalmente, al volver a casa Harry tendría que responder muchas preguntas. El niño suspiró por lo bajo al volver su atención a Hermione quien ya cargaba al rubio entre sus brazos.

—Hermione… —habló James una vez que caminaban hacía el edificio—. ¿Por qué lo cargas como princesa?

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Scorpius estaba en la completa oscuridad, aunque también sentía que flotaba. Estaba cansado, realmente cansado, debió de haberle hecho caso a su padre y no quedarse hasta tarde leyendo. Las horas de dormir eran sagradas para un Malfoy. Con toda la energía que poseía en el momento, trató de abrir sus ojos, sin embargo sólo logró contemplar la silueta de un rostro femenino y su largo y rizado cabello. Debido al cansancio cerró sus ojos de nuevo, pero su olfato logró captar perfectamente una esencia a vainilla.

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N/A: En este capítulo extrañe a Scorpius, pero vimos más a los niños Potter. Awww a Lily le gustan los animales lindos y peludos, tanto que tuvo un hámster al que llamó Hamstercito, pero ya paso a mejor vida U.U Más de Hermione y Scorpius en la siguiente actu, y ahora Draco va encamino a Florean, Omg!

También ya he creado una página en Facebook, donde pondré imágenes y adelantos tanto de ésta historia como de las otras que tengo por ahí. Pueden encontrarla en mi perfil :)

¡Hasta el siguiente capítulo!