Destino.

Últimamente no dormía mucho. Esa noche era la excepción. La miraba dormir. No era la primera vez. Se había pasado incontables noches observándole, invadiendo sus sueños, no sin algo de culpa. Le quería... Y algo parecido a la tristeza empezaba a nacer dentro de él ante la idea de dejarle ir. Pero así tenía que ser. Había ya demasiadas señales. Signos de que los engranajes habían empezado a ponerse en marcha de nuevo, luego de que algo imprevistamente les detuviera hacía ya más de 6 años. Y esta vez no se detendrían. Se preguntaba si él mismo lo había entorpecido todo. Si era así, se hubiese dado por satisfecho.

Erika tenía un insomnio brutal. Estaba nerviosa casi todo el tiempo. Se había bloqueado y no era capaz de pintar nada que no fueran ángeles o imágenes del infierno. El poco sueño que lograba conciliar estaba plagado de pesadillas. Todo indicaba que había llegado el momento de que se marchara. Y ese día llegó.

Elizabeth se apareció en su despacho. Había un proyecto para restaurar una antiquísima iglesia. Una de las primeras construidas en América. Estaba en Nicaragua, cerca del volcán Masaya. Nadie entendía por qué alguien tendría interés en restaurar una capilla que desaparecería a la primera erupción volcánica, pero aparentemente era algo relacionado al turismo. Gente muy importante invertiría mucho dinero en ese proyecto y Sanders había sido consultada para sugerir los nombres restantes para completar el equipo de trabajo. Y Erika era su mejor artista. En particular cuando se trataba de obras de carácter religioso.

-Pero aún no he terminado bellas artes….-advirtió Erika.

-Lo sé…- le respondió Sanders…-Por eso es que te enviaré con el equipo de arqueología. Luego, te asignarán a restauración…


-¡¿CUÁNTAS VECES….EDWARD?! DIME CUÁNTAS VECES….-le gritó furiosa.

-Quieres calmarte, nena…

-¡NO ME DIGAS NENA! ¡NO SOY TU NENA! GUÁRDATE ESE APODO PARA ESA ZORRA…

-Haces un escándalo por nada… solo era una stripper…

Ella le abofeteó con todas sus fuerzas….Él cerró sus ojos y se limitó a exclamar:

-¡Auch!- era casi como si se burlara de ella.

Es que Erika había descubierto a su chico en un club nocturno. Y como si eso fuera poco él se comportaba con una pasmosa naturalidad.

-Estaba aburrido. Solo fui por un trago…

-¡NO! VAS POR UN TRAGO A UN BAR, NO A UN CLUB DE NUDISTAS… -dijo llorando rabiosa.

-¿Quieres detenerte a pensar por qué estás enfadada? ¿Estás enojada conmigo?... ¿o simplemente te desquitas conmigo…?

-¿De que me estás hablando…?- le interrogó ella tratando de contener la rabia que sentía.

-Mírate. Te has visto. Ya no duermes, ni pintas. Estás triste…Ya no eres feliz...

-No estoy triste, es que… yo… me siento perdida…

- Lo ves. Eso es lo mismo que no ser feliz…Tienes que irte…

-¿Ya no me quieres?- preguntó atemorizada

-Si. Te quiero. Pero tienes que respirar otro aire. Esto no te está haciendo bien…

-Pero no quiero perderte.-confesó angustiada. -Aunque seas un cerdo…-acusó ella empujándole.

-Ni yo a ti…nena… pero a veces tienes que seguir adelante. Y quién sabe… tal vez algún día nuestros caminos se crucen de nuevo.- la consoló secándole las lágrimas con su dedo índice.- Pero yo no puedo decirte qué hacer. Debes hacerlo por ti misma…- trataba de sonar lo menos cruel posible.

De más esta decir que ella durmió aquella noche. A la mañana siguiente le miró fijamente y dijo con una enorme tristeza y lágrimas contenidas a la fuerza en sus ojos:

-Lo he decidido. Me marcharé.

Unas semanas más tarde todo estaba listo para su partida. Se había deshecho de la mayoría de sus cosas. Incluso de su otro amor. Había entregado su Camaro a Julian.

-Sé que tú lo cuidarás bien.- Le había dicho al entregarle las llaves adornadas con una calavera de ojos rojos.

No quería viajar muy pesada. El dolor por separarse del hombre que más había amado era un equipaje lo suficientemente difícil de llevar para ella.

-Quieres que te acompañe a la estación- le preguntó Ed el día de su partida.

-No. Prefiero despedirte aquí…si no te importa. Será menos doloroso, supongo.

Él estuvo de acuerdo. Pero cuando llegó la hora en que supo que el autobús partiría no pudo contener el impulso de confesarle que no estaba seguro de que ese viaje fuera lo correcto.

En un parpadeo se encontró ahí. Buscó el andén rogando que no se hubiese marchado aún. La encontró, estaba a punto de abordar. Corrió hacia ella.

-¡ERIKA! ¡ESPERA!- gritó con desesperación.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Nena…lo siento mucho…- la angustia se leía en sus ojos.

-No entiendo, ¿de qué me hablas?

-Quisiera que las cosas fueran diferentes…quisiera saber que esto lo correcto… y te juro que si lo supiera te lo diría… pero no lo sé… lo juro…

Ella le escuchaba desconcertada.

-No entiendo de qué hablas…

-Quisiera que todo fuera más fácil…Ojalá pudiera evitarlo…

-¿QUÉ COSA?

-Lo siento. De verdad. Cuídate. Por favor. Cuídate.

-Lo haré. Te lo prometo. Pero debo irme.-le dijo acariciando su cabello rubio.

-Si. Lo sé…

Y sin apartar la mirada de sus ojos dorados, subió al autobús que la llevaría a Washington. Allí tomaría el avión hasta Nicaragua. No sabía cuanto tiempo pasaría en ese lugar. Pero intuía que nada sería lo mismo…