Capítulo 9: Cómo pueden ser cálidos los sábados invernales

I

Era un hermoso sábado invernal. Realmente lo era. Tres semanas para Navidad, la primera capa de nieve estaba recubriendo la tierra.

Remus amaba el invierno. Podía leer, acurrucado en su habitación y nadie lo cuestionaría, o su décima taza de chocolate caliente. Prefería mucho más el frio al calor. La mayoría del tiempo.

Claro que despertar adolorido y además congelado, en el piso de la Casa de los Gritos no era una experiencia agradable, ¿pero cuando lo eran las trasformaciones?

Remus odiaba este tipo de días, pero ya que no podía hacer nada al respecto, raramente lo oías quejarse. Al contrario. Siempre tenía una sonrisa o decía una broma, cuando veía el rostro preocupado de sus amigos. No deberían tener que preocuparse por eso. Era su carga, no era necesario arrastrar a otras personas aún más de lo que ya habían sido arrastradas.

Siempre estaba esa inaguantable culpa cada vez que veía algún rasguño o una herida en el cuerpo de sus amigos. Le daba miedo de muerte. El pensar en hacer eso, siendo el mismo o no. Le asustaba interminablemente que algún día podría… podría cruzar… podría hacer…

Laso escalofríos recorriendo su lastimado cuerpo no tenían nada que ver con la temperatura bajo cero. Mientras yacía en el suelo helado en silencio mirando a Sirius que echaba un vistazo por la ventana a los copos de nieve afuera, se dio cuenta que esto, esto aquí era su peor pesadilla.

No, no Sirius. Marcas. Marcas sobre todo el torso desnudo de Sirius.

"¿Qué sucedió?" pregunto Remus su voz ronca y chirriando dolorosamente.

Sirius se dio la vuelta rápidamente y una sonrisa iluminó su rostro despreocupado.

"¡Estas despierto! ¡Genial!" Se acercó hacia Remus y se sentó a su lado corriendo un mechón de cabello que le cubría los ojos.

Remus noto lo gentil que eran esos dedos aunque estaban fríos.

"Estas herido." Murmuro estirando su mano hacia un corte especialmente largo en el pecho de Sirius.

Los músculos se contrajeron bajo su tacto y él retiró su mano de inmediato.

Sirius pareció tomar un tiempo para responder.

"No es así. Tú lo estas." El chico frunció el ceño mirando a su amigo licántropo. "Odio verte así Lunático. Desearía…"

Remus habría jurado que vio agua en las pestañas de Sirius, antes que el chico cerrara los ojos y luego pestañeara. Remus no entendía como Sirius seguía preocupándose por él después de resultar herido una y otra vez.

"¿Tienes frio?" pregunto Sirius después de un rato.

"Sirius, estas herido, al igual que congelado, y no estas usando nada además que parece que no dormiste en toda la noche. Porque no nos encargamos de ti primero." Dijo Remus tratando de sentarse sin gemir cuando el dolor en sus músculos pareció partirlo por la mitad. Un pequeño gemido escapo pese a su esfuerzo y los ojos grises de Sirius se nublaron más de lo normal.

"Lunático," le advirtió Sirius con dientes apretados.

"¿Que? No puedo estar aquí todo el día." El licántropo miro hacia abajo y noto que no solo estaba cubierto con una manta sino que también con la camisa y la túnica de Sirius. Se las saco ofreciéndoselas de vuelta a su amigo. Trato de ignora el dolor en su torturada piel al ser golpeada por el aire frio cuando se levantó.

Remus murmuró algunos hechizos de sanación apuntando su varita hacia el pecho de Sirius y se sintió aliviado al ver que los rasguños desaparecieron.

II

Sirius vacilante se puso su ropa, sabiendo que discutir seria inútil. Observo al otro chico cojear hacia la ventana, sus ojos recorrieron los moretones en la piel en su espalda. Exalo un suspiro tembloroso a consecuencia del frio, y de muchas otras cosa diferentes dentro de él.

La manera en que las cicatrices y las heridas marcaban la pálida piel del chico de ojos dorados era terrible, no porque luciera terrible, sino porque eran signos de lucha, de algo de lo que Sirius no podía proteger a Remus.

Y por lucir terrible… Sirius dudaba que alguna vez la piel de Remus luciera terrible. O cualquier parte de Remus. Ahora estaba especialmente convencido de eso, ahora que tenía la oportunidad de recorrer con sus ojos libremente la piel del chico. ¿Chico? Esa palabra difícilmente calzaba aquí. Después de numerosas transformaciones había estado obligado a desarrollar un cuerpo fuerte, lo quisiera o no. Y así lo hizo Remus haciendo las mañanas de Sirius después de una luna llena mucho más difíciles.

Sirius sentía su piel hormiguear en lugares previamente tocados por Remus y contuvo un pesado suspiro.

Esto no era saludable. Esto no era normal. Control era necesario y Sirius tenía que practicarlo.

"Estamos atascados aquí, ¿No es así?" Pregunto Remus y se giró a mirar a Sirius.

"Así es." confirmo Sirius.

Era un caso muy raro que Madame Pomfrey no se presentara en la mañana pero cuando eso sucedía Remus tenía que quedarse allí hasta que cayera la noche, en caso que alguien lo viera salir de allí.

Sirius deseaba poder ofrecerse a curar a Remus, como él lo había hecho con él, pero sabía que sus heridas sanarían con rapidez, debido a las cualidades del hombre lobo.

"¿Cómo están James y Peter?" Pregunto Remus.

"Están bien. Volvieron antes al castillo." Sirius se encogió de hombros. Nadie había sido lastimado esta noche. Los ligeros rasguños en el cuerpo de Sirius eran simples señales de juegos descuidados.

"Oh. ¿Porque te quedaste?" Los ojos del licántropo brillaron con curiosidad y Sirius se encontró perdido. ¿Porque? ¿Porque no lo haría?

"Siempre me quedo, ¿no es así?"

"¿Porque?"

"¿No quieres que me quede?"

Ojos dorados se abrieron ante eso.

"Por supuesto que yo… estoy feliz de que te quedaras. Es solo que no quiero que te molestes. Te ves cansado, Sirius."

Sirius sabía que Remus sentía que le tenían lastima. Sabía lo mucho que el chico odiaba esa sensación. Pero no había manera de explicarle a Remus que de verdad quería quedarse, sin decir demasiado.

"No es como tenga algo mejor que hacer Lunático."

"¿Qué hay de dormir en la comodidad de tu propia cama?" Remus respondió con amargura.

Aunque hubiera estado en su propia cama, Sirius no habría podido dormir, sabiendo que su Lunático estaría aquí solo.

"Tienes que parar esto alguna vez y dejar que la gente se preocupe." Las palabras salieron antes de que pudiera atraparlas. Fueron recibidas por un silencio sorprendido. "Quiero decir, me alejas- nos alejas. ¿Cuál es el problema si quiero quedarme? Mi amigo más o menos sufrió la rotura de todo sus cuerpo para que fuera rearmado en una sola noche, ¿no crees que eso es más importante que dormir un poco?"

"Canuto, paso por esto todos los meses, no podría… quiero decir que ya estás haciendo más que suficiente, pedir más seria…" los ojos del hombre lobo estaban fijos en el piso.

"Pero no estas pidiendo. Quiero quedarme. Déjame." La renovada determinación hirvió en al venas de Sirius.

"Yo…"

"Nada, caso cerrado."

III

Después que Sirius regreso de Hogsmeade con un poco de comida de alguna manera ambos terminaron acurrucados en la ahora cálida sala.

Pese a lo malo que era, que era lo suficientemente malo como para que Sirius nunca lo admitiera, amaba cuando estaban atorados así. Quería que pasara más a menudo.

Respiro el aroma del otro chico, pretendiendo simplemente respirar profundo en sueños. Su cabeza estaba reposando sobre el regazo de Remus y sentía dedos recorriendo su cabello. Suponía que esto era lo mejor que conseguiría para ambos.

Para Sirius claro está.

Se aferró desesperado al momento, dándose cuenta que algún día, las memorias de estas quietas tardes se convertirían en sus pensamientos para continuar cuando el mundo fuera demasiado para manejar.

No había nada más que esperar de su amistad, pero hoy Sirius estaba más que feliz con eso. Por supuesto que era agridulce en la forma más dolorosa. Pero Remus estaba aquí. Seguro. Cerca. Y después de la luna llena esto parecía una bendición.

IV

Remus noto lo pacifico e inocente que el rostro de Sirius lucia. Lo suave que era su cabello. Lo cálido que se sentía. Lo bien que se sentía tenerlo aquí.

Por primera vez en mucho tiempo la soledad de Remus disminuyo.

Por la mayor parte de su vida Remus sabía que su camino seria solitario. No se atrevería a poner esta carga sobre nadie más. No podía imaginar arrastrar a alguien que le importaba a este círculo vicioso.

No podría hacerlo.

Y aun así dolía. Estar solo.

Quiero quedarme. Déjame.

Palabras que resoban en su cabeza una y otra vez y que calentaban su estómago con sentimientos. Sentimientos que lo hacían sentirse más feliz de lo que nunca había sentido.

Que lo hacían querer decir, ¿te quedarás conmigo mañana?