Aviso Importante: ¡Lo siento mucho! por no haber actualizado como quien dice un mes, pero es que estuve muy ocupada este mes estudiando para mi examen de ingreso a la facultad, prometo que después del 7 de noviembre (día en que presento) las actualizaciones tomaran de nuevo el ritmo que tenían. Gracias por leer.


―Yuna hizo los dangos―le acercaba el plato para que pudiera comer.

―Gracias.

Tomo el plato y agarro un pincho con dangos, recordaba cuando celebraba el Tsukimi con su padre y su hermano, su padre siempre le rezaba o le hablaba a su hermano en esa fecha era una conexión que no lograba entender al final cuando su padre dejaba de hablarle a su hermano siempre les decía que pidieran un deseo al tio Hamura, eso a Indra le parecía innecesario pero para Asura era algo con la que dependía su vida.

―Mi padre decía―volteo a mirar a Sayuri. ―Que podíamos pedir deseos.

― ¡Enserio! ―dejo el plato en su regazo. ―Siempre creí que solo podíamos rezar.

―Generalmente no se cumplen los deseos―mascullo. ―A mi hermano…

No pudo terminar de hablar al ver a Sayuri como cerraba sus ojos y juntaba sus manos, le parecía tan atónito que Sayuri le hubiera creído a pesar de ser una mujer joven era condenadamente inocente y dulce como una niña pequeña, la veía con meticulosidad como sus labios se juntaban sin emitir sonido alguno. Sayuri volvió abrir sus ojos formándole en su cara una ligera sonrisa.

― ¿Qué es lo que deseaste? ―pregunto con indiscreción.

―De verdad quieres saber―respondió. ―Yo dese―hizo una pausa. ―Que si algún día me llegara pasar algo, quisiera encontrarme contigo en otra vida.

No sabía que responderle, algunas veces Sayuri era tan honesta con sus sentimientos que él no sabía cómo manejarlos, no sabía cómo corresponder y controlar toda esa montaña de sentimientos que le profesaba Sayuri, era un desastre cuando ella se sinceraba cada vez con sus sentimientos hacia él. Sayuri se levantó y sacudió la parte baja de vestido, no dijo nada y empezó a caminar difícilmente, Indra quería ayudarle pero sabía que ella no era tan dócil cuando se trataba de algo que le sucedía a ella.

―Solo un deseo

Suspiro con molestia y volvió a comer los dangos, Sayuri solo se había ido sin avisar a donde iba pero lo más seguro es que se haya ido a dormir, le resultaba molesto que ya no le avisara nada, sentía una pequeño distanciamiento por parte de ella y le lograba preocupar eso.

Por la mañana despertó en el mismo lugar en donde se había sentado la noche anterior en la terraza, se levantó y camino con dolor de espalda había llegado a la conclusión que el pasto era mucho más cómodo que esa madera encerada para poder dormir, froto su ojo derecho con la mano derecha mientras que su mano izquierda estaba en su parte baja de la espalda, realmente le daba malestar ese dolor, entro a la cocina y vio a Satoshi.

―Buenos días―bebió agua del vaso que traía. ―Señor Otsusuki.

―Fastidioso―bostezo.― ¿Qué haces aquí?

―Hoy es el festival del Tsukimi―volvió a llenar el vaso con agua. ―Sí, también hacemos un festival para tu tío, ¿Tan estúpidos somos?

―Algo, posiblemente lo sean―froto sus ojos. ―Pero vuelvo a recalcar la pregunta ¿Qué haces aquí?

― ¿No te dijeron? ―pregunto acercándose a Indra. ―En todos los festivales Sayuri y Yuna hacen una presentación de baile tradicional.

―Y ¿Por qué estas aquí? ―volvió a preguntar con insistencia.

―Porque a mí me mandan a traer las cosas que me faltan―menciono. ―Siempre ha sido un gran suplicio, pero ahora que estas aquí ya no será tan difícil.

― ¿Qué yo esté aquí, ya no será un suplicio? ―pregunto.

Indra no puedo escuchar la respuesta de Satoshi porque cuando iba a responder Yuna grito a todo pulmón haciendo que los dos se hayan asustado, Satoshi se asustó tanto con el grito de su hermana que de improviso y para no escupir el agua que estaba bebiendo esta la trago de improviso haciéndolo toser por el cosquilleo del agua en la garganta, Indra había dado gracias no estar tomando agua el instante en que Yuna grito, por una parte le daba pena que ese pobre niño de dieciséis años tuviera una hermana como Yuna pero por otra parte le parecía gracioso como se desasía la vida contando los malos tratos y las malas rachas que lo hacía pasar. Satoshi camino a la sala y dejo el vaso sobre la mesa, toco la puerta y Yuna lo agarro de la muñeca y en un instante entro al cuarto en donde estaban Yuna y Sayuri.

― ¿Qué? ―Satoshi grito dentro del cuarto.

Por unos instantes Indra pensó en sacarlo de allí pero prefirió no hacerlo no quería tener a Yuna encima de el más de lo que estaba siempre. Camino hacia la sala y salio de la casa si bien quería ayudar a Satoshi con Yuna más que nada con ella, su razonamiento se lo impedía.

―Yuna es muy exigente con su hermano―mascullo.

―No te recuerda a alguien, Indra―dijo Zetsu desde algún lugar.

Escucho y sabia a lo que se refería Zetsu, cuando era pequeño Asura siempre le pedía ayuda aunque siempre se lo negaba algunas veces le ayudaba y era igual o peor de exigente de lo que era Yuna con Satoshi. Camino hacia el lago sabía que ese día iba a ser complicado para Satoshi y más para Yuna y Sayuri, no quería estar cerca de allí no quería ser alguien más quien mandaran.

―Tendré que tomar un baño en el lago―cerraba su ojos y se quitaba la túnica. ―Esto es tan irreverente.

Pasaron varias horas e Indra ya había terminado de tomar un baño, estaba recostado el pasto observando el cielo, Zetsu lo había hecho recordar todas las cosas que Asura intentaba hacer con él, todas esas cosas el Asura intentaba hacer bien con el cual conseguía más la atención de su padre, lo hizo recordar a Asura y su estúpida sonrisa de idiota, lo aborrecía tanto o al contrario se aborrecía a sí mismo al recordar a ese maldito bastardo.

―Con que aquí estabas―Indra abrió los ojos al escuchar a Satoshi. ―Realmente te escapaste, no puedo creer que me hayas dejado solo.

―Lo preparativos de su baile no es de mi incumbencia.

―Para mí tampoco, pero ellas me hacen estar alii.

Satoshi se sentó a lado de Indra, tomo una pequeña piedra al lago Indra se percató que Satoshi estaba malhumorado y cansado sabía que estar con Yuna era algo complicado, quería reconfortar a Satoshi pero algo en él siempre le impedía demostrar todos esos sentimientos, acciones y pensamientos que él quería lograr mostrar, era un desastre intentando hacer eso.

―Pero a pesar de eso, me agrada acompañarlas. Siempre han hecho que mi vida sea interesante―sonrió. ―Cuando hacen este tipo de cosas, como sus presentaciones de bailes tradicionales me hacen recordar que son unas mujeres muy bellas―se recostaba apoyando sus manos en su cabeza. ―Son tan enigmáticas.

―Tan buenos pensamientos tienes de ellas―sonrió con sutileza.

―Eh vivido con ellas toda mi vida, las conozco tan bien como la palma de mi mano―alzo su mano y la miro. ―Tanto que me mandan a comprar pinta labios y pinta uñas―cerro su mano apretándola con fuerza. ―Tengo que pasar un millón de verguizas comprando tabis, zoris, obis y kasas―impactaba su puño en el suelo.―Ayudarlas con los peinados y el pequeño maquillaje que siempre usan.

Despertante era la situación de Satoshi así que Indra no quería mencionar nada y alterar más a Satoshi, a Indra no entendía como Yuna podía hacerle eso a su hermano, que acaso ella no pensaba que le estaba haciendo una mala reputación a su hermano y nunca podría conseguir una novia y por consiguiente casarse y tener una familia.

― ¿A qué hora empieza el festival? ―preguntó.

―Hoy estás haciendo muchas preguntas―respondió frotando sus ojos. ―En unas cuantas horas, Yuna y Sayuri están practicando.

―Y no las tienes que ayudar.

―Mi ayuda a cabo cuando me pusieron pinta labios.

― ¿Han ofendido tu masculinidad?

―Desde que tengo cuatro años.

―Pero… ¿Aún perdura?

― ¿Qué tratas de decir?

―Es mejor que vayamos a ver que están haciendo.

Indra se levantó y sacudió su túnica, vio a Satoshi y le extendió el brazo para que se levantara, Satoshi lo miro incrédulo pero acepto la ayuda tomo la mano de Indra y este lo empujó hacia adelanta para que se levantara, cuando Satoshi estaba completamente de pie este le dio un pequeño golpe en el hombro en sinónimo de agradecimiento. Caminaron juntos a la dirección de la casa de Sayuri no cruzaron palabra alguna en todo el trayecto, al momento que estuvieron por salir del bosque Satoshi lo tomo la manga de la túnica de Indra y tiro para que Sayuri y Yuna no lo llegaran ver.

―Subamos a un árbol―susurro

Dicho eso Satoshi salto a un árbol y paro en una rama, Indra estaba dudoso si espiarlas estaba bien pero no quería interrumpir su ensayo así que dejo de dudar y salto a otro árbol y paro en una rama que estaba un poco más arriba que las de Satoshi. Observo a Satoshi y de percato que este miraba la dirección en donde Yuna y Sayuri estaban ensayando, Satoshi estaba tan extasiado que abrió los ojos con gran inmensidad y sonrió.

―Hace años que no hacían ese baile―se sentó en la rama. ―A través de las flores y las tormentas.

Indra se alteró un poco el conocía ese baile, era el baile que había creado una Geisha que había conocido cuando era adolescente, siempre que paraban en esa casa de té en un pequeño pueblo del este aquella Geisha se disponía a presentar aquel baile que dejaba atónito a Indra, aquella Geisha se convirtió en su amiga.

―Koyuki-san

Era exactamente el mismo baile tradicional que estaban bailando, a pesar que las dos estaban sincronizadas y lo hacían de una manera perfecta, Sayuri bailaba con más gracia y agilidad que Yuna, Sayuri bailaba igual de elegante que Koyuki-san, igual de refinada cuando utilizaba la sombrilla y el abanico, igual que Koyuki-san pero de una forma dulce e inocente y para nada provocativa y llamativa.

Koyuki-san, usted tiene un baile tradicional fantástico.

Te lo agradezco desde el fondo de mi corazón, Indra-kun.

¿Qué es lo que significa su danza?

Trato de expresar muchas cosas allí que posiblemente no comprendas ahora.

¿Por qué dice eso?

Cuando conozcas a alguien que haga el mismo baile y lo haga mejor que yo, es porque ha conocido el dolor mejor que yo.

Sayuri bailaba mejor el baile tradicional de Koyuki-san.

Nunca olvides que estaba cautivado por ti, que conoces el dolor y por ti espero. Buenas noches, baila, baila, hasta caer dormida, baila. Mis lágrimas no se detendrán, cuando este vacío detendré mi corazón por todo el tiempo que estuvo cautivo.

―Distress and coma, The GazettE