Todos los personajes no me pertenecen, todo es obra y propiedad de Pink Hanamori y Michiko Yokote.
DECIDAS LO QUE DECIDAS, ES TU VIDA.
Y ESA DECISIÓN LA CAMBIARÁ.
CAPÍTULO 8 - DECIDIR QUERIENDO
"Sola..."
Una voz resonaba en su cabeza mientras permanecía con los ojos cerrados. Ajena a lo demás, sin saber donde estaba. El ambiente a su alrededor se sentía muy frío, como si estuviera indefensa ante lo que vendría.
¿Qué vendría?
Ella no lo sabía, pero no sería nada bueno.
"Estás muy sola."
Abrió los ojos curiosa por saber quien la llamaba en donde fuera que estuviera.
La luz de alrededor contrastaba perfectamente como para no ser muy tenue pero tampoco siendo muy deslumbrante. Se agrupaban una cantidad de colores diferentes, siendo el azul, verde, violeta y el blanco los que más destacaban. A su alrededor sólo se divisaba el espacio lleno de colores, como si fuera un océano lleno de color, y ella como la princesa de la perla rosa que era dentro de él. Sabía que no flotaba en agua, además de que los colores no se asemejaban en lo absoluto a los del océano, no llegaba a sentir la sensación húmeda de estar envuelta por las corrientes marinas de su reino.
Cuando todo a su alrededor cobró forma volvió a escuchar la voz que le había hablado, diciéndole algo que ella misma, muy dentro de si, sabía "Estás tan sola".
Ya lo sabía, estaba tan sola como si la hubieran dejado a su suerte en lo más profundo de la profundidad oceánica. Al menos así es como se sentía.
Fría.
Abandonada.
Sola...
Y de nuevo, siendo en este punto una tortura molesta, volvió a sonar esa voz, en la que por primera vez prestó atención con la intención de reconocerla. Su tono era lo más sereno posible, sin ninguna intención más que informarle sobre su soledad; sin un verdadero propósito, ni gentil ni cruel. Aquella voz era, claramente, la de una mujer; puede incluso que fuera la de una niña, pero a pesar de su tonalidad infantil se asemejaba muchísimo a la de un mujer adulta que a la de una niña.
LUZ: ¿Sabrías decirme algo que no supiera?- Quería decirlo rápido y, al igual que la voz, sin demostrar ninguna emoción; pero sin saberlo demostró al decirlo la ironía que sentía.
"¿Cómo podría saberlo?"
LUZ: Si no sabes nada, además de lo sola que puedo estar, mejor márchate y no vuelvas.
"¿Quieres qué vuelva a desaparecer de tu vida?"
LUZ: ¿De qué hablas?- Preguntó girándose, viendo para su sorpresa como estaba totalmente sola allí.
"Ya te lo dije, estás sola."
LUZ: ¡Ya lo sé! ¿Qué quieres conseguir diciéndome esto?
"Tienes que crecer. No sólo basta con haber celebrado tu mayoría de edad."
LUZ: Ni siquiera a sido celebrada. No merezco ser llamada sirena adulta.
"Deberías saber que tener una cantidad de años, no te convierte en una persona adulta, Luz."
La joven se quedó por unos momentos estática mirando a la nada.
LUZ: ¿C-Cómo sabes mi nombre?
La voz se rió de las palabras de Luz, como si la princesa debería saber la respuesta, pero no conseguía recordarla.
"¿Cómo no iba a saberla?
Antes de que alguna de las dos pudiera volver a articular palabra, todo el espacio que rodeaba a la sirena rosa fue opacado por un haz de luz de color dorado, similar a la señal característica de la tribu de Panthalassa.
Tuvo que cerrar los ojos para evitar que sus ojos se vieran totalmente cegados por aquella luz, y cuando supo, detrás de sus parpados cerrados, que aquel foco se había disolvido volvió a abrir los ojos, sólo para horrorizarse viendo la destrucción de su alrededor.
Flotando en el mar enfrente de un castillo azul envuelto en destrucción Luz no podía ni siquiera pararse a pensar en que estaba sucediendo. Quedó totalmente paralizada mentalmente por lo que veía; era tan real que no sabía si todo esto podría ser producto de su imaginación o algo similar. Rogaba que fuera así, pero todo era tan real que le costaba diferenciar esa clara, pero ahora oscura, línea entre lo verdadero y lo falso.
Detrás suya escuchó voces que se reían con motivo de celebración, y por puro instinto se giró, viendo los rostros que se escondían detrás de las carcajadas. Su padre, Hippo y muchos más tritones de la armada reían entre ellos, celebrando algo desconocido para Luz. Antes de abrir la boca, para poder preguntarle a alguno sobre que ocurría, el rey, quien llevaba un cetro con punto de espada, se giró para mirarla con una alegría que rayaba la euforia.
KAITO: ¿Qué ocurre, querida? ¿Acaso no te ha gustado tu regalo?
LUZ: ¿Regalo?
El rey posicionó su brazo alrededor de los hombros de Luz, girándola hacia el paisaje destruido del Océano Atlántico Sur. Ella lo miró con miedo y angustia a pesar de la sonrisa que no abandonaba la cara del panthalasssa.
KAITO: ¡Fijaos!- Gritó llamando la atención de todos los que se agalopaban a su espalda.- ¡Un príncipe peleón!
Todos se rieron, dejando a la princesa descolocada, ante las palabras de su padre. No podía ver a lo que se refería hasta que el mismo que la tenía sujeta por los hombros, sujeto su mentón y dirigió su vista a el foco de burla. Ambos armados con un tridente, cada uno del color al que pertenecía su perla; Marino y el Capitán del Pacífico Norte chocaban ambas armas preparados, cada uno para acabar con su adversario. Se podía notar a leguas que el Capitán se estaba reservando totalmente ante el príncipe, sin dar todo lo que sabía tratando de evitar lo peor.
KAITO: Ideales de un traidor... En fin.
LUZ: ¿Qué...
KAITO: Tranquila, todos los que osaron poner sus manos encima tuya o de nuestro palacio están apunto de ser totalmente eliminados. A punto... - Después de soltar con rabia aquellas palabras, sin darle tiempo a reaccionar, Luz sintió como el rey acababa de lanzar el cetro hacia el tritón azul, a quien atravesó como si su piel estuviera hecha de pura plastilina. No tomó mucho tiempo para ver como Marino soltaba el tridente que llevaba en su mano, para inmediatamente después caer sobre la superficie lisa de la entrada destruida de aquel palacio.- Lastima que ese estúpido de Capitán no haya sido capaz de rematarlo,- soltó con un asco que parecía haberse pegado a quienes miraban, a los lados de ellos- ahora, por su culpa, tendré que limpiar mi cetro hasta sacar cualquier marca que hayan dejado las entrañas del ex príncipe.- Las carcajadas que siguieron a ese comentario no se hicieron esperar, mientras que en medio de aquella escena sacada de una pesadilla, Luz lloraba agazapada, lejos de los brazos asesinos del que era su padre. Las carcajadas seguían sin cesar detrás de ella, ocultando su terrible llanto.
...
¡Luz! ¡Luz!
...
¿Otra vez aquella voz?
No... Esta vez no era esa voz femenina, ahora era una voz que parecía angelical, a pesar de parecer angustiada y estar gritando, lo que le transmitía era tranquilidad y paz.
...
¡Luz! ¡Despierta!
...
¿Despertar? ¿Cómo era posible?
Estaba durmiendo y consciente al mismo tiempo, de eso no cabía duda.
Tenía que despertar YA. Pero ¿cómo?
No podía ser tan difícil.
(...) (...) (...)
MARINO: ¡LUZ!- Zarandeándola en aquel sofá azul celeste, el príncipe (en su forma humana) intentaba despertar a la joven que se retorcía gritando entre sueños.
Luz gritó a la vez que se despertaba, enfocando su vista en el príncipe quien seguía enfrente suya sin apartar la mirada.
Desde que habían llegado a la superficie Luz no había dejado de sorprenderse por lo que veía a su alrededor. Después de que el carruaje se fuera por donde había venido, salieron a tierra firme, donde por primera vez Luz vio el cielo y la ciudad que se extendía fuera de aquella masa de agua a la que llamaba hogar. El cielo se encontraba dividido, debido a el atardecer. Si miraba a su horizonte podía ver un cielo azul claro que en su centro albergaba un resplandor luminoso que cegaba muchísimo más que cualquier símbolo panthalassa, en cambio si levantaba la vista podía ver como, al igual que el mar, una enorme extensión de azul la cubría, pero notaba algo diferente, y es que mientras que de donde ella venía todo era de un simple color, que a veces se intercambiaba entre más o menos claro, aquí además de contar con ese precioso color, adornándolo había una especie de manchas esponjosas rosáceas; de las que aprendería que se llamaban "nubes". Cuando terminó de maravillarse con el nuevo paisaje que la acompañaría, descubrió que no sólo se quedaría allí el asunto, sino que también subirían a tierra firme. Hanon le advirtió de que no debería salir así como así fuera, debido a que nunca había salido del mar antes y la primera vez... Bueno digamos que se sale completamente "al descubierto", cosa que no entendió Luz hasta que salió por primera vez al exterior y se vio completamente desnuda, desnudez que habían conseguido tapar Zafiro y Hanon improvisando con los abrigos que tenían ambas. Otro problema que les había surgido era que al intentar ponerse en pie la princesa rosa no conseguía mantener el equilibrio y acababa cayendo al suelo. Para hacer tan evidente su salida y ahorrarse problemas relacionados a su identidad como sirenas, y tritón, se ocultaron hasta poder marcharse a casa en una gruta cerca de la orilla, lo bastante grande como para no verse desde la misma.
Cuando llegó el momento de volver a casa de la familia Shirai Hosho, necesitaron la ayuda de Marino para llevar hasta su destino a Luz, debido a que tardarían muchísimo menos si era tomada en brazos hasta allí en vez de ser ayudada; ya tendrían tiempo de practicar si es que decidía quedarse allí. La única suerte que habían encontrado ese día fue que a donde se dirigían estaba muy cerca de la costa en la que habían emergido, y debido al día (24 de diciembre) no había demasiado bullicio debido a, seguramente, los preparativos en cada hogar para la noche buena; por primera vez la suerte les acompañó durante todo ese día...
Luz no paraba de mirar fuera de los brazos de Marino cada edificio que pasaban de largo, siempre haciéndose millones de preguntas; ¿Para que servían? ¿Cómo se sostenían? ¿Eran todos casa para humanos? La chica no sólo se preguntaba aquello, también había notado que fuera del agua, hacía muchísimo frío, cosa que le hizo llegar a la conclusión del por qué llevar "tanta" ropa. Tenía tantas cosas que preguntar que no sabía por donde empezar; parecía que allí, en ese nuevo mundo, nadie podría encontrarla, ni siquiera su padre.
Cuando Marino paró su camino Luz le miró por un momento antes de escuchar como una puerta se abría a su frente, girándose para ver que ocurría. Al abrirse completamente, del interior salió un humano que, si bien no era idéntico al príncipe de la perla agua marina, el parecido era innegable. Su padre. Les miró a todos sin dedicar una sola palabra, esperando a que alguien hablara, pero nadie lo hizo; hasta que Hanon pasó de largo tocando un hombro de su marido diciéndole "Ahora de lo explico."
Tal como lo prometió, después de entrar en aquella casa y acomodarse todos como es debido (dejándole Zafiro a Luz uno de sus tantos pijamas) Hanon le contó a Nagisa, delante de todos, lo que había acaecido en el Pacífico Norte, añadiendo como único final la decisión de Luz a partir de ahora. A pesar de que, evidentemente, cuanto antes supieran esa decisión antes podrían tomar las medidas necesarias para la seguridad de todos, nunca la presionaron durante esa tarde y lo que restaría de día, pero si deberían saberlo al día siguiente. Sabiendo esto Luz, quedó como había permanecido durante toda su estancia en la superficie, en total silencio, sentada en el sofá celeste del que no se movería hasta que fuera totalmente necesario.
Habían llegado alrededor de las siete da la tarde y según había escuchado de los padres de Marino, Luz llegó a la conclusión que donde se encontraba, la noche de su cumpleaños era un preámbulo para la Navidad y allí se celebraba en compañía de la familia. Durante toda la tarde-noche, Hanon, Nagisa y Marino llegaron a la conclusión de que por muy extrema que fuera la situación no debían angustiarse, el rey de Panthalassa no tenía ningún poder en el mundo humano, así que estaban a salvo, y dentro del Pacífico Norte tenían, o por lo menos creían tener, la ayuda del Capitán de la Guardia y Sheru, dama interna del palacio, por el momento no debían preocuparse por la seguridad del Atlántico Sur. Intentando recuperar un poco la tranquilidad que habían perdido ese día, Hanon decidió que no sería mala idea seguir todo bajo la normalidad que tenían planeada desde un inicio, yendo esa noche a cenar con toda su familia; invitando por supuesto a Luz. Al hacerlo, la joven princesa de la perla rosa, intento disculparse diciéndole con vergüenza y algo de miedo, que prefería quedarse en esa casa; Hanon no le puso impedimentos a su decisión, siendo seguida por su hijo mayor quien les dijo que tal como estaban las cosas en relación con su nueva forma era mejor que, por ahora, se mantuviera tranquila en casa. Y como última decisión Marino decidió quedarse con Luz en casa, para que no estuviera sola en un lugar que era totalmente desconocido para ella; Zafiro también intentó quedarse con su hermano y la invitada, pero después de explicarle la importancia que tenía el que todo pareciera normal para su familia y amigos, Zafiro alejó su capricho y decidió comportarse con total normalidad.
Después de haberse marchado rumbo a casa de sus abuelos, Zafiro y sus padres mantendrían todo bajo control sin necesidad de alterar a nadie. Mientras ellos disfrutaban de una noche buena, Marino y Luz permanecían en casa, cada uno pendiente de sus preocupaciones. Marino había estado desde que se fueron sus padres pendiente de la joven princesa, quien no se movía del sofá por miedo a volver a caerse si se intentaba poner en pie; cuando hizo su propia cena, por unos momentos pasó por su mente la idea de preguntarle que quería ella, pero pronto se dio cuenta de que la sirena no conocía, muy probablemente, ninguna comida terrestre, así que probó a la suerte indagando en el frigorífico buscando si de la comida habían quedado sobras, encontrándose con un bol lleno lo suficiente como para cenar ambos. ¿El plato a servir? Ensalada de bocas de mar. Pensó que no sería ni muy fuerte ni muy soso para ella, él conocía platos marinos que podían compararse a esa ensalada, así que por lo menos intentaría que no fuera algo tan desubicado para Luz como lo podría haber sido una pizza barbacoa... Al dárselo, la ojiazul, miró el plato con curiosidad preguntándose que podría ser, y sin la más remota idea de lo que podría tratarse le preguntó a quien se lo ofrecía: "¿Una comida tradicional del Atlántico Norte?" Marino no pudo evitar reírse con la pregunta, pero le respondió aclarándole que definitivamente en su Océano nunca había comido aquello, sólo era una comida ordinaria de la superficie; posterior a esa situación, él le intento explicar haciendo una comparación con otro plato que ella conocía perteneciente al mar, proporcionándole más confianza a la hora de comer. Durante toda la cena, Marino respondió todas las preguntas que la sirena le preguntaba una detrás de otra: "¿Qué es eso de "noche buena"?" "¿Por qué hay tantos edificios enormes?" "¿Cómo consigues mantenerte en pie sin caerte?" "¿Podrías explicarme que son todos los muebles que no entiendo? ¡Por ejemplo! Esa cosa de la que has sacado la comida. ¿Y por qué está tan fría? No, mejor. ¿Por qué hace tanto frío?" "¿Por qué mi pelo es aquí mucho más corto? Como el de tu madre y tu hermana, y tu en cambio lo tienes igual... ¿¡Por qué!?"; Marino intentó responder con el mayor entendimiento a la curiosa joven quien, cuando respondía una de su tantas dudas, salía con otra que él respondía con la misma calma que la primera. Al terminar aquella ronda de preguntas, ambos quedaron sentados en el sofá hablando sobre lo curioso que había sido que ambos se hubieran conocido, lo asemejaron a la historia de los reyes pero desde un enfoque diferente; desde su enfoque. Estuvieron hablando, intentando ayudarse a encontrar la respuesta que Luz buscaba pero el agotamiento la venció y se dejó caer en uno de los reposa manos del mueble y cayó en los brazos de Morfeo. El príncipe la dejó dormir, arropándola con una de las mantas dejadas caer detrás de él, en el respaldo azul celeste; cuando despejó su mente de todo a su alrededor, volvió a fijar sus pensamientos en el principal problema que les caía en los hombros, resumido en dos palabras Pacífico Norte. Queriendo asegurarse de lo que pasaba o abría pasado en el aquel océano quiso llamar a Bayoleth para saber a lo que se enfrentaban pero cuando se fijó en la hora eran más de la una de la madrugada y no quería molestarla. Pensó seriamente en hacerlo, pero nadie debía pagar por su supuesto error, además de que la princesa violeta ya se había puesto en evidencia alertándoles sobre su persecución como para seguir molestándola. Al día siguiente, cuando todo estuviese dicho entonces harían todo lo que deberían hacer. Cuando estaba a el borde de caer el, por igual, ante el sueño, notó como Luz se había movido en sueños dándole una fuerte patada. Pensó que sólo sería un espasmo que pasaría de vez en cuando, pero a esa le siguieron, al menos, quince patadas, y para cuando se quiso dar cuenta Luz había empezado a quejarse en sueños, intentando despertarla Marino la zarandeó llamándola con suavidad intentando que se despertara, pero por mucho que la llamara no despertaba. Lo intentó tantas veces como pudo, hasta que ella empezó a gritar como si estuvieran torturándola. Viendo impotente la situación el príncipe empezó a llamar por su nombre a la chica alzando más la voz, sin saber que otra cosa podría hacer. Para su suerte Luz al fin despertó mirándole directo a los ojos, como si buscara otra respuesta que no podía encontrar.
(...) (...) (...)
Azul y gris se observaban sin despegar la mirada uno del otro. Ninguno entendía muy bien lo que acababa de pasar, uno por desconocimiento y otro por la inestabilidad mental que estaba sintiendo después de aquella grotesca pesadilla. Estaban en una situación de expectación, cada uno queriendo que el otro dijera algo para poder salir de ese silencio.
Por unos minutos no se escuchó más que el sonido de la respiración agitada de Luz, quien al cabo de unos minutos no se detenía sino que empeoraba, pareciendo que en cualquier momento, después de tanto hiperventilar, podría llegar a marearse. A su lado, Marino no se podía mover de la impotencia que sentía, de nuevo volvía a caer en la desesperación de ver a alguien que amaba sufrir. Por muy hombre que fuese, todavía seguía siendo muy niño a la hora de reaccionar en estas situaciones de estrés y frustración; al igual que su madre. Sintiendo aún esa falta de velocidad de reacción el príncipe abrazó a su princesa esperando pacientemente a que dejará de llorar. Nadie decía nada, se dedicaban a abrazarse en aquel sofá esperando a que todo pasase. Viéndolos, parecían simples niños pequeños que esperaban a que su madre les abrazara y dijera que todo estaría bien, que todo se iba a arreglar. Pero NO. Desgraciadamente esto no parecía que se podría solucionar de una manera en la que todos fueran felices; por ahora era imposible.
Marino podía sentir como poco a poco Luz dejaba de respirar con tanta necesidad como la consumía hacía tan poco. Aunque la princesa parecía calmarse Marino no la soltó en ningún momento. Mientras que ella no intentará soltarse, él seguiría allí confortándola.
LUZ:Dime...- Al decirlo su voz se entrecortó, dejando al desnudo el miedo que sentía.- ¿Qué quieres que haga?
MARINO: ¿Qué que quiero que hagas?- Luz le respondió con un "ujum" esperando todavía su respuesta.- ¿Qué quieres hacer tú?
LUZ: No lo sé.
MARINO: Tienes que saberlo. ¿Quieres volver a tu océano?- Al escuchar esa frase, Luz sintió un cúmulo de sensaciones, por una parte, miedo por la posibilidad de volver a ver a su padre, por otro lado, sentía que si volvía podría "salvar" a los de la perla aguamarina o por otro lado ponerlos más en peligro (no sabía como actuaría su padre y pensarlo sólo podía imaginarse un final trágico para con Marino, o su familia). Sabía que si volvía se estaba condenando a ella misma a vivir una vida solitaria al lado de su padre y los que habitaban el castillo, además de soledad se arriesgaba a estar bajo la mano firme de su progenitor y no sólo eso si no que también a vivir con la culpa de romperle el corazón a quien amaba.- Porque si es así, estoy dispuesto a llevarte de vuelta ahora mismo.
La joven sirena abrió los ojos como platos. ¿Sería capaz de poner su vida en peligro por ella? Mucho temía que sí.
LUZ: No quiero volver. Pero...- Antes de empezar a explicarse, se separó de los brazos del príncipe, sin soltar del todo sus manos, siguiendo unidas.- No se trata de lo que quiera, se trata de lo que deba hacer.
MARINO: Por primera vez no.- Luz volvió a mirarle fijamente.- Escucha. Te estamos dando la oportunidad de elegir tu futuro, así que no la desperdicies pensando en los demás ¿quiéres?
- Si tu mayor preocupación es la seguridad del Atlántico Sur, no te preocupes. El rey no podrá, ni por asomo, hacer daño a mi perla. Por mucho que él así lo deseé, no tiene ninguna razón para atacarlo, y si lo hiciera cavaría su tumba. Todos, y cuando digo todos son TODOS, los océanos estarían en su contra si por algún casual se le ocurre atacar una perla sin una razón de peso.
LUZ: Y... ¿Las demás princesas? Ellas lo vieron todo, ¿O no?
MARINO: Te puedo asegurar que todas son de confianza, y aunque no fuera así, ellas mismas se dejarían en evidencia al no haber hecho nada para parar a unos criminales.
LUZ: Si decidiera quedarme-
MARINO: Ya está decidido.
LUZ: ¿Cómo vais a conseguir que él no me encuentre?
MARINO: Tu perla...- Apretó un poco las manos de la chica intentando transmitirle la calma que poseía.- Tenemos que deshacernos de ella. Podrían localizarte con...
LUZ: El detector de perlas... Sí, ya lo se.- Luz cerró los ojos bajando la mirada- Osea que ya no seré una princesa.- Al decirlo sus sentimientos en relación con esa palabra salieron a flote, dejando a relucir que por mucho que llegará a aborrecer su función había encontrado sentimientos en el significado de aquella perla.
MARINO: Ya no pertenecerás al Pacífico Norte, serás libre.
La princesa subió su vista hacia él, quien la miraba decidido, expresando que sus palabras eran verdaderas y no una mentira pasajera.
Sí, era cierto. No sólo perdería su título, ganaría algo que escapaba a la felicidad que podría dar el ser princesa de un océano o próxima de los mares, conseguiría su añorada libertad; a la que no dejaría escapar.
(...) (...) (...)
Aquella noche de invierno, una princesa dejaría de existir a ojos de su pueblo, para poder seguir como nunca antes pudo: libre y llena de felicidad. Felicidad que por otra parte siempre le fue negada.
Aquella noche de invierno, una perla se perdería en el océano llevada por las corrientes; dejando un rastro falso hacia una princesa que ya no existía.
Aquella noche de invierno se perdería otra alma rosa, arrastrada por el amor hacia un nuevo mundo de otro color.
Aquella noche de invierno se oiría en el océano una melodía que llevaba años perdida.
Sentada en una roca a lo lejos de la costa, una mujer llena de melancolía miraba como una pareja, ella de pelo naranja y él de pelo aguamarina, tiraban un objeto imperceptible a la vista, pero que para ella estaba más que claro y resplandecía como las estrellas.
Aquella mujer siguió mirando como aquellos jóvenes fijaban su vista en el mirador por donde habían hecho caer aquella gema única. Dejando de mirar a aquel vacío ambos se abrazaron dejando a la luz la felicidad que sentían, algo que ella notó.
Seguía cantando aquella canción, que en sus labios parecía una melodía antigua, que sonaba ahora queriendo hacer el tiempo retroceder y que por mucho que lo intentara no lo conseguiría. Entonándola observó como desaparecían por donde los había visto aparecer, como si los hubiera estado esperando.
Como si hubiera sido un simple recuerdo, la mujer desapareció dejando tras de si un aura brillante, la cual se juntó con las estrellas haciéndolas brillar con mucha más fuerza.
Antes de desaparecer dejó impregnada en el aire la última frase de aquella canción que sonaba tan lejana...
Nunca jamás... La voy a olvidar.
CONTINUARÁ...
