Capitulo 9
Después de la noche que habían pasado, ambos amanecieron abrazados y desnudos, cubiertos simplemente por una pequeña manta que yacía vieja y un poco roída en el sofá. A pesar de sentir los primeros rayos del sol, ninguno abrió los ojos aunque estaban despiertos, no querían separarse de nuevo, frotaron sus narices y rieron un poco ante tal movimiento un poco adolescente.
-Buenos días –murmuró Peeta contra los labios de Katniss, ella respondió con un beso. Peeta la abrazo con fuerza de nuevo, y volvieron a hacer el amor como la noche anterior, sintiéndose de nuevo uno con el otro. Besándose y tocándose, cualquier duda o rastro de reproche se había esfumado en esa habitación y entre cada beso se habían recuperado los meses que habían estado separados.
Finalmente cuando terminaron de hacer el amor, se vistieron y muertos de hambre salieron juntos de la mano, aún con la ropa un poco mojada, caminaron hasta el auto, esperando que siguiera en el lugar en el que lo habían dejado. Entre más se acercaban, Peeta comenzaba a ponerse nervioso de nuevo, y cuando finalmente estuvieron frente a él, volvieron a quedarse unos minutos mirándolo.
-Tu puedes conducir, ya sabes –dijo Peeta con una sonrisa en el rostro, pero Katniss duró unos minutos viendo el auto, con una mirada un poco ausente, miró la mano de Peeta que tomaba con cariño la suya, y después miro el auto.
-Confío en ti –dijo finalmente, apretando un poco la mano de Peeta, lo miro a los ojos y se dieron un tierno beso.
Subieron al auto, y Peeta miro de reojo a Katniss, esperando verla nerviosa, pero no, Katniss tenía una leve sonrisa en el rostro, y Peeta no pudo evitar sonreír también, no despegó la vista ni un momento de la carretera, y no subió la velocidad como acostumbraba a hacer, concentrado totalmente en manejar, llego hasta la puerta de su cabaña, en donde dos pequeñas niñas los esperaban emocionadas en la puerta.
Bajaron del auto y Peeta, las abrazo como no las había abrazado desde hacía mucho tiempo, feliz ante la idea de saber que podría volver a tenerlas completamente para él. Finnick y Annie los esperaban también en la puerta, en donde su pequeño hijo parecía entender la felicidad del asunto. Annie y Finnick abrazaron a Peeta y a Katniss con inocultable felicidad y Annie le murmuró en el oído a Katniss que tenía que contárselo todo. Peeta como antes, hizo la comida y sirvió los platos de todos con una sonrisa enorme en el rostro, borrando todo aquel hastío que en el pasado la tarea de cocinar le había causado, le guiño el ojo a Katniss y esta simplemente se sonrojo. Todos comieron Finnick y Peeta no dejaban de hacer bromas para los niños y de vez en cuando Katniss y Peeta se ofrecían ciertas miradas cómplices que hacían que Katniss volviese a sonrojarse.
Cuando la comida terminó, los amigos se despidieron y se rieron ante la insistencia de Prim porque el pequeño de Finnick y Annie le diera un beso en la mejilla.
Se despidieron desde la puerta, y en cuanto Annie y Finnick se dieron la vuelta Katniss y Peeta se besaron de manera tierna, Prim y Rue emocionadas comenzaron a dar vueltas y grititos alrededor de ambos.
-Yo cocinare la cena esta noche –dijo Katniss con una sonrisa, aunque en realidad lo que quería decir era en que ella cocinaría todas las noches para él, ella también estaba dispuesta a cambiar por él.
Peeta la beso en agradecimiento y corrió con sus hijas para nadar en el lago, realmente no podía creer que toda aquella felicidad estuviese pasándole solo a él, se sentía abrumado ante la idea de que Katniss volvería a ser suya, de que su cuerpo descansaría con el de él todas las noches, y escuchar su voz cada mañana despertándolo, se le hacía el sentimiento más maravilloso de todos.
Flash Back.
Mientras estaba acostada en la camilla del hospital, sintiendo la respiración de Peeta contra su pecho, y llorando todo lo que sentía que tenía que llorar, volvió a tocar su vientre a pesar del dolor físico y mental que esto le causaba, miró a su esposo con cierta pesadez, y se sintió decepcionada y temerosa, ante la idea de que su esposo quisiese otro hijo que ella nunca podría darle, lloro de nuevo y como pudo beso la rubia cabellera de Peeta, esperanzada de que esa cabellera de que todo aquel cuerpo que reposaba con dolor sobre su regazo, nunca la abandora, nunca la dejara.
…
Unos cuantos meses después del terrible accidente, después de peleas y a pesar de la enorme felicidad que Rue llevó a sus vidas, Peeta esperaba a Katniss en la gran sala de su departamento, aconsejado por su madre, tomaba un vaso de whisky y esperaba a que Katniss terminara de acostar a las niñas para poder hablar con ella en privado.
En cuanto Katniss entro a la habitación Peeta pudo notar la cojera que a Katniss aún no se le había podido quitar después del accidente, se le veía cansada, agotada y un poco harta. Mientras que Peeta se veía elegante con su traje de trabajo y al mismo tiempo su mirada denotaba frialdad y distanciamiento de Katniss, examino a su esposa con la mirada y se repitió a si mismo las razones por las cuales haría lo que haría y cuando Katniss finalmente se sentó y cerró los ojos sin decir una palabra. Peeta carraspeo un poco.
-Katniss tenemos que hablar.
Katniss abrió los ojos y se sentó a lado de su esposo, Katniss aún mantenía aquella esperanza de adolescente enamorada, de que nada entre ellos podía terminar, pero en cuanto Peeta se alejó de su lado el corazón de Katniss comenzó a latir con fuerza.
-¿Qué pasa cariño?
Peeta miró su vaso por unos instantes, y sin más rodeos soltó con lo que le venía carcomiendo la mente desde hacía un tiempo.
-Katniss, quiero el divorcio.
Los ojos de Katniss comenzaron a humedecerse, aunque no consiguió llorar, se puso de pie y observo al hombre que alguna vez pensó estaría a su lado siempre.
-Está bien, firmaré lo que sea.
Cansada, emocional y físicamente, se pone de pie y con su leve cojera, comienza a caminar hasta su cuarto, harta de todas aquellas situaciones en las que Peeta la había hecho sentir menos, se mete en la cama y vuelve a intentar llorar, pero no puede, parece que todas las lágrimas que tenía para dar, las dio aquel día en aquella camilla en la que había pedido que Peeta nunca la dejara.
Se hundió en sus propias sabanas y un escalofrío recorrió su espalda, al sentir el vacío de su esposo en la cama, y un sollozo escapo de su boca al escuchar la puerta cerrarse y saber que Peeta se había ido de su lado.
Cerró los ojos, aunque en toda la noche no pudo dormir.
Fin de flash back.
Katniss leía con suma atención el libro de cocina que la madre de Peeta tenía ahí desde hacía mucho tiempo, nunca en su vida de casada había tenido la intención de tomarlo ni por error, y mientras Peeta la observaba un poco divertido ante todas sus expresiones de confusión decidió finalmente ayudarla.
La abrazo por la cintura y comenzó a cortar las verduras sin dejar de abrazarla, sintiendo el aroma de la comida y el de Katniss volvían la experiencia más exquisita, Katniss simplemente cerraba los ojos, dejando que las manos de Peeta la guiaran hacia una cena deliciosa, sintiendo la boca del rubio contra su cuello, hasta que finalmente prometió que ella haría la cena para él, lo envió a cuidar a sus hijas y la dejara sola en la cocina.
Corrió con sus hijas y con la misma emoción que en la mañana, dejo que los deliciosos aromas que parecían provenir de la cocina, invadieran su olfato. Sus hijas se veían igual de emocionadas que él, siempre habían querido ver a sus padres juntos, ya que cuando ambos se separaron, ellas aún eran muy pequeñas para poder recordarlo, para Peeta aquello era un consuelo, no recordar los peores momentos de su madre y él, las peleas y los malos tratos entre ambos.
Le dio un beso en la mejilla a cada una, y cuando escucho que Katniss los llamaba a comer, las acompaño a asearse y las sentó a cada una en la mesa. Katniss había cocinado ensalada y filete de pescado.
Comenzaron a comer como la familia que nunca habían logrado ser, Peeta hacía reír a todos en la mesa, y por debajo de ella tomaba la mano de Katniss y de vez en cuando depositaba un suave beso en ella, finalmente llegó la hora del postre, y Peeta observo sorprendido el pastel de chocolate que Katniss sacaba del horno.
-¡Se ve delicioso! –exclamo con verdadera emoción, pero antes de que Katniss pudiese agradecerle el pastel se fue desinflando poco a poco, Peeta y sus hijas comenzaron a reír a carcajadas mientras Katniss los reprendía a todos, justo en ese momento el timbre de la puerta sonó.
Peeta le dijo a Katniss que el abriría en lo que ella intentaba arreglarlo y en cuanto abrió la puerta, su sonrisa se borró por completo.
-Delly…
