POV. Anastasia Steele.
Oh Dios, Christian me está besando, y me encanta, estoy dando mi primer beso con él, el chico que me gusta, porque no lo voy a negar, Christian me gusta, mucho, él es muy lindo, cariñoso y atento conmigo, y que más se puede decir, es extremadamente guapo, y sus hermosos ojos, me encantan sus ojos, nunca creí que un chico me prestaría atención como lo hace él.
Cuando lo vi hablando con Leila me sentí un poco mal y no sé porque, ¿será porque ella se mete mucho conmigo?
«Ni en tus sueños crees eso, estabas celosa.»
¿Celosa? ¿Yo?
¡Ja! Si Christian no es nada mío.
«Pero admítelo, estabas celosa.»
Si, si, si, estaba muy celosa, es la primera vez que me pongo celosa por una chica y lo peor es que él no es nada mío.
Pero conozco a Leila, y ella siempre quiere lo que las chicas del colegio tienen, ella siempre tiene que ser la mejor. A su corta edad ya se ha acostado con muchos chicos, no sé qué le ven de bueno a ella si he visto a algunas chicas más guapas y más educadas que ella.
Mejor dejo de pensar estupideces.
Christian me está besando y yo le correspondo de la mejor manera que puedo, es mi primer beso y no sé si beso bien o mal, tal vez me beso por un impulso de él, que sé yo, tengo que admitir que besa él sí sabe besar muy bien.
Sus labios son tan suaves.
El beso empieza lento, muy cariñoso y apasionado, pero luego de un rato se vuelve salvaje, intenso y más apasionado, el me muerde mi labio inferior y yo gimo en su boca dándole paso a su lengua que empieza una danza con la mía, esto es la gloria.
De repente siento algo muy duro contra mi vientre y caigo en cuenta de que es su erección, está muy dura y Dios se siente muy bien, debería sentirme avergonzada pero no lo estoy, en estos momentos no puedo pensar con claridad, me pego más a él y subo mis manos a su cabello, es muy suave y tiro de un poco y eso hace que Christian gima en mi boca, ese sonido manda corrientes eléctricas a mi entrepierna, esto es muy raro ya que nunca lo he sentido.
Estoy excitada, pero también siento otra cosa.
Creo que me he enamorado de él...
No, no me puedo enamorar de él, Christian nunca se fijaría en mí. ¿O sí?
Poco a poco nos vamos separando por falta de aire, y puedo ver que tiene los labios hinchados y sus ojos están muy oscuros, creo que yo estoy igual que él, lo miro con una sonrisa, pero él me mira apenado.
¿Por qué?
¿No le gustó?
Ese pensamiento me entristece.
—Lo siento —murmura y creo que está sonrojado.
—¿Por qué? —le pregunto confundida.
—Por besarte, sólo... es que no me pude contener, moría por hacerlo, ¿sabes? Tampoco me arrepiento de hacerlo —me dice mirándome fijamente.
Eso significa que... ¿Si le gustó el beso?
—Tranquilo, no pasa nada, yo también lo deseaba —le digo sonrojada.
Estas conversaciones son muy incómodas.
—¿Lo deseabas? —me pregunta sorprendido y yo asiento lentamente más roja que un tomate—. Entonces, ¿yo te gusto? —me vuelve a preguntar.
¿Cómo se le ocurre preguntar algo así?
Ay Dios.
¿Le digo la verdad?
¿Le digo que me gusta?
¿Le digo que no me gusta?
Mejor le digo la verdad.
—Sí —le digo en un murmullo apenas audible.
—Wow —pronuncia y veo como sus ojos grises adquieren un brillo, pero también veo un poco de duda, tiene una batalla interna, creo que al final se decide ya que me toma las manos y comienza a hablar—. Ana, mira, yo nunca he hecho esto de ser novio, ya sabes… Pero estoy dispuesto a hacerlo por ti. Sé que nos conocemos hace poco tiempo y que esto sonará loco pero es lo que siento. Desde el primer día en que te vi me pareciste hermosa, muy hermosa, y también sentí cosas muy raras cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez, yo nunca he sentido esto antes, sólo contigo, y sólo quiero que intentemos algo, yo trataré de ser todo lo que necesites, de ser de mi de quien te apoyes, y que vengas a mi cuando necesites ayuda que yo estaré encantado de recibirte con los brazos abiertos, yo siempre estaré ahí para protegerte. Quiero protegerte. Desde que te conozco no has dejado de dar vueltas en mi mente, siempre ando pensando en ti y creo que me enamore de ti, no sé en qué momento pero lo hice. Ana, por favor, en verdad quiero intentar esto contigo, ¿quieres ser mi novia?
Estoy llorando, sí, estoy llorando.
Es lo más bonito que me han dicho en mi vida.
POV. Christian Grey.
Listo, se lo dije, le dije lo que sentía por ella, necesitaba desahogarme, no me quería quedar callado después de ese magnífico y delicioso beso.
Veo que sus ojos se llenan de lágrimas, mierda, ¿será que la espante?
No, no, no, yo no quiero que llore.
Creo que la cagué.
Joder.
Sabía que era muy pronto.
—Oh, Christian, eso es lo más hermoso que me han dicho, yo creo que he sentido lo mismo que tú, pero ¿sabes? tengo miedo, miedo de salir lastimada —me dice.
Ella siente lo mismo que yo.
Eso me alegra. Mucho.
¿Cómo puede pensar que yo la voy a lastimar?
—Ana, yo nunca te lastimaría —le digo lo más sincero que puedo.
Quiero que confíe en mí.
—Si es así, entonces si acepto Christian, acepto ser tu novia —me dice con una sonrisa.
Yo no aguanto la emoción y la vuelvo a besar, ella me corresponde, sus labios son tan deliciosos, carnosos… y suaves.
Nos separamos de golpe cuando escuchamos un carraspeo, volteamos y vemos que es Albert que nos mira serio, oh, no.
Estamos en problemas.
Lo sé.
—Tío... mmm... yo —tartamudea Ana pero él la interrumpe.
—¿Acabo de escuchar que aceptaste ser novia de él? —pregunta Albert.
—Eh... yo... si —responde Ana nerviosa y Albert muestra una sonrisa.
—Bueno yo no me opondré, pero tengan más cuidado, que si llegaba cinco minutos tarde ya los habría encontrado teniendo sexo en el sofá, recuerden tomar precauciones —nos dice en tono de burla.
Creo que estoy aliviado.
—¡Tío! —le grita Ana sonrojada y él suelta una carcajada.
Yo solo me quedo mirando a Ana, me gusta cuando se sonroja.
—Bueno, voy a mi habitación, me dio gusto verte, Christian.
—Igualmente, y Albert, mis padres quieren que vayan a cenar mañana a nuestra casa ya que quieren ver a Ana.
—Está bien, nos vemos mañana entonces —dice.
—Adiós, Albert —me despido.
—Adiós, Christian —me dice y se va hacia su habitación.
—Oh, Dios, pensé que se iba a poner furioso —dice Ana en tono de alivio.
—Pero no lo hizo —le digo con una sonrisa—. Bueno, Ana, me tengo que ir —le digo y hace un puchero.
Se ve muy tierna haciendo eso.
—De acuerdo —me dice resignada y ella me acompaña hasta la puerta.
—Adiós, nena —le digo, eso suena raro pero me gusta.
—Adiós, Christian, nos vemos mañana, ¿a qué hora tenemos que estar en tu casa?
—A las ocho de la noche pero lleguen a las seis —le digo y le doy otro beso, me puedo acostumbrar a esto.
Luego me voy.
Cuando llego a mi casa mi familia está en la sala, conversando.
—Christian, hijo —me saluda mi padre.
—Buenas noches —les digo.
—¿Cariño, como estuvo tu día? —pregunta mi madre.
—Muy bien mama, perfecto —le digo con una sonrisa. Si supiera como estuvo mi día—. Bueno, voy a mi habitación, estoy cansando —les digo despidiéndome.
—Wow, hermanito, te dejaron agotado —me dice Elliot en tono de burla y yo lo fulmino con la mirada.
—¡Elliot Grey! —lo regaña mi madre y él intenta esconder su sonrisa.
—Lo siento —se disculpa Elliot y yo solo niego con la cabeza.
Me voy a mi habitación, me desnudo, entro al baño y me ducho, mientras lo hago pienso en el beso con Ana y mi pene despierta de un brinco, ¿porque siempre sucede esto cuando pienso en ella?, pero creo que necesito algún tipo de alivio.
¿Lo hago o no lo hago?
La verdad es que nunca lo he hecho.
Siento curiosidad.
Lo haré.
Está decidido.
Rodeo mi duro pene con una mano y empiezo a bajarla y a subirla lentamente, cierro los ojos y abro mi boca para poder respirar mejor, pienso en Ana, en sus carnosos labios que tuvieron contacto conmigo, en sus hermosos pechos. La velocidad de mi mano va aumentando muy rápido, subo, bajo. Subo, bajo. El placer de esto es muy bueno, joder. ¿Por qué no lo había hecho antes? Cada vez voy más rápido y siento que todo mi cuerpo se me tensa y mis piernas tiemplan. ¿Es normal?
Creo que ya estoy cerca.
Un gruñido escapa involuntariamente de mi boca y mi mano se llena de todo mí semen y también tiene una pequeña mancha de sangre, al parecer eso es normal. Pero esto se siente genial.
Me siento aliviado.
Cierro mis ojos y pego mi frente contra los azulejos de la pared del baño tratando de regularizar mi respiración.
Ya mi cuerpo no está tan tensionado.
¿Será malo lo que hice?
Pero se siente jodidamente bien.
¿Será que tengo que investigar en internet?
Me termino de duchar y voy hacia mi habitación, me pongo unos bóxers, y me voy a mi cama, la mayoría de veces duermo en bóxers.
Tengo una gran sonrisa en mi cara ya que Ana acepto ser mi novia y yo estoy sumamente feliz por eso.
Oigo como tocan la puerta, y digo que pasen y es mi padre.
—Christian, hijo, vamos a hablar.
—Claro, papá —digo mientras me siento en mi cama.
Mi padre pasa y se sienta a mi lado, parece nervioso, ¿qué pasará?
—Christian, tu madre y yo sabemos que vienes de la casa de Ana —susurra y yo le presto atención—. Vengo aquí porque Grace prácticamente me obligó, pero sabemos que ahora eres un adolescente y todas tus hormonas están alborotadas, —Oh, ya sé a dónde va esto. No, por favor, no quiero la charla—. Cuando vi tu sonrisa y el brillo de tus ojos al entrar supe que algo había pasado entre tú y Ana, no sé exactamente qué porque no soy adivino… ¿Sabes que es una erección?
Oh por Dios.
¿Por qué me tiene que preguntar esto?
Bajo mi cabeza mientras asiento levemente.
—Christian, no tienes por qué avergonzarte, eso es normal en los chicos, sé que tú debes tener erecciones a cada rato, o cada mañana, a todos los hombres le han pasado y eso a tu edad no se puede controlar, sólo quiero que estés bien informado por esto, y me imagino que sabes cómo se embaraza una chica, así que, por favor, cuando estés listo, utiliza protección, aparte de que no quiero ser abuelo, tampoco quiero que te contagies de alguna enfermedad. A ver, vamos a hacer esto más fácil; ¿tienes alguna duda o pregunta sobre esto? —pregunta y yo pienso, también quiero estar bien informado.
—Sí. ¿Es verdad que las chicas sangran cuando tienen su primera vez?
—Sí, es verdad. Las chicas tienen algo así como una telita en la vagina, eso se llama himen, y lo tienen cuando son vírgenes, al momento de ser penetrada por primera vez eso se rompe y sale un poco de sangre. Aunque hay algunos casos donde a las chicas se les rompe el himen inconscientemente.
—¿Y duele? —pregunto.
¿Por qué tienen relaciones sexuales si les va a doler?
—Sólo arderá un poco, pero también hay que tener cuidado y no ser tan brusco porque puede producir un desgarre. También tienes que asegurarte de que ella esté bien lubricada, ya sabes, excitarla, para así evitar un dolor más fuerte.
—¿Mamá era virgen cuando tú y ella eran novios? —pregunto.
Observo como papá sonríe y niega con la cabeza.
—Cuando yo me enamoré de tu madre estábamos en la universidad y ella era novia de otro sujeto —susurra.
Oh.
—¿Y cómo hiciste? —pregunto intrigado.
—Bueno, prácticamente me convertí en su acosador, la seguía a todos lados, y le suplicaba que dejara al imbécil de su novio y me diera una oportunidad. Ella siempre se negaba, así que un día simplemente me cansé de rogarle y me conformé con su amistad. Un día ella llegó llorando a mí y me dijo que su novio la había engañado con otra chica, yo la consolé durante un buen rato, bueno, imagínate lo demás.
Yo sonrío.
Me alegra de que mi madre si se hubiera quedado con papá.
—¿Ya no tienes más preguntas? —susurra y yo niego con la cabeza.
—No.
—Bueno, es hora de dormir.
Después de despedirme de mi padre me acosté en mi cama y caí en un profundo sueño.
