Hiii!
Siento mucho la tardanza, estuve mala y no tenía el cuerpo como para escribir u.u He tratado de compensarlo haciendo un cap ligeramente más largo que los otros, oye, una cosa por la otra XD Pero de verdad siento haber tardado D: Espero que el malestar se me pase pronto, aún estoy un poco indispuesta TT-TT Seguro que es el clima del sudeste de España, estamos en febrero y ya hace calor D: Esto en el norte del país no pasa...
Bueno, climas aparte, espero que os guste el cap ^^
-.-.-.-.-
—Ya, Leonardo, tranquilízate.
El hombre se encontraba dando vueltas en círculos en una habitación, con el móvil fuertemente apretado en una mano y la mirada perdida, mientras que su hermana Alessandra estaba de pie cerca de la cama, mirando a Leonardo con una mueca compasiva.
—¿Y si le ha pasado algo?
—Ezio sabe cuidar de sí mismo, no tienes por qué estar tan alterado. No es un niño.
—Puede ser, pero...Hace unos cuantos días que no sé de él. Vosotros os preocupasteis por mí cuando estuve ''desaparecido'' cuatro días, si mal no recuerdo. Llevo sin hablar con Ezio casi una semana y, cuando hablo con él, apenas dice más de dos palabras antes de volver a ignorarme. Además, también me preocupa la universidad...No puede faltar demasiados días, algunas asignaturas las suspenden por faltar a las clases en cierto porcentaje.
La mujer suspiró, derrotada por la insistencia de Leonardo, y se dejó caer de espaldas sobre la cama de Ezio. No había forma humana de hacer que el de Vinci saliera de aquella casa cuando volvía de clases desde hacía algunos días. Según él, lo hacía por si el Auditore volvía en algún momento.
Alessandra sabía que, ciertamente, era por eso. Su hermano estaba demasiado preocupado por su amigo y tenía el pensamiento de que Ezio aparecería en cualquier momento ensangrentado y arrastrándose por el suelo pidiendo ayuda. En algunas ocasiones, Leonardo era un poco...dramático. Pero no le culpaba, después de todo el Auditore era su amigo.
—Leonardo, ¿puedo preguntarte algo?
El rubio se detuvo y se giró hacia su hermana, asintiendo.
—Claro, cómo no.
—Quieres a Ezio, ¿verdad? No hemos hablado de ello nunca, o sea, de ti y tus...preferencias.
Leonardo pestañeó ante la repentina pregunta, tragó saliva y miró hacia otro lado, con los brazos cruzados sobre el pecho. Fue a contestar, pero Alessandra volvió a hablar, interrumpiéndolo.
—Mira, Leonardo, no soy idiota. Sé cuáles son tus preferencias sexuales. Ése es el motivo por el que no te hablas con papá y mamá, ¿o no? Sabes que a mí puedes hablarme con sinceridad, no voy a juzgarte. Te quiero, eres mi hermano, y te respeto como a tal. ¿Qué problema hay en que te gusten los hombres? El sentimiento de amor es el mismo, tanto si lo sientes por un hombre como por una mujer. Eso no cambia nada, no cambia el hecho de que estés enamorado. No es más ''sucio'', como dirían otros, o ''antinatural''. Es tan puro como el que más y no tienes que ir ocultándolo.
El hombre miró de nuevo a su hermana, dejando escapar un ligero suspiro derrotado. Por supuesto, él no iba a negar que era homosexual, y menos aun cuando Alessandra, al parecer, ya se había dado cuenta de todo. El hecho de que no fuera haciéndolo público no era porque se sintiese avergonzado de su condición sexual, nada más lejos de la realidad. El asunto era simple y claro, si no veía motivos para hablar del tema, no hablaba, y cada cual que siguiera con su vida. A nadie le interesaba si él era gay o no, era su vida privada y los demás debían respetarla como tal.
—No voy ocultándolo—dijo, esbozando una pequeña sonrisa—. No hablé contigo del asunto porque no se me ha presentado la ocasión, pero si hubieses preguntado antes, te lo habría dicho sin problemas. Pero, olvidándonos de esa cuestión... ¿Desde hace cuánto que lo sabes? Quiero decir, lo de Ezio. Para qué voy a negar que me gusta.
—Desde la primera vez que os vi a los dos juntos. ¿Sabías que eres muy expresivo? Lo noté enseguida, si he de serte sincera. No tuve que pasar con vosotros dos más de cinco minutos para darme cuenta de ello. Lo cierto es que...siento cierta envidia por ti.
—¿Envidia? ¿De qué? Me gusta un tipo que sólo me ve como a un amigo, creo que eso no es la definición exacta de amor correspondido. A no ser que me equivoque, claro está...
—Oh, vamos, Leo—dijo, dándole un golpe en el brazo a su hermano—. ¿Estás hablando en serio o te gusta tomarme el pelo? Ezio se las dará de mujeriego, pero es obvio que siente algo por ti. ¿No te has dado cuenta en todo este tiempo? Estás un poco cegato entonces. Vale que no tenga una bombillita en la cabeza junto a un cartel que ponga ''me gustas'', pero esas cosas se notan. ¿Puedo saber si has tenido alguna relación antes o nunca te has dado cuenta de que tenías admiradores por ahí desperdigados?
Leonardo ignoró la última pregunta de su hermana, rebosante de sarcasmo, y se quedó en completo silencio tras la acusación de Alessandra con respecto a Ezio. De acuerdo que su amigo se había despedido de él de una manera un poco...extraña, pero de ahí a afirmar que a Ezio le atraía un hombre, había todo un precipicio que el Auditore a lo mejor no estaba dispuesto a salvar. Que, si su amigo llegaba de Florencia y le decía que quería hablar sobre ellos con intenciones de ser algo más que amigos, desde luego que el di Piero no se iba a negar...Pero le extrañaría bastante. Le conocía desde algún tiempo y juraría que nunca había dado indicios de ser homosexual o bisexual. O eso o realmente él estaba un poco ciego y no se daba cuenta de nada...Y teniendo en cuenta lo despistado que era a veces, para todo en general, tampoco le parecería demasiado raro.
Alessandra, al ver pensativo a Leonardo, palmeó la colcha de la cama, instándolo a sentarse junto a ella, y una vez lo tuvo al lado, colocó una mano en su espalda, acariciándola con cuidado.
—¿Qué pasa, Leo? ¿Cuál es el problema?
—No pasa nada, Alessandra...Sólo necesito pensar un tiempo, eso es todo. Si tomase tus palabras como verdaderas, y no digo que lo vaya a hacer, porque todavía no consigo encajar del todo el hecho, me gustaría poder hablar con Ezio tranquilamente sobre el asunto. La verdad es que...
—La verdad es que le quieres demasiado, Leonardo. Tan sencillo como eso, ¿o me equivoco?
—Ni mucho menos...—miró el móvil, suspirando, y tras unos minutos en silencio, se levantó—. Probaré a llamarlo otra vez. Y no, no para hablar de eso, no te hagas ilusiones tan pronto, Alessandra. Sólo quiero saber si está bien o no. Espero que nuestra conversación dure ahora más de dos minutos, me pone de los nervios cuando me cuelga con la palabra en la boca.
El de Vinci salió de la habitación, andando por el pasillo del apartamento mientras marcaba por enésima vez el número de móvil de su amigo. Al igual que otras tantas veces a lo largo de aquella tortuosa semana, no le dio señal alguna, y debido a que no tenía el número de la hermana de Ezio, ni de su casa, no tenía ninguna manera de contactar con él. No se había molestado, ni él ni su amigo, en darse alguna dirección de correo ni nada similar. Siempre les había bastado con el móvil.
—Ezio, en cuanto te vea, voy a decirte unas cuantas cosas con respecto al tema de ignorarme tan deliberadame...
Leonardo calló abruptamente al escuchar el ruido del picaporte y se giró con gran rapidez hacia la puerta, conteniendo brevemente la respiración por el susto frente al repentino sonido. Una vez recuperado, se abalanzó sobre la puerta y la abrió de par en par, encontrándose frente a él a un cansado Ezio, algo más delgado que la última vez que se vieron y con el rostro fatigado y ligeramente ojeroso. Estaba claro que no había pasado una buena semana, algo completamente lógico por otra parte, dadas las circunstancias.
Aun así, el de Vinci pensaba echarle la bronca por no contestar al móvil cuando le llamaba. Los dos podían estar de acuerdo en que Leonardo había sido un poquito pesado tal vez, pero era normal. No le había gustado tener que dejar marchar a Ezio solo a Florencia, aunque allí estuviese su madre y su hermana.
—¿Me decías algo? Creí escucharte decir mi nombre—dijo el Auditore con voz cansada.
El rubio abrió y cerró la boca unas cuantas veces, apretó fuertemente el móvil y, alzando la mano, señaló a Ezio con un dedo.
—Tú... ¡Luego dices de mí! ¡Has estado una semana ignorándome! El máximo número de palabras que me has dicho en una conversación últimamente han sido tres. ¿Se puede saber qué ha pasado? No he ido a Florencia porque Alessandra no me ha dejado, ha estado vigilándome todos los días... ¡Pero de haber podido, hubiera ido allí!
Ezio suspiró, entró a su hogar y cerró la puerta tras dejar la maleta en la entrada, girándose después hacia Leonardo. Colocó entonces una mano sobre el hombro de su amigo, mirándolo, y lo atrajo hacia sí para abrazarlo, palmeándole la espalda.
—Lo siento, es sólo que...Tenía demasiadas cosas que hacer como para mirar el móvil o hablar. De hecho, creo que lo tengo sin batería...No lo miro desde anoche y, bueno, tampoco le he estado haciendo mucho caso. Entre la ceremonia, visita de familiares y demás...
El di Piero dejó caer los hombros, asintiendo ligeramente, aunque sin entender del todo el significado de aquel gesto. ¿Sería por el tiempo que habían pasado sin verse o porque el beso había significado algo más?
—Es normal, después de lo que ha pasado...Entiendo que quisieras estar pendiente de tu familia, pero me asusté. No importa, es igual. ¿Cómo ha ido todo?
—Según me han dicho, fue por un accidente en una autopista. Un tipo perdió el control del volante y se estrelló contra el coche de mi padre, sólo que ese bastardo está vivo y mi padre y mis hermanos no.
Leonardo no supo qué decir, así que se limitó a apretar el brazo de Ezio de manera afectuosa cuando éste se separó de él. El muchacho estiró los labios en una sonrisa algo triste, colocando su mano sobre la de su compañero, agradeciéndole el gesto, y después se dirigó a su habitación para dejar la maleta.
—¡Ezio!—exclamó Alessandra al verlo, levantándose y acercándose a él para abrazarlo—¿Cómo estás?
—Mejor.
Mientras arreglaba su ropa, el Auditore explicó brevemente su estancia en Florencia, respondiendo a las cuidadosas preguntas que sus dos amigos le hacían, aunque su mente estaba dividida en varios pensamientos que se superponían los unos a los otros, provocándole un espantoso dolor de cabeza.
—Escuchad, estoy cansado por el viaje...Me gustaría estar solo. Podemos quedar mañana.
—Claro—dijo la mujer, cogiendo del brazo a su hermano—. ¿Irás a clase o...?
—Las reanudaré la semana que viene, dado que mañana es viernes y...no creo que tenga cuerpo para ir. Leonardo, te llamaré para quedar, ¿de acuerdo? ¿Estarás disponible a partir de las tres de la tarde?
—Llámame cuando quieras, Ezio. Tendré el móvil al lado.
Ezio asintió y se despidió de los hermanos de Vinci, recostándose después en la cama, y a pesar de que no era especialmente tarde, cayó rendido casi enseguida debido al cansancio acumulado tras la estresante semana que había vivido.
Aquella noche, el Auditore logró dormir del tirón, sin ningún tipo de sobresalto. Se despertó pronto, sobre las nueve de la mañana aproximadamente, y aprovechó para organizarse un poco tras los largos días de ausencia en Venecia. Revisó sus horarios, llamó a algunos compañeros de la Università y, una vez duchado y desayunado, cogió el móvil, pues había jurado ver la lucecita que indicaba que tenía un mensaje. Al leerlo, no pudo evitar sonreír.
Se trataba de Leonardo, como cabría esperarse.
Después de contestarle, se quedó pensativo, mirando la pantalla del móvil aunque sin ver en realidad.
A su mente regresó aquel beso que le había dado a su amigo, sin haberle dedicado más palabras después que un simple gracias. Tras la charla que mantuvo con Alessandra, había tenido serias dudas con respecto a sí mismo. ¿Qué era lo que de verdad sentía por Leonardo? Siempre le había visto como a un amigo, como a su mejor amigo, pero...No podía negar que, a pesar de ello, entre los dos había habido algo...especial. Especial no en el sentido romántico, sino que ambos habían desarrollado prontamente una amistad que, en otros casos, hubiera costado años consolidar. Era como si Leonardo y él hubieran estado predestinados desde el principio.
Pero no tenía por qué ser necesariamente amor, ¿no?
¿O tal vez sí?
Ezio ya dudaba de sí mismo. Y si dudaba, era ridículo negar que no había nada. De ser así, podría negarlo con facilidad. Pero su mente no lo dejaba tranquilo y lo atormentaba con interrogantes a los que él no podía contestar.
O que no quería contestar.
Además, tal vez ambos buscasen cosas diferentes. Él era Ezio Auditore, no se conformaba con una relación formal, necesitaba una nueva conquista, algo de acción, de novedad. Y sabía que Leonardo era demasiado sensible y que él estaría tratando de crear algo sólido.
El joven de Florencia no estaba hecho para tener una vida en pareja...Además, sólo tenía 18 años, ¿qué iba a consolidar a esa edad?
Ah, pero aun así...Simplemente, no podía apartar a Leonardo de su mente.
—Al diablo—farfulló.
Tras mandar un mensaje a su amigo indicándole a qué hora quedarían y dónde, avisó a Alessandra de que esa tarde no podría salir con ellos ya que necesitaba hablar con el di Piero a solas, y mientras esperaba a que llegase la hora indicada, decidió dedicarse a otras cosas, tratando de alejar sus pensamientos de la situación.
Cuando salió de casa para encontrarse con Leonardo, se encontraba extrañamente tranquilo, y después de saludarlo como de costumbre, ambos se dirigieron a una de las cafeterías de Venecia, donde fueron atendidos en cuestión de segundos.
Leonardo dio un corto sorbo a su café, tamborileando los dedos sobre la mesa, con una sensación de pesadez en el cuerpo. Ezio se encontraba demasiado callado y eso no le daba buena espina. El Auditore tan sólo le había dicho que fueran a tomar algo a una cafetería para poder hablar, pero...No estaba hablando absolutamente nada.
—Uhm, Ezio... ¿De qué querías hablar?
El de Florencia alzó la cabeza, como si fuera la primera vez que reparase en la presencia de su amigo, y volvió a bajarla, tratando de encontrar las palabras exactas para explicar lo que sentía en aquellos momentos.
''Despierta de una vez''
Nuevamente, recordó la conversación con Alessandra, y no pudo evitar suspirar quedamente, con los hombros algo caídos y ambas manos apretando con algo de fuerza la taza que tenía delante.
Era tan sencillo que le resultaba hasta complicado.
—Leonardo, durante esta semana de ausencia...Digamos que he tenido que pensar en más cosas aparte del asunto de mi familia. Puede que el accidente me haya afectado en ciertos aspectos y por eso me siento más...vulnerable.
—No entiendo adónde quieres ir a parar. ¿Ha ocurrido algo que no me hayas contado?
Ezio sacudió la cabeza, aunque no parecía haber expresado claramente una afirmación o una negación rotundas. Leonardo esperó pacientemente, sin presionar a su amigo. Ni siquiera volvió a preguntarle, simplemente dejó que el tiempo transcurriera en el interior de aquella cafetería de bajomanteles de razo dorado y cubremanteles trenzados, con pulcras servilletas de 30 x 30 bordadas sobre ellos, que olía a pastas, pasteles y diferentes tipos de café.
Tras lo que pareció una eternidad, el muchacho por fin pareció reaccionar, y volvió a alzar la cabeza para mirar a su amigo.
—Hay algo que debo decirte, Leonardo. El día anterior a que me fuera a Florencia, estuve hablando con tu hermana. Desde entonces, creo que han cambiado...ciertas cosas.
—Con tranquilidad, Ezio. Si no puedes explicarlo como quieres, ve despacio. Tenemos toda la tarde.
—Sí...—frotándose los ojos, procedió—Tú me conoces, Leo. Sabes cómo soy y de qué pie cojeo. Sabes que mis relaciones apenas duran lo suficiente como para que me importen de verdad y que, prácticamente, tengo una conquista nueva cada semana. Todo eso lo sabes, ¿o no?
—¿Estás restregándome en la cara el hecho de que no me como una rosca, Ezio?—preguntó el hombre, dando un trago a su café con una cela alzada, sin despegar la mirada del muchacho.
—¿Qué? No, no...Claro que no—contestó el joven, estirando ligeramente el labio superior en una sonrisa y borrándola instantes después—. Lo que quiero decir es...Leonardo, el otro día te besé. En la boca.
—Ya, ¿y qué problema hay? No eres el primero que lo hace.
Ante aquella afirmación, Ezio no pudo evitar sentirse irracionalmente celoso. Frunciendo el ceño, chistó.
—Bueno, ese no es el caso, Leonardo. El hecho es que te besé y...Y no soy homosexual. ¡Dios, no me gustan los hombres! Pero eso está ahí. Te besé siendo consciente de que lo hacía. Lo hice porque quise. ¿Entiendes mi punto?
—Claro. Tienes miedo, eso es todo. Me besaste y te gustó, y por eso ahora tienes dudas. Ezio, no es por un asunto personal, pero si hiciste algo así... ¿No crees que es porque, de alguna manera, sientes algo por mí? No quiero decir que sea amor, no me malinterpretes. Tal vez estés...confuso. Me dijiste que hablaste con mi hermana, puede que ella te confundiera de alguna manera. Pero, si me dejas ser sincero tanto contigo como conmigo mismo, Ezio...A mí sí me gustaría decirte algo, aprovechando el momento.
Ezio asintió, haciendo un gesto con la mano indicándole que tenía vía libre para hablar.
—Verás, Ezio...Yo sí soy homosexual. Por eso, he dejado de hablar con gran parte de mi familia, no lo...entienden del todo. O, simplemente, no hacen por. La única con la que no tengo problemas es con mi hermana. Pero no se trata de eso. Lo mío no es cuestión de homosexualidad o no ahora. Lo mío...Lo mío se trata de amor. En este caso, al menos. No niego que me haya sentido atraído por otros hombres antes, pero desde hace un tiempo...Nadie me llama la atención. Es algo sencillo, estoy enamorado de una persona, eso es todo.
—Estás enamorado de...mí—se aventuró Ezio.
—Estoy enamorado de ti—corroboró Leonardo—. ¿Para qué negarlo por más tiempo? He estado enamorado de ti desde siempre...Y no me refiero al momento de conocerte. Estaba enamorado de ti desde antes de que te viera por primera vez.
Sí, sin lugar a dudas, Leonardo pretendía mantener una relación formal, algo para lo cual Ezio no sabía si estaría o no preparado. ¿Sentía algo por su amigo? Claro, cómo negarlo él también a esas alturas, pero... ¿Mantener una relación de pareja?
Se vio a sí mismo de esa manera, compartiendo todo su tiempo con Leonardo, los dos riendo, hablando de sus asuntos, haciendo cualquier trastada en la cocina dada la poca experiencia del Auditore en ese aspecto, paseando por Venecia...
Y se dio cuenta de que eso era exactamente lo que hacía normalmente con su amigo.
Negando con la cabeza, se levantó de la silla y pagó lo pedido, instando a Leonardo a que lo siguiera, dado que ya había terminado de tomar su café. Confuso por aquello, el di Piero salió junto a su amigo, ambos andando en silencio por las calles de Venecia hasta llegar a la plaza donde el mayor de los dos solía pasar el tiempo.
—Ezio, ¿ocurre algo?
El Auditore se detuvo, todavía de espaldas a Leonardo, con las manos en los bolsillos de su chaqueta y la cabeza hacia arriba, mirando el nublado cielo con sus ojos oscuros.
¿Quería a Leonardo? Sí, por supuesto.
¿Como a algo más que un amigo? Tal vez, probablemente sí.
Entonces, ¿qué era lo que le retenía? ¿El miedo absurdo al compromiso? Sólo tenía 18 años, pero si había estado perdiendo el tiempo de mala manera con chicas con las que no había durado ni un mes, y si eso no le había importado absolutamente nada, ¿por qué temía el estar al lado de una persona que lo cuidaba, lo quería y le resultaba interesante y entretenida? ¿El mero hecho de que compartieran algo importante de verdad suponía un impedimento? Era...era estúpido.
''Vamos, Ezio, ¿de verdad le estás dando tantas vueltas? Sólo te detiene el hecho de que cuando inicias una relación con una chica, sabes cómo será el final y cuándo será...Y con Leonardo, ese final no logras verlo. Es la incertidumbre lo que te detiene ahora'' pensó.
—Ezio, si he dicho algo que no debía, lo siento—dijo el di Piero, sintiéndose angustiado por algo que no comprendía.
Al oír su voz, el joven se giró, mirando a Leonardo con una expresión extraña en el rostro.
—No has hecho nada—contestó, acercándose a él y colocando una mano en su barbilla, alzándola para poder mirarlo a los ojos—. Y yo tampoco he hecho nada. Creo que ahí radica el problema, ¿no crees?
Leonardo alzó una ceja, sin entender muy bien qué quería decir Ezio, y antes de poder preguntar, sintió los labios de su amigo sobre los suyos en un ligero roce, apenas una simple caricia que le dejó un sabor dulce en el pecho.
—¿Para qué perder el tiempo con otras personas, cuando puedo estar contigo?
—Ezio, ¿qué...?
El Auditore sonrió, cruzando los brazos sobre el pecho mientras echaba a andar, dando un par de zancadas lentas hacia delante, con la mirada perdida en el cielo.
—Bueno, ya te dije que he estado dándole vueltas y, ¿por qué no?—tras eso, se giró hacia el hombre de nuevo, sonriendo con aquella sonrisa tan característica, sus labios curvados rotos por una fina cicatriz—Me gustas, Leo. Así que dejemos de perder el tiempo fingiendo. ¿Qué más da que seas hombre o mujer? Soy yo quien siente algo por ti, no la sociedad. Y si no les gusta a los demás, que miren hacia otro lado.
Leonardo le devolvió la sonrisa y se abalanzó sobre Ezio, abrazándolo fuertemente mientras el joven dejaba escapar una pequeña carcajada.
De pronto, el joven de Florencia sintió cómo esa pesadez que lo había oprimido desde hacía días desaparecía por completo, dejando paso al cálido sentimiento que quedaba tras la simple aceptación.
-.-.-.-.-
¡Noooo Alex (puedo llamarte Alex? Es más corto XD), NO PUEDES MORIR! *te revive* Y sí, lo de la familia de Ezio fue algo así XDDDDD Al menos no he matado a nadie más...Por ahora (?) Pero nah, no creo que lo haga. O sí. Depende de cómo me levante el día en que escriba XD ¡Gracias, por cierto! Por lo de decirme que me mejore y eso ^^
Aaaah TentaculoTerapeuta (porfi dime un diminutivo *te mira con ojitos de perrito abandonado*), tras haber visto en el ACB la insinuación de Leo y que Ezio no la pilló, no me imagino al Auditore siendo muy despierto en esos temas XD Aparte de eso, he tratado de relatar el cambio de un chaval de 18 años (¡choca esa, Ezio, tenemos la misma edad! 8D) que se ha dedicado toooda su adolescencia a perseguir mujeres a un chaval que de pronto se da cuenta de que le gusta un hombre y que lo que siente por ese hombre es algo serio y no como lo que él ha sentido hasta entonces. Supongo que cosas así no pueden simplemente asumirse de la noche a la mañana...Traté de hacerlo lo más fiel a una experiencia real, para que no se viera tan forzado. Además, claro está, del hecho de que no me imagino a Ezio a esa edad queriendo algo serio con nadie XD Así que eso también influye...Siento haberlo hecho OoC D: Sólo buscaba no hacerlo muy...forzado u.u ¡Pero espero que no pase muy a menudo! ¡Y muchas gracias por los ánimos! ^^
Me alegro de que os esté gustando y que la valoréis, realmente es importante para mí :D Este fic es como un hijo (?) Bueno...nace de mi interior, ergo...Sí, tiene sentido que sea como un hijo XD A falta de uno real (quita quita, soy muy joven para eso D:), hago fics XD
Bueno, como siempre, ¡seguid dejando reviews! Me animan mucho :D
¡Ya nos leemos!
