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He conseguido distraer a la manada de perros, había oído que se les llama mutos, ya que son mutaciones de algún ser ya existente.
Me detengo y apoyo mi cuerpo en el tronco de un árbol que es bastante grueso y puede ocultarme de los mutos. Estoy mucho más cansada que antes, tengo menos energía y más hambre. Lo único bueno es que la temperatura ha comenzado a disminuir, incluso se ha levantado un poco de viento fresco, que ayuda a secarme más rápidamente el sudor del cuerpo.
La oscuridad del bosque me impide ver con claridad el ambiente, únicamente puedo guiarme por los oídos, escuchando muy atentamente los sonidos que se producen, pero ahora mismo todo está en completo y absoluto silencio.
Oigo el himno y dirijo la vista al cielo, dónde brilla el sello del Capitolio con fuerza, comienzan a salir las caras de los cinco tributos muertos, ninguno más hasta el momento. Termina de sonar el himno y el cielo vuelve a su oscuridad original. El que hayan muerto tan pocos tributos me hace pensar en que, tal vez, todos los que han sobrevivido hasta el momento sean personas completamente letales y feroces, capaces de matar sin remordimientos a la primera persona que se les cruzase por el camino, en cambio, yo tengo el instinto asesino de un gato moribundo. Los demás deben de estar muy lejos de aquí, no hay señales de que hayan pasado por dónde estoy, aunque no creo que vayan a tardar mucho en encontrarme, es cuestión de tiempo el que tenga que enfrentarme a ellos y debo estar preparada para lo que vaya a llegar, visto lo visto, puede ser cualquier cosa.
Saco de la mochila la chaqueta y me la pongo, comienza a hacer frío. Cojo el saco de dormir y lo extiendo, me meto en él, cubriéndome todo el cuerpo, cierro los ojos, tratando de conciliar el sueño, pero cada tres segundos se me abren vigilando que nada esté ocurriendo. Pasa un tiempo y el sueño comienza a llegarme, los párpados me pesan y empiezo a dormirme, quiero echar un último vistazo, pero ya es tarde, estoy completamente dormida.
El débil choque de un goteo en mi cara me hace desvelarme, el ojo izquierdo se me abre y divisa que ha comenzado a llover suavemente. Me levanto y lo guardo todo lo más deprisa que me permiten las energías para evitar que se empape, una vez que todo está en la mochila, me la llevo a los hombros y borro toda evidencia que demuestre que estuve durmiendo aquí. Me alejo del lugar a paso lento, disfrutando del ambiente que regala la preciosa mañana nublada, nunca he llegado a comprender por que me gustan las mañanas nubladas y con lluvia, los días de sol siempre me han desagradado. Dejo que la lluvia moje mi cuerpo sudoroso y ensuciado, cada gota de agua me da un poco más de brío para continuar caminando. El último paso que doy pisa en un charco de agua, bajo la cabeza y veo que hay una especie de recorrido acuático. Lo sigo paso a paso, a veces cuesta saber por dónde sigue, ya que la hierba es más abundante en algunas zonas y tapa los charcos, pero luego reaparece el rastro de agua. Escucho varios chapoteos de agua, cada vez más cerca según camino, sigo el sonido del agua, puede ser un río o un lago o… realmente me da igual, mientras haya agua con la que pueda quitarme la suciedad del cuerpo. Jacques me había dejado impecable durante mi estancia en el campo de entrenamiento, ahora estoy incluso peor que cuando iba por mi cuenta, nunca me había sentido tan asqueada conmigo misma.
Los ojos se me iluminan al ver un pequeño estanque repleto de agua cristalina y refulgente, suelto la mochila a pocos pasos del estanque y corro hacia él, cuando llego, me arrodillo haciendo un cuenco con las manos, las introduzco en el agua fresca y me las llevo a la cara, me quito toda la mugre del rostro cuidadosamente, luego comienzo a quitarme la ropa y me meto en el agua, lavándome todo el cuerpo. Me quito la coleta, dejando mi cabello suelto al aire, acto seguido, meto la cabeza debajo del agua y cuando salgo me peino el cabello con los dedos de las manos, me quito todos los nudos y vuelvo a hacerme la coleta. Disfruto un rato más del agua y salgo, me pongo la ropa de nuevo, me cuelgo la mochila y saco la ballesta por si cazo algo. El estómago comienza a rugirme, así que saco la ardilla de ayer, le pego varios grandes mordiscos hasta que no queda nada más que comer, luego me tomo un pequeño buche de agua y guardo la botella. Reanudo el paso, ahora que estoy… medianamente limpia, puedo seguir con más energía, aunque no debo agotarme, ayer, que tan sólo era el primer día, terminé agotada.
La ropa sigue estando caliente y sucia, pero no podía estar mucho tiempo en el estanque, seguramente el grupo de profesionales haya llegado ya hasta dónde ayer me quedé a dormir.
Me pregunto como estará Craven, tal vez haya conseguido un buen escondite y comida, espero morir antes de tener que verme en la situación de asesinarle. ¿Y Daniel? ¿Dónde estará? La última vez que le vi estaba huyendo en la dirección opuesta en la que yo lo hacía.
Cuando vuelvo a adentrarme en los interiores del bosque, tengo la opción de escoger entre tres caminos diferentes, están demasiado bien trazados, debe de ser algo del Capitolio, así que escoja lo que escoja, dentro me espera algún tipo de amenaza. ¿Derecha, izquierda o el camino recto?, es la pregunta que me ronda, a parte del pensamiento de volver atrás. A ver, volver atrás significa encontrarse con los profesionales, eso lo sé con toda seguridad, lo que no sé es cual de los tres caminos tomar. Dirijo la mirada al de la derecha y mi instinto me dice que vaya por ahí, no tengo tiempo para cuestionarme a mí misma, así que me adentro en el camino de la derecha. A simple vista todo parece tranquilo, árboles en cada esquina, piedras en el suelo, hierba, nada fuera de lo normal, pero sigo estando alerta por lo que pueda pasar. Pongo en alto la ballesta, preparada para disparar en caso de que necesite hacerlo.
De pronto, oigo el canto inconfundible de un sinsajo, recuerdo nuevamente a mi hermano, cantando junto a ellos. Sigo desde el suelo a los sinsajos, que vuelan en dirección recta, así que yo hago lo mismo. Mi hermano siempre me decía que cuando no sabía a dónde ir, seguía a los sinsajos.
Un fuerte empujón me ha hecho caer al suelo, dándome un fuerte golpe en el pecho, causando que me cueste respirar, trato de respirar con todas mis fuerzas, pero cada vez que lo intento, lo único que consigo es expulsar más aire. Alguien me da la vuelta, en cuanto veo su cabello rojizo, sus pecas y sus ojos claros y azules cómo el mar, mi primera reacción es soltar un grito ahogado, rápidamente, ella me tapa la boca y me mira sonriente. Me la quito de encima con un golpe en la barriga, me levanto y la miro directamente a los ojos, debí haber entendido que en aquel primer enfrentamiento no me dejó huir, sino que esperaba el momento más adecuado.
─Aquí no hay árboles en los que puedas ocultarte, Monican.─Dice ella, sacando uno de sus cuchillos colocados en una funda, colgando en su cintura. Acto seguido, se abalanza sobre mi cuerpo, volviendo a tirarme al suelo, rodamos seguidas veces, intentando deshacernos la una de la otra. No soy capaz de disparar con la ballesta, me tiene bloqueada del brazo derecho. Cuando noto que se encuentra algo más cansada y débil, hago fuerzas y levanto el brazo derecho con la ballesta en mano, la golpeo con el arma en el centro de la cara y logro apartarla. Un par de gotas de sangre se caen en mi cara, siento una repugnancia interior. Ahora no sé que hacer, podría disparar ahora mismo y acabar con todo, pero me tiembla todo el brazo, nunca he matado a ninguna persona.
─¡Para y escucha! ─Grito antes de que termine de asesinarme. Ella se detiene, dándome la oportunidad de explicarme.─Tenemos que irnos de aquí, es cuestión de tiempo que lleguen los profesionales y no creo que tarden mucho, ellos son cinco y nosotras somos dos, si una de las dos mata a la otra, no tendremos posibilidades, propongo que nos vayamos para salvar la vida.
Ella comienza a reír descontroladamente, lo que he dicho parece haberle hecho bastante gracia, pero sólo durante unos segundos, porque nada más terminar de reír, vuelve a por mi. La vuelvo a golpear con la ballesta y ella cae de nuevo al suelo, rápidamente me proporciona una patada en los tobillos, haciéndome caer. Tengo que deshacerme de ella cómo sea e irme, los profesionales ya deben de haber averiguado dónde estoy. Araño la cara de aquella chica y la aparto cómo puedo, ella chilla de dolor y se aparta tocándose la cara. Yo opto por levantarme y salir corriendo de allí, ella no tarda en alcanzarme y empujarme contra todo lo que se encuentra a su paso, me proporciona varios puñetazos, los cuales trato de parar, pero sin éxito. De pronto veo cómo su cara llena de arañazos y cardenales se aleja de mí, detrás de ella está ondeando cual bandera, el azul cabello de Cindi Know. La chica del Distrito 5 lucha desesperadamente contra Fred y Michael para poder escapar, ellos la golpean repetidas veces hasta que cae rendida en el suelo, un charco de sangre rodea su cuerpo inmóvil, pero no puedo verlo, ya que los profesionales la han rodeado. Contemplo cómo vuelven a patearla por pura diversión, ríen por cada golpe que le proporcionan, mientras matan a esa chica, yo me quedo viéndolo todo sin hacer nada. A Rebecca no la han matado aún, pero a ésta chica si la van a matar, en este mismo instante. Slade parece haberse cansado de patearla, ya que los gritos desgarradores son insoportables, así que opta por desenvainar su afilada espada y clavarla en el cuerpo de aquella chica, los chorros de sangre salen de su cuerpo cómo si de una fuente se tratase. Limpia la sangre que ha quedado y vuelve a meter la espada en el estuche negro que cuelga de su musculosa espalda. Cuando los cinco se apartan del cuerpo, puedo ver que sus ojos estaban clavados en mí, la última imagen que esa chica vio, fue la de la mujer que intentó matar hace tan sólo unos minutos.
Slade se gira para seguir la mirada de aquella chica y me contempla, aferrada al tronco de un árbol aterrada por lo que acabo de ver, todavía no puedo reaccionar, ahora mismo podrían matarme y yo lo consentiría. Flexiono las piernas empujando mi cuerpo hacia arriba y ayudándome con el árbol, me muevo tan despacio que los profesionales se quedan en el sitio, preparándose para el momento adecuado. No creo que realmente piensen que voy a esperar a que vengan a matarme, antes de ponerme a correr, disparo una flecha a Slade, se le clava en el hombro izquierdo, cuando oigo los gritos de dolor, es cuando me pongo a correr.
Suena el cañonazo perteneciente a la muerte de la chica del Distrito 5, yo continúo corriendo hasta que noto que ya nadie me persigue, pero para evitar futuros enfrentamientos me dedico a preparar una trampa. Cojo un par de lianas colgadas de los árboles y las ato la una con la otra, las esquinas las enlazo en los árboles y junto un grupo de troncos, cojo una cerilla y enciendo una hoguera para atraer a los profesionales, cuando vengan se encontrarán con una sorpresa… vaporosa, aunque no me quedaré para comprobarlo, salgo de aquel sector de bosque y me dirijo a en la dirección contraria. No pienso dejar que acaben conmigo tan fácilmente.
Mientras camino, las imágenes del asesinato de la chica del Distrito 5 me invaden la mente, sacudo la cabeza para intentar olvidarlo, pero me resulta imposible, no comprendo por qué me siento culpable, no puedo tener la culpa de todos los asesinatos de los juegos, al fin y al cabo, aquí o matas o mueres, no queda otra opción, yo le di la opción de que huyésemos y ella prefirió lanzarse a mi cuello, si murió por mi culpa no es.
El segundo día de los juegos se presenta interesante, ya han muerto seis personas, quedamos dieciocho, está siendo más duro de lo que me imaginaba. Me veo muerta en menos de una semana, si los juegos continúan de ésta manera, no podré seguir el ritmo. Si la vieja Julia me estuviera viendo, me daría un discurso para alentarme a seguir luchando, la hecho tanto de menos, siempre era ella quien me animaba en los momentos más difíciles, ahora mismo necesito abrazarla y sentirme protegida por su flácidos brazos.
La tarde se hace con la arena, el sol aún brilla con fuerza, aunque no hace tanto calor cómo ayer. Lo peor será cuando llegue la noche, la arena se vuelve un lugar agresivo y hostil, más de lo que lo suele ser por el día. Me pregunto que será lo que tocará ésta noche, ¿tal vez una explosión que destroce la arena y acabe con todos? No, sería demasiado fácil, la gente del Capitolio quiere ver sangre, quiere ver cómo nos matamos entre nosotros, seguro que la muerte de la chica del Distrito 5 ha sido lo más visto del día, en segundo lugar estará la cara de idiota que se me ha quedado, ante los ojos de Panem parezco una niña débil que no sabe ni disparar una flecha al corazón, debo demostrar que se equivocan, tengo que sacar el asesino que llevo dentro. Lo primero que tengo que hacer es mentalizarme para matar a una persona, si sigo cómo estoy no recibiré nada de los patrocinadores, que digo, ni siquiera debo de tener patrocinadores, Marcus estará intentándolo de todas las maneras posibles, pero le dirán que no les interesa patrocinar a una niñata, Kenitra estará pensando en el suicidio, se sentirá la peor escolta del mundo, pensará que soy una perdedora, que le ha tocado una tributo perdedora. Espero que Craven lo esté haciendo mejor, de esa forma, servirá de consuelo para Marcus y Kenitra.
Me siento a pensar en que plan seguiré a partir de ahora, hasta el momento, lo único que he hecho ha sido esconderme, y sólo me ha servido para salir mal parada de todos mis escondites. Lo mejor será que pase al ataque, no me voy a esconder eternamente. Decidido, tributo que me encuentre, tributo que mataré, si no lo hago, me matará él a mí.
Saco la botella de agua y bebo un poquito, la guardo y pongo la mochila en el suelo, apoyo mi cabeza y me quedo mirando el precioso cielo azul, la forma de las nubes, los rayos del sol, debo observarlo todo con total detalle, quién sabe si será lo último que veré, el miedo que he sentido hoy a morir me ha servido para comprender que he vivido ignorando los pequeños detalles que me ofrece la vida.
Tengo que estar preparada para matar a quién sea si voy a convertirme en una asesina, sea quién sea y en el momento que sea. Voy a demostrar que haré lo que haga falta para volver a ver a mi familia, cueste lo que cueste.