Lección Nueve:
Revelaciones.
Y es que a veces resulta más fácil saber que sienten otros.
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Dos semanas habían pasado desde que Kinomoto Sakura estaba en la clínica. Dos semanas en las que él no había logrado dormir ni un cuervo.
Se levantó de su cama esa noche fría de otoño, y caminó despacio en su habitación. Una, dos, tres veces se paseo alrededor de la ventana. Qué es lo que buscaba, era un verdadero misterio. Camino hasta su armario. Tomó la ropa que estaba más próxima a su mano y se vistió, cogió las llaves de su casa y a pesar de no tener edad para conducir decidió también hurtar, por unos segundos, las llaves del chofer. Nunca lo habían detenido las normas morales, mucho menos lo harían las sociales, él era un Hiragizawa y sí había algo que su maldito padre había podido enseñarle, era a hacer lo que fuese por conseguir lo que quería.
Quizás hubiese podido llamar a su chofer, pero ese día no era una opción, este viaje debía hacerlo solo, porque este viaje le estaba costando un pedazo de sí mismo. No todos los días Hiragizawa Eriol sentía tanta humanidad dentro de su cuerpo.
Caminó entre el césped de la mansión, el cielo estaba oscuro y hacía un frío que calaba los huesos. Lo único que podía guiar su andar, eran las pequeñas luces incrustadas en el camino hacía el garaje. Sacó la llave del auto que había puesto en su bolsillo y presionó el botón para desactivar la alarma, pero junto con el sonido y la luz la imagen de Kinomoto en el suelo con el rostro inundado en lágrimas y la boca cubierta de sangre, que recurría tan frecuentemente a su cabeza como el odio que le tenía a su padre, lo invadió completamente.
Se metió al auto y comenzó a manejar, llovía afuera y la visibilidad se le hacía complicada. Como Kinomoto, Kinomoto era una chica complicada, debió haberse ido del colegió en el primer instante, pero… se había quedado, debió haber sido sumisa e inalterable como lo había sido tanta otra gente, pero ella… ella era tan… ¡Dios! no sabía cómo era Kinomoto ni por qué se le colaba tanto en la cabeza. Había querido ir a verla tantas veces durante esas dos semanas, tantas noches había despertado pensando en esa maldita cabellera castaña… en esos estúpidos ojos verdes, sin resultado alguno, siempre obligándose a dormir nuevamente. Pero no ese día, ese día ya había sido suficiente, suficiente de incertidumbres y de anhelos vacios.
El colegió, aunque le costase admitirlo, había sido muy aburrido sin ella, tal vez era porque necesitaba molestar a alguien, tal vez porque había mucha gente que había decidido que lo que había hecho a esa "pobre chica" era demasiado cruel, en otro momento hubiese arrasado con todos ellos pero por alguna razón se encontraba sin energías para eso. ¡Ja! pero nadie sabía lo que esa estúpida "pobre chica" le había hecho a él, y que alguien osase decirle lo contrario porque ni siquiera el mismo sabía lo que la condenada de Kinomoto le había hecho, pero estaba seguro que era algo realmente malo.
Estacionó el auto, debían ser las tres de la madrugada, no creía que alguien la estuviese cuidando a esa hora, por eso tal vez inconscientemente había decidido dar el paso ese día y justo en medio de la noche.
Entro la clínica con una mano en el bolsillo. Y emprendió su camino, por alguna maldita razón se sentía nervioso. El blanco de la clínica lo volvía enfermo… Kinomoto estaba inconsciente… en ese lugar.
Una enfermera joven, bastante hermosa se acercó a el con un cuadernillo en sus manos.
-Disculpe, joven?
-Sí –Le preguntó él con seriedad. No quería que lo retrasasen… necesitaba saber donde estaba.
-¿Necesita algo?
-La verdad es que sí, necesito que me diga dónde está Kinomoto… Kinomoto Sakura –Decir esas palabras, resultaba realmente difícil, pensar en ella era una cosa, pero decir su nombre era completamente desequilibrador.
Ella lo miro sorprendida. Algo arrogante la verdad. Ya no le parecía tan atractiva.
-Lo siento joven, no puede pasar a ver a la señorita. A estas horas las visitas no están permitidas.
La miró con irritación. Detestaba porque lo retrasarán… realmente lo detestaba.
-Eres nueva –Le dijo con tono insidioso.
-Sí… por qué –Pregunto ella a la defensiva.
-Podrías llamar por el jodido radio que tienes en tu bolsillo y preguntar si acaso Eriol Hiragizawa puede entrar a ver a una paciente.
-Disculpe… no creo
-Sólo pregunta de una maldita vez, si acaso quieres terminar tu practica.
Los ojos de ella se volvieron incidiosos. Sacó el aparato de su bolsillo con arrogancia, casi segura que después se reiría en su cara, pero el aguardo con el rostro repleto de seguridad, como no la había tenido hace días. Nadie en ese lugar se atrevería a expulsarlo. El rostro de ella se desfiguró lentamente cuando escucho lo que le decían por el auricular.
Lo miró avergonzada y agachó la cabeza.
-Puede pasar, señor Hiragizawa, lamento haberlo hecho demorar.
Sonrió, era tan bueno tener poder. El dinero a veces no importaba tanto… pero tener poder… realmente era algo seductor y adictivo. Su padre había puesto gran capital en esa Clínica, no podían tratarle mal.
Se giró, dejando a la enfermera tras el. Los pasillos de la clínica eran desagradables.
Los pasos resonaban, y sabía que cada paso lo acercaba más y más a esa chica que lo volvía loco durante segundos en el día y tal vez horas en la noche, lo sabía porque su cabeza se volvía como loca, sus ideas… sus deseos, su maldita culpa… revoltosa… insidiosa, se movía, removía e incrustaba en su cabeza, sin control.
Y antes de que pudiese pensar algo más, encontró la habitación. Cómo lo había descubierto, sin que la estupida enfermera se lo dijese, era todo un problema, la verdad es que el mismo se había olvidado de volver a preguntar, el saber que podía verla lo había vuelto estupido, y encima de todo Inokuma no había querido decirle eso ninguno de los días anteriores, de hecho no le dirigía la palabra y buscaba cualquier oportunidad para pisotearle, cosa que era bastante sencilla cuando se había unido con Shaoran Li. Dos grandes potencias unidas era algo demasiado atractivo para los estupidos estudiantes como para no apoyarles, y mejor aun si estas dos potencias se habían unido por una acción tan noble y heroica como salvar a la pequeña y desprotegida Kinomoto. Nadie sabía que en realidad era una fiera indomable que de alguna u otra manera le estaba torturando mentalmente aun sin estar presente físicamente.
¿Qué locura no? Se sentía como un perdedor pese a haber logrado lo que quería. Tal vez eso era lo justo… ¿O no?
Justo antes de entrar sintió pasos dentro de la habitación de Kinomoto.
-Ojos bonitos… debes ser fuerte.
Inokuma… que hacía ahí Inokuma a esas horas. Un momento, él no era el más indicado para pensar eso, Inokuma podía reclamarle perfectamente e increparle por estar ahí, el tenía mucho más derecho.
Pensar aquello apretó su pecho y logró hacerlo retroceder un paso, la razón, no la sabía, pero seguramente tenía que ver con la estúpida de Kinomoto.
De todas maneras adelanto con cuidado el paso que había retrocedido y afirmó su rostro en la pared, a escasos centímetros del marco de la puerta.
La vio a ella extendida en la cama, con una mascarilla en la boca, el suero en sus manos y esos hermosos ojos cerrados. Por qué demonios tenía que ser tan hermosa, porque demonios sus ojos se volvían hacia ella sin quererlo, por qué había pensado tantas veces en sus cabellos, en sus gritos y sus amenazas durante esas últimas semanas.
¡Demonios! ¿Qué le estaba pasando?
Y entonces sintió ese sabor amargo en su boca nuevamente, ese que le sabía tanto a desesperación como arrepentimiento. Pero él no podía, porque un Hiragizawa nunca se arrepentía de nada, sin embargo… últimamente no se había sentido como un Hiragizawa, últimamente se había sentido como un hombre bobo y torpe.
Debía remediar eso en cuanto saliera de ahí, quizás visitar a Maho lo haría sentir mejor y volvería a ser tal como había sido antes de conocerla, antes de pelear con ella, antes de recibir esa cachetada, antes de sentir su perfume tan extraño dando vueltas por donde quiera que él iba, porque el perfume de Kinomoto era tan ordinario y común que a donde quiera que caminaba sentía ese olor, y ese olor le recordaba a ella cosa que como ya verán no era muy buena para Eriol Hiragizawa.
Inokuma comenzó a hablar y eso le hizo pensar que el tipo estaba realmente enamorado de Kinomoto, o que realmente se estaba volviendo loco.
Suspiró cualquiera de las dos opciones le parecían notablemente estúpidas. Enamorarse de una chica que parecía un demonio cuando abría la boca era una locura.
-Sakura… cuanto más falta para que puedas salir de aquí. –Susurró el chico de cabellos dorados.
Y entonces la mano de Inokuma comenzó a deslizarse por la piel de Kinomoto… despacio, firme, y aquello, aunque se negase a aceptarlo, le torturaba. El contacto que él tenía con ella en ese momento, le hacía sentir un peso en los hombros que parecía querer enterrarlo en el piso y una opresión en el pecho y en el estomago que se cerraban a cada segundo… despacio… lento, cada vez más dolorosa. Tal vez era porque Inokuma tenía algo que él no podía y eso siempre le había molestado, o simplemente porque era un jodido imbécil.
Y entonces esa mano masculina que antes había estado acariciando suavemente el rostro de Kinomoto se deslizó ahora hasta su cabello.
Vio como el cuerpo de Inokuma fue descendiendo suave y delicadamente hacía ella, le quito la máscara de oxigeno con delicadeza y justo cuando sus labios habían quedado a escasos centímetros, algo dentro de él hirvió en furia.
-¡CONDENADO INOKUMA!
El muchacho de cabellos amarillentos se apartó inmediatamente de Kinomoto.
-Podrías matarla si le quitas esto de la cara y…
Sólo se dio cuenta de la estupidez que había hecho cuando tenía la mascarilla de Sakura en sus manos y estaba en exacta posición para colocarla.
-Qué demonios haces Hiragizawa –le dijo Tetsuya cuando por fin había reaccionado. Ya no le llamaba Eriol y seguramente no le volvería a llamar Eriol jamás, pero era algo que realmente le importaba muy poco. Sin embargo sus ojos le incomodaban ligeramente, quizás porque lo culpaban a cada segundo, y por alguna razón él sentía algo de esa culpa, ¡no! El no podía sentirse culpable, sólo se sentía un poco confundido. Sí, sólo eso tenía que ser.
Miró a Tetsuya y este todavía esperaba una respuesta. Debió haberse quedado justo junto a la puerta, pero es que… ese tipo quería besar a Kinomoto y eso era…
Eso era… algo que a él no debía importarle ¿verdad? ¡Entonces porque le había importado! Demonios. Tal vez el loco resultaba ser él y no Tetsuya.
-Qué rayos te importa eso a ti, la mitad de esta clínica es mía y puedo deambular por ella cuando se me dé la gana. –Mala respuesta, realmente mala, mala respuesta.
-Pero porque a la habitación de Sakura –le preguntó con rencor mientras le quitaba la camará de oxigeno de las manos y la colocaba lindo rostro de Kinomoto…
-Tenía problemas para dormir y pensé en buscar a un doctor para que me recetase algunas pastillas –le dijo con el entrecejo fruncido. Como demonios podía ser tan estúpido algunas veces. –pero eso no es algo que a ti te interese. Además tú eres el imbécil que quería besar a Kinomoto mientras estaba inconsciente.
-Es culpa tuya que estuviese inconsciente, Hiragizawa. Si no fuese así la besaría mientras ella estuviese con sus cinco sentidos alerta.
¿La besaría? Y ella dejaría que ese imbécil la besase. No, no podía ser de esa manera, el temperamento de Kinomoto no dejaría que Tetsuya le pusiese un solo dedo en sima, a menos que ella…
Su estomago comenzó a anunciarle que nada de lo que estaba pensando lo haría sentir mejor y decidió dejar de pensar en ello, después de todo era una estupidez.
-Como sea, mejor salgo de este lugar o se me contagia lo idiota.
Puso su espalda recta y comenzó a caminar lo más dignamente que le era posible.
Ir a buscar pastillas para dormir ¡pf! Ese idiota no se creería aquello ni aunque tuviese cinco años. En fin, era mejor no pensar en eso, y en lo que realmente debía pensar era en lo condenadamente estúpido que había sido para llegar hasta ese lugar a la madrugada. Pero justo cuando sus ideas comenzaban a fluir con mayor libertad y ya casi había cruzado la puerta, la voz molesta y ahora más grave de Inokuma le lleno los oídos y lo dejó paralizado por un instante.
-Viniste a ver a Sakura, Hiragizawa, no soy estúpido.
Lanzó una risa irónica en el aire y sin darse vuelta para verle le respondió:
-¿Eres imbécil acaso? Jamás me fijaría en una estúpida chiquilla de barrio.
-Jamás dije que te habías fijado en ella…
¡Touche! Aquello había ido directo a su pecho. Demonios debía ser rápido esta vez.
-Como sea Inokuma, no he venido a ver a esa muchacha, necesito dormir y ya es muy tarde.
Dijo sin más y se marchó como si aquello no le hubiese importado en lo más mínimo, porque aquello realmente no debía importarle.
Tal vez debía dormir en casa de Maho, seguramente en ese lugar podría recordar cómo ser Hiragizawa Eriol.
Caminó entre los pasillos hasta salir de la clínica para subirse al auto, quería llegar lo más rápido que pudiera a casa de esa mujer, si no era él pronto, se comenzaría a volver loco.
La carretera parecía mucho más oscura que cuando había ido hasta la clínica, seguramente su pulso se había acelerado o pensar en la estúpida de Kinomoto le estaba volviendo un completo tarado.
Llegó hasta la casa de Maho y llamó a su celular.
-Maho… estoy fuera de tú puerta.
Y en menos de cinco segundos la muchacha bajo para abrirle. Con un pijama transparente y una sonrisa en el rostro. Entró a su casa y caminaron hasta su habitación sin hablar ni una sola palabra, él ni siquiera la había saludado.
Pero ella no se quejo, porque sabía a lo que él venía y no era precisamente a conversar. Apagó la luz y con movimientos casi felinos se acercó a él, comenzó a besarle los labios y a acariciar su espalda… pero él no se movió y cuando por fin lo hizo ya estaban tendidos en la cama.
Maho… era Maho y el poder que él ejercía sobre ella era tan fuerte como el que ejerce la luna sobre él mar. Estando con ella podía recordar lo poderoso que era un Hiragizawa y olvidarse de la pequeña Sakura.
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Dos semanas y un día después del accidente. 17:15 horas.
Yamasaki y Daidouji habían decidido acompañarle ese día, ellos jamás habían hablado tanto con Kinomoto pero al parecer habían simpatizado con sus ideas.
Para él era un agrado que Daidouji Tomoyo les acompañase, después de todo era una de las chicas más elegantes de su clase y por supuesto muy hermosa, de hecho podía asegurar que nunca en su vida había visto a alguien más hermosa que ella, con esas curvas pronunciadas lo justo y necesario esos ojos amatistas deslumbrantes y esa sonrisa que de seguro valía mucho más que un millón de dólares. Sus finas facciones podían competir con las más hermosas figuras de arte, su voz tan dulce y suave, tan llena de elegancia al hablar no podía hacer otra cosa que encantarle más, y no es que estuviese interesado en ella pero debía admitir que le llamaba mucho, mucho la atención, jamás le había dicho nada, porque era un tipo que hablaba poco. Se conformaba con admirarla desde lejos pero quizás algún día se atreviese a insinuarle algo.
-Li, falta mucho para llegar a la clínica en la que se encuentra la pequeña Sakura. –Le pregunto Daidouji sacándolo de su ensoñación y metiéndolo en otra a un peor, sus hermosos ojos amatistas.
-No, falta muy poco.
-Sigo sin entender porque no hemos venido con algún chofer. Esta comprobado científicamente que caminar provoca grandes malestares en la vejes, de hecho mucha de la gente que camina actualmente es un invalido en potencia.
Shaoran escuchaba con los ojos muy abiertos mientras dejaba de caminar por un segundo.
-No seas bobo Yamasaki –le dijo Daidouji con una suave sonrisa. Así que había resultado ser una mentira. Sus mejillas se inundaron de un suave rojo, desde que era pequeño siempre caía en las mentiras de Yamasaki, pensó que ahora tal vez podía ser distinto pero ya ven, hay algunas cosas que nunca cambian.
Cuando llegaron a la clínica inmediatamente vio algo distinto en ella, no habían pisado aún la pieza de Sakura pero había más gente ahí e Inokuma parecía radiante.
Y antes de que pudiese preguntar cualquier cosa llegaba Inokuma casi flotando en el aire para decirle que ¡SAKURA HABÍA DESPERTADO!
Sin querer sus labios tensaron una hermosa sonrisa, una de esas que no estaba acostumbrado a mostrar, no estaba aún con Sakura para regalársela pero esa sonrisa era gracias a ella y para ella.
-Valla!.. –Había murmurado Daidouyi y rápidamente se volteo para verla –No sabía que tenías una linda sonrisa Li, deberías sonreír con más frecuencia –Dijo ella con dulzura y elegancia mientras sonreía delicadamente.
Sus mejillas inmediatamente se volvieron rojas y solo atino a bajar la cabeza y asentir. ¿Por que resultaba tan complicado hablar con ella?
Inokuma le había dicho que Sakura había despertado durante la noche y que…. un momento ¿Durante la noche? Que hacía Inokuma en la clínica con Sakura a esas horas. Y porque le molestaba la idea. En fin el punto era que Sakura había despertado y que podría verla y hablarle y ella podría volver a tratarlo relativamente mal, pero ese era un pequeño detalle si contábamos con que Sakura volvería estar ahí… Un momento la estaba llamando demasiadas veces por su nombre, pero eso no era algo que no se pudiese solucionar ¿Verdad?
-Vamos a verla, jamás he hablado con ella y deseo decirle que la admiro muchísimo.
-Claro –le dijo así sin más. Hubiese querido responderle con mucho más entusiasmo, quizás hasta más extensamente, pero se le hacía difícil, no sabía cómo tratar a las mujeres, de hecho, le costaba la comunicación de todo tipo, hasta la visual se le estaba haciendo complicada últimamente. Con la única que había hablado casi familiarmente, había sido con Kinomoto, y eso porque se comportaba más como un chico que como una chica en muchos aspectos.
Y comenzaron a caminar por el pasillo, con la elegancia de esas personas que han sido entrenadas hasta para respirar.
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Su habitación estaba vacía en ese segundo, había pasado mucho tiempo al parecer, pues su espalda le dolía y su cabeza parecía no querer volver a quedar dormida nunca más.
Algo le dolía aún en el corazón y sentía que había llorado días enteros a pesar de haberse encontrado inconsciente, de hecho incluso ahora sentía que al cerrar los ojos podía volver a llorar tan fácilmente como se deshojan las rosas en invierno.
Y es que él dolor y la angustia que le había causado ese mal nacido había sido tanta, y tan terrible que pensó que su corazón no aguantaría más. De hecho tal vez el suyo no lo hubiese hecho, pero tenía el corazón de su madre y este era mucho más fuerte.
Escuchó pasos en el pasillo y se apresuró para acomodarse un poco, debía estar horrible con tantos días dormida.
Y ahí venían Inokuma, una linda chica, Yamasaki y… Li
¿Se había hecho algo en el cabello? Seguramente era eso, porque le parecía mucho más guapo que hace unas semanas.
-Oh el gran Li ha venido a visitar a una pobre enferma. –le dijo casi sonriente mientras Li no se inmutaba ni un poco y los demás reían por lo dicho ¿Que acaso ese chico estaba hecho de piedra?
-No seas tonta Kinomoto. –y entonces Inokuma rió, él la había acompañado durante esas dos semanas según lo que le había dicho su hermano, o mejor dicho según lo que le había reclamado su hermano. Estaba muy, muy agradecida, Inokuma había pasado a ser su mejor amigo en cuestión de segundos, y es que la amistad según ella se medía por calidad y no por el tiempo juntos, e Inokuma tenía toda la calidad del mundo.
Pasaron horas junto a ella. Li hablaba poco pero Inokuma y la chica Daidouji podían hablar por ambos. Y además Yamasaki decía unas cosas que jamás había escuchado, pero que parecían ser verdad ¡Y eran tan sorprendentes!
Había sido una visita encantadora, espectacular. El no poder tener a su hermano cerca por esos estúpidos exámenes de la universidad, el no tener a su padre cerca por esa jodida conferencia en Osaka la había hecho sentirse bastante sola, pero tenerlos a todos ellos ahí, visitando a la verdadera Sakura y no a la perfecta Sakura la hacía sentir muy bien.
Lo único que le había molestado un poco habían sido esas extrañas miradas que le enviaba Li a Daidouji, de seguro creía que nadie le veía pero ella tenía los ojos bien puestos en él. Demonios, eso había sonado mal hasta en su cabeza. Bueno a lo que iba, Li miraba demasiado extraño a Daidouji incluso podía decir que le estaba prestando atención. Cosa que para el señor Li Shaoran era demasiado difícil.
Los siguió observando mientras todos los demás hablaban y ella y él pensaban en sus asuntos. Pero un segundo después de que los ojos de él brillaron con algo parecido a la admiración, sus hermosos ojos castaños se posaron en ella… y los ojos castaños y verdes no despegaron sus miradas por un buen rato. Definitivamente el tenía los ojos más hermosos que había visto en toda su vida.
Bajo la mirada por un instante. Sin saber porque sus mejillas se habían vuelto rosadas y sin saber porque se le había quedado viendo siquiera. Seguramente las semanas durmiendo le estaban haciendo mal.
Nuevamente subió la vista pero sus intentos por no ver los ojos de Li eran tan inmensos que se estaba volviendo realmente un esfuerzo no tentarse con verlos. Porque todos saben que lo prohibido siempre es deseado.
Pero él seguía sin prestarle demasiada atención y sus ojos mudos como suelen ser los ojos para las personas que no los saben leer, continuaban observando a Daidouji.
Llegó el momento en el que ellos se debían marchar, en el que se debía quedar sola y volver a pensar en todo eso que le hacía tanto daño.
Sin duda alguna su rostro reflejaba todo ese temor, ese temor a la soledad y estaba segura que de haber podido Inokuma se habría quedado con ella y la abría distraído lo que fuese necesario. Pero no podía hacerlo, debía asistir a una reunión y ya llevaba faltando muchos días. Se despidió de él con tristeza, y así ocurrió con los demás excepto con… Li.
-¿Qué sucede Li, tienes los pies pegados al suelo? –le preguntó intentando sonar como tantas otras veces había sonado, pero la verdad es que deseaba que él o cualquier otra persona se quedase tanto como pudiese en esa habitación. La soledad en ese momento era algo que le atemorizaba tanto como un examen de matemáticas.
-No, no es así. –respondió él con la misma seriedad que le había acompañado durante todo el día.
-Entonces porque no vas con los demás.-Le preguntó nuevamente.
-Creo que hoy no es buena idea dejarte sola. –dijo él, y entonces descubrió que Li podía ser más humano de lo que aparentaba. Porque aún cuando sus ojos no la veían, sabía que había percibido todo su temor.
-Valla, me siento alagada pero… es que acaso el señor Li no tiene infinitas obligaciones el día de hoy.
-Sé cómo te sientes Kinomoto. –le dijo él sin interesarse en su juego irónico.
¿Qué el sabía como ella se sentía? No creía que aquello fuese posible.
-Mi padre murió cuando tenía ocho años. Sé que no se compara al dolor que guardas por el sacrificio de tu madre pero…
Kinomoto había comenzado a llorar… y él… detestaba ver llorar a las mujeres. Era algo que su cuerpo no podía soportar, seguramente porque recordaba el llanto de su madre, el día en que su papa había crusado la puerta del jardín… repleto en sangre.
-Yo no quería, es decir, lo siento. –¡Demonios! Realmente detestaba ver llorar a las mujere.. –Es sólo que creí que necesitabas compañía, si lo prefieres yo puedo marcharme y…
Justo cuando iba a dar un paso para avanzar hacia la salida, sintió la delicada mano de Kinomoto sostener la suya.
-No Li, por favor… quédate conmigo.
Una intensa ternura le invadió el cuerpo, y los ojos de Kinomoto tan llenos de emoción lo conmovieron. Porque ella era una gran persona y la consideraba muy cercana a él pese a todas las cosas, sus gritos, sus rabietas, sus sarcasmos.
-No te preocupes, aquí estaré.
Y se acercó a ella, pero jamás espero que la muchacha se sentara en la cama y despacio y poco a poco rodeara con sus delicados brazos su espalda. Su cabello olía a jazmín, su aroma favorito. La abrazó también, porque la muchacha no paraba de llorar e intentó mitigar su dolor estrujándola con torpeza, para no dejarle espacio a nada que no fuese ese rio de lagrimas silencioso que ahora escurría por sus mejillas..
-Todo… estará bien.
El delicado y frágil cuerpo de Kinomoto cabía jodidamente bien entre sus brazos, su cuerpo delicado, sus delicadas formas y sus… un momento Kinomoto sólo traía el pijama ¡No traía ropa interior!
No deshizo el abrazo pero su color paso rápidamente de un tono rojizo a uno morado oscuro.
Cuando ella se separó de él vio lo delicada que se veía con lagrimas en los ojos… sus labios rosados sus hermosos y ahora húmedos ojos verdes, cristalizados por el llanto. Casi tan hermosa como Daidouji.
-Gracias. Y lo lamento.
-Tranquila, sólo procura no volver a llorar.
¿No volver a llorar? Lo que le pedía era imposible, y más aún contando con lo sentimental que se había vuelto desde que su verdadera personalidad había salido a flote.
-¿Como… como murió tu padre Li? –le preguntó cuando ya estuvieron más calmados.
-Él… tuvo un accidente. –mintió. Hablar de Hien Li, era algo que detestaba casi tanto como el llanto de una mujer.
-Lo lamento.
-No te preocupes, no recuerdo mucho de él, la verdad es que no lo veía muy a menudo, pero su muerte dicto sentencias que deberé cumplir. -Dijo mientras una media sonrisa adornaba su rostro.
-A que te refieres Li.
-Soy el único hijo varón Kinomoto, y por tanto el único heredero. Si a eso le sumamos que mi madre desea que sea Líder lo antes posible, todo resulta una catástrofe.
-Que dices, no creo que sea tan malo, es decir, tienes todo lo que quieres y…
-No Kinomoto, no lo tengo, porque precisamente lo que más quiero en este momento no se puede comprar con dinero.
-Y que es Li.
-Libertad.
Valla eso si que había sonado terrible. Ella sabía que las personas nunca podían ser absolutamente libres, ella misma siempre tenía a su hermano metido encima, pero Li parecía ser un pájaro enjaulado o un rehén preparado para un sacrificio. Por primera vez, se compadeció de él.
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Dos semanas y un día después. 7:15 AM (el mismo día en la madrugada)
Sintió una mano delicada acariciando su rostro pero no quiso abrir los ojos. Sintió unos labios húmedos besar su mejilla pero quiso aparentar estar dormido.
Sonrió, esa sensación le estaba gustando.
Aprisionó a la muchacha por la cintura y la puso bajo él. La beso apasionadamente para luego soltarla con suavidad, abrió los ojos y se encontró con unos ojos pardo muy bellos, y descubrió que algo no estaba bien en todo eso… eran ojos pardos y no verdes los que lo estaban mirando con deseo.
Soltó a la chica con brutalidad y se vistió rápidamente. No iría a clases, no estaba de ánimo. Se colocó la chamarra agarró las llaves del auto y se fue sin siquiera decir adiós.
Bajó las escaleras con rapidez y abrió la puerta casi con enfado. Necesitaba pensar.
Hizo arrancar el auto y manejo durante casi una hora para llegar a esa playa casi desierta. Ya no llovía pero la arena estaba completamente mojada. Sus pies se hundían en ella y el viento alborotaba sus cabellos
Tenía frió e incluso hambre, pero no podía pensar en otra cosa que no fuese… Kinomoto.
¡Demonios! ¡Debía sacársela de la cabeza!
Se agarró sus cabellos con frustración y se sentó en la arena de frente al mar. Hace una hora él quería verla bajo su cuerpo a ella… no a Maho, ni a ninguna de las otras chicas que le servían de compañía de vez en cuando… quería besarla a ella y no a Maho.
Restregó su mano en el rostro mientras comenzaba a recordar todos los enfrentamientos que había tenido con la pequeña Kinomoto. Uno tras otro, lo único que hacía Sakura era probarle lo valiosa que podía ser.
Y entonces, pese a que todo se rompía en su cabeza por el hallazgo, por fin lo descubrió
Él… él se había enamorado de Kinomoto sin darse cuenta.
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Nota de autor: No se imaginan la felicidad que tuve al subir este capítulo y descubrir que tenía 99 comentarios, realmente me siento dichosa de que la historia les haya gustado. Es por eso que he querido de alguna manera responderle a todos ustedes, sé que no me alcanza por el tiempo pero lo hare con todos los que pueda.
Primero responderé a una comentario que me hizo Pao, que pese a que conteste en los reviews no estoy segura de que los haya visto.
Pao, Lo prometido es deuda, y te respondo en el capitulo como te dije anteriormente.
La verdad es que tenía la historia terminada hace tiempo, sin embargo en el camino se me fueron ocurriendo muchas ideas y justo ahora, es realmente una incertidumbre con quien se quedará Sakura.
Todas las sugerencias son bienvenidas sin embargo creo que tenemos tres candidatos perfectos y hermosos xD, bueno, la verdad es que Eriol es un poco desequilibrado xD
Cualquier sugerencia que quieran hacer, bienvenida sea, juro intentar no pasarme en las fechas de entrega, tengo los capítulos listo hasta el numero 17 así es que no debería haber problema, espero terminar de todas maneras el fic lo antes posible, pero si quieren formar parte de la historia, pueden escribir sus sugerencias! :) les aseguro que serán tomadas en cuenta, si no es así, pues prometo sorprenderlas o sorprenderlos =D
Elsa Karina- onii-chan Espero te sorprendas cuando sigas leyendo la historia J. Muchas gracias por dejar comentarios y leer el fic.
mimietgigi y las entiendo perfectamente T:T a pesar de todo a mí también me gustan los tres u/u y tampoco estoy totalmente segura de saber quién será mejor para saku.
Lindi y : gracias por comentar frecuentemente. En verdad aprecio sus comentarios. Espero seguir escribiendo de una manera que les guste.
Gracias a Jolk y a Bili, son unos chicos o chicas realmente intuitivos, me divierto mucho leyendo sus percepciones de cómo continuara la historia, gracias.
Laly, soley y nina, me encanta que les haya gustado la historia, me esforzaré por seguir haciéndola interesante.
LiitahAika: Gracias por el comentario, hare todo lo posible por actualizar periódicamente los días domingo.
: sii, yo también quiero uno de esos luna! Me encanta Inokuma xD, no sé como pero creo que secretamente lo hice como alguien con todas las características que me gustan. Excepto el físico, ahí me gustan más como Shaoran *.*
Sumiko-Mei: si, la verdad es que es una historia triste, pero creo que ella aprenderá mucho de eso.
Ely y aridarck: Gracias por leer mi historia, y me hace feliz saber que les ha gustado.
