Ojos, llaves y helados de limón
Capitulo 6
Jennifer
Aquella noche no pude dormir, es mas, no deseaba dormir, sentía que en cuanto cerrase los ojos extrañas sombras vendrían a destruirme. Me sentía tonta, infantil y absurda. Temiéndole a la noche, a imágenes absurdas y para colmo a sombras inexistentes.
En mi mente rondaban impacientes todas las escenas de la cena. Se podría decir que era mi conciencia la que me hablaba, pero sinceramente dudo que yo tenga una de esas cosas.
Una fría ventisca seguida de un profundo golpe me sacudió repentinamente, eran las puertas de mi balcón que se abrieron de súbito amenazando con romper los cristales con que estaban echas. Mucho me sorprendió el que nadie se hubiese despertado con aquel ruido, sólo la noche y yo nos encontrábamos en vela, solo nosotras dos, eso bien lo sabia, sin embargo algo me tenia intranquila, un presentimiento, no, mejor dicho la certeza de que alguien me observaba. Sentí una vez más aquella mirada sobre mí, atormentándome, helándome, hiriendo lo más profundo de mí ser. Inmediatamente busque con la mano el encendedor de mi lámpara de cama, pero apenas lo tuve en mis manos una sorda pisada crujió sobre la alfombra, solté el encendedor convencida, por alguna extraña razón, de que seria mala idea el prender el foco, temía ver quien me espiaba, temía saber quien era y ala vez temía que este se esfumase. Le busque en la con la mirada por todo mi cuarto, mas sin embargo no encontré nada más que obscuridad. Me tape la boca con mis manos y deje de respirar. Busque una vez más aquella mirada, ahora haciendo uso también de mis oídos.
Repentinamente mis ojos chocaron con una sombra que antes no había advertido.
Un joven se hallaba hincado justo al lado de la cama de Ichigo. Nuestras miradas se entre cruzaron por un instante, aquella mirada me parecía distante pero familiar, como parte de un sueño, parte de un recuerdo. Quería seguir observando aquella débil silueta, quería volver a sentir aquella extraña mirada, pero…había desaparecido. Por alguna razón me sentía débil y temblorosa.
Me levante como impulsada por un gran resorte, camine hacia mi tocador, y a tientas busque dentro de un viejo cofrecito una llave en específico. Tome la llave necesaria y salí del cuarto.
Apenas cerré la puerta, sentí como si alguien me observara desde muy cerca, mas sin embargo estaba segura que no era el mismo chico de mi habitación, no tenía miedo, escalofríos, o malos presentimientos. Di media vuelta para toparme con unos ojos color miel tan familiares y queridos para mi. Esboce una ligera sonrisa y su rostro me sonrió amablemente con esa delicadez que solo él era capas de mostrarme, con esa ternura que solo a mi me mostraba.
-¿Y bien? –Le pregunte divertida mientras observaba su silueta en la obscuridad.
-¿A donde pensabas ir?- me pregunto con esa dulce y amable voz suya
-A ninguna parte. Es solo que no puedo dormir. ¿Y tú? ¿A donde te dirigías?
-A ninguna parte. Tampoco podía dormir. – Apartó la vista mientras repetía mis palabras.
Aquello no me molesto en lo absoluto. Adoraba cuando el repetía mis palabras, me agradaba su voz. Esa voz tranquila, serena y amable, que transformaba mis toscas palabras en verdaderas melodías.
-¿Que deseas hacer?-Me pregunto al tiempo que sostenía mi mano y me quitaba mi llave.
-Nada, solo quería dar un paseo.
-Hace frio afuera, te resfriaras, no es hora de cuidar plantas.
-No podía dormir, ¿Qué se supone que haga? –Le arrebate mi llave al instante, para luego añadir un poco confundida- Espera un segundo, ¿Cómo sabes que hace frio afuera? ¿Donde estabas?
-Salí a dar un paseo –Admitió aun tanto apenado.
-No te entiendo. Tú puedes salir a la cuidad cuando tú gustes, y yo, que solo quiero ir a la azotea, la cual por cierto esta encerrada en un domo, No puedo ir ¿Por qué me voy a resfriar?
-Así es. Yo puedo ir a la cuidad y tu no puedes ir a la azotea aunque esta este techada. Eres una persona débil. – Sus palabras me hirieron un poco, tenia que admitirlo, así que me quede callada. Unos menudos y largos brazos me rodearon ligeramente, sentí su cálido beso en mi frente y un ligero susurro en el oído me hiso apartarlo de mi.
-No quiero que nada malo te pase- Me susurro débilmente con esa voz parecida al viento. Tan frio y preocupado, que un sentimiento de remordimiento asalto mi corazón.
-Nada malo me pasara. No mientras estés tú aquí reprendiéndome por la nada.
-En ese caso te reprenderé hasta el fin.
-Sabes que detesto que me regañen ¿verdad?
-Si, siempre has odiado eso de las personas. ¿También a mi me odiarías si te reprendiera siempre?
-Yo… puede ser- Le mentí, era imposible que yo le odiase, era más fácil que yo me odiase a mi misma por hacer que él me reprendiera a que me disgustara con él por hacerlo.
El sonrió, como si hubiese oído mis pensamientos. Y luego tomándome de la mano me llevo hasta su cuarto.
Su cuarto era aun más espacioso que el mío, era elegante, cómodo y simple.
Un librero, un pequeño sillón, una cama, un escritorio, su closet y una mesa de noche era todo lo que poseía su cuarto.
Inmediatamente me eche en su cama, observe el techo y después incorporándome me puse a leer cada titulo de los libros en su librero, el cual estaba justo al lado de su cama. Sentí como es que se acercaba a mi- y digo sentí por que él nunca hacia ruido al caminar- cuando estuvo lo suficientemente cerca me puso encima su chamarra.
-Gracias, pero no tengo frio.- Susurre mientras me la ponía correctamente. El simplemente hiso un ruido parecido a la risa solo que mas débil y resonante como un ronroneo o una pequeña campanilla.
Adoraba esa ligera risa, hacia ya mucho tiempo que no la oía.
Una vez aburrida de los libros, me dirigí hacia donde guardaba sus discos, abrí la vitrina y tome uno en especial. Abrí el estuche y después de observarlo un poco Daniel me lo quito de las manos y lo puso en su viejo toca discos. Di un suspiro y me puse a dar vueltas en su cuarto al son de la música, adoraba aquel vals de Brahms.
-Te marearas, para ya.
-No, no quiero. Hace tiempo que no hago esto, aparte, si caigo tú me levantaras. – Le dije mientras me acercaba tambaleándome y tomándole de la mano nos pusimos los dos a girar.
La música paro, y aun así no me soltó de la mano, seguimos girando un rato mas, como dos tontos, simplemente mirándonos, recordando viejos tiempos.
-Te traje algo, es sencillo, pero estoy seguro que te será útil.
-¿Qué es? ¿Puedo verlo?-le pregunte sin disimular mi sorpresa.
-Si, pero primero préstame tu llave
-¿La de la azotea?
-Si solo será un momento
-Bien,- le entregué mi llave muy divertida pensando que clase de regalo seria. El tomo mi llave y dirigiéndose a su closet saco de una pequeña cajita algo que no pude descifrar que era, cerré los ojos entendiendo que el así lo deseaba, sentí como me ponía algo alrededor de mi cuello y un ligero peso sobre mi pecho.
-Puedes abrirlos- me susurro mientras retiraba sus manos de mi pelo.
Observe con cuidado aquel colgante, quede maravillada, era una llave antigua de 7cm en color negro. De la llave colgaba un hermoso listón color verde obscuro y en el centro de el moño que se formaba con el listón se encontraba una pequeña rosa de color rojo echa con alguna extraña piedra. En el centro de la rosa se hallaba una extraña piedra parecida al diamante pero con aspecto líquido y de distintos colores a la vez, parecía como si los colores se separasen y se juntasen en alguna extraña danza, era hermoso, hipnótico, elegante, era mía.
Aquella lave estaba sujeta a mi cuello por medio de una hermosa cadena de plata con pequeños nudos a modo de adorno.
-¿Donde la conseguiste?
-La mande hacer, es una copia de tu llave.
-¿Cuando fue que la tomaste?
-Ayer mientras dormías. Lo siento, quería que fuera una sorpresa.
-¿Me devuelves mi antigua llave?
-Pero…
-Me agrada tu regalo, y lo voy a usar, pero no quiero que nadie más tenga una llave. ¿Ya as entrado a la azotea?
-No,
-Dime la verdad.
-Jennifer jamás entraría a la azotea sin tu permiso. Aun confió en que un día seas tu quien me invite. Mientras tanto yo no pienso subir ahí sin tu consentimiento.
-¿Jamás?
-Jamás, lo prometo.
-En ese caso… yo te prometo que tú serás el primero en visitar mi jardín, un día te dejare que me acompañes… Aun así, no puedes quedarte con la llave.
-De acuerdo.- Con actitud sumisa y obediente me regreso mi vieja llave. Observe mi nueva llave y después de un rato le bese en la mejilla y salí de su cuarto. Eran las 4 de la mañana debía dejarlo que durmiera un poco. Al día siguiente teníamos escuela y según tenía entendido, mañana se le retiraría la suspensión. Aquella noche no tuve pesadillas ni imágenes atormentadoras. Aquella noche soñé únicamente con la obscuridad.
Tokio
-Bien, ¿Cual crees que sea su reacción? – Pregunto Lettuce mientras daba un ligero sorbo a su té.
-No tengo, la menor idea, pero no creo que sea muy grata. Tal vez ya no desea saber nada del proyecto Mew. No la culparía.
-Lo dudo, Mint es una persona considerada y amable.
-Tienes razón, tal vez me equivoco, para empezar jamás creí que nos dejaría entrar a su casa. –Menciono Ryo mientras se llevaba la taza de té a la boca, pero antes de poder dar el primer sorbo una joven de cabellos azules entro a la sala.
Lettuce y Ryo se habían propuesto, aquella mañana, informar al resto de las Mew acerca de lo que estaba sucediendo. Mint era la primera en ser visitada.
-¡¿Ryo? Que alegría me da volver a verte. Cuéntenme ¿que te trae por acá? –Dijo Mint al tiempo que saludaba a Ryo y luego observando a Lettuce continuo sin reconocerla- Hola, mi nombre es Mint…. Espera un segundo… ¿Lettuce? ¿Eres tú? Has cambiado bastante, casi no te reconozco.
-Gracias, a ti el tiempo te ha favorecido aun más. Te ves muy bien. – Menciono Lettuce mientras se daban un gran abrazo.
Mint no había cambiado mucho, era un poco mas alta, muy delgada y sus facciones se habían echo un poco mas finas. Su cabello seguía llevándolo en dos chongos como de costumbre. No había cambiado tanto como su compañera.
-Te hemos extrañado tanto en el café. Es una lastima que ya no vayas ni siquiera de visita.
-Tienes razón, he sido muy desconsiderada, pero veras, el ballet consume demasiado tiempo, además según tengo entendido ya tienen más empleadas.
-Son momentos difíciles, Purin dejo el negocio e Ichigo se mudo a América, en este momento solo Ryo, una amiga de Keiichiro y yo atendemos el café.
-Ya veo, ha de ser duro.
-Si así es. Por otro lado….
-Por otro lado ¿que?
-Nuestra visita se debe a que requerimos de tu ayuda una vez más.
-Pues, aceptaría gustosa, pero el café requiere de tiempo, cosa de la que yo carezco.
-Mint, no nos referimos al café- Le quiso aclarar Ryo pero antes de poder terminar su celular comenzó a timbrar, y entre disculpas salió de la mansión.
-¿Qué no se refiere al café? ¿De que hablan?- Pregunto con un poco de curiosidad y alegría,
-Se trata acerca de esto, -menciono la peli verde al tiempo que sacaba de su bolso un pequeño colgante.
-El medallón ¿ Que hay con el?
-Es tú medallón. Necesitamos que lo vuelvas a portar… Otra vez hay amenaza, hay una extraña sustancia u objeto, no sabemos que es pero no creo que sea algo bueno y…
-Con permiso- Le interrumpió la pelinegra mientras salía de la habitación.
-Espera Mint, realmente te necesitamos, ya antes lo hemos logrado, solo una vez más…
-Lettuce, yo no pedí ser eso, hace un año renuncie al café y a las mew también. Les entregué ese medallón con la esperanza de no volverlo a ver en mi vida. Mi respuesta es no.
-Pero el planeta entero…
-El planeta tiene otros miles de millares de chicas mucho mejores que yo, busquen dentro de ese millón alguien que si deseé estar en el inútil lugar de la heroína.
-Mint…
Sus débiles ilusiones fueron derribadas en un segundo. Era verdad después de todo, ¿Quién querría arriesgar su pellejo por el planeta entero cuando ni siquiera en su propia cuidad se les había reconocido?
Dos frágiles y estilizadas manos le tomaron de los hombros, una cálida voz le susurro al oído y una pequeña lagrima recorrió su mejilla.
Tomo el medallón y salió de aquella mansión sin siguiera despedirse.
"Jamás regresare, lo siento"
Aquel susurro le dejo helada, no creía que su amiga fuese a reaccionar de aquella forma tan negativa. Salió, pues, temblorosa y pálida de la mansión. Ryo, quien aun seguía al teléfono, colgó inmediatamente al observar la reacción de Lettuce. No le dijo nada al adivinar en aquellos grises y opacos ojos con las lágrimas a punto de brotar todo lo que había ocurrido.
Observo aquellos opacos ojos llenos de recuerdos y tristezas, tan llenos de angustia y pesar que no se pudo resistir y en un arranque desesperado, ya fuese por calmar la angustia de la joven o los sentimientos de aquel otro, Ryo se acerco y rodeándola con sus brazos oculto su rostro tras los cabellos de la joven. Lettuce recargada en el hombro de Ryo y aferrada fuertemente a él comenzó a sollozar débilmente.
-deja de llorar –Le ordeno de manera dulce el joven que aun la sostenía entre sus brazos. –No ha sido nuestra culpa.
-Pero…
-Todos cometemos errores, unos peores que otros, pero todos tienen perdón… Deja de llorar, no tiene caso que llores por cosas que ya pasaron. No tiene caso que te reproches tú sola los errores de todos.
-De no ser por mi Purin y Zacuro jamás hubiesen renunciado. De no ser por mi el hermano de Mint jamás se hubiese visto envuelto en nuestros problemas, Aoyama aun seguiría en Tokio e Ichigo jamás se hubiese ido.
-De no ser por ti yo no seguiría aquí, de no ser por ti yo hubiese renunciado hace mucho tiempo. Lettuce, no fue tu culpa, yo creo realmente en ti, te conozco y se que no eres la culpable.
-Si las demás no aceptan ¿Qué haremos? –Pregunto Lettuce una vez más calmada.- Ryo si nadie acepta… si todas se niegan por mi culpa…
-Si ellas se negaran a aceptar, aquí estarás tú, yo, Nishina y Keiichiro.
-¿Nishina y Keiichiro?
-Si, acaban de hablarme por teléfono dicen que vienen en camino. Somos cuatro, lograremos hacer algo con respecto a los puntos rojos.
-Tienes razón. Gracias.
Lettuce y Ryo pasaron el resto de la tarde buscando a Zacuro y a Pudding, intentando convencerlas acerca de tomar una vez más el papel de heroína. Más sin embargo, ninguna tomo aquel medallón. No quisieron saber nada acerca del café, los medallones o las amenazas al planeta.
Dadas las tres de la tarde, el sol ardía en lo alto y el calor se hacia a cada segundo un poco mas insoportable. Ryo y Lettuce habían decidido darse por vencidos, por lo que ya resignados a la derrota caminaban con el mejor animo y con helado en mano por una hermosa alameda muy poco concurrida, así iban los dos discutiendo calmadamente acerca de lo que harían ante tal derrota cuando de pronto un joven de aproximadamente 15 años de edad -muy guapo por cierto- de ojos grises verdosos, cabellos castaños y piel morena salió de entre la gente caminando a un ritmo apresurado y peligrosamente distraído, el joven a simple vista parecía desquiciado, iba discutiendo por teléfono, gritando y haciendo ademanes, iba tan atento a su celular que no se dio cuanta de la presencia de Lettuce hasta que la tuvo en el suelo.
El chico, sin decir palabra alguna, se limito a revisar sus ropas y al comprobar que seguían limpias se levanto para tenderle la mano a la pobre chica de cabellos verdes que había arrollado a causa de su distracción y torpeza. El joven observo con extraña curiosidad los ojos de Lettuce, los observo fascinado, casi hipnotizado y no quito la vista de estos hasta que una vos al otro lado del teléfono le hizo reaccionar, fue entonces cuando, tomando un par de periódicos viejos y una mochila parda que se le había tirado al momento de chocar, se retiro de aquel lugar sin pedir disculpas siquiera.
-¿Sigues hay? – pregunto la voz desde el otro lado del celular. El joven regreso la vista al frente y continúo con su llamada.
-si por supuesto es solo que acabo de chocar con alguien y me distraje por un segundo, perdona, ¿que decías antes?
- Hablábamos acerca de tu regreso. Ya no puedes seguir más tiempo en Tokio, si te quedas más tiempo todos comenzaran a sospechar.
-¿Sospechar? ¿Ya no recuerdas nuestra coartada perfecta?- Pregunto con sorna el joven de Tokio. –Tu hermana y yo intercambiamos los boletos por accidente, nadie puede acusarnos por una tontería como esa, es tan solo un descuido de niños torpes. Nadie le dará importancia alguna. No te comportes como el paranoico que eres por favor. Déjame disfrutar de Tokio un poco más
-Eduardo espero que tengas claro que no te encuentras de turismo. Recuerda por que es que ocupas el lugar de Brianda. Recuerda cual es tu deber.
-No lo se, es tan aburrido, aparte no he podido hacer mucho.
- Eduardo, mas te vale ya haber averiguado algo
-Si, por supuesto que he averiguado algo. Es mas ya e sacado mis conclusiones acerca de esta pequeña misión que me as encargado.
-¿Puedo saber cual es tu conclusión?
-Si. Prepárate para la verdad. Las niñas preciosas de Tokio Mew Mew son una farsa. No existen, te timaron Daniel, Las Tokio Mew Mew son una total y completa farsa un mito solo eso. Amenos que te refieras a las muñecas de acción y a los dibujos animados, no existen. No son reales.
-¿Disculpa? Eso es ridículo.
-Pero, sin embargo…
-¿Pero que?
-Ayer logre infiltrarme a uno de los periódicos más famosos y prestigiados Tokio. Hurgué dentro de su almacén de ediciones pasadas y lo que encontré creo que no te agradara mucho.
-Habla de una ves y deja de hacerte el dramático.
-Es divertido hacerse el dramático… bien, lo lamento. Lo que logre investigar los días pasados consiste en lo siguiente. Las Tokio Mew Mew fueron aun mas famosas que nosotros ¿puedes creerlo? No estoy seguro de quererlas encontrar no quiero que me roben mi protagonismo, es decir…
-Eduardo me vale una banana tu protagonismo.
-¡No te exaltes!
-No me digas que no me exalte cuando no dejas de decir ridiculeces. Termina de una vez, son las 5:30 de la madrugada en Oxnard.
-en Oxnard, pero no aquí, hace tanto calor que me comería 10 litros de halado de limón
-Eduardo… tú siempre te tomas 10 litros de helado de limón.
-tienes razón.
-Regresa al tema por favor, no tengo todo tu tiempo.
-Cierto, el caso es que las princesitas éstas fueron tan famosas que inclusive se crearon comics, caricaturas, figurillas de acción, entre otras cosas, pero… Jamás, jamás, se supo la verdadera identidad de estas jóvenes. Son un completo misterio. Además, como todo buen héroe ya están retiradas, tuvieron sus momentos de gloria, pero al parecer hace medio año sucedió un pequeño accidente que las hiso ver como las malas. Ahora todos las abuchean. ¿Como te lo explico? Jamás voy a encontrarlas, y aunque lo hiciese, jamás aceptarían.
- No me importa como pero yo las quiero en América en menos de 2 semanas.
-Viejo…. Seamos realistas, tú no te unirías a un grupo de tipos chiflados que no hacen más que seguir los desastrosos pasos de sus antecesoras, las cuales por cierto no tuvieron un final nada bonito. La cárcel, la demencia, y la muerte no se consideran dentro del "Y vivieron felices por siempre".
-No, no me uniría a un grupo así, al menos que haya un premio, algo a cambio de ofrecer mi pellejo.
-Me estas pidiendo que las soborne.
-Si es necesario….
-Daniel, eres una pésima influencia…. ¡te adoro!
-Claro, claro, lo que digas, ahora solo concéntrate en encontrarlas. Pon a trabajar ese cerebro de pichón.
-Eso me recuerda… ¿Daniel? Amigo mío….
-¿Que necesitas?
-8 000 dólares
-¿8 000 dólares? ¿Te has vuelto loco? ¿Para que necesitas 8 000 dólares?
-Es que veras hay una chica y…
-Si quieres dinero, trabaja para conseguirlo. Yo no pienso prestarte más dinero. Además tienes una misión que cumplir no deberías de andar perdiendo el tiempo por ahí, pon los pies en la tierra.
-Daniel….
-¿Qué quieres?
-Eres muy cruel
-¿Eso es todo?
-No.
-Pues que mal. Tendrás que esperar hasta que te vuelva a llamar. Hasta luego
-Hasta luego… o espera ¿donde recojo los 8 000 dólares?... Rayos me colgó.
Dos ligeros golpeteos le hicieron levantar la vista. Observo detenidamente el reloj sobre su mesa de noche y al darse cuanta sobre la hora se apresuro a colgar el teléfono.
-¿Daniel? ¿Estas despierto?- Pregunto temerosa aquella vocecilla. Él abrió la puerta y se encontró con la mirada mas querida para él.
-No, ya me había levantado desde hace una hora Jenn.
-Bien me alegra por que entonces ya estarás listo para la escuela. Escuche que hoy te dejarían regresar al colegio. Intenta no meterte en problemas la próxima vez ¿quieres?. O por lo menos se mas discreto.
-Si
-Arréglate pronto, hay panqueques de avena y nata con chocolate y salmón.
-Preparaste el almuerzo… Creo que mejor no me arriesgo, aun no quiero ir con el doctor o a la funeraria.
-Cállate y arréglate o de verdad les pondré veneno a los tuyos. Enserio.
-Enseguida bajo.
Daniel se apresuro y en menos de dos minutos se encontraba con su uniforme puesto y con el maletín de la escuela en mano. Realmente se veía apuesto.
Bajó en busca de sus extraños panecillos de salmón y nata con avena, mas sin embargo lo que encontró no era exactamente lo que esperaba. Las tres jóvenes comían en silencio, el aire era frio, incomodo y difícil de respirar.
Busco con la mirada el por qué de aquello y su respuesta la encontró en la puerta principal. Una mancha negra entre las blancas paredes le indico que no era el único joven en la sala.
-Cuando bajé ya estaba ahí, fue Ichigo quien le abrió. –Se quejo Jennifer y con voz desdeñosa agrego- Has que se valla por favor.
-Lo siento. –Susurro un poco apenada Ichigo a pesar de que no lograba comprender que de malo tenia el haberle abierto la puerta a aquel joven.
-Está bien yo me encargo. Gracias Ichigo. –Contesto amablemente Daniel.
Aquel joven intruso no se movió ni se quejo al escuchar las groserías de Jennifer, al contrario hecho una leve risa en tono de burla seguida de un bufido. Se estaba divirtiendo.
-Reymundo si tienes que decirme algo pudiste haber esperado en la escuela.
-No gracias, prefiero venir hasta tu casa, se ve que le molesta mi presencia a la "princesa", además, quería ver algo con mis propios ojos.-Le respondió aquel joven de tez bronceada y ojos chocolate.
-¿Disculpa? ¿Te refieres a la chica de intercambio? Puedes verla todo lo que quieras en la escuela. Además no tiene nada extraordinario, solo es otra chica más en el planeta ¿no es así?
-Emmm… en realidad no estoy seguro de eso pero… olvídalo. Ya me largo, a por cierto también venia para esto- le menciono mientras le arrojaba un paquete blanco.- No lo pierdas quieres.
-Que es?
-Tu sueldo, o lo poco que queda de ello, le descontamos la motocicleta que se te ocurrió romper y los días que no fuiste al trabajo. Los chicos te están extrañando.
-De acuerdo. Reymond espera, este sobre está vacio…
-Si, y así seguirá unos meses más. Hasta luego señoritas, adiós delirio de princesa, nos vemos Daniel.
Reymond salió de la casa sin mas, dejando tras de si una oleada de tención en el aire.
Daniel se dirigió hacia la barra para tomar su almuerzo, tomo asiento al lado de Ichigo y comenzó a revisar una vez más aquel paquete. Había otro sobre dentro de este, lo abrió con cuidado para revisarlo, distintas fotos en blanco y negro sacadas del periódico y otras más de muy bajas calidades a color. Un sudor frio le recorrió la espalda, en más de 5 de aquellas fotografías aparecía la joven que estaba a su lado, ahora comprendía el verdadero motivo de la visita de Reymond.
-"Te veo en 2 minutos en la escuela"- Daniel leyó para sí la nota que acompañaba a aquel sobre.
-Sucede algo Daniel. Aun no pruebas tu almuerzo y ya se te ve enfermo.
-NO, Estoy bien, me voy a la escuela. –Contesto con aire distraído mientras recogía aquellos sobres y los metía con rapidez a su maletín en forma desordenada.
- ¿Y tu almuerzo?
-Emm… ¿Podrías ponerlo para llevar?
-Que lo disfrutes. –Le menciono Jennifer al tiempo que le arrojaba con todas sus fuerzas la bolsa del almuerzo. –Yo me rindo. No vuelvo a preparar el almuerzo. Que fastidio.
Jennifer tomo el asiento de Daniel totalmente molesta por haber fracasado en su almuerzo, confiaba en tener un almuerzo tranquilo y agradable. Daniel salio de la casa, dejando un aire aun mas pesado tras de si. Jennifer decidió desviar la mirada hacia la cocina posandola en un vistoso frasco rojo, rio para si, bufo y torció los ojos, ya no importaba.
A continuación seguiremos con las noticias que acontecieron el día de ayer en el centro de la cuidad de Oxnard, ventura California –Comenzó a decir la señorita del televisor recientemente prendido por Margaret quien acostumbraba a ver las noticias locales.
-¿Ichigo quieres ponerle mermelada a tu almuerzo?- pregunto muy amable Jennifer al tiempo que le pasaba un vasito con salsa
Si, así es Samantha, en Oxnard hubo un suceso que llamo mucho la atención de los habitantes
- no gracias ya fue suficiente con la de anoche
Fue alrededor de las seis de la tarde cuando la ciudad de Oxnard se vio infestada de unos tres a cinco monstruos de gran tamaño los cuales caminaron o mejor dicho volaron a través de toda la cuidad.
- bueno si la quieres aquí esta- menciono dejándola al lado del vaso de agua de Ichigo
Por suerte cuatro chicos de identidad no conocida llegaron justo antes que estos comenzaran a hacer destrozos y los monstruos desaparecieron
O mejor dicho fueron aniquilados, después de todo esto la cuidad quedo en pánico e incluso se reportaron algunos destrozos en tiendas cercanas al incidente, por suerte solo hubo dos heridos y cero muertos, los chicos misteriosos desaparecieron tal como llegaron, y después de la incertidumbre el señor Mc. Ben, de las empresas y filmaciones Enoch Asfel ha declarado que tan solo se trataba de una prueba de rodaje para la nueva película "Las Crónicas de los cinco caballeros" por ahora la paz a regresado a California, pero aun queda la incertidumbre de quienes habrán sido aquellos chicos, que al parecer flotaban sin cable alguno, según afirman algunos que se encontraban por el lugar.
Es un echo interesante ¿no es así Samanta?
Si así es pero al parecer no hay nada que temer Las empresas Enoch han declarado que ellos se harán cargo de todos los destrozos que pudiesen ocurrir en las filmaciones.
-Están mintiendo- Mencionó Margaret con la boca llena- Siempre dicen eso y jamás es cierto. Además no es la primera vez que ocurre, solo lo dicen para que el resto de California piense que todo esta bien aquí y que no haya bajas en el turismo o el comercio.
-Quienes son las empresas Enoch Aasfel?- pregunto Ichigo
-No existen tales empresas, solo están mintiendo. Ni siquiera hay un tal Mc. Ben
-Avenida Sherman…-Susurro Jennifer totalmente ausente a la platica de sus compañeras
-Te ocurre algo Jennifer?
-No es solo que esa avenida me parece… Daniel- Jennifer recordó en ese momento que la tarde anterior su primo se había dirigido hacia ahí justamente a la hora del incidente, tal ves el hubiese visto algo .Tal ves por eso la motocicleta se había roto…. Tal ves… no, tal vez tan solo estaba haciendo conclusiones apresuradas y sin sentido, se sintió absurda y decidió olvidarlo simplemente. Dio un suspiro y decidiendo dejarlo por la paz tomo el vaso que se encontraba a su lado y se dispuso a beber.
-Jennifer si yo fuese tu yo no haría eso, hay personas a las que no nos gusta la salsa pero hay otras a las que les fascina, así que no te la acabes. Jennifer horrorizada observo como es que su querida leche se había convertido en un líquido rojo y asquerosamente combinado con el blanco de su leche. Esta vez era Jennifer quien vomitaba en el escusado
- Jennifer yo no sabia que padecías de bulimia –argumento Ichigo complacida de haber vertido aquella salsa en la leche de Jennifer.
-cállate extranjera
Era ya tarde y el sol amenazaba con esconderse en las tierras del sol naciente, el calor había aminorado pero esto no significaba que no diesen ganas de arrojarse a la primera fuente que se topara en el camino.
Así un chico completamente agotado, con la mirada llena de dudas, y en la frente pintados sus temores y pesares; decidió refrescarse por un rato con una opción más razonable que las fuentes de agua. Y alejándose del continuo trabajo de luchar contra un idioma apenas comprensible, contra el calor agotador, las presiones del deber, y las angustias del joven corazón enamorado; fue a parar al mejor lugar para desahogar todos sus problemas y penas…. la nevería.
Deseaba con todas sus fuerzas encontrar lo que había ido a buscar, aunque una parte de el aun seguía deseando lo contrario, pues sabia que si lo encontraba tendría que regresar a su país lleno de condecoraciones de parte de sus amigos, pero por otra parte dejaría en este nuevo hogar, parte de su corazón, pues sin querer su caprichoso corazón se había enamorado a pesar de las advertencias del razonamiento propio del cerebro, pero sin embargo el necio corazón había ya decidido enamorarse y por mala suerte su amor fue bien correspondido con la dulzura y la amabilidad de aquel ser angelical de sus ojos. Y así había quedado atado con cadenas de oro a aquel lugar, sin trabajo, lejos de sus amigos y familia, en un lugar extranjero, donde el idioma como ya habíamos dicho era una barrera aun mas grande que la muralla del país vecino.
-¡Qué demencia! ¿Qué se supone que haga?– suspiró dándole un sorbo a su nieve de limón- jamás encontrare a esas niñas benditas, tal ves solo sean un mito o una leyenda, ¿que iré a hacer yo? Con todas las pistas ganadas y sin ningún enlace entre ellas que me lleve a las guardianas de Tokio, ¡Dios dame una señal!
-¿Gusta algo mas señor?- Una joven mesera le pregunto aquello haciéndole darse cuenta de que no era el único en la nevería.
Dio un ligero suspiro y después de observar con detenimiento su plato casi vacio continúo:-Otra nieve de limón por favor.
La joven obedeció con rapidez dejando de nuevo a Eduardo completamente solo con su tasa de helado recién vuelta a llenar.
Observo su plato, luego hacia el asiento vacio frente a el, y con mirada aburrida y desganada agrego un "Salud" antes de tomarse todo aquel helado de un sorbo.
El raciocinio le llego en forma de dolor de cabeza y al darse cuenta de que lo que hacia era completamente ridículo y absurdo, tomo sus cosas y levantándose se dispuso a salir de aquel lugar. Mas sin embargo algo o alguien llamo su atención. Unas cuantas bancas delate de él, se encontraban sentados el joven güero y la dama de extraños cabellos verdes que minutos antes había arrollado por descuido.
Contó su dinero una vez más, solo para cerciorarse que aun traía el suficiente para ofrecerles un helado a modo de disculpas. Pero al terminar de contarlo ya era demasiado tarde, una pareja -de aproximadamente 26 años la chica y 30 el joven – ya se habían sentado junto a la peli verde.
Intento irse sin ser visto, mas, la plática de aquellos cuatro le intereso de tal modo que se acercó unas cuantas bancas para oír más claramente acerca de lo que hablaban.
-Zacuro – Mención uno de los recién llegados, el señor era alto y de cabellos castaños y largos.
-esta muy ocupada con sus nuevos contratos – Contesto antipáticamente el güero
- Pudin, - Volvió a mencionar el castaño
-Tiene que cuidar a sus hermanitos – Esta vez era la chica peli verde quien respondía
-Mint- Otro nombre más salió de la boca del castaño
-Ella simplemente tiene flojera - Mencionaron la peli verde y el güero al mismo tiempo después de mirarse mutuamente
-Ichigo, - Volvió a dictar otro nombre más
- Ha aunque estuviera no aceptaría hasta que los cerdos vuelen –Contesto con gran desdén el güero ojiazul
- Podemos hacer caer uno desde un rascacielos, Ryo. –Bromeo la chica que parecía ser la pareja del mayor.
-Y matar un cerdito para eso – respondió Ryo un tanto grosero
-Tienes razón – comento la mayor del cuarteto, reparando su error
- Resumen, no tenemos a nadie- Concreto pesimistamente el que llevaba por nombre Ryo. Aquel güero de ojos azules.
-yo aquí estoy Ryo- pronuncio con su dulce vos la peli verde
-si pero no podrás hacer mucho tu sola Lettuce- objeto el castaño
-si, pero…
-Lettuce, se que quieres ayudar, pero tu sola no puedes hacer nada- le reprendió amablemente Ryo
- Recuerdo, que había un chico, ¿cual era su nombre?
-¿Aoyama? –Preguntaron Lettuce y Ryo al unísono,
-si Weasley me ha hablado de el en variadas ocasiones, ¿Qué fue de él?
- No se muy bien, pero… creo que se mudo a Inglaterra hace un par de días.
-En ese caso… ¿que haremos? Lettuce no puede pelear sola. ¿O si?
- nadie dijo nada acerca de pelear Nishina, pero dado el caso me temo que tendremos que conseguir a otras chicas tal como dijo Mint.
Tres miradas atónitas se dirigieron hacia él inmediatamente, todos se habían quedado mudos por aquella sorpresiva respuesta de su compañero. ¿Arriesgar a más chicas? ¿Volver a arriesgar a más chicas a algo completamente desconocido? ¿Realmente hablaba enserio?
-No hablaras en serio. Es una broma ¿Cierto?
-No se que tan malo sea el problema. No quisiera adelantarme pero… según lo que veo en el ordenador las cosas no me gustan en lo absoluto. Ayer por la madrugada los satélites captaron un objeto que se dirigía a la tierra, y hoy por la mañana me e enterado que ayer en la noche antes que yo recibiese la señal de dicho objeto, otro mas cayo en América. Aparte aun no logramos encontrar muestras de la nueva sustancia, solo sabemos que es aun mas peligrosa que la mew aqua. No me gusta nada como es que pintan las cosas. Y si no las logramos convencer tendremos que buscar nuevas chicas.
- Por ahora no haremos nada Ryo, por ahora intenten convencer a las chicas, mientras que Nishina y yo intentaremos encontrar algunas muestras de esa extraña materia ¿ya le han puesto nombre?
- No simplemente le llamamos los puntos rojos
- En ese caso yo me encargare de analizar la dichosa materia roja, por lo pronto… no se han presentado pedacitos aun ¿cierto?
-Por suerte no
-Entonces, será mejor que nos preparemos, el proyecto mew esta de vuelta
-¿el proyecto mew? – se dijo para si el chico que oía atentamente la conversación y sacando de su bolsillo un viejo y arrugado pedazo de periódico, leyó, "Las Tokio mew mew vuelven a salvar Japón" observo detenidamente la fotografía de aquel periódico donde aparecían cinco chicas, todas vestidas ridículamente para su gusto, se acerco mas al papel y luego observo a la peli verde que tenia casi enfrente de él, volvió a observar el papel y luego a la chica. No había duda alguna, su búsqueda había terminado, y probablemente la de ellos también, guardo el periódico al tiempo que sacaba un pequeño costalito de color café obscuro, y vaciándolo en su mano admiro aquel fino contenido.
La más hermosa y extraña joya jamás vista salio de aquel viejo y sucio costal. Agua, fuego, luz y oscuridad se debatían dentro de aquella singular esfera creando los más bellos destellos, en un baile sin fin, creando tal armonía que jamás se pensaría que aquella fuese una lucha mortal por predominar. Cielos, mares, soles y estrellas, todas por igual hubiesen envidiado tales colores, tales destellos y sobre todo tal belleza que ninguna otra reliquia de este universo algún día poseería. Así pues una tosca mano sostenía aquello que solo podía ser la lágrima perdida de un ángel.
-¿Materia roja? –Se pregunto a si mismo con cierta burla mientras guardaba semejante tesoro en aquella raída bolsa de cuero desteñido- Una vez mas un nombre erróneo para una joya tan bella como tu mi pequeña pelladium sang de ange. Dudo mucho que ellos encuentren otra.- y diciendo esto se levanto de su asiento muy sonriente y aun entre risas irónicas pago la cuenta para luego añadir – ¡ha! y me da un helado más para llevar… que sea de limón por favor.
Ok, creo que aumentaron las dudas hacerca de Jennifer y Daniel n.ñ jajajaja
Que mas da! Bueno pues muchas gracias por leer este capitulo pero lamentablemente este es el ultimo que publico…..
Mentira n.ñ seguire publicando esta historia hasta llegar al final de la historia o hasta que se acabe el mundo…. Lo primero que suceda.
En fin, espero que les haya agradado el nuevo personaje Eduardo Montal. A mi me parece un niño muy lindo.
