«Haikyuu no me pertenece, sólo juego un poco con los personajes de Furudate Haruichi».

«Se publicará de manera mensual. Cada día 30 del mes».


Cobarde

El papel verde dejo de estar presente, las manos a su lado temblaban y lo que se encontró al alzar la vista fue a Hinata llorando.

¡Wow…

Wakatoshi parpadeo varias veces antes de ser consciente de que se encontraba despierto y a unos minutos antes de que su alarma sonara, se desperezo y lo primero que hizo de forma mecánica fue iniciar el vídeo de Yamaguchi, seguido serían las grabaciones que su antiguo yo le dejó como tarea. Al salir de la ducha se relataba lo sucedido en todo el día anterior y que él se dedicó apuntar lo necesario para ese día en un pequeño papel. Seguido otro audio inició; le recordaba que estaba planeando salir en una semana y media a un viaje por un par de meses fuera de la ciudad, en la misma grabación no le indicaba los lugares a visitar, sólo las cosas que le faltaban para el viaje. También le recordó lo de las fotografías y grullas, sacó la cámara del cajón de su escritorio sin poder evitar ver las fotografías ya tomadas y guardadas ahí mismo, él antes ya hubiera escondido todas esas fotografias debajo de su cama, pero entendía que ahora ya no existía razón para hacerlo.

—Ya no hay necesidad —susurró con dos fotos de Hinata sentado en la arena con los rayos del sol provocando que su cabello pareciera brillar y fundirse con los colores del atardecer, recordó el significa del nombre de su acompañante y realmente era una parte del sol en ese momento.

En el comedor la madre de Wakatoshi estaba más silenciosa de lo normal, después del anuncio del viaje de su hijo no le encontraba mucho sentido pedir detalles, sobre todo porque no tenía nada que ver con sus clases, agregándole que con la falta de memoria no podía decirle mucho, para eso estaba el robot.

—¿Ya planeaste cómo estarás moviéndote en ese viaje?

Wakatoshi primero tomó un poco de jugo y dijo—: Tengo licencia de conducir así que planeó usar la camioneta que me regalaste hace dos años.

La mujer fue tomada por sorpresa, pero asintió y una sonrisa se asomó por sus labios.

—Es bastante razonable y más para que no olvides el manejar, apenas y la usabas para ir a la universidad, con el incidente preferiste usar al chofer —Eso le hizo recordar otro asunto—. Dado que llevas algo sin usarla creo que sería muy bien que la lleves a un taller para una revisión.

—Lo tenía pensando ya, pero gracias por la mención, madre.

Setsuna iba a agregar algo más, pero sólo se dedicó a ver la leve sonrisa en el rostro de su hijo, tenía tanto tiempo que no lo veía así de tranquilo y mostrando alegría que prefirió continuar con su desayuno.


Satori miró el lugar donde viviría por algunos días… no podía jurar que habitaría para siempre ahí, no con lo sucedido con anterioridad. El lugar era un taller de autos, algunas personas saludaban con alegría al hombre que lo sostenía del hombro guiándolo al final del lugar donde había una puerta blanca, desentonaba con lo demás; lleno de aceite y un olor fuerte a gasolina. Tenía flores en ella y detrás de esa puerta estaba una mujer.

Hola, Satori.

No pudo evitar mirar primero al hombre y luego de nuevo a esa mujer, estaba seguro que le había dicho la directora que sería sólo él y un hombre, no una pareja ¿Se había equivocado?

Ella es Saya, le hable de ti —dijo el hombre, Satori sólo pudo asentir, no sabía qué más debía hacer sin provocar disgusto por parte de los adultos.

Un gusto, me encanta tu cabello —dijo ella hincándose para verlo a la cara, en ese momento pudo ver algo brillando en los ojos ajenos.

Dicen que mi cabello trae cosas malas —Se tocó algunos mechones y olvidando que no debía hablar de esa forma porque podrían devolverlo con la directora y aun así continuó—. En los cuentos dicen que trae desgracias y supongo que tienen razón porque yo me…

Yo leí por ahí que traen buena suerte.

¡Eh! ¡Mentira! —No se lo creía ni por asomo.

Yo nunca miento.

Créeme, no lo hace —Agregó el hombre alejándose de ellos, como si estuviera bien dejarlo ahí junto a ella.

¿Qué se siente no mentir? —preguntó con curiosidad, pero había bajado el volumen de voz por miedo a que lo escuchara el hombre.

Ella rió, su risa era algo bonito y no pudo evitar reír con ella.

Yo no dije que no pudiera mentir, sólo que no veo la necesidad de hacerlo.

Satori no comprendió eso.

Ven, debes tener hambre —Ella le extendió la mano cuando se levantó del suelo, Satori dudo, pero la tomó. La piel era suave y aun así no era ni tibia, ni fría. Al terminar y dejarlo comer helado de chocolate como postre, los dos adultos se miraban entre sí y el pequeño entendió. La pareja le iban a dar el "discurso", ese que había experimentado con la pareja anterior, lo podía descifrar por las palabras usadas, eran las mismas que usaba la directora cuando le daba reglas y más reglas.

Cuando salgas de casa nunca debes de…

Satori abrió los ojos sólo para sentir el cuerpo por completo adolorido como si alguien lo hubiera golpeado la noche anterior y lo único que hizo fue huir de un robot, estaba acostumbrado a sentir dolor en su cuerpo que a veces olvidaba si eso era normal o no, pero ese dolor está vez le indicaba algo muy diferente. Moverse mucho sólo le hacía gemir de dolor, lo tenía entumecido, mucho más de lo normal. Su celular le anuncio un nuevo mensaje, ya sabía de quién provenía. Era el octavo mensaje del hongo que ignoraba, ni siquiera lo planeaba abrir, prefería ni dejarlo en visto, Eita también le mando uno y estaba tan seguro que sería de un regaño por ser un maldito grosero con Goshiki. No estaba de ánimos para dar un poco de la vida que tiene a esos dos seres, sobre todo por el dolor de cabeza con el cual amaneció y por ello prefirió volver a dormir, aunque se despertó con el dolor más vivo que antes y se agravaba con el de su cuerpo. Prefirió sólo quitarse la playera y volvió a acostarse, de nuevo desaparecía, de vuelta a la rutina. ¿Dónde sería el lugar en el que Eita lo encontraría en la próxima ocasión?

—Sólo esperemos que no en un prostíbulo —dio su último comentario de existencia por lo que quedaba del día y si era posible de la semana. Se cubrió con su sábana y se dispuso a volver a dormir, tal vez el dolor que comenzaba a esparcirse por todo su ser desaparecería con ello, en algún momento dejaría de dolerle tanto.


Hinata ya estaba en el lado del copiloto esperando, Wakatoshi subió y antes de encender la camioneta miró a su acompañante.

—¿Puedes buscar el taller mecánico más cercano?

—En seguida —dijo a cambio, sólo tardo unos segundos y volteó a verlo.

Wakatoshi sabía mejor que nadie que su vida era un bucle constantemente aun si lo recordaba al día siguiente, si dejaba pasar siquiera un día sin repetir lo debido perdería contra su enfermedad, por esa razón le costó un poco más de tiempo recordar algo como prender la camioneta y mover la palanca de velocidades, no pidió ayuda de Shouyou, fue lo que le ordenó y por eso sólo esperaba a poder mencionar la dirección a tomar.


Cuando vomitó o escupió la asquerosidad transparente y verde que se encontraba en la alfombra de su habitación dio confirmado que se había enfermado.

—Maldito robot, maldita sea el frío que hace —susurró mientras se limpiaba con la camisa que había arrojado hace un par de horas, no había que ser un gran doctor para saber qué hace dos días que se mojó y estuvo en la lavandería del vecindario fue lo que lo enfermó. El cuerpo seguía doliéndole y la cabeza ni se diga, en cuanto se levantó de la cama sólo fue para caer al suelo. Estaba tan mareado y moverse lo agotaba, más de lo normal. Sentía escalofríos.

—Si la muerte viene por mí, ¿por qué no hacerlo cuando duermo, eh? —Satori se rió y se arrepintió al instante de hacerlo porque sólo por un segundo creyó que le dolían los pulmones o tal vez si le dolía hasta eso.


En cuanto llegaron Hinata baja antes de la camioneta, se queda a unos metros de distancia de su amo que parecía no necesitar su ayuda para recordar o mencionar algo.

—¿Qué extraño diseño? —Dijeron a su lado, Hinata giró su cabeza encontrándose con una mirada dorada—. ¿Eres de la primera generación?

La persona sin reparo tomó su brazo izquierdo y comenzó a presionarlo entre sus manos, como si buscara algo en su piel artificial, era obvio que Hinata no sentía la acción o presión que creaba el humano sobre su brazo, pero seguía siendo bastante extraño en niveles de cualquier persona que disfrutara su espacio personal.

—¿Qué hace?

—Luces bastante bien cuidado y tu diseño parece ser de la primera generación, pero de alguna manera… —El humano deslizó sus manos por el brazo de Hinata, más bien apretaba cada que podía su piel artificial—. La aleación que usaron en está piel se me hace similar a la de la segunda y…

Ahora tocaba su rostro, Hinata no se movía ya que su deber era no separarse de su amo, sobre todo porque el humano frente suyo no estaba haciendo nada que conllevara a que él reaccionara en defensa. Aunque por otra parte su falla provocaba una sensación que lo hacía sentirse extraño con lo que hacía esa persona. El joven humano acercó su rostro tanto como pudo al del robot.

—Tus focos son bastante…

Hinata no pudo evitar girar su cabeza en la dirección que el hombre miraba y que se había llevado toda su atención; era un joven de cabello castaño y lo reconocía, era alguien de la universidad de Wakatoshi Ushijima.

—¡Chico bonito! —Gritó el de ojos dorados soltando una de las mejillas de Hinata para saludar con efusión al castaño que lucía bastante asustado… consternado, ¿constipado…? Hinata seguía sin comprender o entender muy bien expresiones humanas, sólo sabía que Tooru Oikawa no le gustó ser reconocido por el hombre a su lado.

—Luego seguimos checándote, ¿sí? La casualidad me llama —diciendo eso el hombre lo soltó y fue en búsqueda de Oikawa.

«¿Cómo que luego?».

—Hinata, dejaremos la camioneta para su revisión. Recuérdame venir por ella en la tarde cerca de las cinco —Wakatoshi se había perdido ese extraño encuentro, aun cuando estuvo a sólo unos metros.

—Por supuesto —dijo a cambio Hinata volteándolo a ver y creando una pequeña alarma en su sistema interno con el nombre de lo pedido por su amo—. Ahora, ¿dónde quisiera ir?

—Quiero ir al centro comercial, necesito comprar algunas cosas —dijo sacando un pequeño papel blanco de la chaqueta que usaba ese día.

—¿Algún centro comercial en…

—No, Solaris es el más cercano —dijo a cambio, guardó el papel en su bolsillo y comenzó a caminar—. Sólo vamos a la parada de autobús.


—La desgracia me persigue junto a mis peores pesadillas —dijo Oikawa con fastidio, una cosa era tener a Bokuto revoleteándole con sus preguntas, pero la otra era tener al lado al desagrado en persona, de nombre Wakatoshi Ushijima.

—¿Es tu robot ayudante, Ushiwaka? —preguntó Bokuto usando el mismo mote que le daba Oikawa, éste sonrió con superioridad por ello.

—Shouyou Hinata, un placer —dijo a cambio el robot.

—¡¿Asombroso, no?! Tiene implantado en su sistema las reglas básicas de saludos cordiales humanos —Ahora tocaba el cabello de Hinata, seguido el de Oikawa que había sido tomado por sorpresa ya que su atención estaba en mirar con odio a Wakatoshi, seguido Bokuto tocó su propio cabello—. Sus fibras siguen siendo de la primera generación. Eres como un ensamblaje.

—¿Ensamblaje? —Eso había llamado la atención de Ushijima que había estado en silencio desde que llegó a esa parada de autobús.

—Sí, ya sabes, cuando tienes un sistema operativo y lo armas con mejoras de diferente tipo. En este caso son una piel artificial más resistente al agua, oculares y focos avanzados. ¿Tal vez internamente le agregaron los sistemas de cableado de la segunda generación y el regulador de agua de la primera, junto a los generados de la segunda? Creas algo mejor de lo ya creado. Claro que eso es bastante caro de crear e ilegal —dijo sin dejar de seguir revisando a Hinata, en esos momentos estaba checando la oreja—. A Saeko le encantaría ver esto.

—¿Acaso respiras? —dijo Oikawa en burla al verlo soltar tanta palabrería sin siquiera lucir asfixiado.

—¿Acaso tu no lo haces, chico bonito?

—Deja de llamarme así —Alzó más sus brazos ya cruzados.

—¿Me vas a decir tu nombre?

Oikawa no contestó porque vio acercarse el autobús y con ello ese circo se acababa, pero su suerte era igual de mala que la de Hanamaki consiguiendo novia. Los tres esperpentos subieron al autobús, agradecido que los primeros en desaparecer serían Ushiwaka y Hinata.


Se sobre saltó por el golpe salvaje que recibió el vidrio de la tienda, estaba por apretar el botón para cerrar la puerta corrediza, pero al ver que el causante era Satori se detuvo. Prestó más atención y pudo ver que el chico se recargaba y arrastraba su cuerpo para llegar a la puerta, salió del mostrador para recibirlo, justo a tiempo cuando la puerta se abrió y él iba directo al suelo.

—¡Tendou, estás ardiendo! —dijo alarmada, además su cara estaba igual de coloreada que su cabello.

—Siempre soy ardiente —dijo con dificultad, le costó soltar una suave risa, le dolía todo, era como estar entumecido—. ¿Saldrías conmigo… en una cita?

Kiyoko ignoró al chico que notó le costaba siquiera respirar por la boca, buscó en su uniforme su celular para llamar a emergencias. Prefirió recostarlo en el suelo y colocar la cabeza de Tendou en su regazo.

—¿Qué haces?

La chica detuvo la mano que Satori movía directo a su celular, los dos de alguna manera comprendieron la intensión del contrario.

—Sólo dame un medicamento contra la gripe.

—Esto no es gripe —dijo obligando al chico a bajar la mano—. En esta época está el virus H y tú yendo mojado en la noche.

—¡Eeeh! Me viste —dijo en un susurró divertido que se transformó en un quejido—. Es gripe.

—Estás colorado y las vecinas fueron las que te vieron, siempre quieren contar todo lo que sucede al rededor, más si es eres tú.

—Temperatura.

—Tus orejas están azules.

—Frío.

Kiyoko lo ignoró cuando contestaron al otro lado, dio la información necesaria y que le pedían.

—En unos diez o quince minutos vendrán —dijo en cuanto colgó, Satori se removió del regazo de la chica y trato de sostenerse al menos quería estar sentado sin sentir que todo el mundo se movía.

—Antes de que lleguen yo…

Kiyoko no tuvo que esperar a escuchar lo que planeaba el contrario, lo sostuvo del brazo.

—Te vas a quedar —sentenció. Tendou no pudo evitar reír por lo bajo, la chica siempre tenía una voz tranquila y suave, pero cuando hablaba tan firme y segura de sus propias palabras lograba imponer sin siquiera alzar la voz.

—No puedes cerrar, Shimizu.

—Un día de pago no me hará daño —dijo firme.

—Tienes un bonito peinado hoy.

Ella sonrió con amabilidad, tal vez porque era la única vez que había dicho algo referente a la apariencia de la mujer a su lado o porque estaba delirando.

—Eso me dijiste la primera vez que nos conocimos.

—¿En serio? —preguntó confundido, no recordaba ni qué comió hace dos días, sólo sabía que Kiyoko era su vecina del piso de abajo y con la única que había formado una conversación, tanto porque iban a la misma universidad, tenían una materia en común y porque ella trabajaba desde hace tres años en la tienda de conveniencia, entonces reaccionó—. Sé que planeas…

—Al menos aun puedes razonar las cosas.

Fue lo último que pudo escuchar, se sentía mucho peor que todas las mañanas, es como si su cuerpo por primera vez expresara todo el dolor interno que sufría desde el último suspiró de su padre. Kiyoko sentada a su lado y tomándolo de la mano como apoyo le hizo recordar el pasado. El rostro de su madre sonriéndole y diciéndole palabras cariñosas para soportar su fiebre.

Cariño, te pondrás bien, te lo aseguró. Me quedaré contigo hasta que así sea —Besó su mano, Satori nunca antes había sentido tanto cariño como en ese momento que se lo ofrecían.

—Mamá —susurró. Kiyoko sintió el apretón ajeno y sonrió con suavidad devolviendo el gesto. Ella se preguntaba la razón del por qué todos en el vecindario y sobre todo las vecinas del edificio hablaba tan mal del pelirrojo, para ella era un chico bastante triste con una gran mascara de desinterés y bromas. No lo conocía mucho más de lo que él se lo permitió, pero para ella había sido suficiente como para no poder evitar sentirse de vez en cuando preocupada y perder un día de paga.


Hinata seguía con toda normalidad a su amo, todo a su alrededor luce tranquilo y normal, pero siente un extraña rigidez en su espalda, como si engranajes internos perdieran movilidad o su piel artificial se hubiera resecado sin alguna razón, sus manos estaban cerradas en un puño. La multitud le trae un recuerdo bastante lejano, en un lugar donde no existía Wakatoshi Ushijima y sólo estaba Tobio Kageyama…

¿Tienes miedo?

¡Qué tontería! —gritó ofendido y luego susurró—. ¿Tú no?

No, he hecho esto varias veces, no va pasar nada —dijo Kaqeyama restándole importancia, jaló a Hinata para que al fin entrara al centro comercial. El pelirrojo podía sentir su pecho comprimirse y no se atrevía a mirar a nadie a la cara porque creía que en cualquier momento sería descubierto… ¡Todos se iban a dar cuenta que no era un humano!

Caminaron por varios lugares y subieron escaleras, lo sabía porque su mirada no se había apartado del suelo.

Hinata, mira.

No quería, el miedo le ganaba. Kageyama era igual de insistente que él, una cosa llevó a la otra, olvido que no quería apartar su mirada del suelo por miedo. En esos momentos era una lucha para no ser el perdedor. Sólo quería ganarle al contrario, no sabía de dónde nacía ese fuerte deseo, pero ahí estaba haciendo fuerzas y Kegeyama igual luchaba, gruñía y maldecía. La gente miraba, no porque los hayan descubierto, más bien por el teatrito infantil de los dos.

¡Te digo que veas, mierda!

¡Yo te digo que no quiero, maldito Kageyama!

¡¿Qué dijiste, bastardo?!

—¿Hinata?

—Dígame, Wakatoshi Ushijima.

Wakatoshi quiso mencionarle que se había detenido y tuvo que regresar a buscarlo, pero por alguna extraña razón la mirada que le estaba dando su acompañante lo hizo guardar silencio. Miró la tienda frente a ellos; era una juguetería para niños y de alguna manera ese lugar provocaba que su interior se sintiera incómodo, sobre todo doloroso, además su cabeza comenzó a sentir una extraña punzada. Hinata vio esa reacción y según sus órdenes prestablecidas se acercó a su amo, lo sostuvo por el brazo y colocó su mano libre en el pecho.

—Wakatoshi Ushijima, ¿desea sentarse? —preguntó analizando el gesto de su amo y sus lecturas le indicaban que sufría—. ¿Qué le duele?

—Es un dolor de cabeza.

—No parece que lo sea.

Miró a Hinata, luego el suelo, se sentía un poco mareado.

—Aun si lo dice, mi sugerencias es buscar un doctor —Hinata agachó su cabeza para ver a su amo que ahora apretaba los parpados—. Puedo llamar al doctor de la familia…

—No, no hagas nada.

—No puedo seguir una orden suya si va en contra de su salud.

Wakatoshi gruñó por lo bajo.

—Iremos al hospital más cercano.

Hinata pidió un taxi para poder transportarse con rapidez, al salir del centro comercial los estaba esperando. El dolor sólo había aumentado con el transcurso del camino al hospital, no sólo palpitaba su cabeza era como si algo lo estuviera comprimiendo y tener su ojos abiertos era imposible.


En cuanto llegaron al hospital Kiyoko tuvo que esperar en la sala de espera de la ala este, las enfermeras y algunos doctores iban de un lado a otro. Conocía el virus H, no era contagioso, además que no era mortal hasta que llegaba a etapa terminal y lo que tenía Tendou apenas se podía decir que era lo superficial. Por eso los enfermeros de la ambulancia se alegraron de verlo en ese estado y no uno peor, aunque para él estar rojo de la cara y azul de las orejas no le suena para nada que "Está bien". Que le explicaran eso a Kiyoko le alivió mucho, claro hasta cierto punto.

—Medicamentos, atención y las horas —susurró Kiyoko al pensar en lo que le cobrarían por ello, ella no sabía si Tendou tenía seguro o siquiera estaba afiliado a uno, suspiró, tendría que sacar dinero del banco desde su celular. Después de tres horas le dieron los objetos de Tendou, el celular estaba muerto, las llaves de su departamento y su cartera con una buena cantidad de dinero, ella la revisó para poder ver si tenía documentación aparte de su carnet de universidad y de ciudadano.

—El paciente podrá salir en un par de minutos —dijo la enfermera con una sonrisa amable—. Dado que el virus H apenas llevaba en su sistema dos días no necesita quedarse en el hospital, puede ir a casa a reposar.

—Ya veo, es bueno oír eso.

—Estos son los medicamentos que necesitara tomar por lo menos dos semanas, cada cuatro horas desde hoy y está es la cita para su próxima inyección dentro de cinco días.

Kiyoko tomó los medicamentos y los papeles, se alegraba de oír que no tendría que quedarse.

—Muchas gracias, ¿cuánto será por…

La enfermera rió suave y dijo—: Satori Tendou tiene seguro, no se preocupe todo ha sido pagado.

—Oh…

La enfermera se despidió y ella volvió a tomar asiento en espera del pelirrojo.


—Lo que puedo decir es que tú cerebro tuvo una reacción —dijo el doctor que leía los expedientes de Ushijima y a su lado una máquina de escribir automática se dedicaba de hacer el informe para ser añadido al expediente del paciente—. Cuando una persona recibe un estímulo de algo pasado hace conexión con ello, trayendo un recuerdo, pero tu cerebro no pudo hallarlo a causa de tu memoria a corto plazo. Tu cerebro en teoría quiso conectarse con un recuerdo y al no encontrarlo, provocó el dolor.

—Comprendo.

—Tuviste un ataque mucho más fuerte hace un par de años —Agregó al ver eso en el expediente, la reacción y síntomas escritos en ese informe parecían bastante más fuerte que el de esa ocasión—. En ese día debió ser algo más emocional.

—¿Eso que quiere decir? —preguntó Hinata que se había mantenido en silencio.

—Sus ataques podría sufrirlos en mayor o menor medida, en realidad seguro ya tienes varios, pero entre menos emocionalmente estén conectados con su persona, menos estragos provoca en la persona.

—Entonces es algo normal —El doctor asintió, Hinata que se encontraba en la pared, cerca de la entrada.

—También puedo ver que tomas medicamentos experimentales —dijo en un tono bastante desaprobatorio.

—No, no los toma —agregó Hinata a cambio, porque podría Wakatoshi no recordarlo—. Los dejó después de la semana en la que provocaron reacciones desfavorables.

El doctor parecía bastante confundido, pero volvió a ver al chico serio a su lado, lucía bastante calmado después del medicamento que le dio para el dolor. Sonrió amable, al parecer no mentían, además los robots ayudante existían para el bien de sus amos.

—Me alegra mucho que no lo haga, los efectos secundarios de ese medicamento son bastante desfavorables, es más aceptable la rutina que han seguido hasta ahora.

—Muchas gracias.

La máquina dejó de escribir y el doctor tomó el papel escaneándolo y enviarlo al expediente real, él tenía una copia ofrecida por la sala de documentación del hospital. Buscó en su cajón su tablón para escribir una pequeña receta.

—Dado que es muy probable que tengas alguno que otro suceso, te recetare un medicamento para el dolor. Tu cerebro funciona y trabaja de la mejor manera, tú última radiografía indica que la enfermedad no ha empeorado y espero no lo haga —Extendió el papel—. Ve a la zona de medicamentos, te darán ahí lo recetado para los dolores. Deben fijarse de pedir ese medicamento en específico en cuanto se acabe el que te ofrece el hospital porque los dolores de cabeza no son normales y además es relajante.

Wakatoshi debía aceptar eso último, le quitó el dolor bastante rápido.

—Medicamento especial, comprendo —Tomó la receta y volvió a ver al doctor—. ¿Los ataques vienen con normalidad e indican que puedo recordar las cosas o podré?

La sonrisa del doctor se volvió un poco apenada y dijo—: No puedo decirte con certeza, cada caso con esta enfermedad es distinta, no podría confirmarlo.

—Entiendo.

—Wakatoshi, muchos de otros casos han recuperado recuerdos de su juventud y tan pronto lo recuerdan…

—Los olvidan.

—También pequeños casos los recuerdos se quedan, pero depende de la persona. El pasado es muy importante sin duda, pero el presente es valorado con más fuerza.

—Muchas gracias, siento molestarlo con estás preguntas —dijo Ushijima levantándose de su asiento.

—Para eso estoy —dijo imitándolo y abriendo la puerta para los dos—. Si tienen algún problema, no duden venir al hospital y buscarme a mí que los atenderé con gusto.

— Muchas gracias por ayudar a mi amo —dijo Hinata quien fue el último en salir.


Dos inyecciones, un suero y dos medicamentos asquerosos, el cuerpo le dolía mucho menos que antes, además el mareo desapareció junto al dolor de cabeza. Pero sus orejas seguían azules, según las enfermeras en la próxima inyección y si tomaba todos los medicamentos volverían a su color natural, que si no lo hacía se volvería moradas. No pudo evitar tocárselas, se miró en el espejo del baño del hospital y confirmar que estaban mucho menos azules que antes.

—Virus H —susurró Satori—. No es mortal si es atendido a tiempo, pero se puede morir. Tal vez Eita me hubiera visto en el funeral…

Sacó la lengua, estaba un poco inflamada y áspera por la inyección, para curarse del virus una de ellas iba en la lengua, la otra fue en el brazo. Además de que no fueron puestas al mismo tiempo, tuvo que soportar el dolor hasta pasar un rato para poder ponerle la siguiente, el suero y seguido vinieron los medicamentos. Su cara no estaba roja ni mucho menos hinchada…

—Da igual —Buscó en su chaqueta su celular y cartera, no estaban. Chasqueó la lengua, estaba seguro de quién sí tenía sus cosas. Cerró más la chaqueta que llevaba porque era lo único que lo cubría y le estaba dando frío, ya comenzaba a sentir la temperatura.

Hinata como siempre esperaba a su amo a una distancia aceptable, Wakatoshi pagaba la consulta y pedía los medicamentos, sólo fue un momento que giró su cabeza en dirección de una persona, su curiosidad nacida de manera silenciosa era la que provocaba esos actos. Alto, cabellos de un rojo intenso y desalineado. Desde esa distancia lucia mucho más pálido y caminaba demasiado lento, como si le costara hacerlo.

—Espero que el delirio sea parte del efecto segundario de los medicamentos o ya me volví loco —dijo con fastidio y cansancio. Ese robot enano estaba en el mismo hospital que él—. ¿Qué más quieren de mí, dioses?

Podía ignorar la mirada ajena y seguir su camino donde estaba Shimizu esperándolo, eso debía hacer, pero se conocía mejor que nadie, así que no se le hizo extraño ponerse frente al contrario, pudo ver que su dueño estaba ocupado.

—¿Qué tanto me miras, enano?

—Lo siento si…

Satori se bufó por la respuesta que le iba a dar.

—No sueltes la típica "disculpa" de que no estabas mirando a nadie —Se cruzó de brazos—. Me estabas mirando y tu teatro de robot no va conmigo.

—Lo siento, no sé a qué se…

Rodo los ojos y lo señaló.

—Sí sabes a qué me refiero, estoy seguro que te entro curiosidad al verme de nuevo —El robot lo miró y sintió molestia por volver a uno de su tipo, le comenzaron a sudar las manos.

—Yo no puedo tener "curiosidad" o algo similar, yo sólo…

—Eres un robot, blablabla, bla. Para con el teatro, robot.

—Me disculpo

Satori rodó los ojos al estar escuchando a esa mata naranja renegar de lo que él sabía.

—Me importa poco la razón del porqué huyes con la cola entre las patas —Satori sonrió con grandeza al ver que el robot dejaba su fachada y lo miraba entre confundido y extrañado—. Lo que oíste, robot. Sé que ocultas algo y huyes como todo un cobarde.

Hinata evitó la mirada sintiendo un dolor en su pecho, desearía que su amo estuviera ahí, pudo escuchar la risa ajena, su pecho se comprimía y sus manos se cerraban en un puño.

—Lo estás haciendo ahora, huyes de mí, como yo lo hago de ti.

—Yo no puedo huir…

—En eso te equivocas —Movió su dedo rechazando lo que planeaba decir el contrario—. Los cobardes se reconocen entre sí, ¿sabes?

Satori miró la figura del robot, podía deducir con la mirada que su textura de piel artificial estaba hecha por la fórmula de la segunda generación, además sus focos de visión igual lucían con esa fabricación. Muchos le dirían que no podría adivinar algo así sólo con mirarlo, pero él lo adivinaba por instinto, de la misma manera cuando bloqueaba cuando jugaba voleibol en preparatoria, claro que también lo ayudaba que hubiera estudiado mecatrónica. Su intuición seguía más viva que nunca aun estando enfermo, era lo que más se había mantenido con los años y en está ocasión su instinto le decía que el robot tenía cola que le pisaran.

—Sea lo que sea a lo que tengas miedo o estés huyendo, me tiene sin cuidado —Soltó con unas ganas de vomitar, comenzaba a creer que al estar demasiado tiempo con ese ser le enfermaría más de lo que ya se encontraba y tal vez lo mataría por dentro.

—¡Yo no soy… —Hinata se detuvo, se había movido por el sentimiento que se acumulaba con cada palabra ajena y había alzado la voz, pero se detuvo antes de llamar la atención de alguien aparte de ese pelirrojo.

—Lo eres —Afirmó Tendou—, aléjate de mí y si me vuelves a ver actúa como lo que quieres ser y déjame en paz.

Con eso dicho, se metió las manos a los bolsillos de su chaqueta, el autómata sólo había bajado la mirada, se retiraba, no quería verlo más.

—No eres un robot y aun así cómo sabes…

—No te interesa —dijo en respuesta sin voltearlo a ver—. Y si quieres seguir en ese teatro, no te intereses por nadie más y no intentes averiguar cosas, enano.

—Yo no puedo ser un cobarde dado que soy un robot, no tengo emociones.

—Exacto, sigue así —dijo con entusiasmo falso y siguió su camino.

«Porque ambos somos cobardes» pensó Hinata sin poder evitar mirarlo partir, apretó sus manos y labios.

—Pero no quiero ser un cobarde —susurró.


Editado el día 03/Marzo/2018

No es un fanfic de Haikyuu si no salen muchos personajes de Haikyuu. Bokuto y Oikawa no estaban planeados en un principio. XD Pero me ayudaron mucho en salir de mi bloqueo, estuve todo octubre queriendo continuarlo. Escribí, escribí y nada. Ya saben, que tienes la idea, pero tus manos no escriben lo que piensas.

¡Hay una chica que hizo un dibujo de mi fanfic! ;A; Del capítulo 5 y es el recuerdo de Kageyama y Hinata mirando el cielo estrellado. Me pareció súper lindo. ;—; Lo malo es que aquí no puedo compartirlo, pero les juro que es bello. ¡Demasiado hermoso! ;—; No puedo y no creo merecerlo, soy bien pinche feliz. Seguiré esforzándome en continuar este fanfic para que siga gustando. /o/

Pueden buscar a la artista en Instagram y Twitter como Pan de leche.

Bueno, ya saben. Si quieren decirme algo o no, todos sus comentarios serán bienvenidos.

Larga vida y prosperidad.