¡Continuamos! No, no se os ocurra perderme de vista ;)


Naruto apareció como un fantasma encima de la rama de árbol más gruesa que asomaba frente a la terraza de su casa.

- ¡Ya estoy aquí! –dio un saltito hasta el muro de la terraza- ¡Vaya una reunión interminable la que acabo de presenciar! Parece que a los viejos no les escuchan en sus casas.

En la terraza Sasuke montaba los pies de una pequeña barbacoa, Hiroji sacaba una pequeña nevera repleta de bebidas a la terraza, Shikamaru colocaba con Hinata los platos sobre la mesa que había desplegada en la mitad del terrado, Temari contemplaba tranquilamente la preparación de la terraza sentada cómodamente en una silla y Sakura salía con las servilletas enrolladas dentro de dos pilas de vasos. Al reparar en la cara de sorpresa de Hinata, Naruto se llevó la mano a la nuca con apuro al tiempo que bajaba del muro.

- Lo siento, no quería decir que tu padre… En fin, ya sabes, los debates algunas veces se alargan innecesariamente y se acaba hablando de cosas que no tienen que ver… Que si con el Tercero no pasaba esto, que si me duele el juanete…

Hinata sonrió para rebajar la fatiga de Naruto. Sakura señaló con un dedo los sobres que Naruto llevaba en una mano.

- ¿Qué llevas ahí? ¿Citaciones?

- No. Tsunade me lo ha dado para los tres. Toma –le tendió su sobre y le dio a Sasuke el suyo cuando alargó la mano. Los abrieron enseguida.

- Ah, ya, mi padre llegó a casa con el nuestro noche –comentó Shikamaru asomando la cabeza por encima de la carta de Naruto.

- ¿Pero qué es? –preguntó Temari desde su asiento.

- Una invitación para la fiesta de aniversario de la proclamación de Tsunade como Hokage –contestó Hinata-. Quizá tu invitación esté de camino a la Arena. El protocolo es muy estricto respecto a la forma de entrega de estas invitaciones.

- Sí, es para dentro de dos meses –comentó Naruto leyendo su invitación-. Diez años con Tsunade… cómo pasa el tiempo, ¿verdad?

- Y pensar que no se nos ha muerto de una cirrosis –dijo Shikamaru-. Debe ser en realidad una fiesta de aniversario de supervivencia.

Naruto se acercó sibilinamente a Hinata aprovechando que Temari y Sakura hablaban de la salud de la Godaime.

- ¿Y tu guardaespaldas?

- Trabajando.

Se miraron intensamente, esperando que el otro dijera algo, pero ninguno consiguió abrir la boca. Se limitaron a mirarse asintiendo.

- Eso está bien –soltó atropelladamente Naruto por decir algo-. Oye, luego hablamos, ¿te parece?

- Claro...

Naruto miró con rabia la barbacoa que Sasuke acababa de montar y se dispuso a echar los trozos de carbón con furia sobre el plato de la parrilla después de soltar su bandolera sobre una silla. Cogió un mechero de encima de la mesa y empezó a accionarlo para prender un trozo de carbón. Sasuke se deslizó a su lado y se asomó para ver cómo intentaba hacer fuego.

- ¿Qué te pasa ahora? –preguntó el Uchiha.

- ¿Qué me va a pasar? –preguntó irritado Naruto.

- No sé si te esperabas que Hinata te diera una respuesta que no te ha dado o si te has acobardado como un conejo. ¿Qué ha sido?

- El conejo.

- Ya. Con Sakura eras un baboso. ¿Qué es distinto con Hinata?

- Hinata no es mi amiga. Ni quiero que lo sea. Y definitivamente no estaba enamorado de Sakura, era mucho más fácil –intentó accionar el mechero varias veces seguidas, con impotencia, pero sin resultado-. Mira que es tímida y es fácil hablar con ella, pero me da un no sé qué que… -apretó el mechero en un puño y luego se lo aplastó contra la frente- ¡Mierda de cacharro!

- Hinata está mucho más nerviosa que tú. Fíjate –Naruto la miró de soslayo con la marca de la ruedecilla del encendedor en la frente-. Incluso si no quiere saber nada de ti, no será desagradable.

- ¿Qué haces tú hablando de estas cosas?

- No tengo otra cosa mejor que hacer. Ver la cara de idiota que pones da ganas de meterte el dedo en la herida.

- Yo más bien diría que me estás intentando ayudar.

Sasuke se inclinó sobre el carbón y exhaló un Katon sobre él hasta que un fuego bien alimentado se elevó.

- ¿Yo? Qué va.

Hiroji apareció al lado de Sasuke, totalmente boquiabierto por lo que acababa de hacer.

- ¿Un jutsu de fuego?

Sasuke cabeceó.

- ¡Soberbio! –Sasuke miró momentáneamente a su amigo, compartiendo la incredulidad que sentía por la tontería que el fotógrafo acababa de decir.

- No has visto a Sakura-chan luchar, ¿verdad, Hiroji? –preguntó Naruto divertido.

- No, claro que no –contestó él arrugando el ceño.

- Puede que debas pedirle una exhibición.

- Puede ser, pero tampoco lo necesito. Ya la admiro. Ser una mujer y luchar contra otros contrincantes que sean capaces de hacer lo que acaba de hacer Sasuke…

Naruto se echó a reír.

- Pídele una exhibición, por favor.

- Está bien –contestó Hiroji extrañado-. Yo intenté ser ninja, pero resulté ser un fracaso y no pasé de la academia. Tampoco me interesaba mucho, pero a mis padres les supuso un disgusto.

- Lástima que no haya venido Lee. Te podría sorprender lo que se puede lograr con malos inicios. Aunque bueno, Sakura-chan no se aleja mucho del caso… ¿Qué es ese ruido?

- Ésas de ahí –respondió Sasuke mirando al pequeño grupo de chicas asomado por la terraza de un par de casas a la izquierda.

- Parece que te están haciendo ojitos, Sasuke –comentó Hiroji saludando a las chicas.

- Mira qué bien. Ya tengo el día hecho –contestó él con indolencia.

- ¿Por qué no les dices algo?

- ¿Cómo?

- No tienes novia, ¿no? ¿Por qué no te acercas a saludarlas? Parecen majas.

Sasuke endureció la expresión, mirando con hastío al novio de su compañera.

- Te lo diré una vez. Porque no me conoces. No hagas ese tipo de comentarios conmigo.

Se hizo a un lado y se marchó. Segundos más tarde, Hiroji agachaba la cabeza hacia Naruto.

- ¿Es que he dicho algo que no debía? ¿Lo está pasando mal?

- No. Pero no te lo tomes como algo personal.


Shikamaru abría una botella de cerveza bien fría sentado en una banqueta. Echó un vistazo lento al cielo, decepcionado por no ver ninguna nube con la que entretenerse. Cuando consideró unirse a la conversación de Naruto y Hiroji, una mano que atrapaba su coleta le llamó la atención. Temari le hizo mover la cabeza de un lado a otro controlándolo por la melena.

- ¿Te pasa algo? No me has dicho nada en toda la tarde –comentó su voz desde atrás.

- Dicen por ahí que a eso se le llama dejar espacio entre dos personas. ¿Te encargaste de tomar precauciones?

- Sí. No hay de qué preocuparse.

- Bien.

Pasaron unos minutos en los que sólo se escuchó la risa alegre de Naruto, el chisporroteo del fuego y el cuchicheo de Hinata y Sakura al otro lado de la terraza.

- ¿No piensas decirme nada más?

- No sé muy bien qué quieres escuchar.

- En ese caso mejor no digas nada –dijo ella soltándole la coleta y entrando en la casa.

Por otro lado, Sakura cogía la bandeja de la carne, se acercaba a la barbacoa, le daba un beso a Hiroji y empezaba a colocar la carne sobre la parrilla. Naruto se asomó sobre su hombro como un cuervo.

- Voy a hacerlo, Sakura-chan.

Sakura apartó la mirada de la parrilla y miró a Naruto un poco sorprendida. El muchacho tenía la cara tan colorada como el fuego que ardía justo delante de ella.

- ¿Ahora?

- Ahora.

- ¡Estupendo! ¡No sabía cómo decirte que tienes una oportunidad de oro! Demuéstrale quién es el futuro Hokage.

- Gracias –le sonrió radiante y nerviosamente y fue a buscar a Hinata temblando como un flan. Se acercó a ella por detrás cuando la encontró frente al fregadero de la cocina, preparando una ensalada. Hinata se quedó lívida al escuchar su voz-. ¿Podría hablar contigo ahora?

- Cl-claro, cuando tú quieras.

- Estupendo.

Se volvió a cerrar la puerta en el momento en el que Temari entraba con una botella de cerveza vacía. Adelantándose a ella, Naruto le cogió la botella de las manos y le dirigió una mirada de disculpa. Temari le devolvió una llena de incredulidad antes de que le cerrara la puerta en las narices. Al volverse, Hinata se secaba las manos sin apartar la mirada de él.

Naruto se mojó los labios, cerró los ojos, inspiró con fuerza y le soltó a bocajarro:

- Me gustas. Muchísimo. Más que el ramen de ternera –Hinata no parpadeaba. Logró enseñarle todo el iris de tan abiertos que tenía los ojos cuando él la volvió a mirar. Le temblaba la barbilla-. Siento ser así de burro, pero llevo mucho tiempo guardándomelo y haciendo el gilipollas. Si no te lo hago saber, habría estallado allí fuera. No te quiero dejar en una situación incómoda, y tampoco pretendo esperar nada, pero… Eh… ¿qué te pasa?

La Hyūga había empezado a sollozar y se había echado a llorar con un codo apoyado en la encimera y la cara vuelta hacia la mano que quedaba alzada.

- Lo siento. Lo siento muchísimo.

- Pero, ¿por qué? –preguntó Naruto asustado, acercándose a ella un par de pasos, inclinándose sobre ella.

- Tenía que haberte dicho que yo siento algo más fuerte por ti. Y desde hace mucho más tiempo.

- Lo dudo, Hinata, no he podido…

- Desde niños. Y estoy enamorada. Y has sido tú quien ha tenido el coraje de confesarse.

Naruto abrió la boca y boqueó como un pez fuera del agua.

- Hinata… no sabía nada… Soy un idiota…

- No, no lo eres –dijo tapándose la boca con la mano, sin parar de llorar-. Has sido muy valiente.

- Pero mujer, no te lo tomes así, ni que hubieras hecho nada malo… -se terminó de acercar a ella y le puso una mano en el hombro- Hinata, estoy loco por ti.

- Y yo por ti… -contestó hipando. Naruto se sintió raro. ¿Se había convertido todo en una mala noticia?

- Entonces, ¿por qué lloras? Nos hemos liberado los dos de nuestra carga y podemos decidir hacer algo con esto.

- No lo sé, es que… -levantó la mirada y sonrió por primera vez. Naruto le sonrió abiertamente y ella consiguió reír tímidamente. Él la siguió y la abrazó, besándola en la sien.

- ¿Sabes qué? Debemos hacer buena pareja.

- Creo que sí…

Naruto meció a Hinata con cariño, suavizando la rareza de aquel momento tan alegre. Dejó que Hinata se tranquilizara y tomara el control. Ella parecía estar a gusto entre sus brazos, aprendiendo a estar con él, acostumbrándose a la maravilla de aquel momento. Naruto la besó en la coronilla, frotó la mano contra un omoplato y la meció sin perder la paciencia. Al cabo de unos minutos, susurró:

- Si me das la oportunidad de conocerte mejor, de enseñarte lo que siento por ti, de luchar por ti…

- Por favor.

Hinata se encaró con él. Los ojos del Byakugan lo miraban como dos lunas llenas, llenas de calma, recepción y promesas. Naruto la miró boquiabierto, absorbido por su belleza y las ganas que tenía de gritarle todas las cosas que le hacía sentir.

La Hyūga avanzó con su cabeza, a modo de tortuga, hasta estar a menos de un cabeceo de él. Naruto rozó su mejilla con la nariz y la besó en su camino hasta el puente de la nariz de Hinata. Ella cerró los ojos con deleite, y cuando Naruto cubrió tímidamente su boca, los apretó con dulzura.


La parrilla ya estaba apagada, las bebidas flotaban en el charco que había formado el hielo de la nevera y a la última bolsa de patatas fritas no le quedaban ni las migas.

Sakura abrazaba por la espalda a Hiroji, que le señalaba a ésta con una mano las zonas por las que él se paseaba con su equipo para hacer las sesiones de fotos. Temari jugaba con su abanico, mirando con cara de mala uva a Shikamaru. Éste miraba el cielo con las manos tras la cabeza, contento de que aparecieran pequeños grupos de nubes. Sasuke estaba alejado de todos, apoyado en el muro y observando a la gente de la calle. Cuando se escuchó la puerta de la cocina no dio tiempo a que nadie se girara para comentar que podrían haber elegido otra habitación en la que encerrarse. Naruto se subió a la mesa de un salto y se desgañitó gritando:

- ¡Hinata y yo estamos juntos! –gruesas bandadas de pájaros se sacudieron dentro de las copas de los árboles antes de abrir el vuelo- ¡Es la mejor novia del mundo!

- Ya que podemos ir a por el sake, vamos a celebrarlo –comentó Sakura antes de entrar-. Nos alegramos mucho por los dos.

- ¡Enhorabuena! –felicitó Hiroji a Naruto abrazándolo con una mano por el hombro y a Hinata con una sonrisa.

- Podrías habernos sacado la ensalada, zorro –dijo Temari-. ¿Sabes el hambre que hemos pasado aquí?

Hinata sonrió disculpándose. En aquel momento Sasuke saltaba a la calle. Naruto se alarmó.

Se asomaron todos. Cinco ANBUs hablaban con Sasuke. Naruto y Hinata compartieron una mirada nerviosa.

- ¿Habías dicho que tu primo estaba trabajando hoy?

- Sí –respondió Hinata echándose a temblar-. Como esté entre ellos y te haya escuchado…

Instantes después Sasuke aparecía en la terraza de un salto.

- No venían a por mí, pero iré con ellos.

- ¿Sabes si estaba Neji entre ellos?

- No, no estaba entre ellos. Me tengo que ir –antes de volver a darse la vuelta para marcharse, miró a Naruto significativamente y le dijo en voz baja señalando a Hinata con la cabeza-. Haz el favor de hacer esto bien.

- Claro que sí, desgraciado.

Sasuke desapareció y los vasos de sake se repartieron entre todos.

- Como podréis imaginar, -comenzó a decir Hinata- vamos a tener que esconder esta relación. Antes de que mi familia lo sepa necesitamos un tiempo para nosotros. Contamos con que sabréis guardarnos el secreto, y contamos con que Neji sea el primero al que debemos evitar contar nada de esto.

Todos asintieron, vasito de sake en la mano.

- ¡Por la pareja más demorada de la historia de Konoha! –gritaron los amigos a la reciente pareja.


Una semana más tarde, bien entrada la noche, Naruto y Hinata se resguardaban de la lluvia entre risas y besos en la frondosa copa de un árbol. Era la primera vez que se habían atrevido a hacer el paripé de cara a Neji de que Hinata se quedaba en casa de Tenten a dormir. Ésta les había ayudado a encontrar intimidad, dándose por enterada de que habían iniciado una relación.

Cuidando que no les viera ningún vecino, saltaban de árbol en árbol agarrados fuertemente de la mano. Cuando llegaron al árbol más cercano a la terraza de la casa de Naruto dieron el último paso y cruzaron la terraza. Hiroji y Sakura entraban por la puerta, cuidando de no empapar el suelo con la chaqueta que se habían colocado sobre la cabeza.

- ¡Hinata! ¡Qué bien! ¡Lo habéis conseguido!

La Hyūga le sonrió.

- No nos lo hemos creído hasta llegar al último árbol. Llevaba activado el Byakugan por si Neji venía pisándonos los talones.

- ¿Entras tú también, Hiroji? –preguntó Naruto.

Hiroji miró a Sakura, que le miraba sin pestañear.

- No. Estoy cansado, mañana tengo que trabajar.

- Claro. Ven, Hinata, te daré un pantalón de pijama de Sakura. No te importa, ¿verdad?

- Qué va.

Hinata cabeceó a Sakura, agradeciéndole el gesto, y entró en el pasillo tras Naruto.

- Ya queda poco que te vayas. ¿Crees que podremos dormir algún día juntos cuando estés de vuelta?

- Eso espero, me gustaría mucho. Si duermes mal esta noche no te la quiero terminar de estropear despertándote temprano.

- Ya, si lo entiendo.

- Esta noche tendrás que dormir con Sasuke, ¿no?

Sakura se sobresaltó.

- No creo.

- ¿Por qué?

- No tengo tanta confianza con él. Además, no lo quiero despertar.

- Supongo que es comprensible. No se deja, es difícil conocerlo.

- Sin duda… ¿Qué te parece mañana? Mañana podríamos dormir juntos en la terraza. Si escampara, haría una noche estupenda.

- Me hace. Te quiero. Hasta mañana, cariño.

- Y yo a ti, hasta mañana.

Con un beso de despedida propio de aquellos que saben que les queda poco tiempo para estar juntos, Hiroji se marchó.


- Sakura-chan... ¿Te importa que Hinata y yo durmamos juntos?

- ¿Qué dices? ¡Ya lo daba por hecho! -Naruto le sonrió- Claro que no me importa. No te preocupes por nada. Pero si puedes darme antes el pijama, te lo agradeceré eternamente.

- Vale, vale... ¿Quieres que te haga el favor de despertar a Sasuke?

- ¿Por qué ibas a hacer eso?

- Pues porque, además de ser un compañero servicial y abnegado al que no le importa despertar al compañero con el que guarda una rivalidad perpetua, vas a dormir con él, ¿no? Debe estar ocupando toda la cama.

- No, no le molestes. Prefiero dormir en el salón.

- A Hiroji no le molestará, pareció entenderlo muy bien. Y si le molesta a Sasuke, que le vayan dando.

- Es a mí a quien le molesta dormir con él.

- Está bien, cabezona –se dio la vuelta, pero se volvió hacia ella pensándoselo un poco mejor- Espera -abrazó a Sakura-. Gracias.

- Espero que sea especial para ti –dijo respondiéndole al abrazo.

- Lo es, desde luego que lo es –entró al cuarto y salió segundos después con el pijama de Sakura en la mano- Hasta mañana, Sakura.

- Hasta mañana, Naruto

Naruto desapareció por la puerta de su habitación y Sakura fue al cuarto de los trastos para coger el futón. Cuidó no hacer demasiado ruido cargándolo para no despertar a Sasuke. Conociéndolo intentaría convencerla de que se quedara en su habitación durmiendo él en el salón, y no le apetecía. Extendió la cama en el salón y se acostó allí después de ponerse el pijama. Se quedó dormida pensando que la próxima noche que pasara iba a ser tan especial como estaba siendo ésa para Naruto.


En el dormitorio de Naruto, Hinata se había puesto el pijama: una enorme camiseta de Naruto y unos pantalones cortos de Sakura. Al entrar y verla, Naruto sonrió de oreja a oreja.

- Te queda muy bien el uniforme de mi casa.

- Gracias –dijo tímidamente ella.

Él salvó la distancia que los separaba y tomó sus pequeñas manos entre las suyas.

- Me hace mucha ilusión pasar una noche entera contigo, Hinata-chan. Me parece mentira que vayamos a estrenar la cama juntos. Espero que entiendas lo que quiero decir –dijo meneando la mano-, sé que eso no ha sonado muy bien…

- Pierde cuidado, sé qué querías decir. Vamos a estrenarla.

Se echaron sobre el colchón, subiendo Naruto por los pies de la cama, sin dejar de mirarse y sonreírse. Se dieron la mano y se aproximaron, rozándose las rodillas. Naruto acarició las mejillas de Hinata y la besó en la frente.

- ¿Sabes? –comenzó a decir Hinata- No estamos estrenando la cama. No es la primera vez que duermo contigo.

- ¿Ah, no? No recuerdo haber hecho misiones contigo.

- Hace exactamente dos semanas estaba aquí. Bueno, exactamente en ese lado de la cama que estás ocupando tú. Viéndote dormir.

- ¿Dormiste conmigo? –preguntó abriendo mucho los ojos con sorpresa- ¿Pero cómo?

- Sí... Cuando fuimos al baño termal Sakura me convenció. Hice un henge tomando su apariencia, y dormí aquí, a tu lado. Bueno, apenas descansé.

- Vaya... –puso cara de estar haciendo memoria- Espera, que no me acuerdo ni de lo que hice ayer... Ah, ya recuerdo. Esa noche me moría de ganas de quedarme en el baño termal con los chicos pero no hubo manera de convencer a nadie. Ah, Hinata-chan, conque eres una tramposa con suerte...

- ¿Eh? -exclamó con vergüenza.

- Has contado con ventaja. Si hubiera podido entrar en tu casa y dormir contigo, créeme que no me habría faltado tiempo para hacerlo. Pero ese Byakugan vuestro es una trampa mortal, cualquiera se acerca a menos de dos metros de la puerta de tu casa sin sentir que se le escanea hasta la rabadilla.

Hinata se echó a reír.

- Eso parece creer todo el mundo.

- El día que le grite a Konoha todo lo que te quiero, toda tu familia me podrá hacer un chequeo que no tendrá nada que ver con los que me hace Sakura-chan.

Hinata volvió a reír.

- Ya gritas todos los días, cuando nos vemos, todo lo que me quieres. Y es mi mejor momento del día. Si te bastan sólo un par de ojos en Byakugan, te aseguraré que sean los míos.

- Confiaré en los ojos de la mejor ninja actriz de Konoha –dijo besándola.


Por la mañana Sakura se despertó con los rayos que entraban por la mampara de la terraza. Se levantó con una sonrisa, recordando que aquel era un día especial. Salió a la terraza e inspiró profundamente. La lluvia del día anterior trajo aire fresco, cuyo olor a tierra mojada invitaba a aprovechar el día. Miró las macetas, que se disponían por el borde de la terraza. Empezó a revisar la salud de las plantas, sorprendida de ver tantos descuidos. En aquellas dos últimas semanas apenas había recordado que debía echarles un vistazo para ver si tenían parásitos o si se pudrían. A pesar de todo estaban floreciendo y contribuirían a crear el escenario que necesitaban Hiroji y ella.

Estaba reproduciendo en su mente una noche tranquila, decorada con velas, el aroma de las plantas, imaginando el calor del cuerpo de Hiroji al lado del suyo sobre el futón, cuando el ruido de la mampara al correrse la sacó de su visualización.

Se dio la vuelta sintiéndose sorprendida en un momento íntimo. Sasuke salía descalzo, como ella, a la terraza.

- Deberías haberme despertado.

- No tiene importancia. Ya era bastante tarde cuando llegamos, no se está tan mal en el futón.

Volvió a atender las macetas, acuclillada.

- Es tu habitación. Y me da igual la hora que sea. Hazme el favor de avisarme la próxima vez o me enfadaré contigo.

Qué miedito me das.

Sakura alzó la mirada encontrándolo imponente.

Otra vez esa forma de absorberlo todo a tu alrededor. Pero, ¿cómo lo haces?

Sin embargo, no se dejó arredrar. Lo miró inexpresivamente, hecho que sorprendió y contrarió a Sasuke, y contestó:

- Está bien. Tienes razón.

Miró el pequeño ramillete que formaban unas florecillas amarillas y se concentró en el estado de sus raíces alargando su chakra hacia la profundidad de la tierra.

Sasuke miró extrañado a Sakura mientras ella se dedicaba a las flores. La tirantez seguía allí. Naruto le dejó claro que nada de lo que podría haber pasado entre ellos entorpecería su amistad con él, pero con Sakura no había tenido la misma conversación. Ella no le había perdonado y tenía la certeza de que nunca podría hablar de aquello con ella. Tenía toda la pinta de que el pasado de los dos iba a enquistarse a modo de gran barrera entre ambos para siempre.

Sakura seguía aparentemente inconmovible al instante que acababa de ocurrir. Lejos de la línea de pensamiento de Sasuke, Sakura repasaba mentalmente la morbosa satisfacción de haberle contestado que él no tenía derecho a enfadarse con ella por ningún motivo posible. Sasuke se fue alejando de ella, hasta entrar en el salón. Al superar el umbral de la mampara, Sakura suspiró pesadamente dejando la tarea de las macetas por unos segundos. Se iba librando de un gran peso.

Mierda, Sasuke, sigues siendo una herida abierta. Cómo odio tenerte aquí…


Naruto entró en el salón abrazando a Hinata por los hombros y besándola en la sien. A su lado, Hinata parecía una florecilla recién florecida. La mesa del salón tenía preparado el desayuno encima, pero Sakura y Sasuke estaban preparándose para salir. Un pesado silencio flotaba como guarnición.

- Qué callados estáis –comentó Naruto extrañado-. ¿Os habéis peleado por la cama?

- En absoluto –cortó suavemente Sakura- ¿Qué tal habéis pasado la noche? ¿Has descansado bien, Hinata?

- Sí, muy bien –respondió la Hyūga-. Nos ha despertado un grupo de alumnos de la academia. Parece que hoy tienen la visita al templo de Nagaroto. Es agradable escucharles pasar. Mi casa está tan apartada de todo que no advertimos la actividad de la aldea.

- Es la casa en la que más a gusto hemos estado Naruto y yo. A veces el olor a curry del puesto de abajo es bastante fuerte, pero hace un favor que la terraza dé a la parte de atrás. Me alegro de que hayáis pasado buena noche –miró el reloj de la pared-. Tengo que salir ya, hoy tengo muchísimo trabajo. Mi turno termina a las tres y luego tengo un entrenamiento pendiente con Tsunade, así que os veré para la hora de cenar. Hoy vienen Tenten y Lee, por cierto. ¡Nos vemos!

Todos las despidieron al tiempo que ella agarró la bandolera, se la colocó y corrió escaleras abajo.

- Ya en serio, ¿ha pasado algo? –preguntó Naruto ceñudo a Sasuke.

- Ya te lo ha dicho ella. No ha pasado nada.

- Como quieras. ¿Qué quieres desayunar, Hinata-chan?

- Tengo que ir a desayunar a casa de Tenten, ¿recuerdas? Mi primo me irá a buscar allí.

- Cierto, menos mal que la casa de Tenten está cerca.

Quince minutos más tarde, Hinata y Naruto habían salido de allí tomando rumbos distintos y Sasuke seguía esperando a que pasaran por él. Por regla general debía esperar a que le buscaran, ya que no era posible el acceso directo al cuartel ANBU si no se le requería. Sasuke había recorrido de niño algunas veces el cuartel en sus visitas con Itachi y las pocas veces que había entrado cuando sus actuales misiones eran más serias se había movido por allí como pez por el agua.

Aprovechando que podía adelantar su parte del trabajo doméstico, atendió a sus tareas. Cuando cargaba con la cesta de la ropa recién lavada hacia la terraza para tenderla, llamaron a la puerta. Hiroji le miró desde el otro lado de la puerta de la calle con unas enormes bolsas tras de sí.

- Buenos días, Sasuke-kun. ¿Está Sakura?

- No, ya se marchó al hospital.

- Perfecto. Ya me dijo ayer que estaría fuera todo el día. Estoy preparándole una sorpresa y quería adelantar algo ahora, si no tienes problema.

- Ya –dijo alargando el monosílabo-. ¿Necesitas ayuda?

- Si pudieras subirme una bolsa, te lo agradecería. Son demasiado voluminosas para cargarlas de una vez.

Sasuke alargó una mano para coger una bolsa por el nudo y subió con Hiroji parloteando tras él. Hiroji le indicó la terraza, donde dejó el par de bolsas que llevaba él.

- ¿Ya está? –preguntó Sasuke observando las bolsas azules.

- Sí, la segunda parte del plan tendrá que esperar a esta noche. ¿No os ha contado nada Sakura?

- No.

- Ah, es que me quedaré aquí a pasar la noche con ella. En la terraza, digo.

- Si es por cuestión de espacio, sabes que contáis con su habitación, ¿verdad? –sugirió echando por encima del hombro el pulgar para señalar el dormitorio- Estás a tiempo.

- No, la idea fue suya. Quizá en otra ocasión. Me he pasado la noche despierto para prepararle la sorpresa. Si se levanta viento se irá todo al garete. Bueno, Sasuke, muchas gracias. Te invitaré un día a… algo –Sasuke cabeceó por puro protocolo-. Hasta luego.

Hiroji se fue por donde había venido. Sasuke miró momentáneamente la cesta de ropa que quedaba por tender y decidió dejar que la ropa se arrugara sólo un momento más. Se agachó sobre las bolsas, comprobó que tenían la misma textura, y abriendo una de ellas comprendió la sorpresa que Hiroji había estado preparando. Cientos de florecitas blancas de cerezo llenaban las bolsas que había traído.


- ¡No sabéis cómo me alegro de que Naruto e Hinata estén juntos! –gritó lee alegremente apretando los puños- Al menos habéis tenido la decencia de habérmelo contado. No tenía noticia de que Sasuke-kun viviera con vosotros.

A la mesa del salón de la casa de Naruto y compañía, Tenten, Lee, Hinata, Hiroji eran invitados a cenar.

- No tenemos la culpa de que te pegues el día haciendo flexiones –espetó Naruto estirando hacia afuera la mano sobre la que apoyaba su mejilla-. Si no entras a la villa nada más que para dormir, no tenemos oportunidad de contarte nada. Y por favor, no se lo digas a nadie. Aunque en tu caso, como no se lo cuentes a las ardillas…

- Es que es tan… -se palmeó la cabeza con fuerza- ¡Es ideal!

Sasuke torció la boca y exhaló con fuerza. Lee lo advirtió.

- ¿Y a ti qué te pasa? –se levantó y señaló acusadoramente a Sasuke- ¿Es que no te alegras? ¡Con actitudes como esa no dejas que aflore el amor entre estos dos capullos de alhelí!

Sasuke, por primera vez, lo miró con una expresión que podría catalogarse de divertida. Aunque no había manera de descartar que abriera la boca para mandarlo a tomar viento.

- ¿De dónde saca esas expresiones? –preguntaba Hiroji a Sakura por lo bajo- ¿Siempre habla así?

- Digamos que Lee es la pasión personificada –respondió ella en voz baja-. Al principio pensábamos que tenía un problema, pero simplemente vive así.

- Parece que le restáis todos importancia a lo que significa esto –añadió Lee sentándose con los brazos cruzados.

- No es eso, es que ya lo sabíamos –dijo Tenten picoteando un trozo de verdura de su plato con los palillos-. Claro que cuando nos enteramos no fuimos tan entusiastas como tú.

- Pues os deberían encarcelar a todos por esto. Relaciones tan arriesgadas como ésta demuestran la importancia de la fuerza de la primavera y el fuego candente en el corazón de los amantes… Cuando se unen, estalla una explosión de alegría…

Hiroji se acercó esta vez al oído de Naruto.

- ¿Soy yo o le está dando connotaciones sexuales a todo lo que comentamos?

- Ya me pones en duda. Lo hace desde hace tanto tiempo que cuando empezó yo no caía en esas cosas.

- En fin, -retomó Lee- ¡Ya casi estamos todos! Guardo la esperanza de que Shino encuentre a un bicho que le haga tilín, Sasuke haga honor a su clan dejando salir su fuego –se escuchó a Sasuke sisear desde el otro lado de la mesa-, Neji y Tenten se den cuenta de una vez de que entre ellos hay algo más que una amistad…

- Por lo que más quieras, no conviertas esta cena en uno de tus ejercicios de casamentero –interrumpió ella molesta-. Sólo consigues molestar a todo el mundo. Aunque viéndolo de otro modo –comentó con otra expresión-, me haríais todos muy feliz llenando la academia de críos con apellidos que me resulten familiares.

- Es verdad, tú serás quien se encargue de recibir a los niños –reconoció Sakura-. Por cierto, tenía que hablar de eso contigo. Hemos hecho unos cuestionarios adaptados para los alumnos. Hemos pensado Tsunade-sama y yo que podríamos captar a los alumnos con aptitudes sanitarias para prepararlos con más antelación.

- Sí, era un tema que lamentablemente el Consejo ha ido posponiendo a favor de otras cosas, aunque no se hacían idea de lo necesario que es iniciar a los niños en la sanación. Se podrían sorprender de lo interesados que están y lo que son capaces de hacer.

- Hablando de niños –intervino Hinata-. ¿No está tu hermana embarazada, Sakura-chan?

- Sí, ya está de ocho meses. Empieza a estar muy nerviosa, aunque lo lleva estupendamente.

- Naturalmente. Parir debe ser horroroso –comentó Hiroji-. Mis hermanas lo pasaban fatal con los partos, aunque hay que comprender que en la aldea de donde soy la asistencia sanitaria es muy deficiente. Definitivamente, si de mí dependiera, mi apellido moría conmigo.

- ¿Por qué será que dicen que no es ninguna tontería que las mujeres seamos las que debamos parir? –preguntó Tenten.

- Creo que hombres y mujeres soportamos mejor distintas formas de dolor –opinó tímidamente Hinata-. Y que los hombres pueden pasarlo peor porque suelen esconder sus sentimientos.

- ¿Tú crees? –preguntó Naruto.

- Lee y tú sois excepciones –razonó Tenten-. Lo anunciáis todo a bombo y platillo. Es verdad lo que dice Hinata. En clase los niños suelen contenerse mucho más. También es verdad que confrontan más peleas que las niñas y solucionan antes los conflictos.

- Lo que yo observo en el hospital –comenzó a observar Sakura- es que las mujeres soportan umbrales más altos de dolor, y normalmente el papel de matriarcas, reforzado por el hecho de que los maridos están ausentes, las hace sufrir mucho emocionalmente. Tenemos la maldición de enamorarnos antes y con más frecuencia, la maternidad es más intensa que la paternidad, y sufrimos más depresiones. Nuestra sensibilidad es problemática.

Lee dio una palmada sobre la mesa tan fuerte que hizo saltar todos los cuencos de arroz y dar un respingo a todos los comensales.

- Pues si yo pudiera parir, como hombre o mujer, ¡lo haría con todo mi cariño y lo convertiría en un arte! ¡Los pariría con tanto mimo… como si los bebés estuvieran hechos de merengue!

Una mirada de extraña complicidad, con mayor destino a atemperar el ánimo de Lee que de animarlo a seguir sentando cátedra, recorrió la mesa.

Sakura se acercó a Hiroji y le besó. Hiroji se sorprendió de su espontaneidad. Aquello llamó la atención de Tenten.

- Vosotros, la boda, ¿para cuándo? –les preguntó sonriendo.

- Bueno, no es algo de lo que hayamos hablado aún, pero creo que eso es algo que se sobreentiende, ¿no? –contestó Hiroji. Sakura lo miró extrañada.

- Explícate.

- Pues que algún día nos casaremos, Sakura-chan. Supongo que antes nos iríamos a vivir juntos, si a ti te parece y a tus padres no les parece mal. Vamos, no os estoy diciendo que nos vayamos a casar mañana, pero el matrimonio es algo que se me pasa por la cabeza alguna que otra vez. Quizá a ti no tanto como a mí, -volvió a decir dirigiéndose a Sakura- yo ya tengo veinticinco años y hay cosas que me hacen pensar en querer fundar familia. No me mires con esa cara, tampoco estoy hablando de nada descabellado. Tu hermana se casó con tu edad.

Sakura lo miraba tranquila y muy inexpresiva.

- Sé lo unida que estás a Konoha –continuó Hiroji-. Lo he pensado y no me importaría dejar mi villa para estar aquí contigo. De hecho, esta visita me parece una pequeña aproximación.

- Sí que tienes las cosas claras.

- Y tan claras. Cuando vuelva a mi aldea, prepararé la mudanza y empezaré a traer mis cosas. Tengo una casa en mente, a la que me quiero mudar. El resto ya está en tu mano.

Pasaron unos segundos antes de que Sakura le contestara.

- Me parece que te has excedido haciendo tantos planes. En realidad es todo mucho más sencillo. No hace ninguna falta que prepares ninguna mudanza.

El silencio cayó como cemento en el salón.

Naruto miró asustado a Sakura. Hinata había tomado a Naruto de la mano y miraba a su compañera sin perder detalle. Tenten y Lee insinuaban una sonrisa de sorpresa en su cara. Sasuke guardaba una inexpresividad gemela a la de su compañera de piso, pero prestaba atención. Aquella Sakura era desconocida. La había escuchado proponérsele como compañera de viaje sin que abandonar Konoha resultara un problema. ¿Pero por qué no reconocía a la niña que lloró amargamente aquel día en aquella chica de mirada afilada que no parpadeaba y a la que no le temblaba el pulso?

- No sé de dónde te has sacado esa tontería de que me casaré contigo.

El silencio redobló su crudeza. Cuando Hiroji habló, sonó como si un enorme mueble de cristal hubiera resbalado al suelo.

- Bueno, si no eres religiosa... viviremos juntos.

- No, Hiroji. Lo que quiero decir es que de aquí no va a pasar. Olvida ese futuro de fantasía que te has preparado en la cabeza, porque esto no es para tanto. Te presentas aquí, después de años sin vernos, me regalas un ridículo álbum de fotos, nos tomamos unas cervezas, te invito a pasar una noche en casa, ¿y te crees que quiero quedarme contigo?–esbozó una sonrisa cruel-. Te has tomado demasiadas molestias pensando en nosotros.

Hiroji no salía de su asombro. Si alguien más, además de Sakura, se hubiera fijado en su cara en lugar de la de la Haruno, habría visto cómo se le atravesaban en el corazón las frías palabras de Sakura.

- ¿Qué... qué me está diciendo, Sakura?

- Lo que oyes –bebió de su vaso tranquilamente-. Lo que hay aquí y ahora es todo lo que te puedo ofrecer. Nada más. Si quieres algo más, lárgate de aquí ahora mismo.

- Sakura… -comenzó a decir Naruto en voz baja.

- Ni se te ocurra decir una sola palabra más –contestó ella con firmeza.

Los demás empezaron a evitar mirarles. Hiroji empezaba a sofocarse. Nervioso, optó por señalarle un dormitorio a Sakura para que fuera con él. Sakura se levantó a la par y le siguió. Allí, Hiroji cerró la puerta tras de sí.

- ¿A qué viene todo esto?

- No, ¿a qué viene soltar todo ese rollo sobre el matrimonio?

- Joder, Sakura, no me digas ahora que tanto tiempo, tantos esfuerzos para estar contigo no me valen de nada porque ahora no quieres estar conmigo. ¿Cómo puede ser? –empezó a respirar agitadamente- No lo entiendo... Explícamelo, por favor, no me entra en la cabeza que me digas esto ahora.

- Esto es lo que hay: o seguimos así, o "adiós, muy buenas".

- ¿Pero tú te estás escuchando? –gritaba- ¿Cómo puedes decirme un día que me quede en tu casa para dormir contigo y al día siguiente te deshagas de mí como lo estás haciendo? ¿Qué pasa? –la cogió por los hombros y la miró fuera de sí- ¿Te da miedo? ¿Es por lo del sello? ¿Eh, lo es?

- ¡No es por nada de eso, joder! –le quitó las manos de encima. Gritaba tanto como Hiroji- ¿Cómo puedes aparecer aquí y exigir que una relación que no llevamos en condiciones salga como tu cabeza espera que lo haga? ¡Hemos estado dos años solos, Hiroji! ¿Sólo porque me veas y te hayas emocionado un poco ya me ves compartiendo tumba contigo?

- ¡Estoy tan enamorado de ti desde que te vi que no he podido dejar de pensar en otra cosa que no sea verte de nuevo! –gritaba más que antes- ¡Te digo que abandono mi villa por ti, Sakura, dejaría las oportunidades que me ofrece mi profesión por estar contigo! ¡No puedo sacrificar nada más por ti porque no tengo nada más que sacrificar! ¡Pero lo haría si lo hubiera, creo que te he dejado bien claro eso! ¡Dime la verdad! ¡Dime por qué me haces esto!

- ¡Lo hago porque eres una molestia! Porque hasta que no lo has dicho no me he dado cuenta de que no es lo que quiero. Veo demasiado vacía nuestra relación como para darle tantas alas. Haz el favor de marcharte.

Hiroji abrió lentamente la puerta y cruzó el pasillo con Sakura a la zaga. Todos los demás hicieron el esfuerzo de iniciar una conversación para destensar el ambiente, pero la discusión se había escuchado sin problemas en el salón y a nadie se le ocurría abrir la boca. Hiroji, descompuesto, y Sakura, totalmente inexpresiva, cruzaron la puerta principal y bajaron las escaleras. En la puerta del portal Hiroji miró herido a Sakura, buscando una señal de rendición.

- No puede ser verdad... Mira... Mañana... mañana hablamos más tranquilos, ¿vale? –buscó la mirada de Sakura sin éxito- ¿Eh?

- No quiero volver a verte.

- No... Nena, mira, –parecía ahogarse con las lágrimas que intentaba contener- mañana... o pasado, ¿pasado mejor? Vengo y hablamos tranquilos –le sonrió con el alma en un puño.

- Adiós, Hiroji –cerró la puerta como si nada extraño hubiera ocurrido. Se giró y vio las escaleras extenderse delante de ella. Las escaleras comenzaban a parecerle enormes, y el silencio que zumbaba en su cabeza le parecía una pesadilla de Orochimaru. Subió las escaleras sin hacer el más mínimo ruido. Se le nubló la vista, pero se secó los ojos con un pico de la camiseta. Todo era tan vacío y silencioso…

Al llegar al salón Naruto la recibió intentando guardar un espacio entre los dos.

- ¿Cómo estás, Sakura-chan? –preguntó con un hilo de voz.

- Bien, pero si me disculpáis... –agachó la cabeza para ocultarles el rostro a sus amigos-. Siento que hayáis presenciado todo esto. Lo siento mucho.

Fue directa al baño. Lee, Tenten e Hinata intercambiaban miradas incómodas.

- Parece que la cena llega hasta aquí –dijo Tenten con suavidad-. Será mejor que nos vayamos -Sasuke y Naruto asintieron comprensivos-. Decidle que estamos para lo que ella necesite.

- Claro –respondió Naruto antes de que Lee y Tenten se levantaran para marcharse. Hinata se acercó a él, se despidió de él e inclinó la cabeza ante Sasuke, que le devolvió el gesto.

Ya solos, Sasuke y Naruto se miraron sin saber muy bien cómo encarar la situación. Por muchas situaciones que hubieran compartido, nada servía de precedente. Naruto rompió el hielo.

- Joder... ¿y ahora qué hacemos?

- ¿Que qué hacemos? Eres su mejor amigo.

- Ya... pero...

- Necesitará hablar contigo.

- ¿Estás seguro? Se está comportando de una forma demasiado extraña.

- Como todas las mujeres. Ve a hablar con ella.

- ¿Y tú?

- Sabes perfectamente que no quiere pasar por esto conmigo.

Naruto abrió la boca para contradecirle, pero Sasuke levantó una mano para callarle.

- No es el momento. Y sabes que es verdad. Te necesita a ti.

- ¡Pedazo de imbécil! ¡A ti también te necesita! ¡Ahora mismo está hecha polvo! ¿Crees que, de necesitar a alguien a su lado, rechazaría una mano amiga? ¿Qué coño te pasa?

- ¿Qué coño te pasa a ti? ¿Es que no te das cuenta de que está incómoda conmigo o va a resultar que la conozco yo mejor que tú?

- Vale, sé a lo que te refieres, pero eso no tiene sentido ahora. No es excusa. Ella te necesita igual que a mí. No sé lo que le pasará, pero estaremos los dos para ayudarla, ¿eh?

Sasuke torció la boca y resopló.

- Andando –ordenó el Uzumaki señalando el baño.

Ambos se acercaron a la puerta y se apoyaron de costado. Sasuke cabeceó para que empezara a hablar. Naruto miró al suelo y se rascó la cabeza.

- ¿Sakura? ¿Estás bien? ¿Podemos hacer algo por ti?

El ruido del agua precedió a la voz de Sakura.

- Estoy bien. Me estoy tomando un baño.

- Vale. Oye, estaremos en el salón, ¿de acuerdo? No te queremos agobiar, pero si nos necesitas...

- Vale.


- Naruto...

- ¿Hmp?

- Cuando Hinata y tú os fuisteis esta mañana llegó Hiroji. ¿Has visto las bolsas que hay en la terraza?

- No. ¿Qué pasa con ellas?

- Las trajo él. Quería prepararle una sorpresa a Sakura.

- ¿Viste lo que había dentro?

- Sí. Flores de cerezo. Hiroji me dijo que habían decidido pasar la noche en la terraza.

- Vaya. ¿No las ha visto?

- Que yo sepa no.

- ¿Cómo justificamos eso ahora?

- Puede que no haya necesidad. Querrá dormir sola esta noche. En ese caso dormiré en el salón. Aprovecharé en cuanto vaya a acostarse para tirar las bolsas.

- De acuerdo.

Se escuchó el giro del picaporte de la puerta del baño. Sakura salió, con el pelo húmedo y el rostro calmado. La miraron esperando a que hablara.

- ¿Has... roto con Hiroji?

- Sí.

- ¿Cómo ha podido ser, Sakura-chan? Se os veía tan bien momentos antes...

Sakura miró rápidamente al Uchiha, apartando con la misma velocidad la mirada.

Sasuke captó el mensaje. Se dio inmediatamente media vuelta y desapareció por el pasillo.

Sakura se revolvió nerviosa y apretó los ojos con fastidio. Ahora le apuraba haber sido tan transparente con Sasuke. Intentó corregir su falta de delicadeza elevando la voz.

- Cosas que pasan. Prefiero no hablar de eso. Todo ha sido muy rápido y es reciente. Esta noche... ¿os importa que duerma sola?

- Claro. Sin problema –resolvió Naruto enseguida.

- No –contestó Sasuke desde el cuartillo, de donde sacaba el futón.

- Está bien. Pues... nada, buenas noches. Y siento las molestias.

- Buenas noches, Sakura-chan.

Sakura no tardó en encerrarse en su habitación y Sasuke en desplegar el futón en el salón. Éste no miró a Naruto mientras lo hacía.

- No se lo tengas en cuenta, Sasuke.

- No lo hago. Sé cómo están las cosas. Acepta de una vez que no quiere más que una relación respetuosa de compañeros de piso conmigo.

- Ya hablaremos de eso con tranquilidad –dijo Naruto girándose al pasillo.

- Eh.

Naruto volvió a mirar a Sasuke.

- Si quieres ayudarla, empieza por ahí. Acéptalo.

Naruto no le contestó. No se le ocurría cómo hacerlo.


Diez minutos más tarde estaban todos acostados. Treinta más tarde seguían todos mirando el techo.

El Uzumaki intentaba comprender a Sakura. No podía explicarse cómo su amiga había pasado de la euforia que él mismo experimentaba con Hinata a aquella tajante crueldad que había dejado fuera de combate a Hiroji y a todos sus amigos. Se sintió muy vulnerable y amenazado. Todo con Hinata salía bien, pero... las relaciones eran delicadas. Los obstáculos que se interponían en el camino de la relación que tenía con Hinata eran muy sólidos, ya contaba con ellos, pero aquel abandono aparentemente injustificado suponía variables que él no podía controlar. ¿Era habitual que las personas hicieran aquello?

No, no lo es. Simplemente Sakura ha perdido la cabeza.

A diferencia de la ebullición de los pensamientos de Naruto, el Uchiha experimentaba el acostumbrado y vivo silencio interior. Se preguntaba por él a la vez que lo disfrutaba.

Naruto había empezado una relación con la Hyūga y Sakura había roto la suya con el fotógrafo. Aquellas eran circunstancias muy llamativas al lado de su perpetuo vacío. Ciertamente sentía mucha indiferencia respecto a la vida de sus compañeros, sabía que había mucha diferencia entre su vida y la de los demás, pero ante tanta vida, tanta sangre emocional, su vacío le empezó a parecer siniestro. Y esa apreciación de sí mismo no era natural. Al menos hacía mucho tiempo que no hacía una valoración así.

No había amor. No había familia. Y exceptuando a Naruto, no había amigos.

Para él el pan estaba duro.

Sakura estaba quieta también. Con la mente vacía y el corazón exudando dolor. Sólo sentía hormigueo en el pecho, sólo escuchaba un silencio que no había conocido antes zumbando en los oídos, sólo veía los ojos dolidos y desesperanzados de Hiroji.

Y así… ¿así acabó todo? Así es todo lo que queda.

- ¡Sakura!

Se incorporó de golpe. Alguien la llamaba. No, no era el sello. Era la voz de alguien más quebrado que ella.

Se levantó manteniendo el equilibrio con esfuerzo. Tenía un agujero enorme en el pecho.


¿Gusta? ¿Apesta? Cántamelo aquí abajo. ¡Nos leemos pronto!